La
migración del pueblo de Israel, registrada en el libro bíblico del Exodo, así
como los asombrosos episodios que acompañan al relato, es el fundamento de la
fe de millones de personas. Es parte de esa creencia que el Dios de Moisés
convirtió el Nilo en sangre o que partió el Mar Rojo en dos para salvar a su
pueblo.
Los milagros
de la Biblia casi siempre ocurrieron dentro del marco de la historia nacional
del pueblo hebreo. Pero en el caso del Exodo es diferente. Esta fuente sitúa
como testigo del regreso del pueblo de Moisés a la Tierra Prometida a la
primera potencia mundial de la historia antigua: Egipto. ¿Pero por qué entonces
las fuentes egipcias silencian este hecho? ¿Cómo se puede armonizar la historia
egipcia con las tradiciones del Pentateuco?
El siguiente trabajo ofrecido aquí, en esta sección de Historia y
simbolismo de Temakel, de ninguna manera pretende ser inédito, ya que la problemática
ha sido abordada por muchos especialistas, pero sí lo intenta ser su enfoque.
¿Qué significación simbólica puede dimanar de un proceso por el cual un hecho
histórico fundamental para una tradición (el Exodo en la tradición bíblica y
hebrea) sea objeto de silencio o
indiferencia por parte de la cultura y el territorio donde se habría consumado
aquel magno acontecimiento (el reino de los antiguos soberanos de Egipto)?
Aunque sea parcialmente, intentaremos arrojar alguna luz sobre esta cuestión.
Reconstruir el éxodo bíblico a partir de
las fuentes egipcias, es una tarea muy complicada. Los testimonios provenientes
del antiguo país del Nilo con relación a la existencia de los israelitas son
nulos en la primera mitad del segundo milenio a. C.(1). Hasta el momento, la
primera mención que se hace en una inscripción egipcia de la existencia de
Israel como nación, es en la estela del faraón Merneptah (Dinastía XIX), piedra
de basalto negro que data del siglo XIII a. C.(2). Es cierto que muchos han relacionado
a los hebreos con él termino Avirú, como aparece con anterioridad en los textos
de Amarna (Dinastía XVIII), refiriéndose a un hostil pueblo hurrita; pero esto
es dudoso. Sin embargo, la Biblia desde los primeros capítulos hace alusión a
Egipto más de setecientas veces, ya sean citas directas o referencias
simbólicas.
Por lo
tanto, para facilitar nuestro estudio, hemos recurrido en parte a la
metodología inversa, que creemos, es inevitable para nuestros objetivos, a
saber, ver a Egipto en el Imperio Antiguo y Medio a partir de las menciones
testamentarias, y tratar de secuenciarlas con las pruebas documentarias
disponibles.
Los
problemas que plantea el abordar este tema desde estas dos perspectivas, se
deben a razones bien delineadas. En primer lugar, si el origen del pueblo
hebreo como nación se lo debe a un espectacular escape hacia el levante, es
hasta cierto punto lógico que esté ausente de los registros egipcios. Una
derrota tal a su orden político y religioso seguramente fue borrada
deliberadamente de sus anales en resguardo de sus divinidades; siendo en
consecuencia recordada detalladamente en la memoria hebrea y descripta en el
Pentateuco como un acto salvador de su Dios.
En segundo
lugar, los testimonios arqueológicos son en buena medida fragmentarios, lo que
dificulta la reconstrucción de la historia antigua y datación cronológica de
Oriente desde un metodo sistemático.
El
principal canal que ha conservado a través del tiempo, es decir, sin interrupción,
una memoria histórica de este período es sin duda el Antiguo Testamento(3).
Esto, por un lado refleja una ventaja, la de seguir la historia egipcia a
partir de las narraciones del libro de Génesis y de Exodo, pero por el otro
plantea una dificultad; ya que el motivo que los reviste es religioso, y este
es siempre subjetivo. La tarea de conservación bíblica se efectuó por razones
mayormente de orden sagrado, y al igual que los textos egipcios bajo la
supervisión de una clase sacerdotal. Como veremos en el presente trabajo, en el
relato de la esclavitud y escape de Egipto prevaleció el elemento de
supremacías de dioses, es decir, Yahvé en desmedro de los dioses egipcios y sus
consecuentes recursos simbólicos que hallan su expresión narrativa en el mito.
