
San Juan de la Cruz
Este es el m�s famoso m�stico espa�ol.
Mientras hac�a sus estudios en el colegio de los jesuitas, practicaba fuertes mortificaciones corporales. A los 21 a�os fue recibido como religioso en la comunidad de Padres Carmelitas, y obtuvo el permiso de observar los reglamentos con toda la exactitud posible sin buscar excepciones en nada.
Al ser ordenado sacerdote en 1567, pidi� a Dios como especial regalo que lo conservara siempre en gracia y sin pecado, y que pudiera sufrir con todo valor y con mucha paciencia toda clase de dolores, penas y enfermedades. Santa Teresa hab�a fundado la comunidad de las Hermanas Carmelitas Descalzas y deseaba fundar tambi�n una comunidad de Padres Carmelitas, que se dedicara a observar los reglamentos con la mayor exactitud posible.
Mientras tanto, nuestro Santo le ped�a a Dios que lo iluminara de un modo de vivir tan fervoroso que lo llevara pronto a la santidad. Y he aqu� que al encontrarse los dos Santos, Santa Teresa descubri� que este frailecito peque�ito, flaco y debilucho era el hombre indicado para empezar su nueva comunidad, ella lo llamaba con humor: "mi medio fraile".
En adelante la amistad entre Santa Teresa y nuestro Santo los har� crecer mucho en santidad y en ciencias religiosas a los dos. Con Fray Juan (que en adelante a�adir� a su nombre el apellido "De la Cruz") y con otros dos frailes fund� Santa Teresa su nueva comunidad de Carmelitas descalzos, y los envi� a vivir a un convento muy pobre llamado Duruelo.
All� nace y empieza a extenderse la nueva comunidad, que tantos favores iba a traer a la humanidad. Pronto hubo varios conventos m�s, y al fundar su nuevo convento en Salamanca, fue nombrado como rector Fray Juan de la Cruz, el cual se dedic� con todas sus fuerzas al apostolado. La Santa Biblia dice que Dios a quien m�s ama, m�s le hace sufrir, para que gane mayores premios en el cielo.
Y as� lo hizo con San Juan de la Cruz. �l mismo cuenta lo que sucedi� entonces: "De pronto se alej� la devoci�n sensible. No sent�a ning�n gusto al rezar y meditar, sino m�s bien antipat�a y rechazo por todo lo que fuera devoci�n y oraci�n. Llegaron los escr�pulos que hac�an ver como pecado lo que no lo era. Y mientras el demonio atacaba con violentas tentaciones, la gente persegu�a con calumnias".
Todo esto lo describi� �l en su libro titulado Noche Oscura del Alma (nombre que desde entonces se ha hecho famoso para indicar el estado especial del alma en crisis). "A �sto sucedi� entonces un per�odo todav�a m�s penoso de sequedad espiritual y tentaciones, de manera que el alma se ve�a como abandonada por Dios".
Pero luego vino una inundaci�n de luces espirituales y de santas alegr�as y consolaciones, que sirvieron de premio a la paciencia con la cual hab�a soportado todo lo anterior. En 1571, Santa Teresa lo eligi� como director espiritual de ella y de las monjitas en su convento en �vila, y escribi� acerca de �l: "Est� obrando maravillas. El pueblo lo tiene por santo. Y es mi opini�n que lo es y que lo ha sido siempre". Sus dirigidas espirituales hac�an grandes progresos en santidad al recibir sus consejos.
Pero los que no aceptaban esa nueva fundaci�n de Padres Carmelitas descalzos, dispusieron alejarlo para que la comunidad fracasara. Y una noche llegaron por sorpresa a su habitaci�n y se lo llevaron preso a Toledo. All� lo tuvieron encerrado durante nueve meses en la m�s inhumana de las prisiones. Una cuarto oscuro, cuya �nica ventana era alt�sima; sin ropa para cambiarse, sin permitirle celebrar misa, con espantosos calores en verano y tremendos fr�os en invierno. Con piojos y dem�s insectos.
All� sufri� San Juan de la Cruz lo que Santa Teresa dice que les sucede a los santos cuando llegan a la "Sexta Morada" en santidad: insultos, calumnias, dolores f�sicos, hambre, sed, angustias espirituales, tentaciones de renunciar a todo su plan de santidad, etc. M�s tarde, cuando otros le pregunten de d�nde ha sacado tanto valor para sufrir toda clase de males, responder�: "Cuando estuve preso en Toledo aprend� a sufrir".
El Santo aprovech� aquellos meses de espantosa soledad e inactividad para componer alguna de sus m�s famosas poes�as que lo han hecho c�lebre en todo el mundo. En una de ella dice a Dios: "Ad�nde te escondiste amado � y me dejaste con gemido � Como el siervo huiste � habi�ndome herido � Sal� tras de Ti clamando y ya eras ido".
En la noche de la fiesta de la Asunci�n, la Sma. Virgen se le apareci� en sue�os y le dijo: "Ten paciencia, que pronto terminar� este tormento". Y se�al�ndole una alta ventana del convento que daba al r�o Tajo le a�adi�: "Por ah� saldr�s y yo te ayudar�". Y sucedi� que al cumplir nueve meses de estar preso, le concedieron al Santo el poder salir cada mediod�a unos pocos minutos a la azotea a asolearse y a hacer un poco de ejercicio f�sico.
