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Iba
a comenzar esta columna con una de las fórmulas más comunes cuando
uno no desea dar a conocer sus verdaderas intenciones al escribir:
"No sé por qué estoy escribiendo esto". Habría
sido hermoso, poético, especial. Pero habría faltado a la
verdad. Sé perfectamente por qué estoy haciendo esto.
Porque me conmovieron los ojos de Amaro Gómez-Pablos. Porque
una noche de lunes me sorprendí haciendo zapping y encontré a un
hombre que agradece a la vida y emociona con su testimonio.
Porque es una muestra de esperanza para nosotros.
"Las
vueltas de la vida" es el nombre de un programa conducido por
Fernando Villegas en Chilevisión. En cada capítulo, Villegas
entrevista a un personaje que muestre las dos caras de nuestra
existencia, a través de sus logros y de sus pesares. Este
lunes fue el turno de Amaro. Y la postal de inicio ya fue
hermosa: ambos estban sentados en unos roqueríos, mirando al
horizonte. Hablando de Pilar.
Pilar
es la esposa de Amaro. Digo es, aunque hace ya un año que
falleció, después de una larga batalla contra el cáncer.
Pero su presencia inunda toda la escena, y parece concentrarse en un
punto: los ojos del conductor de noticias, que no puede evitar
mostrarse enamorado hasta su más íntima fibra.
Y
eso fue lo que me llamó la atención, y que me hizo escribir estas
líneas. Brindo por ti, Amaro. Porque tu mirada me
revela mucho. Es la mirada de aquél que encontró en la vida
a su complemento, a un ser que es perfecto para uno. Al fin y
al cabo, ¿qué es la vida sin esa búsqueda de alguien maravilloso
que sea capaz de remecerte, de dejarte con los ojos brillantes no de
pena, sino de alegría, de esperanza, de cariño? Brindo por
ese amor que demuestras en cada gesto, en cada pensamiento, en cada
segundo en que la evocas. Porque, de alguna manera que yo no
puedo comprender, entendiste que lo importante fue haber tenido la
posibilidad de conocer a esa persona mágica, y no lamentarse por
haberla perdido tan rápidamente, como sería lógico.
Amaro,
brindo por Pilar. Por tu amor. Y brindo por todos
aquellos que seguimos en la búsqueda de ese alguien. Ojalá
sea tan especial, tan mágico y tan único como para ser capaz de
remecer con ese amor a otros seres que no tienen nada que ver con
esa historia. Como yo, que no pude evitar escribirte esta
columna a tu salud.
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