
San Ignacio
San Ignacio naci� en 1491, en el castillo de Loyola, en Guip�zcoa, norte de Espa�a, cerca de los montes Pirineos que est�n en el l�mite con Francia.
Su padre Bertr�n De Loyola y su madre Marina S�enz, de familias muy distinguidas, tuvieron once hijos: ocho varones y tres mujeres. El m�s joven de todos fue Ignacio.
El nombre que le pusieron en el bautismo fue I�igo.
Los vencedores lo enviaron a su Castillo de Loyola a que fuera tratado de su herida. Le hicieron tres operaciones en la rodilla, doloros�simas, y sin anestesia; pero no permiti� que lo atasen ni que nadie lo sostuviera. Durante las operaciones no prorrumpi� ni una queja. Los m�dicos se admiraban. Para que la pierna operada no le quedara m�s corta le amarraron unas pesas al pie y as� estuvo por semanas con el pie en alto, soportando semejante peso. Sin embargo qued� cojo para toda la vida.
A pesar de �sto Ignacio tuvo durante toda su vida un modo muy elegante y fino para tratar a toda clase de personas. Lo hab�a aprendido en la Corte en su ni�ez. Mientras estaba en convalescencia pidi� que le llevaran novelas de caballer�a, llenas de narraciones inventadas e imaginarias. Pero su hermana le dijo que no ten�a m�s libros que "La vida de Cristo" y el "A�o Cristiano", o sea la historia del santo de cada d�a.
Entonces le sucedi� algo muy especial. Antes, mientras le�a novelas y narraciones inventadas, en el momento sent�a satisfacci�n pero despu�s quedaba con un sentimiento horrible de tristeza y frustraci�n . En cambio ahora al leer la vida de Cristo y las Vidas de los Santos sent�a una alegr�a inmensa que le duraba por d�as y d�as. �sto lo fue impresionando profundamente.
Mientras le�a las historias de los grandes Santos pensaba: "�Y por qu� no tratar de imitarlos? Si ellos pudieron llegar a ese grado de espiritualidad, �por qu� no lo voy a lograr yo? �Por qu� no tratar de ser como San Francisco, Santo Domingo, etc.? Estos hombres estaban hechos del mismo barro que yo. �Por qu� no esforzarme por llegar al grado que ellos alcanzaron?". Y despu�s se iba a cumplir en aquello que dec�a Jes�s: "Dichosos los que tienen un gran deseo de ser santos, porque su deseo se cumplir�" (Mt. 5,6), y aquella sentencia de los psic�logos: "Cuidado con lo que deseas, porque lo conseguir�s".
Mientras se propon�a seriamente convertirse, una noche se le apareci� Nuestra Se�ora con su Hijo Sant�simo. La visi�n lo consol� inmensamente. Desde entonces se propuso no dedicarse a servir a gobernantes de la tierra sino al Rey del cielo.
Apenas termin� su convalescencia se fue en peregrinaci�n al famoso Santuario de la Virgen de Monserrat. All� tom� el serio prop�sito de dedicarse a hacer penitencia por sus pecados. Cambi� sus lujosos vestidos por los de un pordiosero, se consagr� a la Virgen Sant�sima e hizo confesi�n general de toda su vida.
Entonces se fue a un pueblecito llamado Manresa, a 15 kil�metros de Monserrat, a orar y hacer penitencia, all� estuvo un a�o. Cerca de Manresa hab�a una cueva y en ella se encerraba a dedicarse a la oraci�n y a la meditaci�n. All� se le ocurri� la idea de los Ejercicios Espirituales, que tanto bien iban a hacer a la humanidad.
Despu�s de unos d�as en los cuales sent�a mucho gozo y consuelo en la oraci�n, empez� a sentir aburrimiento y cansancio por todo lo que fuera espiritual. A esta crisis de desgano la llaman los sabios: "la noche oscura del alma". Es un estado dificultoso que cada uno tiene que pasar para que se convenza de que los consuelos que siente en la oraci�n no se los merece, sino que son un regalo gratuito de Dios.
Luego le lleg� otra enfermedad espiritual muy fastidiosa: los escr�pulos. O sea el imaginarse que todo es pecado. �sto casi lo lleva a la desesperaci�n.
Pero iba anotando lo que le suced�a y lo que sent�a, y estos datos le proporcionaron despu�s mucha habilidad para poder dirigir espiritualmente a otros convertidos, y seg�n sus propias experiencias poderles ense�ar el camino de la santidad.
All� orando en Manresa adquiri� lo que se llama "Discreci�n de esp�ritus", que consiste en saber determinar que es lo que le sucede a cada alma y cuales son los consejos que m�s necesita, y saber distinguir lo bueno de lo malo. A un amigo suyo le dec�a despu�s: "En una hora de oraci�n en Manresa aprend� m�s a dirigir almas que todo lo que hubiera podido aprender asistiendo a universidades".
En el a�o 1523 se fue en peregrinaci�n a Jerusal�n, pidiendo limosna por el camino. Todav�a era muy impulsivo y un d�a casi ataca a espada a uno que hablaba mal de la religi�n. Por eso le aconsejaron que no se quedara en Tierra Santa, donde hab�a muchos enemigos del catolicismo. Despu�s fue adquiriendo gran bondad y paciencia.
A los 33 a�os empez� como estudiante de colegio en Barcelona, Espa�a. Sus compa�eros de estudio eran mucho m�s j�venes que �l y se burlaban mucho. �l toleraba todo con admirable paciencia. De todo lo que estudiaba tomaba pretexto para elevar su alma a Dios y adorarlo.
