Santa Gemma


Biograf�a

Santa Gemma
Fiesta: 11 de abril
Patrona: de farmac�uticos, p�rdida de parientes, tentaciones, favorece a los estudiantes en los ex�menes.

Nace esta "joya del cielo" (como la llam� el P�rroco de Gragnano), el 12 de marzo 1878, en Camigliano, Italia, en el pueblo de Borgonovo de Capannori. Sus padres, Don Enrique Galgani, (farmac�utico) y Do�a Aurelia Landi, tuvieron 8 hijos: Carlos, Guido, H�ctor, Gino, Antonio, Angelina y Julita. De ellos, Gemma fue la cuarta en nacer y la primera ni�a de la familia.

Cuando iban a darle su nombre, un t�o de ella propuso que la llamasen "Gemma", pero su mam� no estaba conforme. No hab�a ninguna Santa que se llamara as� y su hija no tendr�a protectora en el cielo. Sin embargo, Don Olivio Dinelli, el P�rroco de Gragnano, que estaba presente en la discusi�n, dijo unas palabras que resultaron prof�ticas: "Muchas gemas hay en el cielo, esperemos que tambi�n ella sea un d�a otra gemma del Para�so".

Al d�a siguiente, 13 de Marzo, la bautiz� Don Pedro Quilici, P�rroco de San Miguel de Camigliano, con los nombres de: Gemma Hip�lita P�a. Santa Gemma vivi� s�lo un mes en Camigliano, ya que sus padres decidieron trasladarse a Lucca, donde vivi� el resto de su vida.

Desde muy ni�a Gemma mostr� signos de santidad. Cuando ten�a cuatro a�os, estaba de visita en la casa de su abuelita, cuando un d�a, �sta al entrar en su cuarto la encontr� de rodillas frente a una imagen de la Virgen. La abuela corri� a llamar al t�o, quien la contempl� por largos minutos; luego le dijo: "�Gemmita! �Qu� est�s haciendo?". La ni�a, sin inmutarse contest�: "Estoy rezando el Ave Mar�a. Salid que estoy en oraci�n". Desde esta tierna edad, la oraci�n era ya para ella el sost�n de su vida y de sus virtudes.

Nos podr�amos preguntar: �Qui�n ense�� a Gemma a amar a Jes�s y a Mar�a?. Su primera y gran maestra en la escuela del amor a Jes�s fue su madre, Do�a Aurelia, quien inculc� en el coraz�n de su hija lo que ser�a el distintivo especial de toda su vida: su amor a Cristo Crucificado, del que llegar�a a ser como imagen viva, y a la Sant�sima Virgen, que hizo su santidad tan dulce y atrayente.

Dice Santa Gemma: "De lo primero que me acuerdo es que mi mam�, cuando yo era peque�ita, acostumbraba a tomarme a menudo en brazos y, llorando... me ense�aba un crucifijo y me dec�a que hab�a muerto en la Cruz por los hombres". Hab�a tambi�n, entre ellas, di�logos como �ste:
"Hija m�a -me dec�a mam�- yo morir� pronto y tendr� que dejarte. Si pudiera te llevar�a conmigo. �Te gustar�a venir?".
"�Y a d�nde vamos?", le preguntaba yo.
"Al Para�so con Jes�s y con los �ngeles".

Do�a Aurelia, sabiendo que su muerte estaba pr�xima, sol�a decir: "�Qu� cosa mejor puedo hacer antes de morir, que confiar mi ni�a al Esp�ritu Santo?. As�, cuando yo falte, sabr� quien cuidar� de ella". La prepar� pues, para la Confirmaci�n, que recibi� a pesar de ser a�n muy peque�a (tenia siete a�os), el 26 de Marzo de 1885, de manos del Arzobispo de Lucca, Monse�or Nicol�s Ghilardi.

Durante la Misa se desarroll� entre el Esp�ritu Santo y Gemma este di�logo:
- De repente, una voz me dijo al coraz�n: "�Quieres darme a tu mam�?".
- "S�", respond�, "pero ll�vame tambi�n a m�".
- "N�", me replic� la voz, "dame generosamente a tu mam�. Tu debes quedar por ahora con tu pap�. Llevar� a tu mam� al cielo; �me la entregas de buena gana?".
- Tuve que decir que s�. Acabada la Misa fui corriendo a casa. �Dios m�o! Miraba a mam� y lloraba, no pod�a contenerme.

