A
estas alturas, uno ya no sabe que pensar sobre este nuevo tipo
de guerra de atentados que está tan de moda, que no es solo un
fenómeno mediático post torres gemelas. Ya era bastante
terrible que a principios del siglo XX emergieran nuevas
estrategias de guerra que involucraran ataques a civiles. Y sin
embargo, ahora nos encontramos en una especie de gran guerra
paranoica en la que el campo de batalla se extrapola y se
convierte en un factor fantasma. Es una guerra a traición.
Luego
del llamado 11-S, Estados Unidos asimiló la tragedia de esta
nueva guerra de la forma más cobarde y paranoica posible.
Cambiaron su forma de vida, decretándose no un estado de
guerra, sino algo así como un estado de trinchera, en el cual
la batalla podría suceder en cualquier momento y en el cual había
dos tipos de personas: los que estaban de tu lado y los que
estaban del otro. A unos los salvabas y los otros los matabas. Y
el mundo, en particular medio-oriente, se convirtió en una
trinchera.
La
manifestación en España al día siguiente del llamado 11-M es
una reacción que trasgrede absolutamente el comportamiento
estadounidense frente a este nuevo tipo de guerra. A alguien
escuche decir que era un absurdo realizar las protestas al día
siguiente del atentado porque era como mostrarle la mano al
lobo: más bombas podrían caer en cualquier minuto. Sin duda,
esto es lo que hicieron los norteamericanos luego del 11-S: se
arratonaron.
El
impresionante gesto de todo el pueblo español, que salió a la
calle olvidando las históricas rencillas internas entre sus
reinos, es un golpe a la cátedra norteamericana sobre cómo
entender el terrorismo. Fue, de principio a fin, un acto de
valentía. Aznar dijo, pocas horas después de las explosiones,
que “el pueblo español no tiene miedo de los terroristas”.
Pues es verdad; en la última mitad de siglo han convivido con
el miedo y el terror, y es España, en occidente, el pueblo que
más sabe de terrorismo. Ahora, recordemos que, en su momento,
Aznar hizo uso poco democrático de su poder como mandatario y
mandó tropas Irak sin la aprobación de su pueblo. Ahora el
pueblo le cobra la palabra y levanta la voz, fervientemente y
con valentía, y pide lo que fue negado: algo de paz y
democracia.
Es
cierto que aún queda mucho camino por recorrer en cuanto a
combatir el terrorismo se refiere, pero lo que ocurre en España
es un primer paso. Yo no creo mucho en la democracia, ya que ha
decepcionado a mucha gente, pero el cambio de mando español fue
realmente democrático. Es muy posible que en las próximas
elecciones en Estados Unidos el pueblo pida la cabeza de Bush
por los errores cometidos en el pasado. Quizás son estos
cambios de mando lo que necesita en este momento la débil
convivencia internacional, de tal forma que sea posible el
acuerdo armónico entre las naciones para resguardar la
seguridad de los ciudadanos alrededor del mundo. Es una lástima,
eso sí, que siempre tengamos que aprender de nuestros errores.