En la tabla
de las Naciones, como algunos comentaristas prefieren llamar al capítulo X de
Génesis, nos menciona el origen entre otros, del mismo Egipto. Dos de los
descendientes de Cam, hijo de Noé y sobreviviente del diluvio, fueron Mizraim y
Patros. Uno pobló la zona del delta, el otro la tierra más cercana a las
misteriosas fuentes del "canal"(Heb. SHEOR, "corriente"),
como los antiguos se referían al Nilo. Vale decir, que desde lo antiguo se
reconocía la dualidad en el Bajo y el Alto Egipto.
Algunos, han
querido ver en Mizraim al faraón Menes fundador de la primera dinastía
mencionado por Manetón, pero dicha identificación es incierta. Sin embargo, es
notable que hasta el día de hoy, los árabes conozcan a la tierra del Nilo como
"Misr" o "la tierra de Cam el negro". Lo curioso es que los
mismos habitantes de Egipto hablaran de su tierra como "Kenyt"
(negro)(4) o "Tawy" (las dos tierras)(5).
Abraham,
hizo en algunas oportunidades algunas visitas al país, por los registros
bíblicos parece que tuvo relaciones comerciales ya que adquirió una sierva
egipcia llamada "Agar" (Génesis Cap. 12-13). Si bien, no hay ninguna
evidencia arqueológica de estos episodios, la situación reinante en Palestina
con relación a sus enlaces y sus respectivas rutas comerciales o a los
movimientos migratorios semitas, coinciden con los registros egipcios del viaje
de Sinuhé(6) y con las descripciones del papiro Anastasi I(7).
Tiempo
después, José es vendido como esclavo a Egipto por comerciantes ismaelitas a un
hombre importante llamado Potifar, cuya esposa intentó seducirlo mientras
ministraba en el interior de la casa(8). Es relevante la evidencia documentaria
de mujeres ricas en busca de aventuras extramaritales, como lo muestra el
papiro Westcar(9). En consecuencia, el hebreo es encerrado en prisión y
finalmente alcanza un puesto de visir ante la corte del faraón por el arte de
interpretar sueños y predecir siete años de abundancia y otros siete de hambre
en el país bien amado. Existe evidencia de siete años de escasez en una
inscripción sobre un bloque de granito en la isla de Sehail, que data de la
época tolomaica, pero la leyenda seguramente es mucho más antigua(10).
La historia
de José tal como la leemos en el Génesis, concuerda con las costumbres
Egipcias, las viviendas, el funcionamiento penitenciario, el cargo de visir o
segundo en el reino coinciden con lo que hoy se sabe del período en
cuestión(11).
Un dato que
no podemos pasar por alto es lo que menciona Génesis 41: 43, sobre el nombre
que recibió José en su ascenso, "Avrekj". Esta expresión es una
transliteración y no se sabe a ciencia cierta su verdadero significado, pero la
versión siríaca lo vierte como: "padre gobernante, y la Vulgata de
Jerónimo como: " que toda rodilla se doble ante él"(12).
El hecho de
que así fuera llamado cuando montaba en el carro triunfal del faraón y de que
halla recibido el anillo del sello(posiblemente con el emblema del
escarabajo(13)), concuerda con lo que dice la obra de Manetón, hoy
desaparecida. Esta es rescatada por el historiador judío del siglo I d. C.
Flavio Josefo, donde relaciona a los israelitas con los llamados hicsos, que
significan "reyes pastores" o "reyes cautivos"(14). Es
dudosa su procedencia, por lo que se sabe fue una invasión asiática, que según
se cree, sucedió entre las dinastías XIII y XVII y que gobernaron durante unos
doscientos años; otros prefieren fecharlos entre las dinastías XV y XVI.
Algunos comentaristas sitúan la entrada de José con el período de los hicsos,
ya que según Génesis 47: 20, José llego a ser dueño de casi todo Egipto a
excepción de los bienes del Faraón y de sus sacerdotes. No hay ninguna
evidencia bíblica que grupos asiáticos estuviese instalados en el delta antes
de la llegada de Israel (Génesis 46: 5, 6). Según los textos hebreos, la corte
real estaba compuesta solo por egipcios, Potifar era uno de ellos. Además, José
tuvo que servirles la comida a sus hermanos en una mesa aparte, "puesto
que los egipcios no podían comer(...) con los hebreos" esto no hubiera
sido necesario los habitantes del palacio hubiesen sido semitas(Génesis 43: 31,
32).
