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El
pasado martes 29 de marzo, la mayor parte de los estudiantes del
campus Juan Gómez Millas fuimos testigos de una nueva jornada de
protesta. Por si no lo sabían (al igual que el 98% del campus), ese
día se “conmemora” la muerte de dos hermanos miembros del MIR
en un enfrentamiento con Carabineros, en el año 1985. Es el día
del Joven Combatiente. Ahora saben que por la memoria de dos
personas que no conocieron y que probablemente ninguno de los
manifestantes conoció tenemos que regocijarnos con el gas lacrimógeno
y dar enormes rodeos para poder salir del campus.
Protestar
parece haberse vuelto una costumbre entre algunos universitarios
quienes, asociados en una
multitud de organizaciones (GAP, Armas de la Crítica, MIR, CER y un
largo etcétera), se encargan cada cierto tiempo de llamar a las
masas ignorantes (o sea, nosotros) a sumarse a la lucha contra el
Sistema.
Según
mi punto de vista, una protesta es un medio válido, dentro de un
sistema democrático, para que la ciudadanía exprese su molestia
frente a una situación determinada. Sin embargo, marchar por las
calles, llevando pancartas y gritando por megáfonos es muy distinto
a lanzar cócteles Molotov, romper semáforos y paraderos, quemar
basureros y rayar las paredes con consignas añejas.
Y
estos “compañeros” demuestran su más absoluta ignorancia y
falta de raciocinio. Universitarios que saben leer (a Marx, Bakunin,
Lenin, etc. etc.) pero que no piensan.
Error
en el Fondo
Las
protestas contra “el Sistema” siempre tienen una causa (contra
el estado opresor, la fuerza policial que los reprime, las
autoridades escolares que no tienen plata así que no dan crédito,
los micreros que suben el pasaje escolar en diez pesos, los
capitalistas imperialistas que explotan al pueblo, algún compañero
revolucionario que se echó un ramo por estar tirando piedras en vez
de leyendo, una opresora cáscara de plátano que algún neoliberal
dejó en el piso y que hizo que alguien se sacara la cresta), pero
carecen de fundamento. Mejor dicho, son una soberana huevada. Y eso
es lo que quiero explicar a continuación.
El
sistema debe ser cambiado, dicen. Y como sus tendencias son de
izquierda, presumo que desean que se produzca un éxodo desde la
forma de gobierno actual hacia uno de izquierda. Veamos esta
interesante contradicción. Según los manuales de historia que hay
en la biblioteca de la Escuela, los países que en algún momento
implantaron alguna forma de gobierno socialista (Unión Soviética, Republica
Checa, China, Corea del Norte, Cuba) tienen un nutrido historial de
violaciones a los derechos humanos, represión, policías secretas,
control de los medios de comunicación, destrucción y expropiación
de la propiedad privada. Es decir, nuestros compañeros
manifestantes no podrían hacer lo que ahora hacen. No podrían
tirar piedras, ni leer lo que leen, ni decir lo que dicen, ni pensar
como piensan. Y si trataran de hacerlo irían, en el mejor de los
casos, a un campo de trabajos forzados. En el mejor de los casos,
repito.
Digamos
que si cambiáramos, gente como ellos no habría. El sistema que
critican compra a los disidentes. El sistema que proponen los
tortura y los mata.
Error
en la Forma
Y no
solo están equivocados en el fondo, sino en la forma. Porque son
cobardes. Se esconden dentro del perímetro de la U para evitar que
los arresten. Ocultan sus rostros para no ser identificados. Desde
la protectora seguridad del campus, ni un paso más allá, lanzan
sus gritos de guerra.
Pero aparte de cobardes son huevones. Con sus hondas arrojan piedras
contra los guanacos de carabineros. ¡¡¡PERO SI LOS GUANACOS ESTAN
BLINDADOS!!! ¡¡¡BLINDADOS!!! ¿Qué esperan hacer con una piedra?
Los pacos deben cagarse de la risa dentro, mirándolos acercarse con
sus hondas, tirar una piedra y escapar para que el chorro de agua no
los alcance. Y nótese que se celebran entre ellos cuando un hondazo
toca la metálica y súper- protegida superficie del guanaco. Quizás
alguien no lo tiene claro todavía: LOS GUANACOS ESTÁN BLINDADOS.
Son du-ros. D-U-R-O-S. ¿Se entiende ahora sí?
A veces llega uno con una molotov. Y eso sería todo. Al igual que
en la revolución Francesa, la revolución de 1917 en Rusia, los
motines obreros en Europa del Este, la revolución cubana, etc.,
nuestros revolucionarios compañeros nos muestran lo decididos que
están a acabar con el status
quo usando el arma revolucionaria por excelencia: la honda. Nada
de AK-47, nada de dinamita, nada de nada. Es la honda y el pedrusco
lo que identifica una verdadera revolución, compañeros.
¿Por
qué no usan armas de verdad? Si quieren herir o asesinar a un paco
¿porqué no ir con una escopeta hechiza o un revólver? Hacer
explosivos caseros es muy fácil ¿Por qué no usarlos? La respuesta
es muy sencilla: porque no se atreven. Son iguales a los cabros
chicos que llevan una cortapluma al colegio para hacerse los choros.
Alardean sobremanera, pero a la hora de la verdad les da susto hacer
las cosas como se deben. Si van a hacer una protesta, que sea con
una barricada de verdad, no un neumático quemándose que, a lo más,
hace taco. Usen armas
de fuego para que venga el GOPE y los muelan a patadas en la raja.
Para que de una vez por todas la U permita el acceso inmediato de
carabineros dentro del campus. Para que la inmensa mayoría que va a
la U a estudiar pueda hacerlo.
Juntos
Pero no Revueltos: comunistas, socialistas científicos y
socialistas utópicos, anarquistas, trotskistas, leninistas, maoístas,
estalinistas, castristas...
Perdieron
las últimas elecciones de la FECH, simplemente porque no pudieron
ponerse de acuerdo y presentaron 6 listas distintas. Y ahora, aunque
no tienen la presidencia pero si la mayoría en el Pleno, tratan de
menoscabar por todos los medios posibles la acción del actual
presidente. ¿Dónde quedaron las ganas de trabajar por la U? ¿De
avanzar para que todos los estudiantes fuéramos beneficiados? Olvídense
de eso, hay que recuperar la FECH (¿acaso es de propiedad de la
izquierda? ¿La compraron?) y tirar piedras. Eso es lo que importa.
Porque el pueblo (de nuevo nosotros) los necesita.
Para
terminar (que no es lo mismo que acabar, je), una anécdota
personal. El año pasado, en alguna de las muchas protestas que
hubo, le grité a uno de los manifestantes algo parecido a “¿porqué
no te vai a tirar piedras a tu casa, saco de h…?”. El tipo
me gritó que yo no tenía idea de nada, que protestaban por un
compañero golpeado por la represión. Que los periodistas estábamos
vendidos al sistema y manteníamos engañado al pueblo, que era un
hijito de papá, que era nazi, que me iban a sacar la cresta
y muchas otras cosas que no recuerdo.
Lo
que me llama la atención de la reacción del tipo fue que el mismo
derecho a manifestarse que alegan me era negado por ellos mismos.
Son tan cuadrados como un dado y su amplio campo visual semeja al de
un caballo, que sólo puede mirar hacia delante, porque las
anteojeras no le dejan ver.
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