UNA VIDA CON JESÚS
Soy Raquel y tengo 47 años
¿Y TÚ,
QUIÉN ERES...?
Soy
Raquel y tengo 47 años, pero tu pregunta se refiere a quien fui 20 siglos
atrás, ¿verdad? Yo compartí experiencia con Jhasua, a quien el mundo conoce
como Jesús de Nazaret. Yo era hija de un sacerdote del templo de Jerusalem y de
una patricia romana, que murió al darme vida a mí. Desde aquél momento, mi
padre, a quien quería mucho, me rechazó. Nunca renegó de mí como hija, pero no
me dio su cariño. Tenía un hermano, mayor que yo, fruto de una anterior unión
de mi padre. Como mi padre no se responsabilizó de mí, los amigos de mi madre,
romanos, contrataron a una nodriza, romana también, para que me educara. Yo
había heredado de mi madre una fuerte herencia.
¿Y DÓNDE
VIVÍAS... CÚAL ERA TU ENTORNO?
No sabría
decirte cómo se llamaba el pueblo, pero se trataba de una aldea muy grande,
dividida por un río bastante caudaloso. En la parte norte vivían los romanos
afincados allí y judios acaudalados simpatizantes con el imperio. Por ello
nunca entendí que mi padre viviera en la zona norte, ya que era enemigo
acérrimo de los romanos, y menos aún que se casara con una romana. Y en la
parte sur, vivía el pueblo sencillo. En verano, se podía atravesar el río casi
a pié, pero en invierno era muy difícil, y era necesario utilizar pequeñas
embarcaciones. De todas formas, era difícil pasar de un lado a otro del río, ya
que la zona norte estaba muy protegida por los soldados romanos.
¿Y DICES
QUE CONVIVISTE CON JESÚS DE NAZARET? ¿PUES QUÉ AÑOS TENÍA ÉL Y TÚ...?
Había una
diferencia de 11 años. Yo era una niña de 10 años cuando comencé a ir sola por
la vida. En mi casa no me controlaban, y mi nodriza era yá mayor, y entre lo
despistada que era, y que siempre se estaba durmiendo, yo aprovechaba para
disfrazarme y salir a la aventura.
¿DICES
QUE TE DISFRAZABAS?
Pues sí,
no me quedaba otro remedio. Por las medidas de seguridad dichosas, me veía
obligada a buscar vías de escape muy poco ortodoxas para poder salir de mi
propia casa. Si mi padre se enteraba, habría sido capaz de encerrarme bajo
llave. Así que aprendí a hacerme disfraces de todo tipo y a descolgarme de las
ventanas. Cuando salía de aventura, siempre cruzaba el río y me iba a la otra
orilla. La gente que había al otro lado no me gustaba, ya que eran más feos
pero sobre todo olían mal, y las calles estaban muy sucias. No te olvides que
yo vivía en una zona de influencia romana. Pero en una de mis escaramuzas, al
llegar a la zona sur, un día conocí a un joven, como de unos veinte años, que
me cautivó con su sonrisa, pero sobre todo por su complicidad, ya que desde el
primer momento supo que era una chica a pesar de mis atuendos masculinos.Y me
cautivó, y por ello siempre me iba allí.
¿CÓMO FUE
TU PRIMER ENCUENTRO CON ÉL?
Uno de
esos días en los que crucé el río furtivamente en una barcaza de comerciantes,
ésta volcó por exceso de peso. No hubo grandes repercusiones, pero tuve que
alcanzar la orilla a nado yo sola para no ser descubierta. A pesar de mi
habilidad con la natación, era una niña de 10 años, y mi fuerza física no era
mucha. Si no hubiese sido por él, que me vió, y salió a mi encuentro, habría
sido la última aventura.
Me ayudó
a alcanzar la orilla y me llevó hacia una campita preciosa, donde comenzaban a
abrirse pequeñas flores. Era finales de marzo, creo.
Allí me
tumbé para secarme, pero como no hacía todavía calor, él me aconsejó que
hiciera ejercicio para no quedarme fría. Y allí empezó todo. Corrimos,
saltamos, jugamos y... me enamoré como una tonta. Era una niña, sí... pero el
corazón no atiende a edades. Fue mi primer amor entonces, y lo ha seguido
siendo siempre.
¿CÓMO ERA
FÍSICAMENTE?
Era muy
alto, y eso que yo lo era también. No sabría decirte... pero aproximadamente
podría tener una altura de 1 m, 80 cms, que en entre el pueblo judío era una
altura poco normal, pero entre los romanos, no era tan extraño. Era moreno
claro de piel, con ojos color miel y muy transparentes. Tenía una melenita
corta, de pelo un poco rizado, castaño claro, con una nariz considerable aunque
muy fina, y labios carnosos. Su constitución era muy atlética, parecida a la de
los soldados romanos cuando les veía entrenar en los patios de los palacetes.
Pero a mí
el físico es lo que menos me atrajo de él. Fue su sonrisa, su mirada, su voz,
su ternura... dime... ¿qué tipo de persona podría cautivar de esa manera a una
niña de 10 años?
ALGUIEN
MUY ESPECIAL, SUPONGO, PERO EN ALGÚN MOMENTO, CUANDO OS CONOCÍSTEIS, ¿TE DIJO
QUIEN ERA?
Solo me
comentó que vivía allí, en la zona sur, con su familia, pero que se estaba
preparando para viajar fuera. Quería aprender cosas nuevas, y además él me
decía, que en otros mundos, lejos de allí, tenía muy buenos amigos con los que
tenía que estudiar. Estuvimos viéndonos, casi diariamente, durante dos años. Yo
le caí en gracia, y siempre venía a mi encuentro. La verdad es que él también
me cogió mucho cariño. Durante todo ese tiempo me enseñó muchas cosas. Un día
me llevó hasta su casa, pero había mucho alboroto, no me acuerdo por qué, y no
entramos. Solo conocí a una hermana de Jhasua, Raquel, de mi misma edad, pero
mucho más adelante.
¿A QUÉ SE
DEDICABA, EN QUÉ TRABAJABA?
No sabría
decirte a qué gremio pertenecía, no solo él, sino toda su familia, por parte
del padre. Formaban como un núcleo, y vivían todos juntos en una parcela
parecida a los antiguos corrales andaluces, con varias viviendas alrededor y
también en el piso superior al que se accedía por unas escaleras de piedra.
Había una cabeza de familia o de clan, que era un hermano de su padre, y se
dedicaban todo los hombres al negocio de la construcción. Lo mismo te
construían un barco, que una casa, que te hacían planos, carruajes y otras
muchas facetas que no recuerdo muy bien. Lo curioso es que Jhasua trabajaba,
pero no tenía ningún horario. Había dias en que no le veía el pelo, pues estaba
haciendo algún trabajo, y otros, que no pegaba golpe.
¿QUÍENES
ERAN SUS AMIGOS?
En
aquélla época no conocí a ninguno. Es posible que ni los tuviera, ya que casi
siempre me hablaba de sus primos. Eso sí, siempre me decía que tenía muy buenos
amigos fuera, con los que quería estudiar, y por ello había planteado en el
clan familiar la posibilidad de poder viajar al extranjero para buscar nuevos
contratos de trabajo y así poder hacer también lo que él quería.
¿NO TE
HABLÓ NUNCA DE QUIENES ERAN ESOS AMIGOS?
No.
Tienes que tener en cuenta que yo era mucho más joven que él. Pero con el
tiempo, cuando los dos nos hicimos mayores, me contó más cosas, incluso sus
experiencias en viajes a paises lejanos y muy extraños.
¿A QUÉ
AÑOS COMENZÓ A VIAJAR?
En
realidad, desde muy niño. Su padre y su tío se lo llevaban con frecuencia con
ellos cuando salían al exterior. Pero en solitario, empezó a hacerlo con 22
años. Siempre me acordaré de aquélla tarde de Julio, cuando me dijo que
marchaba y que tardaría en volver. Estuvo fuera 6 años, que para mí fueron
de infierno. Mi único amigo, al que quería con toda mi alma, no estaba. Me
sumergí en mí misma y a penas salía de mi casa. Fueron seis años muy duros para
mí, donde maduré muchísimo, y donde la adolescencia no existió, ya que de niña
pasé a ser una joven de 17 años.
¿CONSIDERAS
QUE SU FAMILIA, O CLAN, COMO LO LLAMAS TÚ, ERA DE CLASE ALTA O BAJA?
Para
vivir en la zona sur, eran bastante pudientes. Trabajo no les faltaba, y
siempre estaban de aquí para allí, e incluso para viajar se necesita dinero. Yo
nunca ví vestido a Jhasua con ricas vestiduras, sino de forma muy sencilla,
aunque tejidos siempre buenos. Claro, que también hay que tener en cuenta la
forma de ser de él. Estoy segura de que aunque hubiera nadado en oro, seguiría
siendo sobrio y sencillo en la forma de ser y de vestir. Clase... pues sus
primos eran corrientitos. Solo él destacaba por su elegancia y saber estar. Con
el tiempo conocí a su tío, y él también me pareció un hombre muy íntegro y con
mucho magnetismo.
¿DE QUÉ
HABLÁBAIS CUANDO OS VEÍAIS Y QUÉ HACÍAIS?
Ya te he
comentado antes que durante dos años estuvimos casi a diario viéndonos, salvo
si tenía algún trabajo que terminar con urgencia. Tampoco podía hablar conmigo
de cosas interesantes, ya que yo era una niña, y él un joven muy cultivado.
Cuando yo me hice una mujer, en toda la amplitud de la palabra, ya hablábamos
de cosas más serias. Pero por aquél entonces, Jhasua me contaba historias sobre
el Universo, las estrellas, que al momento las recordaba y disfrutaba de ellas,
pero al día siguiente se me habían olvidado. Me enseño a conocer mi cuerpo, sus
sensaciones, percepciones. Me inició en terapias de masajes, pues completaba
bastante el conocimiento heredado de mi madre e inculcado por mi nodriza sobre
unguentos y pócimas curativas. A pesar de mi corta edad, era muy buena en ello.
Jhasua también amplió mis conocimientos al respecto, enseñándome cómo curar a
los animales. La verdad es que no era una forma muy ortodoxa la suya. Fue
cuando me dí cuenta que tenía dones especiales.
¿ALGUNA
VEZ TE HIZO ALGUNA DEMOSTRACIÓN DE ESOS DONES CURATIVOS?
En muchas
ocasiones. Yo, por ejemplo, como me movía mucho, por ello me bautizó con el
nombre de Camaleón, me hacía muchas averías en las piernas. El me miraba, se
llevaba los dedos índice y corazón a los labios y luego me los ponía sobre la
herida, y dejaba de doler, y en minutos, la herida cerraba. Claro, que como te
miraba de aquélla manera... no sentías ni el dolor. Pero también en varias
ocasiones, cuando paseábamos por el campo, nos encontrábamos con pequeños
animalillos heridos. Y con ellos no hacía lo mismo. Cuando veía a un animal en
dificultades, él se inclinaba hacia él, le acariciaba la zona afectada, y
sacando un pequeño cazito de barro de su zurrón, lo llenaba de agua y lo dejaba
al lado del animal. Y nos íbamos. Yo cuando le preguntaba que por qué dejábamos
al pobrecito animal sin curarle, él me decía que de ello se encargarían los
hermanos de la naturaleza. Y en una ocasión, para que lo comprobara, volvimos donde
el animal, que seguía tumbado en el suelo, le dio a beber del agua, y al
momento se levantó brincando y lleno de vida.
Cuando le
pregunté qué habia pasado, me dijo que los hermanos de la naturaleza manipulan
y enriquecen el agua con sabios remedios, y se la dan a beber al animal. El
solo les había pedido el favor.
ANTES ME
HAS COMENTADO QUE TE BAUTIZÓ CON EL NOMBRE DE CAMALEÓN... ¿POR QUÉ LO HIZO?
Mira,
entre otras muchas cosas, Jhasua era muy puñetero. Por mis circunstancias
familiares, me veía obligada siempre a disfrazarme de cualquier cosa para salir
de mi casa y andar entre la gente sin ser reconocida. También me hice
especialista en trepar y deslizarme por las paredes. Por ello, un buen día, me
empezó a llamar «mi camaleón». A mí me sonaba a gloria ese nombre, sobre todo
pronunciado por él, pero al preguntarle qué era un camaleón, tiró por el camino
de enfrente, y me enseñó uno. Horrorizada pegué un grito. Lo tomé por un
insulto. Era feísimo el animal. El se echó a reir a carcajadas, pero como vió que
a mí no me hacía ninguna gracia, me explicó la simbología. Aquello fue también
para mí una lección, la de no quedarme nunca con las apariencias y llegar
siempre al fondo de las cosas y de las personas.
Confieso
que aun hoy día, ese nombre me hace vibrar de piés a cabeza, aunque el
animalito en cuestión, sigue sin gustarme.
HAS DICHO
ANTES QUE JHASUA ERA UNA PERSONA CULTIVADA... ¿QUÉ SUPONÍA EN AQUEL TIEMPO SER
UN HOMBRE CULTIVADO? ¿QUÉ MATERIAS SE ESTUDIABAN, EN QUÉ LUGARES, CON QUÉ
MAESTROS?
Con la
consciencia de ahora, podría contestarte. Pero voy a ser fiel a Camaleón y te
lo diré con la consciencia de ella. Mi padre era un sacerdote del templo, pero
nunca lo tuve muy claro. Había algo extraño en él. Los demás compañeros estaban
en el templo, asistían a reuniones donde discutían sobre el contenido de los
textos sagrados y otras muchas actividades. Pero él nunca participaba de
ellas. Estaba siempre sumergido en libros secretos y misteriosos que guardaba
siempre bajo llave, en planos con líneas y dibujos muy extraños, en pergaminos
muy viejos, que si al desdoblar no se iba con cuidado, se hacían polvo. Muy
pocos de sus compañeros sacerdotes, tenían acceso a esa documentación. Yo te lo
puedo contar porque siempre tenía en la casa algún rincón donde mirar y expiar
sin ser vista. Como te he dicho, nunca participaba de esas actividades, pero
siempre contaban con él a la hora de tomar decisiones. Yo digo que era
sacerdote, porque iba vestido como ellos, pero no por lo que hacía. Yo odiaba a
los sacerdotes, porque quería mucho a mi padre, y estaba seguro de que su
influencia le habían hecho como era. Con el tiempo me dí cuenta que la muerte
de mi madre, a la que amaba mucho, le cambió. Hoy es el día que todavía, cuando
recuerdo aquél hombre, mi corazón siente un gran amor por él, a pesar de haber
sido uno de los enemigos más acérrimos del amor de mi existencia.
Pero
sigamos con lo de tu pregunta. Jhasua, las pocas veces que le veía en su propia
salsa, siempre estaba como mi padre, entre libros raros y misteriosos, pero sin
embargo, nunca le veía en compañía de ningún maestro de los reconocidos
entonces. Cuando alguna vez comentábamos alguna historia del pueblo hebreo, él
hacia caso omiso a lo que leía, y siempre me daba su versión. Nunca me dijo
esto es mentira o no es así... sino que los que lo escribieron y dieron
testimonio de ello, lo hicieron con los ojos de la cara, y no con los ojos de
la frente y del Corazón. Claro, aquello lo empecé a comprender de mayor. Cuando
me lo explicaba yo me preguntaba,¿qué tenemos ojos en la frente y en el
corazón? ¡Será verdad cuando tú lo dices!. Y él se reía conmigo, y me decía que
un día comprendería, y que haría con la gente lo mismo que él hacia conmigo.
En alguna
ocasión le pregunté que dónde aprendía todas esas cosas, y el me contestaba que
, desde luego, no en el mismo lugar que mi padre, sino en una escuela que está
muy cerca y muy lejos, que está arriba, pero que está abajo, que está fuera,
pero muy dentro... Y yo seguía sin comprender, y él mi miraba con mucha
ternura. Hoy si que lo comprendo, y le sigo sintiendo tan cerca de mí como
entonces.