Don Enrique, temiendo que la ni�a no pudiera soportar la pena de ver a su mam� morir, la envi� a casa de una t�a en San Genaro. Do�a Aurelia muri� santamente a los 39 a�os, el 17 de septiembre de 1885. Sus �ltimas palabras fueron:
"Ofrezco a Dios gustos�sima el sacrificio de mi vida, para que me conceda recoger un d�a a todos mis ocho hijos en el Para�so".

MADRE POR MADRE.
Con la muerte de su mam�, todo cambi� para Gemma: "Estando en la casa de los t�os, dice, cambi� totalmente mi vida. Me encontr� con una t�a que no se parec�a en nada mi mam�. Era religiosa y buena, pero... �C�mo echaba de menos el tiempo en que mam� rezaba conmigo!".

Se puso entonces a buscar otra "mam�", y la encontr� en la Madre de Dios: "Al perder a mi madre terrena me entregu� a la Madre del cielo. Postrada ante su imagen, le dije: "�Mar�a!, ya no tengo madre en la tierra; se t� desde el cielo mi Madre".
Y como buena Madre que es, la Virgen Sant�sima acogi� a Santa Gemma como hija.

"�Oh, cu�ntas veces -dice la Santa- depositando en mi Mam� del cielo las angustias y penalidades de mi coraz�n afligido, Ella me consolaba!. S�, yo recuerdo que hall�ndome en las mayores angustias, hu�rfana de madre en la tierra, me tendi� cari�osamente los brazos la Madre del cielo".

"�Cu�n buena se me ha mostrado siempre esta celestial Mam�! �Qu� hubiera sido de m� si no la hubiera tenido?. Me ha ayudado en mis necesidades espirituales, me ha preservado de los peligros, me ha librado del poder del demonio, que siempre viene a molestarme... y, finalmente, me ha ense�ado a conocer y amar a Jes�s, a ser buena y a agradarle. �Oh, querid�sima Mam�, te amar� toda mi vida!".

PRIMERA COMUNI�N.
Para Santa Gemma, la Eucarist�a era el centro de su vida. Este deseo de recibir a Jes�s en la Sagrada Hostia iba en aumento mientras pasaban los a�os. Si bien era cierto que ya estaba Confirmada, no pod�a recibir la Primera Comuni�n, ya que no ten�a la edad requerida en ese momento para recibir el Sacramento. Santa Gemma ten�a 9 a�os. Fue su confesor, el Obispo de Lucca, Monse�or Volpi, quien conociendo el anhelo tan grande de su coraz�n, le dijo a su padre que si no le daba el permiso para recibir la Comuni�n, Gemma morir�a de dolor.

Fue as� que Don Enrique dio el permiso para que las religiosas del Colegio de Santa Zita, donde Gemma asist�a, la preparasen para recibir este Sacramento. Inmediatamente comenz� un retiro de 15 d�as con las dem�s ni�as del colegio. Dice Santa Gemma: "Apenas me vi en el convento rebosaba de felicidad. Corr� a la capilla a dar gracias a Jes�s y le ped� con gran fervor la gracia de prepararme bien para la primera comuni�n".

Una de las religiosas Zitinas, Sor Camila Vagliensi, que hab�a profundizado en las cualidades absolutamente excepcionales de Gemma, comenz� a explicarle sistem�ticamente la Vida, Pasi�n y Muerte del Se�or. La ni�a se compenetraba de tal modo con el relato, que lleg� a experimentar un dolor profundo. En grado tal, que una tarde se le produjo una fiebre alt�sima. La profesora, alarmada, interrumpi� su relato de la Pasi�n.

Hizo confesi�n general tres veces sucesivas con Monse�or Volpi, quien ser�a su confesor ordinario. Lleg�, por fin, el d�a tan anhelado, 17 de Junio 1887, fiesta del Sagrado Coraz�n. Las vivencias de Santa Gemma solo ella las puede explicar: "me siento incapaz de describir la experiencia de aquel encuentro. En ese momento comprend� que las delicias del cielo no son como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir nunca aquella uni�n con mi Dios. Me sent�a cada vez m�s desprendida del mundo y m�s dispuesta para la uni�n con el Se�or. Aquella misma ma�ana Jes�s despert� en m� un gran deseo de ser religiosa".

A ra�z de la primera comuni�n se afianza la vocaci�n de Gemma. Ella misma lo afirma: "sent�a desarrollarse en m� un ardiente anhelo de padecer y de ayudar a Jes�s a sobrellevar la Cruz". Jes�s se encarg� de irla desprendiendo inexorablemente de todo afecto humano, a�n de los m�s leg�timos. En 1894 muere su hermano Gino, a quien Gemma amaba mucho. Ten�a 18 a�os y se preparaba para ser sacerdote. El 11 de Noviembre de 1897 Gemma debe soportar la prueba del tercero, terrible e inexorable desprendimiento: su pap� muere, de c�ncer en la garganta.

