
San Bernardo
Bernardo significa "Batallador y valiente". Bern=batallador. Nard=valiente.
San Bernardo es -cronol�gicamente- el �ltimo de los Padres de la Iglesia, pero es uno de los que m�s impacto ha tenido en ella.
Era amable, simp�tico, inteligente, bondadoso y alegre, incluso muy apuesto, pues sabemos que su hermana Humbelina lo llamaba cari�osamente con el apelativo de "ojos grandes". Durante alg�n tiempo se enfri� en su fervor y empez� a inclinarse hacia lo mundano. Pero las amistades mundanas por m�s atractivas y brillantes que fueran lo dejaban vac�o y lleno de hast�o. Despu�s de cada fiesta se sent�a m�s desilusionado del mundo y de sus placeres.
La visi�n que cambi� su trayectoria.
Toda su familia ganada para Cristo.
Dicen que cuando llamaron a Nirvardo, el hermano menor, para anunciarle que se iban de religiosos, el muchacho les respondi�: "�Aj�! �Con que ustedes se van a ganarse el cielo y a m� me dejan aqu� en la tierra? �sto no lo puedo aceptar". Y un tiempo despu�s, tambi�n �l se hizo religioso del Cister.
Antes de entrar al monasterio, Bernardo llev� a su finca a todos los que deseaban entrar al convento para prepararlos durante varias semanas, entren�ndolos acerca del modo de c�mo deb�an comportarse para ser unos fervientes religiosos.
En el a�o 1112, a la edad de 22 a�os, entra en el monasterio de Cister. M�s tarde, habiendo muerto su madre, entra en el monasterio su padre. Su hermana Humbelina y su cu�ado, de mutuo acuerdo decidieron tambi�n entrar en la vida religiosa. Posteriormente lleg� tambi�n su hermana Humbelina a la gloria de los altares. Vemos en la historia la gran influencia de las relaciones, tanto para bien como para mal.
En la historia de la Iglesia es dif�cil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracci�n tan grande para llevar gente a la vida religiosa, como el que recibi� Bernardo. Las muchachas ten�an terror de que su novio hablara con el Santo. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los j�venes al o�rle hablar de las excelencias y ventajas espirituales de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que �l los instruyera y los formara como religiosos.
Durante su vida fund� m�s de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus disc�pulos. Lo llamaban "el cazador de almas y vocaciones". Con su apostolado consigui� que 900 monjes hicieran profesi�n religiosa.
Escogi� un sitio apartado en el bosque donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa "valle claro", ya que all� el sol ilumina fuerte todo el d�a. Supo infundir del tal manera el fervor y el entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con s�lo 20 compa�eros, a los pocos a�os ten�a 130 religiosos. De este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos. (Trois Fontaines, Fontenay, Foigny, etc.)
Su Predicaci�n.
Su amor a la Virgen Sant�sima.
Tal era su Amor a la Virgen que teniendo costumbre de saludarla, siempre que pasaba ante una imagen de Ella era con las palabras: "Dios te Salve Mar�a", la imagen un d�a le contest�: "Dios te salve, hijo m�o Bernardo".
Sus bell�simos sermones son le�dos hoy, despu�s de varios siglos, con verdadera satisfacci�n y gran provecho.
En �l propone una serie de consejos important�simos para que los que est�n en puestos elevados no vayan a cometer el grav�simo error de descuidar la humildad y/o dedicarse solamente a actividades exteriores descuidando la oraci�n y la meditaci�n. En una de sus reflexiones, comenta:
Viajero infatigable.
Recorri� toda Europa poniendo la paz donde hab�a guerras, deteniendo las herej�as, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ej�rcitos para defender la santa religi�n cat�lica. Era el �rbitro aceptado por todos. Exclamaba: "A veces no me dejan tiempo durante el d�a ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes est�n tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas". Ya en las noches pasar�a luego sus horas dedicado a la oraci�n y a la meditaci�n.
Despedida gozosa.
Bibliograf�a:
Biograf�a
Fiesta: 20 de agosto
Patr�n: de apicultores, abejas, fabricantes de cirios y ceras, Gibraltar, universidad de Cambridge.
Fue el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre m�s importante del siglo XII en Europa.
