SALVEMOS AL TREN
La muerte, ese último gran misterio, no tenía para él más significado que otro hecho más de la vida. Educado en la rígida disciplina de los jesuitas, profundo creyente, para el cual el bien y el mal no eran más que una lucha en la que Dios probaba sus conceptos.
Su
pasión fueron los trenes y dentro de ellos las locomotoras de vapor, nunca creyó
en las Diesel y supo comunicar a sus discípulos esa visión.
Creía
que las energías renovables eran una causa posible, pero no en los 90’ sino más
bien los 60’, cuando la mayoría de sus colegas creían que era posible
desbordar al medio ambiente impunemente.
Creyó
en este país y trabajó por él, la Argentina más tarde convertida, a pesar
suyo, en la Justicialista, marcó la obra maestra de su vida y también la
primer locomotora de vapor construida en el país.
Contribuyó
en la construcción de locomotoras a vapor en los cuatro puntos cardinales del
planeta, desde Suiza a Sudáfrica, desde Estados Unidos a Tierra del Fuego, sin
olvidar China, Cuba y Brasil.
Su
causa pasaba por el carbón y la leña, pensando que en un futuro no muy lejano,
la locura de las diesel pasaría y se volvería a la racionalidad del Vapor.
El
Belgrano, el Roca, Río Turbio, la Trochita, el Carlos Solano López y quien
sabe cuantos ferrocarriles más conocieron de sus diabluras, como él gustaba
decir.
Enemigo
implacable de la mediocridad, blanco de todos los mediocres, pasó como le pasa
en este país a los que están muchos pasos delante de la mayoría, gran parte
de su vida luchando contra la incomprensión precisamente de esos mediocres.
Cuarenta
y cinco minutos, parando en todas menos en Ezpeleta, desde Constitución a La
Plata, constituyen el récord de esa línea, con una locomotora 42 modificada
por él, ó 12 vagones en la Trochita con una sola locomotora, con la luz
apagada para ahorrar vapor, o descarrilar, encarrilar y hacer el horario en el
Belgrano son algunas de sus múltiples anécdotas por las cuales lo
recordaremos.
Seguramente
ya se habrá encontrado con la hija que le arrebató la dictadura, y para los
que no compartimos su fe, por siempre estará recorriendo sus locomotoras a
vapor en lejanas tierras.
CNST.