
Santa Filomena
Descubrimiento de sus restos mortales.
En una tumba hab�an tres losas juntas que cerraban la entrada, y en ellas hab�a una inscripci�n que estaba rodeada de s�mbolos que alud�an al martirio y a la virginidad de la persona ah� enterrada. Los s�mbolos eran: un ancla, tres flechas, una palma y una flor.
La inscripci�n dec�a: LUMENA PAXTE CUM FI
Al abrir la tumba descubrieron su esqueleto que era de huesos peque�os y notaron a la vez, que su cuerpo hab�a sido traspasado por flechas. Al examinar los restos los cirujanos atestiguaron la clase de heridas que la joven m�rtir recibi�, y los expertos coincidieron en calcular que la ni�a fue martirizada entre la edad de 12 o 13 a�os.
Costumbres de los primeros cristianos
Hechos extraordinarios del descubrimiento
Los huesos, cr�neo y cenizas junto con el frasco que conten�a la sangre fueron depositados en un ata�d, el cual fue cerrado y triplemente sellado. Bajo guardia de honor el ata�d de �bano fue llevado a la custodia del Cardenal Vicario de Roma, a una capilla donde se guardan los cuerpos de los santos.
La Congregaci�n de Indulgencias y Reliquias declar� la autenticidad de las reliquias de la m�rtir.
Datos biogr�ficos
Las personas favorecidas fueron un joven artista de buena moral y vida piadosa, un devoto sacerdote y una piadosa religiosa de N�poles, la Venerable Madre Mar�a Luisa de Jes�s, quien muri� en dolor de santidad. Estas revelaciones han recibido el Imprim�tur de la Santa Sede, dando testimonio de que no hay nada contrario a la fe.
La Iglesia no ha hecho ning�n otro pronunciamiento y no garantiza la autenticidad de las supuestas revelaciones. La Santa Sede dio la autorizaci�n para la propagaci�n de �stas el 21 de diciembre de 1883.
Historia de la vida seg�n las revelaciones a la Madre Mar�a Luisa de Jes�s.
"Viendo la aflicci�n de mis padres y por un impulso del Esp�ritu Santo les habl� acerca de nuestra fe y les prometi� orar por ellos si consent�an a bautizarse. La gracia que acompa�aba sus palabras, iluminaron el entendimiento de mis padres y triunf� sobre su voluntad. Se hicieron cristianos y obtuvieron su esperado deseo de tener hijos".
"Al momento de nacer me pusieron el nombre de Lumena, en alusi�n a la luz de la fe, de la cual era fruto. El d�a de mi bautismo me llamaron Filumena, hija de la luz (filia luminis) porque en ese d�a hab�a nacido a la fe. Mis padres me ten�an gran cari�o y siempre me ten�an con ellos. Fue por eso que me llevaron a Roma, en un viaje que mi padre fue obligado a hacer debido a una guerra injusta".
"Yo ten�a trece a�os. Cuando arribamos a la capital nos dirigimos al palacio del emperador Dioclesiano y fuimos admitidos para una audiencia. Tan pronto como me vio fij� los ojos en m�. El emperador oy� toda la explicaci�n del pr�ncipe, mi padre. Cuando �ste acab� y no queriendo ser ya m�s molestado le dijo: yo pondr� a tu disposici�n toda la fuerza de mi imperio. Yo s�lo deseo una cosa a cambio, que es la mano de tu hija".
"Mi padre deslumbrado con un honor que no esperaba, accede inmediatamente a la propuesta del emperador y cuando regresamos a nuestra casa, mi padre y mi madre hicieron todo lo posible para inducirme a que cediera a los deseos del emperador y los suyos. Yo lloraba y les dec�a: �Ustedes desean que por el amor de un hombre yo rompa la promesa que he hecho a Jesucristo?. Mi virginidad le pertenece a �l y yo ya no puedo disponer de ella".
"Pero eres muy joven para ese tipo de compromiso, me dec�an, y juntaban las m�s terribles amenazas para hacerme que aceptara la mano del emperador. La gracia de Dios me hizo invencible. Mi padre no pudiendo hacer al emperador ceder y para deshacerse de la promesa que hab�a hecho, fue obligado por Dioclesiano a llevarme en su presencia".
"Antes tuve que soportar nuevos ataques de parte de mis padres, hasta el punto que de rodillas ante m�, imploraban con l�grimas en sus ojos que tuviera piedad de ellos y de mi patria. Mi respuesta fue: No, no, Dios y el voto de virginidad que le he hecho est� primero que ustedes y mi patria. Mi reino es el Cielo".