POR
CIERTO, Y CAMBIANDO DE TERCIO... ¿CÓMO ERA SU CARÁCTER?
Vaya
preguntita... pero intentaré responderte lo más fiel posible. Jhasua era un
hombre maravilloso, un ser humano de piés a cabeza. Era sensible, perceptivo,
amante de la vida, un poco poeta, aunque sus elevados pensamientos no rimaban
demasiado. Para él, la amistad era sagrada. Muy responsable con el trabajo, ya
que en todo lo que hacía con sus manos y voluntad, buscaba la perfección. Sin
embargo, en cuanto a las personas, esa perfección perdía para él interés.
Buscaba siempre en ellas lo más íntimo, lo que no se ve pero se escapa por la
mirada, por el tono de voz: el corazón.
Era muy
idealista, y aunque muy consciente de la realidad en la que estaba sumergido,
intentaba y casi siempre lo conseguía, vivir conforme a sus ideales. Ello le
acarreó siempre serios problemas, pero tenía una fuerte convicción, un corazón
fuerte, pero sobre todo mucho amor, que le daba un toque de locura maravillosa
que fue una de las cosas que más me enamoró de él.
También
tenía su mal carácter. Como te he dicho antes, era muy sensible, y todo lo que
había a su alrededor le afectaba mucho. A veces le provocaban tanta tensión y
dolor, que buscaba siempre lugares apartados para desahogarse. Lloraba mucho,
pero muy pocos le vieron hacerlo. Yo lo sabía, y años después, cuando intuía
que él se escondía en su lugar favorito para aliviar tensiones, me hacía el
encontradizo, y con masajes que el mismo me enseñó le aliviaba un poco. Pero en
alguna ocasión, descargó conmigo, y su reacción era inmediata. Me abrazaba muy
fuerte y me pedía perdón. No entiendo como el hombre le ha puesto en un altar
tan alto, inalcanzable, cuando fue un ser tremendamente humano y entrañable,
con sus debilidades y bloqueos. Se enfadaba, sí, pero reaccionaba enseguida, y
sobre todo cuando veía la injusticia y el egoísmo en los que más tenían que
entregar al mundo por su condición y consciencia. Por ejemplo, tenía muchas
enganchadas con los suyos, con los que le seguían. Cuando te hablo de él, lo
estoy haciendo en pasado. Me corrijo, fue así y lo sigue siendo. Desde niña,
con a penas 6 años, entró de nuevo en mi vida, y muy pronto supe qué lazos me
unían a él. Ha seguido siendo mi amigo, mi maestro y mi compañero de aventuras,
aunque a nivel espiritual, pero también te digo, que hoy, Jhasua, dispone de un
cuerpo y vive entre nosotros. En lo más profundo de mi corazón espero y anhelo
encontrarme con él, pero es posible que no. De todas formas, sé, que en cuanto le
mirase a los ojos y oyera su voz, aunque su cuerpo fuera totalmente distinto,
le reconocería.
¿QUÉ
SABES DE SU NIÑEZ?
No mucho.
Solo que viajaba mucho cuando niño con su padre y su tío, y algunas veces
también con sus primos mayores. Era un niño muy inquieto y despierto. Ellos lo
hacían con el propósito de iniciarle en el mundo de los negocios, pero él iba
siempre a lo suyo. Siempre hacía amigos allí donde iba, y no eran, por lo que
me contaba, personas muy normales y corrientes. ¡Seguro que tan raritos como
él!
¿QUÉ
CONOCIMIENTOS TE ENSEÑÓ SOBRE EL CUERPO HUMANO?
De niña,
cuando me hablaba sobre ello, me contaba historias divertidas, jugando conmigo.
No te olvides que tenía tan solo 10 años, pero con el tiempo, y cuando ya me
hice una mujer, esas historias divertidas fueron tomando cuerpo y un giro
totalmente distinto. Yo misma me había hecho una experta siguiendo los pasos de
mi madre. Estudié mucho y experimente también, sobre todo con animales. Jhasua
me decía una y otra vez, era como si quisiera que me quedara grabado en el
alma, que el cuerpo humano, a pesar de lo grotesco que nos pueda parecer, es el
templo más sensible y refinado dentro de la dimensión de la materia, de una
maravillosa estrella del universo. A mí me costaba mucho comprender, hasta que
un día, en su escondite favorito, creyó oportuno demostrármelo, y sin pensarlo
mucho, se levanto del suelo, respiró profundamente y su cuerpo empezó a vibrar.
Toda la cueva se iluminó, y él se hizo transparente. Pude ver perfectamente
cómo, en su interior, había una gran explosión, y por sus venas corría fuego.
Me quedé perpleja, yo me esperaba todo de él, pero aquello era muy fuerte. Vió
que no me había alterado mucho, y sin darle más importancia, me explicó que ese
fuego y y esa luz los llevamos todos dentro. Es la energía de una estrella, una
célula de amor del cuerpo de Dios, del Padre.
En cuanto
a la parte más física, los masajes del cuerpo, éstos eran muy parecidos a los
que se aplican ahora para relajar y tonificar las distintas partes del organismo.
En esas técnicas no ha habido mucha variación. Sin embargo, él los aplicaba con
un toque muy especial. Antes de activar sus manos sobre el cuerpo, estaba unos
minutos en silencio y sintonizando con su interior. El me decía que potenciaba
al máximo su pecho y hacía vibrar su corazón. Sus manos comenzaban a vibrar
ligeramente y era cuando empezaba a aplicarlas, suavemente y sin presión, sobre
la piel. No se podía tocar un cuerpo humano, si no estabas tú armonizado y
lleno de amor y compasión por esa persona. Confieso que aquélla técnica que
aprendí de él, me gusta mucho. Cuando terminaba con los masajes, cogía un
cuenco de barro, lo llenaba de agua, ponía sus manos sobre ella y bebía, y a
continuación se la ofrecía a la persona afectada para que la apurase hasta el
final. Yo, por supuesto, le pregunté el por qué de aquello, y el me contestó
que era una forma sutil pero muy contundente de conectarse con el alma de esa
persona, y decirle que su amor, le acompañaría siempre.
Como
verás, era un romántico. Con el tiempo supe que no solo era romántico, sino muy
efectivo, porque cuando el corazón y la mente trabajan juntos, no hay nada
imposible que no puedas hacer.
ANTES ME
HAS DICHO QUE JHASUA TENÍA UN ESCONDITE DONDE SOLÍA REFUGIARSE... HÁBLAME TODO
LO QUE SEPAS DE ÉL.
Es
cierto, tenía un escondite, desde niño. Pero cuando comenzó su vida pública, y
viajaba tanto, ya no buscaba un recinto cerrado, sino lugares muy apartados
donde estar alejado de la gente. Pero el escondite al que me refiero, lo conocí
perfectamente. En más de una ocasión él me llevó hasta él. Sobre todo cuando
quería contarme algo muy confidencial o hacerme alguna demostración que no
quería que viese el resto de la gente.
Estaba
situado a la salida del pueblo, de la zona sur. Había que atravesar una
extensión casi desértica y a continuación nos introducíamos en un paraje
rocoso. Comenzábamos a subir una pequeña altiplanicie hasta que alcanzábamos un
pequeño orificio en la roca por donde a penas podía entrar una persona
arrastrándose. Parecía un escondite de animales, pero una vez atravesado el
orificio, al otro lado había una gruta gigantesca, incomprensiblemente limpia,
con ausencia total de polvo y alimañas.
En una
ocasión le hice partícipe de mi extrañeza, y él me dijo que aquél lugar se lo
mantenían así sus amigos de la naturaleza. Yo le pregunté que quienes eran, y
el me remitió a los mismos que echaban los remedios curativos en el cuenco de
agua para curar a los animales.
Yo le
pregunté que si podría verles alguna vez y el me contestó que ellos nunca se
esconden de los humanos, pero que nosotros tendríamos que desarrollar
facultades físicas y mentales para llegar a hacerlo. Me dijo que no tuviera
prisa, que el saber que ellos existían y me protegían, ya era un gran paso y
privilegio.
Como te
he dicho, era una gran gruta. En verano estaba fresquita, y cuando hacía frío,
se estaba deliciosamente.
Pero
cuando Jhasua comenzó a viajar, aquélla gruta quedó triste. Yo, para consolarme
de su ausencia, iba a verla, pero nunca subía, me quedaba abajo, contemplando y
recordando. Se me hacía un nudo en la garganta. Pero siempre me iba de allí con
el corazón un poco más alegre. Estaba segura que mis amigos de la naturaleza me
seguían cuidando. Aunque Jhasua no estuviera a mi lado, cuando necesitaba curar
a un animal, hacía lo mismo que él, y el animal siempre se levantaba y se
curaba de sus heridas o de su enfermedad. Los ayudantes de mi amigo, siguieron
conmigo.
¿ESTUVO
MUCHO TIEMPO JHASUA VIAJANDO? ¿CÚAL FUE EL VIAJE MÁS LARGO QUE HIZO?
Que yo
sepa, el viaje más largo en tiempo y distancia fue a Egipto. Me dejó con 11
añitos y cuando regresó ya era una jovencita de 17. El ya era todo un hombre, y
por primera vez le ví con barba. Siempre me acordaré de aquél encuentro. Yo,
como casi todos los días, iba hasta el pié del orificio del escondite, y como
si él lo supiera, aquél jueves de mayo me estaba esperando. Desde la distancia
lo reconocí, a pesar de su aspecto. Estaba muy delgado, demacrado, con el pelo
más largo y con barba. Me dio la sensación de que estaba muy enfermo y el
corazón me dio un vuelco terrible. Pero mis pies echaron a correr, y de un
salto me quedé colgada a su cuello.
El me
abrazó hasta dejarme sin aliento... claro, acostumbrado a las medidas de una
chiquilla... yo era más alta, más voluminosa y un poco más pesadita también...
Le miré a
los ojos, y mi corazón saltó de su sitió, pero mi vientre se inquietó. Yo, por
entonces, era muy perceptiva, y sentía en mi cuerpo las dolencias de aquéllos
que estaban a mi lado. Sentí que Jhasua estaba muy débil, casi agotado vital y
energéticamente. Me extrañó mucho en él. Pero Jhasua, que leía en mí, me
tranquilizó, y me dijo que no era nada importante, que había un por qué, pero
que en su casa, y en compañía de la gente que le amaba, se recuperaría
enseguida. Nos subimos corriendo al escondite. El había traído un poco de queso
y castañas con higos. Comimos mientras me contaba anécdotas del viaje, pero
cuando terminamos, empezó a detallarme la experiencia vivida en Egipto que le
dejó en aquél estado.
Para mí
fue como un bautizo, una iniciación. Mientras le escuchaba, me dí cuenta que le
entendía perfectamente, lo comprendía todo. En esos años algo se había
transformado en mi interior. Yo no tenía grandes conocimientos, pero sin
embargo, todo lo que me relataba Jhasua, me resultaba familiar, conocido. El
sabía perfectamente que yo ya estaba preparada para ello, por eso no hizo en
ningún momento ninguna pausa ni me preguntó si necesitaba alguna aclaración.
¿TE ACUERDAS DE LO QUE TE CONTÓ DE
AQUÉL VIAJE?
De todo. Pero permíteme que en
este caso concreto, hable también yo. Camaleón fue la receptora hace 20
siglos, pero con mi conciencia de hoy, le daré sentido.
Entonces, como ya te he dicho
anteriormente, lo recibía como algo nuevo y distinto, sin embargo me encajaba
perfectamente, me resultaba familiar todo lo que Jhasua me decía y relataba.
Ese cambió que observé en mí misma no lo entendía, pero él me explicó, que
aunque fue sólo a ese viaje, y afrontó físicamente aquella experiencia, el
corazón de todos sus hermanos, los hijos del Sol, habían participado también, y
ese conocimiento lo llevaban dentro igualmente. Entonces no entendí esta última
matización, pero hoy sí.
El comenzó a contarme la historia
de cómo, hace miles de años, los Hijos del Sol trajeron información al planeta.
Pero este sol no era el que conocíamos y veíamos todas las mañanas. Vinieron de
un planeta, mucho más grande que el nuestro, a muchísima distancia de nuestro
sol, pero que es invisible, salvo para algunos cuantos.
Este planeta tiene una gran fuente
de la que emana agua azul, con una melodía que transmuta todo. Pero además de
la fuente azul, este planeta tiene en sus entrañas un gigantesco Sol Interior,
el Padre.
Toda la información traída por
ellos, salvo una décima parte que fue entregada a la humanidad de entonces, fue
codificada y metida en las mismas paredes del templo circular que hay dentro de
la Esfinge del León. Aquél mausoleo fue levantado con ese propósito, y el día
que el verdadero descodificador se haga con ella de nuevo, la Esfinge se
convertirá en arena del desierto como lo fue en un principio.
DIME...
¿Y CÓMO LA METIERON...?
Pues utilizaron las paredes, techo
y suelo del templo circular como si se tratasen de un ordenador gigante.
Metieron toda la información y luego desconectaron. El tiempo de la
descodificación ya ha llegado. Si no ha sucedido ya, está a punto de acontecer.
¿Y CÓMO
LO HARÁN... Y QUÍENES?
Desde luego que serán hijos del
Sol, humanos normales y corrientes, pero con una genética distinta y una
conciencia total. Hay muchas claves y sistemas de seguridad que hay que salvar
para tener acceso, y no solo lo hará una persona, ya que es una labor de
equipo. Como mínimo tres. Dos de ellos son la clave de acceso, y el tercero el
descodificador que se hará con toda la información y que entregará a la
Humanidad a través de seres humanos conscientes y preparados que la hagan más
inteligible al resto del mundo.
¿Y ESAS CLAVES Y SISTEMAS DE
SEGURIDAD...? ¿ACASO HAY RIESGO DE PERDER ESA INFORMACIÓN?
Sí, ha habido mucho riesgo, aunque
no de perderla, ya que nadie, salvo los predestinados desde el principio,
podrán tener acceso a ella. Pero durante la historia de las distintas humanidades,
seres muy poderosos y evolucionados de esta dimensión, de otras, e incluso de
otros planetas, han intentado hacerse con ella para poder marcharse de aquí
para siempre, llevársela consigo y dejar de nuevo a esta Humanidad totalmente
ignorante de su origen y de su condición divina. Muchos de ellos consiguieron
tener acceso al menos al interior de la Esfinge, pero no entrar en el Templo. Y
quedaron atrapados allí, convirtiéndose en una energía densa, tenebrosa y muy
poderosa, que hará todo lo posible porque esa información no vea la luz.
En un momento determinado yo le
confesé a Jhasua mi extrañeza de que él considerara seres evolucionados a esa «gentuza», porque desde luego, entre los
humanos los hay mucho mejores. El, entonces, me dijo que el hecho de estar en
tercera dimensión, no supone el tener una evolución inferior a la de ellos.
Estos son mucho más evolucionados que el ser humano en tecnología, en
capacidades mentales y psíquicas, y en otras muchas cosas.... pero su alma, su
espíritu, es muy inferior a la de un ser humano, y que en este planeta, a lo
largo de muchas humanidades, ha habido grandes seres de luz encarnados en la
materia, y parte de los códigos que están encerrados en la Esfinge, cuando sean
activados, despertarán a todos los «Danzadores
del Sol» a los
Corderos Solares. Cada uno de ellos tiene su propio código que al activarse lo
despertará de su letargo, y cuando todos ellos lo hayan hecho, golpearan con
sus pies la tierra que pisan y harán vibrar el corazón de la Madre Tierra, y ésta
despertará también de su letargo.
Pero creo que nos hemos desviado
un poco del tema. Estábamos con la experiencia de Jhasua en Egipto.
El había dedicado casi toda su
estancia al negocio familiar. Había tomado una decisión, la de dejar el núcleo
familiar y comercial. El había escogido otro camino. No cayó muy bien en la
familia, pero respetaron su decisión. Por ello, salvo el último año, lo había
dedicado a ayudar a su tío y primos con los contratos de trabajo.
