Reglas Generales
REGLAS
GENERALES:
Si la persona que va a brindar los primeros auxilios se muestra tranquila, ayuda a la víctima a disipar sus temores, e incluso el pánico. Así, aunque haya gravedad, no se aumenta la severidad del problema.
Por otra parte, al permanecer serenos, ordenamos mejor nuestras ideas y actuamos mejor.
Esto
es importante porque en muchas ocasiones no basta con sospechar o con calcular
de antemano la lesión existente. Por ejemplo, si una persona tiene algún
objeto clavado, o si algún cuerpo extraño sobresale, sabemos que hay heridas;
si hay deformidad en los miembros, se piensa en una fractura o en una luxación.
Pero puede haber muchas lesiones que no son aparentes.
Lo
primero que hay que verificar es si la víctima está consciente. La
persona que va a brindar los primeros auxilios debe colocarse cerca de la víctima.
Se hinca sobre la rodilla izquierda y coloca el pie derecho sobre el suelo (o
viceversa), de tal manera que sus piernas formen un ángulo de 90 grados; de
esta manera se protege al paciente en caso de que algún curioso empuje. Debe
procurar que la víctima lo escuche, y se identifica: Soy... mirándole a los
ojos, y le pregunta con voz firme pero inspirando confianza: ¿Puedo ayudarle en
algo?
Si
está consciente, se le pregunta su nombre para inspirar confianza y qué le
sucedió. Así también se percata acerca de la existencia de confusión o
desorientación.
Si la víctima está consciente y no hay hemorragia profusa, se procede a
revisar el resto del cuerpo; pero si está inconsciente, sin pulso ni respiración
se debe aplicar de inmediato el ABC que se tratará posteriormente.
Una vez que se han solucionado los problemas cardíaco y respiratorio, se
revisa si existe hemorragia.
El color de
la piel puede proporcionar datos importantes: si es rojo cereza, indica
intoxicación con monóxido de carbono; la piel azulada sugiere asfixia, falta
de oxígeno, ataque cardíaco o envenenamiento, y el color amarillo indica
enfermedad hepática.
De ser posible se toman los signos vitales (tensión arterial, pulso y
respiraciones). La tensión arterial va de 110/60 hasta 130/90; el pulso es de
60 a 80 por minuto, y las respiraciones de 16 a 20 por minuto. La temperatura
normal es de 36.5 a 37 grados centígrados.
Se revisa la piel: si está fría o caliente y su grado de humedad y
sequedad.
El cráneo puede tener heridas, pero hay que tener cuidado de no mover la
cabeza más de lo necesario, pues si existe alguna lesión en la médula
espinal, se puede complicar.
Respecto a las pupilas, hay que revisar si son del mismo tamaño.
En
condiciones normales se contraen (se hacen pequeñas) con la luz brillante, y se
dilatan (agrandan) al retirar dicha luz. Hay anisocoria (desigualdad de tamaño)
ante lesiones cerebrales; y ambas se dilatan con la muerte o con algunas
intoxicaciones.
Los párpados son rosados en su superficie interior; si se tira con
suavidad el párpado inferior hacia abajo se facilita su observación.
Examine la nariz y los oídos buscando salida de líquido cerebroespinal
(cefalorraquídeo) o de sangre, que sugieren una posible fractura de cráneo.
Examine con cuidado la boca para ver si está sangrando, si hay algún
cuerpo extraño, algún diente desprendido, alguna quemadura por tóxico o para
detectar algún olor especial: alcohol, gasolina, líquidos limpiadores, etc. Si
se detecta olor a frutas o acetona, puede sospecharse de diabetes.
El cuello se puede descubrir con cuidado para examinarlo: se palpa con
cuidado buscando dolor, irregularidades o asimetría.
La columna vertebral debe revisarse con mucho cuidado para evitar daños
irreversibles; por ejemplo, una vértebra fracturada puede seccionar la médula
espinal.
En cuanto al tórax y el abdomen, si se sospecha de alguna herida, hay que
tratar de descoser la ropa para examinar; entonces se busca la presencia de
dolor o hemorragias.
Las extremidades también se revisan con cuidado buscando deformidades,
hemorragias o aumentos de volumen.
Quienes además de viciar el
ambiente pueden inquietar a la víctima con sus comentarios.
Por ejemplo, si se encuentra en
estado de shock, o choque, debe permanecer en decúbito dorsal (acostado sobre
la espalda) con la cabeza un poco más baja que el resto del cuerpo. En cambio,
si tiene dificultad para respirar y no tiene problemas en la columna vertebral,
se le puede colocar en posición semisentada o sentada.
Pero teniendo cuidado de evitar
lesiones. Por ejemplo, si hay fracturas en el brazo y tiene sudadera, es
preferible descoserla que pretender quitársela por arriba.
LO QUE NO SE DEBE HACER:
-
Abandonar a un accidentado o
a la persona que sufra una enfermedad repentina.
-
Dejar en la boca alimentos, dientes postizos sueltos, chicles, dulces,
etc., en una persona que ha perdido el conocimiento. Tampoco se debe intentar
administrarle líquidos o sólidos por la boca.
-
Tocar las heridas con las
manos sucias (a menos que haya una hemorragia muy abundante) o aplicar sobre las
quemaduras sustancias tales como tinta, pasta de dientes, etcétera.
-
Tratar de acomodar los
huesos cuando hay fractura o luxación.
-
Mover a una persona con
fractura antes de inmovilizar el sitio afectado (a menos que la vida corra
peligro).
-
Exponer la vida. La
persona que brinda los primeros auxilios debe pensar en conservar su vida,
evitando así ser una víctima más.
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