L. Archer,
nos ofrece una teoría interesante(15). Nos habla de tres grupos, los
Israelitas, los egipcios y las hordas invasoras de los hicsos. Para su
exposición, utiliza el relato de Exodo 1: 8-10 que menciona lo que sucedió
después de la muerte de José. Allí dice:
" Con
el tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José"
Este nuevo
rey, sin duda era de otra dinastía, bien podría ser un gobernante hicso, ya que
no reconocía al pueblo del difunto José ni el cargo que ocupó.
"Y
procedió a decir a su pueblo: "¡Miren! El pueblo de los hijos de Israel es
más numeroso y poderoso que nosotros."
Es improbable
que los israelitas hubieran sido más numerosos que todos los habitantes de los
nomos de Egipto, en cambio, si hubieran sido unas dinastías invasoras
evidentemente eran un grupo más reducido.
"¡Vamos!
Tratemos astutamente con ellos, por temor que se multipliquen y tenga que
resultar que, en caso de que nos sobrevenga una guerra, entonces ellos
ciertamente también se agreguen a los que nos odian y peleen contra nosotros y
suban y se vayan del país".
Es posible
que si era una dinastía de hicsos temieran que los hebreos se unieran a los
egipcios en una posible guerra.
Pero
desgraciadamente es una etapa muy oscura y la invasión de estos extranjeros no
se entiende con claridad(16). Las inscripciones de las tumbas nos silencian el
hecho(17). Además, hay mucha incertidumbre en cuanto a las dinastías que
presenciaron los acontecimientos. Pero ¿qué hay de la historia de Moisés y de
la migración israelita registrada en el libro bíblico de éxodo? ¿Es factible
reconstruirlo a partir de documentos egipcios?
Solo es
posible hacer un acercamiento, si se dejan definidos dos asuntos: por un lado,
el problema cronológico y la dificultad de armonizar los hechos arqueológicos y
epigráficos con la historia tal como la registra el Pentateuco; y por el otro,
las profundas cuestiones religiosas que estuvieron enraizadas en las
mentalidades de ambos pueblos.
No existen
dudas en cuanto a la estancia de los Israelitas en Egipto, la presencia semita
esta bien atestiguada, por lo tanto, es un tipo de conclusión que debemos
aceptar a priori. No es el tipo de tradición que un pueblo inventaría, la
esclavitud es un recuerdo humillante para cualquier nación(18). El problema
aquí no es de orden histórico, es decir, si ocurrió o no, sino de orden estructural,
o sea como ocurrieron los acontecimientos y cuando.
El tema de
las fechas es un asunto delicado, por eso debemos abordarlo con cautela.
Mientras que la cronología bíblica sitúa el éxodo en el siglo XV a. C. la
datación que sugiere el registro arqueológico es alrededor del siglo XIII a.C.
La razón de esta diferencia se debe a dos factores: 1) Es imposible armonizar
los trabajos de campo, debido a que los investigadores de Palestina se manejan
con herramientas muy diferentes a las que utilizan los egiptólogos, ya sea por
la naturaleza de las fuentes escritas como por los materiales a estudiar. Y 2)
Los registros de Israel no mencionan el nombre de ningún faraón hasta el
período monárquico, por lo tanto, no es factible establecer ninguna concordancia
con las dinastías conocidas.
La
dificultad de armonizar ambas cronologías con los trabajos de campo
Mientras que
la cronología hebrea se basa en cómputos de tiempo que da el Antiguo Testamento
y en períodos generacionales de cuarenta años, se puede sumar desde que Abraham
entró en la tierra prometida 430 años, de los cuales solo 215 años estuvieron
en tierra extranjera, esto nos llevaría al año 1513 a. C. para la salida
israelita de Egipto. Josefo, habla del día trece del mes lunar Jántico, pero dice
que el período de 430 se debe contar desde que entraron al país del Nilo
("Antigüedades Judías" Libro II Sec. 318). Como sea, muchos dudan que
estas generaciones de 40 años sean literales(19), lo que dificulta el asunto,
además de contradecir las pruebas arqueológicas(20).
