
Santa Bernardette Soubirous
Santa Bernardette naci� el 7 de enero de 1844, en el peque�o pueblo de Lourdes, en las hermosas monta�as de los Pirineos franceses. En su bautismo le pusieron el nombre de Marie Bernard, pero, desde peque�a la llamaban por el diminutivo: "Bernardette".
Su padre, Francisco, era un hombre honesto y recto, pero no muy capaz en los negocios. Trabaj� como molinero para los Casterot, una familia acomodada. Viv�a con su familia en el molino de Boly. Su madre, Luisa Casterot, se cas� a los 16 a�os. Se pensaba que as� su futuro estar�a asegurado pero las cosas no resultaron de esa manera. Cuando los clientes ven�an a moler su trigo, la joven pareja les serv�a una comida completa. �sto pod�a hacerse en tiempos de abundancia, pero lleg� a hacer crisis en tiempos de estrechez.
Las deudas forzaron a los Soubirous a dejar el molino y albergarse en una celda, propiedad de un primo de Francisco, que hab�a sido parte de una prisi�n. En un s�lo cuarto viv�an los seis, el padre, la madre y los cuatro hijos. Los mayores eran mujeres de las que Bernardette era la primera, despu�s de ella ven�a Toinette (dos a�os y medio m�s joven) y luego los dos varones, Jean-Marie y Justin. Para conseguir el escaso pan para los ni�os, Francisco y Luisa tomaban todo tipo de trabajos que pod�an encontrar.
Cuando naci� Bernardette la familia todav�a ten�a recursos. Una prueba de ello es que la ni�a fue confiada a una nodriza por seis meses. La nodriza, llamada Marie Avarant de Lagues viv�a en Bartres, en el campo a 5 millas de Lourdes. Marie Lagues amamant� a Bernardette por 15 meses, desde junio de 1844 a octubre de 1845. De acuerdo con la costumbre ambas familias quedaron muy unidas entre s�.
Las dificultades econ�micas de la familia Soubirous dio oportunidad a Marie para pedir hacerse cargo de Bernardette. El pretexto fue que la ayudase con otros ni�os, pero, en realidad la quer�a para el pastoreo de las ovejas. Qued� as� como una pastorcita contratada aunque sin paga.
Al ir a Bartres le prometieron que podr�a prepararse con el sacerdote del lugar para hacer su Primera Comuni�n. Ten�a casi 14 a�os y era la �nica ni�a de su edad en Lourdes que no la hab�a recibido. Al ver que era muy buena en su trabajo la obligaban a pasar m�s tiempo cuidando las ovejas, lo que no le permit�a asistir a las clases de catecismo. Los dos ni�os de la familia donde viv�a se marchaban todas las ma�anas a las clases de catecismo, mientras a ella le exig�an marcharse al campo a pastorear. �sto le dol�a mucho en su coraz�n.
Ha surgido un interrogante sobre la inteligencia de Bernardette. Muchos sugieren que no era inteligente. Es cierto que ella aprend�a con dificultad y hasta ella misma dec�a que ten�a "mala cabeza", queriendo decir que ten�a poca memoria. Al hab�rsele negado la posibilidad de estudiar, Bernardette, a los 13 a�os de edad, todav�a no sab�a ni leer ni escribir. El maestro Jean Barbet, qui�n en una ocasi�n le dio clases de catecismo, dec�a de ella: "Bernardette tiene dificultad en retener las palabras del catecismo porque no puede estudiarlas, ya que no sabe leer, pero ella hace un gran esfuerzo en comprender el sentido de las explicaciones. A�n m�s, ella es muy atenta y, especialmente, muy piadosa y modesta".
Sin duda Bernardita hab�a sabido cultivar un gran tesoro de Dios: un coraz�n adornado de las mas bellas virtudes cristianas: inocencia, amabilidad, bondad, caridad y dulzura. El sacerdote de Bartres, Abb� Arder, si bien se march� a un monasterio poco despu�s que llegara Bernardette, en los pocos contactos que tuvo con ella pudo captar la excelencia de su coraz�n. �l ten�a mucha fe en las apariciones de La Salette (1846), ocurridas once a�os atr�s y as� comparaba a Bernardette con los ni�os de La Salette.
Dec�a: "Ella me parece una flor toda envuelta con perfume divino. Yo le aseguro que en muchas ocasiones cuando la he visto, he pensado en los ni�os de La Salette. Ciertamente, si la Sant�sima Virgen se le apareci� a Maximino y a Melania, lo hizo en orden a que ellos se convirtieran en simples y piadosos como ella."
Ni la ignorancia, ni la pobreza, ni el aspecto enfermizo de Bernardette le previnieron de apreciar en ella la simplicidad y la piedad.
Cuando Bernardette vio que su deseo de prepararse para recibir la Comuni�n no era posible en Bartres, le pidi� a Mar�a Lagues que le permitiera ir a Lourdes, donde insisti� a sus padres que le concedieran regresar a casa. Quer�a recibir la Primera Comuni�n y tendr�a que empezar las clases de catecismo inmediatamente, quer�a recibirla en 1858. Sus padres accedieron y regres� a Lourdes el 28 de enero de 1858, solo 14 d�as antes de la primera aparici�n de la Virgen.
Es importante, por lo tanto, comprender la raz�n por la que Bernardette se encontraba en Lourdes cuando ten�a 14 a�os y comenzaron las apariciones: ella buscaba con todo su coraz�n recibir la Santa Comuni�n. La Virgen visita a un alma muy pura, llena de amor por su Hijo, un alma dispuesta a cualquier sacrificio para llevar a cabo la obra de Dios. Bernardette, al verse impedida de recibir la comuni�n, recurre a la Virgen, reza diariamente el rosario y la Virgen le abre las puertas. La Virgen sabe que puede confiar en ella el trascendente mensaje que desea comunicar al mundo.
Las Apariciones.
Las compa�eritas hab�an pasado ya el arroyo, pero Bernardita no se atrev�a a meterse al agua porque estaba muy fr�a. Las dem�s insist�an en que lo hiciese y, cuando ella empez� a descalzarse, un ruido muy fuerte, parecido a un viento impetuoso la oblig� a levantar la cabeza y mirar hacia todos los lados.
Primera Aparici�n:
Biograf�a
Fiesta: 18 de febrero
Patrona: de enfermos, Lourdes, Francia, enfermedades del cuerpo, personas ridiculizadas por su piedad, pobres, pastoras y pastores.
Dec�a el Sacerdote en una ocasi�n: "Mira a esta peque�a. Cuando la Virgen Sant�sima quiere aparecerse en la tierra, ella escoge ni�os como �sta".
Sus palabras fueron prof�ticas ya que a los pocos meses la Virgen se le comienza a aparecer en la gruta de Massabielle, cerca de Lourdes.
El 11 de febrero de 1858 era el d�a elegido para que el cielo se hiciera presente en la tierra. Ese d�a cambiar�a para siempre, no s�lo la vida de Bernardita, sino que marca el comienzo de una fuente de gracia que ha brotado para toda la humanidad. Fuente que s�lo crece con el tiempo.