"Mis palabras los hac�a desesperar y me llevaron ante la presencia del emperador, el cual hizo todo lo posible para ganarme con sus atractivas promesas y con sus amenazas, las cuales fueron in�tiles. El se puso furioso, e influenciado por el demonio me mand� a una de las c�rceles del palacio donde fui encadenada, pensando que la verg�enza y el dolor iban a debilitar el valor que mi Divino Esposo me hab�a inspirado".
"Me ven�a a ver todos los d�as y soltaba mis cadenas para que pudiera comer la peque�a porci�n de pan y agua que recib�a como alimento, y despu�s renovaba sus ataques, que si no hubiera sido por la gracia de Dios no hubiera podido resistir. Yo no cesaba de encomendarme a Jes�s y su Sant�sima Madre".
"Mi cautiverio dur� treinta y siete d�as, y en el medio de una luz celestial, vi a Mar�a con su Divino Hijo en sus manos, la cual me dijo: 'Hija, tres d�as m�s de prisi�n y despu�s de cuarenta d�as se acabar� este estado de dolor'. Las felices noticias hicieron latir mi coraz�n de gozo, pero como la Reina de los �ngeles hab�a a�adido, dejar�a la prisi�n, para sostener un combate m�s terrible que los que ya hab�a tenido. Pas� del gozo a una terrible angustia, que pensaba me matar�a".
"Hija, ten valent�a, dijo la Reina de los Cielos y me record� mi nombre, el cual hab�a recibido en mi Bautismo dici�ndome: 'Tu eres LUMENA, y tu Esposo es llamado Luz. No tengas miedo. Yo te ayudar�. En el momento del combate, la gracia vendr� para darte fuerza. El �ngel Gabriel vendr� a socorrerte, Yo le recomendar� especialmente a �l tu cuidado'".
"Las palabras de la Reina de las V�rgenes me dieron �nimo. La visi�n desapareci� dejando la prisi�n llena de un perfume celestial. Lo que se me hab�a anunciado, pronto se realiz�. Dioclesiano perdiendo todas sus esperanzas de hacerme cumplir la promesa de mi padre, tom� las decisi�n de torturarme p�blicamente, y el primer tormento era ser flagelada".
"Orden� que me quitaran mis vestidos, que fuera atada a una columna en presencia de un gran n�mero de hombres de la corte, me hizo que me latigaran con tal violencia, que mi cuerpo se ba�� en sangre, y luc�a como una sola herida abierta. El tirano, pensando que me iba a desmayar y morir, me hizo arrastrar a la prisi�n para que muriera".
"Dos �ngeles brillantes con luz se me aparecieron en la oscuridad y derramaron un b�lsamo en mis heridas, restaurando en m� la fuerza, que no ten�a antes de mi tortura. Cuando el emperador fue informado del cambio que en m� hab�a ocurrido, me hizo llevar ante su presencia y trat� de hacerme ver que mi sanaci�n se la deb�a a J�piter el cual deseaba que yo fuera la emperatriz de Roma".
"El Esp�ritu Divino, al cual le deb�a la constancia en perseverar en la pureza, me llen� de luz y conocimiento, y a todas las pruebas que daba de la solidez de nuestra fe, ni el emperador ni su corte pod�an hallar respuesta.
Entonces, el emperador, fren�tico orden� que me enterraran, con un ancla atada al cuello en las aguas del r�o Tiber. La orden fue ejecutada inmediatamente, pero Dios permiti� que no sucediera".
"En el momento en el cual iba a ser precipitada al r�o, dos �ngeles vinieron en mi socorro, cortando la soga que estaba atada al ancla, la cual fue a parar al fondo del r�o, y me transportaron gentilmente a la vista de la multitud, a las orillas del r�o. El milagro logr� que un gran n�mero de espectadores se convirtieran al cristianismo".
"El emperador, alegando que el milagro se deb�a a la magia, me hizo arrastrar por las calles de Roma y orden� que me fuera disparada una lluvia de flechas. La sangre brot� de todas las partes de mi cuerpo y orden� que fuera llevada de nuevo a mi calabozo. El cielo me honr� con un nuevo favor. Entr� en un dulce sue�o, y cuando despert� estaba totalmente curada".
