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Hace
algunos días mi nombre pasó a engrosar el verdadero
"prontuario" en que se ha convertido la plantilla del
Servicio Electoral. Sí, me hice ciudadano un no tan frío
día jueves por la mañana. Y auqnue sólo me di cuenta del
carácter de mi decisión al salir del recinto donde me inscribí -
es la primera que no podré cambiar a lo largo de mi vida, al menos
hasta que cumpla los 70 años y ya no esté obligado a asistir a
cada elección, o que salga una ley que transforme el voto en
voluntario -, en ningún caso estoy arrepentido. Soy una
persona con derecho a sufragar y eso me hace feliz.
Sin
embargo, ser ciudadano tiene sus complicaciones. Bueno, en
realidad es complicado siempre y cuando uno quiera ejercer ese
derecho como corresponde. Hay que informarse, prepararse -
amén de que a uno le pueda tocar el cacho histórico: ser
vocal de mesa - y, por fin, elegir a quien será mi representante,
que en muchos casos no es el mejor, sino el menos malo. Y es
verdad que se vienen elecciones municipales en octubre, pero la
responsabilidad firme está en la siguiente ocasión. En
diciembre de 2005. En la presidencial.
Parto
diciendo que es una lástima que Lagos tenga que dejar de ser
Presidente: es como tener un papá - gruñón - a cargo del país, y
eso de alguna forma entrega una seguridad. Ricardo Froilán
nació con una banda tricolor terciada al pecho, y nadie en Chile
tiene más aspecto de líder que él. Pero es la democracia, y
es sano que roten las personas, para que no se produzca ese statu
quo que termina por anquilosar a las sociedades.
Entonces,
¿a quién puedo elegir? Noticia de último minuto, señores:
tres encuestas dan por ganadoras a Bachelet y Alvear, las chicas
superpoderosas de la Concertación, en una hipotética contienda
frente a Joaquín Lavín. Así que nadie venga con la excusa
de que la carrera está definida, por ninguno de los dos
lados. Si amas a Juaco, estás en tu derecho de inscribirte
ahora: tu voto puede ser necesario (pero tómatelo con calma,
¿eh?). Y a todos aquellos que decían que no se inscribirían
porque nadie puede vencer a Lavín, les digo lo mismo que señaló
Francisco de la Maza, uno de los... ¿samurai, ronin, loncos? del
presidenciable de la derecha, tratando de hacer frente a estas
últimas novedades: según las encuestas que manejan en su comando,
estaríamos en un escenario de empate técnico. Y Lavín no
superaría el 50% de los votos.
Quizás
la presidencial es la única elección en la que podemos decidir
algo importante, en la que nuestra voz se hace sentir. Todos
sabemos que, por el sistema binominal, es muy difícil que los
"equilibrios" sean rotos en las Cámaras. Pero aquí
un voto es, efectivamente, una ayuda para un proyecto de
país. Y por eso vale la pena hacer el esfuerzo y dirigirse a
los recintos establecidos para votar. Es una oportunidad que
no se repetirá en los próximos seis años.
No
me da lo mismo Lavín que Bachelet. No me da lo mismo Bachelet
que Alvear. Y tampoco me da lo mismo Alvear que Frei, pero, si
no tengo el único poder al que puedo llegar, el del voto, ¿qué
podría hacer? Quiero un cambio en Chile, pero si no voto es
probable que a Chile me lo cambien, y que no sea precisamente el
cambio que yo quiero. Al fin y al cabo, por seis años de
tranquilidad vale la pena levantarse una mañana temprano y pegarse
el plantón. ¿Y por qué no?
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