La madre de Bernardita permiti� a �sta ir con su hermana menor llamada Mar�a, y con otra ni�a al campo a buscar le�a seca. El lugar preferido para recoger le�a era un campo que hab�a frente a la gruta. Bernardita por su fragilidad f�sica se qued� atr�s.
�Qu� es �sto!, dec�a. Las hojas de los �rboles estaban inm�viles. El ruido del viento empez� de nuevo y m�s fuerte en la gruta. Y ah�, en el fondo de la gruta, una maravillosa aparici�n se destacaba delante de ella. En ese mismo momento empezaron a sonar las campanas de la Iglesia parroquial y se o�a el canto del �ngelus.
Una luz resplandeciente como la del sol, pero dulce y apacible como todo lo que viene del cielo, una Se�ora prodigiosamente bella se dej� ver por Bernardita. Vest�a un traje blanco, brillante y de un tejido desconocido, ajustado al talle con un cinta azul; un largo velo blanco ca�a hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Los pies, de una limpieza virginal y descalzos parec�an apoyarse sobre el rosal silvestre. Dos rosas brillantes de color de oro cubr�an la parte superior de los pies de la Sant�sima Virgen. Juntas sus manos ante el pecho, ofrec�an una posici�n de oraci�n fervorosa; ten�a entre sus dedos un largo rosario blanco y dorado con una hermosa cruz de oro.
Todo en Ella irradiaba felicidad, majestad, inocencia, bondad, dulzura y paz. La frente lisa y serena, los ojos eran azul celeste llenos de amor y los labios mostraban suavidad y mansedumbre. La Se�ora parec�a saludarla tiernamente mientras se inclinaba ante Bernardita.

Bernardita busc� su rosario (que tra�a siempre en su bolsillo), haciendo como para defenderse la se�al de la cruz, pero su mano qued� paralizada. En ese momento la Virgen tomo la cruz del rosario e hizo la se�al de la cruz y le dijo a Bernardita que lo hiciera como ella.
En ese momento su brazo paralizado qued� libre. La Se�ora empez� a pasar las cuentas del rosario entre sus dedos y Bernardita empez� a rezar el suyo. Al terminar, la Virgen le hizo se�as con el dedo para que se acercara y, extendiendo el brazo se inclin� dulcemente y sonri� como despidi�ndose de Bernardita. �La Visi�n hab�a desaparecido!
Entonces, Bernardita pregunt� a las otras ni�as si hab�an visto algo, y �stas al responderle que no les cont� su experiencia y les pidi� silencio. Pero, la hermana de Bernardita se lo cont� a su mam�. La madre no le crey� y orden� a Bernardita que se dejase de imaginaciones, y que le estaba prohibido regresar a la gruta. Esa noche, mientras rezaban el rosario en familia, Bernardita rompi� en llantos, repitiendo su invocaci�n favorita: "Oh Mar�a sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti".
Segunda aparici�n.
El d�a 14 de febrero, las ni�as insistieron en que les dieran permiso para regresar a la gruta. Todos pensaban que lo que le hab�a pasado a Bernardita era un enga�o del demonio, y entonces le dijeron que fuera a la gruta y rociara agua bendita. As� huir�a el demonio y se quedar�an tranquilos.
Cuando llegaron a la gruta Bernardita les pidi� que se arrodillaran a rezar el Rosario. Apareci� de nuevo la Virgen. El rostro de Bernardita se transfigur�. �sta tir� el agua bendita y dijo: "Si vienes de parte de Dios, ac�rcate a nosotras". El agua bendita lleg� hasta los pies de la Virgen y sonriendo con m�s dulzura se acerc� a Bernardita. Tom� el rosario y se persign� con �l. Empezaron ambas a rezarlo.
Al atardecer ya toda la poblaci�n comentaba las maravillas que ocurr�an en la gruta de Lourdes, pero a los comentarios se un�an las burlas, desprecios e insultos.
Tercera Aparici�n:
Los padres de Bernardita empezaron a creerle, ya que ella jam�s hab�a mentido y se caracterizaba por su obediencia. Adem�s los convenci� la naturalidad con que ella expon�a los eventos y sus mas peque�os pormenores.
El 18 de febrero, una se�ora y una religiosa deseaban acompa�ar a Bernardita a la gruta. Primero fueron con ella a la Santa Misa de las 5:30 a.m. y de all� se dirigieron a la gruta. Bernardita caminaba tan r�pido que parec�a como si una fuerza superior la empujase hacia all�.
Se arrodill� y empez� el rezo del rosario, lanz� un grito de j�bilo al ver al fondo de la gruta a la Se�ora. Le pregunt� si se pod�an quedar sus dos acompa�antes y la Virgen dijo que s�. Ellas tambi�n se arrodillaron y se pusieron a rezar mientras encend�an un cirio bendito.
Bernardita le pas� un papel a la Virgen pidi�ndole que escribiera cualquier cosa que deseara comunicarle.
La Virgen le dijo: "Lo que tengo que comunicarte no es necesario escribirlo, hazme �nicamente el regalo de venir aqu� durante quince d�as seguidos". Bernardita se lo prometi� y la Virgen le respondi�: "Yo tambi�n te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro"
La quincena milagrosa.
El rumor de las apariciones se esparci� r�pidamente y una gran multitud acudi� a la gruta.
19 de febrero: Lleg� Bernardita a la gruta acompa�ada de sus padres y un centenar de personas. A partir de este d�a iba a todas las apariciones con una vela encendida.
20 de febrero: Alrededor de 500 personas la acompa�aban.
21 de febrero: Varios miles de personas llenaban todos los alrededores de la gruta. Hubo un momento en que la aparici�n parec�a hacerse hacia atr�s, y como hundirse en el interior de la roca. Para no perderla de vista, Bernardita fue acerc�ndose de rodillas. Observ� que la Virgen se hab�a puesto triste. Le pregunto: "�qu� te pasa?, �qu� puedo hacer?".
La Virgen respondi�: "Rogad por los pecadores".
Bernardita era objeto de toda clase de burlas, persecuciones y ofensas. Incluso las autoridades civiles tomaron carta en el asunto. El comisario lleg� a recogerla para hacerle un largo examen. Amenaz� con llevarla a la c�rcel si continuaba yendo a la gruta. Uno de los principales m�dicos de Lourdes se dedic� a estudiarla, observarla y examinarla.
�ste lleg� a la conclusi�n que en Bernardita no hab�a ning�n signo de alucinaci�n, histeria o escape de la realidad. Dijo as�: "Aqu� hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia y a la medicina"
Sin embargo, las persecuciones no terminaron; la polic�a continu� trat�ndola indignamente. El P�rroco de Lourdes la defendi� en�rgicamente. A todo esto Bernardita se mantuvo firme pero con humildad, nunca tomando una posici�n defensiva ni de ataque contra nadie.
22 de febrero: La Virgen no se le apareci�. Todos se burlaban de Bernardita. Ella lloraba pensando que quiz�s hab�a cometido alguna falta y que por eso la Virgen no se le hab�a aparecido. Pero ten�a la firme esperanza de volver a verla.