"El tirano se llen� de rabia y dijo: que sea traspasada con flechas afiladas. Otra vez los arqueros doblaron sus arcos, tomaron todas sus fuerzas, pero las flechas se negaron a salir. El emperador estaba presente y se puso furioso, y pensando que la acci�n del fuego pod�a romper el encanto, orden� que se pusieran a calentar en el horno y que fueran dirigidas a mi coraz�n".
"El fue obedecido, pero las flechas, despu�s de haber recorrido parte de la distancia, tomaron la direcci�n contraria y regresaron a herir a aquellos que las hab�an tirado. Seis de los arqueros murieron. Algunos de ellos renunciaron al paganismo y el pueblo empez� a dar testimonio p�blico del poder de Dios que me hab�a protegido".
"Esto enfureci� al tirano. Este determin� apresurar mi muerte, ordenando que mi cabeza fuera cortada con un hacha. Entonces, mi alma vol� hacia mi Divino Esposo, El cual me puso la corona del martirio y la palma de la virginidad".
Biograf�a
Fiesta: 11 de agosto
Patrona: de ni�os, infantes, pobres, situaciones imposibles, causas desesperadas, causas olvidadas, cura de enfermedades.
Filomena fue una joven m�rtir de la Iglesia primitiva, durmi� en el olvido de la historia hasta el hallazgo de sus restos mortales, el 24 de mayo de 1802. Ocurri� en el d�a de Mar�a Auxiliadora, durante una de las excavaciones que se hacen constantemente en Roma. La encontraron en la Catacumba de Santa Priscilla, en la V�a Salaria.
Se entiende que estas losas pueden haber sido puestas en el orden incorrecto, debido a la prisa o al poco conocimiento del lat�n del obrero. Por lo tanto, la inscripci�n puesta correctamente se leer�a: PAX TECUM FILUMENA.
En espa�ol: �Paz sea contigo Filomena!
Por el entusiasmo que causaba en los primeros cristianos la valent�a de los que mor�an por la fe, acostumbraban a marcar la losa con el signo de la palma, y pon�an al lado un peque�o frasco que conten�a la sangre del m�rtir.
Cuando los cient�ficos estaban transfiriendo la sangre seca a un nuevo frasco transparente, ante todos los que estaban presentes, sucedi� un hecho extraordinario. Para su asombro vieron que las peque�as part�culas de la sangre seca cuando ca�an en el nuevo frasco, brillaban como oro, diamantes y piedras preciosas, y resplandec�an en todos los colores del arco iris. (Hasta el presente se puede observar en algunos momentos de gracia, que estas part�culas cambian de color).
A pesar de tener sus restos mortales, la Iglesia a�n no sab�a nada sobre la vida de Santa Filomena. Lo que sabemos de esta Santa es gracias a las revelaciones privadas recibidas de la Santa en 1863, por tres diferentes personas, en respuesta a las oraciones de muchos a que dejara saber quien era ella y como lleg� al martirio.
"Yo soy la hija de un pr�ncipe que gobernaba un peque�o estado de Grecia. Mi madre era tambi�n de la realeza. Ellos no ten�an ni�os. Eran id�latras y continuamente ofrec�an oraciones y sacrificios a sus dioses falsos. Un doctor de Roma llamado Publio, viv�a en el palacio al servicio de mi padre. Este doctor hab�a profesado el cristianismo".

Traslado de sus Santos Restos
Despu�s que las reliquias de la Santa fueron exhumadas, fueron mantenidas en Roma hasta 1805. En ese tiempo el Padre Francis di Lucia de Mugnano, un peque�o pueblo cerca de N�poles, visit� la ciudad de Roma. El ten�a un ardiente deseo de procurar las reliquias de alguna joven m�rtir para su Iglesia.
Ya que el Obispo de Potenza, al cual �l acompa�� a Roma, apoyaba su petici�n, el Padre Francis fue permitido visitar el Tesoro de Reliquias, un largo pasillo donde se preservaban las reliquias de varios Santos. Cuando se par� frente a la reliquia de Santa Filomena, se llen� de un gran gozo espiritual, y rog� ante ella. El pensaba que el gran hero�smo de esta joven m�rtir era la inspiraci�n que necesitaban los j�venes de su parroquia, que su fortaleza virginal los retar�a a la pureza.
