Santiago de Chile, /  

Martes, 23 de Marzo de 2004

La Cátedra Española

Tobías Palma Stade (colaboración para SQC)

A estas alturas, uno ya no sabe que pensar sobre este nuevo tipo de guerra de atentados que está tan de moda, que no es solo un fenómeno mediático post torres gemelas. Ya era bastante terrible que a principios del siglo XX emergieran nuevas estrategias de guerra que involucraran ataques a civiles. Y sin embargo, ahora nos encontramos en una especie de gran guerra paranoica en la que el campo de batalla se extrapola y se convierte en un factor fantasma. Es una guerra a traición.

Luego del llamado 11-S, Estados Unidos asimiló la tragedia de esta nueva guerra de la forma más cobarde y paranoica posible. Cambiaron su forma de vida, decretándose no un estado de guerra, sino algo así como un estado de trinchera, en el cual la batalla podría suceder en cualquier momento y en el cual había dos tipos de personas: los que estaban de tu lado y los que estaban del otro. A unos los salvabas y los otros los matabas. Y el mundo, en particular medio-oriente, se convirtió en una trinchera.

La manifestación en España al día siguiente del llamado 11-M es una reacción que trasgrede absolutamente el comportamiento estadounidense frente a este nuevo tipo de guerra. A alguien escuche decir que era un absurdo realizar las protestas al día siguiente del atentado porque era como mostrarle la mano al lobo: más bombas podrían caer en cualquier minuto. Sin duda, esto es lo que hicieron los norteamericanos luego del 11-S: se arratonaron.

El impresionante gesto de todo el pueblo español, que salió a la calle olvidando las históricas rencillas internas entre sus reinos, es un golpe a la cátedra norteamericana sobre cómo entender el terrorismo. Fue, de principio a fin, un acto de valentía. Aznar dijo, pocas horas después de las explosiones, que “el pueblo español no tiene miedo de los terroristas”. Pues es verdad; en la última mitad de siglo han convivido con el miedo y el terror, y es España, en occidente, el pueblo que más sabe de terrorismo. Ahora, recordemos que, en su momento, Aznar hizo uso poco democrático de su poder como mandatario y mandó tropas Irak sin la aprobación de su pueblo. Ahora el pueblo le cobra la palabra y levanta la voz, fervientemente y con valentía, y pide lo que fue negado: algo de paz y democracia.

Es cierto que aún queda mucho camino por recorrer en cuanto a combatir el terrorismo se refiere, pero lo que ocurre en España es un primer paso. Yo no creo mucho en la democracia, ya que ha decepcionado a mucha gente, pero el cambio de mando español fue realmente democrático. Es muy posible que en las próximas elecciones en Estados Unidos el pueblo pida la cabeza de Bush por los errores cometidos en el pasado. Quizás son estos cambios de mando lo que necesita en este momento la débil convivencia internacional, de tal forma que sea posible el acuerdo armónico entre las naciones para resguardar la seguridad de los ciudadanos alrededor del mundo. Es una lástima, eso sí, que siempre tengamos que aprender de nuestros errores.


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