El sábado nos reunimos en la estación de Lincoln,
Provincia de Buenos Aires, para decir que trenes queremos.
El encuentro es el sábado 23 de agosto a las 10 de la mañana y sobre los antiguos andenes de la estación de Lincoln (PBA) y lo organiza la Comisión Salvemos Al Tren de aquella ciudad.
La
pregunta a responder es que trenes queremos, o que es lo que nosotros entendemos
por un servicio ferroviario moderno, más allá de los trenes de cartón con los
cuales nos están reinstalando el servicio a algunas ciudades del interior.
En
primer lugar los dos parámetros básicos de un ferrocarril moderno son la
seguridad y la velocidad.
Indudablemente
la seguridad se cumple, quien va en un tren que lleva una velocidad máxima de
40 kilómetros por hora, difícilmente se lastime así el tren choque con una
pared.
En
los ferrocarriles modernos los sistemas de señales son imprescindibles y en
general muy sofisticados para evitar que en tramos de vía única se lleguen a
encontrar dos trenes de frente.
En
nuestro caso los trenes de carga van a 5 Km. por hora y salvo que los
maquinistas sean ciegos, un choque de frente, también es poco probable por más
que los sistemas de control trenes se han simplificado a un simple sistema de
radio entre las locomotoras y un
control central.
Los
que nosotros denominamos trenes de cartón, son eso, trenes que van poco menos
que a paso de hombre en condiciones de seguridad totalmente precarias y en un
entorno de total improvisación.
Obviamente
no es este el tipo de trenes que queremos.
Si
el tren no compite con el avión (como históricamente competían los trenes de
Ferrocarriles Argentinos en los ramales de Retiro Rosario y Constitución Mar
del Plata) el servicio no es un servicio ferroviario, es una falta de respeto.
Es
inadmisible un servicio que para recorrer poco mas de 300 Km. tarde casi 12
horas.
Observen
que decimos que el tren debe competir con el avión y no con el Micro, los
micros en el mejor de los casos deben ser complementarios al sistema ferroviario
y no el sistema troncal de transporte.
Pero
como no sólo de pasajeros vive el ferroviario, el otro gran tema es la carga.
El
actual sistema se ha mostrado totalmente incapaz de funcionar en forma
coordinada, tal como lo hemos visto por ejemplo en el transporte de sustancias
peligrosas, trafico indudablemente ferroviario, que ahora se encamina por camión
debido a las guerras entre los grupos empresarios.
Tampoco
se han puesto de acuerdo en la normativa, es así que un tren de pasajeros que
pretenda transponer los limites de dos o más empresas deberá contar con dos o
más sistemas de comunicaciones que sólo una y sólo una empresa usan.
En
Europa los trenes corren desde Portugal hasta Alemania, por dar un ejemplo, a
altas velocidades y sin problemas, porque más allá que cada uno de los múltiples
países que atraviesa tienen sus normas la tendencia es la unificación del
sistema.
Lo
que en si se han puesto de acuerdo los empresarios de carga es en el valor de
sus tarifas siempre un pelo por debajo de las del camión, aunque sus costos
sean mucho más bajos.
También
muchas de ellas se han organizado de modo de tener una sola caja recaudadora,
que casualmente coincide con el acopiador, que también casualmente es socio de
las empresas, y que ya no casualmente sino más bien trágicamente le come unos
50U$D por tonelada al productor.
Obviamente
tampoco es este ferrocarril de carga el que queremos.
De
las empresas ferroviarias de pasajeros de zona local nos hemos ocupado hasta el
cansancio, pero no está demás decir que gracias a sus descuido y a la miseria
reinante hemos perdido a manos de los cirujas ramales enteros.
Ya
sabemos entonces que es lo que no queremos, discutiremos que es lo que si
queremos en la reunión de Lincoln, a la que desde ya están todos invitados.
C.N.S.T.