EL EVANGELIO POBRE DE YEHOSHUAH DE NAZERAT
(Jesús de Nazaret)
JOSÉ J. MÉNDEZ – CAYETANO MARTÍ
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2 El Evangelio Pobre de Yehoshuah de Nazerath
Ó2002, José J. Méndez – Cayetano Martí
Colaboraciones:
Antonio Cánaves, Antonio Zamora, Bartolomé Matas, Casto Cantos, Francisca Capó, Fco. Borreguero, Jerónima Moyá,
Gregorio Artieda, Miguel Jiménez, Jaime Riera, Juan Carlos Montaner, Juan Riquelme, José Luís Artieda, Juana Alemany,
Leonor Zabala, Mª Gilda Muñoz, Mª Rosa Navalón, Nuria Ferrán, Tomás Cano.
Fotografía: Casto Cantos, Cayetano Martí, José J. Méndez
Dibujos:Juan Sastre y Margarita Arbona - Diseño y José J. Méndez / Edición digital: Juan Antonio Mora
Impresión: LIBERLIBRO.COM
Dep. Legal: Ab-238-2002 - I.S.B.N.: 84-95943-09-3
Portada: Muro de las Lamentaciones (Jerusalem) Israel
CONTRATAPA:
... no os preocupéis por el futuro, porque llegará un momento en que el hombre sentirá necesidad de
mirar al cielo, y entonces nuestros descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando aquí,
y será de nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras, y ellos sacarán a la luz lo que tanto tiempo
ocultaron las religiones, la justicia de Dios... Yehoshuah de Nazerat
CAYETANO MARTÍ VALLS (1918), es natural de la población mediterránea de Inca en la isla de Malloraca,
España. Residente en Palma desde su infancia, empezó a trabajar desde los 9 años en el oficio de yesero
hasta su jubilación.
Es casado hace más de 50 años con Magdalena Moll.
Bajo el apelativo católico de chuetas por su origen israelita, tanto Cayetano como a su hermano José Valls se
les considera de los pocos descendientes de cristianos israelitas que hoy quedan en Mallorca.
Cayetano Martí es uno de los chuetas obreros más polifacéticos que existen en la isla. Después de formar el
grupo Fraternidad Universal en época franquista, en 1987 restauró la llamada Iglesia o sinagoga Pobre de
Yehoshuah junto con varias familias obreras, algunas de ellas también de origen israelita.
Si hoy me dijeran que el obrero carpintero de Nazareth, -el Bon Mestre- nunca ha existido, no cambiaría ni
un ápice el sentido de mi vida, por la sencilla razón de que el Evangelio Pobre de Yehoshuah de Nazareth no
es más que el eterno mensaje del Espíritu Universal al que llamamos Cristo, dirigido a todas las conciencias
humanas a través de la práctica de la bondad.
Sin bondad, nada de provecho tiene la historia humana o divina de cualquier ser humano, sea esta real o
ficticia.
JOSÉ J. MÉNDEZ, nació en Alicante en 1960.
En 1964 inmigró junto a su madre a la isla de Mallorca en el Mediterráneo español, donde cursó los estudios de
E.G.B. en el transformado internado palmesano llamado Nazaret, aprendiendo el oficio de tipógrafo en la
imprenta de dicha institución.
Casado desde 1990, trabaja actualmente de diseñador gráfico en una imprenta de la ciudad de Palma de
Mallorca.
A todos nos gustaría recordar a un Yehoshuah más sencillo del que nos han presentado; un hombre sabio
trabajando de carpintero, de pescador, de pastor, de jornalero del campo, pero expresando sus ideas de
justicia y libertad espiritual por los caminos, calles, plazas, e inclusive su púlpito casero.
Sin embargo, de poco sirve visionar la vida de un ser humano si se le niega el derecho a expresar su mensaje
evitando que salga a la luz.
Y esto es lo que se ha hecho hasta el día de hoy con el carpintero de Nazareth y con el yesero de Mallorca,
dos testigos vestidos de saco que discurren por la historia dando el mismo mensaje espiritual, la bondad.
Pero, al tercer día (3er milenio), el Espíritu resucitó de entre los pobres.
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Bienaventurados los pobres,
por que nuestro es el reino de los cielos...
...y de la tierra
SUMARIO
Introducción
Yehoshuah de Nazerat, un hombre pobre convertido en mito
Un mensaje revolucionario
Letras para la confusión
La jerarquía religiosa, un atentado a la razón
Cayetano Martí Valls
Agnosticismo justificado
Contradicciones del llamado Nuevo Testamento
Reflexión ante la mitología
Y al tercer día resucitó
El traductor de Bourc
De la isla del Mediterráneo...
Un esbozo de Yehoshuah de Nazerat
Tradición oral
La verdad sobre Yehoshuah de Nazerat
Conclusión
El Evangelio pobre
El sermón del monte
Bienaventurados los pobres
La oración del silencio
La perfección del espíritu
!Salid de la Babilonia religiosa!
Vida espiritual y no religiosa
El espíritu humano, un universo por descubrir
María de Magdalá
Entre el ayuno y el amor
Tirar la piedra y esconder la mano
El sueño de los profetas
Simón el fariseo y Yehoshuah
La boda de la alegría
Un matrimonio como los demás No hay misterio, solo amor
La voz que clama en el desierto
Tentaciones religiosas
El reino es de los pobres
La Buena Nueva
Yehoshuah y el Espíritu Universal o «Cristo»
Un Espíritu sin barreras
Toma tu cruz y sígueme
La bondad atea de un samaritano
Purificación en el Jordán
Jerusalem, Jerusalem!
