
Vuestro emblema fue siempre padecer y ser despreciado. �Oh, si pudiese yo al menos resignarme en mis tribulaciones, ya que no soy tan generoso como t� en el padecer y ser despreciado! A ti, pues, que en tantos sufrimientos fuisteis siempre paciente, resignado y gozoso, a ti me encomiendo para que me ense��is a resignarme en mis muchas penas. Tampoco me faltan fuertes pesares y pesadas cruces, y muy a menudo cansado y desalentado me quedo..., me abato..., y caigo. Ten compasi�n de m�, y ay�dame a llevar con resignaci�n y gozo mis cruces, con la mirada siempre vuelta al cielo. Os tomo por protector m�o, por mi maestro y mi gu�a aqu� en la tierra, para ser vuestro compa�ero en la patria del Para�so. Am�n.

Oraci�n a San Juan de la Cruz
Glorioso Padre nuestro, San Juan de la Cruz, a quien el Se�or quiso destinar para compartir con la Santa Madre Teresa los trabajos de la insigne Reforma de la Orden del Carmelo, hasta poblar a Espa�a de monasterios de descalzos que hicieron c�lebre vuestro nombre, y venerada vuestra memoria: yo os felicito porque os cupo tan gran dicha, as� como por la felicidad de que goz�is en el cielo, en justo premio de tantas y tan grandes virtudes; y os pido, Santo Padre m�o, me alcanc�is de Dios un gran amor a la Sacrat�sima Virgen Mar�a, que fue el principal distintivo de vuestra gloriosa vida, para que, sirvi�ndola aqu� en la tierra, pueda gozar de ella con Vos en el Cielo. Am�n.