Despu�s pas� a la Universidad de Alcal�. Vest�a muy pobremente y viv�a de limosna. Reun�a ni�os para ense�arles religi�n; hac�a reuniones de gente sencilla para tratar temas de espiritualidad, y convert�a pecadores habl�ndoles amablemente de lo importante que es salvar el alma.
Lo acusaron injustamente ante la autoridad religiosa y estuvo dos meses en la c�rcel. Despu�s lo declararon inocente, pero hab�a gente que lo persegu�a. �l consideraba todos estos sufrimientos como un medio que Dios le proporcionaba para que fuera pagando sus pecados. Y exclamaba: "No hay en la ciudad tantas c�rceles ni tantos tormentos como los que yo deseo sufrir por amor a Jesucristo".
Se fue a Paris a estudiar en la famosa Universidad de La Sorbona. All� form� un grupo con seis compa�eros que se han hecho famosos, porque con ellos fund� la Compa��a de Jes�s. Ellos son: Pedro Fabro, Francisco Javier, La�nez, Salner�n, Sim�n Rodr�guez y Nicol�s Bobadilla. Recibieron doctorado en aquella universidad y daban muy buen ejemplo a todos.
Los siete hicieron votos o juramentos de ser puros, obedientes y pobres, el d�a 15 de Agosto de 1534, fiesta de la Asunci�n de Mar�a. Se comprometieron a estar siempre a las �rdenes del Sumo Pont�fice para que �l los emplease en lo que mejor le pareciera para la gloria de Dios.
Se fueron a Roma y el Papa Pablo III los recibi� muy bien y les dio permiso de ser ordenados sacerdotes. Ignacio, que se hab�a cambiado por ese nombre su nombre antiguo de ��igo, esper� un a�o desde el d�a de su ordenaci�n hasta el d�a de la celebraci�n de su primera misa, para prepararse lo mejor posible a celebrarla con todo fervor.
San Ignacio se dedic� en Roma a predicar Ejercicios Espirituales y a catequizar al pueblo. Sus compa�eros se dedicaron a dictar clases en universidades y colegios y a dar conferencias espirituales a toda clase de personas.
Se propusieron como principal oficio ense�ar la religi�n a la gente.
En Roma pas� todo el resto de su vida.
Fund� casas de su congregaci�n en Espa�a y Portugal. Envi� a San Francisco Javier a evangelizar Asia. De los jesuitas que envi� a Inglaterra, 22 murieron martirizados por los protestantes. Sus dos grandes amigos La�nez y Salmer�n fueron famosos sabios que dirigieron el Concilio de Trento.
A San Pedro Canisio lo envi� a Alemania, y este Santo lleg� a ser el m�s c�lebre catequista de aquel pa�s. Recibi� como religioso jesuita a San Francisco de Borja, que era rico, pol�tico, y gobernador en Espa�a. San Ignacio escribi� m�s de seis mil cartas dando consejos espirituales.
El Colegio que San Ignacio fund� en Roma lleg� a ser modelo en el cual se inspiraron much�simos colegios m�s, y ahora se ha convertido en la c�lebre Universidad Gregoriana.
Los jesuitas fundados por San Ignacio llegaron a ser los m�s sabios adversarios de los protestantes, y combatieron y detuvieron en todas partes al protestantismo. Les recomendaba que tuvieran mansedumbre y gran respeto hacia el adversario pero que se presentaran muy instruidos para combatirlos. �l deseaba que el ap�stol cat�lico fuera muy instruido.
El libro m�s famoso de San Ignacio se titula: "Ejercicios Espirituales" y es lo mejor que se ha escrito acerca de como hacer bien los santos ejercicios. En todo el mundo es le�do y practicado este maravilloso libro. Dur� 15 a�os escribi�ndolo.
Su lema era: "Todo para mayor gloria de Dios".
En los 15 a�os que San Ignacio dirigi� a la Compa��a de Jes�s, �sta pas� de siete socios a m�s de mil. A todos y cada uno trataba de formarlos muy bien espiritualmente.
Como casi cada a�o se enfermaba y despu�s volv�a a obtener la curaci�n, cuando le vino la �ltima enfermedad nadie se imagin� que se iba a morir, y muri� s�bitamente el 31 de julio de 1556, a la edad de 65 a�os.
En 1622 el Papa lo declar� Santo, y despu�s P�o XI lo declar� Patrono de los Ejercicios Espirituales en todo el mundo. Su comunidad de Jesuitas es la m�s numerosa en la Iglesia Cat�lica.
Fecha de beatificaci�n: 1609 por Pablo V.
Bibliograf�a:
Biograf�a
Fiesta: 31 de julio
Patr�n: de jesuitas, casas de retiros, militares, ejercicios espirituales.
Entr� en la carrera militar, pero en el a�o 1521, a la edad de 30 a�os, siendo ya capit�n, fue gravemente herido mientras defend�a el Castillo de Pamplona. Al ser herido su jefe, la guarnici�n del castillo capitul� ante el ej�rcito franc�s.
En el a�o 1540 el Papa Pablo III aprob� su comunidad llamada "Compa��a de Jes�s" o "Jesuitas". El Superior General de la nueva comunidad fue San Ignacio hasta su muerte.
Era tanto el deseo que ten�a de salvar almas que exclamaba: "Estar�a dispuesto a perder todo lo que tengo, y hasta que se acabara mi comunidad, con tal de salvar el alma de un pecador".
Y a ello dirig�a todas sus acciones, palabras y pensamientos: A que Dios fuera m�s conocido, m�s amado y mejor obedecido.
Fecha de canonizaci�n: 22 de marzo de 1622 por Gregorio XV.
Butler, Vida de los Santos