Las reliquias de Santa Filomena eran consideradas famosas y eran reservadas para alg�n distinguido prelado. �l pidi� las reliquias y al no recibir ninguna respuesta, el Padre Francis decidi� ir solo a uno de los Can�nigos de San Pedro, y pedir otra vez la reliquia. Hizo la petici�n a nombre del Obispo de Potenza. Le presentaron la reliquia de Santa Ferma. Los que estuvieron envueltos en la primera petici�n pensaron que el Obispo de Potenza era merecedor de una reliquia de primera clase.
Las reliquias de Santa Filomena fueron dadas al Obispo. �ste a su vez quiso que el pobre sacerdote de Mugnano las tuviera para su parroquia. De regreso a su pueblo, los viajeros se alojaron en casa de un buen amigo en N�poles. La se�ora de la Casa, Do�a �ngela Rose, padec�a de una enfermedad incurable desde hacia doce a�os.
Ella ofreci� vestir las reliquias con la esperanza de ser curada. Las reliquias fueron cubiertas por una estatua de la Santa, hecha especialmente para ese prop�sito y colocadas en una urna de madera. Muchos milagros empezaron a darse. La se�ora �ngela Rose fue instant�neamente sanada al tocar las reliquias. Otros tambi�n obtuvieron diferentes sanaciones.
Traslado de las Reliquias a Mugnano
El 10 de agosto de 1805, las reliquias de la Santa fueron trasladadas a Mugnano, a la casa del Padre Francis di Lucia. Cont�nuos milagros de toda clase acompa�aban el traslado. El d�a antes de la llegada, por las oraciones de los habitantes, una lluvia abundante refresc� los campos y prados de Mugnano, despu�s de una larga temporada de sequ�a.
El Se�or Michael Ulpicella, un abogado, que no hab�a podido salir de su cuarto por seis semanas, fue llevado a donde estaban las reliquias y regres� curado. El Santuario de Santa Filomena fue escena de prodigiosos milagros. Entre ellos se encuentra la sanaci�n de Pauline Jaricot.
El Gran Milagro de Mugnano
Pauline Jaricot era la hija favorita de unos aristocr�ticos franceses. Era muy bella y ten�a una atractiva personalidad. No obstante todos los atractivos placeres y sus halagadores admiradores, el coraz�n de Pauline se mov�a m�s hacia las cosas del esp�ritu que las cosas del mundo, aunque la lucha entre las cosas de Dios y las del mundo era fiera. La gracia triunf�, y Pauline va a ser recordada por siempre como la fundadora de la Sociedad para la Propagaci�n de la Fe y el Rosario Viviente.
Aunque Pauline hab�a sufrido anteriormente de la enfermedad que fue la causa de su cura, fue en marzo de 1835 que la enfermedad ense�� signos de gravedad. Esta enfermedad afectaba su coraz�n, en la proporci�n en que incrementaba las palpitaciones se volv�an tan violentas que se pod�an o�r a cierta distancia. Un peque�o movimiento o cambio de posici�n era suficiente para que la sangre corriera violentamente a su coraz�n, que casi se sofocaba.
Su respiraci�n parec�a parar y su pulso se volv�a imperceptible. Dr�sticos remedios se le ten�an que aplicar para restaurarla. Durante varios a�os de tortura solo ten�a peque�os intervalos de alivio. Uno de ellos ocurri� despu�s de hacer una novena a Santa Filomena, despu�s de saber de su gran poder con Dios. Tan s�lo de mencionar el nombre de la Santa, ella experimentaba un gozo y un deseo de visitarla en su Santuario. Pero eso parec�a un imposible ya que �ste quedaba a una gran distancia de Francia.
Actuando bajo una inspiraci�n, y despu�s de saber de su doctor la informaci�n de su estado, el cual era tan grave que nada importaba de una forma u otra, ella intent� un viaje al Santuario del Coraz�n de Jes�s, en Paray le Monial. Sobrevivi� la jornada y se dijo a si misma: "Si no me mat� este viaje ir� a Roma a obtener la bendici�n del Santo Padre", lo cual era la ambici�n de su vida.
Ir a Roma significaba viajar a trav�s de los Alpes, a trav�s de caminos abandonados; largo y peligroso viaje, aun para las personas en buen estado de salud. Pero Pauline se puso en camino. El dolor que soport� era intolerable. En Cambery su valor se acababa, y casi se resigna a morir lejos de su casa y del Vicario de Cristo. Estuvo inconsciente por dos d�as. Los alumnos de la escuela del Convento de su pueblo hicieron una novena a Santa Filomena por su recuperaci�n, al final de la misma pudo seguir su viaje.
