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Es una de las actrices más potentes de teatro y TV,
donde ha encarnado complejos personajes. Tras dejar huella en el cine, ahora abordará la
Blanche Dubois de Un tramvia anomenat Desig, de Tennessee Williams.
Emma VILARASAU : "La Blanche Dubois del
2000 iría tirando a base de pastillas"
GONZALO PEREZ DE OLAGUER
Barcelona
Emma
Vilarasau, una de las mejores actrices del teatro catalán, será Blanche Dubois en Un
tramvia anomenat Desig , de Tennessee Williams, que se estrena el próximo miércoles
en el Teatre Romea, dirigida por Manel Dueso. Un personaje difícil, atormentado,
solitario y sensual; un reto, siempre, para una actriz.
-- Blanche es carne de psiquiatra?
--No, en absoluto. Es una mujer que vive muy sola, una mujer hipersensible que entra en una edad difícil para nosotras, cargada de problemas personales. Este tipo de personas, si no han sido educadas para poder asimilar las frustraciones de cada día, caen fácilmente por la pendiente en que cae Blanche. Pero hoy hay muchas personas que están tan mal como ella y van a trabajar cada día, con sus problemas a cuestas, claro. La Blanche del 2000 iría tirando a base de pastillas pero no la encerrarían nunca. A esta tipología de mujer quiero llevar mi Blanche.
--Haga otra reflexión que cobre actualidad en esta obra de Tennessee Williams.
--La incomprensión. Williams sitúa en escena a personas que son incapaces de ver al otro como realmente es. Lo ven a través de sus propios miedos, inseguridades y frustraciones. Y así nunca es posible establecer una comunicación.
--Marlon Brando en el cine interpretó el personaje de Stanley y Vivien Leigh el suyo. Estas interpretaciones se le aparecen como fantasmas?
--Ni Marc Martínez ni yo hemos tenido en cuenta la película de Elia Kazan, porque hemos trabajado con el texto original. Vivien Leigh trabajó el personaje hace 50 años y desde otras formas de interpretar. Yo lo encaro desde la vida, desde el deseo y no desde la muerte. Blanche lo dice muy claro: lo contrario de la muerte es el deseo. Estoy segura de que hoy hay muchas personas que conviven con su soledad y sus problemas.
-- La creación de un personaje es un proceso atractivo?
--Para mí, apasionante. A Blanche la he ido descubriendo un poco más cada día, a medida que la obra propuesta por el director iba creciendo. Es a lo largo de ese proceso precisamente cuando vas incorporando los matices del personaje. También ocurre luego, en las representaciones, pero repetir la misma función es arriesgado. La gente no puede imaginarse el esfuerzo que supone hacer cada día la misma función y que siempre parezca que se hace por primera vez.
--Usted ha sido una actriz prácticamente fija del Lliure durante varios años, desde 1983. Fabià Puigserver, Lluís Pasqual, Anna Lizaran y Lluís Homar son otros cuatro nombres del teatro de Gràcia que han estado íntimamente ligados a su carrera. Qué significó para usted el Lliure?
--Una etapa para aprender, en un momento en que tenía muchas ganas de saber. Y además, un tiempo en que mamé el sello Lliure, que es el de la simplicidad y limpieza a la hora de trabajar. Como dice Mamet, el actor debe hacer lo justo y necesario.
-- Cómo cree que será el nuevo Lliure?
--Pasqual, un director que no podemos perder, no habla de repetir el modelo Lliure en el Palau de l'Agricultura. Es impensable, de entrada, porque se pasa de una sala muy pequeña a otra muy grande. Lluís es un creador y ahora defiende otro proyecto. No se trata, pues, de repetir uno que muere en el teatro de Gràcia.
--Usted ha interpretado obras de Shakespeare, Molière, Koltés, Gorki y Goldoni, entre otros autores importantes. Hay algún otro que quisiera hacer?
--Mi gran asignatura pendiente es Chéjov, del que no he hecho nada y hace tiempo sueño con poder interpretar. Tenía que hacer L'hort dels cireres , con Lluís Pasqual, pero una serie de televisión me lo impidió. Espero volver a tener una nueva oportunidad en el futuro.
El director de la obra se inspira en su infancia para entender a los personajes
G. P. P
Barcelona
Manel Dueso afronta el reto que siempre supone montar una obra del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams. Actor, autor y director, le gusta trabajar a fondo la actitud personal de los actores. "Han de vomitar su estado de ánimo", comenta, haciendo referencia a Un tramvia anomenat Desig . Una obra, opina, de la que se habla mucho pero pocos conocen.
Al director, su infancia, las imágenes en su casa de emigrantes, la estrechez de la vivienda, el calor y la vida en la calle le han servido como punto de partida para comprender a estos personajes. "Recuerdo la necesidad de crecer que teníamos todos, el deseo de crear un futuro, de ser alguien. La palabra deseo me golpea ahora", explica Dueso.
El erotismo que aparece en el texto y las situaciones de fuerte sensualidad que viven los personajes vienen dadas, observa el director, por la propia historia que se explica. "Williams dice que no es una obra de buenos y malos, y que no hay malicia en los personajes. Tiene razón --señala Dueso--, y eso se descubre metiéndote en la piel de todos y cada uno de ellos".
Defiende la actualidad de la obra, que desde su estreno en Broadway en septiembre de 1947 ha tenido más de 20.000 montajes. "Su eterna actualidad pasa por el hecho de que sus personajes son de carne y hueso y su historia está cargada de emoción", dice el director, quien elogia la traducción al catalán de Joan Sellent, traductor de las versiones cinematográficas Molt soroll per no res y Thelma i Louise .
Manel Dueso, que habla de la "hermosa poética de este texto" hace uso de la metáfora para analizar el título de la obra. Un tranvía: la ilusión del viaje. El deseo: la necesidad más íntima e imprescindible. Un tramvia anomenat Desig : la ilusión del viaje más íntimo e imprescindible de la persona: la vida.