Santa Francisca Cabrini


Biograf�a

Santa Francisca Cabrini
Fiesta: 22 de diciembre
Patrona: de emigrantes, administradores de hospitales, inmigrantes, hu�rfanos.

Fundadora de las Misioneras del Sagrado Coraz�n (a�o 1917).
Fue la menor de una familia de trece hijos. Naci� cerca de Pav�a, Italia, en 1850. Una de sus hermanas mayores era maestra de escuela y la form� en la estricta disciplina, lo cual le fue muy �til despu�s, para toda su vida.

Desde muy peque�a al o�r leer en su familia la Revista de Misiones, adquiri� un gran deseo de ser misionera. A sus mu�ecas las vest�a de religiosas, y fabricaba barquitos de papel y los echaba a las corrientes de agua y les dec�a: "Por favor, vayan a pa�ses de misiones a llevar ayudas".

Para apagarle un poquito su gran deseo de irse de misionera le dijeron que en tierras de misiones no hab�a dulces ni caramelos, entonces empez� a privarse de los caramelos que le regalaban, para irse acostumbrando a no comer dulces. A los 18 a�os obtuvo el grado de profesora.

Quiso entrar de religiosa en una comunidad pero no la aceptaron porque era de constituci�n muy d�bil y de poca salud. Pidi� entrar a otra comunidad y tampoco la aceptaron por las mismas razones. Entonces se fue de maestra a una escuela que dirig�a un santo sacerdote, el Padre Serrati.

Aquel sacerdote se dio cuenta muy pronto de que la nueva maestra de su escuela ten�a unas cualidades muy especiales para hacerse querer del alumnado y lograr que sus disc�pulas se volvieran mejores. Y la recomend� para que fuera a dirigir un orfanato llamado de la Divina Providencia, el cual estaba a punto de fracasar por no tener personas bien capaces que lo dirigieran.

Al Sr. Obispo le pareci� que era una excelente directora, y hasta le aconsej� que tratara de fundar una comunidad de religiosas para que le ayudaran en el apostolado. El Sr. Obispo le dijo un d�a: "Me dice que su gran deseo ha sido siempre ser misionera. Pues le aconsejo que funde una comunidad de misioneras. Yo no conozco ninguna comunidad para esa labor tan santa y admirable".

Francisca reuni� siete compa�eras de trabajo y con ellas fund� en 1877 la Comunidad de Misioneras del Sagrado Coraz�n. A los 10 a�os de fundada la comunidad fue a Roma a tratar de obtener la aprobaci�n para su congregaci�n, y el permiso para fundar una casa en Roma.

En la primera entrevista con el Cardenal Parochi, Secretario de Estado, �ste le dijo que la comunidad estaba reci�n fundada, y que todav�a no se le pod�an conseguir semejantes permisos. Pero el Cardenal qued� tan admirado de la bondad y santidad de la fundadora que, en la segunda visita ya le dio la aprobaci�n y le pidi� que en Roma fundara no s�lo una casa para ni�as hu�rfanas, sino dos: una escuela y un orfanato.

En aquel tiempo eran much�simos los italianos que se iban a vivir a Norteam�rica, pero all�, por falta de asistencia espiritual corr�an el peligro de perder la fe y abandonar la religi�n. El Arzobispo de Nueva York le pidi� personalmente que enviara sus religiosas a ese pa�s a ense�ar religi�n.

Ella estaba dudosa porque m�s bien deseaba que se fueran al extremo oriente, a China. Pero consult� con el Sumo Pont�fice, Le�n XIII, y �l le dijo: "No a oriente, sino a occidente". Con �sto entendi� que s� deb�an ir a Norteam�rica. Y el 31 de marzo de 1889 Santa Francisca lleg� con seis de sus religiosas a Nueva York.

A Nueva York y sus alrededores hab�an llegado �ltimamente 50000 italianos. La mayor�a de ellos no sab�an ni siquiera los diez mandamientos. S�lo 1200 iban a misa los domingos. Al llegar a Nueva York se encontraron con que las se�oras que hab�an prometido ayudar a conseguir la casa para ellas no hab�an conseguido nada, y tuvieron que pasar su primera noche en un hotel muy pobre y sucio.

Al presentarse al arzobispo, �ste les dijo desanimado: "No se les pudo conseguir casa. As� que lo mejor que pueden hacer es volverse otra vez a Italia". Pero la Madre Francisca, que era valiente y ten�a una gran fe, le respondi�: "No, se�or arzobispo, el Sumo Pont�fice nos envi� para ac�, y ac� nos vamos a quedar". El arzobispo se qued� admirado del valor de la monjita y del apoyo que le ofrec�an a ella desde Roma, y les consigui� entonces alojamiento en una casa de religiosas.

A los pocos meses ya la Madre Cabrini hab�a logrado conseguir una buena casa, buscando ayudas entre los bienhechores, y poco antes de un a�o ya pudo ir a Italia, llevando las dos primeras novicias norteamericanas para su comunidad. De vuelta se trajo varias religiosas m�s y fund� su primer gran orfanato junto al r�o Hudson.