Su familia regresó a casa, pero él
se quedó allí. Tenía amigos, muy pocos, pero con los que quería estudiar y
prepararse.
Esos amigos formaban parte de un
pequeño grupo, muy misterioso, y que nadie sabía de él. Eran los conocedores de
los grandes secretos de la Gran Pirámide, en el interior de la cual, después de
un periodo de instrucción, a todos los que querían iniciarse, eran sometidos a
grandes pruebas, en la mayoría de los casos no eran superadas e incluso
acababan con la vida del aspirante.
Jhasua fue uno de esos aspirantes,
y pasó por todas las pruebas con éxito. Pero antes de ser iniciado, debía pasar
una noche en el interior de una cámara secreta, a la cual le llevaron con los
ojos vendados.
Una vez allí, Jhasua se quitó la
venda, y quedó sentado en el suelo, relajado y meditando. Fue allí donde
recordó su pasado, quien era, de donde venía y que había venido a hacer de
nuevo. Se levantó enseguida del suelo, miró a su alrededor, tomó contacto con
el lugar, y como si él mismo hubiese construido aquél monolito, comenzó a abrir
puertas, a atravesar túneles, a subir, a bajar, a arrastrarse por orificios que
comunicaban unas cámaras con otras, y así durante muchas horas. Sabía dónde
iba. Por fin estaba allí, en el centro del Templo, en la Esfinge del León. Fue
recorriendo con sus ojos la estancia, y unas lágrimas inundaron su rostro. El
había estado allí hacía miles de años, y había guardado un gran tesoro en
aquéllas paredes. Sabía también que no era el tiempo todavía de sacarla, pero
el recuerdo entrañable de todos los hermanos que le acompañaron entonces, le
llevó a tener un gesto de cariño hacia ellos llevando su mano derecha hacia una
de las paredes del templo, acariciándola. La vibración de Jhasua fue
identificada, y las paredes se pusieron a temblar. No era el tiempo señalado
para su activación, y todos los resortes de seguridad se desataron.
Dejaron a Jhasua exhausto, sin
fuerzas y totalmente bloqueado. Consiguió salir del Templo, pero al volver a la
Gran Pirámide, y totalmente debilitado, tuvo que enfrentarse a todas las
fuerzas oscuras que vivían atrapadas entre aquéllas piedras. Fue una lucha
atroz en la que creyó morir, y en el momento más álgido, Jhasua se acordó de
sus hermanos, y el Corazón de todos ellos, fue en su ayuda. En aquél momento
una gran luz le envolvió y lo sacó de allí, dejándolo en mitad del desierto.
Cuando terminó de contármelo, mi
rostro estaba inundado de lágrimas, y él me abrazó. Cuando me lamenté de no
haberle podido ayudar, él me aseguró que mi corazón estuvo allí, y que era
mucho más guerrero que Camaleón. Yo no entendí, pero era lo que menos me
importaba. Lo único que deseaba era ayudarle en ese momento, con mis
conocimientos y con mi amor y cariño.
¿JHASUA ERA JUDIO PRACTICANTE? ¿TE
HABLÓ ALGUNA VEZ DE DIOS?
¿Quieres decir que si ejercía de
judío? Yo nunca le vi acudir a un sitio religioso, ni siquiera al templo,
aunque dicen que sí lo hizo, pero yo no fui testigo de ello. No era de
costumbres... más bien se las saltaba todas. Ignoro si en su familia seguían
los ritos, ya que nunca llegué a compartir con ellos. Pero si me preguntas, te
diré que creo que no, que no era practicante, ya que Jhasua no tenía religión,
y ya te contesto también a la segunda pregunta. Nunca me habló de Dios, pero sí
de nuestro Padre. Para él no existía el premio ni el castigo, ni el dolor ni la
alegría... para él todo lo resumía en ignorancia y conocimiento. El
conocimiento y la conciencia de uno mismo de que forma parte del UNO, del
Padre, y como consecuencia, servidor y servido del Amor, y la ignorancia y la
creencia de que somos los hijos malos, merecedores del castigo de un Dios
justiciero al que se teme, y que como consecuencia nos avoca al miedo y a la
desesperación.
Para él, el Padre y su Corazón
eran UNO, así como el Corazón de todo hombre con el Padre son UNO.
El nunca hablaba del Cielo, sino
de nuestra CASA. Tampoco hablaba del fuego eterno, sino de la culpa, del
sentimiento de culpa que tiene el hombre en su corazón, y como no sabe perdonar
ni perdonarse a sí mismo, se condena al sufrimiento. Pero te vuelvo a decir,
que yo entonces, aunque tenía una apertura de conciencia notable, había muchas
cosas de las que me hablaba que me sonaban bonitas y me las creía porque me las
decía él, pero no las podía asimilar. Hoy sí. Las comprendo, y te diré más aún,
sé lo que sentía él en su corazón, porque ahora yo siento lo mismo. Han
pasado 20 siglos, pero para el espíritu, como para el amor, no existe el
tiempo, sino los instantes. Espero haber contestado a tus preguntas. La verdad
es que no puedo decir mucho más.
¿QUÉ
PENSABA DE LOS ROMANOS?
Nada especial. Para él eran seres
humanos, hermanos que estaban experimentado y trabajando en esta gran Obra de
la Vida, y que en aquellos momentos polémicos, les había tocado hacer el papel
de dominadores. El, aunque judío, no se sentía dominado ni prisionero del
Imperio Romano, porque era totalmente libre. Sabía quien era, de dónde venía y
hacía donde iba. Todo lo demás era el decorado de esta Gran Obra del Hombre.
Hablaba mucho con ellos, con gente de otras culturas, con ladrones, con
nacionalistas, con prostitutas... él nunca se quedaba con la apariencia del
personaje, sino con su esencia, con su corazón, con sus sentimientos,
preocupaciones, ilusiones, anhelos, tristezas... él se alimentaba de la esencia
del hombre, y entregaba a su vez su esencia al mundo. Tenía un carácter tan
extraordinario, directo y noble, que nadie rechazaba su compañía. El nunca
juzgaba. Callaba, escuchaba, comprendía y sonreía y a veces como colofón,
abrazaba. Tuvo muchos problemas por ello, ya que intentaron relacionarle con
núcleos de la población demasiado partidistas.
¿CUÁNDO DEJÁSTEIS DE RELACIONAROS?
Mientras vivimos, nunca... Después
de aquél encuentro a su regreso de Egipto, estuvo un tiempo en su casa
descansando, y seguimos viéndonos. Luego él comenzó a viajar por Israel, que no
era tan grande el territorio como ahora. Había entonces otros pueblos y
culturas, sin contar, desde luego, a los romanos.
DICES QUE MANTUVISTE LA RELACIÓN
HASTA QUE MATARON A JHASUA... ¿CÓMO VIVISTE DESPUÉS DE AQUELLO?
Ante todo quiero aclararte que no le
mataron. El eligió ese camino, nadie le obligó. Si él no se hubiera entregado,
ellos no habrían podido quitarle la vida. El entregó su vida, no se la
arrebataron. ¡Es muy distinto! Y por mi parte... no sé cómo habría podido ser
mi vida sin él de haberle sobrevivido. No fue así. En el momento más álgido de
Jhasua en el Gólgota, yo caí como un saco roto al suelo. Mi corazón se hizo mil
pedazos. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos, que todavía queda mucho
hasta llegar a ese momento.
SÍ, PERO CUANDO COMENZÓ A VIAJAR
POR ISRAEL... ¿TÚ QUÉ HICISTE, CÓMO PODÍAS SEGUIR RELACIONÁNDOTE CON ÉL?
En un principio lo tuve muy
difícil. Yo ya era una mujer. Antes, con 17 años, la mayoría de las jóvenes ya
estaban casadas y con hijos. Mi padre y mi hermano querían casarme, con un
romano o con un judío, pudientes y de familia noble, claro... pero yo tenía muy
claro lo que quería. Anhelaba ser libre de ataduras y responsabilidades. Yo no
quería a ningún hombre. Tan solo había uno en mi corazón, y tampoco le veía a él
como hombre, sino como un hermano y un amigo muy especial. Entonces mi padre,
me dio de plazo dos años para que me lo pensara y reflexionara, y si después
seguía con mi actitud, tendría que abandonar su casa.
Esos dos años, como pude, y no fue
fácil, hice alguna que otra escaramuza y le buscaba allí donde estuviese. En
los primeros momentos, Jhasua siguió ganándose la vida con su trabajo allí
donde iba, lo imprescindible para poder vivir. El resto del tiempo lo dedicaba
por entero a estar entre la gente, enseñando todo aquello que llevaba dentro, y
que había aprendido en culturas distintas. Sobre todo ejercía de terapeuta.
Cuando nos encontrábamos, estábamos juntos unos días, y luego yo tenía que
volver a casa.
¿Y POR QUÉ NO TE FUISTE DE CASA DE
TU PADRE Y TE MARCHASTE CON ÉL?
¿Crees que no deseaba hacerlo con
toda mi alma? ¡Y menos mal que no lo hice...! Sabiendo lo que pasó tiempo
después entre los sacerdotes y Jhasua, me alegré no haberlo hecho. Mi padre me
hubiera buscado, y habría provocado serios problemas a Jhasua antes de hora.
Pero en un principio, lo que me retuvo en casa, no fue eso. Yo sabía que él
había tomado una decisión muy importante, y entendía el por qué lo hacía, pero
no comprendía el mensaje que quería entregar a la gente. Yo le seguía siempre
que podía, pero a él, para estar a su lado, no para escucharle, ya que muchas
de las cosas que contaba y explicaba yo ya las sabía por él. Confieso que no
prestaba mucha atención a lo que decía cuando hablaba a la gente. Mi interés
era observar a esa gente, escudriñarles, intentar llegar a su corazón para
saber qué motivos les movían para estar allí. Me preocupaba mucho Jhasua, y
quería saber qué clase de gente le rodeaba. Y la verdad... lo que vi me
confirmó el corazón tan inmenso que tenía para estar entre ellos.
Si le hubiese seguido, le habría
apoyado como amiga, pero no lo habría hecho en su misión, que en esos momentos,
para él, era lo más importante. Yo siempre intenté ser coherente con mis
sentimientos y principios. Pero al final lo conseguí, entendí lo que hacía y
por qué, y aunque muy tarde ya, pero fue suficiente.
DIME... ¿QUÉ OPINABA JHASUA DEL
SEXO, DE LAS MUJERES...? ¿TUVO ALGUNA VEZ NOVIA? ¿O UNA MUJER?
No fue un tema del que hablamos.
Sobre el sexo... entonces era tabú... ¿tú crees que se sabía algo del sexo...? ¡Si
solo con hablar de él ya te condenabas! Entre Jhasua y yo siempre hubo una
relación de profundo cariño. Nos abrazábamos, nos besábamos, pero como besa un
hermano a una hermana. Nunca vi en la mirada de él un gesto, ni siquiera sutil,
que denunciara una atracción sexual. El amaba, sencillamente, y si quería
manifestarte un sentimiento, lo hacía, directamente, sin prejuicios, y este
mismo comportamiento lo tenía con cualquier mujer que se cruzara en su camino.
Que yo sepa, no tuvo novia, al
menos no hubo ningún compromiso. El siempre buscó la libertad, para hacer
aquello que le dictaba su corazón, y desde luego no era el formar un familia.
Y si tuvo una mujer... tampoco lo
sé. Yo en ningún momento, ni siquiera a lo largo de su vida más pública, le ví
con una mujer más tiempo que con otra. Eso sí, le rodeaban varias, y todas le
amaban. Se les notaba en su semblante y cómo le miraban. En realidad, creo que
ellas eran el alma de aquél movimiento que había en torno a Jhasua. Los hombres
se limitaban a escuchar, a seguirle, pero nada más.
¿TE HABLÓ ALGUNA VEZ DE SU PRIMO
JUAN EL BAUTISTA? ¿Y DE LOS ESENIOS?
De Jhoanam. Juan el
Bautista, como tú dices, es Jhoanam. No puedo decirte si era su primo, porque
Jhasua cuando se refería a él le llamaba siempre “mi hermano”, pero con una
profundidad inusitada. Nunca hablaba de sus propios hermanos y primos con la
emotividad con la que lo hacía de él. Jhoanam era un año más o menos mayor que
él, y totalmente distintos físicamente y en la forma de mostrarse a los demás.
Jhoanam había pasado casi toda su
vida en el desierto, en una comunidad de personas muy interesantes, que ya
entonces resultaban muy incómodas y aun hoy también lo serían. Eran judios,
pero vivían humildemente en casas que ellos mismos se construían. Vivían de su
trabajo y la única relación que había entre ellos y el Padre, era su corazón.
No eran personas de costumbres ni ritos. Eran grandes estudiosos de la herencia
espiritual del pueblo hebreo, y conservadores acérrimos también de su
autenticidad. Eran grandes terapeutas. Muy a menudo se mezclaban entre la gente
de la ciudad para ayudar a los más necesitados. Jhoanam se crió con ellos, y
Jhasua iba muy a menudo donde ellos. El me dijo en alguna ocasión que se sentía
muy a gusto entre ellos, como si estuviese en su CASA y con sus HERMANOS.
Me llevó en muchas ocasiones, y
realmente, quedé fascinada. Allí conocí a Jhoanam. Siempre me acordaré de aquél
día, en el que cuando me vio vestida de chico, con las piernas llenas de
rasguños y con esos ademanes tan poco femeninos, me miró muy serio, pero sus
ojos reían. Y yo al verle me eché a reír a carcajadas. En aquél momento nació
entre los dos un sentimiento de complicidad muy bonito. Cuando vi por primera
vez a Jhoanam, mi corazón salió de su sitio, y tuve palpitaciones durante un
tiempo. No le pude tratar tanto como a Jhasua, pero amé profundamente a ese
hombre, y le sigo amando mucho más si cabe.
DICES QUE ERA TOTALMENTE DISTINTO
A JHASUA... ¿QUÉ TENÍA DE DISTINTO A ÉL?
Pues todo él era diferente.
Físicamente era un poco más pequeño, de mi altura, de constitución fuerte, pero
todo él...vamos..., moreno de piel y de pelo, muy belludo, con una nariz ancha
y prominente, labios carnosos y unos ojos...,unos ojos negros, grandes,
brillantes como un lucero. Su semblante era siempre serio, pero sus ojos
bailaban constantemente, chispeaban. Me cautivaron intensamente. Pero la
diferencia entre ambos estaba en lo que no se veía. Jhoanam, con su palabra, el
poder de su voz, su mirada, su fuerza, su espíritu, hacía vibrar el alma y el
espíritu de las gentes. Las sacudía fuertemente y ello hacía que afloraran en
ellos heridas, llagas, angustias...pero simbólicamente, claro... El removía lo
insano en el hombre y le forzaba a que aflorase. Su mirada te escudriñaba por
dentro, era como un scaner actual. Y Jhasua era el que con su voz, su
docilidad, su mansedumbre, su amor, curaba esas heridas y daba el remedio para
que nunca más volvieran a aparecer. Su mirada era una invitación constante a tu
corazón para amar, para entregarse. Más distintos no podían ser, pero se
complementaban. Como ya te he dicho anteriormente, eran las dos caras de una
misma moneda.
¿SABÍAN ELLOS EL LAZO QUE LES
UNÍA?
Sí, rotundamente sí. En una
ocasión, cuando regresábamos de pasar unas horas con él, le pregunté a Jhasua
sobre Jhoanam. Pensé que quizá no me diría nada, ya que sus conversaciones a
veces eran en la intimidad, pero lo hizo. El se extrañó de mi pregunta, ya que
daba por sentado que yo lo sabía. Yo le dije que nó, que no conocía a penas de
él, solo por lo que me había contado, y era muy poco. El me replicó que mi
corazón lo sabía perfectamente, pero mi mente se negaba a aceptarlo. Pero ante
mi insistencia el cedió y me contó. Jhoanam, al igual que él y muchos hermanos
más, veníamos de un lugar en el Universo muy lejano. Allí había un gran Sol,
donde estaba el Padre. Aquél era nuestro Hogar y teníamos a nuestra verdadera
familia.