Por otro
lado, la cronología egipcia está apoyada en evidencia fragmentaria. Los
historiadores se basan en la Piedra de Palermo (incompleta), donde presenta lo
que se consideran las cinco primeras dinastías. El papiro Turín (en muchos
fragmentos), que proporcionaría la lista de reyes desde el Antiguo reino hasta
el Nuevo. Y finalmente se coordinan con los textos de Manetón (treinta
dinastías), ayudados por cálculos astronómicos(21).
Pero las
dudas que arroja tales fuentes son múltiples. La obra de Manetón usada para
ordenar el rompecabezas que presentan las pruebas arqueológicas, como ya se
mencionó está perdida, solo se recuperó de citas de otros escritores antiguos
como Josefo(siglo I d. C.), Sexto Julio Africano(500 años después) y Sincelo
(Siglo VIII o IX d. C.). Es muy difícil saber con seguridad lo que es autentico
o lo que es espurio de Manetón. Es plausible que reyes, hasta dinastías enteras
hayan gobernado al mismo tiempo, lo que reduciría la cuenta del tiempo asignado
de manera considerable(22). Definitivamente los egiptólogos han depositado
demasiada confianza en las inscripciones antiguas, pero la integridad moral de
los escribas egipcios es con seguridad muy cuestionable(23).
Sumado a
todo esto, los trabajos de campo difieren en la metodología y en la tarea
interpretativa. Mientras que Palestina, por la naturaleza de sus sitios y de
sus fuentes escritas, que están relativamente intactas, se reconstruye una
secuencia de acontecimientos en forma ininterrumpida y se les asignan fechas
muy bajas; no sucede igual con los sitios egipcios. Estos, han sido depredados
por los llamados "padres de la egiptología" e incluso antes de la
invasión napoleónica asignándoles fechas muy altas.
El enigma
del faraón
Este tema ha sido fuente de controversia ¿Por qué la
Biblia niega el nombre de los soberanos pero a cambio da el nombre de las
parteras que asistieron al nacimiento entre otros del niño Moisés?
Una de las
razones, es que quizá haya habido implicaciones de orden religioso. El faraón
(que significa Gran Casa), era para su teología un dios encarnado en la tierra.
El halcón Horus, el amanecer, símbolo de la resurrección. Era la unión entre el
cielo y la tierra. Toda su actividad cívica era vista como un rito que protegía
a Maat, la justicia y la verdad(24). Es posible que exista alguna relación
entre la función sagrada del faraón y el enigmático jeroglífico hallado en un
papiro en Abydos, llamado "la casa de la vida"(25).
En
consecuencia, el nombre de los faraones llevaba implícito ya sea en su
escritura como en su simbolismo, el nombre de alguna divinidad; lo que
mencionarla bien podía significar reconocer su misma existencia (Y los
israelitas no reconocían la existencia de ningún Dios vivo a excepción de
Yahvé, las demás divinidades eran inertes, dioses de palo y piedra).
Esto se hace
evidente en el nombre egipcios de algunos personajes bíblicos, como el mismo
Moisés; que tiene la misma terminación de Ra-mesés, o Tut-mosis por ejemplo,
pero está ausente el elemento concerniente al nombre de la divinidad(26).
Sin embargo,
el tetrateuco no guarda ninguna uniformidad en estos casos. Ya que esta
construido de varias tradiciones muy antiguas, es posible que mientras algunas
conservaron algunos nombres(mayormente de localidades como puntos de
referencias), otras lo han omitido. Después de todo era una historia nacional e
importaban muy poco estos detalles.
Cabe
agregar, a propósito de lo dicho, que el encontrar nombres egipcios en los
personajes del éxodo(Como Jofní, Finefás o Merarí, predominantemente en la
tribu de Leví), es una prueba contundente de la relación que hubo entre los
semitas y los egipcios(27).
Por todo lo
antes dicho, no es posible hasta el momento, relacionar a los monarcas egipcios
que menciona el Génesis ni al Faraón que vivió en la época de Moisés con ningún
nombre mencionado en las inscripciones. Pero ¿qué hay de Ramsés II? ¿No es
acaso este el faraón que prefieren la mayoría de las obras de consulta para
situarlo en dicho período?