Una de las cosas que m�s sorprend�a a la gente era ver a una humilde y sencilla pastorcita, carente de adecuada educaci�n, saludar con gracia y dignidad a la Virgen al concluir la aparici�n. Le preguntaron una vez: "Dime, �qui�n te ha ense�ado a hacer tan graciosos saludos?". "Nadie, contest�, no se como habr� saludado, trato de hacerlo como lo hace la Visi�n y ella me saluda de este modo cuando se marcha".
23 de febrero: Primera vez que la Virgen formula una orden concreta. Ante 10 mil personas la Virgen le da a Bernardita un secreto que s�lo a ella le concierne y que no puede revelar a nadie. Tambi�n le ense�� una oraci�n que le hac�a repetir, pero que no quiso que la diera a conocer.
La Virgen le dijo: "Y ahora, hija m�a, ve a decir a los sacerdotes que aqu�, en este lugar, debe levantarse un Santuario, y que a �l se debe venir en procesi�n".
Bernardita se dirigi� inmediatamente hacia la Iglesia a darle el mensaje al P�rroco. El sacerdote le pregunt� el nombre de la Se�ora, a lo cual Bernardita le respondi� que no sab�a.
Despu�s de escucharla, el p�rroco le dijo: "Puedes comprender que yo no puedo bastarme de tu s�lo testimonio; dile a esa gran Se�ora que se de a conocer; si es la Virgen, que lo manifieste mediante un gran milagro. �No dices que se te aparece encima de un rosal silvestre? Entonces dile de mi parte que si quiere un Santuario que haga florecer el rosal".
24 de febrero: Toda la gente quiso saber que pasar�a con el encargo del P�rroco y si la Virgen har�a el milagro del rosal. Bernardita como siempre lleg� a la gruta y se arrodill�, sin poner atenci�n en absoluto a la gente que iba por curiosidad.
Bernardita le cont� a la Virgen lo que el sacerdote le hab�a pedido. La Virgen s�lo sonri�, sin decir una palabra. Despu�s la mand� a rogar por los pecadores y exclam� tres veces: "�Penitencia, Penitencia, Penitencia!".
Le hizo repetir estas palabras y Bernardita lo hacia mientras se arrastraba de rodillas hasta el fondo de la gruta. Ah� le revel� un secreto personal y despu�s desapareci�.
Bernardita por humildad no relat� todo los detalles, pero los testigos contaron que tambi�n se le vio besar la tierra a intervalos. La Virgen le hab�a dicho: "Rogar�s por los pecadores... Besar�s la tierra por la conversi�n de los pecadores".
Como la Visi�n retroced�a, Bernardita la segu�a de rodillas besando la tierra. Bernardita se volvi� hacia los asistentes y les hacia se�as de: "Ustedes tambi�n besen la tierra".
Desde entonces se le fue encomendada a Bernardita la penitencia por los pecadores. Un d�a la Virgen la mand� a subir y bajar varias veces la gruta de rodillas, la Virgen ten�a la cara de tristeza.
"La Virgen me lo ha mandado por m� y por los dem�s", dijo ella.
25 de febrero: "Hija m�a", le dijo en la Visi�n, "quiero confiarte solamente para t� el �ltimo secreto; igualmente que los otros dos, no los revelar�s a ninguna persona de este mundo".
"Y ahora -le dijo la Virgen despu�s de un momento de silencio- ve a beber y lavarte los pies a la fuente, y come de la hierba que hay all�".
Bernardita mir� a su alrededor pues no miraba ninguna fuente. Ella pens� que la Virgen la mandaba al torrente y se dirigi� hacia all�.
La Virgen la detuvo y le dijo: "No vayas all�, ve a la fuente que est� aqu�".
Le se�al� hacia el fondo de la gruta.
Bernardita subi� y, cuando estuvo cerca de la roca, busc� con la vista la fuente no encontr�ndola, y queriendo obedecer mir� a la Virgen. A una nueva se�al Bernardita se inclin� y, escarbando la tierra con la mano pudo hacer en ella un hueco. De repente se humedeci� el fondo de aquella peque�a cavidad y viniendo de profundidades desconocidas, a trav�s de las rocas, apareci� un agua que pronto llen� el hueco que pod�a contener un vaso de agua.
Mezclada con la tierra cenagosa, Bernardita la acerc� tres veces a sus labios, no resolvi�ndose a beberla. Y venciendo su natural repugnancia al agua sucia, bebi� de la misma y se moj� tambi�n la cara. Todos empezaron a burlarse de ella y a decir que ahora si se hab�a vuelto loca. Pero, �misteriosos designios de Dios!, con su d�bil mano acababa Bernardita de abrir, sin saberlo, el manantial de las curaciones y de los milagros m�s grandes que han conmovido la humanidad
El agua milagrosa de Lourdes ha sido analizada por h�biles qu�micos: es un agua virgen, muy pura, un agua natural que carece de toda propiedad t�rmica. Adem�s tiene la peculiaridad que ninguna bacteria sobrevive en ella. (Simboliza la Inmaculada Concepci�n, en cuyo ser nunca hubo mancha de pecado original ni personal)
26 de febrero: El agua milagrosa obr� el primer milagro. El buen p�rroco de Lourdes hab�a pedido una se�al y, en vez de la muy peque�a que hab�a pedido, la Virgen acababa de darle una muy grande, y no s�lo a �l, sino a toda la poblaci�n.
El primer milagro de curaci�n.
Hab�a en Lourdes un pobre obrero de las canteras, llamado Bourriette, quien veinte a�os antes hab�a tenido el ojo izquierdo horriblemente mutilado por la explosi�n de una mina. Era un hombre muy honrado y muy cristiano. Mand� a la hija a buscarle agua a la nueva fuente y se puso a orar, aunque estaba un poco sucia, se frot� el ojo con ella. Comenz� a gritar de alegr�a. Las negras tinieblas hab�an desaparecido; no le quedaba m�s que una ligera nubecilla, que fue desapareciendo al seguir lav�ndose. Los m�dicos hab�an dicho que �l jam�s se curar�a. Al examinarlo de nuevo no qued� m�s remedio que llamarle a lo sucedido por su nombre: milagro. Y lo m�s grandioso era que el milagro le hab�a dejado las cicatrices y las lesiones profundas de la herida, pero le hab�a devuelto aun as� la vista.
La primera vela en la gruta de Lourdes.
Un d�a, al final de la aparici�n, Bernardita se acerco a su t�a que la acompa�aba y le dijo: �Quieres darme una vela y permitirme dejarla en la gruta? Entonces se dirigi� hasta el fondo de la gruta y all� la dej� encendida, apoy�ndola en la roca.
El 2 de marzo, Bernardita fue de nuevo a ver al p�rroco de Lourdes, record�ndole la petici�n de la Virgen de levantar un Santuario en el lugar de las apariciones. El p�rroco le contest� que era obra del Obispo quien ya estaba enterado de la petici�n y ser�a el encargado de poner por obra el deseo celestial de la Visi�n.