La comunidad empez� a extenderse admirablemente en Italia y en Am�rica. La Madre Cabrini en penosos y largos viajes fund� una casa en Nicaragua y otra en Nueva Orle�ns. En esta ciudad norteamericana los italianos viv�an en condiciones infrahumanas, y la presencia de las misioneras fue de enorme provecho para esas pobres gentes.

Las grandes obras que emprendi� demuestran que Francisca Cabrini fue una mujer extraordinaria. Su ingl�s lo hablaba con un tonito italiano que le conced�a una gracia especial, y que en cualquier parte donde llegaba la se�alaba como una extranjera. Pero ello no le impidi� ser amada y estimada por toda clase de personas en los Estados Unidos.

Los que trataban con ella de asuntos econ�micos (en grande escala muchas veces) se quedaban admirados de las capacidades tan impresionantes que esta mujer ten�a para salir adelante, aun con las obras m�s dif�ciles. Era sumamente estricta, como desde muy peque�ita le hab�a ense�ado a ser su hermana. Algo que nunca pudo aceptar fue que la gente abandone la religi�n cat�lica para irse a formar parte de otras sectas.

Esto la hizo sufrir mucho, porque en Norteam�rica los cat�licos eran una m�nima minor�a, y los protestantes, halag�ndolos con ofertas econ�micas, los hac�an pasarse a sus sectas, al par de a�os como esas religiones quitan todas las devociones, se volv�an unos verdaderos paganos, sin m�s dios que el d�lar. Contra �sto luch� ella lo m�s fuertemente que pudo durante toda su vida.

Otro pecado contra el cual luchaba duramente era el concubinato, la uni�n libre. Y hasta lleg� a prohibir que en sus colegios recibieran a las hijas de los que p�blicamente viv�an dando esc�ndalo por su concubinato o su uni�n libre. Muchos la criticaban por �sto, pero su conciencia no le permit�a dejar en paz a los que hac�an p�blica profesi�n de pecado. No aceptaba el vivir sirviendo al mismo tiempo a Dios y al diablo.

La Madre Cabrini hab�a nacido para gobernar. Procuraba vivir al d�a con las buenas ideas modernas y no se cerraba a lo nuevo por puro capricho por lo pasado. Pero lo nuevo que era escandaloso lo rechazaba valientemente sin m�s ni m�s. Era inflexible para hacer cumplir los reglamentos y para exigir buen comportamiento, pero al mismo tiempo se hac�a amar por su gran bondad.

A sus religiosas les repet�a: "No olvidemos que seguimos al Buen Pastor, Nuestro Se�or Jesucristo, que es manso y humilde de coraz�n. Jam�s echemos una cucharada de amargura en la vida de los dem�s. No seamos duras ni bruscas con nadie. Que los que nos traten se vayan siempre contentos de haber sido tratados muy amablemente por nosotras".

En el a�o 1892, al cumplirse el cuarto centenario del descubrimiento de Am�rica, fund� en Nueva York una gran obra: "El hospital Col�n". Luego fund� nuevas casas de su comunidad en Costa Rica, Brasil, Buenos Aires, Panam�, Chile e Italia.

Cuando le dec�an que no emprendiera la fundaci�n de una obra porque iba a encontrar enormes dificultades, respond�a: "Pero, �qui�n es el que va a llevar esta obra al �xito? �nosotras o Dios?", y emprend�a la fundaci�n. Durante doce a�os estuvo viajando por diversos pa�ses fundando casas de su congregaci�n. Ella podr�a ser nombrada patrona de los viajeros internacionales.

Su amor por los pobres y su deseo de salvar almas y de hacer conocer y amar m�s a Dios, la llev� de un sitio a otro del mundo, aunque fueran muy distantes. De R�o de Janeiro a Roma, de Francia a Inglaterra y de Italia a Norteam�rica. Todo por extender el reino de Dios.

La comunidad, que hab�a empezado con ella y siete hermanas, ya contaba con mil religiosas, ense�ando en escuelas gratuitas y orfanatos, y atendiendo en hospitales y otras obras de caridad. Hasta los presos de la peor c�rcel de Estados Unidos, como la c�rcel de Sing - Sing, la proclamaban su bienhechora.

Durante los �ltimos siete a�os se sent�a muy agotada y con una salud muy deficiente, pero no por eso dejaba de trabajar incansablemente promoviendo sus obras de caridad y de evangelizaci�n. El 22 de diciembre de 1917 muri� de repente, m�s quiz�s por agotamiento de tanto trabajar que por edad, pues s�lo ten�a 67 a�os.

Sus restos se conservan en el colegio Cabrini en Nueva York.
Ella fue la primera ciudadana norteamericana declarada santa por el Sumo Pont�fice. Nadie que no hubiese tenido una gran santidad y un inmenso amor a Dios y al pr�jimo habr�a podido llevar a cabo obras tan grandes como ella logr� realizar.

Fecha canonizaci�n: 7 de julio de 1946, por el papa P�o XII.


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