
San El�as
El�as significa "Mi Dios es Yahv�" (El = Dios. IA = Yahv�).
La historia del profeta El�as est� en la Santa Biblia, en el Libro Primero de los Reyes, cap�tulos 17 al 21, y en el segundo Libro de los Reyes, cap�tulos 1 y 2. Es la siguiente:
El�as se libr� de la muerte huyendo a su tierra natal, al otro lado del Jord�n, y y�ndose despu�s a una ciudad fenicia, llamada Sarepta. Pero cuando parec�a que ya Jezabel iba a lograr destruir por completo la verdadera religi�n en Israel, entra en escena el gran campe�n de la religiosidad, El�as, y empieza el combate total entre las fuerzas del bien y las del mal.
El�as aparece de repente en pleno reinado de Acab, para anunciar qu�, como un castigo por haber abandonado la verdadera religi�n, vendr� sobre la naci�n un verano de tres a�os seguidos. Y en efecto deja de llover durante 36 meses y el hambre y la sed hacen estragos.
Por orden de Dios, El�as se retira a vivir a una cueva junto a una fuente de agua. All� los cuervos le llevan pan por la ma�ana y carne por la tarde. El profeta se viste pobremente: con una tosca piel de camello y una correa (as� vestir� m�s tarde Juan Bautista). Cuando la fuente de agua se sec�, Dios le orden� que se fuera a vivir a una ciudad extranjera, llamada Sarepta.
Al llegar a Sarepta se encuentra con una viuda que est� recogiendo le�a para cocinar. �l le dice: "por favor, tr�igame un poco de agua y un pan". Ella le respondi�: no tengo sino un poquitito de harina y una migaja de aceite. Voy a hacer un pan para mi hijo y yo, y despu�s nos moriremos de hambre".
El�as le dijo: "Haga un pan para m�, y ya ver� que la harina no se le acabar� en su artesa, ni el aceite en su vasija, hasta el d�a en que vuelva a llover sobre la tierra". La mujer hizo lo que el profeta le mandaba, y sucedi� como le hab�a anunciado, ni la harina se acab� en su artesa, ni el aceite se disminuy� en su vasija, durante todos esos meses de escasez. Y as� pudo alimentar a su hijo y al profeta.
El primer caso de un resucitado, que se narra en la Santa Biblia sucedi� en tiempos del profeta El�as. El hijo de la viuda que lo hospedaba se enferm� gravemente y se muri�. La pobre mujer desconsolada le reclam� al profeta el por qu� le ten�a que suceder a ella tan grande desgracia. El�as se dedic� a rezar con toda fe junto al cad�ver del ni�o y Dios resucit� al muerto. La madre del jovencito, al ver a su hijo vivo otra vez, exclam�: "Ahora s� que eres un hombre de Dios y que en verdad Yahv� habla por tus labios".
El�as hizo que el rey Acab reuniera a todo el pueblo de Israel, junto al Monte Carmelo y tambi�n a los 450 profetas del falso dios Baal. Y estando todos all� reunidos les hizo este desaf�o: "Vamos a poner dos altares. En uno estar�n los sacerdotes de Baal. Y en el otro estar� yo, en nombre de Yahv�. Y ellos invocar�n a Baal para que env�e fuego del cielo y queme sus ofrendas. Y yo invocar� a Yahv�. Y el que responda, ese es el verdadero Dios".
Y descendi� fuego del cielo y consumi� todo el sacrificio que �l hab�a colocado en el altar (y eso que el profeta hab�a hecho inundar con mucha agua todos los alrededores de su altar, para que no fuera f�cil all� quemar nada). El pueblo emocionado ante este milagro, acab� con todos los sacerdotes del falso dios Baal.
Cuando la malvada reina Jezabel supo que hab�an acabado con los sacerdotes de su falso dios Baal, dio orden a la polic�a de que asesinara a El�as. Y �ste tuvo que salir huyendo por el desierto, para salvar la vida. Y le sucedi� que entonces tuvo una gran depresi�n de �nimo y dese� morirse. Pero Dios le envi� un �ngel que le trajo un pan y una jarra de agua, y con este alimento tuvo fuerzas para andar 40 d�as por el desierto hasta llegar al Monte Horeb o Sina� y esconderse all�.