Los publicanos y las rameras os van delante
Piedras angulares
Dos únicos mandamientos
Un carpintero profeta
En la redondez de la tierra
El sueño de los profetas
El impuesto de los pobres
El Mesías del corazón y de la razón
Comunismo a pesar de todo
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La bondad y el humor de Yehoshuah de Nazerat
De fiesta y con los pies desnudos
Las lentejas de la posada
El joven apóstol
El descuidado pelo del nazareno
El perro muerto y las habas de Simón
La moneda del joven seguidor
Yehoshuah, un niño como los demás
Aprendiz de carpintero y de profeta
Lecciones para el futuro
El rabí y los niños
El hombre rico
La parábola sobre el rico y el pobre
El fariseo Nicodemo
Sueños y parábolas de un carpintero
El pacifismo de Yehoshuah
Yehoshuah y la mujer de Samaria
Ciegos de espíritu
La revolución pacífica del carpintero de Nazerat
Los fariseos y la limpieza
Yehoshuah y el shabat o día de descanso
Los que están con el Espíritu comen
La barca de Simón se hunde
Los mercaderes del templo
El sentimiento universal de Yehoshuah
La sinagoga pobre del carpintero
La gran lección del Espíritu o Cristo
Subir a una higuera para ver al Maestro
Si las piedras hablasen!
La pascua del judío carpintero
Última lección de amor, la muerte
Ahora más que nunca
Reflexión religiosa
Citas para el recuerdo
IN INTRODUCCIÓN TRODUCCIÓN
Durante casi dos mil años de cristianismo organizado alrededor de la figura del carpintero judío
llamado Yehoshuah de Nazerat, –más conocido como Jesús de Nazareth–, gran parte de la humanidad
ha aceptado la existencia de este hombre pobre, a través de las múltiples interpretaciones religiosas,
filosóficas, místicas y gnósticas existentes sobre su imagen en todo el mundo.
En este libro no vamos a discutir sobre la existencia o no existencia del personaje en la historia; si
nació en Belén de Judea de una joven virgen llamada María ó si el personaje nació, vivió y murió en
Nazerat de Galilea, siendo su madre una sencilla y pobre mujer judía; si descendió de la estirpe del rey
David –como asegura el catolicismo y la ortodoxia cristiana–, ó si en realidad nada se sabe de su origen
salvo que fue un obrero nazareno, carpintero de oficio y considerado como todos los de aquella
comarca un hombre pobre e ignorante en letras, pero profundamente sabio en lo espiritual; tampoco
discutiremos si fue presentado en el templo de Jerusalem ó simplemente bendecido al nacer en la
sinagoga de su pueblo Nazerat y bajo el ritual judío de la circuncisión; si fue bautizado en el río Jordán
por el llamado Juan Bautista, ó si Yehoshuah de Nazerat se dejó sencillamente purificar como uno más
en un acto de humildad hacia su pariente Yokanaán, conocido en Israel como el purificador; si guardó
el celibato ó por el contrario acabó formando una familia con María de Magdalá y su hija, celebrando en
Caná su propia boda y teniendo más tarde un segundo hijo llamado Yokanaán, su apreciado y más
ferviente apóstol y seguidor, etc., etc.
Yehoshuah de Nazerat, un hombre pobre convertido en mito
La vida social del judío carpintero Yehoshuah de Nazerat encierra los interrogantes humanos que acompañan a
todos aquellos hombres pobres ignorados desde siempre por la historia, escrita esta por los poderosos, siendo
extraño pues la existencia de tanta literatura dedicada exclusivamente a la figura de este simple jornalero judío;
una sospechosa curiosidad que abarca todos los campos de la narrativa y de la imaginación que la misma
fantasía literaria puede ofrecer.
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Con referencia al físico del carpintero, existen numerosos tratados teológicos que defienden la creencia de que
el nazareno fue un hombre de figura robusta y con presencia divina, mientras que otros autores laicos ahondan
históricamente en un Yehoshuah más bien pequeño, encorvado, molesto de su pié derecho y de no buena
vista, pero de mirada dulce y bondadosa; con una presencia semita tan vulgar y común que era capaz de pasar
desapercibido entre la multitud para evitar así actitudes extremistas agresivas propias del fanatismo religioso
judío.
No es poca la literatura que se extiende en relatar sus andanzas, milagros, sanaciones, viajes, anécdotas,
infancia, etc., tal y como hace el gnosticismo y esoterismo que, aplicando este sin fin de interrogantes al
carpintero, han acabado vinculándolo al llamado Maestro de Luz de los esenios, o haciéndolo viajar hasta Egipto y la India para instruirlo en todos los misterios y sabidurías de la mística de estos países. Pero la
embriaguez de la fantasía literaria llega hasta tal extremo, que los hay que se han atrevido a situarlo inclusive dentro de naves extraterrestres, cargarlo de no se sabe qué energías cósmicas y bajarlo de nuevo a la Tierra en un acto de obligada misión universal.
Existen también corrientes nacionalistas que no escatiman palabras para describirlo como un fiel cumplidor de las leyes de la Torah o Ley judía, entrando y saliendo de las sinagogas de Galilea, Samaria y Judea y
discutiendo fervorosamente en el Templo de Jerusalem con altos jerarcas religiosos las leyes y costumbres de su pueblo, otorgando de esta manera a Yehoshuah de Nazerat la influencia de un alto cargo político-religioso
capaz de llevar a la rebelión a las gentes contra el imperio romano, el enemigo de la causa semita.
A pesar de tanta literatura escrita sobre este ser humano, pocos son los autores que describan a Yehoshuah
como un hombre pobre que compartió con los pobres su experiencia espiritual, sus sueños, sus pensamientos
de libertad y sus conceptos de justicia; trabajando en aquello que podía y había, pescando con sus amigos,
cuidando ovejas, cargando fajos de leña o practicando el oficio de su padre, o sea, remiendos de carpintería,
chapuzas, etc.
