"Un viaje inolvidable  -  2da. Parte"
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             El terco animal buscaba las espinas para rascarse. Se pegaba a ellas para restregarse, pero a mi se me clavaban por los brazos, lo jalaba de las riendas para que se aleje sin conseguir mi prop�sito, por lo que atemorizado pregunt�: �Que hago?, no me hace caso, mejor me bajo�. Fue Julio que contest�: �J�lalo de la soga para que voltee el pescuezo para donde tu desees a la vez que le clavas los talones en la panza�. As� lo hice. De inmediato -por que  el dolor era intenso- comprob� que esto daba resultado. Y le cog� el truco. Todos re�an. Mi postura para montar era r�gida, me comparaban con "Cristo de Ramos" montado en su pollino en semana santa.
De aqu� en adelante aquel burro se convertir�a en mi inseparable compa�ero. Cada vez lo montaba  con m�s destreza. Infinidad de veces fuimos por el mismo sendero. Lo bautic� como �Flash�. Era l�gico que este nombre causaba mucha hilaridad al grupo.
              Al llegar a la � Tranca� ya estaba empezando a amanecer. El paisaje era precioso. Parec�a una postal � la fotograf�a de un almanaque. El rojo cielo impresionaba, parec�a lava ardiente. El sol sal�a y tambiene ocultaba detr�s de unas nubes. Nunca hab�a observado algo similar. Qued� embelesado observando este espect�culo. Escuchaba el trinar de los p�jaros. La naturaleza estaba despertando. Las aves se regocijaban. Aspir� profundo llenando de aire fresco y puro mis pulmones. Comprob� entonces que amaba esa tierra y el campo y todo lo que hab�a en �l. El aroma fresco del pasto, las flores mojadas por el roc�o, el murmullo del riachuelo, su colorido, la tranquilidad, la paz, su  silencio y su tristeza.
               Mis primos bajaron los bultos y los poronguitos vac�os para llevar la leche. Me indicaron que baje, que ir�amos a ver el orde�o. As� lo hice. Caminamos un peque�o trecho hasta el establo. Dos campesinas estaban en cuclillas atando con unas peque�as soguillas las patas traseras de las vacas. Unos baldes de lat�n estaban al costado. Al reconocer a mis primos le preguntaron: ��No ha venido don Jos�? �Est� enfermo � algo le ha pasado?� . "No", contest� Ramiro, "�l se qued�, le hemos pedido venir en su lugar para que mis primos vean como son las cosas por ac�, quieren verlas orde�ar, las miraremos desde ac�, no las interrumpiremos".
               Con ambas manos exprim�an con destreza las hinchadas ubres. La leche humeante ca�a en los baldes. Una de ellas introdujo un peque�o vaso y me lo ofreci� dici�ndome: �Pruebe ni�o, est� caliente le har� bien�. Recib� el envase y me lo llev� a la boca. Qu� delicia!... Muy diferente a la que tom�bamos en casa. Me indicaron que antes de regresar vayamos al arroyo donde se encontraba Juvencia pelando el trigo. Me llam� la atenci�n el m�todo empleado. Usaba ceniza para refregar el cereal hasta botarle toda la c�scara. En un mate me alcanz� un poco y me pareci� agradable. Yo lo hab�a probado como ajiaco, como complemento del shambar, como guarnici�n acompa�ando los cuyes fritos pero nunca en ese estado. �Ni�o Ramiro", le dijo a mi primo, "tiene que llevar el trigo por que mi mamita Ofelia lo necesita. Ya est� listo, ahorita le doy una �ltima enjuagada y se lo envuelvo en el tocuyo. Deme un ratito para alistarlo�. Casi para retornar, ingresamos a una habitaci�n que hac�a las veces de dep�sito de granos, Julio comenz� a rebuscar algo entre la paja y sac� tres enormes chirimoyas. �Menos mal que las encontr�. A veces se me refunden y se van hasta el fondo...Ya est�n maduras...las comeremos durante el camino de regreso�.
As� fue. Ya de retorno, montado sobre "Flash", saboreaba el dulce fruto. Todo me parec�a delicioso.Los sabores se concentraban en mi paladar. Agradec� por haber venido y gozar de esta grata experiencia. Tatar�a de vivirla con frenes�, con mucha pasi�n infantil, no siempre la vida brindaba esta oportunidad. Lo tom� como  un regalo de Dios.
               Cuando hicimos nuestro ingreso a la casa ya mi t�a estaba inquieta por la demora. Esperaba la leche para el desayuno. Al mirarnos a mi hermano y a m� se contuvo en la llamada de atenci�n a sus sobrinos. �Cre� que estaban durmiendo", nos dijo, " para que se han levantado tan temprano?�. Mi hermano le respondi�: �Les pedimos a mis primos que por favor quer�amos acompa�arlos. Ha sido un paseo muy lindo. �Podemos hacerlo siempre t�a?, espero que aceptes, no sabes lo bien que la estamos pasando...�
               Estos diarios paseos se efectuaron durante todo el tiempo que permanecimos all�. Mi t�o Jos� se vio librado de esa tarea, pero igual, siempre paraba ocupado. En silencio, con la cabeza gacha, masticando su coca trabajaba de sol a sol. �Alg�n d�a le arrancar�amos algunas palabras? El tiempo lo dir�a. No hab�a apuro alguno. Logramos hacer muchas amistades, todos los muchachos de nuestra edad se interesaban en conocernos, por eso que ve�amos poco a mi hermano mayor. 
               Alejandro estaba en otras cosas. Paraba todo el d�a en la casa de Lucrecia su linda enamorada. Organizaban bailes, partidas de naipes, rara vez coincid�amos a la hora de almuerzo � de comida. Esto no nos preocupaba. Viv�amos nuestra felicidad aparte. Pasaron los d�as y semanas, mi t�a ten�a raz�n, hab�amos engordado. Su comida era excelente, los postres ni que decir. Prob� el famoso �Jet�n� elaborado con la cabeza de chancho, frijoles y trigo, la "chochoca mingada� una espesa sopa con harina de ma�z y carne de carnero � de chancho, los �cushales" de harina de arvejas � de habas, �mote con chicharrones�, �cuy frito con su picante de papa�, las "cachangas fritas � al tiesto� que se com�an especialmente cuando mol�an caf� y lo pasaban, el "estofado de gallina� remojado con su chicha de aloja, �quesillo con miel�, la �chancaca batida con man�,  el "dulce huarapo de ca�a� e infinidad de frutas como  limas, naranjas, chirimoyas, n�speros y guabos.
                En una oportunidad lleg� a la casa un personaje muy singular. Vest�a traje de cazador, con casco y polainas. Ven�a del valle de Condebamba de paso a Cajamarca. Mi t�a nos mand� llamar y al ingresar a la habitaci�n conocimos al famoso t�o Segundo Llaque. Despu�s de un efusivo abrazo nos explicaba que se hab�a detenido para tener noticias nuestras e informarle al padre de nosotros. Una vez al mes realizaba ese viaje para acudir a la gallera y jugar sus gallos de navaja. Prometi� que a su regreso nos recoger�a para llevarnos a su hacienda. No era posible que estando tan cerca a�n no lo hayamos visitado: �Yo soy su t�o", nos indicaba,
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