Entonces yo le pregunté que por
qué estábamos aquí... que qué hacíamos fuera de nuestra Casa.
El sonrió, me acarició y me
contestó: “Hemos venido a Amar, a traer el Amor del Padre a este mundo tan
maravilloso, pero que está enfermo y necesitado de alimento. Hemos venido a
curarle, a abrazarle, y a alimentarle con nuestra propia esencia”.
Debió ver en mi rostro la
expresión de no entender nada, porque siguió hablando: “pero no te preocupes
Camaleón, pronto tu corazón le ayudará a comprender a tu mente, y entonces
trabajarán juntos, y entonces sabrás quien eres tú, Jhoanam y yo y otros muchos
de nuestros hermanos, que aunque no estén aquí, porque están por todo el mundo,
en muchas civilizaciones, en muchas culturas, nos llevamos todos en el
corazón”. “Siempre que tu corazón actúe, ellos actúan también, todo lo que
hagas y deshagas, ellos lo hacen también, cuando amas, el amor que sale de tu
corazón es el de ellos también, cuando lloras y estás tristes, es el corazón de
todos ellos que lloran contigo, todo lo que Jhoanam está haciendo, lo estamos
haciendo nosotros con él, y todo lo que yo ahora me dispongo hacer, lo hacéis
todos conmigo...¿lo entiendes?
Yo le dije que sí, y dije la
verdad, pero tarde un tiempo en asimilarlo y encajarlo.
ANTES ME HAS DICHO QUE JHASUA
SABÍA QUIEN ERA, DE DÓNDE VENÍA Y A DÓNDE IBA... ÉSTAS SON LAS PREGUNTAS QUE
TODO SER HUMANO SE HACE Y TODAVÍA ESTAMOS EN ELLO... ¿PUEDES TÚ DAR ESTAS
RESPUESTAS?
Yo puedo responder por mí, claro,
y decirte lo que Jhasua me decía de sí mismo, pero cada cual tiene que
descubrir sus propias respuestas.
Jhasua venía del Sol Central, era
Hijo del Sol e iba de nuevo hacia su Hogar, el SOL. Y no solo él, sino todo ser
humano. Todos somos Hijos del Sol, venimos de EL y volveremos a EL. Todos
adquirimos, desde el Principio, con nuestro Padre, un compromiso de Amor, por
el cual bajaríamos a mundos inferiores y experimentaríamos en el mundo de la
materia. A través de ella nos expandiríamos, crearíamos Vida, la
moldearíamos...,pero no era fácil. Se conocían los riesgos, que eran muy altos,
pero aun así se hizo. Todo ser humano es un héroe, un valiente, un ser de luz y
de amor. Al venir a esta dimensión de la materia y a un planeta tan joven como
el nuestro, con sus cambios cíclicos muy bruscos y seguidos, el descenso no fue
armónico, y hubo muchos desequilibrios, y posteriormente muchas intervenciones
poco acertadas. La gran mayoría de los seres de luz que vinieron a esta
dimensión perdieron la memoria de su origen, de forma natural, y también por
dichas intervenciones de algunos de sus hermanos más conscientes, y también su
identidad, y quedaron atrapados en esta dimensión. No solo no pudieron hacer
aquello para lo que habían venido, sino que se vieron obligados a sobrevivir en
este mundo, y cuando hay que sobrevivir es porque hay miedo, y cuando hay miedo
e ignorancia, el ser de luz se transforma en un monstruo. Jhasua sabía todo
esto, por ello no condenaba nunca a nadie. No se quedaba con la apariencia de
la persona, sino que iba hasta su corazón y abrazaba al hermano que había
dentro sufriendo. El compromiso de Jhasua, como el de muchos hermanos más,
conscientes de lo que sucedía, era venir de nuevo a esta dimensión, vivir entre
sus hermanos haciéndose una misma carne con ellos, amarlos, llegar hasta su
Corazón y recordarles quienes eran y el camino de regreso a Casa.
Es lo que Jhasua quería hacer con
la gente, decirles que era su hermano, y que estaba allí para llevarles de
nuevo al Padre.
HAS HABLADO DE INTERVENCIONES POCO
ACERTADAS, Y HAS INCLUÍDO EN ELLAS A ALGUNOS SERES DE LUZ... ¿PUEDES ACLARARME
UN POCO MÁS?
No todos los seres de Luz
perdieron la conciencia de sí mismos. Los hubo que la mantuvieron y tomaron
decisiones erróneas que para nada tenían que ver con la Ley del Amor. El por
qué, no lo sé, y Jhasua tampoco me habló de ello. Y esas decisiones erróneas a
las que me refiero fueron sobre el devenir de sus propios hermanos. Les intervinieron
y manipularon, es posible que creyendo alcanzar así la perfección perdida, pero
fue todo lo contrario. Se hizo una gran chapuza, que cada vez se hacía más
grande. Esos seres de Luz que intervinieron tan nefastamente, en vez de
reconocer su error e invocar a la Luz del Padre, se mantuvieron firmes en su
decisión, y con ello se autodesterraron del resto del Universo y de la Fuente.
Fueron perdiendo fuerza y energía, y poco a poco se consumían. Quedaron
atrapados en esta dimensión, en los mundos subterráneos, donde recibían el poco
alimento que les mantenía con vida. Pero sus incursiones seguían, llevando al
caos a muchas civilizaciones que se habían desarrollado en la superficie del
planeta. El Cielo tuvo que clausurarles los accesos a la Humanidad para que no
siguieran interviniendo, y uno de los momentos claves para llevar a cabo esto,
fue al morir Jhasua. Se cerraron todas las puertas dimensionales, y quedaron
prisioneros en las profundidades.
¿TIENE ALGO QUE VER LUCIFER CON
ESTE GRUPO DE NEFASTOS INTERVENTORES?
Sí, era como el jefe, el
coordinador, pero ahora no le hagamos el malo de la película. El Cielo es
el único que sabe del Corazón de este Ser, el único que puede juzgarle. Es
nuestro hermano, no podemos olvidarlo. Jhasua le amaba, le ama. Hace veinte
siglos vino no solo a ayudar a sus hermanos, sino a recuperar el corazón de
Lucifer. El amor de Jhasua lo consiguió. Consiguió abrazar a su hermano cuando
bajó a las profundidades, y le prometió que volvería cuando llegase el momento,
que es ahora, y abriría de nuevo esas puertas que tenían que ser clausuradas.
Lucifer, durante todo este tiempo,
ha estado alimentando a sus hijos y a sus hermanos que le siguieron con la
Esmeralda Verde, una gran piedra, llena de Luz, que le perteneció desde el
Principio y que es la única fuente de vida para los suyos. Ahora estamos en ese
momento, y Jhasua ha vuelto, y volverá por su hermano, y juntos llevarán a esta
Humanidad al lugar donde le corresponde. De hecho esa labor conjunta ya está
teniendo sus efectos. Muchos seres humanos están siendo intervenidos en su ADN,
pero en esta ocasión con el propósito de abrir la conciencia y recuperar la
memoria perdida.
DIME... ¿Y QUE SUCEDERÁ CUANDO
ESTAS PUERTAS DIMENSIONALES SEAN ABIERTAS?
Que todos los hijos de las profundidades
subirán a la superficie, y se mezclaran con sus hermanos del desierto, nos
apoyarán en este gran Plan de Recuperación, y juntos, por fin, haremos de este
planeta el Paraíso que vinimos a crear. Este planeta está destinado a ser un
nuevo SOL, una nueva CASA, la de los HIJOS.
DIME... ¿Y POR QUÉ TUVO QUE MORIR
JHASUA, POR QUÉ TUVO QUE SUFRIR TANTO? ES ALGO QUE NUNCA HE COMPRENDIDO.
Jhasua sabía lo que iba a
acontecer mucho tiempo antes. No fue una decisión de última hora, y cuando lo
compartió conmigo, me sentí morir de angustia. Yo tampoco lo entendía, y le
llamé de todo. Me enojé con él. Creí que se había vuelto loco, o mucho peor,
que no nos quería... Me había hablado tanto del Padre...,de su amor,
comprensión, grandeza..., que me costaba creer que permitiera que un hijo suyo
sufriera de aquélla manera. Aquélla tarde me di media vuelta y le dejé plantado
sin mediar palabra. Recuerdo que esa noche, en mi alcoba, lloré por toda la
eternidad. Mi mente se había bloqueado y mi corazón estaba destrozado, pero más
que por lo que me había dicho, por haberle dejado de aquélla manera. Había sido
una egoísta. El tampoco lo estaría pasando muy bien. Intenté conciliar el
sueño, pero imposible, mi mente estaba con él, y mis pies querían tomar tierra
y echarse a correr. ¿Pero hacia dónde...? ¿Dónde estaría él? Pero mis pies lo
sabían, siguieron corriendo hasta alcanzar la entrada del orificio de la gruta.
La noche estaba cerrada, el silencio era sepulcral, y yo estaba allí en camisón
y con el pelo al aire y descalza. Cualquiera que me hubiese sorprendido habría
pensado que se trataba de una pobre demente.
Jhasua apareció por el orificio, y
al ver que era yo me ayudó a entrar. Noté húmedos sus ojos y yo me abracé a él
sin mediar palabra. No era necesario. Le pedí que me explicara el por qué de
aquélla decisión, quería comprenderle y apoyarle si era lo que necesitaba. Nos
sentamos los dos apoyados en la pared, y sin dejar de abrazarme me fue
explicando. La revelación de quien era, de dónde venía y su compromiso con la
Humanidad, le fue dada aquélla noche en el templo de la Esfinge. Éramos Hijos
del SOL , y como tal, y para ser su vehículo, había venido Jhasua a esta
dimensión de nuevo. El era consciente de que desde su nacimiento, el Padre, la
energía del SOL, se fue acoplando en su ser, en su cuerpo, y esa misma energía,
ese Amor, fue el que le movió para ir a Egipto. Era necesario que él tuviera
conciencia de Sí Mismo. Su aceptación fue total e incondicional. Asumió su
compromiso y se entregó a él. La energía del Padre que bullía en él como un
volcán a punto de entrar en erupción, no era solo para él, para su disfrute,
para su propia elevación espiritual. Era para entregarla a todos sus hermanos,
a la humanidad entera. Y no sólo estaba él con ese compromiso, sino unos
cuantos más en todo el planeta, que en el mismo instante, harían explosión, e
inundarían al mundo de la Luz y del Amor del Padre. Yo le pregunté que cómo
sería aquélla explosión, a lo que me contestó que en un momento determinado, el
SOL se apagaría durante unos instantes y toda la energía del Padre que no
estuviera en los cuerpos de sus Hijos, se introduciría en ellos. Sólo así la
energía y la esencia del SOL puede llegar hasta sus hijos. Pero estos hijos
ahora portadores del Padre SOL experimentarán dentro de sí la explosión de esa
gran energía, y sus cuerpos se abrirán. Ello supone que el cuerpo físico se
destruye, pero sin dolor, ya que inmediatamente se funde con la energía. Los
Hijos del Sol pierden su soporte físico, pero vuelven a CASA. Yo entonces le
pregunté que por qué él había optado por el camino más doloroso, ya que sabía
perfectamente que iba a sufrir la muerte más atroz para un judío.: la muerte en
cruz. Y un escalofrío me entró por los pies y se me quedó anidado en la garganta.
Jhasua me abrazó con más fuerza y siguió hablando: «Os quiero, Camaleón, amo a mis
hermanos, también le amo a él, a Luzbel, y yo no quiero volver a CASA sin
vosotros. Yo haré explosión, con los demás hermanos, seré el instrumento del
Amor del Padre, pero me quedaré aquí, compartiendo, sintiendo y amando a esta
Humanidad. Me preguntas que por qué he elegido esta muerte y pasar por el
dolor...la ignorancia del ser humano la ha creado, no el Amor, está
ahí... y muchos de nuestros hermanos en un futuro muy próximo, por ser testigos
del Amor del Padre, sufrirán esa horrible muerte en manos de sus propios
hermanos, y yo quiero estar con ellos, y ser el primero en subir a esa cruz, y
abrazar desde ella a tanto dolor, miedo, ignorancia, odio, quiero amarlos hasta
el final, para que todos los hermanos que vengan detrás comprendan que el
sufrimiento no es mas que el Amor incomprendido. El mundo es como un niño
deforme, rebelde, bruto, un niño a quien todos repudian y alejan de su corazón,
porque es incómodo, violento y nefasto. Y ese niño crece sin amor, y se va
convirtiendo en un pequeño monstruo, con más furia y más odio. Yo quiero
abrazar a ese niño, Camaleón, y decirle que le amo, que es un niño maravilloso
y precioso a los ojos del AMOR. Y este niño vendrá a mí, porque está muy
necesitado, pero descargará contra mí toda su rabia, violencia y rencor, y me
hará daño, y destruirá con sus zarpazos mi cuerpo, pero no al Amor que le
abrazará hasta el final, que le mirará con sus ojos al corazón, y que le
devolverán la niñez perdida. Se sentirá amado, hermoso y llegará a ser el
Niño-Dios que estaba destinado desde el Principio SER.
Por ello quiero subir a esa Cruz,
Camaleón, y el Padre no me lo ha pedido. Soy yo que conozco el corazón de
Nuestro Padre, quien desea llevarlo a cabo. No lo olvides, nada de lo que
acontezca cuando llegue el momento, lo ha elegido el hombre, sino yo». Cuando llorosa le pregunté si yo
podría acompañarle en su decisión, él me sonrió, acarició mi rostro lleno de
lágrimas y me respondió: «Si
cuando llegue ese momento es tu Corazón el que quiere hacerlo, y no tus
sentimientos, Si».
No comprendí muy bien el matiz
final. Yo me quedé tranquila, pero algo en mi interior me puso en alerta. Por
ello, cuando después de amanecer, me acompañó un buen tramo de vuelta a casa le
volví a preguntar sobre lo que me había dicho, y él me volvió a responder: «Será como tú quieres, si tu Corazón
ama a la humanidad tanto como para entregarte a ella, y no solo ame a un
hombre, por mucho amor que me tengas».
Y entonces sí que me dejó hundida
del todo, porque yo le amaba a él, al mundo...¡tendría que ocurrir un milagro
para que yo amase al mundo como lo hacía él!
Pero al despedirme me dijo: «Tranquila, Camaleón, confía en tu
Corazón».
Y aquélla fue una despedida para
un largo tiempo. El volvió a viajar, y esta vez iba acompañado de varios
hombres, entre los cuales estaba Jhoan, mi entrañable filósofo, como yo le
llamaba. Le conocía, era del entorno familiar de Jhasua, y para él era una
persona muy especial, y para mí también. Yo me quedé en casa de mi Padre,
estudiando, experimentando con mis hierbas y pócimas, pero sobre todo
trabajando conmigo misma y mano con mano con mi Corazón.
ESE JHOAN, AL QUE LLAMAS EL «FILÓSOFO», ¿ES EL JUAN EVANGELISTA QUE
CONOCEMOS?
Eso creo, si. Y yo aseguraría que
era primo de Jhasua, aunque más pequeño que él, pues tendría mi edad, más o
menos. Era alto como yo, delgado y fibroso, con ojos oscuros y transparentes y
cara de niño. Su mirada era la más ingenua que había visto en un hombre. Con el
tiempo observé que era el vivo retrato de Jhasua, no en el plano físico, sino
en el espiritual. Se identificaba totalmente con él. Por ello le quise
muchísimo. Después de Jhasua, fue mi confidente más querido y amado. Y le
llamaba filósofo por lo enrevesado que era. Le encantaba complicar las cosas.