Y estando all� en el Monte Santo sinti� que Dios se le iba a aparecer. Y lleg� un violento hurac�n, pero all� no iba Dios. Y sucedi� un espantoso terremoto, pero ah� no estaba Dios. Y vino un fuego devorador, y all� tampoco llegaba Dios. En seguida sinti� una suave brisa, y ah� s� ven�a Dios. Y el Se�or mand� a El�as que volviera otra vez a Israel y que consagrara a Eliseo como su sucesor, y a Jeh� como nuevo rey. Y desde aquella aparici�n, aprendi� el gran profeta a no ser violento (como el hurac�n) ni duro (como el terremoto) ni asustador (como el fuego) sino suave y amable (como la brisa).
El rey Acab deseaba conseguir una finca que le agradaba, pero Nabot, su due�o, no se la quer�a vender porque era la herencia muy amada de sus padres. Entonces la reina Jezabel hizo asesinar a Nabot y el rey se apoder� de la finca. El�as se present� y le anunci� que por haber cometido semejante crimen, todos los hijos varones del rey Acab ser�an asesinados, y que a Jezabel se la comer�an los perros.
Ajab se asust� mucho y empez� a hacer penitencia. Entonces Dios le avis� a El�as que por esas demostraciones de arrepentimiento, los castigos no llegar�an sino cuando el rey ya se hubiera muerto. Y as� sucedi�. Muerto Ajab, fue nombrado rey un general llamado Jeh� el cual hizo asesinar a todos los hijos del difunto rey, y mand� echar desde un balc�n hasta el piso de la calle a Jezabel, y all� la devoraron los perros.
El profeta nombr� como su sucesor a Eliseo y fue avisado por Dios de que iba a ser llevado al cielo. En compa��a de Eliseo lleg� al r�o Jord�n y lo toc� con su manto, y el r�o se abri� en dos y pasaron al otro lado sin mojarse los pies.
Eliseo le pidi� como �ltimo favor: "Que me pase a m� lo m�s importante de tu esp�ritu" (de tus poderes y de tus cualidades). El�as le dijo: "Si me ves cuando suba al cielo se te conceder� lo que has pedido". Y lleg� un carro de fuego y se llev� a El�as al cielo. Eliseo lo vio mientras sub�a por las nubes, y se le transmitieron a �l las cualidades y los poderes de El�as, y empez� a hacer milagros.
Retrato b�blico
Llevado por el Esp�ritu: Ved la respuesta tan sabrosa de Abd�as en 1 Reyes 18,12. De ah� es de donde procede la fuerza del alma de El�as y de su libertad interior. Su fe sin divisiones. Cuando el sacrificio del Carmelo (1 Re 18), intenta forzar al pueblo a elegir entre el Dios vivo, personal, que interviene en la historia, y las fuerzas naturales divinizadas, los baales. Como nosotros, El�as cree sin ver; porque Dios se lo pide, anuncia la llegada de la lluvia, pero sin verla venir (1 Re 18,41 s).
Su intimidad son Dios: Su visi�n de Dios (1 Re 19), como la de Mois�s (Ex 33,18s), es el modelo de la vida m�stica: es todo lo m�s que se le concede ver al hombre. Pero El�as sigue siendo un hombre como nosotros, desalentado, miedoso (19,ls). El vers�culo 19,12 debe traducirse: "Se oy� el ruido de un silencio". Dios no est� en las fuerzas de la naturaleza divinizadas, sino que es el Dios oculto. En su oraci�n -lo mismo que Mois�s- El�as no cae en efusiones m�sticas, sino que habla a Dios de su misi�n.
De ensorde los pobres: Ante el rey y los poderosos, defiende al pobre (1 Re 21). Su universalismo: Como cree en Dios sin divisiones y se deja conducir por el Esp�ritu, es libre para tratar con los paganos (1 Re 17); pero tambi�n a la mujer pagana le pide una fe incondicional (17, 13).