Ultimo d�a, 4 de marzo, siguiendo su costumbre, Bernardita, antes de dirigirse a la gruta, asisti� a la Santa Misa. Al final de la aparici�n, tuvo una gran tristeza, la tristeza de la separaci�n. �Volver�a a ver a la Virgen?
La Virgen siempre generosa, no quiso que terminara el d�a sin una manifestaci�n de su bondad: un gran milagro, un milagro maternal, coronaci�n de la quincena de apariciones.
Milagro: un ni�o de dos a�os estaba ya agonizando, se llamaba Justino. Desde que naci� tuvo una fiebre que iba poco a poco desmoronando su vida. Sus padres, ese d�a, lo cre�an muerto. La madre en su desesperaci�n lo tom� y lo llev� a la fuente. El ni�o no daba se�ales de vida. La madre lo meti� 15 minutos en el agua que estaba muy fr�a. Al llegar a la casa not� que se o�a con normalidad la respiraci�n del ni�o. Al d�a siguiente Justino se despert� con la tez fresca y viva, sus ojos llenos de vida, pidiendo comida y sus piernas fortalecidas. Este hecho conmocion� a toda la comarca y pronto a toda Francia y Europa; tres m�dicos de gran fama certificaron el milagro, llam�ndolo de primer orden.
Entonces el gobernador de Tarbes, ciudad a la que pertenec�a Lourdes, reuni� a todos los alcaldes de la zona para dar instrucciones precisas de prohibir de inmediato la asistencia a la gruta de todo ciudadano. Todo fue en vano, cada d�a acud�an mas peregrinos de todas partes. No obstante las persecuciones, las burlas y las injurias, Bernardita continuaba visitando la Gruta. Iba a rezar el Rosario con los peregrinos. Pero la dulce visi�n no aparec�a. Ella ya estaba resignada a no volver a ver a la Virgen.
El 25 de Marzo, d�a de la Anunciaci�n, Bernardita se sinti� fuertemente movida a ir a la Gruta; muy contenta obedeci� ese llamado en su coraz�n y se fue inmediatamente hacia la Gruta.
Como era una fecha solemne los peregrinos ten�an la esperanza de que la Virgen se aparecer�a, y cuando lleg� Bernardita se asombr� de la cantidad de personas que encontr�. Fue este d�a 25, en la historia de las apariciones, un d�a de gloria. Bernardita volvi� a preguntarle a la Se�ora: "�quieres tener la bondad de decirme qui�n eres y cu�l es tu nombre?", la visi�n resplandec�a m�s que nunca; sonriendo siempre, y siendo su sonrisa la �nica respuesta.
Bernardita insisti�: "�quieres decirme qui�n eres?, te lo suplico Se�ora M�a".
Entonces la Se�ora apart� su vista de Bernardita, separ� sus manos, hizo deslizar en su brazo el rosario que ten�a en sus dedos, levant� a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante, en tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza se afirm� y, m�s resplandeciente que la luz del sol, elevando la vista al cielo dijo: "YO SOY LA INMACULADA CONCEPCI�N", y as� desapareci�, dejando en Bernardita esta imagen y ese nombre.
Bernardita o�a por primera vez esas palabras. Mientras se dirig�a a la casa parroquial, para contarle al p�rroco (ya que �ste le hab�a dado el encargo de preguntar a la visi�n como se llamaba) iba ella por todo el camino repitiendo: "Inmaculada Concepci�n", esas palabras tan misteriosas y dif�ciles para una ni�a analfabeta.
Cuando el p�rroco oy� el relato de Bernardita, qued� asombrado. �C�mo pod�a una ni�a sin ninguna instrucci�n religiosa saber el dogma que s�lo unos cuatro a�os antes hab�a la Iglesia promulgado? En el a�o 1854 el Papa P�o IX hab�a definido el dogma de la Inmaculada Concepci�n.
El sacerdote comprob� que Bernardita no se hab�a enga�ado, era ella, la Virgen Sant�sima, la soberana Madre de Dios Qui�n se le aparec�a en la Gruta.
5 de Abril: El d�a lunes de Pascua, volvi� a la gruta, rodeada de una verdadera multitud de personas que oraban con ella. Bernardita arrodillada como era su costumbre, ten�a en la mano izquierda la vela encendida que la acompa�aba en todas las ocasiones y la apoyaba en el suelo. Absorta en la contemplaci�n de la Reina de los cielos, y m�s sabiendo ahora con seguridad que era la Virgen Sant�sima, levant� sus manos y las dej� caer un poco, sin percatarse que las ten�a sobre el extremo de la vela encendida; entonces la llama comenz� a pasar entre sus dedos y a elevarse por encima de ellos, oscilando de un lado para el otro, seg�n fuera el leve soplido del viento.
Los que estaban ah� gritaban: "se quema". Pero ella permanec�a inm�vil. Un m�dico que estaba cerca de Bernardita sac� el reloj y comprob� que por m�s de un cuarto de hora la mano estuvo en medio de la llama, sin hacer ella ning�n movimiento. Todos gritaban: �milagro!. El m�dico comprob� que la mano de Bernardita estaba ilesa.
Despu�s que termin� la aparici�n uno de los espectadores aproxim� a la mano de Bernardita la llama de la misma vela encendida, y ella exclam�: "�Oh qu� quiere usted, quemarme?.
Ultima aparici�n.
Fue el d�a 16 de Julio, d�a de la Virgen del Carmen. Bernardita se siente de nuevo movida a ir a la gruta, que est� cercada, vigilada y prohibida. Va acompa�ada de una t�a y unas vecinas. Bajan por praderas contiguas a la gruta. Se arrodillaron lo m�s cerca posible de la gruta pero sin poder llegar a ella. Bernardita recibe la �ltima visita de la Virgen y dir�a: "Nunca se hab�a aparecido tan gloriosa".
Bernardita hab�a cumplido su misi�n, con gran amor y valent�a ante todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos los obst�culos que el enemigo puso en su camino. Su confesor dijo repetidamente: "La mejor prueba de las apariciones es Bernardita misma, su vida".
RESUMEN DEL MENSAJE DE LA VIRGEN DE LOURDES
El Mensaje que la Sant�sima Virgen dio en Lourdes, Francia, en 1858, puede resumirse as�:
1-Es un agradecimiento del cielo por la definici�n del dogma de la Inmaculada Concepci�n, que se hab�a declarado cuatro a�os antes (1854) al mismo tiempo que as� se presenta Ella misma como Madre y modelo de pureza para el mundo que est� necesitado de esta virtud.
2-Es una exaltaci�n a las virtudes de la pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardita como instrumento de su mensaje.
3-Un mensaje important�simo en Lourdes es el de la Cruz. La Sant�sima Virgen le repite que lo importante es ser feliz en la otra vida, aunque para ello sea preciso aceptar la cruz.
4-Importancia de la oraci�n, del rosario, de la penitencia y humildad (besando el suelo como se�al de ello); tambi�n, un mensaje de misericordia infinita para los pecadores y del cuidado de los enfermos.