Yehoshuah fue un provocador, dulce en el trato humano pero irónico y crítico a la vez con los poderosos de la
religión judía y con sus sacerdotes. Con temperamento firme hasta el punto de tener prohibida la entrada en las
sinagogas por su claridad a la hora de hablar, sus enseñanzas despertaban en los más pobres el sentimiento
de la dignidad humana frente al poder político y religioso, tremenda crítica a una religión que impedía la
comunicación directa del tú a tú con Dios, algo que el rabinato de Israel no le perdonó. Y es que Yehoshuah
era tan rotundo en su clamor de justicia y de paz, que hasta los grupos más reaccionarios de Israel –incluyendo
a los propios zelotas– le llegaron a mirar con cierto recelo y envidia.
Bajo esa libertad espiritual practicada por el rabí de los pobres y por sus seguidores, muchos hombres y
mujeres transformaron su visión religiosa en una práctica mística tan sencilla y personal, que acabaron
convirtiendo sus casas en auténticas sinagogas de conocimiento espiritual en las que reunirse para hablar de
las cosas de la vida, de la justicia y sobre todo de la fuerza que iban adquiriendo a medida que se alimentaban
del Espíritu, ese algo interior que le movía y que algunos años después los apologistas griegos y romanos
definieron como Chrestos ó Cristo.
En el transcurso de estos casi dos mil años de cristianismo organizado, las organizaciones religiosas tanto
católica, como protestante, ortodoxa, etc., han depositado todo su empeño en divinizar al hombre que fue
Yehoshuah de Nazerat. Empezando con un nacimiento virginal, continuando con los llamados milagros ó
curaciones y acabando por describir una incomprensible resurrección física por encima del tránsito de la propia
muerte, se ha llegado a crear tal absurda imagen del carpintero, que millones de seres humanos le han seguido
a ciegas como si de un personaje fantástico se tratara, pero al mismo tiempo desconocido en cuanto a ser
humano y sobre todo como portador de un mensaje sencillo de justicia predicado con el ejemplo.
Pero con la pretensión de humanizar a dicho personaje también se han descrito y describen multitud de
versiones. Transformando sus atribuidos milagros en especializados conocimientos médicos y terapéuticos
aplicados sobre la ceguera, epilepsias, enfermedades, locura o incluso la propia muerte, se presenta a un
Yehoshuah de Nazerat médico, sanador, curandero, chamán, brujo, etc., dedicado a recorrer casas y lugares –
sobre todo de Galilea– y ejerciendo sus pretendidos y amplios conocimientos sobre plantas, ungüentos,
imposición de manos, oración mental, clarividencia, visionismo, etc, sobre las gentes. Esta última es una visión
potenciada por la actual corriente Nueva Era que se abre paso en este llamado supermercado religiosoesotérico
que va creciendo en adeptos con la entrada en el nuevo milenio.
Otras visiones de autores no tan pretenciosos, pero de igual carisma místico, interpretan estos pasajes
visionando momentos de lecciones para el espíritu, dando, de esta manera, mínima importancia al físico. Bajo
esta visión, el cojo se transforma en aquel al que le cuesta levantar su espíritu, el ciego en quien nada ve con
claridad, el paralítico en quien no se mueve interiormente, el enfermo en aquel que sufre la dejadez y el
abandono espiritual, o el mismo muerto en aquel que, estando vivo, vegeta inmóvil como las plantas, vencido
por las cosas de la propia vida que le envuelve...; y así, sucesivamente.
Con todo esto podemos decir que la figura de Yehoshuah de Nazerat, ya sea en la defensa de su humanidad o
en la de su divinidad, ha producido y produce cuantiosos beneficios literarios, tanto a las innumerables
organizaciones religiosas como a los numerosos intelectuales que, formando o no parte de dichas
organizaciones viven de la imagen del nazareno, hecho que tampoco vamos a discutir aquí pero que conviene
tener en cuenta para no desviar la atención del contenido real que nos interesa del carpintero, su Evangelio
Pobre ó Buena Noticia.
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Un mensaje revolucionario
Se ha discutido mucho el mensaje de Yehoshuah de Nazerat tanto que, durante siglos las organizaciones
llamadas cristianas, para defender las variadas interpretaciones realizadas sobre sus palabras, acabaron
ocultando del conocimiento popular las verdades simples de su mensaje, enzarzándose en guerras santas y
convirtiendo la historia universal en testiga del desgarro de innumerables pueblos a través de estos casi dos mil
años, transformando de esta manera la vida de millones de obreros en todo el mundo que inmolados y
esclavizados, fueron sacrificados construyendo templos, iglesias y catedrales.
En el transcurso de todos estos siglos de llamado cristianismo organizado, innumerables han sido los seres
humanos que han dejado de opinar, pensar y vivir el evangelio pobre del carpintero, para ser obligados a
aceptar los criterios que les dictan –hasta el día de hoy– las jerarquías religiosas, suplantando hábilmente con
sus teologías, la claridad y sencillez de un mensaje revolucionario basado en elementales consejos y prácticas
sobre la justicia, la paz, la bondad y el amor al prójimo.
Es evidente que este mensaje profundo y sencillo que el carpintero despertó no interesó ni interesa en la
actualidad a los poderosos, y tanto el odio como la venganza se impusieron, condenando a la gente a vivir bajo
el miedo a las estructuras jerárquicas, al poder de sus armas y a la tortura física y psicológica que supone vivir
bajo las normas y las creencias religiosas, que, convertidas en el transcurso de los siglos en leyes, han
mermando así la capacidad de vivencia espiritual de millones de seres humanos a través de la historia.
Letras para la confusión
La Torah, la Ley de los judaizantes ó interpretación de Antiguo Testamento que los teólogos, católicos,
protestantes y ortodoxos han realizado de dichos textos, es la base en la que se fundamenta la teología, tanto
del judaismo como del llamado cristianismo organizado.
