Santiago de Chile, /  

Martes, 10 de Mayo de 2004

El Estadio Cavancha

por PABLO LONZA, galáctico, estrella del Holding Manfinfleros FC, hoy jugador símbolo de Macaqueros FC y columnista de SQC

El estadio Cavancha de Iquique fue al primer estadio que fui en mi vida. No recuerdo que año fue exactamente, pero más de seis años no tenía. Eran típicos de esa época (y hasta el día de hoy), los almuerzos familiares de domingo en la casa de mis abuelos. La rutina dominical continuaba cuando luego de comer, mi abuelo paterno se paraba antes de la mesa e iba raudamente a dormitar un cuarto de hora, para llegar “despiertito” a la cancha a ver a Deportes Iquique. Ese cuarto de hora, jamás lo dormía completo, gracias a quien escribe, ya que en esos tiempos me esmeraba en “hincharle las pelotas”, (en una actitud clásica de un niño de tiernos años…puta que era pesado…) para que me llevara al estadio, pero no lo conseguía, me tenía que conformar con esto: “Eres muy chico para ir”, quizás mi abuelo tenía razón, pero… ¿Qué perdía con seguir tratando?

El tiempo pasó… y un día creo que mi abuelo se aburrió que le interrumpiera la siesta, y al salir de la casa (obviamente conmigo detrás molestándolo para que me llevara), mi abuelo le pregunta a uno de sus compadres del barrio con los que iba al estadio: “Creís que el Pablo pueda ir”, y el amigo le responde: “Déjalo ir nomás hueón… ya está grande, se va a portar bien”. Me hizo prometerle que no lo iba a molestar más, y además me sentenció: “A la primera pataleta, derechito pa’la casa”. Había ganado la pugna, por fin iba a ir al estadio…corrí a despedirme de mi abuela, agarré una chaqueta y fui al encuentro de los viejos…el Cavancha me esperaba…

El estadio, aunque sea de una capacidad pequeña (12000 personas aprox.), se veía imponente para mí…estaba lleno a rebosar, jamás había visto tanta gente junta, y todos por una misma causa, todos venían a ver mi deporte preferido, ese que jugaba con mis amigos y que veía por la televisión, venían a ver a Deportes Iquique. El saldo de mi primera ida al estadio fue muy confuso, ya que entre mi emoción del momento, y una actual traición de memoria, no me permiten acordarme contra quien jugó Iquique, ni quien ganó. El hecho fue que había cumplido mi sueño, el resto de las cosas no interesaba, es más, a partir de ese momento me di cuenta de algo: Ya no dejaría de ir al estadio, mi vínculo con el fútbol estaba sellado.

Me porté bien, creo, ya que me convertí en el compañero de estadio de mi abuelo. Así es que  desde el año 1990, creo, hasta 1994, cuando cambiaron el estadio por el “Tierra de Campeones”, asistí regularmente al estadio Cavancha acompañado de mi abuelo y sus compadres del barrio. Quizás no fue la época más gloriosa de los “Dragones Celestes”, pero que importaba, si  para mí lo fue…esperaba toda la semana los domingos, para seguir el vínculo con el fútbol, si es que jugaba el equipo de visita, estaba la radio para imaginarse el partido.

Por ello ese estadio para mí es místico, fue mi primera referencia de lo que es un “templo del fútbol”, o más ordinariamente, un estadio. Allí se vivieron los grandes epopeyas de este gran equipo del norte, en tiempos donde el lema “Tierra de Campeones”, estaba más vivo que nunca, los grandes equipos capitalinos venían  literalmente a “colgarse del travesaño”, con miedo a que el “Cavancha”, su gente y Deportes Iquique, les dieran una paliza y salieran con la cola entre las piernas…

Deportes Iquique era un equipo de armas tomar, de pura garra nortina, representa al pampino, al comerciante esforzado, al hombre del puerto…en fin…al iquiqueño. Era mi equipo…la palabra respeto era la mejor expresión para demostrar el sentimiento del rival, ese respeto, bien merecido se lo tiene, y se lo ganó, gracias a su gente, sus jugadores y a glorioso Cavancha.

PD: Para no empañar el ánimo de nostalgia y placer que me provoca recordar mis experiencias en ese estadio, y la alegría que me causa hacerle un homenaje, no me referiré al pésimo estado en que se encuentra ahora, ni al daño que hoy sufre, causado por gente que no tiene conciencia de lo que el estadio fue y no respeta su pasado glorioso. Prefiero acordarme de él tal como era, hablar del Estadio Cavancha tal como está hoy me hace mal.

Adjunto el coro del himno de Iquique; para entender mejor el contexto:

“Cantemos con el alma estremecida… ¡Iquique, Iquique, Iquique!  Eres el gran amor de nuestras vidas, mi viejo y heroico Iquique.  Marchemos desde el puerto hasta Cavancha… cantando, gritando… ¡Iquique! ... tu ambiente y la nobleza de tu gente, cautivan el corazón…”

 

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