Por ejemplo: si yo hablaba con él sobre una flor determinada, la
margarita, Jhoan, hablaba de todo el jardín botánico antes de hacerlo de
la margarita en cuestión, y a veces por tontadas. Siempre que hablaba con él,
me salía humo de la cabeza, y total para hablar de lo mismo. Era su forma de
ser, misteriosa y profunda. Los dos teníamos el mismo conocimiento que nos
había entregado Jhasua, solo que Jhoan lo entendió, comprendió y asimiló en el
primer momento, y a mí me costó lo mío, pero lo conseguí. Era un hombre alegre,
positivo, emprendedor, enamoradísimo de Jhasua, y éste también le amaba
profundamente. Creo que para Jhasua, Jhoan fue un gran apoyo y amigo, y hay
algo que quiero dejar claro. Conociendo a Jhoan, como le conozco, no me creo
que él fuera el autor de la Apocalipsis, a no ser que al final de sus días, se
le nublara un poco la mente y se turbara, cosa que dudo muchísimo. Un ser con
tanto amor como era Jhoan, que conocía, que sabía...,no ha podido dejar como
herencia a la humanidad semejante argumento. Lo siento, es mi sentir, y quiero
dejar constancia de ello.
También quiero dar fe de que fue
el único de los que le seguían que le amaban de verdad. Yo ya no entro en si lo
entendían o no. En los momentos más álgidos de Jhasua, si no hubiera sido por
Jhoan, se habría visto totalmente solo. Comprendo que el miedo es muy humano,
pero si amas de verdad a alguien, tu corazón vibra de tal forma que aunque te
hayas quedado clavado en el suelo, te hace volar. Y ninguno de ellos voló. Solo
el filósofo.
¿Y TÚ... NO ESTABAS A SU LADO
TAMBIÉN?
Sí, claro, naturalmente que sí,
pero yo no cuento. Yo no estaba entre los de su grupo, salvo dos o tres, nadie
me conocía. Yo estuve allí, por ello digo que Jhoan no se despego ni un solo
momento de él, y habría subido a esa cruz con Jhasua si no fuera por el amor
que le procesaba y que le comprometía a seguir con la misión de su amigo, el
recordar al mundo de dónde viene y hacia dónde va. Pero no quiero adentrarme
todavía en este tema, porque quiero explayarme más adelante.
¿TIENES CONSTANCIA DE QUE
RESUCITARA?
Yo no le sobreviví, entonces, de
todo aquello que aconteció después, no puedo dar fe. ¿Pero yo ahora pregunto...
por qué tanto énfasis en su resurrección? ¿Acaso no sabemos que somos
inmortales, que nuestro espíritu nunca muere? Hace a penas 6 meses que mi padre
murió, mejor dicho, se fue a Casa, y yo le he visto, con otra densidad, pero
vivito y coleando. Todos resucitaremos, nos levantaremos de nuestro cuerpo ya
sin vitalidad y vida, y volveremos a caminar de nuevo con otros pies y otros
ojos. ¡¡Claro que Jhasua resucitó!! ¿Tienes acaso alguna duda?
¿REALMENTE HACÍA MILAGROS... LE
VISTE TÚ ALGUNA VEZ HACERLOS?
Bueno, si para ti milagro es hacer
aquello que el hombre no tiene todavía la capacidad, pero si la potencialidad,
de hacerlo... entonces sí... hacía milagros.
De niña a mí me cerraba heridas de
las piernas simplemente con un beso, y a los animales dándoles de beber agua
que él mismo había bendecido con sus manos.
Yo fui testigo de cómo devolvía la
vida a un manzano seco, solo con llamarle “hermano manzano”. Para mí era
totalmente natural en él. Sabía quíen era, y la Energía del Padre estaba en él.
Por ello. Aprovecho esta ocasión para decir que lo que se cuenta de que Jhasua
secó a una higuera por no dar fruto fuera de su época, es un insulto y una
falsedad. Jhasua nunca quitaba la vida, la daba a raudales allí por dónde iba,
y si comprendía las limitaciones del hombre por su ignorancia, y las amaba,
¿´como iba a destruir a un pobre árbol frutal sujeto a las leyes de la
naturaleza? ¡¡Es falso!!
Yo no ví esos milagros que cuentan
en los evangelios, pero los he leído, y en algunos de ellos no reconozco el
espíritu de Jhasua.
¿Y CON ÉL... HACIA MILAGROS?.
¿USABA SU CONOCIMIENTO Y SU PODER PARA ÉL MISMO?
Si se hacía una herida, se curaba,
si estaba cansado, descansaba, si tenía hambre, trabajaba y se alimentaba...,
no, no utilizaba la energía del Padre en sí mismo, sólo para los demás, y
tampoco lo hacía para facilitar la vida de la gente, sino para curar heridas
que ellos mismos no podían curarse, y para alimentar a sus corazones, que
estaban mucho más hambrientos que sus estómagos. Ese tipo de milagros hacía
Jhasua. También quiero aprovechar esta pregunta tuya para dejar muy claro lo
siguiente: He tenido que oír verdaderas barbaridades sobre Jhasua, que ahora,
no es que quiera denunciarlas, ya que a él ni le importan, pero sí quiero dejar
constancia, porque me entristecen el corazón.
Muchos dicen que Jhasua hacía
milagros para demostrar a la gente que era el Hijo de Dios. ¡¡No es cierto!!
Jhasua nunca dijo que era hijo de Dios, sino que todos somos hijos del Padre, y
que era EL, el que a través del hombre actuaba y actuaría, siempre que su
Corazón fuera consciente de EL.
Muchos dicen también, que con los
conocimientos que tenía Jhasua, cuando comenzó su calvario tomaría alguna
pócima que le adormeciera el cuerpo y no sintiera el dolor del castigo, porque
un hombre no podía soportar todo lo que sufrió estando totalmente consciente.
También se ha dicho mucho, y se sigue diciendo, que si Jhasua murió de esta
manera, fue sin duda por sus errores, y que el Cielo compadecido, le evitó la
mayor parte del sufrimiento.
Todo esto me causa lástima y
tristeza, y no por Jhasua, sino por el mismo hombre. El ser humano es incapaz
de amar como amó él. Nunca ha sentido el amor dentro de sí como lo sintió él,
por ello, como el hombre no es capaz de hacer un acto de entrega y amor de ese
calibre, no puede aceptarlo de Jhasua, pero sí de un Dios.
Jhasua no fue ningún dios. Fue un
SER HUMANO, UN hijo del sol, mientras que el resto de la humanidad somos
simplemente un «proyecto
de ser humano». El día
que consigamos amar y SER como un verdadero SER HUMANO, como lo hizo él,
sabremos quien fue, creeremos en él, sin necesidad de argumentos, y amaremos
esa cruz, porque entonces nosotros seremos El y nos alimentará el mismo Amor
que le nutrió a El.
ANTERIORMENTE HAS DICHO QUE LAS
MUJERES ERAN EL ALMA DEL MOVIMIENTO QUE HABÍA EN TORNO A JHASUA... ¿CONOCISTE
BIEN A ALGUNA DE ELLAS? ¿LLEGASTE A TENER RELACIÓN CON MARÍA MAGDALENA?
Conocer conocer... no. Solo de
vista. Sé que algunas de ellas eran esposas e hijas de los hombres que le
seguían, pero con ninguna mantuve relación. Ni con ellas ni con nadie, salvo
con Jhoan, que me conocía y sabía perfectamente quien estaba siempre detrás de
un nuevo disfraz. Me hablas de María Magdalena. En ningún momento oí ese
nombre. Solo te puedo decir que entre las mujeres, había una, alta, un poco más
que yo, esbelta, un poco más que yo, también, morena, una gran melena y grandes
ojos negros. Tenía más pinta de árabe que de judía. Era muy elegante en su
porte y en sus movimientos. Hablaba muy poco con la gente. Era muy observadora
y siempre estaba pendiente de Jhasua. No sé cómo se llamaba, y en ningún
momento la vi relacionarse con Jhasua. Pero ya sabes que yo no compartí casi
nada su vida pública, y aunque nos veíamos muy a menudo, lo hacíamos siempre en
sitios apartados.
Jhasua tampoco me habló de una
mujer en especial, pero tampoco te puedo decir que no la hubiera.
Mucho he leído sobre María de
Magdala, pero no tengo ninguna opinión. Lo que sí no entiendo es el movimiento
tan absurdo que hay en torno al Grial y a la posible descendencia de Jhasua. Se
le da una importancia desmesurada, e incluso me parece infantil. Y lo siento
por aquellos que crean en ello.
Durante siglos se ha ido en busca
del Grial, del cáliz donde Nicodemo guardó la sangre de Jhasua, o según otros,
donde Jesús bebió el vino y lo dio a beber a los suyos en la Ultima Cena, con
el objeto de hacerse con él y con la fuerza, la magia y la vida inmortal que representa.
La ignorancia no tiene límites, y el ser humano es la más fiel personificación.
El grial no es otra cosa que el Corazón, su Corazón, y el corazón de cada ser
humano. El hombre tiene que buscar el grial que hay dentro de él, el Amor que
espera manifestarse, y entregarse con él al mundo, a sus hermanos.
También se habla mucho de que
Jhasua se unió a María de Magdala y tuvo un hijo.¡Maravilloso si así sucedió!,
pero no me encaja nada en él. Un hombre conocedor de su futuro, que sabía que
iba a morir pronto, y que quería ser libre de responsabilidades para llevar a
cabo su misión hasta el final, no es muy coherente, conociéndole, que se uniera
a una mujer y mucho menos tener hijos.
Pero en el caso de que así hubiese
sucedido, se le dá mucha importancia a su descendencia, a la sangre real del
Cristo. ¡Más ignorancia! ¿Sabes cúal es la verdadera familia de Jhasua? La del
espíritu, todo hermano que consciente, como él, de su origen y divinidad,
vuelve a coger las riendas de su existencia y se entrega a la Vida y al Mundo
incondicionalmente.
¿HABÍA ENTRE LOS SEGUIDORES DE
JHASUA POLÍTICA? ¿QUÉ SABES DE LOS ZELOTES? ¿CONOCISTE A JUDAS ISCARIOTE?
Sí, la había, y mucha...de ahí las
grandes enganchadas que tenía Jhasua con los suyos. Muchos de ellos eran
zelotes, y algunos incluso llevaban armas escondidas. Confieso que a mí,
algunos de ellos me daban un poco de miedo. Yo era romana. Ellos luchaban por
la libertad del hombre, del judío, y Jhasua luchaba por la libertad del Corazón
del hombre, del mundo. Esa era la diferencia, y ellos no lo podían entender. En
el fondo esperaban que Jhasua se alzara en armas para defender al pueblo
oprimido. ¡¡Qué amor tenía que tener Jhasua en su Ser, para seguir instruyendo
y abrazando a gente con una mente tan corta y un corazón tan burdo. Pero él era
así, veía siempre más allá, y con cariño les corregía en sus intenciones
respecto a él.
Han pasado 20 siglos y el hombre
sigue con la necesidad de independizarse, los unos de los otros, hipotecando su
vida y su corazón por un trozo de tierra, unas costumbres y una bandera. Buscan
raíces donde no deben buscar, y aunque fueran los dueños de medio mundo,
necesitarían luchar por el otro medio porque seguirían sin encontrarse a sí
mismos. Si el hombre buscara sus raíces en su interior, en su Corazón, tomaría
conciencia de que hay un ser vivo a sus pies que le reclama amor y cuidados y
un Corazón inmenso que anhela y necesita mirar al Universo, donde realmente
está nuestra Casa y nuestra familia. El hombre busca su libertad fuera de él, y
no se da cuenta de que él mismo es su propio opresor, dominador y carcelero. La
historia se repite una y otra vez, y cuando Jhasua aparezca de nuevo entre
nosotros, muy pocos le reconocerán y seguro que le volverán a matar, porque a
pesar de la libertad y democracia que supuestamente disfrutamos en esta
civilización, el corazón del hombre sigue en un infierno. Pero hay miles de
hombres y mujeres que llevan el volcán en sus corazones, y gracias a ellos,
esta humanidad conocerá el alumbramiento más maravilloso que ninguna humanidad
y civilización haya tenido.
DICES QUE CUANDO SE MANIFIESTE,
NADIE LE RECONOCERÁ... ¡PERO MILLONES DE PERSONAS ESPERAN QUE VENGA POR EL
CIELO CON TODO SU PODER Y GLORIA!
¡Pues qué equivocados están! Nos
están visitando ya sus emisarios, por los cielos, en sus propias naves...
dime... ¿creen muchos en los extraterrestres? Unos los ignoran, otros les
siguen y adoran como a dioses, volviendo a repetir la misma conducta nefasta de
siempre, otros creen que se trata de algo satánico, y los hay también que creen
que son anunciadores del fin inminente de esta humanidad. ¡¡Pobres emisarios!!
Todo el mundo espera que Jhasua venga en una nube o sentado en la cola de algún
cometa que atraviese el planeta de norte a sur y de este a oeste. Jhasua se va
a manifestar de la forma más sencilla, de puntillas, sin hacer ruido. Es un
hombre como los demás, que sufre, trabaja, tiene ilusiones, ideales, crea
nuevas alternativas, cambia, transforma... y ama... Muy pocos le reconocerán,
tan solo aquellos que realmente sepan de su corazón, porque no reúne las
perspectivas que el mundo tiene puestas en él. Le volverán a matar, y
serán mucho más sádicos que entonces, porque entonces era solo
ignorancia, ahora hay ignorancia permisiva y maliciosa. La humanidad está
tristemente muy polarizada, muy radicalizada. No hay equilibrio. Pero él ha
venido a ejecutar el Plan hasta el final, y no solo, esta vez con miles y miles
de hermanos, que juntos haremos vibrar el corazón del hombre y de este planeta.
Y no solo ha venido él. Jhoanam también, y los dos volverán a pisar las calles
de Jerusalem y abrazarán de nuevo a la ignorancia para transmutarla en Luz, y
caerán en manos de los ignorantes, y entregarán su vida. Nadie sabrá de ellos,
serán tomados como dos infelices que han caído en manos de la turba, cuando en
realidad serán dos grandes Soles, que al morir en la materia, harán explosión y
se fundirán para siempre con esta Humanidad.
TÚ, CUANDO ANTES ME HABLABAS DE
LOS MILES DE HERMANOS QUE ESTARÁN CON ELLOS, TE HAS INCLUÍDO... ¿ERES
CONSCIENTE DE ELLO?
Lo soy. Amo profundamente a esos
dos seres maravillosos, pero no solo eso, me identifico plenamente con ellos, y
te diré más aún... a estas alturas, cada uno de esos miles de hermanos, que
llegan a 7000, son conscientes también, lo saben en lo más profundo de su
corazón. Es posible que como yo, no conozcan el momento ni las circunstancias
ni lo que nos deparará el futuro, pero estamos prestos, con la maleta
preparada, que llegado el momento, es posible que ni tan siquiera nos dé tiempo
a cogerla.
¡ES MUY FUERTE ESTA AFIRMACIÓN QUE
HAS HECHO! ¿TE HAS PARADO A PENSAR EN LAS CONSECUENCIAS?
¡Sí consciente de las
consecuencias, sí...! A veces me preocupa, y tengo mis miedos e incertidumbres
pero, ante todo soy coherente y sincera conmigo misma. Sé que en un momento
dado tendré que dar un paso al vacío, y estoy segura de que lo daré.
DICES QUE JHOANAM, EL BAUTISTA,
VIENE TAMBIÉN CON JHASUA...NO ME HAS HABLADO MUCHO DE ÉL, Y SIN EMBARGO SE HA
HABLADO TANTO DE SU FIGURA... SOBRE TODO DE SU MUERTE... ¿POR QUÉ TUVO QUE
MORIR? ¿POR QUÉ JHASUA NO HIZO NADA POR SALVAR LA VIDA DE SU PRIMO?