Exodo 1: 11,
habla que los israelitas fueron obligados a trabajar en la construcción de dos
emplazamientos, Piton ("Casa o templo de Atum" identificada
tentativamente con Tell Rettabeh) y Ramesés ("Casa de Ramsés", San
el-Hagar o Avaris, capital de los hicsos conocida en los textos griegos como
Tanis).
Este hecho
ha animado a muchos egiptólogos a relacionar el nombre de esta construcción con
el faraón Ramsés II (Dinastía XIX), basándose en las inscripciones del mismo
faraón en la que afirma haber edificado una ciudad que lleva su nombre
(Per-Ramsés) con mano de obra de esclavos. Sin embargo, esta identificación es
sumamente dudosa, el sitio mencionado por los registros hebreos era un depósito
mientras que el que menciona las inscripciones egipcias era la capital misma.
Por otra parte, aunque el faraón que protagonizó el éxodo hubiera sido Ramsés
II, la prueba sigue siendo irrelevante, ya que el sitio que menciona la Biblia
fue edificado antes del nacimiento de Moisés(Génesis 47: 11).
En
consecuencia, parece que lo único que tuvieron en común el sitio bíblico y la
capital de Pr-R’-ms-´sw (Per-Ramsés) fue solamente el nombre(28).
Exodo 12:37,
dice que Israel partió desde este sitio rumbo al Sinaí. Sin embargo, Josefo
identifica a Ramesés con Letópolis, una localidad cerca de Menfis. Esto es
apoyado por Estrabón quien la sitúa un poco más arriba del viejo Cairo
(Estrabón XVII, 807).
Los egipcios
eran dados a borrar registros de personas o acontecimientos que no les eran
favorables. El mismo Tutmosis III hizo desaparecer el nombre de la reina
Hasepsut de los bajorrelieves (29). En una inscripción acerca de un consejo que
el rey Kheti III (2120-2050)(30)a su hijo, decía que si no gobernaba con
sabiduría " los pueblos borraran tu recuerdo y el de tus
ancestros"(31). Vale decir, que no nos extraña que el relato bíblico no
tenga una correspondencia en la historia del país del Nilo. En cambio, lo que
sí esta corroborado por los testimonios es la penetración de grupos semitas en el
delta oriental, y que constituyeron una verdadera amenaza(32).
Por otra
parte, el registro bíblico, no nos ayuda demasiado en cuanto a una
reconstrucción de orden histórica. La naturaleza del mensaje que quiere
describir, es la supremacía de su Dios "uno y verdadero" sobre los
"falsos dioses de Egipto".
A
continuación repasaremos a modo de ejemplo, el carácter teológico que reviste
al relato de Exodo y cual fue el interés principal del cronista, razón por la
cual poco importó mencionar los detalles que hoy intentamos dilucidar:
La lucha de
las serpientes: Cuando Moisés se presenta ante el faraón, convierte su vara en
serpiente para demostrar sus credenciales divinas. La serpiente en Egipto, era
símbolo de sabiduría que poseía el mismo rey en su corona. Ahora ésta desafía a
su capacidad de gobernar, por ello sus magos también convierten dos varas en
reptiles, emblema de los dos reinos, pero la serpiente de Moisés resulta más
poderosa que el Alto y el Bajo Egipto, devorando a las otras.
El Nilo se
convierte en sangre: El carácter divino del río esta bien atestiguado. Para los
egipcios era el dios Hapy. Diodoro Sículo (Libro I: 36, 7-12), habla de su
crecida como algo maravilloso. Mientras que todos los demás ríos comienzan a
decrecer en el solsticio de verano, éste es el único que empieza a aumentar su
cause en ese momento, de manera tal que inunda gran parte del país(33). Por lo
tanto, se celebraba el ritual de la crecida y su relación con el Dios sol. Más
que un dios específico era un espíritu andrógino, aquel que orientaba y
ordenaba las caóticas aguas primordiales en virtud de la conservación de la
vida humana. Era el símbolo de la vida(34).
Para los
hebreos, la vida residía en la sangre, Yahvé salvaba mediante el derramamiento
de ella en la tierra. En consecuencia, convertir el río sagrado en sangre era
una bofetada al centro de la teología egipcia.