Pauline sufri� una reca�da en Loreto, Italia. Despu�s de unos d�as continu� su viaje. Lleg� a Roma casi inconsciente. Las Hermanas del Sagrado Coraz�n la recibieron con gran amabilidad, su estado era tal que le era imposible dejar el Convento. Parec�a que despu�s de tanta dificultad no iba a poder ver al Santo Padre.
Pero la Santa Madre de Dios y Santa Filomena no la abandonaron. Su llegada a Roma fue informada al Santo Padre, el Papa Gregorio XVI, que al saber de su estado decidi� ir en persona a ver a esta joven mujer que tanto hab�a hecho por la Santa Iglesia. �sto era un honor y una consolaci�n para Pauline. El Santo Padre fue amable y le agradeci� repetidamente su trabajo a favor de la Iglesia Cat�lica, y la bendijo una y otra vez.
Le pidi� que orara por �l cuando llegar� al cielo, y �sta se lo prometi�. Entonces ella le pregunt�: �Santo Padre, si yo vuelvo bien de mi visita a Mugnano, y voy a pie al Vaticano, usted su Santidad se dignar�a en proceder sin demoras con la investigaci�n final en la Causa de Santa Filomena? S�, mi hija, replic� el Papa, porque eso ser�a un milagro de primera clase. Nadie pensaba que ella volver�a, debido al estado tan precario de salud.
Era en Agosto y el clima estaba extremadamente caliente. Viajaban de noche para evitar el gran calor del d�a. Llegaron a Mugnano un d�a antes de la fiesta de Santa Filomena. Inmensas multitudes se hab�an reunido para celebrar la fiesta. La ma�ana siguiente, Pauline recibi� la Santa Comuni�n, cerca de las reliquias. Sufr�a unos dolores inmensos en todo su cuerpo y su coraz�n lat�a tan violentamente que se desmay�. Las personas pensaron que se hab�a muerto.
Las personas que estaban con ella trataron de sacarla de la Iglesia, en eso recobr� el conocimiento e hizo una se�al de que la dejaran cerca de las reliquias. De repente un torrente de l�grimas vinieron a sus ojos, el color volvi� a sus mejillas, un brillo saludable sobrevino a sus entumecidos miembros. Su alma estaba llena de un gozo celestial, y pens� que dejaba este mundo para irse al cielo. Pero no era la muerte. Santa Filomena la hab�a sanado.
Todav�a iba a vivir muchos a�os para Dios y su Iglesia. Pauline cuando estuvo segura de su sanaci�n, permaneci� en silencio por un tiempo. Pero la Superiora del Convento al ver lo que estaba pasando, orden� que sonaran las campanas para anunciar el milagro. El pueblo lleno de gozo gritaba: "Viva Santa Filomena". En acci�n de gracias, Pauline se qued� unos d�as m�s. Cuando se fue, llevaba consigo una reliquia grande de Santa Filomena, cubierta en una estatua de la Santa.
Pauline no le hab�a informado al Santo Padre de su sanaci�n. Todos en el Vaticano al o�r de su sanaci�n estaban sorprendidos, sobre todo el Papa cuando la vio ante �l en perfecta salud. Su Santidad no lo hubiera cre�do de no haberlo visto con sus propios ojos.
A la petici�n de Pauline, �l le concedi� el privilegio de construir una Capilla en honor de Santa Filomena. Para poder investigar el milagro, el Papa orden� a Pauline a que se quedara un a�o entero en Roma. Durante ese tiempo Pauline obtuvo del Santo Padre muchos privilegios para el "Rosario Viviente". Al final del a�o regres� a Francia.
Papas devotos a Santa Filomena
En nuestro amor por Santa Filomena seguimos bien la direcci�n y el ejemplo de los Romanos Pont�fices.
Papa Le�n XII (1823-1829) dio permiso para la erecci�n de altares e iglesias en honor de Santa Filomena.
Papa Gregorio XVI, el 30 de enero de 1837, solemnemente la elev� al altar dando completa autoridad a su culto en todo el mundo cat�lico y por toda la eternidad. Le dio el t�tulo de Patrona del Rosario Viviente.
P�o IX, en 1849 la nombr� Patrona de los Hijos de Mar�a.
