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La
semana estuvo rara. Tanto por las impresiones que me causaron las
respuestas de Gonzalo en “Las 22”
(qué tipo más extraño, tiene una fijación con Garfield,
aunque sé que compartimos una experiencia en común) como por haber
aceptado una invitación a pintar el mono en un mall de mi comuna.
Debo reconocer que me deprimió la sobreoferta de cosas que no me
interesaban. Me extraño, por cierto, ver a personas de mi edad con
poleras de Harry Potter.
Tampoco
sentí que estuviera en un lugar público. Al contrario, los malls
son privados y con fines de lucro. Digamos que son un buen lugar
para matar un par de pájaros de un tiro. Aunque si de matar el
tiempo se trata, sin duda hay maneras mas dignas de hacerlo.
En
eso estaba cuando mi amiga Catalina me comentó acerca de una página
web que conoció a través de un amigo en su universidad:
www.despiertachile.cl. “Mira
esta página, es muy freak. La vas a encontrar, a lo menos,
curiosa”, me dijo. Quise preguntar de qué trataba, pero no lo
hice. Tal vez, porque en ese momento estaba más preocupado de
encontrar la salida del mall que de oír lo que me decía la Cata,
quien -por cierto- tenía razón.
La
famosa página se trata, nada más ni nada menos, que de la
fundamentalista ultraderecha chilena, con interesantes (y curiosas)
defensas de la obra del “salvador de la patria” y con
ridiculizaciones extremas a la Concertación y al gobierno del
presidente Salvador Allende. Fue inevitable no pensar en Paty
Maldonado.
Luego
de mi sorpresa inicial, comencé a indagar con más profundidad en
sus contenidos. Pude notar, por ejemplo, que existía un link de
“Nueva Fuerza Nacional”, foros y concursos. Fue precisamente ahí
donde decidí meterme. Debía responder un odioso y manipulado
cuestionario a favor de Pinochet, cosa que evidentemente hice.
Aunque no va a faltar el pastel que va a decir que traiciono mis
principios, que soy fascista o alguna pendejada de esas. Les
respondo: ¿acaso soy nazi por leer “Mi lucha”?, ¿si uso un
calzoncillo en la cabeza soy poto?. Cuando terminé, dejé mi
nombre, un comentario y finalmente envié los datos.
Para
mi sorpresa (y realmente fue una sorpresa, considerando que nunca
gané algo antes en mi vida) me informaban a través del correo
electrónico que yo era uno de los “afortunados ganadores” del
concurso. El premio era una botella de vino tinto Cabernet
Sauvignon, con la cara del Pinochet y con la frase “valoremos su
legado”. Debía ir a buscarlo en los siguientes días a la sede
del partido Nueva Fuerza Nacional, en la calle Compañía 1263.
Un
frío de muerte recorrió mi cuerpo cuando estuve a punto de
ingresar al recinto, pero se fue rápido. Yo lo había imaginado
distinto, más emocionante, un par de milicos con fusil en mano en
la puerta o algo por estilo. Pero nada, a lo más un sordo portero
que me indicó por dónde debía ir. Me sentía casi como un espía.
La
entrada era grande para lo pequeño de la oficina. Dos señoras con
pinta de haber ido a Inglaterra el ‘98 me esperaban. “Me permite
su carné, por favor”. Ella estaba ahí, esperándome, envuelta en
una bolsa café de papel con mi nombre colgado. Los otros ganadores
ya habían ido a retirar su premio. Yo era el último.
Cuando
llegué a mi casa, la sensación de tomar ese vino también fue
extraña. Pensaba en la dictadura, en los detenidos desaparecidos,
en el discurso de Faride Zerán y sentía una extraña culpa. Pero
eran puras huevadas: tomé una copa y brindé con mi padre. Total,
es sólo vino.
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