Pero dentro de esta Ley, los eruditos e intelectuales religiosos mezclaron el amor y el odio, la paz y la guerra, la
sabiduría y la ignorancia, etc., justificando de esta manera las más injustificables acciones de barbarie e
injusticia humana; preceptos supuestamente inspirados por el Hacedor como de sagrados e interpretados por
los sacerdotes bajo los intereses del momento convenido, con acciones y actitudes que en el mejor de los
casos cualquier tribunal gubernamental condenaría como verdaderos crímenes de guerra.
Una muestra de ello lo encontramos en estos versículos extraídos de la Torah –versión hebrea de Ediciones S.
Sigal - Buenos Aires 1961–, y que ilustran con toda la crudeza su contenido:
• Ahora pues matad a todo varón entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido
ayuntamiento de varón; pero a todas las niñas que no hayan conocido ayuntamiento de varón, las
guardaréis vivas para vosotros. Números 31, 17.
• Y conquistamos todas sus ciudades en esa ocasión y en cada una de ellas no dejamos que quedaran –
vivos– los hombres, las mujeres y los niños. Deuteronomio 2, 34.
• ..no condesciendas con él, ni le escuches; tampoco le perdone tu ojo, ni le tengas piedad, ni le protejas; sino
que irremisiblemente le matarás, tu mano será la primera que se levante contra él para hacerle morir, y la
mano de todo el pueblo después;.... Deuteronomio 13, 9.
• ...entonces sacarás a las puertas (de tu ciudad) al tal hombre o a la tal mujer que hubiere hecho esta cosa
mala, hombre o mujer, y los apedrearás para que mueran. Deuteronomio 17, 5.
• En seguida los hombres de Isra-e-l, tornaron sobre los hijos de Binya-mí-n y los hirieron a filo de espada, así
la gente de la ciudad, como las bestias, y todo lo que encontraron: también a todas las ciudades que
encontraron les pegaron fuego. Jueces 20, 48.
• Esto, pues, es lo que habéis de hacer: Destruiréis completamente a todo varón, y también a toda mujer que
haya tenido conocimiento carnal de varón. Jueces 21, 11.
• ...y que cualquiera que no buscase al Señor, Dios de Isra-e-l, será condenado a muerte, grande o pequeño,
hombre o mujer. 2 Crónicas 15, 13.
• ¡Sube contra la tierra de M-ra-tháyim (doble rebelión), sí, contra ella, y contra los habitantes de P-qo-d!
(castigo). ¡Devasta y destruye completamente en pos de ellos! dice el Señor, haz conforme a todo cuanto te
tengo mandado. Jeremías 50, 21.
• ¡Al anciano, al joven, y a la doncella, y a los niños, y a las mujeres, matadlos, hasta exterminarlos!. Mas no
os lleguéis a ninguno en que esté la marca: ¡y comenzad desde Mi Santuario!. Ezequiel 9, 6.
• Sho-m-ró-n será castigada, porque se ha rebelado contra su Dios: caerán a espada: sus párvulos serán
estrellados, y sus preñadas rajadas. Oseas 14, 1.
Podríamos continuar leyendo hasta la saciedad como estas organizaciones religiosas han ido justificando
Torah en mano lo injustificable, contradiciendo el no matarás... del propio Éxodo y el amarás a tu prójimo...
del Levítico, con el odio y la muerte que reflejan gran parte de las llamadas Antiguas Escrituras, incluyendo la
barbarie ocasionada en estos dos mil años de cristianismo organizado, todo por no respetar y practicar
sencillamente un mensaje humanístico que el carpintero profeta Yehoshuah de Nazerat desveló.
Ya nadie duda del error que los sacerdotes y dirigentes religiosos cometieron y cometen bendiciendo los
crímenes y atrocidades de la historia, tanto los relatados en los llamados libros sagrados como los actuales que
azotan nuestro planeta, con el engaño de que ...Dios así lo ordena; error inhumano que ha sumido
consciente o inconscientemente en la vergüenza a millones de seres humanos que realmente quieren vivir en
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paz y ven luz en la práctica de las sencillas enseñanzas del rabí. Algo pues está fallando en el llamado
cristianismo organizado.
Y es que el mensaje de Yehoshuah de Nazerat es tan sencillo y práctico que nos permite repasar los errores
de la historia humana, llegando sin confusión a la conclusión de que el mensaje del nazareno jamás ha sido
puesto en práctica, y mucho menos desde las cúpulas de dichas organizaciones religiosas que sin duda, de
haber practicado y enseñado con el ejemplo el evangelio pobre de Yehoshuah de Nazerat, no hubieran
organizado estructura jerárquica alguna ni pedido perdón después de todos estos siglos, por el genocidio
humano ocasionado en el mundo a causa de sus guerras santas.
La jerarquía religiosa, un atentado contra la razón
La formación de una jerarquía religiosa, (como es el caso del protestantismo y sobre todo el catolicismo como
heredero de las formas del judaismo) compuesta por papas, obispos, cardenales, ancianos, prelados,
sacerdotes y en general, pastores a sueldo, es lo que ha permitido durante estos siglos, establecer las
enormes diferencias sociales que han perdurado tristemente hasta la actualidad.
Gracias a la imposición religiosa de la jerarquía, los más poderosos han tenido un verdadero espejo donde
mirarse y crear las múltiples diferencias sociales existentes en nuestras sociedades; ejemplos como los
llamados títulos de nobleza (condes, duques, marqueses, reyes, etc.) son excusas para justificar la
acumulación de riqueza en manos de unos pocos: oro, casas, palacios, tierras, obras de arte, armas, poder,
etc.; todo esto a costa de dejar en la miseria a millones de seres humanos, sin importar siquiera la pertenencia
a la misma confesión religiosa.