Algunos puntos de reflexi�n sobre los signos visibles de la primera aparici�n:
En ellos hay una gran ense�anza espiritual:
1-Rodeada de luz: es el s�mbolo de la luz de la fe, a la cual nos abrimos por el Bautismo. La fe es la luz de la vida con que debemos brillar ante el mundo. Debemos hacer resplandecer la fe por la santidad de nuestras vidas.
2-La luz era tranquila y profunda: en la fe cristiana hallaremos el reposo para nuestra alma.
3-De belleza incomparable, no hay nada igual aqu� en la tierra: trabajar intensamente por adquirir la verdadera belleza que es la del alma, a fin de que Dios pueda contemplarnos con agrado.
4-Ropaje tan blanco, tan puro, tan delicado que jam�s tela alguna pudo imitar: de que pureza tan perfecta y delicada ha de estar revestida delante de Dios, nuestra alma; ya que el pecado mancha nuestro blanco ropaje.
5-Pies desnudos, brillando sobre cada uno de ellos una rosa luminosa: Los pies desnudos nos predican la pobreza evang�lica, esta bella y sublime virtud a la cual Jes�s ha prometido el mismo Reino de los Cielos. Las rosas luminosas: Jes�s nos env�a a difundir por todas partes el buen olor de Cristo, el divino perfume del Evangelio.
6-Las manos siempre juntas, con el santo rosario: en ferviente oraci�n, orando siempre y sin interrupci�n. La oraci�n, nuestro alimento constante, la respiraci�n del alma, pues todas las virtudes s�lo nacen en un alma que ora.
LA PIEDAD DE BERNARDETTE VENCE LAS PRUEBAS.
Dos virtudes resaltaban en Bernardette: la piedad y la modestia. Para ser piadoso no es necesario ser sabio. A�n cuando se hizo religiosa, ella misma dec�a que no sab�a como orar y sin embargo pasaba largas horas en oraci�n. Y su oraci�n no era mec�nica, sino que le hablaba a Dios y a la Virgen como se habla con una persona cara a cara. Era pues una oraci�n del coraz�n, intensa, honesta y eficaz.
Amaba la oraci�n. Ella sab�a muy bien como rezar el Santo Rosario el cual siempre llevaba en su bolsillo. Lo ten�a en sus manos cuando se le apareci� la Virgen. Su primer gesto en momentos de cualquier prueba o dificultad era siempre tomar su rosario y empezar a recitarlo.
La peque�a escogida por la Virgen tendr�a mucho que sufrir hasta el d�a de su muerte, tanto sufrimientos morales como f�sicos; pero nunca debemos olvidar que Dios gu�a a esta peque�a ni�a y que ella responde con humildad, abandono, fe y coraje. Bernardette pose�a adem�s virtudes que ser�an criticadas durante toda su vida como "defectos". Por este error de la gente se puso en duda tambi�n la autenticidad de las apariciones.
Esta ni�a de s�lo 14 a�os (cumplidos el 7 de enero de 1858) tuvo que ser sabia, firme, extraordinariamente valiente y saber discernir, para poder enfrentarse con las personas que trataban de disuadirla, entre ellas sacerdotes, obispos, jefes de la polic�a, procuradores, etc.
Para tener una idea de la fortaleza interior y la capacidad de su juicio, podemos ver algunas de las frases que dijo durante los interrogatorios a los que tuvo que someterse. Despu�s de que el Procurador Imperial, el se�or Dutor, la hizo quedar de pie por mucho tiempo a Bernardette y a su mam�, al fin les dijo condescendientemente:
-"Ah� hay sillas. Pueden sentarse".
Bernardette respondi�: "No. Pudi�ramos ensuci�rselas".
En otra ocasi�n, cuando le preguntaron sobre el idioma en que le habl� la Virgen, Bernardette dijo:
-"Ella me habl� en dialecto".
-"La Virgen Mar�a no pudo haber hablado en dialecto", le respondieron, "Dios y la Virgen no hablan dialecto".
A lo que ella respondi�: "�C�mo podemos saber nosotros dialecto si ellos no lo hablan?".
-"Oh, �por qu� piensa que me habl� en Franc�s? �puedo yo hablar en Franc�s?".
En la doceava aparici�n Bernardette le acerc� un rosario a la Virgen. Un sacerdote le pregunt� despu�s de la aparici�n: �As� que ahora tambi�n bendices rosarios?
Bernardette se ri� y dijo: "Yo no uso una estola, �o s�?".
Otro le pregunt�: "As� que Bernardette, ahora que la Virgen te ha prometido que ir�s al cielo, no necesitas preocuparte del cuidado de tu alma".
Bernardette: "Pero Padre, yo s�lo ir� al cielo si me porto correctamente".
Sus interrogatorios ser�an de largas horas, algunas veces d�as enteros; y sus interrogadores trataban de enga�arla para que contradijera sus declaraciones. Pero ella se manten�a alerta, en guardia, sabiendo que ellos no quer�an la verdad, sino probar que lo hab�a inventado todo.
Bernardette tuvo que enfrentarse frecuentemente con el p�rroco de Lourdes, Abb� Peyramale, qui�n ten�a fama por su mal genio. Sin embargo, todas las veces que nuestra Santa fue a verlo, a pesar del temor que sent�a, nunca se ech� atr�s, sino que siempre venc�a su natural miedo. Su voluntad de cumplir con lo que la Virgen le hab�a encargado pod�a mucho m�s que el mal genio del sacerdote.
Y as� vemos como Bernardette cumple los deseos de la Virgen a pesar de grandes obst�culos y de sus propias flaquezas. Al final, en el �ltimo d�a de las apariciones, el 25 de marzo de 1858, la Virgen revela su identidad d�ndole a Bernardette la prueba que tanto ped�a su p�rroco para creerle.
Las palabras de la Virgen: "Yo Soy la Inmaculada Concepci�n", fueron las que derrumbaron de una vez por todas el muro de la incredulidad en el coraz�n del p�rroco, qui�n se convirti� desde ese momento en su m�s grande defensor y apoyo, usando su mismo temperamento contra los que atacaban a la ni�a.
A diferencia de otras apariciones, como La Salette, Pointman, F�tima, Knock, Beuraing, exceptuando la Medalla Milagrosa; Bernardette era la �nica vidente. No ten�a otros que corroborasen el testimonio y le sirviesen de apoyo. Su �nica fuente de fortaleza era la misma Virgen Sant�sima. Pero �sta era suficiente para ella.
Llegar�a un tiempo donde sus cualidades, su fuerza interior, su rapidez al contestar, todas usadas para defender las Apariciones de la Virgen, se usar�an en su contra. Aquellos que la apoyaban sab�an entender sus grandes virtudes, pero para los que la criticaban eran sus grandes defectos. A su fortaleza interna le llamaban terquedad; a su rapidez en responder le llamaban insolencia. Una vez en el Convento de San Gildard, en Nevers, cuando fue acusada de tener amor propio, ella dibuj� un c�rculo y puso la marca del dedo en el centro del mismo y dijo:
"Que el que no tenga amor propio ponga su dedo aqu�" (indicando la marca del centro).
BERNARDETTE DESPU�S DE LAS APARICIONES.