Ello supuso la quiebra econ�mica de la familia. Hasta tal extremo que los acreedores, apenas muerto Don Enrique, se precipitaron como chacales sobre la casa Galgani para apoderarse hasta de los �ltimos despojos. Gemma confidenciar�a luego, temblando a�n ante el recuerdo de aquella escena inhumana: "llegaron hasta meterme las manos en los bolsillos llev�ndose las cinco o seis monedas, apenas unos centavos, que yo guardaba conmigo".

Despu�s del entierro de don Enrique, los hijos se comienzan a separar. H�ctor emigra a Brasil, donde muere. Guido abandona la pr�ctica religiosa e interrumpe sus estudios de farmacia en Pisa, que m�s tarde concluye. Julia y Angelina se quedan con las t�as: Elena y Elisa. Gemma y Antonio se refugian en Camaiore con los t�os: Carolina Galgani y Domingo Lencioni.

En Camaiore transcurre un a�o en la vida de Gemma, y no le deja buen recuerdo: "La t�a nos llevaba a misa todas las ma�anas. La comuni�n la hac�a pocas veces porque no me arreglaba bien para confesarme con otro que no fuera el Monse�or (Volpi, de Lucca). En este tiempo comenc� de nuevo a olvidarme de Jes�s, a descuidar la oraci�n y a amar las diversiones".

"La t�a ten�a otra sobrina, Rosa Bartelloni. Se hizo muy amiga m�a y con ella iba en perfecto acuerdo en mis piller�as. La t�a nos dejaba salir solas a menudo. Y bien me doy cuenta de que si Jes�s no hubiera usado conmigo de tanta misericordia habr�a ca�do en pecados graves. El amor del mundo comenz� a apoderarse poco a poco de mi coraz�n; pero Jes�s vino otra vez en mi ayuda".

Gemma tiene 20 a�os, y en este momento Jes�s permite una enfermedad grave para que Gemma retorne a �l con todo su coraz�n, y nunca m�s se distraiga con las cosas del mundo. "De repente comenc� a andar jorobada y a sentir dolores de ri��n. Resist� durante alg�n tiempo, pero como la cosa iba peor, ped� permiso a la t�a para regresar a Lucca". As� sucedi�. Por pudor quiso resistir un poco m�s sin avisar al m�dico, pero las t�as lo mandaron a llamar, y de improviso se present� y la examin�.

Su diagn�stico fue oste�tis en las v�rtebras lumbares, con sucesivo absceso fr�o en los inguinales. Se qued� paral�tica de ambas piernas. El 28 de enero de 1899 le sobreviene un dolor insoportable en la cabeza, fruto de una otitis media aguda con participaci�n del mastoide. Los m�dicos, viendo que los remedios no produc�an mejor�a y que la enfermedad avanzaba, la desahuciaron; s�lo por cumplimiento acuden de cuando en cuando a verla.

El 8 de Diciembre, fiesta de la Inmaculada, Santa Gemma reacciona con digusto: "le dije a Jes�s que no rezar�a m�s si no me curaba. Y le pregunt� qu� pretend�a teni�ndome as�. El �ngel de la guarda me respondi�: -Si Jes�s te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez m�s en el esp�ritu". Su antigua profesora, sor Julia Sestini, le cont� la biograf�a de un joven pasionista, llamado Gabriel de la Dolorosa.

Una se�ora piadosa, Cecilia Giannini, acudi� a practicar una obra de misericordia con Gemma; un d�a la visit�, y para que se distrajera le prest� la biograf�a de Gabriel de la Dolorosa, escrita por un desconocido, P. Germ�n de San Estanislao, C.P.
�C�mo son las cosas del Se�or!. Estas dos personas ser�an para Santa Gemma, en los �ltimos a�os de su vida dos grandes regalos de Dios. Do�a Cecilia ser�a la que cuidar�a de ella, y estar�a al tanto de sus �xtasis y experiencias m�sticas y el P. Germ�n ser�a el director espiritual, que el mismo Se�or le enviar�a para que guiara su alma y para confirmar luego la autenticidad de su vida.

Dice Santa Gemma: "Tom� el libro con desprecio y lo puse debajo de la almohada. Un d�a estaba s�la. Ser�an como las doce. Me sobrevino una fuerte tentaci�n, y me dec�a para m� que estaba aburrida de todo. El demonio se vali� de �sto para tentarme, dici�ndome que si le hac�a caso me curar�a. Estuve a punto de sucumbir. Pero de repente me vino una idea; recurr� al Venerable Gabriel y le dije: Primero el alma, despu�s el cuerpo".