Las ranas,
los tábanos y los jejenes: La diosa rana Hegt y los dioses de la magia Phat y
Thot no pudieron hacer nada al respecto. Maestros de la brujería, eran vistos
como deidades que mantenían el orden del cosmos (35).
Peste al
ganado y a los hombres: Los egipcios despreciaban a los pastores, eran
ganaderos por excelencia. El que sus animales fueran muertos por una peste no
solo fue un golpe a su economía, sino también a los dioses Hator y Apis.
Tampoco
Isis, la diosa de la sanación, simbolizada por las fases lunares, como el ojo-
en el mobiliario de los templos tiene correspondencia con instrumentos
quirúrgicos- tampoco pudo curar a sus adoradores.
Tormenta con
granizo y fuego: Set, dios de la tormenta y el relámpago, era visto como una
divinidad negativa enemiga de Osiris. Según los escritores antiguos era el Dios
de los Hicsos, compatible con las divinidades semitas, como Baal, el dios del
rayo (36). Reshpú, el controlador del fuego, no pudo ayudar a su pueblo, como
tampoco Thot, el regulador del tiempo y los ciclos estacionales (37).
Plaga de
langostas: Esto fue un atentado a los ciclos de las cosechas y a los dioses de
la fertilidad. El dios Min, relacionado con la fecundidad de la tierra negra,
se lo representa bajo el símbolo del toro (38). En Grecia era asociado con Pan,
el que rapta a las mujeres o el que fecunda a su propia madre.
Período de
oscuridad en la tierra: Esto atentó contra el poder de las divinidades solares,
símbolo de lo masculino, la salud y el orden. Atacó la dualidad Amón-Ra y a la
triple manifestación de Horus, Isis y Osiris, funcionando como la voluntad
poderosa, el soplo vital y fenómeno brillante(39).
El golpe
contra la dinastía del faraón al dar muerte a su primogénito: El hijo del
faraón era Horus, el disco solar alado, el astro naciente. Isis nada pudo hacer
por su hijo-esposo. Tampoco Osiris pudo detener la llegada del ángel destructor
de Yahvé. Hasta Anubis, el señor de la necrópolis estuvo inerte.
Muerte del
mismo Faraón el Mar Rojo: Los mares que circundaban el país bien amado (el mar
Mediterráneo y Rojo o el Mar Grande y el Mar de Juncos, como se conocía en la
antigüedad) eran vistos como la sustancia primordial donde nacían y morían las
demás formas. El agua era entendida como la vida. En los textos de las
pirámides (Papiro 10188 b., Museo Británico), se puede leer un himno a las
aguas divinas. Es interesante notar que el ideograma del agua corriente VVV,
este formado por el signo del agua V, de la luna V y de la mujer V(40), como
símbolo vital.
Thot, el
controlador del orden del mundo y Amón, protector de la monarquía, se
demostraron incompetentes ante el poder de Yahvé sobre esta fuerza que asimiló
al mismo Faraón o dios en la tierra.
Como se
habrá podido observar, todo el relato esta "plagado" de un mensaje
religioso, fundamentalmente que solo Yahvé es el dios vivo y verdadero y los
iconos egipcios no son nada más que la personificación de las fuerzas naturales
creada por el mismo dios hebreo.
El tener en
cuenta esta visión religiosa, aunada a la interpretación tanto histórica como
arqueológica, nos ayudará a revisar los problemas expuestos en el presente
trabajo desde varias perspectivas, que hacen al cuadro más completo. Las
lagunas del origen y migración del pueblo hebreo desde el país del Nilo hacia
el levante como describen los textos bíblicos, como los misteriosos elementos
semitas en aparecen en los anales egipcios, se resisten a dejar lo más oscuro
del lugar donde están sepultados, el eterno pasado, allí es donde reposan y por
ahora seguirán descansando, quizá por ello nunca dejen de fascinarnos.
1) El papiro Anastasi I, únicamente hace una
descripción geográfica de la región del levante.
2) Merneptah, hijo de Ramsés II (Dinastía XIX) dice
que "Israel ha sido arrasado, y su descanso no es". Citado de
"Aid to Bible Understanding" 1971 W.T. Pág 492
3) M.Levirani "El Antiguo Oriente, historia,
sociedad y economia", Barcelona, Ed. Crítica, 1995, Pág 19
4) Plutarco (Siglo I e. C.) explica que se trata del
contraste entre el terreno negro y fértil de las orillas del Nilo y lo arenoso
de las dunas circundantes.