Y por all� vio la ventana que le hab�a indicado la Virgen. Con un peque�o hierro fue aflojando por dentro las cerraduras de su prisi�n y luego rasgando s�banas y ropas, logr� fabricarse un largo lazo para descolgarse hacia el precipicio por donde pasaba el tormentoso r�o. Por la noche quit� las cerraduras y sali� hacia la ventana. Amarr� su cuerda, y sin que los guardianes se dieran cuenta se descolg� por el muro.
Pero hab�a calculado mal la distancia y qued� colgando a varios metros m�s arriba de la muralla que rodea al r�o. Si se dejaba descolgar sin mucha precisi�n, pod�a caer entre las aguas y se ahogar�a. Se solt� y logr� caer en la muralla, pero en un sitio que no ten�a salida hacia la calle y donde pod�a ser descubierto. Entonces se encomend� a la Sma. Virgen y de un momento a otro se sinti� colocado en la parte exterior que llevaba hacia la calle. Todo parec�a como un milagro.
Al amanecer corri� donde las hermanas carmelitas. Ellas lo escondieron muy bien y por m�s que lo buscaron luego los enviados para apresarlo no lo encontraron. M�s tarde lo enviaron a un hospital lejano y as� se salv� de la prisi�n. Estos terribles meses le da�aron su salud ya para toda la vida, pero lo hicieron crecer mucho en santidad.
Dios le hab�a concedido una cualidad especial: la de saber ense�ar el m�todo para llegar a la santidad. Y eso que ense�aba de palabra a personas que dirig�a lo fue escribiendo, y resultaron unos libros tan importantes que le han conseguido que el Sumo Pont�fice lo haya declarado Doctor de la Iglesia. Algunos de sus libros m�s famosos son: "La subida del Monte Carmelo", y "La noche oscura del alma".
Como poeta ha sido admirado por siglos a causa de la m�sica de sus poes�as y de la belleza de sus versos. Es muy popular su "C�ntico Espiritual". A San Juan de la Cruz le costaba mucho dedicarse a las labores materiales, porque su pensamiento viv�a ocupado en Dios y en lo espiritual. Despu�s de celebrar la santa misa, el rostro le brillaba de una manera especial. Su coraz�n ard�a de tal manera en amor a Dios que hasta en su piel se sent�a su inmenso calor.
Las horas que pasaba en oraci�n le parec�an minutos. La gente dec�a que cuando daba consejos espirituales parec�a estar recibiendo mensajes directamente del Esp�ritu Santo. Nuestro Se�or le dijo un d�a: �Juan, qu� regalo me pides, por lo que has escrito de m�?". Y �l le respondi�: "Que me concedas valor para padecer por tu amor todos los sufrimientos que quieras permitir que me sucedan".
Y en verdad que le fueron llegando, en gran cantidad. Hubo hombres que se dedicaron a inventarle toda clase de calumnias y hasta quer�an hacerlo echar de su comunidad religiosa, su salud, despu�s de la prisi�n era muy deficiente, y llegaron a destituirlo de todos sus cargos y decretaron que deb�a irse a un convento lejano.
La flebitis y la erisipela le atormentaban una pierna, y el �nico modo que le permit�a descansar un poco era amarrar la pierna a un lazo, y echar �ste sobre una viga alta y colgar as� la pierna. Los superiores le propusieron dos conventos para ir a pasar sus �ltimos d�as, el de Beaza, donde estaba de superior uno que lo amaba mucho, y el de Ubeda donde el superior le ten�a una tremenda antipat�a.
Y �l escogi� el de Ubeda para poder sufrir m�s. Y all� fue enviado. El superior le echaba en cara hasta la comida y los remedios que le daban. Le quit� un enfermero que era muy atento y puso a que lo cuidara otro que lo trataba mal. No dejaba que le llegaran visitas, y lo humillaba sin cesar. Esto lo hac�a crecer cada d�a m�s y m�s en santidad. Todo lo soportaba en silencio con la m�s admirable paciencia.
Despu�s de tres meses de sufrimientos muy agudos, el Santo muri� el 14 de diciembre del a�o 1591. Apenas ten�a 49 a�os. Antes de morir quiso que le leyeran unos salmos de la Santa Biblia. Muri� diciendo: "En tus manos Se�or, encomiendo mi esp�ritu".
Fecha de beatificaci�n: 25 de enero de 1675 por Clemente X .
Biograf�a
Fiesta: 14 de diciembre
Patr�n: de m�sticos, poetas espa�oles, vida contemplativa.
Naci� de familia muy humilde en Fontiveros, Espa�a, en el a�o 1542. Su nombre era Juan Yepes. A la muerte de su padre, la familia qued� en la miseria, y el ni�o era muy peque�o todav�a. Su madre trabajaba en oficios dom�sticos en un convento. Luego la familia se traslad� a Medina del Campo, y all� Juan empez� a aprender el oficio de tejedor, pero como no ten�a aptitudes para los trabajos manuales, entr� a trabajar como mandadero y enfermero del hospital, y as� dur� siete a�os.
Fecha de canonizaci�n: 27 Diciembre de 1726 por Benedicto XIII.