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DOCTRINA CRISTIANA
Manuscritos anunciados en las Sagradas Escrituras
del Cristo Solar

Hijo Primogénito de Dios

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DOCTRINA CRISTIANA
Alfa y Omega

Agradezco a Nuestro divino Padre Celestial Alfa y Nuestra divina y Hermosa Madre Solar Omega
por el Conocimiento Alcanzado

Compilación, traducción y estructuración de Ami Asa Ome - Phares
Copyright © 1997 C. Celestial - Hermandad del Cordero de dios
 

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TESTAMENTO DEL PATRIARCA ZABULÓN
HIJO DE JACOB
Del testamento de los Doce Patriarcas

Traducción Española*/de A. Díez Macho


PATRIARCA ZABULÓN
Sobre la compasión y la misericordia

1 Copia (de las palabras) de Zabulón, del testamento que dio a sus hijos a la edad de ciento catorce años, dos después de la muerte de José; Les dijo: Oídme, hijos de Zabulón; prestad atención a la palabra de vuestro padre; Yo soy Zabulón, un buen regalo para mis padres; Al nacer yo, se enriqueció muchísimo nuestro padre en rebaños de ovejas y bueyes, ya que consiguió su lote por los bastones de dos colores; No tengo conciencia, hijos míos, de ningún pecado durante mi vida, salvo de pensamiento; No me acuerdo de ninguna transgresión de la ley, salvo el pecado de ignorancia cometido contra José, porque determiné con mis hermanos no decir nada a mi padre de lo sucedido; Mucho lloré en secreto, pues temía a mis hermanos, ya que habían convenido todos que, si alguien desvelaba el secreto, sería pasado por la espada; Pero cuando querían acabar con José, les exhorté con muchísimas lágrimas a que no cometieran tal impiedad;
2 Habían llegado Simeón y Gad, airados contra José, dispuestos a aniquilarle; Cayendo de hinojos, éste les decía: Apiadaos de mí, hermanos míos; tened compasión de las entrañas de Jacob, nuestro padre; No pongáis vuestras manos sobre mí para verter sangre inocente, ya que no he faltado contra vosotros; Y si lo hubiera hecho, aplicadme un correctivo, pero no levantéis vuestras manos, a causa de Jacob, nuestro padre; Después que, afligido, pronunció estas palabras, me sentí movido a compasión y comencé a llorar; Mi corazón se derritió en mi interior, y toda la masa de mis entrañas se reblandeció en mí; Lloraba José, y yo con él; mi corazón palpitaba con fuerza, las articulaciones de mi cuerpo se descoyuntaron y no podía tenerme en pie; Viendo José que lloraba yo con él y que los demás se lanzaban a matarle, se escondió detrás de mí suplicándoles; Rubén intervino así: Hermanos, no lo matemos, sino arrojémosle a una de esas cisternas secas que cavaron nuestros padres y en las que no hallaron agua; Pues por esta razón había impedido el Señor que subiera agua por ellas, para que José pudiera salvarse; Así lo hizo el Señor hasta que vendieron a José a los ismaelitas;
3 Hijos míos: yo no tuve parte en el precio de venta de José; Pero Simeón, Gad y los otros seis de nuestros hermanos tomaron el dinero de la venta de José y se compraron sandalias para ellos, sus mujeres e hijos; Dijeron así: No compraremos con él alimentos, ya que es el precio de la sangre de nuestro hermano, sino que lo pisotearemos con nuestros pies, pues dijo que iba a reinar sobre nosotros; Así veremos en qué paran sus ensueños; Por esta razón se halla escrito en el libro de la Ley de Moisés: «Al que no quiera suscitar descendencia a su hermano, desátenle las sandalias y escúpanle a la cara»; Los hermanos de José no querían que éste viviera, por eso el Señor les desató la sandalia que se habían calzado contra José, su hermano; Pues, llegados a Egipto, fueron los siervos de José quienes les desataron las sandalias ante la puerta de la ciudad, y así se arrodillaron ante su hermano, como ante el faraón; No sólo se arrodillaron, sino que fueron cubiertos de esputos inmediatamente, aún de hinojos ante él; Y así quedaron confundidos ante los egipcios, pues éstos escucharon luego todas las maldades que habían hecho a José;
4 Después de arrojarle a la cisterna se pusieron a comer; Yo no probé bocado durante dos días con sus noches, lleno de pena por José; Tampoco Judá comió con ellos, sino que estaba vigilando el pozo, temeroso de que Simeón y Gad fueran y lo mataran; Viendo que yo no comía, dispusieron que lo vigilase hasta su venta; Pasó José en la cisterna tres días con sus noches, y lo vendieron así, hambriento; Se enteró Rubén de que José había sido vendido en su ausencia, rasgó sus vestiduras y se lamentó con estas palabras: ¿Cómo podré mirar al rostro de Jacob, mi padre? Tomó el dinero y corrió tras los mercaderes, pero no halló a ninguno, ya que, dejando el camino principal, habían tomado un atajo a través del país de los trogloditas; Rubén no comió durante ese día; Se acercó entonces Dan y le dijo: No llores ni te lamentes, pues se me ha ocurrido lo que vamos a decirle a nuestro padre; Sacrifiquemos un cabrito, impregnemos con su sangre el manto de José y digamos: «Mira si es éste el manto de tu hijo»; Y así lo hicieron, pues cuando iban a vender a José le despojaron del manto de nuestro padre y lo cubrieron con uno viejo, de un esclavo; Simeón tenía el manto y no quería entregárnoslo, pues deseaba rasgarlo con su espada, airado porque José, a quien no había podido matar, aún vivía; Nos levantamos todos contra él y le dijimos: Si no nos lo das, diremos que tú solo has cometido esta maldad en Israel; Él lo entregó, y obraron tal como había dicho Dan;