5) Op. Nota 2, Pág 485
6) Cazelles, "Introducción crítica al Antiguo
Testamento", Pág 41.
7) Op. Nota 1.
8) Con relación a los detalles de distribución de las
casas egipcias, ver a Pierre Montet: "La vida cotidiana en el Antiguo
Egipto", Ed. Mateu, Barcelona, 1961, Pág 28-33
9) Ver Papiro D’orbiney, citado por James Pritchard,
"Atlas de la Biblia", Barcelona, Plaza-James, 1991, Pág 38.
10. Carl
Grimberg: "Historia Universal", Chile, Ed. Abril, 1986, Vol. II, Pág
101.
11. Op.
Nota 9.
12. Íbídem
Pág 23.
13. Cuando
se produce la invasión de los hicsos, algunos de sus faraones, cuyos amuletos
eran escarabajos Rem, llevaban nombres semitas con el elemento de la divinidad
EL. Ver Cazzelles Op Nota 6.
14. Josefo:
"Contra Apión", (Libro I Sec. 14-16; 25-31)
15. Gleason
L. Acrcher: "Reseña Crítica a una Introducción del Antiguo
Testamento". USA E. Portavoz, 1994, Pág 237.
16. Merril Unger": Archaeology and the Old Testamen"t,
1964, Pág 134.
17) En una estela descubierta por Mariette en Tanis en
1863, parece que habla de los hicsos y su supuesto dios Set. Asimismo la
tablilla Carnarvon habla de la derrota de este pueblo semita. Ver J. M. Serrano
delgado: "Textos para la historia del Antiguo Egipto", Madrid, Ed.
Cátedra, 1993, Pág. 106.
18) John Bright: "La Historia de Israel",
España, Ed D. De Brovwer, 1970 Pág 145.
19) En ausencia de una tradición escrita, se ha notado
que muchos pueblos han utilizado el número cuarenta. Según Albright este
sistema se encuentra entre los fenicios y entre los cartaginenses.
20) La postura de la adopción del siglo XV, se ha
tratado por Brimson en "Redating the Exodus and conquiest" en
"Journals for the Study of the Old Testament" Suppl. Serie 5, 1978.
21) "Insight on the
Scriptures", WT. 1991, Pág. 587.
22) Nickin, Blackburin: "
Study in Egyptien Chronology", 1928, Inglaterra 1939.
23) "The Word History of
the Jewish", 1964, Vol I, Pág. 280-281.
24) Ver texto de Génesis y renacimiento de Hatshepsup
(Dinastía XVIII).
25) Henri-Charles Puech: "Las religiones
antiguas", España, Siglo XXI, Vol. I, Pág 134.
26) Op Nota 18. Pág. 145.
27) Los nombres de las parteras Sifra y Pua (Ex: 1:
15) son de procedencia hebrea y en consecuencia, muy antiguos. ( Albright en
JAOS. 1954. Pág 229)
28) "Vetus Testamentum", Leiden 1963, Pág
410.
29) Op. Nota 21. Pág. 588.
30) Para las fechas se ha tomado la cronología de
Albright en " Bulletin of the American Oriental Research".
31) F. Schwarz: "Geografía sagrada del Egipto
Antiguo", Bs. As. Ed Errepar, 1996, Pág 156.
32) A comienzos del Imperio Medio, Amenemhet I como
protección contra las incursiones nómadas, levantó "La muralla del
príncipe". Un sistema defensivo de fortificaciones en los límites del
delta oriental. Dicha construcción defensiva, esta atestiguada por Sinuhé. Ver
Herrmann Siegfrid: "Historia de Israel", "Elementos semitas en
Egipto" Pág 83.
33) Op. Nota 17. Pág42.
34) Op. Nota 31 Pág117.
35) Max Muller: "Mitología Egipcia". Ed.
Olimpo. España, 1996. Pág 20.
36) Op. Nota 15.
37) Op. Nota 31 Pág. 118.
38) Ibídem Pág 117.
39. Ibídem
Pág 119.
40. M.
Eliade: "Tratado de Historia de las religiones". México, Ed. Era,
1972, Pág. 178-179.