
�Oh mi glorioso protector San Felipe!, que viviendo sobre esta tierra fuisteis tan amante de la humildad que tuvisteis por cosa vil no solo las alabanzas, sino que hasta el mismo aprecio de los hombres; alcanzad tambi�n para m� esta tan hermosa virtud. Ya veis cu�n orgulloso soy en mis pensamientos, cu�n altanero en mis palabras, y cu�n ambicioso en mis obras. �Ah! Alcanzadme la humildad de coraz�n, y que mi entendimiento destierre de s� toda altaner�a, y que tenga profundamente impreso aquel vil sentimiento que tuvisteis de Vos mismo, consider�ndote como el peor de todos los hombres, y por eso os alegrasteis de ser despreciado, y Vos mismo buscasteis los medios de ser tenido en nada. S�, Santo m�o, alcanzadme la verdadera humildad de coraz�n y el bajo conocimiento de mi nada; para que siendo yo despreciado, me alegre de ello; vi�ndome postergado, no me d� por ofendido; siendo alabado no me ensoberbezca; sino que solo busque ser grande a los ojos de Dios, y reciba �nicamente de El toda mi exaltaci�n.
Padrenuestro, Avemar�a y Gloria.