Toda esa práctica bestial de injusticia y explotación humana, producida por las diferencias sociales y cuya
permisividad se alimenta dentro de los templos, sigue amparada por los dirigentes de los gobiernos que, a
través de las actuales leyes permiten sustentar mundos tan dispares como el de ricos y pobres, explotados y
explotadores, bajo el apelativo político de economía de mercado.
Querer hacer ver a los millones de obreros y pobres del mundo que esto es compatible con el cristianismo de
Yehoshuah de Nazerat, es un engaño y una burla continua contra la razón, ya que nunca ha sido ni es posible
encajar la prédica religiosa con el mensaje de Yehoshuah de Nazerat que significó puramente justicia social. La
denuncia que el carpintero de Nazerat realizó sobre los abusos de los sacerdotes de Israel, hoy sigue patente
hacia quienes dicen ser sus seguidores y fomentan la injusticia social dentro de sus templos dando bendiciones
a los poderosos y resignación a los pobres y enviando a millones de bautizados a las guerras ocultando al
poder político y eclesiástico su supuesta condición de cristianos. De esta manera en la actualidad continúan
suplantándose las enseñanzas pacíficas de Yehoshuah de Nazerat, por el odio y desprecio absoluto hacia los
pobres.
Basta con ver de que forma irracional son entregados a los ejércitos millones de bendecidos por la religión, sea
cual sea esta, pobres tratados por los gobiernos como simple carne de cañón; bautizados que llenan cárceles
y cuarteles, preparados a base de miseria y hambre para recibir órdenes, para luchar, robar, asesinar, mentir y
engañar a su prójimo, al mismo tiempo que les hacen creer y rezar religiosamente y sin sentido a un obrero
que, siendo pacífico, fue víctima de la barbarie, la violencia y la intolerancia del poder político y religioso de su
tiempo.
Es más que evidente que después de casi dos mil años de cristianismo organizado, se desconoce el verdadero
y único mensaje del carpintero, el evangelio pobre de Yehoshuah de Nazerat, por la única, pero sobrada razón
de que al ser humano sólo se le ha enseñado a cumplir normas religiosas, ritos, dogmas, creencias, etc., pero
no a vivir el anarquismo espiritual que vivió el carpintero a través de la práctica de la libertad de espíritu, tanto a
nivel individual como colectivo.
Lo que a continuación se expresa no es para ir en contra de nadie ni para contradecir las creencias y formas de
práctica religiosa dentro de estas organizaciones; es evidente que muchos seres humanos viven de manera
sencilla y sin fanatismos el cristianismo predicado por sus dirigentes, sobrepasando de esta manera a las
propias teologías desde la sencilla óptica del amor al prójimo.
Así pues la aceptación de las distintas creencias religiosas como la virginidad de María, la resurrección física
de Yehoshuah, la divinidad del carpintero, si anduvo por Cafarnaum, Egipto o la India, si se resucitó a si mismo
ó a otras personas, si tuvo hermanos o fueron primos, si la Biblia es la palabra de Dios, la trinidad, etc., son
opciones teológicas que quien las acepte tiene todo el derecho a practicar y creer.
Por otro lado, si los sacerdotes de dichas organizaciones llamadas cristianas (católica, ortodoxa y protestante),
hombres de estudio, intelectuales, teólogos especializados en historia, en derecho, en economía, en ciencia,
etc., se acogen a la llamada libertad de expresión para predicar cosas sobre la vida del carpintero, sin duda
este mismo derecho es el que tenemos nosotros los pobres para hablar de nuestro amigo y compañero, el
obrero carpintero Yehoshuah de Nazerat, sobre todo de su desconocido y poco practicado mensaje espiritual.
He aquí pues nuestro propio evangelio pobre, aquel que despojado de toda la parafernalia escrita sobre la vida
del nazareno, hemos realizado sobre sus enseñanzas sin pretender reescribir su historia humana, pero sí
profundizando en las lecciones de sencillez y fuerza espiritual que han llegado hasta la actualidad; un acto de
justicia hacia el rabí de los pobres, por practicar, defender y enseñar desde la pobreza la única religión
universal, la bondad humana, algo que con el paso de los siglos pocas familias han podido conservar en la
memoria colectiva de espaldas a las persecuciones religiosas y políticas y sus intereses.
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Sabiendo la importancia que tiene dicho mensaje a nivel mundial, y siendo este el único misterio escondido por
las organizaciones religiosas a todos sus adeptos, hemos buscado la raíz del mensaje inédito y desconocido de
Yehoshuah de Nazerat y lo hemos encontrado en Mallorca a través del recuerdo, todavía vivo, de uno los
descendientes judeo-cristianos que llegaron a Mallorca poco tiempo después del cruel e injusto asesinato del
carpintero.
Cayetano Martí Valls
Nacido en la población mallorquina de Inca, Cayetano Martí Valls es chueta (nombre dado por la inquisición
católica a los descendientes de judíos conversos de Mallorca (España). Yesero jubilado de 83 años, es
conocido por muchas familias obreras de la isla y de numerosas partes de España y extranjero, por la prédica,
desde su púlpito casero y familiar del cristianismo de sus antepasados, los primeros israelitas llegados tras el
éxodo judío a Mallorca poco tiempo después de la muerte del rabí Yehoshuah de Nazerat, y sobre todo, de su
mensaje o evangelio conservado en la isla a través de las pocas familias, entre ellas la suya, que conservaron
la llamada sinagoga o iglesia pobre que vivieron y predicaron sus antepasados.
A él hemos acudido sin concesiones ni vergüenzas, despojados de cuantas creencias religiosas hemos
adquirido en el transcurso de nuestra infancia; con la simpleza de quienes tratan de comprender y avanzar en
el camino espiritual de la vida, y con el objetivo de aprehender las lecciones sencillas de justicia, humildad, paz
y amor al prójimo que el obrero carpintero Yehoshuah de Nazerat transmitió como herencia a todo ser humano
que le escuchó, dejando de esta manera constancia en la actualidad.
