
Santa Ana
Ana significa del hebreo: Hannah, gracia; tambi�n escrito Ann, Anne, Anna; es el nombre de la madre de la Bienaventurada Virgen Mar�a.
En el Oriente el Protoevangelio tiene gran autoridad, y los Griegos, Sirios, Coptos y �rabes leen porciones de �l en las fiestas de Mar�a. En el Occidente, sin embargo, fue rechazado por los Padres de la Iglesia hasta que sus contenidos fueron incorporados por Jacobus de Voragine, en su "Leyenda Dorada" en el siglo XIII. De all� en m�s la historia de Santa Ana se esparci� por el Oeste y fue ampliamente desarrollada, hasta que Santa Ana se convirti� tambi�n en una de las Santas m�s populares de la Iglesia Latina.
El Protoevangelium da la siguiente versi�n:
Tambi�n Ana, al saber la raz�n de la prolongada ausencia de su marido, clam� al Se�or que la liberara de la maldici�n de la esterilidad, prometiendo dedicar su ni�o al servicio de Dios. Sus oraciones fueron escuchadas, un �ngel se le present� a Ana y le dijo: "Ana, el Se�or ha visto tus l�grimas; tu concebir�s y dar�s a luz y el fruto de tu vientre ser� bendecido por todo el mundo". El �ngel hizo la misma promesa a Joaqu�n, quien volvi� con su mujer.
Ana dio a luz una hija a la que llam� Miriam (Mar�a). A�n el nombre de la madre de Mar�a parece dudoso, desde el momento que esta historia es aparentemente una reproducci�n del relato b�blico de la concepci�n de Samuel, cuya madre tambi�n se llamaba Ana. El renombrado Padre Juan de Eck de Ingolstadt, en un serm�n sobre Santa Ana (publicado en Par�s en 1579) pretende conocer a�n los nombres de los padres de Santa Ana. Los llama Stollanus y Emerentia.
Dice que Santa Ana naci� despu�s que Stollanus y Emerentia, carecieran de hijos por veinte a�os, que San Joaqu�n muri� poco despu�s de la presentaci�n de Mar�a en el templo; que Santa Ana entonces se cas� con Cleof�s, de quien devino en madre de Mar�a Cleophae (la esposa de Alfeo y madre de los Ap�stoles Santiago el Menor, Sim�n y Judas y de Jos� el Justo). Tr�s la muerte de Cleof�s se dice que se cas� con Salomas, de quien le naci� Mar�a Salomae (la esposa de Zebedeo y madre de los Ap�stoles Juan y Santiago el Mayor.
La misma leyenda esp�rea se encuentra en los escritos de Gerson (Opp.III,59) y en los de muchos otros. En el siglo XVI se produjo una animada controversia sobre los matrimonios de Santa Ana, en la cual Baronio y Bellarmine defendieron su monogamia. El Griego Menaea llama a los padres de Santa Ana, Mathan y Mar�a, y relata que Salom� e Isabel, la madre de San Juan el Bautista, eran hijas de dos hermanas de Santa Ana.
De acuerdo con Epifanio, algunos entusiastas mantuvieron a�n hasta el siglo cuarto, que Santa Ana concibi� sin la acci�n de un hombre. Este error fue revivido en Occidente en el siglo quince. (Anna concepit per osculum Joachimi.) En 1677 la Santa Sede conden� el error de los Imperiali quienes ense�aban que Santa Ana se mantuvo virgen en la concepci�n y nacimiento de Mar�a (Benedict XIV, De Festis, II,9).
En el Oriente, el culto de Santa Ana puede ser ubicado hacia el siglo cuarto. Justiniano I (d. 565) tuvo una Iglesia dedicada a ella. El canon del Oficio Griego de Santa Ana fue compuesto por Santo Theofanes (d. 817), pero las partes m�s viejas del Oficio son adscriptas a Anatolio de Bizancio (d. 458). Su fiesta es celebrada en el Oriente el 25 de Julio, que puede ser el d�a de la dedicatoria de su primera Iglesia en Constantinopla o el aniversario de la llegada de sus supuestas reliquias a Constantinopla (710).
Se encuentra en el m�s viejo documento lit�rgico de la Iglesia Griega el Calendario de Constantinopla (primera mitad del siglo octavo). Los Griegos mantienen una fiesta conjunta de San Joaqu�n y Santa Ana el 9 de septiembre. En la Iglesia Latina Santa Ana no era venerada, excepto quiz�s en el sur de Francia, antes del siglo XIII. Su imagen, pintada en el siglo octavo, que fue encontrada recientemente en la Iglesia de Santa Mar�a Antigua en Roma, debe su origen a la influencia Bizantina.
Su fiesta, el 26 de Julio, bajo la influencia de la "Leyenda Dorada", se encuentra por primera vez en el siglo XIII, en Douai (en 1291), donde se veneraba un pie de Santa Ana (fiesta de la translaci�n, 16 de Setiembre). Fue introducida en Inglaterra por Urbano VI, el 21 de Noviembre de 1378, momento desde el cual se esparci� por toda la Iglesia Occidental. Fue extendida a la Iglesia Latina universal en el a�o 1584.
Las supuestas reliquias de Santa Ana fueron tra�das desde Tierra Santa a Constantinopla en el a�o 710, y se conservaban todav�a en la Iglesia de Santa Sof�a en 1333. La tradici�n de la iglesia de Apt, en la Francia austral, pretende que el cuerpo de Santa Ana fue tra�do a Apt por San L�zaro, el amigo de Cristo, fue escondido por San Auspicio (d. 398), y encontrado nuevamente durante el reino de Carlomagno (fiesta, lunes despu�s de la octava de Pascua); estas reliquias fueron tra�das a la magn�fica Capilla en 1664 (fiesta, 4 de mayo).
La cabeza de Santa Ana fue conservada en Mainz hasta 1510, cuando fue robada y llevada a D�ren en Rheinland. Santa Ana es la patrona de Gran Breta�a. Su figura milagrosa (fiesta, 7 de Marzo) es venerada en Notre Dame d'Auray, Di�cesis de Vannes. Tambi�n lo es en Canad�, donde es la patrona principal de la provincia de Quebec, siendo bien conocido el santuario de Santa Ana de Beaupr�.
Santa Ana es la patrona de las parturientas; es representada sosteniendo a la Bienaventurada Virgen Mar�a en su regazo, quien a su vez lleva en sus brazos al ni�o Jes�s. Es adem�s patrona de los mineros, al compararse Cristo al oro y Mar�a a la plata.
Biograf�a
Fiesta: 26 de julio
Patrona: de madres, abuelas, amas de casa, parturientas, familia.
Toda nuestra informaci�n concerniente a los nombres y las vidas de los Santos Joaqu�n y Ana -los padres de Mar�a- viene de la literatura del Evangelio, de la Natividad de Mar�a, y el Evangelio de San Mateo.
En Nazaret viv�a una rica y piadosa pareja, Joaqu�n y Ana. No ten�an ni�os. Cuando en un d�a de fiesta Joaqu�n se present� a ofrecer sacrificio en el templo, fue rechazado por cierto Rub�n, bajo el pretexto de que un hombre sin descendencia era indigno de ser admitido. Tras �sto, Joaqu�n inclin�ndose con dolor no volvi� a su hogar, sino que se fue a las monta�as a hacer su planteo a Dios en soledad.
