|
Primero que todo, me
es menester sostener que me es obligatoriamente moral escribir sobre
lo que más me apasiona, lo que espero con mucha impaciencia cada fin
de semana, lo que es pasión de multitudes: mi amor por Rangers y la
camiseta rojinegra. Más aún es obligatorio hacerlo debido a que un
ciudadano iquiqueño se jactó de su equipo que existió hasta el año
2002: Deportes Iquique. Sin embargo, hoy se declara colocolino. Así
cualquiera...
Pero no voy a
descalificar a otros “hinchas”. Ser verdadero hincha es estar con
el equipo en las buenas y en las malas. Con mi amado equipo Rangers
me ha tocado vivir de todo. Experiencias malignas y nefastas como el
equipo del año 1994 con una manga de borrachos que nos llevaron a la
segunda división (Entre ellos Mario “Chispa” Cruz, Dema, Valdir
Pereira, etc), así como también experiencias lindas con aquel equipo
del 2002, el del centenario. Con un aguerrido Nicolás Peric, con un
jugado y excelente Gustavo Semino, la magia de Marcio Dos Santos, la
velocidad de Luis Díaz, la potencia de Mauricio Risso y la
experiencia de Rubén “Camión” Vallejos. Un equipo denominado como
los “matagigantes” que sólo pudo ser superado por una burguesa,
capitalista y poderosa Universidad Católica en la final. Fue la
época en que la capital provincial del fútbol fue Talca, ante la
envidia de otras ciudades.
La camiseta rojinegra
es como un smoking para un novio apunto de contraer matrimonio. Mi
primera rojinegra, marca Puma, la tuve a los 14 años. No es que
antes no haya querido tenerla, sino que había que juntar el dinero
(que no era poco) para adquirirla. Pero el día que la tuve fue uno
de los más felices. Recuerdo que recién a la semana dejé de usarla
para mandarla directa a la lavadora. Esa camiseta fue la primera de
tres que tengo. Van mejorando los diseños pero el escudo con la “R”
del medio sigue teniendo un aura mágico, el que enamora a todo
ranguerino de corazón.
Un bombo y un tambor
sonaban en el Fiscal de Talca cuando fui por primera vez a un
estadio. Me parece que Rangers jugaba con Arica, O´higgins o Iquique
(QEPD). Lo único que recuerdo era que en la cancha habían once
rojinegros y once celestes. La verdad es que no recuerdo el
resultado. El primer resultado que recuerdo (Que coincidió con mi
segundo partido de mi vida en el Fiscal) fue un triunfo de Rangers 2
a 1 contra Unión La Calera, vistoria que permitió ascender a la
primera división al equipo local en noviembre de 1993. Los goles
ranguerinos los anotaron Patricio Peralta y Héctor Avilés, mientras
que el descuento cementero lo hizo el argentino Claudio Valz.
De ahí en adelante el
estadio Fiscal se convirtió en mi segunda casa. La planificación
acerca las actividades semanales se programaban en función de las
fechas en que Rangers jugaba de local: los viajes, los trámites, los
asados con los amigos, etc.
Al mejor jugador que
he visto pisar el Fiscal vistiendo la rojinegra fue el gran Gustavo
Adrián Semino. Argentino, proveniente de Atlético de Rafaela con
pasado en Platense y Unión de Santa Fe, de un metro ochenta de
estatura y pelo corto, se ganó el cariño de los hinchas merced a su
grandes condiciones dentro de la cancha. Era un jugadorazo: llegaba
constantemente al gol ya sea de cabeza, definiendo frente al
arquero, de tiro libre o desde el punto penal. Nada del otro mundo
si no fuera que Gustavo Semino es líbero, el león del fondo de la
cancha, el que era capaz de ir a trancar al suelo con su cabeza.
Incluso, en un partido válido por la Copa pre-Sudamericana –invento
de “Don Choco”- le atajó un penal al rancagüino Claudio Videla, tras
la expulsión del arquero titular Nicolás Peric (Otro grande del
club)
Como para refrescar la
memoria histórica, Rangers logró la clasificación a la Copa
Libertadores de América en 1969 como subcampeón del Torneo Oficial
detrás de Universidad de Chile. Aquel equipo era conocido como “el
de las B”: Rodolfo Begorre, Thomas Beckjec, Onofre Barreto, Eladio
Benítez, Luis Briones.
La participación en
Copa Libertadores no fue buena, es cierto. Sólo se logró un triunfo
por dos goles a cero ante América de Cali en Talca. Se empató a
cuatro goles contra Olimpia de Paraguay en Santiago. Se obtuvieron
apenas tres puntos. No obstante, el recuerdo de aquellos años
sesenta han sido lo más importante en una centenaria institución.
En 1983 el Fiscal
reventaba cada fin de semana. Era el llamado “Equipo del pueblo” el
que convocaba sobre las vente mil personas semana tras semana.
Algunos elementos eran Antonio Muñoz, Atilio Herrera (el “Tigre”,
que venía de Colo Colo, Palestino, Iquique, etc), Juan Carlos
Hernández (El “pera”, seleccionado Chileno), Santiago Oñate, Juan
Ubilla, Hugo Solís, Pablo Prieto (Actual Diputado de la República,
capitán de aquel equipo y seleccionado nacional), Víctor Estay,
Eduardo “Matute” Fabre, José “Coto” Acevedo, el brasileño Rubens
Nicola, Mario Espinoza, Luis González, el trasandino Juan Raúl
Meglio, entre muchos otros. No fue un equipo que ganó copas ni logró
clasificaciones, pero era el que atraía al pueblo rojinegro gracias
a su entrega dentro de la cancha y al fútbol siempre ofensivo
desplegado por estos gladiadores.
Como pueden ver, mi
amor por la enseña rojinegra no es gratuito. Es algo que me
representa, incluso los hitos que no viví. Mejor dicho, los viví en
la leyenda contada por mis antepasados tan fanáticos y locos por
Rangers. De esas leyendas conocí a un Angel Amadeo Labruna, los
goles de Héctor Scandolli (Goleador de Rangers y del fútbol chileno
en 1965 con 25 goles), las anécdotas de Juan Cortés, Arturo Rodenack,
Walter Behrends, la “chancha voladora” Luis Carrizo y el record
histórico de goles marcados por un ranguerino: el de Juan Soto Mura
(“el niño gol”, que convirtió 82 goles vistiendo la rojinegra)
En este momento espero ansioso un
viaje a Valparaíso programado para el domingo, ocasión en que se
enfrentarán el local Santiago Wanderers y mi amado Rangers. Espero
el fin de semana para ver mojar la camiseta a los que nos defienden
dentro de la cancha. Ansioso dirijo la mirada a la camiseta
rojinegra que cuelga en el closet. Sé que tiene que estar lista y
dispuesta para gritar mil veces “erre con a” junto al resto del
pueblo ranguerino que salta en el tablón (o en el cemento). Veo la
bandera que cuelga en la pared con los colores rojinegros y grito en
mi interior el “erre con a” más fuerte. Gane o pierda el equipo en
la visita al puerto, la pasión seguirá siendo la misma. Incluso será
mayor. Ser ranguerino es motivo de orgullo. Por eso me da lo mismo
lo que piensen de mí, los que creen que soy tonto al gastar cierta
cantidad de dinero en seguir al equipo y no invertirlo en carretear,
por ejemplo. Me da lo mismo lo que me digan el lunes después de una
derrota. Total, ser de Rangers es ser de una familia, una familia
que sueña con un campeonato. O simplemente, con un equipo que se
juegue la vida dentro de la cancha.
|