Superada esta tentaci�n, comenz� a leer el libro de la vida del Venerable Gabriel y queda maravillada. No se cansa de admirar sus virtudes. Cuando do�a Cecilia volvi� para recoger su libro le cost� mucho a Gemma devolv�rselo. "Aquella misma noche se me apareci� Gabriel vestido de blanco. No lo reconoc�... se quit� la t�nica blanca y se apareci� vestido de pasionista".

"Me dijo: 'Ya ves que agradable ha sido tu sacrificio. He venido yo mismo a verte. Procura ser buena y volver�'".
En otra ocasi�n se le apareci� de nuevo el Ven. Gabriel, y esta vez le dijo que hiciese un voto de hacerse religiosa, pero que no a�adiera nada m�s. "�Y por qu�?", le pregunt�.
"Me sonri� y me mir�. Me puso el escudo pasionista y repiti�: `Hermana m�a'... y desapareci�".

Su salud empeoraba, y le sugirieron que le pidiera a la Beata Margarita Mar�a por el milagro de su sanaci�n. Ella inici� la novena al Sagrado Coraz�n varias veces, pero su debilidad no le permit�a continuarla. El d�a 23 de febrero de 1899 recomienza en serio la novena, y en la noche del d�a 1 al 2 de Marzo ocurre �sto: Faltando algunos minutos para la medianoche, Gemma escuch� el rozar de las cuentas de un Rosario y sinti� una mano que se le pos� en la frente, la voz que escuchaba rezar le pregunt�:
-"�Quieres curarte?".
-"Todo me da igual", le respond�.
-"Te curar�s. Ruega con fervor al Sagrado Coraz�n"
-"�Y a la Beata Margarita?", pregunt�.
-"A�ade en su honor tres veces el 'Gloria'". (La Beata Margarita es hoy Santa Margarita Mar�a)

"En el pen�ltimo d�a de la Novena quer�a recibir la Comuni�n, ya que terminaba en Primer Viernes del mes de marzo. Comulgu� muy temprano. �Qu� momentos tan deliciosos pas� con Jes�s! �l me repet�a: �Quieres curarte?. No pude contestar por la emoci�n. �Pobre Jes�s! La gracia hab�a sido concedida. �Estaba curada!".

Al amanecer del 2 de marzo se levant� con sus propios pies y toda la familia al verla lloraba de alegr�a ante aquel milagro de Dios. Este milagro es la antesala de otras grandes gracias que Santa Gemma recibir�a durante su vida. Su amor por Cristo crucificado y su anhelo de ser s�lo para Jes�s la llevar�an cada vez m�s a ofrecerse al Se�or como v�ctima de amor.

El Se�or iba preparando a Santa Gemma a trav�s del crisol del sufrimiento, para derramar en ella gracias y "joyas", que nunca ella imagin� pudiese �l concederle. �Qu� lejos estaba de pensar que ese Cristo crucificado a quien tanto amaba, muy pronto la iba a convertir en un retrato vivo de s� mismo!.

IMAGEN VIVA DE JES�S
"V�ctima"
El 8 de junio 1899, v�spera de la Fiesta del Sagrado Coraz�n, despu�s de haber sido rechazada en varias comunidades religiosas a causa de su fr�gil salud, Jes�s la eleva en este d�a a la categor�a de "V�ctima".
Dice Santa Gemma: "Despu�s de la Comuni�n, Jes�s me avis� que por la tarde me har�a una gracia grand�sima. Se lo dije al Monse�or Volpi, y �ste me dijo que estuviese atenta y que se lo contara luego".

"Lleg� la tarde. De repente me asalt� un fuerte dolor de mis pecados. Despu�s me sent� recogida. Al recogimiento sucedi� la p�rdida de los sentidos y me hall� en presencia de mi Madre Celestial y del �ngel de la guarda, que me mand� hacer un acto de contrici�n. Despu�s mi Madre me dijo: 'Hijita, en nombre de Jes�s te sean perdonados tus pecados. Mi Hijo te ama mucho y quiere hacerte una gracia muy grande. Sabr�s hacerte digna de ella. Yo ser� tu Madre. Sabr�s mostrarte verdadera hija'. Me cubri� con su manto, y en ese instante apareci� Jes�s".

