El entrenamiento en edad de crecimiento y desarrollo
Lázaro Vicente Pérez
En el entrenamiento en edades tempranas existen dos tendencias en la actualidad: Los partidarios de la especialización temprana y los partidarios de una especialización tardía. La iniciación temprana es considerada buena, pero nunca la especialización, a no ser que sea basada en una selección natural.
La especialización temprana crea muchos riesgos. En determinados deportes los gestos técnicos que se requieren son muy exigentes, por lo tanto a edades tempranas el niño no tiene aún la forma física adecuada para realizar correctamente esos gestos. Esto le lleva a la automatización del gesto de una manera errónea, por lo que cuando el niño se forme y tenga las condiciones adecuadas para realizarlo correctamente y lo tenga que cambiar y mejorar tendrá que realizar mucho esfuerzo debido a que ya ha creado ese patrón motor erróneo.
Si te especializas muy pronto llega un momento que tu progresión disminuye e incluso llega a terminarse. Con una especialización tardía esto no ocurre de una manera tan notable e incluso se llega a retrasar.
Sin embargo, la iniciación deportiva a una edad temprana sí que es positiva. El niño crea unos hábitos de actividad física cotidiana y de adherencia al deporte que luego le será más fácil mantener.
También hay que tener en cuenta las diferencias que existen entre los niños y las niñas en edades cercanas a la pubertad: Las niñas se desarrollan antes y por lo tanto hay trabajos como la fuerza que se pueden realizar antes con ella que con ellos.
La iniciación en deportes motores se puede iniciar en la pubertad, sin embargo los perceptivo-motores se pueden iniciar antes. Otro de los factores importantes en las edades tempranas es la diferencia que existe entre la edad cronológica del niño y la biológica. Aún teniendo la misma edad hay niños que se desarrollan mucho antes y esto llega a suponer una diferencia de hasta tres años de los niños adelantados con respecto a los retrasados.
La elasticidad y la flexibilidad son inherentes en el niño, pero a partir de los diez años se pierde de manera considerable. Se trabajan con ejercicios activos y pasivos.
La coordinación, se pierde cuando llegamos a la fatiga o nos encontramos agarrotados.
La velocidad se puede trabajar a edades tempranas. Pero evitando corregirles muchos gestos técnicos, es mejor ir puliéndoles poco a poco la técnica que obligarles ha realizar muchos ejercicios técnicos.
La fuerza elástica se hace a través de diferentes test de salto. La fuerza en un niño es poca, por lo tanto no deberemos hacer excesivos ejercicios de fuerza en los entrenamientos y si los hacemos deberemos trabajar con la fuerza relativa relacionándola con el peso corporal.
La agilidad es un compendio de elasticidad, coordinación y velocidad.
La resistencia aeróbica se alcanza con la pubertad. Por lo tanto hasta esa época no debemos obligar al niño a realizar calentamientos de muchos kilómetros, sino más bien carreras cortas o a través de juegos. Las pruebas de esfuerzo se deben realizar a partir de una edad más avanzada, así como no es aconsejable trabajar la resistencia anaeróbica (sprines muy intensos). No obstante, la alactácida el niño la produce constantemente.
Las posibilidades de iniciar el entrenamiento son diferentes para cada elemento de la condición física. La flexibilidad se puede entrenar a partir de los cinco años e ir aumentando progresivamente la intensidad. La resistencia aeróbica y la velocidad de reacción se empieza a trabajar desde los ocho años. La fuerza explosiva y la velocidad gestual se empieza a los diez años. La fuerza máxima después de la pubertad. Los criterios de iniciación deportiva varían según los deportes y las distintas cualidades que se dan en esos deportes. Por lo tanto podríamos hablar que las fases de evolución de los entrenamientos en edades tempranas son: 1. Iniciación (8-9 años) 2. Entrenamiento básico (10-11) 3. Orientación deportiva (12-14) 4. Entrenamiento específico (15-16 años) 5. Perfeccionamiento (16-17 años).