Se han dicho muchas barbaridades
por ignorancia, pero también para hacer daño. Muchos han dicho y han
investigado que Jhoanam y Jhasua no se podían ni ver, que eran totalmente
opuestos, que incluso los seguidores de ambos estaban encontrados, y aun hoy,
veinte siglos después, sucede lo mismo.
Jhoanam y Jhasua eran primos, sí,
pero sabían perfectamente que eran hermanos, gemelos, sabían quienes eran, de
donde venían, lo que habían venido a hacer y cual iba a ser su final en esta
dimensión y en aquél momento determinado. Eran misiones distintas, pero
complementarias. Jhoanam sabía que tenía que desaparecer de escena para que
Jhasua comenzara su trabajo. Ello no incluía su muerte tan brutal, pero las
circunstancias fueron así, y él, al igual que Jhasua, la aceptó, la abrazó y la
amó. Jhasua sabía que estaba preso, y que tenía que acontecer así. Cuando supo
de su muerte lloró amargamente, pero lloró al hermano, al amigo, al compañero.
Si él hubiera tenido en su mano el poder salvarle de la muerte, te aseguro que
no lo habría hecho, porque ante todo respetaba la voluntad de Jhoanam. Muchos
también quisieron apartar a Jhasua de su camino hacia la cruz, y tampoco lo aceptó.
Se entregó a su destino elegido voluntariamente. Ni los seguidores de uno ni
los seguidores del otro lo entendieron, porque después de la muerte de ambos,
siguieron enfrentados, hasta hoy, y las espadas están todavía en alza. Pero
ellos están aquí, y esta vez prescindirán de los suyos, y se manifestarán tan
solo a los mansos, puros y entrañables de corazón.
Respecto a la muerte de Jhoanam,
quiero romper una lanza a favor de la mujer que ha sido declarada la asesina
del profeta. Esa mujer, que dicen que bailó para su padrastro y que como premio
pidió la cabeza del Bautista, era una joven de 16 años, enamorada como una niña
de Jhoanam, que como es de suponer, ante los sentimientos de la muchacha, la
rechazó. Era una joven desquiciada, que vivía con una madre corrupta y
grotesca, en una corte podrida. Yo la conocí, y sé que esa joven vivía por
Jhoanam. El rechazo de él la hundió todavía más y se dio a la bebida. Poco a
poco se fue consumiendo. Bailó, claro que bailó y estaba fuera de sí, como
otras muchas veces bajo los efectos de la bebida. Dicen que pidió la cabeza del
Bautista, y es posible que lo hiciera, pero no lo deseaba. Fue su madre la que
mandó su muerte, por motivos oscuros que ahora no viene a cuento exponer.
Jhoanam se quedó sin cabeza, pero
la pobre muchacha murió de dolor días después.
Sin embargo, en nuestros días, esa
mujer está al lado de Jhoanam, es y será su compañera, y estará con él hasta el
final. La historia la ha maltratado, como a otros muchos, pero la verdad
siempre triunfa a la luz del AMOR.
DICES QUE LA HISTORIA Y EL HOMBRE
A MALTRATADO A OTROS MUCHOS PERSONAJES... ¿QUÍENES?
Hay muchos. La historia debería
rehacerse de nuevo, y es posible que algún día se haga. Pero estamos ahora
tratando el tema de Jhasua, y te hablaré tan solo de dos personas que tuvieron
relación con él. Judas Iscariote y Poncio Pilatos.
¿TÚ CREES REALMENTE QUE LA
HISTORIA HA HECHO UNA INJUSTICIA CON ELLOS?
No solo no lo creo, es que lo sé.
A Judas se le ha condenado desde el principio como a un traidor, y ha sido
el malo y el maldito de la historia. Era un hombre muy valiente, idealista, que
luchaba por la libertad de su pueblo. Estaba dispuesto a matar por defender a
los suyos, pero también a morir por sus principios. Era la suya una lucha por
la libertad, pero muy diferente a la de Jhasua. Judas admiraba y amaba
profundamente a Jhasua, pero cuando vio que sus intentos por moverle hacia
dónde quería llevarle, a la lucha armada contra los romanos, habían fracasado,
se volvió contra él. El seguía amándolo como hombre, pero resultaba muy
peligroso para su movimiento de guerrilla y su gente. Y Judas optó. Fue
coherente con su corazón y actuó. Cuando vio el final tan cruel que le habían
preparado a su amigo, y al no poder hacer nada por evitarlo, se quitó la vida. No
quiso seguir viviendo sin su amigo. A Jhasua le sangró el corazón, no por la
traición en sí, ya que Judas no lo hizo por dinero, sino por ver que su querido
amigo había colgado de un árbol, no solo a su cuerpo, a su disfraz, a su
personaje, sino también a su corazón.
Pero como he dicho antes, el AMOR
permite que la verdad se manifieste, y hoy, Judas, es un gran alquimista del
Amor, es un inseparable de Jhasua y será uno de los artífices clave de este
Plan de Recuperación que ya está en plena acción.
Y con Poncio Pilatos ocurrió lo
mismo. Yo conocía a Poncio. Había sido muy amigo de mi madre desde la niñez, y
cuando ésta murió, al poco de llegar él a la zona, quiso verme, y mantuvimos
una muy buena relación. Era alto, guapo, muy varonil, el prototipo de romano
que tanto me gustaba. Para mí era un hombre justo, aunque su trato hacia los
judios, tan despectivo, en lo que a mí me afectaba, me dolía un poco.
Por ello, cuando en los
interminables juicios a los que fue sometido Jhasua, donde era abucheado,
golpeado y tratado como un animal delante de Poncio, y éste lo permitía, se me
hundió el corazón. Poncio sabía que aquél hombre al que estaba vejando era mi
amigo, y aun así no le importó. Ya no quiero entrar en si las circunstancias
políticas le obligaron a ello, pero un hombre al que yo creía tan noble e
íntegro... ¡Le odié, le odié con toda mi alma!. Y cuando aquélla mañana, firmó
la sentencia de Jhasua con aquélla frialdad, aun sabiendo que era inocente,
renegué de mi condición romana y judía, y por primera vez me sentí liberada,
más ligera. Ya solo me importaba Jhasua, lo demás, para mí, había dejado de
existir.
Sin embargo... hoy Poncio Pilatos
es un hombre judío, que trabaja intensamente en el Plan y que será uno de los
grandes estandartes de esta nueva humanidad.
TODO
ESTO QUE ESTÁS CONTANDO ES MUY HERMOSO... ¿PERO CÓMO ESTÁS TAN SEGURA DE TODO
ELLO?
A ver...sobre lo que
te estoy contando sobre Jhasua, estoy totalmente segura. Lo viví, le conocí, y
le conozco. Y sobre lo de Judas Iscariote y Poncio Pilatos, como de otras
muchas cosas más, pues porque el Cielo así me lo ha revelado. Ya te dije al
empezar esta entrevista, que desde los seis años, Jhasua ha estado a mi lado.
Ha sido mi maestro, mi amigo, mi compañero, mi hermano... todo me lo ha
enseñado él, me lo ha revelado él. Por ello estoy segura.
¿Y EN NINGÚN MOMENTO
TE HA ENTRADO LA DUDA DE QUE FUERAN MENTALISMOS TUYOS?
¿Yo soy real,
verdad...?. ¡Yo no soy un mentalismo tuyo, porque me puedes tocar, ver, oír y
sentir!. Pues todo lo que te estoy diciendo, es tan real como yo. Tengo muchas
incertidumbres y dudas, pero no sobre esto, sino por el futuro, por nuestro
futuro...soy un ser humano, ¿sabes?, y viendo el panorama que nos rodea... pues
a veces te entra en tembleque... pero no lo dudes, que cuando me suene el
despertador, abriré mis ojos y me pondré en pié.
VAMOS A CAMBIAR UN
POCO DE TERCIO... SABIENDO COMO PENSABA JHASUA, LO QUE SENTÍA... LO QUE QUERÍA
HACER, ¿CÓMO PUDO ELEGIR A HOMBRES, QUE SE HAN CONVERTIDO EN LOS GUIAS DE LA
IGLESIA, TAN CERRADOS DE MENTE Y CON UN CORAZÓN TAN POBRE?
Bueno, cuando antes me
he referido a ellos en esos términos, no lo hacía con la intención de
menospreciarles, sino para darte a conocer una realidad que yo veía. Eran
hombres y mujeres sencillos, del pueblo, salvo raras excepciones, incultos,
llenos de prejuicios, de ello ya se encargaba la religión con sus dogmas, y sin
ningún conocimiento sobre el ser humano, y mucho menos sobre ellos mismos. Eran
la consecuencia de aquél momento específico. Pero si se sintieron atraídos por
la figura de Jhasua, fue por algo desde luego, y me atrevería a decir que el
Cielo ya les había tocado el corazón. ¡¡el despertador, ya sabes...!!, porque
Jhasua en ningún momento señaló a nadie y le mandó que le siguiera. ¡¡Para
nada!!. Cuando la gente se le acercaba, porque ya te he dicho que era un hombre
tan agradable y entrañable que nadie rechazaba su compañía, le preguntaba, y él
les respondía, les enseñaba. Ellos quedaban prendados de él y lo único que les
respondía era que si lo deseaban, que dejaran todo y que le siguieran. Que
dejasen atrás todo lo viejo, insano e innecesario y buscaran, se pusieran a
andar, y que si lo deseaban, que le siguieran, es decir, que hicieran aquello
que él hacía con los demás. ¡¡Amar!! Pero la gente de entonces, como la de
ahora, estaban vacíos de ideales, de principios, no sabían distinguir entre vivir
la vida y sobrevivir. Y se pegaron a él, le siguieron, no le dejaban solo ni
para respirar. Necesitaban de el, de su consuelo. Muchos de ellos querían
cambiar las cosas. La vida que llevaban no les gustaba, y vieron en Jhasua a un
lider al que seguir e intentar algo para salir de aquélla rutina. Y así se
fueron uniendo a Jhasua. El no podía echarles. Pero llegó un momento en que era
tanta la muchedumbre que le seguía, que tuvo que tomar una decisión: cogería a
un pequeño grupo de personas, hombres y mujeres, los que veía más abiertos y
predispuestos a recibir sus enseñanzas, instruirles y hacerles más conscientes,
para que después ellos pudieran a su vez enseñar a otros. Así empezó todo. En
la mente de Jhasua jamás estuvo la idea, ni en su ánimo el objetivo de crear
una iglesia. Era contrario a todo ello. Para él, el único templo era el Corazón
del hombre, donde se manifestaba el Padre, su única Casa, la casa de todos, el
SOL.
Solo cuando Jhasua se
abrió, cuando su cuerpo quedó sin vida, su esencia penetró en el corazón de
todos aquéllos que le amaban y que le odiaban, y el milagro sucedió. Se abrió
la consciencia de muchos de ellos, comprendieron y pudieron así seguir con la
enseñanza y el mensaje de Jhasua. Pero faltaba mucho para que la ignorancia
desapareciese de esta Humanidad, y de nuevo acechó y ensombreció su labor. Su
mensaje ha llegado a nuestros días defectuoso, incompleto, y su figura y su
corazón salpicada por la intransigencia, soberbia, orgullo e ignorancia
consentida de muchos que se han proclamado sus heraldos.
Por ello yo estoy
contando todo esto, que aunque poco, porque mi experiencia con Jhasua fue muy
personal, espero que dé un poco de luz al recuerdo de la figura y del corazón
de Jhasua.
Es posible que nadie
lea esta entrevista, o que si lo hacen, ni me crean o piensen que soy una
oportunista, una lunática, una visionaria o cosas peores... pero no me importa.
Esta entrevista, donde estoy abriendo mi corazón y mi alma, se la dedico a él,
es un regalo que le hago al mejor amigo, al mejor hombre, al ser humano más
maravilloso que he conocido desde que la Luz abrió mis ojos. Sé que los que
conocen a Jhasua, a su corazón, no tendrán que creerme, sino que estas palabras
las confirmarán con su corazón. Los demás, aunque os quiero porque sois mis hermanos,
aunque despreciéis este regalo, no me importa. Muy pronto vuestro corazón
vibrará como nunca, y no sabréis por qué, pero veréis con otros ojos, y el
miedo desaparecerá de vuestras vidas.
Y AUNQUE ME SALGA DEL
TODO DEL TEMA... TENGO UNA PREGUNTA QUE ME INTERESA MUCHÍSIMO... ¿VISTE OVNIS
ENTONCES? ¿TUVO QUE VER JHASUA CON OVNIS? ¿CREES QUE HOY EN DÍA, ÉL ESTÁ
IMPLICADO EN ESTE FENÓMENO?
No, para nada te sales
del contexto. Con los ojos de Camaleón, no, no vi naves extraterrestres, pero
si fui testigo de fenómenos muy extraños, que con la experiencia de hoy,
aseguro que sin duda alguna se trataron de dicho fenómeno.
¿Y QUÉ FENÓMENOS
FUERON AQUÉLLOS?
En ocasiones, cuando
iba hacia el refugio escondite, veía a Jhasua en profunda meditación. Estaba
rodeado de una luz dorada muy intensa, pero bueno, eso en él era normal,
incluso me había enseñado a ver esas misma luz en mí. Lo extraño era que sobre
él, en el cielo, se formaba siempre una especie de nube llena de colores, que
parpadeaban a mucha velocidad. Cuando le preguntaba sobre ello siempre me
decía: son nuestros hermanos, los que nos cuidan.
En otra ocasión, años
más tarde, en su deambular por las tierras de Israel, una de las veces que fui
a verle, una noche, cuando me disponía ir a su encuentro, vi una luz blanca muy
fuerte. Fui hacia ella y me encontré con que Jhasua estaba con dos hombres más,
muy altos y rodeados de esa luz. Hablaban con él. Yo, no queriendo interferir,
quise volver al campamento, pero uno de ellos levantó su mano hacia mí, y sentí
en todo mi cuerpo como gotitas muy frescas y con un aroma intenso y agradable,
que me cubrieron como el rocío de la mañana. Sentí bienestar, mucha alegría y
ganas de reír. Y así lo hice. Yo no me cortaba ni un pelo. Con la conciencia de
hoy puedo decir que eran los hermanos venidos del espacio, que estaban allí
para apoyar el Plan, que nunca nos han dejado, y que permanecen aquí hasta que
el Plan llegue a su fin.
VAMOS A VER... LO QUE
NO ACABO DE ENTENDER ES POR QUÉ VIENE O HA VENIDO OTRA VEZ JHASUA, SI SABE QUE
LE VAN A VOLVER A DAR CAÑA. ¿TÚ LO ENTIENDES?
Sí, claro. ¿Tú
entiendes por que un bombero se mete en una casa totalmente rodeada de fuego y
con personas dentro, si sabe que es posible que cuando lo haga, el sea una
víctima más? Es absurdo pensar que porque ese es su trabajo. El bombero entra
porque hay gente viva dentro con peligro de morir quemada, y él va a intentar
que no suceda. En el corazón del bombero hay mucho amor, que es el que le
impulsa a hacerlo. ¿Tu entiendes la decisión de una madre que va a dar a luz a
su hijo, que elige darle la vida a costa de la suya propia? Esa mujer ama, ama
a su hijo, y ella no importa. De nuevo el Amor.
Jhasua ama al ser
humano, más que a su propia existencia, porque nunca dejó de ser uno de
nosotros. Esta humanidad es su familia, su casa, sus hermanos, sus amigos, su
Corazón, su sueño, su objetivo, su dolor, su tristeza y también su alegría. El
viene de nuevo con miles de hermanos más, a traer la esencia del Padre a este
mundo maravilloso. Se repetirá el mismo proceso. El Sol Central se apagará
durante unos instantes y su luz será un poco más débil, pero en el Corazón del
hombre habrá un volcán encendido. El Padre, a través de estos hermanos,
alimentará a esta humanidad.