La ascensi�n de El�as (2 Re 2). Como no se conoc�a su tumba, se lleg� a pensar seguramente que hab�a sido llevado junto a Dios. Lucas se inspirar� en este texto para su relato de la ascensi�n de Jes�s (Hech 1,6-11); Eliseo, que ve a El�as en su ascensi�n, recibir� su esp�ritu para continuar su misi�n, lo mismo que los disc�pulos recibir�n el Esp�ritu de Jes�s por haberlo visto elevarse.
Retrato hecho por los hombres
De Cristo futuro ap�stol. M�rtir, Precursor, Capit�n, valiente defensor, heraldo de la verdad, ardientemente religioso, maduro sin quebranto, anciano sin vejez, mortal sin morir, nutrido sin alimento, de una longevidad sin achaques y - �cosa admirable!- de una vida sant�sima que no se ha de extinguir hasta la consumaci�n de los siglos.
Quien flagel� a los tiranos, dio muerte a los sacr�legos, cerr� con su palabra las nubes y torn�las a abrir, ungi� Reyes e instituy� Profetas defensores; por los �ngeles fue anunciado su nacimiento, alimentado en Carit, saludado en Horeb, donde, en medio de fragorosa tempestad y conmoci�n de los montes, cubri�ndose con su palio el rostro, vio en cuanto era capaz, a Dios, el cual se le manifest� en el suave c�firo"
2) El venerable mari�logo Arnoldo Bostio (+ 1499) lo llam�:
El�as y el Carmelo
Supuesto el v�nculo entre El�as y el Carmelo, entre El�as y la vida religiosa, fijado por los Padres Griegos y Latinos, no es de extra�ar que aquellos a quienes ya Santiago de Vitry hab�a designado como "imitadores del santo var�n y solitario El�as profeta", en el Monte Carmelo, cerca de la fuente apellidada de El�as, en la Rubr�ca Prima de las Constituciones afirman su descendencia de los Padres tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, quienes desde el tiempo de El�as y de Eliseo hab�an habitado en el Monte Carmelo, "para la contemplaci�n de las cosas celestiales".
A pesar de ello, los carmelitas nunca se llamaron elianos, pues tomar�n el nombre, como tantas otras Ordenes, no del Fundador, sino del lugar donde nacen.
El�as ser� para aquellos cozados que se re�nen en el Monte Carmelo la regla viva, que se propondr�n imitar. Para ellos �ste ser� el padre que les infundir� su esp�ritu: Carmelitarum Dux et Pater. Para estos primeros carmelitas, la cosa fue f�cil: deseaban imitar a aquel hombre extraordinario, tal como lo presentab� la Sagrada Escritura, y porque los Padres lo hab�an visto como el prototipo del monacato.
As� de sencillo es el origen del Patr�arcado ellano sobre el Carmelo.
"Pero debemos anadir qu�, no sin fundamento llaman su Padre a El�as, porque los fundadores y despu�s todos los carmeiltas miraron siempre a aquel Profeta como un modelo y ejemplar, e inspirados en �l, modelaron sus reglas y constituciones. Moralmente, pues, ha influido el Profeta El�as en la Orden Carmelitana casi tanto como San Agust�n en los diversos Institutos que llevan su nombre, y se glorifican de tenerle por Padre".
El�as, Padre espiritual del Carmelo
El entonces Procurador General de la Orden, Eliseo Monsignani, lleno de alegr�a, curs� a los Provinciales esta comunicaci�n: "Ha llegado el tiempo en que, aun cuando los carmelitas callen, las piedras y los m�rmoles hablar�n y dir�n que el profeta El�as es el Padre y Fundador de los carmelitas".
�De d�nde arranca esta paternidad eliana?
�l ha de ser para nosotros el espejo en el que a diario debemos miramos, como lo hacia San Antonio. Es lo que afirma el Bto. Juan Soreth (+1471) en su Exposici�n de la Regla: "Nosotros somos los Hijos de los Profetas, no seg�n la carne, sino por la imitaci�n de sus obras. El Redendor dec�a a los jud�os que se glorificaban de proceder de Abrah�n: "Haced las obras de Abrah�n". As� hoy se debe decir a los carmelitas: "Haced las obras de El�as".
