Santiago de Chile, /  

Martes, 13 de Abril de 2004

¿Y por qué no?

Sebastián Rivas Vargas

Hace algunos días mi nombre pasó a engrosar el verdadero "prontuario" en que se ha convertido la plantilla del Servicio Electoral.  Sí, me hice ciudadano un no tan frío día jueves por la mañana.  Y auqnue sólo me di cuenta del carácter de mi decisión al salir del recinto donde me inscribí - es la primera que no podré cambiar a lo largo de mi vida, al menos hasta que cumpla los 70 años y ya no esté obligado a asistir a cada elección, o que salga una ley que transforme el voto en voluntario -, en ningún caso estoy arrepentido.  Soy una persona con derecho a sufragar y eso me hace feliz.

Sin embargo, ser ciudadano tiene sus complicaciones.  Bueno, en realidad es complicado siempre y cuando uno quiera ejercer ese derecho como corresponde.  Hay que informarse, prepararse - amén de que a uno le pueda tocar el cacho histórico: ser vocal de mesa - y, por fin, elegir a quien será mi representante, que en muchos casos no es el mejor, sino el menos malo.  Y es verdad que se vienen elecciones municipales en octubre, pero la responsabilidad firme está en la siguiente ocasión.  En diciembre de 2005.  En la presidencial.

Parto diciendo que es una lástima que Lagos tenga que dejar de ser Presidente: es como tener un papá - gruñón - a cargo del país, y eso de alguna forma entrega una seguridad.  Ricardo Froilán nació con una banda tricolor terciada al pecho, y nadie en Chile tiene más aspecto de líder que él.  Pero es la democracia, y es sano que roten las personas, para que no se produzca ese statu quo que termina por anquilosar a las sociedades.

Entonces, ¿a quién puedo elegir?  Noticia de último minuto, señores: tres encuestas dan por ganadoras a Bachelet y Alvear, las chicas superpoderosas de la Concertación, en una hipotética contienda frente a Joaquín Lavín.  Así que nadie venga con la excusa de que la carrera está definida, por ninguno de los dos lados.  Si amas a Juaco, estás en tu derecho de inscribirte ahora: tu voto puede ser necesario (pero tómatelo con calma, ¿eh?).  Y a todos aquellos que decían que no se inscribirían porque nadie puede vencer a Lavín, les digo lo mismo que señaló Francisco de la Maza, uno de los... ¿samurai, ronin, loncos? del presidenciable de la derecha, tratando de hacer frente a estas últimas novedades: según las encuestas que manejan en su comando, estaríamos en un escenario de empate técnico.  Y Lavín no superaría el 50% de los votos.

Quizás la presidencial es la única elección en la que podemos decidir algo importante, en la que nuestra voz se hace sentir.  Todos sabemos que, por el sistema binominal, es muy difícil que los "equilibrios" sean rotos en las Cámaras.  Pero aquí un voto es, efectivamente, una ayuda para un proyecto de país.  Y por eso vale la pena hacer el esfuerzo y dirigirse a los recintos establecidos para votar.  Es una oportunidad que no se repetirá en los próximos seis años.

No me da lo mismo Lavín que Bachelet.  No me da lo mismo Bachelet que Alvear.  Y tampoco me da lo mismo Alvear que Frei, pero, si no tengo el único poder al que puedo llegar, el del voto, ¿qué podría hacer?  Quiero un cambio en Chile, pero si no voto es probable que a Chile me lo cambien, y que no sea precisamente el cambio que yo quiero.  Al fin y al cabo, por seis años de tranquilidad vale la pena levantarse una mañana temprano y pegarse el plantón.  ¿Y por qué no?

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