5 Ahora, hijos míos, os conmino a que guardéis los mandamientos del Señor, seáis misericordiosos con el prójimo y mostréis entrañas de misericordia hacia todos, no sólo hacia los seres humanos, sino también hacia los irracionales; Por esta razón me ha bendecido el Señor, y mientras todos mis hermanos han sufrido enfermedades, yo he pasado la vida sin ellas, pues el Señor conoce el propósito de cada uno; Tened entrañas de misericordia, hijos míos, porque tal como obréis con vuestro prójimo así actuará el Señor con vosotros; Por ello los hijos de mis hermanos enfermaban y morían a causa de José, ya que no habían tenido misericordia en sus corazones; Mis hijos, por el contrario, se mantuvieron sin enfermedades, como sabéis; Cuando estaba en Canaán, en la costa, me dedicaba a pescar para mi padre Jacob; Muchos se ahogaron en el mar, pero yo no sufrí daño alguno;
6 Fui yo el primero que construyó un bote para navegar en el mar, porque el Señor me dio inteligencia y sabiduría para ello; Puse un madero en la popa e icé una vela en un tronco recto en medio del bote; Navegando en él por la costa, me dedicaba a pescar para la casa de mi padre hasta que llegamos a Egipto; Lleno de conmiseración, hacía partícipes de mi pesca a todos los forasteros; Si encontraba alguno o un enfermo o anciano, cocía los peces, los preparaba bien y le daba a cada uno según su necesidad, reuniéndolos y compartiendo sus preocupaciones; Por esta razón, el Señor me otorgaba una pesca abundante, pues el que comparte con el prójimo recibe muchísimo más del Señor; Fui pescador durante cinco años, haciendo partícipe de lo mío a todo ser humano y subviniendo a todas las necesidades de la casa de mi padre; Durante el verano pescaba, y en el invierno guardaba los rebaños con mis hermanos;
7 Ahora os voy a contar lo que hice; Vi a un hombre sufriendo por su desnudez en invierno; Apiadado de él, sustraje un manto de mi casa y se lo di ocultamente al que padecía frío; Hijos míos, de lo que el Señor os proporcione, apiadaos de todos, usando misericordia sin distinción y socorred la necesidad de todo ser humano, con bondad de corazón; Y si en cualquier momento no podéis dar a quien lo necesita, compadeceos de él con entrañas de misericordia; Si mi mano no encontraba en algún momento qué dar al necesitado, le acompañaba durante siete estadios llorando con él, y mis entrañas se volvían hacia él compasivamente;
8 Hijos míos, tened compasión con todo ser humano en misericordia, para que el Señor, movido también a compasión, se apiade de vosotros; Porque, en los últimos días, el Señor enviará su piedad sobre la tierra y habitará donde encuentre entrañas de misericordia; En tanto el ser humano tenga compasión de su prójimo, así la tendrá el Señor; Pues cuando bajamos a Egipto, José no nos hizo daño alguno, sino que sintió compasión al verme; Acordándoos de su comportamiento, no seáis resentidos, hijos míos, sino amaos unos a otros y no andéis examinando la maldad de vuestro hermano; Eso rompe la unidad y desbarata todo sentimiento de familia, intranquiliza el alma y aniquila la existencia, pues el resentido no alberga en sí entrañas de misericordia;
9 Considerad las aguas: cuando marchan por un mismo cauce, arrastran piedras, leños, tierra y arena; Pero si se divide en múltiples flujos, la tierra la absorbe y no pasa nada; Si os separáis, os ocurrirá lo mismo; No os dividáis en dos cabezas, porque todo lo que hizo el Señor tiene una sola [cabeza]; Él nos dio dos hombros, dos manos, dos pies, pero todos los miembros obedecen a una sola cabeza; He leído en las escrituras de mis padres que en los últimos días os apartaréis del Señor, habrá divisiones en Israel, seguiréis a dos reyes diferentes, cometeréis toda clase de abominaciones y adoraréis toda suerte de ídolos; Vuestros enemigos os esclavizarán y viviréis entre los gentiles con toda clase de enfermedades, tribulaciones y dolores del alma; Pero después os acordaréis del Señor, os arrepentiréis, y él os volverá a vuestra tierra, porque es misericordioso y lleno de piedad; no tiene en cuenta la maldad de los humanos, ya que son carne, y el espíritu del error los engaña en todas sus acciones; Después el Señor en persona se levantará sobre vosotros como la luz de la justicia, que lleva en sus alas curación y misericordia; Él rescatará a los hijos de los hombres de la cautividad de Beliar, y todos los espíritus del error serán hollados (por sus pies); Hará tornar a todos los pueblos al celo por su causa y veréis a Dios [en figura de hombre] (en el templo) que escogerá el Señor: Jerusalén es su nombre; Volveréis a irritarlo con vuestras malvadas acciones y seréis rechazados hasta el momento de la consumación;
10 Ahora, hijos míos no os entristezcáis por mi muerte ni quedéis postrados con mi marcha, pues resurgiré entre vosotros como un guía en medio de vuestros hijos; Me alegraré entre los de mi tribu, entre cuantos guardaron la ley del Señor y los preceptos de Zabulón, su padre; Pero sobre los impíos hará caer Dios un fuego eterno y los hará perecer para siempre; Ahora corro hacia mi descanso, como mis padres; Temed al Señor, vuestro Dios, con toda energía durante todos los días de vuestra vida; Tras haber pronunciado estas palabras, se durmió con un sueño dulce, y sus hijos lo depositaron en un féretro; Luego, subiéndole a Hebrón, lo enterraron con sus padres.-

Fuente: A; Díez Macho, ed. Testamento de los doce Patriarcas
Traducido por Antonio Piñeiro

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