"Un viaje inolvidable"
Pag. 3
             Un so�oliento jovenzuelo que hac�a de mozo se acerc� y pregunt� que comer�amos. El plato fuerte era el caldo de gallina y de cabeza de carnero, tambi�n hab�a el chupe verde con quesillo, huevo y chicharrones. Ped� esto ultimo. Me gustaba mucho. Servir�a adem�s para recuperarme del cansancio y el malestar. Terminamos de ingerir nuestros alimentos y salimos a pasear, compramos algunas chirimoyas y  riqu�simos alfajores para el camino. Un viejo y gordo polic�a con los ojos enrojecidos por el alcohol estaba en la puerta de un local que por el escudo seguro que era el puesto de la guardia civil. Reprend�a a un borrach�n -sabe Dios por que motivo-, nos percatamos que don Gast�n nos hac�a se�as que deber�amos continuar con la traves�a.
                Cuando nos encontr�bamos fuera del pueblo los rayos solares ca�an implacables sobre nosotros. Mi hermano mayor nos indic� que nos cubri�ramos con la gruesa carpa para evitar una insolaci�n, pero la cosa empeor� ya que no la soportamos ni media hora. �Entonces col�quense sus sombreros orden�. En la galonera hay agua, �chense en la cabeza� As� lo hicimos, cada cierto tiempo. Pero la ma�ana estaba preciosa y el estar encima del veh�culo, al aire libre, ventilaba nuestros rostros agradablemente. Pas� como hora y media. Yo recorr�a con la mirada los cerros plagados de cactus, parec�an  gigantescos humanoides con los brazos abiertos. Alejandro nos explicaba que de estas plantas sacaban la lana de "sango", las abr�an con un cuchillo para vaciar su contenido, luego la secaban y vareaban para que caigan las peque�as espinas, lo met�an en costales para bajar al pueblo a venderla a los fabricantes de colchones.
                 El camino era terroso. Delante nuestro iba una camioneta particular levantando mucho polvo el cual ingresaba por nuestras bocas y fosas nasales. Miraba a mis hermanos que ten�an las cejas y pesta�as blancas, me re�a con ganas al ver su estado, pero ellos tambi�n lo hac�an al mirarme. Golpeamos el techo de la cabina del chofer para indicarle que trate de pasar al otro veh�culo, pero el camino era estrecho y lleno de precipicios, por lo que el otro conductor al escuchar el insistente claxon se peg� al cerro para darnos pase, mir� las llantas del lado derecho que estaban mordiendo el abismo, tuvimos que acomodarnos en el lado opuesto para equilibrar el peso,  pero m�s fue por miedo. Ya hab�amos pasado por otro peque�o poblado. Mi hermano nos dijo que se llamaba Namora donde elaboraban las famosas guitarras para el carnaval. De pronto el cielo se oscureci�. Las nubes se pusieron grises. Esto era se�al de aguacero, gruesas gotas  anunciaron que lo que se ven�a era una lluvia torrencial y as� sucedi�. No se pod�a divisar nada, ni a un metro delante de la carretera. Los rayos ca�an cerca. Est�bamos cubiertos con la carpa pero no se por donde se filtraba el l�quido moj�ndonos la ropa. La temperatura hab�a bajado y el chocar de nuestros dientes parec�a el sonido de casta�uelas. �Hay que juntar nuestros cuerpos para darnos calor",  indic� uno de mis hermanos, "de lo contrario nos congelaremos� . Como yo era el menor me colocaron al centro y cog� de las manos a mi hermano V�ctor. Not� que las ten�a heladas y moradas al igual que sus labios.
Cuando el veh�culo par�, nos extra�amos, lo hizo al frente de una vieja casa. Seguro que Gast�n pedir�a posada para todos nosotros hasta que calme la tempestad, luego de unos minutos nos llam� para que bajemos.
                    Mir� al due�o de casa. No pasaba de unos 40 a�os. Estaba cubierto con un poncho y el sombrero lo ten�a puesto a la pedrada. Un lado de su cara luc�a inflada como un globo, era por el bolo de coca que masticaba. Hab�a aceptado brindarnos un ambiente de su casa hasta que pase la tormenta, �Acom�dense en el pajar, all� se abrigar�n", indic�. Ingresamos por el marco de un port�n sin hojas y notamos que ese cuarto era un dep�sito de cebada. Los costales estaban apilados uno sobre otros, a un costado estaba acumulada la paja, seguramente la hab�an trillado hace poco, todos nos recostamos y don Gast�n nos alcanz� un poncho para cubrirnos. �Esto es todo lo que puedo ofrecerles muchachos", nos dijo, "de algo les servir�, pero al menos ac� estamos bajo techo y protegidos�. No se que tiempo pas�. Parec�a un diluvio. Escuch�bamos el retumbar de los truenos a lo lejos y el sonido insistente de la lluvia en el techo de la casa. �Traten de dormir un poco. Descansen que esto tiene para rato� nos manifest� el chofer. Las dos mujeres estaban en un rinc�n cubiertas con sus mantos. Don Gast�n desapareci� por la puerta, sali� a buscar al due�o de casa, seguramente para entrarle a la "cochamba" y al aguardiente. Mi hermano nos preguntaba que como est�bamos, �Con esto no cont�bamos, estamos salados, la t�a nos esperar� por gusto, no llegaremos a la hora prevista�. Me qued� profundamente dormido. Despert� sobresaltado. Hab�a so�ado con unos p�jaros negros. Parec�an gallinazos que  picoteaban el cuerpo hinchado de un asno muerto que se encontraba a orillas del seco r�o. Mir� a uno de los pajarracos y not� que hab�a extra�do un ojo del animal, cog� una piedra y se la lance, pero �l regresaba inmediatamente, tercamente a desgarrar al animal.
Sent� alivio al comprobar que solo era un sue�o. Ten�amos hambre. Abrimos nuestras bolsas y sacamos las chirimoyas y alfajores. Quedamos satisfechos. Don Gast�n no regresaba. La lluvia ya hab�a pasado, pero calculando la hora supusimos que ser�an las 5 � 6 p.m. Hab�a empezado a oscurecer.  �Tanto tiempo hab�a transcurrido? Fue entonces que reci�n pudimos escuchar la voz de una de las mujeres, �Jovencito", le dijo a mi hermano, "�por qu� no va a pasarle la voz a Gast�n, d�gale que estamos apuradas en llegar. Tenemos urgencia, mi abuelita est� grave. Queremos verla con vida todav�a�
...a siguiente p�gina
Ir a pagina literaria
Volver a p�gina principal
Hosted by www.Geocities.ws

1