"De sus llagas no sal�a sangre sino llamas de fuego, que vinieron a cerbarse en mis manos, pies y costado. Cre�a morir y habr�a ca�do al suelo si mi Madre no me hubiera sostenido. Permanec� as� varias horas. Despu�s mi Madre me bes� en la frente, desapareci� y me hall� de rodillas. Segu�a sintiendo un dolor fuerte en las manos, pies y costado. Me levant� para acostarme, pero not� que de estas partes manaba sangre".

Santa Gemma, la v�ctima de Jes�s, comienza a "suplir en su carne lo que le falta a la Pasi�n de Cristo".
Este fen�meno se repetir� en las tardes del jueves al viernes, todas las semanas. Para disimular las llagas usa guantes. Su confesor ordinario, Monse�or Volpi, le dice que no se deje ver las manos porque la gente se podr�a re�r de ella.

En efecto Santa Gemma sufri� el desprecio, rechazo y la burla de muchos, a�n cuando caminaba por las calles de Lucca. La ten�an por una farsante y una hist�rica. Le gritaban insultos y burlas por las calles. �sto tan s�lo por su radical entrega a Jes�s y su piedad. En realidad no manifestaba nada de histeria.

As� comienza para Santa Gemma una vida de incomprensi�n verdaderamente conforme a la vida de nuestro Se�or, que tambi�n padeci� todo �sto por nosotros. �ste es el consuelo y aliciente de Santa Gemma, que cada vez se parece m�s a Jes�s, y en toda ocasi�n en la que es humillada le da gracias al Se�or que le permite compartir sus sufrimientos.

Su propio confesor, Monse�or Volpi, duda de la veracidad de las estigmas y piensa que es obra de la histeria. �sto hiere mucho el coraz�n de Santa Gemma, pero todo lo aguanta por amor a Aquel que lo sufri� todo por nosotros los pecadores.

RECOGIDA POR CARIDAD CON LOS GIANNINI.
En el mes de junio de 1899, Santa Gemma conoce a los pasionistas en una misi�n que predicaban en Lucca. Al verlos reconoce en ellos el h�bito de San Gabriel de la Dolorosa y en su coraz�n escucha al Se�or que le dice:
"Tu ser�s una hija predilecta de mi Coraz�n".

Se confiesa con uno de ellos, pero es tanto lo que Santa Gemma le comienza a decir que el sacerdote le dice que lo vaya a ver a la casa de la familia Giannini, donde siempre se hospedaban los pasionistas. �sta es la puerta de entrada para Santa Gemma.

Los Giannini eran una familia de extraordinaria fe. Acog�an en su casa como familia a los sacerdotes y otras almas buenas. Dijo el Papa Pio XII: "En el a�o 1899 la extraordinaria piedad y modestia de Gemma despert� tan gran admiraci�n en la piados�sima familia apellidada Giannini, de Luca, que decidi� acogerla en su propia casa y considerarla como hija".

As� lo expresa el mismo Don Mateo, que despu�s de haber escuchado a su hermana, do�a Cecilia, le dice que recibir� a Gemma como a una hija; y as� fue efectivamente. Santa Gemma se convirti� en la onceava hija, y todos la amaban. Ella por su parte les serv�a con extraordinario amor.

Todos sab�an que Gemma era un alma especial, pero quien estuvo en mayor contacto con ella fue la se�ora Cecilia, a quien Santa Gemma consideraba como su mejor confidente. La se�ora Cecilia tiene 52 a�os. Permanece soltera y muere en el a�o 1931.

Es una mujer de car�cter, emprendedora, afanosa y devota. En sus relaciones con Gemma sigue al pie de la letra las directrices de los confesores, con tal fidelidad, que el �ngel de la guarda dir� a Gemma: "Ninguna persona puede hacer mis veces mejor que ella".

REGALOS DE DIOS.
Conversando con la se�ora Cecilia, Gemma oye hablar del P. Germ�n de San Estanislao, le pide a Jes�s que se lo muestre, y el Se�or lo hace en un �xtasis y le dice que este es el sacerdote que guiar� su alma. Efectivamente el P. Germ�n se convierte en el confesor y director extraordinario de Gemma, quien es testigo de las obras de Dios en su alma.

Muchos fen�menos relacionados con la Pasi�n se dieron en la vida de Santa Gemma; adem�s de las estigmas, tuvo sudor y l�grimas de sangre. Se la vio padeciendo la flagelaci�n. Recibi� un regalo que apreci� con todo su coraz�n. Su �ngel de la guarda un d�a le mostr� dos coronas y le pidi� que escogiese la que ella quisiera, y ella escogi� "la de Jes�s".