La humilde jovencita escogida para tan gran misi�n, permaneci� despu�s de las apariciones como era antes, es decir la Virgen se encarg� de conservarla sencilla, humilde y modesta. No le gustaba el bullicio ni la popularidad.
Pasaba como una m�s, excepto por sus virtudes, por su inocencia, su candor y rectitud en su obrar. Hizo su primera comuni�n el mismo a�o 1858, el 3 de junio, d�a de Corpus Christi. Nada espectacular sucedi� excepto que ella hab�a piadosamente recibido a Jes�s.
Dios segu�a visit�ndola, no con brillantes apariciones, sino por la prueba amarga de los sufrimientos: de la incomprensi�n, burla, casi siempre estaba enferma, soportaba dolores de toda clase, recogida y resignada con paciencia. Sufr�a de asma cr�nica, tuberculosis, v�mitos de sangre, aneurisma, gastralgia, tumor de una rodilla, caries en los huesos, abscesos en los o�dos que le ocasionaron sordera, que �sta se le quit� hasta un poco antes de su muerte.
La Virgen le dijo a Bernardette: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el pr�ximo". Y estas palabras de la Virgen se cumplieron plenamente en nuestra Santa. Mucho tuvo que sufrir durante su vida hasta su muerte a los 35 a�os. La salud de Bernardette era muy delicada, muchas veces ten�a que estar en cama con fiebre; ten�a d�as bien cr�ticos con ataques de asma que muchas veces eran bien dolorosos.
Muchos encontraban cura en la fuente de Lourdes, pero no Bernardette. Un d�a le preguntaron: "�No tomas del agua de la fuente?. Estas aguas han curado a otros, �por qu� no a t�?. Esta pregunta insidiosa pudo haberse convertido en una tentaci�n para Bernardette en no creer en la aparici�n, pero ella no se turb�. Le respondi�:
"La Virgen Sant�sima quiz�s desea que yo sufra. Lo necesito".
�Porqu� t� m�s que otros?.
-"El buen Dios s�lo lo sabe".
�regresas algunas veces a la gruta?
-"Cuando el P�rroco me lo permite".
�Porqu� no te lo permite todo el tiempo?.
-"Porque todos me seguir�an".
Antes hab�as ido a�n cuando se te hab�a prohibido.
-"eso fue porque fui presionada".
La Virgen Sant�sima te dijo que ser�as feliz en el otro mundo, as� que est�s segura de ir al cielo.
-"Oh no, eso ser� s�lo si obro bien".
�Y no te dijo Ella que hacer para ir al cielo?.
-"Nosotros lo sabemos muy bien; no es necesario que yo lo diga".
ULTIMOS A�OS EN LOURDES.
Bernardette no pod�a recibir en su casa el cuidado que ella necesitaba para su fr�gil salud, y el gran n�mero de visitantes curiosos le causaban fatiga. Viendo esta necesidad, Abb� Peyramale pidi� a la Superiora del Hospicio de Lourdes que acogiera a la ni�a. Le dijo:
"Es con ustedes que la ni�a debe estar. Ustedes pueden darle el cuidado que ella necesita en todos los aspectos".
En el a�o 1860, las Hermanas de la Caridad de Nevers, que serv�an el hospital y la escuela, le ofrecieron un asilo titular. Desde aquel d�a permaneci� bajo su techo, con su salud delicada, pero con su consigna de siempre: no llamar la atenci�n de nadie. A�n cuando sus padres ya se hab�an mudado de la c�rcel y viv�an en un molino, le dieron permiso sin dificultades de permanecer con las hermanas. Su madre llor� por su partida pero sab�a que era por el bienestar de la ni�a.
En el hospicio Bernardette fue asignada bajo el cuidado de la Hermana Elizabeth, quien le deb�a ense�ar a leer y escribir mejor. Bernardette ten�a 16 a�os, era julio de 1860. La superiora le dijo a la Hermana Elizabeth: "se dice que ella no es muy inteligente, mira a ver si es posible hacer algo con ella".
La Hermana Elizabeth al entrar en contacto con Bernardette dir�a: "Encuentro en ella una inteligencia muy viva, un candor perfecto y un coraz�n exquisito". Ella dir�a a la madre superiora: "Mi querida Madre, la han enga�ado. Bernardette es muy inteligente y asimila muy bien la doctrina que se le da".
Sin ser brillante, Bernardette adquiri� gran cantidad de conocimiento elemental. Durante su tiempo en el hospicio permaneci� siendo una ni�a de su edad. Era recta, sincera, piadosa pero traviesa, muy vivaz, a quien le encantaba re�r, jugar y bromear. Muchas veces la pon�an a cuidar ni�os m�s peque�os, como era la costumbre en las escuelas elementales y Bernardette se mostraba tan joven y juguetona como la ni�a m�s peque�a.
Uno de los ni�os dir�a mas tarde.
"Bernardette era tan simple. Cuando le ped�an que nos cuidara, lo hac�a de una manera tal, que parec�a otra ni�a jugando con nosotros, que no nos hac�a pensar tanto en su aventura milagrosa. Criados con este pensamiento de que nuestra compa�era hab�a visto a la Virgen, lo consider�bamos tan natural como un ni�o de hoy d�a que ha visto al presidente de la rep�blica".
Bernardette era completamente natural en su comportamiento diario, sin embargo era muy seria en cuanto a su vida Cristiana.
Al crecer, Bernardette tuvo como toda joven, sus momentos de vanidad, queriendo estar arreglada y lucir bien. Pero todas estas vanidades pasaron por ella r�pidamente y sin dejar ning�n rastro en su coraz�n.
Dec�a la Hermana Victorina: "La fiebre pas� r�pidamente y no da�� su profunda piedad".
La comunidad contaba con las oraciones de Bernardette. Un d�a una religiosa, la Madre Alejandrina, sufri� una torcedura y el m�dico le mand� a tener reposo. Pero ella era muy activa y le pidi� a Bernardette que le pidiera a la Virgen que la curara. Bernardette inmediatamente fue a rezar ante la estatua de la Virgen en la capilla. Or� con todo su coraz�n. �Qu� pas�?... al otro d�a el doctor encontr� a la Madre Alejandrina ocupada en su trabajo, como si nada hubiese pasado.
LA VOCACI�N RELIGIOSA.
La Virgen Sant�sima le dio una gracia especial al llamarla a la vida religiosa. Parece que Bernardette nunca consider� en serio el matrimonio. A los 19 o 20 a�os, en 1863, la vocaci�n de ser religiosa se le present� claramente. Hab�a considerado vagamente ser carmelita, pero no fue dif�cil hacerle comprender que su salud era muy delicada para enfrentar los rigores del Carmelo.
Fue el Obispo Forcade de Nevers que ten�a en su di�cesis la Casa Madre de las Hermanas de la Caridad, del hospicio y la escuela de Lourdes, quien contribuy� definitivamente en su orientaci�n. �l le pregunt� cu�les eran sus intenciones para el futuro y ella le respondi�:
"Se�or Obispo, todo lo que pido es quedarme en esta casa como una sierva"
Pero hija m�a, �no has pensado en llegar a ser una religiosa como las hermanas a las que tan apegada est�s?.