Sin duda a todos, incluyendo a nuestro amigo el yesero chueta, nos gustaría y emocionaría recordar, –incluso
con un cierto aire romántico– aquellas imágenes del rabí de los pobres trabajando de carpintero, pescando,
haciendo de pastor o ayudando humildemente a cualquier pobre mujer o anciano de su pueblo Nazerat a
cargar leña para hacer la comida y calentarse en las oscuras y frías noches de invierno; así como hablando de
sus ideas de justicia y libertad espiritual por los caminos, calles, plazas y predicando desde su propio hogar a
cuantos acudían a pedirle consejo.
También nos gustaría conocer cuales fueron los lugares exactos donde ocurrieron aquellos acontecimientos y
como se desarrollaron; pero este sentimiento romántico no desmerece que, razonando, veamos con realismo
que las palabras de un carpintero y sus enseñanzas debieron afectar tan sólo a la gente pobre que le conoció,
siendo ignorado y abandonado por muchos que no vieron más cosa en él que a un pobre chapucero de la
madera con ideas absurdas de amor, de paz y de una extraña justicia humana imposible de aplicar en aquella
comunidad israelita dominada por los intereses religiosos del rabinato judío y del imperio romano ya en
decadencia.
Agnosticismo justificado
A causa del oscurantismo y la mitología fabricada por las organizaciones religiosas durante siglos con la
imagen del carpintero, se ha de aceptar con justicia el criterio de personas que han llevado hasta la duda la
propia existencia del nazareno, llegando a considerar su vida humana una farándula construida por
historiadores apologéticos –tanto griegos como romanos–, los llamados padres de la iglesia católica; y razón no
les falta. Sin embargo conviene escudriñar bien la historia para saber por qué millones de seres humanos han
llegado a confundir el sencillo movimiento espiritual de jornaleros, siervos y esclavos encabezado por
Yehoshuah, con las posteriores y extrañas organizaciones religiosas llamadas cristianas.
La idea de liberación espiritual que practicó y predicó en vida el obrero carpintero Yehoshuah de Nazerat junto
con sus amigos, al ser aplicable a todo ser humano, cuestionó y puso en duda la hegemonía sacerdotal, su
poder sobre las gentes y sobre la clase política del momento.
Sin embargo y en el transcurso de los posteriores siglos al asesinato de Yehoshuah de Nazerat, y antes de que
Constantino rompiera la sencillez de aquel primer grupo de jornaleros y esclavos israelitas seguidores del rabí,
imponiendo con el Edicto de Milán una forma religiosa llamada catolicismo, los llamados padres de la Iglesia
católica fueron organizando pequeños grupos supuestamente cristianos, aunque ya dirigidos por hombres de
riqueza y rango como Calixto (217 d.C.), ...liberto y banquero acaudalado (como así lo describe el propio
Vaticano de Roma), hecho que ayudó a asentar las bases de la futura organización religiosa del Vaticano
siendo fortalecida en posteriores concilios, sobre todo los de Nicea y Trento a pesar de las críticas de filósofos
como Celso y Tertuliano o de apologistas simpatizantes de la idea nazarena como Cipriano que, en su De
Lapsis, cap. 6, criticara el hecho diciendo: –Los obispos, se han convertido en mayordomos de los
emperadores.
Para justificar la jerarquía que se estaba formando en aquellos momentos, se asentaron las bases de una
doctrina religiosa que se impondría durante siglos a los pobres como cátedra.
–Más yo también te digo que eres pedro (piedra), y sobre esta piedra edificaré mi sinagoga –no iglesia–,
hacen decir a Yehoshuah los primeros teólogos de Roma; de esta manera la fé de un ser humano llamado
Simón, –al que más tarde Yehoshuah lo definiera, según dicen los evangelios canónicos como piedra de
escándalo–, fue convertida religiosamente en el bastión de la futura organización llamada catolicismo.
Pero ni bíblicamente, ni de ninguna otra forma histórica se tiene constancia de que el judío Simón pisara Roma,
llegando a la idea absurda de vincular como dirigente a un pobre, ignorante y rudo pescador de Galilea con los
papas y organización del Vaticano. Sin embargo, y a pesar de este hecho, en 1870 el catolicismo, por arte de
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magia, sacó a la luz 12 nombres de posibles antecesores que dieron infabilidad divina a un simbólico personaje
papal, al que en nada se le puede vincular ni en origen semita, ni en posición social, al rudo pescador de
Cafarnaum.
Lino, Anacleto, Clemente I, Evaristo, Alejandro I, Sixto I, Telesforo, Higinio, Pio I, Aniceto, Sotero y Eleuterio
fueron los nombres utilizados para divinizar al jefe de la organización religiosa del catolicismo. (Hist. de los
Papas. Agustino Saba, Obispo de Nicotea y Tropea. 1963).
La curiosidad de este hecho residió en que ninguno de estos personajes podía vincularse al ya despreciable
origen israelita, curiosidad que evidenciaría siglos después la gran manipulación teológica realizada sobre el
carpintero y sobre la historia universal del pueblo judío que, a pesar de los esfuerzos teológicos, no pudo
separar de la memoria colectiva de sus descendientes la imagen israelita de Yehoshuah de Nazerat junto a las
tradiciones, fiestas y costumbres de su tiempo.
Pero fue a partir de Constantino cuando estado y religión fueron eliminando de su camino todo mensaje que
sonara a libertad espiritual, y se empezó a perseguir a los israelitas, sabiendo que aquel mensaje
revolucionario no era más que el germen espiritual de Yehoshuah que, unido a la forma de vida comunitaria de
nuestros antepasados judíos, estaba a punto de convertirse en un estallido de cambios sociales y personales
imposibles de controlar.