Santa Gemma ten�a una relaci�n muy particular con su �ngel de la guarda, que siempre la acompa�aba y la proteg�a, e incluso muchas veces le serv�a de "cartero", llevando sus cartas al P. Germ�n. Se asegura que tambi�n ten�a el don de leer los corazones y que en varias ocasiones le dijo a varios religiosos que abandonar�an la religi�n, cosa que sucedi� m�s tarde, confirmando este don de su coraz�n.

Hay una an�cdota muy preciosa que le sucedi� a Santa Gemma en la casa Giannini. En el comedor de la casa hab�a un crucifijo grande al que toda la familia ten�a gran devoci�n. Tambi�n Gemma en muchas ocasiones le hac�a peque�as "visitas", orando frente a �l.

Un d�a, al tiempo que Gemma preparaba la mesa, alz� los ojos hacia su Jes�s y le dijo que ten�a hambre y sed de �l. Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero no alcanza porque estaba alta. Jes�s le sale al encuentro. Desprendiendo un brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente, permiti�ndole apagar su sed en la fuente viva de su costado abierto.

�Cu�l es la actitud del coraz�n de Santa Gemma ante tantos hechos extraordinarios? Gemma se mantiene en humildad y sencillez. En ning�n momento permite que el orgullo se apodere de su coraz�n, le escrib�a al P. Germ�n: "�Cu�nto he rogado a Jes�s que me lleve por la v�a com�n!".

FURIOSA GUERRA INFERNAL.
Jes�s dijo cierto d�a a Gemma: "Prep�rate, pues el demonio ser� quien d� la �ltima mano a la obra que en t� deseo ejecutar". Y estas palabras del Se�or se cumplieron al pie de la letra. El demonio detestaba a Gemma; le daba golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e im�genes sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase, e incluso lleg� a aparec�rsele bajo la apariencia del mismo Jes�s.

Por todos los medios trataba de privarla de direcci�n espiritual, insinu�ndole cosas malas acerca de sus confesores, o haci�ndose pasar por ellos. Era una guerra constante y cont�nua, que dur� hasta su misma muerte. Era de esperar esta guerra de parte del demonio ya que ser�an muchas las almas que se beneficiar�an de los sufrimientos y oraciones de Santa Gemma, y m�s a�n, ella s�lo quer�a conformarse con la voluntad de Dios para su vida.

�sto hac�a que el demonio se revolcara de rabia, porque no pod�a vencerla. Tanta era la rabia que sent�a hacia la pureza de Santa Gemma que un d�a la tent� visiblemente, de tal modo qu�, no pudiendo huir de �l, hizo la se�al de la Cruz y se arroj� en un pozo de agua helada en el jard�n. Su �ngel la sac� y la felicit� por su gran amor a la pureza, por su valent�a y por su triunfo.

En otra ocasi�n, cuando la Santa, por orden del P. Germ�n, escrib�a su vida: "d�ndose cuenta el demonio del fruto que pod�a hacer (el libro de su vida) se lo rob� gritando: `�Guerra, guerra a tu Padre!, tu escrito est� en mis manos`; y se relam�a y se revolcaba en el suelo de la satisfacci�n".

El P. Germ�n, enterado por una carta de Gemma, se fue al sepulcro de San Gabriel de la Dolorosa, y all� ley� los exorcismos, ordenando al demonio que devolviese el manuscrito a su lugar. El demonio lo devolvi� todo chamuscado, aunque perfectamente legible, como se conserva todav�a hoy en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresi�n a cuantos lo ven.

Escribe la Santa: "El demonio me hace sufrir mucho, pero siempre terminan por vencerle Jes�s y Mar�a, o bien el �ngel o San Pablo de la Cruz o el hermano Gabriel; siempre son estos tres. �Si viera c�mo escapa tan luego como se presenta alguno de ellos!".

�PADRE!... ME VOY CON JES�S.
Gemma estaba enferma. El P. Germ�n que no quer�a que muriese a�n, le orden� que sanara. Jes�s la san� pero le dijo: "Escribe a tu padre que ser� por poco tiempo". Gemma le comunic� a do�a Cecilia que deseaba verle, y �sta le escribi�: "Venga pronto a indicarnos que debemos hacer".

Gemma ya hab�a vuelto a enfermar. Llegando el Padre Germ�n, se sent� junto a ella y se produjo este di�logo:
-"Pero... �qu� es lo que hacemos, Gemma?".
-"�Padre!", contest� Gemma llena de gozo, "Me voy con Jes�s. Me lo ha dicho claramente. �Al cielo, padre, al cielo con Jes�s!".
-"�Y los pecados cometidos cu�ndo se van a pagar?".
-"Me ha dicho Jes�s que me enviar� sufrimientos para purificarme... �l me aplicar� los m�ritos de su Pasi�n... y me llevar� con �l al Para�so".