"Oh, Se�or Obispo, nunca he cre�do que �sto pudiese ser para una ignorante y pobre ni�a como yo. Usted sabe bien que soy pobre y no tendr�a la dote necesaria".
No es la pobreza lo que debe detenerte. Se puede hacer una excepci�n a la regla y recibir a una joven sin dote, si ella tiene signos claros de vocaci�n".
"Se�or Obispo, sus palabras me han tocado profundamente, le prometo que pensar� en ellas".
Bernardette comprend�a que una decisi�n como �sta no se hace sin consideraci�n y reflexi�n. El Obispo estaba muy complacido con su prudencia y le recomend� que se tomara su tiempo e hiciera su decisi�n con completa libertad y sin apresuramiento.
En Agosto de 1864, Bernardette dijo a la Madre Superiora del Hospicio:
"Madre m�a, he orado mucho para saber si estoy llamada a la vida religiosa. Creo que la respuesta es "s�". Yo quisiera entrar en su congregaci�n si soy aceptada. Perm�tame pedirle que le escriba al Obispo".
En respuesta la superiora abraz� a Bernardette y sus l�grimas de gozo fueron su afectuosa respuesta.
Habiendo hecho su elecci�n, m�s ataques de enfermedad y la necesidad de probar varios remedios retardaron la puesta en pr�ctica de su promesa.
En 1866 escribi�: "Estoy m�s presionada que nunca a dejar el mundo. Ahora he decidido definitivamente y espero dejarlo pronto".
Por fin lleg� el gran d�a a comienzos de Julio de 1866, ten�a 22 a�os de edad. Por �ltima vez fue a la amada gruta donde su despedida fue de todo coraz�n. "�Ven la gruta?, era mi cielo en la tierra".
Al d�a siguiente se despidi� de su familia, y el 4 Julio de 1866 Bernardette dej� su pueblo natal para nunca m�s volver.
Antes de partir improvisa una oraci�n tomando como pauta el Magnificat: acci�n de gracias por la pobreza de su esclava. Se dirige directamente a Mar�a: "S�, Madre querida, T� te has bajado hasta la tierra para aparecerte a una d�bil ni�a.T�, Reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que hab�a de mas humilde seg�n el mundo".
LA RELIGIOSA, LA SANTA.
Se va para comenzar su noviciado. Llegaron al convento de las Hermanas de la Caridad de Nevers el 7 de julio de 1866 en la noche. El domingo Bernardette tuvo un ataque de nostalgia que la llev� a estar llorando todo el d�a. La animaban dici�ndole que �se era un buen signo, ya que su vida religiosa deb�a empezar con sacrificio. En los anales de la Casa Madre se lee:
"Bernardette es en realidad todo lo que de ella hemos o�do, humilde en su triunfo sobrenatural; simple y modesta a pesar de que todo se le ha unido para elevarla. Ella r�e y es dulcemente feliz aunque la enfermedad se la est� comiendo. �ste es el sello de la santidad, sufrimiento unido a gozo celestial."
HERMANA MAR�A BERNARDA (MARIE BERNARD).
Ni la superiora, la hermana Josefina Imbert, ni la maestra de novicias Madre Mar�a Teresa Vausou, entend�an el tesoro que se les hab�a confiado. S�, admit�an que la Virgen se le apareci�, pero la ve�an tan "ordinaria", que ten�an dificultad en ver santidad en ella. Su idea de santidad aparentemente era diferente a la de la Iglesia.
En el proceso diocesano de Beatificaci�n, el Reverendo Padre Peach, profesor de teolog�a dogm�tica en el seminario de Moulins, les dijo a sus estudiantes: "El testimonio lleg� a �sto, que Bernardette era muy ordinaria. Pero cuando se le pregunt� si ella era fiel a las reglas, si ten�a que ser corregida por desobediencia o en referencia a la pobreza y castidad, todas se apresuraron a decir: "Oh no, nada de eso".
�Por qu� sus superioras la juzgaban tan mal?; s�lo se puede encontrar respuesta en que era parte de la Providencia Divina para la santificaci�n de Bernardette. De manera particular la Maestra de Novicias, Madre Mar�a Teresa Vauzou, qui�n fue la causante de muchos sufrimientos espirituales de Bernardette durante los 13 a�os que vivi� en el convento. La Madre Mar�a, quien era estimada por su ojo agudo y su penetraci�n psicol�gica, nunca fue capaz de leer en esta alma l�mpida su �ntima uni�n con Dios, ni tampoco su total abandono a los deseos de su divina voluntad, la cual formaba su vida interior.
Bernardette, sin haber estudiado sobre las formas de oraci�n, pasaba horas en ella, recitando su rosario con gran fervor. Viv�a en uni�n perpetua con la Virgen Sant�sima y a trav�s de Ella con Jesucristo.
"Bernardette estaba totalmente perdida en Dios".
Al recibir el h�bito de postulante, recibi� su nombre de religiosa el cual ser�a su mismo nombre bautismal, Sor Mar�a Bernarda.
PROFESI�N ANTICIPADA.
Tres semanas despu�s de haber recibido el h�bito, Bernardette se enferm� de gravedad con un nuevo ataque de tuberculosis y tuvo que ser puesta en la enfermer�a.
Esta crisis de sofocaci�n asm�tica y de tos fue tan seria que el m�dico pensaba que su muerte era inminente.
La Madre Superiora llam� al Obispo y �ste le administr� el Sacramento de Extrema Unci�n, pero ella no pudo recibir el Vi�tico porque constantemente estaba vomitando sangre. Pensando que Bernardette estaba a punto de morir, la Madre Superiora quiso darle el consuelo de pronunciar sus votos. Habl� con el Obispo, y la comunidad dio su aprobaci�n un�nime.
Sabiendo lo que iban a hacer, Bernardette respondi� con una sonrisa de agradecimiento. Fue el Obispo Forcade quien presidi� la ceremonia. Bernardette dio su consentimiento por medio de signos ya que no pod�a hablar. Entonces le fue dado el velo de profesa. Se pensaba que estaba a punto de morir, pero Bernardette siempre pon�a su salud en las manos de la Virgen.
La nueva religiosa se durmi� y se despert� a la ma�ana siguiente en un estado de felicidad que ella declar� a su Superiora: "Mi Reverenda Madre, usted me hizo hacer la profesi�n religiosa porque pensaba que iba a morir. Bueno, mire no voy a morir".
La Madre Superiora entonces le respondi�: "Tonta, t� sab�as que no ibas a morir y no nos lo dijiste. En este caso, si no has muerto para ma�ana en la ma�ana, te quitar� el velo".
Y la hermana Mar�a Bernarda, con admirable sumisi�n heroica, le respondi� simplemente:
"Como usted desee, reverenda Madre".
Y a pesar del dolor que �sto le causaba supo aceptar este c�liz que el Se�or le enviaba.