Muchas de aquellas familias israelitas convivieron en respeto, unos conservando las costumbres de Moisés,
otros el recuerdo de las sencillas enseñanzas del carpintero, pero todos unidos bajo el concepto familia y
protegiéndose en lo posible de aquel extraño poder religioso que se estaba formando en el nombre del pobre
judío galileo.
Es evidente que los intereses económicos, políticos y religiosos de todas las organizaciones llamadas
cristianas, han estado ocultando información histórica a sus adeptos, o tal vez siendo ignorantes de estos
hechos desconozcan que las pocas cartas que pudieron escribirse aquella pobre gente –hoy llamados
evangelios– fueron arregladas y en gran parte inventadas en los posteriores y famosos concilios del catolicismo
de Roma.
Lo que sí es evidente es el mar de contradicciones en el que están sumidas las teologías y la confusión a la
que han llevado a millones de adeptos con tal de poner en boca de Yehoshuah de Nazerat multitud de ideas,
palabras y sentencias más propias de un sacerdote católico, protestante o judío, que de un obrero nazareno,
que vivió la represión en una época tan crítica como fue la dominación romana; contradicciones tan evidentes
que ni hasta los ciegos se atreverían negar.
Y como botón de muestra puede ser este sencillo estudio realizado sobre los evangelios escritos, en el que el
autor, Cayetano Martí, nos facilita un preludio de este tipo de información.
AS
Contradicciones del llamado Nuevo Testamento:
• Se llevaron a Yehoshuah recién nacido a Egipto. Mateo 2, 13-15. No se lo llevaron a Egipto, sino a
Jerusalem. Lucas 2, 21-24.
• De David a Yehoshuah hay 20 generaciones. Mateo 1, 17. No hay 20, sino 43 generaciones.
Lucas 3, 23.
• No hay que emplear armas. Mateo 26, 51-52. Sí hay que emplear armas. Lucas 22, 36.
• Yokanaán el purificador sabía que Yehoshuah era el Mesías. Mateo 3, 16-17. No sabía que era
el Mesías. Mateo 6, 3.
• Yehoshuah fue tentado una vez. Mateo 4, 1-7. Fue tentado durante 40 días. Lucas 4, 1-8.
• Al resucitar, Yehoshuah no quiso que le tocasen. Juan 20, 17. Sí quiso que le tocasen. Mateo 28, 9.
• Yehoshuah fue embalsamado. Juan 19, 39-40. No fue embalsamado. Marcos 16, 1-2; Lucas 24, 1.
• Cuando fueron al sepulcro, aún estaba oscuro. Juan 20, 1. No estaba oscuro; aún había sol.
Marcos 24, 2.
• No sabían que Yehoshuah debía resucitar. Juan 20, 9. Sí lo sabían. Mateo 26, 32; Marcos 14, 28;
Lucas 24, 6-7.
• Había un ángel afuera. Mateo 28, 1-7. Había un ángel adentro. Marcos 16, 1-6. Había dos ángeles
adentro. Lucas 24, 1-9. No había ángeles, ni afuera, ni adentro. Juan 20, 1-10.
• Subió al cielo estando dentro de la casa. Marcos 26, 14-19. Subió al cielo en el campo raso.
Lucas 24, 50-51.
• Los dos ladrones insultaban a Yehoshuah en la cruz. Mateo 27, 44; Lucas 23, 32. Era un solo ladrón el
que lo insultaba. Lucas 23, 39.
• Pedro tenía espada y la usó delante de Yehoshuah. Juan 18, 10. No fue Pedro, fue otro.
Marcos 24, 47.
• Cristo resucitó primero. Hechos 26, 23; I Coríntios 15, 20. Cristo no resucitó el primero.
Mateo 27, 52-53.
• Juan el Bautista era Elías. Mateo 11, 14. No, no era Elías. Juan 1, 21.
• Para salvarse hay que estar en la organización de Cristo. Mateo 12, 30. No, no importa.
Marcos 9, 38-40.
• El siervo está con Cristo. Mateo 25, 23. No, el siervo no, sino el amigo. Juan 15, 13-15.
• Cristo es el Salvador. Lucas 2, 11. No, Cristo no, sino Dios. Lucas 1, 47; Judas 1, 25.
10
• Que la mujer se calle y no enseñe. I Coríntios 14, 34-35; I Timoteo 2, 9-13. Que la mujer enseñe y no se
calle. Hechos 2, 16-18.
• No hay infierno con tormento. Hechos 2, 31-32. Sí lo hay. Mateo 25,41; Lucas 16, 24.
• Hay trinidad. Juan 1, 1; Juan 10, 30; I Juan 1, 2. No, no hay trinidad. Lucas 22, 42; Juan 14, 28.
• No hay que llamar padre espiritual a nadie. Mateo 23, 9. Sí, hay que llamar padre espiritual.
I Coríntios 4, 14-15.
• Yehoshuah debía estar en el sepulcro 3 días y 3 noches. Mateo 12, 40. No, no llegan a 3 días y 3
noches. Marcos 14; Juan 19, 31.
• José es de la casa de David. Mateo 1, 1-17; Lucas 3, 23-38; Lucas 2, 1-7. Pablo, en Romanos 1, 3, dice
que Yehoshuah proviene de la casa de David por la carne, pero Lucas 1, 26-35, dice de él que nació por
obra del Espíritu Santo; siendo así, ¿en qué parte de la Biblia se dice que María desciende de la casa del
rey David para poder dar descendencia davídica al carpintero?.
• Yehoshuah se aparece, una vez muerto, a sus discípulos cuando pescaban y comió con ellos; luego
preguntando a Simón le dice: –Simón hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?. Y el pescador le
respondió: –Si, Señor, tú sabes que te amo. Entonces el rabí le dijo: –Pastorea mis ovejas. Juan 21, 15.