Esa misma tarde el P. Germ�n escuch� su confesi�n y llorando dec�a que Gemma hab�a mantenido intacta su inocencia bautismal. Al siguiente d�a le administr� el Vi�tico. El P. Germ�n ten�a urgencia de volver a Roma y le pregunt� a Gemma: "�Cu�nto durar� �sto?.
Gemma le contest�: "Esta enfermedad ser� la �ltima, pero me dice Jes�s que a�n no ha llegado mi hora".
A�ade el P. Germ�n: "Por �ltima vez bendije aquel �ngel de la tierra, al que no hab�a de ver m�s, y me retir�".

Ten�a que retirarse, pues Jes�s hab�a dicho a Gemma que el demonio ser�a quien diese la �ltima mano a su virtud y, estando �l, el demonio no se hubiera atrevido a hacerle nada. Pero, tan luego como el P. Germ�n se fue, no reconoci� l�mites su bestialidad durante siete largos meses. Perturbaba su imaginaci�n con horribles fantasmas con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la indujeran a la desesperaci�n.

Le dec�a muchas veces: "Ah� tienes lo que has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios"; y le presentaba tales figuras contra la pureza, que escribi� al P. Germ�n: "Padre m�o, p�dale a Jes�s que me cambie esta cruz por cualquier otra. Haga desde ah� los exorcismos para que este perverso se vaya, o mande a su �ngel para que lo ahuyente".

Viendo que con tentaciones no pod�a vencerla, empez� a maltratarla con los golpes m�s brutales y en forma de bestias feroces, que amenazaban despedazarla. Dirigi�ndose entonces a Mar�a Sant�sima, le dec�a: "Madre m�a; me encuentro bajo el poder del demonio que quiere arrancarme de las manos de Jes�s. Ru�guele por m�. �Viva Jes�s!".

Jes�s y Mar�a, complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz o a San Gabriel para animarla. El mismo Jes�s le dijo: "Hija m�a; hum�llate bajo mi mano poderosa y lucha, que tu lucha te conducir� a la victoria".

ENTREGA SU VIDA POR UN PECADOR.
Le escrib�a al P. Germ�n: "Usted siempre me recomienda paz. Gracias a Dios la tengo siempre, aunque a veces en lo exterior parezca seria. Y tendr� mayor a�n, cuando se convierta mi pecador".

Este pecador al que se refiere la Santa, era un sacerdote que hab�a dejado el sacerdocio hac�a ya doce a�os, y daba mucho esc�ndalo con su vida, haciendo que muchos se perdieran. Santa Gemma viendo que los sacrificios que ofrec�a no eran suficientes, pidi� permiso a su director, para ofrecerle al Se�or la mitad de su vida por su conversi�n; el padre dijo que s� y Jes�s acept� el intercambio.

Este sacerdote se convertir�a dos d�as antes que Gemma morir�a, d�ndole a ella un gran consuelo, exactamente en el plazo que ella hab�a ofrecido al Se�or. (Pasados los doce a�os que aquel sacerdote andaba descarriado; doce a�os y medio es la mitad de la vida de Santa Gemma, quien morir� en sus 25 a�os).

PARALELO CON LA PASION DE CRISTO.
"Y LE SACARON A CRUCIFICAR"
Creyendo los m�dicos que la enfermedad era contagiosa, sacaron a Gemma de la casa Giannini y la llevaron a un apartamento, contiguo a la casa, que su t�a Elisa hab�a alquilado. �ste era otro designio de Dios para asemejarla a Cristo, que muri� fuera de la ciudad como "V�ctima oficial" por los pecados.

"REPETICI�N DEL VIERNES SANTO"
Gemma hab�a pedido a Jes�s morir crucificada con �l, y crucificada morir�a. Como a las diez de la ma�ana do�a Cecilia pensaba retirarse un poco y Gemma le dijo: "No me dejes, mam�, mientras no est� clavada en la cruz, pues Jes�s me ha dicho que tengo que morir crucificada como �l".
Momentos despu�s entr� en �xtasis profundo, extendi� un poco sus brazos y, en esta posici�n permaneci� hasta el mediod�a. Su semblante era mezcla de amor y dolor, de calma y desolaci�n. �Agonizaba, como Jes�s en la Cruz! Los presentes la contemplaban at�nitos.

