Santiago de Chile, /  

Viernes, 23 de Abril de 2004

El premio de mi vida

Nunca en mi vida gané nada. Cuando por primera vez lo logro, el premio es -nada más ni nada menos- que una botella de vino tinto Cabernet Sauvignon con la cara de Pinochet y el lema “valoremos su legado”. Qué irónica es la vida.

por JULIO ARGOMEDO (colaboración con SQC)

 

La semana estuvo rara. Tanto por las impresiones que me causaron las respuestas de Gonzalo en “Las 22”  (qué tipo más extraño, tiene una fijación con Garfield, aunque sé que compartimos una experiencia en común) como por haber aceptado una invitación a pintar el mono en un mall de mi comuna. Debo reconocer que me deprimió la sobreoferta de cosas que no me interesaban. Me extraño, por cierto, ver a personas de mi edad con poleras de Harry Potter.

Tampoco sentí que estuviera en un lugar público. Al contrario, los malls son privados y con fines de lucro. Digamos que son un buen lugar para matar un par de pájaros de un tiro. Aunque si de matar el tiempo se trata, sin duda hay maneras mas dignas de hacerlo.

En eso estaba cuando mi amiga Catalina me comentó acerca de una página web que conoció a través de un amigo en su universidad: www.despiertachile.cl.  “Mira esta página, es muy freak. La vas a encontrar, a lo menos, curiosa”, me dijo. Quise preguntar de qué trataba, pero no lo hice. Tal vez, porque en ese momento estaba más preocupado de encontrar la salida del mall que de oír lo que me decía la Cata, quien -por cierto- tenía razón.

La famosa página se trata, nada más ni nada menos, que de la fundamentalista ultraderecha chilena, con interesantes (y curiosas) defensas de la obra del “salvador de la patria” y con ridiculizaciones extremas a la Concertación y al gobierno del presidente Salvador Allende. Fue inevitable no pensar en Paty Maldonado.

Luego de mi sorpresa inicial, comencé a indagar con más profundidad en sus contenidos. Pude notar, por ejemplo, que existía un link de “Nueva Fuerza Nacional”, foros y concursos. Fue precisamente ahí donde decidí meterme. Debía responder un odioso y manipulado cuestionario a favor de Pinochet, cosa que evidentemente hice. Aunque no va a faltar el pastel que va a decir que traiciono mis principios, que soy fascista o alguna pendejada de esas. Les respondo: ¿acaso soy nazi por leer “Mi lucha”?, ¿si uso un calzoncillo en la cabeza soy poto?. Cuando terminé, dejé mi nombre, un comentario y finalmente envié los datos.

Para mi sorpresa (y realmente fue una sorpresa, considerando que nunca gané algo antes en mi vida) me informaban a través del correo electrónico que yo era uno de los “afortunados ganadores” del concurso. El premio era una botella de vino tinto Cabernet Sauvignon, con la cara del Pinochet y con la frase “valoremos su legado”. Debía ir a buscarlo en los siguientes días a la sede del partido Nueva Fuerza Nacional, en la calle Compañía 1263.

Un frío de muerte recorrió mi cuerpo cuando estuve a punto de ingresar al recinto, pero se fue rápido. Yo lo había imaginado distinto, más emocionante, un par de milicos con fusil en mano en la puerta o algo por estilo. Pero nada, a lo más un sordo portero que me indicó por dónde debía ir. Me sentía casi como un espía.

La entrada era grande para lo pequeño de la oficina. Dos señoras con pinta de haber ido a Inglaterra el ‘98 me esperaban. “Me permite su carné, por favor”. Ella estaba ahí, esperándome, envuelta en una bolsa café de papel con mi nombre colgado. Los otros ganadores ya habían ido a retirar su premio. Yo era el último.

Cuando llegué a mi casa, la sensación de tomar ese vino también fue extraña. Pensaba en la dictadura, en los detenidos desaparecidos, en el discurso de Faride Zerán y sentía una extraña culpa. Pero eran puras huevadas: tomé una copa y brindé con mi padre. Total, es sólo vino.

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