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El
estadio Cavancha de Iquique fue al primer estadio que fui en mi
vida. No recuerdo que año fue exactamente, pero más de seis años
no tenía. Eran típicos de esa época (y hasta el día de hoy), los
almuerzos familiares de domingo en la casa de mis abuelos. La rutina
dominical continuaba cuando luego de comer, mi abuelo paterno se
paraba antes de la mesa e iba raudamente a dormitar un cuarto de
hora, para llegar “despiertito” a la cancha a ver a Deportes
Iquique. Ese cuarto de hora, jamás lo dormía completo, gracias a
quien escribe, ya que en esos tiempos me esmeraba en “hincharle
las pelotas”, (en una actitud clásica de un niño de tiernos años…puta
que era pesado…) para que me llevara al estadio, pero no lo
conseguía, me tenía que conformar con esto: “Eres muy chico para
ir”, quizás mi abuelo tenía razón, pero… ¿Qué perdía con
seguir tratando?
El
tiempo pasó… y un día creo que mi abuelo se aburrió que le
interrumpiera la siesta, y al salir de la casa (obviamente conmigo
detrás molestándolo para que me llevara), mi abuelo le pregunta a
uno de sus compadres del barrio con los que iba al estadio: “Creís
que el Pablo pueda ir”, y el amigo le responde: “Déjalo ir nomás
hueón… ya está grande, se va a portar bien”. Me hizo
prometerle que no lo iba a molestar más, y además me sentenció:
“A la primera pataleta, derechito pa’la casa”. Había ganado
la pugna, por fin iba a ir al estadio…corrí a despedirme de mi
abuela, agarré una chaqueta y fui al encuentro de los viejos…el
Cavancha me esperaba…
El
estadio, aunque sea de una capacidad pequeña (12000 personas
aprox.), se veía imponente para mí…estaba lleno a rebosar, jamás
había visto tanta gente junta, y todos por una misma causa, todos
venían a ver mi deporte preferido, ese que jugaba con mis amigos y
que veía por la televisión, venían a ver a Deportes Iquique. El
saldo de mi primera ida al estadio fue muy confuso, ya que entre mi
emoción del momento, y una actual traición de memoria, no me
permiten acordarme contra quien jugó Iquique, ni quien ganó. El
hecho fue que había cumplido mi sueño, el resto de las cosas no
interesaba, es más, a partir de ese momento me di cuenta de algo:
Ya no dejaría de ir al estadio, mi vínculo con el fútbol estaba
sellado.
Me
porté bien, creo, ya que me convertí en el compañero de estadio
de mi abuelo. Así es que desde el año 1990, creo, hasta 1994, cuando cambiaron el
estadio por el “Tierra de Campeones”, asistí regularmente al
estadio Cavancha acompañado de mi abuelo y sus compadres del
barrio. Quizás no fue la época más gloriosa de los “Dragones
Celestes”, pero que importaba, si para
mí lo fue…esperaba toda la semana los domingos, para seguir el vínculo
con el fútbol, si es que jugaba el equipo de visita, estaba la
radio para imaginarse el partido.
Por
ello ese estadio para mí es místico, fue mi primera referencia de
lo que es un “templo del fútbol”, o más ordinariamente, un
estadio. Allí se vivieron los grandes epopeyas de este gran equipo
del norte, en tiempos donde el lema “Tierra de Campeones”,
estaba más vivo que nunca, los grandes equipos capitalinos venían literalmente a “colgarse del travesaño”, con miedo a que
el “Cavancha”, su gente y Deportes Iquique, les dieran una
paliza y salieran con la cola entre las piernas…
Deportes
Iquique era un equipo de armas tomar, de pura garra nortina,
representa al pampino, al comerciante esforzado, al hombre del
puerto…en fin…al iquiqueño. Era mi equipo…la palabra respeto
era la mejor expresión para demostrar el sentimiento del rival, ese
respeto, bien merecido se lo tiene, y se lo ganó, gracias a su
gente, sus jugadores y a glorioso Cavancha.
PD:
Para no empañar el ánimo de nostalgia y placer que me provoca
recordar mis experiencias en ese estadio, y la alegría que me causa
hacerle un homenaje, no me referiré al pésimo estado en que se
encuentra ahora, ni al daño que hoy sufre, causado por gente que no
tiene conciencia de lo que el estadio fue y no respeta su pasado
glorioso. Prefiero acordarme de él tal como era, hablar del Estadio
Cavancha tal como está hoy me hace mal.
Adjunto
el coro del himno de Iquique; para entender mejor el contexto:
“Cantemos
con el alma estremecida… ¡Iquique, Iquique, Iquique! Eres
el gran amor de nuestras vidas, mi viejo y heroico Iquique. Marchemos desde el puerto hasta Cavancha… cantando,
gritando… ¡Iquique! ... tu ambiente y la nobleza de tu gente,
cautivan el corazón…”
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