Su madre muri� el 8 de diciembre de 1866, ten�a 45 a�os y �sta fue una de las tristezas m�s grandes que experiment�. En medio de su dolor dijo al Se�or:
"�Mi Dios, T� lo has querido! Yo acepto el c�liz que me das. Que tu Nombre sea bendito".
Durante su noviciado, Bernardette fue tratada m�s severamente y quiz�s m�s cruelmente que las otras novicias. Sus compa�eras dec�an: "No es bueno ser Bernardette". Pero ella lo aceptaba todo y ve�a en ello la mano de Dios. Bernardette profes� el 30 de octubre de 1867 con el nombre de Sor Mar�a Bernarda. Ten�a 23 a�os. Sin embargo, la felicidad de ese momento fue te�ida por una ruda humillaci�n.
Cuando lleg� el momento de distribuir a las nuevas profesas los trabajos, la Madre Superiora respondi� a la pregunta del Obispo: "�Y la hermana Marie Bernard?"
"Oh, Se�or Obispo, no sabemos que hacer. Ella no es buena para nada".
Y prosigui�: "Si desea, Se�or Obispo, podemos tratar de usarla ayudando en la enfermer�a".
A lo cual el Obispo consinti�. La hermana Marie Bernard recibi� el dolor de esta humillaci�n en su coraz�n, pero no protest�, ni llor�, simplemente acept� el c�liz.
Otro c�liz que pronto tomar�a fue la muerte de su padre en 1871, seis a�os despu�s que su mam�. Supo de la muerte de su pap�, a quien no hab�a visto m�s desde que dej� Lourdes, pero sab�a que hab�a muerto en la fe.
Una hermana la encontr� llorando a los pies de la estatua de la Virgen y cuando la hermana la iba a consolar ella le dijo:
"Mi hermana, siempre ten una gran devoci�n a la agon�a de nuestro Salvador. El S�bado en la tarde le or� a Jes�s en agon�a por todos aquellos que morir�an en ese momento, y fue precisamente en el mismo momento en que mi padre entr� a la eternidad. Qu� consuelo para m� el quiz�s haberle ayudado".
Muchas tribulaciones tuvo que pasar; humillaciones, grandes y peque�as se apilaban sobre ella, y ella dec�a:
"Cuando la emoci�n es demasiado fuerte recuerdo las palabras de Nuestro Se�or: "Soy Yo, no tengan miedo". El rechazo y humillaciones de mis Superioras y compa�eras inmediatamente agradezco a Nuestro Se�or por esta gran gracia. Es el amor de Este Buen Maestro el que har� desaparecer el �rbol del orgullo en sus malas ra�ces. Mientras m�s peque�a me hago, m�s crezco en el Coraz�n de Jes�s".
A Bernardette se le concedi� un gran regalo al comienzo de 1874. Hab�a sido asistente de enfermer�a, un trabajo que amaba mucho, pero sus fuerzas se disminu�an.
Despu�s de un ataque de bronquitis en el oto�o de 1873, por el cual tuvo que ir al hospital, se determin� que estaba muy d�bil para seguir ayudando en la enfermer�a y se le dio el trabajo de menos esfuerzo f�sico en el Convento, el cual era al mismo tiempo el m�s importante, y el cual ella am� mucho m�s que el de ayudante de enfermer�a; la nombraron asistente de sacrist�n.
Su nueva posici�n le daba la oportunidad de pasar mucho tiempo en la capilla, cerca del Sant�simo Sacramento. Estaba casi sin supervisi�n, lo que le permit�a hablarle al Se�or en el Tabern�culo, sin que nadie pensara que ella era extra�a.
Manejaba todos los art�culos sagrados con gran reverencia. El corporal, los purificadores y las albas los trataba consciente que Jes�s Encarnado los hab�a tocado durante el Sacrificio de la Eucarist�a. Por eso no permit�a que nadie la ayudase en este ministerio.
Pero este regalo no dur� por mucho tiempo ya que su salud constantemente empeoraba. A partir de 1877 no es m�s que una inv�lida. Se le provee cuidado lo m�s posible y ella obedece todas las prescripciones.
Pronunci� sus votos perpetuos el 22 de septiembre de 1878, en un tiempo en que se sent�a mejor. Pero no dur� mucho. Al siguiente 11 de diciembre, retorn� a la enfermer�a, para nunca m�s salir. Sus �ltimos meses fueron muy dif�ciles, haci�ndole pasar por la noche oscura del alma. Perdi� confianza, la paz del coraz�n y la certeza del cielo. Fue tentada al des�nimo y desesperaci�n. Pensaba que era indigna de la salvaci�n. �ste fue su c�liz m�s amargo y su sufrimiento mayor.
Tambi�n sufr�a mucho f�sicamente. La cama le caus� tener la espalda repleta de llagas. Su pierna tuberculosa se le revent�. Desarroll� abscesos en los o�dos, los que la hicieron pr�cticamente sorda por un tiempo. Si no hubieran sido tan evidentes sus s�ntomas, nadie hubiese sospechado que estaba enferma. Su actitud tan serena y gozosa no manifestaba el profundo sufrimiento que padec�a. No perdi� su fortaleza y su aceptaci�n.
A una hermana cuando le dijo que iba a orar para que el Se�or le mandara consolaci�n, ella le respondi�:
"No, no, no consolaci�n, s�lo fortaleza y paciencia".
Bernardette padeci� su pasi�n durante la Semana Santa de 1879. El d�a 16 de abril de 1879 rog� a las religiosas que la asist�an que rezaran el rosario, sigui�ndolo ella con gran fervor. Al acabar un Ave Mar�a, sonri� como si se encontrara de nuevo con la Virgen de la Gruta y muri�. Eran las 3:15 PM.
Sus �ltimas palabras fueron la conclusi�n del Ave Mar�a: "Santa Mar�a, Madre de Dios, ruega por m� pobre pecadora... pecadora...".
Su cuerpo fue puesto en la peque�a Capilla G�tica, situada en el centro del jard�n del Convento y la que estaba dedicada a San Jos�. Fue en esta Capilla en la que, despu�s de 30 a�os, el 22 de septiembre de 1909, reconocieron el cuerpo, en vista al proceso de Beatificaci�n diocesano. El cuerpo fue hallado en perfecto estado de preservaci�n. Su piel dura, pero intacta, mantuvo su color. Hubo un segundo reconocimiento el 18 de abril de 1925, poco antes de su Beatificaci�n el 12 de Junio de 1925.
Bernardette fue Canonizada el 8 de diciembre de 1933. Y celebramos su fiesta el d�a en que parti� a la casa del Padre, el 16 de Abril.
Lourdes se ha convertido en el santuario Mariano m�s visitado de Europa, y el segundo en el mundo despu�s del Santuario de la Virgen de Guadalupe en M�xico. Infinidad de enfermos han sido sanados en las aguas milagrosas de Lourdes, pero el mayor milagro siguen siendo las much�simas conversiones del coraz�n.
Santa Bernardette todav�a se puede observar incorrupta en su capilla en Nevers, dentro de un f�retro de cristal donde parece estar dormida. Su dulzura y paz a�n toca los corazones.
Bibliograf�a:
www.corazones.org