Tengo
en mis manos uno de estos pasquines que se reparten habitualmente
en la universidad; específicamente, en la carrera en la que me
recibí. Y justo el día que fui, llego temprano para solucionar
un problema lingüístico que me iba a aconsejar mi querido
maestro, el Tata. Subiendo las escaleras estaba cuando un grupo de
inadaptados, esos imbéciles de siempre, comienzan a dirigirse
como ratas sueltas de laboratorio lanzando cuanta sarta de gritos
y papeles.
Precisamente,
uno de esos papelitos me digné a recoger y me encuentro con un
mensaje sumamente anormal y absurdo. De partida, estaba lleno de
faltas de ortografía; si es que eso es el nombre correcto para
llamar a las numerosas equis que reemplazaban a las vocales, lo
cual parece un ejemplo digno de analfabetismo.
Y
comienzo a leer esta porquería para darme cuenta de está llena
de una arrogancia bonvalletiana,
desconsiderada hasta de sus madres que les amamantaron para estar
escribiendo esas mugres. ¿Quién les dio el derecho y la
autorización para proclamarse paladines de la justicia? ¿O acaso
yo me debo a su fétido desenlace para escoger el sistema de vida
que quiero llevar?
¡Más
encima, la plasta que redactó el papelito este es el fiel reflejo
de la propia contradicción en la que están metidos!
Textualmente, cito: “no somos lxs
curaos ni lxs violentxs,
(...) no somos lxs inconsecuentes ni miedosxs
que se tapan el rostro para actuar” (y perdonen por no poner
“SIC” a cada rato). ¡Si sólo bastaba mirar por la ventana y
darse cuenta que todo el tropel de inmundicias estaba con pañuelos
en la cara, tirando piedras y bombas molotov tras bloquear la
calle!
¿Acaso
eso no tiene otro nombre más que violencia? ¿Acaso eso no tiene
otro nombre más que inconsecuencia? ¿Acaso estaban tapados con
tul para que se les viera el hocico, al menos? Resulta, cabezas de
coliformes fecales, que por su culpa,
centenares de estudiantes inocentes tuvieron que pagar los platos
rotos a costa del sollozo de sus ojos y la tos constante. Más aún,
la población residente cercana a la facultad veía resignadamente
cómo un montón de escorias les rompía los jardines y el
paradero de micro.
Lo
mínimo que pueden hacer, después de provocar destrozos a la
propiedad pública y privada, es reponer todo lo roto. Pero no, cómo
van a hacer eso los perlas, si ellos creen que los carabineros son
sustentados por el Imperio Otomano, los jardines crecen después
de comer zanahorias con papas y el tóxico de las lacrimógenas
posee higiene de secano. ¡Papanatas!
Si, al menos, tuviesen la conciencia del tamaño de una de sus piedrecitas,
deberían darse cuenta que el pueblo
-que tanto dicen defender- es quien paga todas sus embarraditas a
costa del sacrificio laboral.
Babiecas
escasas de ácido desoxirribonucleico: pensándolo bien, al final
de su ordinario mensaje, hay algo cierto.
Dice: “Hacemos un llamado a todxs
lxs que sienten rabia contra toda esta
mierda...”. Realmente, tomo esas palabras en contra de ustedes,
ya que hay muchos como yo que piensan que lo mejor para vuestro
futuro es dedicarse a lo que realmente deben venir a la
universidad: A ESTUDIAR. A eso y a no seguir promulgando sus
estupideces, miren que lo del lunes 29 fue, sencillamente, UNA
VER-GÜENZA.
Buenó...