As� nos presenta a El�as el libro m�s importante de la espiritualidad Carmelitana despu�s de la Regla, la Instituci�n, como ejemplo a imitar.
He aqu� un hecho b�sico e indiscutible, la conciencia moral eliana del Carmelo, su procedencia eliana en cuanto a la concepci�n contemplativa y apost�lica de la vida religiosa.
Esto afirmaba el c�lebre Tom�s Waldense, cuando deseaba que fuera para los carmelitas N. P. 5. El�as "una fuente de vida espiritual, un ideal que incita a la imitaci�n y estimula al celo por el Dios de los ej�rcitos, de modo que, la vida espiritual del Carmelo halle en �l, El�as, su especificaci�n y su inspiraci�n".
Su espiritualidad y su mensaje
a) Vida contemplativa, intimidad divina: "Vive el Se�or, en cuya presencia yo vivo, yo estoy" (1 Re 17,1).
Nos recordaba el papa Juan Pablo II,el 24.9.1983:
Biograf�a
Fiesta: 20 de julio
En contraposici�n a un mont�n de falsas divinidades que el pueblo ignorantemente estaba adorando, suscit� Dios a un gran profeta para que recordara a su pueblo que s�lo hay un Dios y que ese Dios es Yahv� (Este es el nombre que Dios se dio a s� mismo cuando Mois�s le pregunt�: "�Cu�l es tu nombre?". Y el Se�or le respondi�: "Mi nombre es Yahv�, que significa: Soy el que soy. Yo hice a todos, y a m� nadie me hizo"(Exodo 3:14). Ese fue pues el oficio de El�as: tratar de convencer a los israelitas de que s�lo hay un Dios y que ese Dios es Yahv�, el Creador de cielos y tierra.
Reinaba en Israel Acab, un hombre de d�bil voluntad que se dejaba dominar por su esposa Jezabel, que era pagana y extranjera y deseaba imponer entre el pueblo la religi�n de los falsos dioses. Esta mujer perversa hizo asesinar a los profetas y sacerdotes del Dios verdadero, de los cuales solamente se salvaron de la muerte unos cien, a quienes el mayordomo del rey escondi� en cavernas Abdias, y los aliment� durante la �poca de m�ximo peligro.
Es imposible intentar encerrar en cuatro p�ginas la personalidad y obra de este gran Profeta.
Leyendo las pocas p�ginas que nos hablan de �l: 1 Reyes, cap. 17-19,21, y 2 Re 1-2, podemos intentar descubrir sus rasgos principales. He aqu� algunos:
El hombre ante Dios: Aparece con frecuencia la expresi�n "el Se�or a quien sirvo" o "ante el que estoy"; El�as no comparte con nadie su culto y quiere que el pueblo haga lo mismo.
Las llorecillas de El�as (2 Re 1): Este relato popular, lo mismo que presentar�n luego a Eliseo, contribuir�, por desgracia, a hacer de El�as un personaje justiciero que pide el fuego del cielo contra los pecadores.
Nos limitamos al que nos pintan dos c�lebres carmelitas:
l) El ilustre historiador Juan Bta. Lezana (+1659) escribi� este magnifico epitafio:
"Elogio para fiar a la puerta del para�so terrenal"
Aqu� vive, oh mortal aquel celeste celador de la honra divina. El�as es de doble esp�ritu, perfecto en la pureza, rico en virtudes, pobr�simo en bienes terrenos, gran amigo de Dios, enemigo del diablo, amable con los buenos, terrible para los imp�os, nacido antes de Cristo, convers� con Cristo, reservado despu�s de Cristo contra el Anticristo; Patriarca eximio. Profeta celeb�rrimo. Sacerdote grande, Monje, Padre de los Monjes, siempre casto, F�nix singular.