Ellos saben, y no solo
Jhasua y Jhoanam, que su compromiso les llevará a una entrega límite e
incondicional. Lo hacen por amor, nadie les obliga, ya que el Amor siempre
invita. El sabe que tendrá que morir, pero te aseguro que lo haría no cien
veces más, sino miles si fuera necesario. Y tanto como cien, no...pero después
de la experiencia como Jhasua, ha estado entre nosotros muchas veces, y la
mayoría ignorado por el mundo, que es cuando mejor y más intensamente se
trabaja por la evolución del hombre.
A LA VISTA DE LA
EXPLICACIÓN QUE DÁ JHASUA DE POR QUÉ QUISO MORIR, SE DEDUCE QUE NO SIRVIÓ PARA
NADA SU MUERTE, YA QUE EL PLANETA HA IDO A PEOR. Y DICES QUE AHORA VA A VOLVER,
LE VAN A MATAR OTRA VEZ, Y ASÍ... ¿HASTA CUANTAS VECES HASTA CONSEGUIR ALGO
POSITIVO?
Dime una cosa...
cuando el bombero que ha entrado en la casa ardiendo, ha caído bajo las llamas,
pero unas pocas personas han podido salvarse gracias a él... ¿tú dirías que su
muerte no ha servido de nada?
Jhasua no quiso salvar
al hombre de nada, porque el ser humano tiene que hacerlo consigo mismo. Lo
único contra lo que luchó fue contra la ignorancia. Jhasua y los demás hermanos
eran los vehículos de una poderosísima energía que impulsaría al ser humano
hacia un sendero de búsqueda, donde al fin sería consciente de sí mismo y de su
identidad. Esta energía tenía que ser entregada al hombre, y esos vehículos del
Amor tenían que abrirse, morir en la materia, para dejar salir la esencia del
Padre.
Aquí no se puede
hablar de muerte, ya que estos vehículos físicos, sin dolor, se funden con la
energía. Y si Jhasua eligió el camino del dolor, fue por sus hermanos, por los
que vendrían detrás y serían víctimas de la barbarie de la ignorancia humana.
¿Qué por qué tuvo que tener una muerte tan violenta y traumática? Dime... ¿por
qué el hombre tortura, persigue, viola, destroza y aniquila a otro hombre? ¿A
cuántos luchadores y buscadores de la libertad y de la verdad ajustician en las
calles y en las cárceles del mundo diariamente, sin que nuestros corazones
derramen una sola lágrima por ellos?
Me dices que no sirvió
de nada su muerte. Yo no siento lo mismo. Es cierto que el mundo ahora está muy
polarizado. La parte negativa, la ignorante, es fuerte y muy poderosa, pero la
parte positiva, también lo es. Hay muchos más vehículos físicos dispuestos y
conscientes, y gracias al ejemplo de Jhasua hace 20 siglos, a ser portadores de
nuevo del Amor y la energía del Padre. Si hace veinte siglos, cuando Jhasua
comenzó el Plan de recuperación, hubo una explosión, ahora, cuando se lleve a
su fín, habrá miles. Y este empujón energético lanzará definitivamente al
hombre hacia la Luz, hacia sus orígenes.
Y no habrá más veces,
al menos en este planeta y en esta dimensión, porque el hombre dará el gran
salto.
¿POR QUÉ HA
TARDADO 20 SIGLOS?
Eso pregúntaselo al
Padre. Pero supongo que 20 siglos de los nuestros, es un segundo en la Gran
Mente. Y supongo también, que como cualquier proceso, lleva su tiempo.
ME HA PARECIDO
ENTENDER EN ALGÚN MOMENTO QUE JHASUA HA ESTADO EN ESTE PLANETA MÁS VECES CON
DIFERENTES CUERPOS. ¿ES CIERTO... POR QUÉ Y PARA QUÉ... Y QUÍENES HA SIDO?
Sí, es cierto. El me
lo dijo. Pero casi siempre ignorado por la humanidad. Lo que ya no sé es si
consciente o no de quien era. ¿Qué para qué...? Pues para lo mismo de siempre,
ayudar al hombre en su evolución. ¿Qué por qué? Ya te lo he contestado antes. Jhasua
ama a esta humanidad y se ha quedado entre nosotros hasta el final. ¿Qué
quienes ha sido?. Eso mismo le pregunté yo y me contestó: ¡Tu corazón ya lo
sabe, es suficiente.
ANTES DE TERMINAR ESTA
ENTREVISTA, ME GUSTARÍA QUE ME HABLARAS DE LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE JHASUA, DEL
PROCESO AL QUE FUE SOMETIDO, DE SU CASTIGO Y DE SU MUERTE EN CRUZ. SÉ QUE PARA
TI ES DOLOROSO, PERO YO AMO PROFUNDAMENTE A ESE HOMBRE, Y QUIERO SABER LO QUE
OCURRIÓ Y SINTIÓ A TRAVÉS DE TU RECUERDO.
Si, para mí el
recordar de nuevo, me resulta muy amargo, aunque hubo momentos sublimes. Ya no
vivíamos en aquélla aldea, ya que mi padre era mayor y no estaba para hacer
viajes tan a menudo a Jerusalem. Llevábamos viviendo allí, en Jerusalem, varios
años. Yo, últimamente, me había sentido muy mal físicamente. El plazo de los
dos años que me dio mi padre, se había olvidado. Mi padre en el fondo me quería,
y aunque yo no aceptaba casarme con nadie, como me veía inmersa en mis estudios
y experimentos, me dejó tranquila. También es verdad que durante esos años se
volcó más con mi hermano. El se había casado, y tenía ya tres niños. Y mi padre
se sentía muy orgulloso de él. Pero yo había tomado una decisión. Había estado
demasiados años detrás de Jhasua, jugando al escondite y llevando una vida muy
agitada, sin tomar una decisión por miedo a que mi padre me descubriese y me
apartara de él para siempre. Yo era ya una mujer de casi 30 años, me faltaban
unos meses. Así que durante una semana estuve escribiendo una carta a mi padre
y a mi hermano, donde les decía que les quería y amaba profundamente, pero que
tenía que seguir mi camino. No tuve valor para decírselo a la cara. Mi padre
tenía mucho poder, y no me habría dejado marchar tan fácilmente, más cuando
sospechaba que había algo entre ese profeta y yo. En silencio y sin levantar
sospecha, esa semana había ido recogiendo mis cosas, las más necesarias para
sobrevivir fuera, y vendiendo las joyas que había heredado de mi madre, ya que
las tierras, las tenía mi padre bajo su tutela.
Me sentía mal por
ello, pero esa noche tuve un presentimiento. Soñé que Jhasua venía hacia mí con
una copa de vino, ofreciéndomela para que bebiera con él. Sonreía, pero en sus
ojos había lágrimas. Me desperté bruscamente del sueño, me levanté, me vestí
con la intención de preparar mi marcha, cuando sentí un golpe seco en la
ventana de madera de mi habitación. Me asomé, y vi que un muchachito, con una
piedra en la mano, me miraba. Tenía un mensaje para mí. Le dije que envolviera
la hoja del árbol en la piedra y que la lanzara. Y así lo hizo. Cuando tuve en
mis manos la hoja, había en ella grabada unos signos. Eran una especie de
lenguaje que utilizábamos Jhasua y yo para comunicarnos sin levantar sospecha
en el entorno de mi padre, leí y no esperé más. Con lo que tenía, y sin hacer
ruido, salí de la casa de mi padre para no volver nunca más.
¿Y QUÉ HABÍA ESCRITO
EN ESA HOJA?
Jhasua me decía que el
momento había llegado, y que la ignorancia del ser humano lo estaba
acorralando. ¿Te puedes imaginar cómo me sentí, verdad?
¿DICES QUE TENÍAS
CERCA DE LOS 30 AÑOS? ¿ENTONCES CÚANTOS TENÍA JHASUA CUANDO MURIÓ?
Cuarenta o cuarenta y
uno. No murió con 33 años como se dice. Comenzó su vida más pública a los 29
años, pero estuvo diez años viviendo en todas partes y enseñando. Llegó a ser
un gran terapeuta, muy reconocido por los amigos y los enemigos.
¿Y DÓNDE FUISTE CUANDO
SALISTE DE CASA DE TU PADRE?
Fui a casa de un amigo
de Jhasua. Yo solo le había visto una vez, pero confiaba en él. Me dijo que él
había recibido un mensaje de que Jhasua quería celebrar una reunión con los
amigos, que quería hablar con nosotros. Aquélla reunión iba a ser una cena, y la
hora de la cita a las 6 de la tarde del día siguiente. Me quedé con él en su
casa, y cuando le dije mi intención de localizar a Jhasua en la ciudad, me dijo
que no lo hiciera, que no era conveniente para su seguridad. El rostro de aquél
hombre, tan preocupado, me resquebrajó por dentro.
Me deshice de mis
ropas viejas, y me vestí con las mejores galas romanas de mi madre.
Comencé la búsqueda de
Jhasua, hasta que di con él. Cuando me vio se echó a reír. Nunca me había visto
vestida de mujer de aquélla forma. Me abrazó y me dijo que tenía que hacer unas
cuantas cosas, y que prefería estar conmigo en otro momento más tranquilo. Me
invitó a la cena que al día siguiente iba a tener con todos sus acompañantes.
El sabía que le había visto en sueños, ya que me envió ese mensaje. Pero cuando
le pregunté que por qué lloraba, sonrió, me besó y me contestó que porque era
muy feliz.
Le vi desaparecer
entre sus seguidores, pero mi corazón se quedó pesaroso e intranquilo.
Al día siguiente, a la
tarde, me puse mis mejores vestidos y acudí a la dirección que Jhasua me había
dado. Llegué un poco tarde, ya que hubo un altercado en la calle entre soldados
y gente del pueblo, y no era muy seguro andar por las calles.
Cuando llegué, subí
unas escaleras y cuando me dispuse entrar en la sala donde estaban reunidos, oí
algo que me dejó pegada al suelo y con el alma congelada. Jhasua les estaba
contando lo que le iba a acontecer, e intentaba explicarles el sentido de todo
aquello. No pude atravesar la cortina, y me quedé sentada en el suelo, al pié
de la escalera. Uno de los sirvientes que atendía la mesa, al verme en el
suelo, me preguntó si necesitaba algo, y como no le respondía, me invitó a que
pasara a una salita contigua al comedor. Allí estaba molestando.
No sé cuánto tiempo
pasó. En la misma posición en la que me dejó el sirviente, me encontró Jhasua
luego. Se habían marchado todos, salvo dos de sus amigos que le esperaban en la
calle. Uno de ellos creo que era mi querido filósofo.
Había entrado a la
salita con una copa de vino, de la que bebió y luego me ofreció a mí. Entonces
comprendí. Lo supe todo. Bebí y me abracé a él con desesperación. El me abrazó
con fuerza, como lo hacía antaño, cuando niña. Yo entonces le miré y ví que
lloraba y le supliqué que me permitiera estar a su lado. El me dijo que tenía
miedo, que su cuerpo temblaba ante lo que le esperaba, pero que su corazón
estaba lleno de felicidad. Yo le insistí, quería estar con él, pero él, casi me
suplicó, que me alejara. No quería que viese, que me destrozara el corazón. Yo
todavía no había entendido lo que le movía a hacer aquello, y solo compartiría
con él el dolor, y nó la plenitud y el Amor que había en todo su Ser. Pero
aunque me lo suplicó, no pude complacerle. Lo primero que hice, como una
posesa, fue ir a entrevistarme con Poncio, pero había mucho alboroto en las
calles, y los soldados no me permitieron verle. Estaba ocupado en asuntos más
importantes. Entonces volví al lugar donde se había celebrado la cena, y ya no
había nadie, pero uno de los sirvientes me dijo qué dirección había tomado
Jhasua con sus dos acompañantes. Enseguida intuí hacia donde se dirigían. Había
una zona muy alta, desde donde se veían los tejados de las casas de Jerusalem,
y dónde Jhasua, cuando estaba trabajando allí, solía escaparse para estar a
solas. Me eché a correr, y perdí una de las sandalias de cuero, y como siempre,
me herí en un pié. Me costó encontrarles, pero al fin vi a sus acompañantes.
Uno de ellos era el filósofo, mi querido confidente, pero no deseaba en esos
momentos hablar con ellos. Pensé que Jhasua no tenía que estar muy lejos, y
seguí avanzando. Y lo encontré, arrodillado y abrazado a un fuerte árbol.
Lloraba, pero en silencio. Mis pies quisieron moverse, echarse a correr de
nuevo hacia él, pero su oración se hizo más sonora y suplicante, y quedé
inmovilizada, escuchándole. Jhasua no oraba al Padre por él, ni le suplicaba
que apartara el cáliz de su camino, ya que lo había elegido el mismo. Oraba por
sus amigos, por sus hermanos. Quedarían solos, y sabía que los tiempos no iban
a ser nada buenos para ellos. Los veía todavía tan débiles, tan indefensos...
por ello quería morir, quería ser su alimento, su fuerza, su energía. Quería
vivir en ellos, luchar con ellos... ¿pero cómo hacerles comprender que lo que
hacía era por ellos? ¿qué no iban a estar solos? Y de nuevo se echó a llorar,
abrazando con más intensidad al viejo y frondoso árbol.
Ni hizo falta que
fuera hacia él. Lo sabía, me había sentido. Se levantó, se volvió y vino hacia
mí.
—¿Tú si que me
entiendes, verdad Camaleón? —me preguntó.
—¡Creo que sí, Jhasua!
—Le contesté besándole el rostro.
—¡Camaleón, vete de
aquí... aléjate... no quiero verte sufrir!
—¡Si me dejaras
compartirlo contigo, no sufriría, y lo sabes!
—¡No está en mi mano,
Camaleón... es un asunto entre tu corazón y el Padre!
—¡Ya lo he tratado con
él, Jhasua, pero no me ha respondido!
—¡Tienes tanto dolor
en tu corazón, que no le puedes escuchar, Camaleón...!
—Me has dicho tantas
veces que soy una Hija del Sol, que al final me lo he creído, ¿sabes? Es cierto
que mi amor por esta Humanidad es algo débil, pero te amo a ti más que a mi
propia existencia, y tú para mí eres la Vida, la Luz, el aire que respiro...
¿sabes lo que le he pedido al Padre? Que me permita estar contigo, que si es
necesario, volveré y volveré hasta el final del tiempo, trabajaré por esta
humanidad que tanto amas, y que estoy empezando a sentir en mi Corazón, pero,
quiero estar a tu lado, Jhasua.
¡Ya veo que ha llegado
la hora para los dos!. Siente también en tu corazón la plegaria de muchos de
nuestros hermanos que en estos momentos, en el mundo, están entregándose con
nosotros. Y confía... confía en el Amor Camaleón, y por favor, hermana... si
has decidido estar cerca de mí, que no haya lágrimas en tus ojos, ni dolor en
tu corazón. Necesitaré la sonrisa de mis hermanos para poder avanzar en mi
camino.
Sentí que Jhasua
necesitaba estar a solas unos momentos, me abracé a él y salí corriendo de
allí.
Me quedé rezagada
entre los matorrales, esperando los acontecimientos.
¿ERAS CONSCIENTE DE LO
QUE LE PEDÍAS AL PADRE A CAMBIO DE ESTAR AL LADO DE JHASUA?
Claro. Era morir y
volver a nacer, morir y volver a nacer, así durante años y años... ese era el
concepto que tenía entonces. Y en aquél trance tan doloroso y decisivo me di
cuenta que amaba tanto o más el sueño de Jhasua que a él mismo, que no
solo era sueño de él, sino el objetivo de todos los hermanos, los hijos del
Sol, en esta dimensión de la materia. Pero mi despertar fue así, un poco
chapucerillo. ¡qué vamos a hacer! Éramos todos hermanos, procedíamos del mismo
lugar, y mira la diferencia de conciencia entre Jhasua y yo, por ejemplo. El me
decía que era por necesidad del guión de la puesta en escena del Sueño de la
Vida, que lo más importante era ser coherente con nuestra interpretación y dar
lo máximo de nuestro Ser en ese pequeño papel interpretativo. ¡Si le hubiese
comprendido antes como lo hago ahora...!