Papa San P�o X, elev� la Archicofraternidad de Santa Filomena a Universal y nombr� a San Juan Vianney su Patr�n. Este Papa y gran Santo de la Santa Madre Iglesia solemnemente declar�: "desacreditar las presentes decisiones y declaraciones concernientes a Santa Filomena como no siendo permanentes, estables, v�lidas y efectivas, necesarias de obediencia, y en completo efecto para toda la eternidad, procede de un elemento que es nulo y vano, y sin m�rito y autoridad". (1912)
Leo XIII, antes de su elecci�n al Papado fue dos veces en peregrinaci�n a su Santuario. Despu�s de ser nombrado el Vicario de Cristo, le dio una cruz de mucho valor al Santuario. Aprob� la Confraternidad de Santa Filomena y la enriqueci� con indulgencias. La elev� a Archicofraternidad.
P�o X, elev� la Archicofraternidad a Universal y nombr� a San Juan Mar�a Vianney su Patr�n.
San Juan Vianney y Santa Filomena.
San Juan Vianney era muy devoto de Santa Filomena. Exist�a un perfecto entendimiento entre el Cura de Ars y la Santa. La eligi� como su Patrona, y �l sent�a su presencia constantemente. La llamaba con los nombres mas tiernos y familiares, y no dudaba en inducir a otros a que invocaran su intercesi�n en sus necesidades de cuerpo y alma.
Conoci� a la Santa a trav�s de Pauline Jaricot, la cual le ofreci� parte de la preciosa reliquia que hab�a obtenido en Mugnano. Inmediatamente se puso a trabajar para erigir una Capilla en su Iglesia y as� custodiar con dignidad la reliquia. El lugar pronto se convirti� en escena de innumerables curaciones, conversiones y milagros.
Devociones
A trav�s de las diferentes devociones a Santa Filomena se han producido muchas sanaciones y conversiones.
Coronilla de Santa Filomena
Novena que logr� la sanaci�n de Pauline Jaricot.
El uso del aceite (de la l�mpara que est� encendida frente a las reliquias de Santa Filomena). En el libro las Rosas de Santa Filomena, de St. Elizabeth Seton, consta que una mujer recobr� la vista despu�s de tres a�os de sufrir una enfermedad en sus ojos que le causaba tanto dolor que no pod�a ni comer, ni dormir.
El uso del cord�n de Santa Filomena
El Cord�n de Santa Filomena ha sido aprobado por la Sagrada Congregaci�n de los Ritos. Usualmente es usado por dentro de la ropa. No se necesita una ceremonia especial, pero debe de ser bendecido antes. Al ponerse el cord�n, los que los usan se proponen honrar a Santa Filomena y as� merecer la protecci�n de cuerpo y alma, perfecta castidad, el esp�ritu de fe necesario para los tiempos en que vivimos y, la gracia de hacernos contra la violencia, para poder vivir una vida verdaderamente cristiana.
Santuario y Reliquias
El Santuario de Santa Filomena est� localizado en Mugnano, Italia, en la di�cesis de Nola, cerca de N�poles. Fue en esta Iglesia que el p�rroco Don Francis di Lucia, trajo las reliquias de Santa Filomena en 1805. La Iglesia se convirti� en un lugar de peregrinaci�n, donde numerosos favores e inclusive milagros fueron concedidos por la intercesi�n de Santa Filomena.
La capilla de Santa Filomena se encuentra a media nave, a la izquierda. Arriba del altar se puede ver la figura de la Santa en papier-mach�, la cual fue hecha para guardar su huesos. Esta estatua de Santa Filomena fue hecha en 1805. Si se mira de cerca, debajo de las almohadas se puede ver el envase el cual contiene la sangre cristalizada (la religiosa que custodia el Santuario nos asegur� cuando la visitamos en 1998 que la sangre ha sido robada).
Esta figura milagrosamente ha cambiado de posici�n varias veces a trav�s de los a�os. El �ltimo movimiento que se conoce fue en 1949. En �ste se puede ver la oreja izquierda de la imagen, que hasta ese entonces no se ve�a, ni se sab�a que exist�a.
En el relicario procesional del Santuario de Santa Filomena hay una imagen del martirio de la Santa rodeada de reliquias de varios Santos; el relicario es usado para bendecir a las personas en las fiestas principales en las que se honra a Santa Filomena.
Tambi�n hay una estatua de Santa Filomena que ha exudado un aceite milagroso, el 10 de agosto de 1823. �sta se expone para ser venerada en su d�a festivo que es el 11 de agosto.

Bibliograf�a:
Butler, Vida de los Santos