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Lunes,
15 de Marzo de 2004
Lo
siento, Claudia
por
Larry Moe (exclusivo SQC)
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INFOGRAFÍA |
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Asignatura:
Técnicas de Redacción Periodística (parte teórica).
Profesora: Claudia Lagos.
Horario:
Lunes, de 12 a 13:30 hrs.
Lugar:
Sala de 2º Año, Escuela de Periodismo, Juán Gómez
Millas. |
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Lo
siento, Claudia. Realmente lo siento.
Te
pido perdón desde el fondo de mi alma por lo que voy a hacer a
continuación. Ya sé que esto va en contra de todo lo que tú
pides en tus clases: objetividad, distancia, responsabilidad.
Pero no puedo evitarlo. No puedo ser objetivo en este
instante. Lo siento, Claudia.
Hoy
ingresé a tu clase confiado en cumplir con mi primera columna en
SQC. Evaluar los aspectos buenos y malos. Y los
cómicos, claro. Pero no pude. Me fue inevitable dejar
de prestar atención a todo lo objetivo y fijarme en tu poética
forma de ser, en tus maneras, en tu firmeza, en tu ternura
contenida, en ese toque maternal que, aunque intentas reprimir,
tienes en abundancia. Y mi cabeza se perdió en medio de todos
esos incentivos, en algún lugar entre Berlín y Münich. No
lo sé. Lo siento.
Todo
intento por evaluarte fue en vano. Sólo quería que, por un
momento, fueras como Mónica Rincón, Constanza Santa María,
Macarena Pizarro o cualquiera de esas periodistas que cuidan hasta
el más mínimo detalle de su apariencia, y que nos sorprendieras
con un maquillaje en tus ojos, con tu pelo dorado suelto al viento,
con un vestido que resalte tu figura. No, en verdad no quería
eso: perderías tu esencia. Esa forma dura que tienes, pero
que oculta en el fondo a una mujer tiernísima y dulce, como un
bombón de chocolate que tiene lo mejor en el centro. Lo
siento. No sabes cuánto lo siento.
Sólo
quisiera, Claudia, que le regalaras al mundo más de esas sonrisas
poéticas con las cuales embrujas de vez en cuando. Pero hay
que hacer caso al viejo adagio: "De lo bueno, poco".
Brillas con luz propia, y eso suplirá cualquier nerviosismo inicial
en la cátedra. Porque tú, Claudia, no necesitas
ángel. Tú eres un ángel.
Disculpa
por la desprolijidad de lo que escribí. Seguro está lleno de
vicios que tu pluma tacharía en un instante. Y disculpa por
lo anterior, lo del ángel. Pero no podía terminar sin
decírtelo: algo en ti me conquistó. Lo siento,
Claudia. Desde el fondo de mi corazón, lo siento.
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