Fundador del Monasterio Cisterciense del Claraval y de muchos otros.
Naci� en Borgo�a, Francia, en el a�o 1090, en el Castillo Fontaines-les-Dijon. Sus padres eran los se�ores del Castillo y fue educado junto a sus siete hermanos como correspond�a a la nobleza, recibiendo una excelente formaci�n en lat�n, literatura y religi�n.
Fue declarado Santo en 1173 por el Papa Alejandro III. Posteriormente, fue declarado Doctor de la Iglesia. Bernardo ten�a un extraordinario carisma de atraer a todos para Cristo.
Una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo, se qued� dormido y le pareci� ver al Ni�o Jes�s en Bel�n en brazos de Mar�a, y que la Santa Madre le ofrec�a a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los dem�s. Desde este d�a ya no pens� sino en consagrarse a la religi�n y al apostolado. Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra, Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidi� ser admitido. El superior, San Esteban Harding lo acept� con gran alegr�a.
Bernardo volvi� a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le dec�an que esto era desperdiciar una gran personalidad para ir a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera. Pero Bernardo les habl� tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logr� llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su t�o y 30 compa�eros de la Nobleza que dejaron todo para unirse a Cristo.
Fundador de Claraval. En el convento del Cister demostr� tales cualidades de l�der y de santo que, a los 25 a�os (con s�lo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento.
Lo llamaban "El Doctor boca de miel" (doctor mel�fluo). Su inmenso amor a Dios y a la Virgen Sant�sima y su deseo de salvar almas lo llevaban a estudiar por horas y horas cada serm�n que iba a pronunciar, luego como sus palabras iban precedidas de mucha oraci�n y de grandes penitencias, el efecto era fulminante en los oyentes. Escuchar a San Bernardo era ya sentir un impulso fort�simo a volverse mejor.
Fue el gran enamorado de la Virgen Sant�sima. Se adelant� en su tiempo a considerarla mediadora de todas las gracias y poderosa intercesora nuestra ante su Hijo Nuestro Se�or. A San Bernardo se le deben las �ltimas palabras de la Salve: "Oh clement�sima, oh piadosa, oh dulce Virgen Mar�a". As� como la bell�sima oraci�n del "Acordaos" cuyo texto �ntegro reproducimos en otro apartado de este texto.
Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo por la claridad y el amor con que habla de Ella. El pueblo vibraba de emoci�n cuando lo o�a hablar desde el p�lpito con su voz sonora e impresionante:
"Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a Mar�a.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu esp�ritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a Mar�a.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperaci�n, l�nzale una mirada a la Estrella del cielo y r�zale a la Madre de Dios.
Sigui�ndola, no te perder�s en el camino. Invoc�ndola no te desesperar�s. Y guiado por Ella llegar�s seguramente al Puerto Celestial".
As� como tambi�n de entre sus numeros�simos libros y textos se halla el de unas reflexiones de gran importancia llamado: "La Consideraci�n" leido por varios Papas, entre ellos el Papa Juan XXIII.
"Malditas ser�n dichas ocupaciones, si no dejan dedicar el debido tiempo a la oraci�n y a la meditaci�n".
El m�s profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oraci�n y a la meditaci�n. Pero el Sumo Pont�fice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le ped�an continuamente que fuera a ayudarlos, y �l estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser �til. Con una salud sumamente d�bil, porque los primeros a�os de religioso se dedic� a hacer demasiadas penitencias y se le da�� el aparato digestivo.
Despu�s de haber llegado a ser el hombre m�s famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros, como por ejemplo hacer hablar a un mudo, el cual confes� muchos pecados que ten�a sin perdonar, y despu�s de haber llenado varios pa�ses de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petici�n de sus disc�pulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros a�os m�s, exclamaba:
"Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a �l. Pero el amor hacia mis disc�pulos me mueve a querer seguir ayud�ndolos. Que el Se�or Dios haga lo que a �l mejor le parezca". Y a Dios le pareci� que ya hab�a sufrido y trabajado bastante, y que se merec�a el descanso eterno y el premio preparado para los disc�pulos fieles, y se lo llev� a su eternidad feliz, el 20 de agosto del a�o 1153. Ten�a 63 a�os.
Butler, Vida de los Santos