
San Gabriel
Su nombre significa "Dios es mi protector".
Gabriel es el "ang�lico mensajero". La m�xima de sus intervenciones en la Historia de la Salvaci�n es aquel sublime di�logo con Mar�a, encuadrado en toscos muros nazaretanos, pero reconocido por los cristianos de todo tiempo y lugar como el momento central de la Historia humana.
Nos sentimos atra�dos irresistiblemente al contemplar a Gabriel en esta escena, como tantos creyentes y artistas de los siglos pasados y del actual. Pero antes fijemos brevemente nuestra mirada en las embajadas preliminares del Arc�ngel, etapas progresivas de su misi�n de mensajero.
En primer lugar, Gabriel se aparece a Daniel para aclararle el sentido de una extra�a visi�n que tuvo el profeta, en el a�o tercero del reinado de Baltasar. Era la visi�n del carnero y el macho cabr�o, que se combat�an ferozmente junto al r�o. Daniel, israelita en el destierro, fue el profeta de las grandes visiones hist�ricas, proyectadas hacia la venida del Mes�as.
Dios le inspiraba las visiones y, casi siempre, tambi�n le suger�a su interpretaci�n. En esta ocasi�n Dios manda a Gabriel que explique la visi�n a Daniel. Daniel cae de bruces ante la presencia del �ngel, pero �ste lo levanta toc�ndole. Toda la Majestad de Dios ha sido comunicada a la presencia de su mensajero. Y manifiesta la visi�n, refiri�ndola a los reinos que se suceder�n en los siglos futuros.
M�s tarde, en el reinado de Dar�o, vuelve Gabriel, "volando raudo" a la vera del profeta Daniel, para atender a su instante oraci�n en favor del pueblo de Israel, oprobio de la gente. Pronuncia la famosa profec�a de las setenta semanas de a�os que transcurrir�n hasta la llegada del Mes�as. Ah� est� Gabriel, en la m�s alta mirada del Antiguo Testamento, se�alando ya el tiempo determinado por Dios para establecer su Alianza definitiva con la humanidad.
Saltando Gabriel, con agilidad de arc�ngel el puente del tiempo, y al cumplirse el plazo anunciado por �l mismo, de parte de Dios, vuelve a la tierra, a Israel. A�n no es el momento �ltimo, es el �ltimo preparativo. Viene a edificar el umbral del Nuevo Testamento, a anunciar a Zacar�as, sacerdote del Alt�simo, que el hijo de su ancianidad ser� el precursor del Salvador mismo, prepar�ndole un pueblo debidamente dispuesto. Zacar�as duda, y entonces Gabriel revela su personalidad y su misi�n: "Yo soy Gabriel, que asisto a la presencia de Dios, y he sido enviado a hablarte y darte estas buenas nuevas".
San Gabriel es uno de los siete �ngeles que asisten a la presencia de Dios, como Rafael, dispuestos a llevar los m�s altos mensajes del Se�or. Son los m�s sublimes Arc�ngeles. Y as� como Daniel cay� de bruces ante la presencia de Gabriel, aunque el mismo Arc�ngel lo levant�, Zacar�as, que de la turbaci�n no pas� a la fe sino que dud� de la profec�a milagrosa, qued� enmudecido "hasta el d�a en que se cumplir�n estas cosas".
Pero entre la profec�a y el nacimiento de Juan tiene lugar el gran Anuncio, la suprema embajada que jam�s criatura alguna ha recibido. Y la lleva el Arc�ngel Gabriel. Su palabra ang�lica lanzar� el puente; la palabra humana de Mar�a, la esclava fiel, le pondr� orilla de destino, y la uni�n se consumar� encarn�ndose la Palabra, el Verbo de Dios, la segunda Persona de la Sant�sima Trinidad.
San Lucas nos transmite la sobrenatural sencillez del di�logo, cuya oculta riqueza ha sido plasmada en colores a partir ya de los frescos catacumbales. Gabriel lleva la iniciativa, el mensaje de la Buena Nueva. Mar�a, ante tanta sobreabundancia de dones divinos, silenciosa, reflexiona, medita. El Arc�ngel proyecta m�s luz a�n sobre la arcana elecci�n y desgrana los anuncios prof�ticos, d�ndoles tono de cumplimiento.
Mar�a concebir� al Deseado, dar� a las naciones el Mes�as. Ante la serena pregunta de la Virgen, puesta de repente frente al futuro de su maternidad, Gabriel lleva a la cumbre su revelaci�n y anuncia el descenso del Esp�ritu Santo, del poder del Alt�simo, que reposar� sobre Mar�a, verdadera Arca de la Alianza, tabern�culo corp�reo de la Divinidad. Y a�ade una se�al confirmativa: Isabel, la anciana, ha concebido un hijo.
Ante Mar�a, el panorama inescrutable en toda su grandeza, profundidad y responsabilidad, de la maternidad divina-mesi�nica. Por Gabriel ha hablado el mismo Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que sac� a Israel de Egipto, el Dios que va a venir a salvar a su Pueblo, a congregar a sus hijos de todos los confines de la tierra. Todo el mundo, gimiendo quiz� inconsciente por la liberaci�n, est� expectante. Y Mar�a acepta: "H�gase en m� seg�n tu Palabra". En ella toda la tierra ha aceptado el don del cielo, se ha consumado el matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana.
El Arc�ngel hab�a promovido la Fe, su misi�n quedaba sobradamente cumplida. Y se retira al tiempo que, en la preciosa simultaneidad recogida por el �ngelus popular, el Verbo de Dios plantaba su tienda entre los hombres, se encarnaba en las puras entra�as de la Doncella. Gabriel ya no aparece m�s en las Sagradas Letras con su nombre. Probablemente su voz descoll� entre los coros ang�licos que cantaron el nacimiento de Jes�s en Bel�n y lo anunciaron a los pastores.
Su misi�n hab�a llegado ya a la cima en la Anunciaci�n de Nazaret, ya se hab�a ganado con todo m�rito el t�tulo de �ngel de la Encarnaci�n.
Historia
Fiesta: 24 de marzo
Patr�n: de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la m�s bella noticia: que el Hijo de Dios se hac�a hombre.
Es uno de los tres �ngeles citados por su nombre propio en la Sagrada Escritura. "Gabriel" significa tambien "h�roe de Dios". Aparece en el libro de Daniel y en el Evangelio de San Lucas.