¿Y QUÉ SUCEDIÓ DESPUÉS?
La guardia del templo fue a por
él. Mi filósofo se interpuso entre esa gente y Jhasua, y recibió un fuerte
golpe que le dejó sin sentido y tendido en el suelo. Cuando desaparecieron con
Jhasua, me acerqué a Jhoan y le ayudé a levantarse. Estaba conmocionado y
desesperado. Yo intenté tranquilizarle, y al final nos serenamos los dos.
Estudiamos meticulosamente nuestros próximos movimientos, con el fin de estar
cerca de él. Los dos éramos conscientes de lo que iba a acontecer, y el significado
de ello, y aunque el corazón nos sangraba, nuestro espíritu lo aceptó, y nos
preparamos para ser el apoyo que Jhasua tanto iba a necesitar, y no unas
plañideras.
Yo era conocida y respetada en los
círculos romanos. Podía tener acceso a casi todos los lugares públicos y a
algunos privados. El hecho de ser amiga de Poncio, me abría todas las puertas.
Además yo vivía como una romana y me comportaba como tal, y por qué no decirlo,
mi madre debió ser alguien importante en los ambientes romanos. Todos sus
amigos me decían que era el vivo retrato de ella. Entonces comprendí el por qué
mi padre huía casi siempre de mi presencia. La amó intensamente, y yo se la
recordaba constantemente. Gracias a ese privilegio que tenía yo, Jhoan también
tuvo acceso a todos aquellos lugares.
Fuimos testigos de todo el proceso
en la zona romana, pero cuando se lo llevaron al Templo, a la presencia de los
sacerdotes, no pudimos seguirlo. Me enteré que mi padre formaba parte de aquél
vergonzoso tribunal, y que fue uno de los que más le ridiculizó y ofendió. Sigo
amando a ese hombre que fue mi padre, y espero que hoy sea uno de los muchos,
como Judas y Poncio, que trabaje en este Plan tan Maravilloso de Amor.
El primer golpe que recibió mi
corazón, fue en el patio de atrás, el que daba acceso a la vivienda de Caifás.
Hasta allí, sí que me atreví a ir, ya que salvo mi padre y unos pocos de los
sacerdotes, no me conocían. Además estaba estratégicamente mezclada entre la
gente. Los guardianes y servidores de algunos sacerdotes estaban mofándose de
Jhasua. Le habían atado las muñecas por atrás, en la espalda. Y uno de ellos le
soltó semejante golpe en la cara, que con su fuerza y altura le tiró al suelo.
Pero no fue por algo que dijera, ya que Jhasua estaba en silencio, sino por
atreverse a mirarles con la cabeza alta y a los ojos. El no les tenía miedo, y
eso era lo que más les enfurecía. Comenzó a sangrar por la nariz y por la boca.
Pero como tenían que presentarlo ante el sanedrín, le echaron por encima un
recipiente con agua. Cuando le metieron en el interior, ya no pude seguirle.
Yo sabía que tarde o temprano lo
llevarían ante Poncio, y hacia allí me fui, hacia el puesto militar. Como
siempre estaba ocupado. El ya sabía para qué quería hablar con él, y no deseaba
el encuentro. Así que esperé, casi toda una mañana, y al final, el funesto
cortejo apareció. Poncio les estaba esperando, fuera de sus estancias, en el
patio, donde entrenaban sus soldados. Cuando vi aparecer a Jhasua, mi corazón
se estremeció y mi vientre se revolvió. Estaba lleno de magulladuras,
moretones, salivazos, golpes, su precioso pelo revuelto y manchado de barro. El
mismo Poncio se ofendió por llevar ante él a un preso tan sucio y en esas
condiciones. Y ordenó que fuera limpiado antes de comenzar el proceso.
Se lo llevaron, y al cabo de unos
minutos lo volvieron a poner ante la presencia del procurador. Estaba
totalmente desnudo y chorreando agua. Uno de los soldados le echó por encima
una capa, y Poncio, muy contrariado, dio comienzo a la farsa del juicio.
Es cierto, y doy fe, de que
Pilatos hizo lo imposible por salvarle la vida, pero a pesar del poderío
romano, aquél hombre estaba hipotecado por los entresijos de la política, y al
final, asqueado de aquellos sacerdotes y harto de aquélla «gentuza» como él llamaba a los judios, hizo
un gesto muy típico en él, que era el frotarse las manos, como diciendo «no me pringo en esto». Yo no vi que se lavara las manos
en ningún sitio. Eso sí, para contentar a la muchedumbre, ordenó que fuera
flagelado según la ley romana, ya que el castigo iba a ser infligido por
romanos. Y la flagelación romana era pública, con el reo completamente desnudo,
y los golpes eran 100 más uno. Pocos sobrevivían a ese castigo, y los que lo
hacían, quedaban lisiados para el resto de su vida.
Ordenó este castigo en la
creencia, creo yo, que el populacho se contentaría, y así darle la posibilidad
de sobrevivir.
La flagelación, como te he dicho,
era pública, y se iba a ejecutar en aquél mismo patio, pero solo podían estar
presentes ciudadanos romanos. Al resto, a pesar de las quejas y gritos, los
echaron fuera. Solo quedaron en el patio los soldados, servidores de Poncio y
algún que otro mercader extranjero. Jhoan no quería salir de allí, y vino donde
mí. Yo sí que podía permanecer allí, por mi condición de romana, aunque los
soldados que me veían se extrañaban de que a una mujer le gustase ver aquél
espectáculo. Les incomodaba , pero no podían prohibírmelo. Uno de ellos, que
sabía también mi condición de judía y la relación que me unía al preso, para vengarse
de mí, creo yo, me cogió amablemente del brazo, pero con fuerza, casi
arrastrándome, y me obligó a estar a penas a un metro de Jhasua. Jhoan, fue
arrastrado igualmente detrás de mí. Aquél soldado, que era uno de los
responsables de la guarnición, me gritó al oído, que si salía de mi boca un
palabra o un grito, degollaría delante de mí a Jhoan. Yo creo que en aquellos
momentos mi corazón dejó de latir. Al menos yo ni lo sentía, como tampoco mis
piernas. Le arrancaron a Jhasua la capa que le habían puesto anteriormente por
encima, le ataron las muñecas a un poste, a la altura de su pecho, y de un
golpe de píe de uno de los soldados, le dejaron con las piernas totalmente
abiertas. Aquellos hombres, que no eran más que basura alcoholizada, dejaron
caer a un lado los látigos, se miraron entre sí, y soltaron carcajadas que
retumbaron en los pilares del patio. En aquél momento empecé a morir, en mi
corazón se abrió una herida que empezó a sangrar. Estaban violando a mi Jhasua,
uno tras otro, como bestias, y yo con las manos tapando mi boca para no
cometer el error de gritar. Jhoan se abrazó a mí, y fue entonces cuando Jhasua
se volvió hacia nosotros y nos sonrió y oimos su voz, aunque él tenía la boca
cerrada por la hinchazón de los golpes: «Animo,
hermanos, que el Amor está con nosotros».
Cuando ya aquéllas bestias ignorantes lo creyeron oportuno, cogieron sus
látigos y comenzarón a golpear a Jhasua por todo su cuerpo. Contabilizaban los
golpes, y yo sentía, a cada golpe, cómo mi corazón se debilitaba más y más. Y
por fín el 101, más una patada que le dieron en el bajo vientre para que se
pusiera en pié. Jhasua violado, vejado, ultrajado y destrozado a golpes. Muy
pocos han dejado testimonio fiel, y los que lo han hecho, se quedaron cortos.
Además... ¿cómo iban a dar testimonio de algo que no vieron? Tan solo Jhoan
estuvo conmigo, y el filósofo perdió allí el brillo de sus ojos.
Uno de los soldados, como vio que
Jhasua se tambaleaba peligrosamente y necesitaba terminar de ajustar unas
cadenas, lo empujó hacia mí, quedando a merced de mis brazos. Jhoan me ayudó a
sujetarle, ya que si no los dos nos hubiéramos caído al suelo. Me olvidé de sus
heridas, del mal estado en el que estaba, le estruje contra mí, le abracé con
toda mi alma, y sentí su corazón muy acelerado. Tenía mucha fiebre, y temblaba.
Le besé y le dije al oído:”No te olvides de mí, llévame contigo”. Y de nuevo
nos lo arrancaron. Como debía ser presentado de nuevo ante Pilatos, lo metieron
de un golpe en un abrevadero para quitarle del cuerpo la sangre. Lo sacaron y
le pusieron por encima una túnica oscura. Uno de aquellos verdugos había
preparado otro artilugio de tortura que empleaban muy a menudo. Era un casquete
hecho con ramas de una planta que tenía unas espinas del tamaño de un alfiler,
de los de ahora. No era mortal, pero sus efectos castigaban mucho al reo y lo
ponían al límite. Necesitaron ayudarse de un martillo para encajarlo en su
cabeza, y yo ya no pude más y me eché a correr hacia él sujetándome
desesperadamente a sus piernas. Uno de los verdugos me soltó de Jhasua, y de un
golpe en el rostro me lanzó contra la pared del pórtico. Mi visión se nubló y
perdí el conocimiento. Cuando reaccioné, el patio estaba vacío, pero Jhoan
estaba a mi lado. Tenía una herida en la cabeza y él me la estaba intentado
curar, pero lo que no conseguía era parar la hemorragia. Me había mordido la
lengua con el golpe, y me sangraba mucho, y además, se me había hinchado de
manera que para respirar lo tenía muy difícil. Pregunté por Jhasua, pero Jhoan
me dijo que definitivamente había sido condenado a la muerte en la cruz, y que
acababan de cargarle con el tronco y se dirigían hacía el Gólgota. Jhoan quería
ir tras él, pero yo no estaba para correr. Le pedí que se fuera, que no le
dejara solo. Y así lo hizo. Yo como pude me levanté, me tapé la boca con una
parte de mi vestido para controlar la hemorragia, y me puse a andar lentamente.
Como vi que no podía hacerlo por mí misma, vi a dos hombres a la salida del
patio y les di todo el dinero que tenía con la condición de que me llevarán al
Gólgota. No tenían aspecto de ser unos aprovechados, pero se pensaron mucho el
ir hasta allí. Me miraron con un gran interrogante en sus rostros, y
accedieron, pero me pidieron algo más, un anillo de oro de mi madre, que era el
único que conservaba. Se les di, y ellos cumplieron su cometido. Pero faltaban
escasamente unos cinco metros para acceder donde estaban preparando a los reos,
cuando unos soldados nos cortaron el camino. Ellos me dejaron tirada en el
suelo, y yo sin fuerzas para poder levantarme. Alcé mi cabeza y le vi. Le
habían quitado de un golpe la capa, y la piel de su cuerpo se había quedado
pegada en la tela, volviendo a sangrar una vez más. Ya no le veía el rostro,
hinchado y deformado por los golpes, lleno de sangre y de polvo... aquél rostro
que tanto me enamoró, encendía ahora mi corazón como una antorcha. Quise
avanzar arrastrándome, pero el fuego de las fogatas encendidas, el fuerte
viento que se había desatado, y aquélla sombra oscura y asfixiante que rodeaba
el lugar, me impedía avanzar. Se disponían a tumbarle en el suelo para
clavarle, y mi corazón ya no resistió más. Sabía que en mi cuerpo algo andaba
muy mal. Ya no sentía mis piernas, y tampoco podía hablar. Jhasua se dejaba
hacer, a pesar de su sufrimiento, nunca dejó de sonreír y levantó su rostro
hacia el Cielo, y fue en ese momento, cuando el aire dejó de soplar, las
personas se quedaron inmóviles, como muñecos, el fuego se aquietó, y se hizo un
gran silencio. Yo sentí cómo se me caía algo al suelo, sin embargo estaba sobre
él, y al momento me sentí ligera y de pié. Enseguida me di cuenta de lo que
estaba sucediendo. Había dejado mi cuerpo en tierra, sin vida. Mi corazón había
estallado, y por fin era libre. Vi que Jhasua estaba esperándome con los brazos
abiertos y volé hasta él y me abracé con tanta intensidad, que me sentí parte
de él, fundida a él. Me sentí en el interior de un volcán, donde había más
hermanos. Fuego, energía, expansión, color, luz, plenitud y Amor... un Amor que
te rompía en mis pedazos y te recomponía otra vez. Dolor, mucho dolor... pero
cuanta felicidad... estaba en el Corazón de Jhasua, estaba sintiendo y
experimentando la energía del Padre, estaba compartiendo con mi amor la última
entrega, la culminación de una existencia. Miré a los ojos a Jhasua, y esta
vez, aunque seguíamos en la cruz, sus ojos estaban abiertos, transparentes,
chispeantes y llenos de plenitud y de vida. Y en aquél momento, con voz grave y
temblorosa exclamó: «El
Amor les ha perdonado, porque no saben lo que están haciend». «¡Pero nosotros sí, Padre, lo sabemos! «Ahora estamos en tus manos, Padre,
esta locura maravillosa, ha comenzado».
Y lo último que recuerdo fue de
nuevo el fuego, el calor, el dolor y una fuerte explosión que me cegó y me
absorbió hacia el interior del pecho de Jhasua.
LA VERDAD ES QUE... ME HAS DEJADO
SOBRECOGIDO... TENGO EL CORAZÓN A LA ALTURA DE LA GARGANTA... Y ME APETECERÍA
LLORAR UN POCO PARA DESAHOGARME, PERO TENGO QUE SEGUIR CON LA ENTREVISTA...
ENTONCES... POR LO QUE HAS CONTADO... ESO DE QUE JHASUA DIJO “PADRE, PADRE POR
QUÉ ME HAS ABANDONADO...”, INTUYO QUE NO TIENE MUCHO SENTIDO...
¡Ninguno... es que no lo dijo!
¿Cómo va a lamentarse de que su Padre le ha abandonado, si estaba en él? ¡¡Era
totalmente consciente de que el Sol iba a hacer explosión con él! Otra cosa que
no es cierta, para nada, es que Jhasua fuera un varón de dolores, un chivo
expiatorio, un hombre que cargó con la ignorancia del mundo...
¡Mentira! Mentira!
Jhasua, aun en los momentos más
álgidos, siguió sonriendo y entregándose con alegría. No fue un chivo
expiatorio porque no había nada que expiar, tan solo combatir la ignorancia en
la que está sumida esta humanidad. Y no cargó con la ignorancia del mundo, sino
que la abrazó, que es muy distinto. Para él no fue una carga, fue un acto de
amor hacia sus hermanos.
Pero el hombre sigue sin creer en
él, en lo que hizo. Están tan lejos de experimentar ese sentimiento de Amor en
sus entrañas, que les parece imposible que un hombre fuese capaz de hacer lo
que hizo Jhasua. Es mejor creer que era DIOS, y para Dios es fácil hacerlo. Es
mejor idolatrar a un ser, haciéndole responsable de lo bueno y de lo malo que
nos acontece en nuestras vidas, que descubrir la divinidad que hay dentro de
cada uno de nosotros, y actuar en consonancia.
Doy fe de que Jhasua no fue ningún
dios especial. Fue un SER HUMANO, UN HIJO DE LA LUZ, como todos, que descubrió
su propio grial en su corazón, y desbordándolo, lo dio a beber a la humanidad.
Sigámosle, y hagamos lo que él hizo.
Que Lucifer no es el malo de la
película. Es nuestro hermano. Que el demonio no existe, es nuestra propia
ignorancia la que nos acecha constantemente.
Que no somos pecadores ni merecedores de un Juicio Final de Dios. Tan solo lo tendrán aquellos que no saben perdonarse a sí mismos ni a los demás. Ellos ya están viviendo en su propio infierno. Somos queridos, amados, mimados por el Cielo, pero nuestro corazón está todavía tan dormido... que preferimos permanecer en una pesadilla que despertar a la Vida y a la Luz del Universo.