Era Viernes Santo, 10 de abril de 1903.
A las ocho de la ma�ana del s�bado, se le administr� la Extremaunci�n (hoy d�a se le llama Unci�n de los Enfermos), a cuyo rito sagrado contest� con pleno conocimiento. A do�a Cecilia que le habl� del P. Germ�n le dijo: "Ya he ofrecido a Dios el sacrificio de todo y de todos, para prepararme a morir". Tom� entonces el crucifijo en las manos y exclam�: "�Jes�s!... �En tus manos encomiendo mi pobre alma!"; y volvi�ndose a la imagen de Mar�a, a�adi�: "�Mam� m�a!, recomienda a Jes�s mi pobre alma... Dile que tenga misericordia de m�".

De repente toda se�al de agon�a desapareci�, y una sonrisa de cielo se dibuj� en sus labios. Dos l�grimas corrieron de sus ojos. El p�rroco, que estaba presente exclam�: "Jam�s he presenciado muerte semejante". Y �l mismo puso sobre el pecho de Gemma el escudo pasionista que llev� al sepulcro. Santa Gemma muere a la 1:45 p.m. del S�bado Santo, 11 de abril de 1903.

La profec�a de Santa Gemma se cumpli�. Los pasionistas la rechazaron en vida, pero despu�s de su muerte la tomaron para s�. El Se�or que hab�a acrisolado su coraz�n con el sufrimiento, tambi�n hab�a pedido de ella el sacrificio de no entrar en ninguna orden religiosa, y ella lo acept� y lo ofreci� al Se�or, como todo lo dem�s.

CON UNA LANZADA LE ABRI� EL COSTADO, Y AL INSTANTE BROT� SANGRE Y AGUA.
Era necesaria una prueba irrefutable que revelara las intimidades del coraz�n de aquella criatura que hab�a amado ardientemente a Jes�s. La prueba se tuvo cuando al fin, y Dios sabe con qu� sacrificios, lleg� el P. Germ�n a Lucca. Ya hab�an pasado 14 d�as de la muerte de Santa Gemma.

El Padre anhelaba volver a ver aquel rostro lleno de dulzura. Pero quer�a sobre todo verificar los misterios de aquel coraz�n virginal, cuyos secretos en vida nadie mejor que �l hab�a profundizado. El 24 de abril se procedi� a exhumarlo. Se abri� el cuerpo y se extrajo el coraz�n, que apareci� fresco, lozano, flexible, rubicundo, humedecido de sangre, igual que si estuviera vivo.

Los especialistas que practicaban la autopsia quedaron maravillados. Estaba bastante achatado y dilatado por ambos lados, apareciendo como m�s ancho que alto. Al abrirlo fluy� enseguida la sangre, ba�ando el m�rmol donde se realizaba la intervenci�n. Aquella que en muchas ocasiones le hab�a pedido al Se�or que le ensanchara el coraz�n para poder amarlo m�s, recibi� esta gracia que tanto ped�a. Su coraz�n se conserva en el convento Pasionista de Madrid.

El P. Germ�n escribi� muy pronto su biograf�a, y la devoci�n a Santa Gemma comenz� a extenderse de manera prodigiosa, no s�lo en Italia, sino en muchos pa�ses del mundo. Sin duda el Se�or quiso darla a conocer como un medio de ayudarnos a todos a comprender lo que es la santidad y animarnos a conseguirla. Su intercesi�n no se hizo esperar y muchos comenzaron a recibir grandes milagros y gracias por medio de la Santa. El m�s grande de ellos es el deseo de santidad que meditar su vida infunde en las almas.

Una hija espiritual. La Madre Gemma Eufemia Giannini. El proceso de canonizaci�n de Santa Gemma Galgani.
El proceso para la canonizaci�n se abri� el 3 de Octubre de 1907, cuatro a�os despu�s de su muerte; el Papa Benedicto XV dispens� el proceso de "fama de santidad", porque era conocida ya en todo el mundo.

Gemma fue Beatificada el 14 de mayo de 1933, A�o Santo del XIX Centenario de la Redenci�n; la Beatific� el Papa P�o XI.
Gemma fue Canonizada el 2 de Mayo de 1940 (d�a de la Ascensi�n del Se�or), por el Papa P�o XII, que dijo: "Santa Gemma ser� la piedra preciosa de nuestro Pontificado".

Los grandes amores de Santa Gemma, durante toda su vida fueron Jes�s Crucificado, la Virgen Mar�a, la Eucarist�a y la sed de conversi�n de las almas. Para ellos vivi� toda su vida y por ellos muri� como v�ctima de amor.


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