"Var�n Evang�lico antes del Evangello, Apost�lico antes del tiempo de los Ap�stoles, despreciador del mundo y de todas las cosas perecederas, apasionado seguidor de lo eterno, primer Virgen, Monje y Eremita, resplandor de costumbres, regla de virtudes, heraldo de la Virgen sagrada. Que con la instituci�n de la virginal castidad antecedi� por mucho tiempo al Cordero sin mancha a donde quiera que hubiera de ir".
Un grupo de cozados llegados a Palestina a mediados del siglo XII, viendo la maravillosa topograf�a del Monte Carmelo, tan apto para la contemplaci�n, decidieron quedarse all� y se entregaron sin reservas a imitar la vida del Profeta de Fuego, tal como la describ�an los libros de los Reyes, a base de la tradici�n mon�stica. El lugar les ayudaba a "fabricar la miel dulc�sima de la contemplaci�n".
Hoy, la as� llamada "Cuesti�n eliana" sobre la sucesi�n heriditaria o entronque de los carmelitas de hoy con el Profeta El�as, que vive 900 a�os antes de Cristo, es una cuesti�n zanjada y, por lo tanto, as� admitida: El�as es el Padre Espiritual o el Inspirador del Carmelo. As� lo ha escrito el P. R. Garc�a Villoslada, S.J.:
"El�as, aunque no sea �l quien les haya dado una Regla escrita, con todo ha sido el ejemplo y el modelo de la santa vida de los carmelitas". As� escribi� el c�lebre humanista benedictino, el Abad Juan Tritemio (+1516).
A esta afirmaci�n de un extra�o a la Orden, basta a�adir un hecho: entre las estatuas de los fundadores de las Ordenes Religiosas que aparecen en la Bas�lica de San Pedro en Roma, est� tambi�n la magn�fica e impresionante del profeta El�as, con la siguiente inscripci�n, escrita por el mismo Papa Benedicto XIII, el 26 de junio de 1725: "Universus Ordo Carmelitarum Fundatori suo Santo Eliae Prophetae erexit 1725. (La Orden entera de los Carmelitas, a su Santo Fundador, El�as, Profeta, la erigi� en el a�o 1725").
El historiador de la primera mitad del siglo XIII, Jaime de Vitry, dice: "A ejemplo e imitaci�n del santo y solitario var�n, El�as profeta, muchos anacoretas se retiraron en el Monte Carmelo". En virtud de esta tradici�n y de esta historia del patriarcado eliano los carmelitas deben procurar ajustar su vida a la de �l. Fue �ste el testamento que seg�n la tradici�n dej� San Brocardo, Superior General del Carmelo, a los moradores de aquella Santa Monta�a antes de expirar: "Ajustad vuestra vida a la vida ejemplar de la Bienaventurada Virgen Mar�a y de nuestro fundador, el Santo Profeta El�as".
En cuanto precede ya va impl�cita y expl�cita su espiritualidad y su mensaje para el hombre de hoy, que no puede ser m�s actual�simo.
Todo �l se resume en su doble esp�ritu, que siempre enarbol� el Carmelo como fundamento de su espiritualidad. Este era su lema en doble vertiente:
b) Vida apost�lica, celo por la gloria de Dios y la justicia: "Me abraso de celo por el Se�or, Dios de los ej�rcitos" (1 Re 19,10).
El�as Profeta es el CANTOR incansable del Dios vivo.
Si a este doble esp�ritu se le a�ade el amor tierno y filial a Mar�a, a la que seg�n la tradici�n �l viera prefigurada en la c�lebre Nubecilla, (1 Re 19, 44) ya est� completo el CARISMA DEL CARMELO.
"Vuestro carisma hunde sus ra�ces en el Antiguo Testamento y se centra en torno a la grandiosa figura del Profeta El�as, el Profeta del Nuevo testamento.
�l fue un hombre de Dios, Maestro testigo de oraci�n. Como hijo del pueblo, es un ejemplo a seguir por vosotros de c�mo ten�is que preocuparos de las necesidades del pr�jimo. Ello quiere decir que vosotros deb�is ser hombres de Dios, testigos de la transcendencia divina, ap�stoles de la Divina econom�a".