Según el catolicismo, Yehoshuah da potestad a Simón por encima de los demás apóstoles a los que tacha de
simples ovejas y sin tener en cuenta el golpe de vanidad y orgullo que supondría a Simón responder a dicha
pregunta.
Si tenemos en cuenta que Yehoshuah decía: –Yo soy el Buen Pastor, y el Buen Pastor su vida da por las
ovejas, más el asalariado cuando ve venir al lobo, huye–, el pescador galileo tenía que haber contestado al
carpintero: –Rabí, creo que has bebido más de lo normal, ¿no has dicho siempre que el Espíritu, el Cristo es el
único y verdadero pastor y que los asalariados al final huyen al ver al lobo?, ¿por qué pues me pones como
asalariado tuyo?.
Pero suponiendo que fuere así como dice el catolicismo, sólo podría comprenderse el que Yehoshuah pidiera a
Simón dicha responsabilidad, si tuviera al pescador como a un buen amigo y no como a un asalariado. Cabe
preguntar al Vaticano y a su cabeza visible que dice ser el sucesor del pescador, ¿por qué ellos sí que son
asalariados y además de un estado político-religioso como es el Vaticano de Roma?.
Pero estos son unos pocos de los muchos versículos del Nuevo Testamento que se contradicen, ahora bien,
¿cual és la verdad?, ¿dónde se encuentra la razón?, ¿qué versión es la inspirada por Dios?.
La visión agnóstica que mucha gente tiene de Yehoshuah, sin duda es justificada en tanto en cuanto se refiere
a la imagen que la religión organizada ha difundido sobre este hombre pobre, por lo que podríamos asegurar
que el agnosticismo actual proviene del propio ateísmo que expresan con su cerradez, las propias
organizaciones religiosas y sus jerarquías.
Durante dos mil años se ha negado que la base del cristianismo se fundamentara en la toma de conciencia de
los pobres (cuyo ejemplo fue el carpintero), en una exhortación a la experiencia espiritual individual y sobre
todo, a despertar el más acérrimo sentimiento de justicia inherente en todo ser humano, valores naturales que
siempre han atentado y atentan contra los intereses de todas las jerarquías religiosas del mundo, ya sea en
época de Yehoshuah de Nazerat como en la actualidad.
Esta posición agnóstica, (fundamentada más en la oposición a la religión que a la existencia de un Creador de
todas las cosas), nos hace pensar que es urgentemente necesario alejarse de cualquier vinculación o sentido
religioso que se aplique al carpintero, porque sin duda también su imagen, manipulada y exagerada por las
diferentes teologías, representa todo lo contrario a lo predicado por sus sacerdotes.
Es un punto importantísimo de reflexión que debemos hacer todos los que de una manera u otra nos sentimos
atraídos libremente y sin estructuras organizativas, a este personaje espiritual de la historia.
Reflexión ante la mitología
El profeta forma parte de la cultura israelita y ésta ha conservado a través de su historia, una especial forma de
transmitir su filosofía a través de estos personajes. Sin embargo muchos de estos profetas han sido creados
como personajes mitológicos para explicar un tipo de enseñanza concreta.
Ejemplos como el de Jonás, Job, ó inclusive de personajes como el de Sansón, sirven de referencia para
describir acontecimientos o sentimientos del pueblo hebreo en distintas etapas de su historia.
Para quienes simpatizamos con las enseñanzas del rabí de los pobres, aún sin pertenecer a religión
organizada alguna, debemos comprender que lo importante de Yehoshuah de Nazerat no es su historia
humana o divina, sus hazañas milagrosas o curanderas, si viajó o no por todos los lugares a los que lo sitúan;
si fue clavado en una cruz o empalado rozando casi los 50 años, o sobreviviendo a la muerte y acabando sus
días viviendo de incógnito en algún lejano país, etc. etc.
Comprender el estado mitológico a que ha sido reducido Yehoshuah de Nazerat con la prédica religiosa es
importante, si pretendemos aprender de su enseñanza libremente, sin intermediarios ni interpretaciones
teológicas; unas enseñanzas y vivencias que, quieran o no quieran las organizaciones religiosas, se han
convertido en la base filosófica de nuestra llamada cultura, y su puesta en práctica en la única alternativa
posible para combatir pacífica pero revolucionariamente la voracidad de los sistemas políticos, militares y
religiosos, que a través de la historia han convertido la vida humana en un acto de supervivencia animal.
11
Y al tercer día resucitó
De todo cuanto se dice que vivió el obrero carpintero Yehoshuah de Nazerat, es curioso que se recuerde y se
escenifique con más insistencia y con todo lujo de detalles, lo concerniente a su muerte y a la llamada
resurrección de su físico.
Recordando ciertos sentimientos y creencias del pueblo hebreo, –del cual el carpintero formaba parte– y para
aclarar según qué expresiones de condenación y castigo colocadas durante siglos en su boca, descubrimos
que en la cultura semita el hecho de la muerte y la comprensión de una posible vida después de este natural
acontecimiento, conforman un ideario amplio de aceptación de la llamada reencarnación ó transmigración de
las almas, ideas que han acompañado al pueblo judío hasta nuestros días, siendo los profetas las herramientas
que han mantenido viva en la memoria de muchos descendientes esta trascendental visión sobre la vida
humana, sentimientos que ha perdurado en algunas familias a través de la llamada tradición oral de padres a
hijos.
Pero se dice que con la llegada de Yehoshuah de Nazerat, el profetismo cambió radicalmente y el concepto
reencarnacionista acabó desapareciendo de la tradición; sin embargo, algunos años después de la muerte del
carpintero, pocas cosas fueron las que quedaron intactas en Israel por causa del decadente imperio romano,
sobre todo una vez iniciado el anárquico éxodo del pueblo judío. Sin embargo la idea de la transmigración de
las almas continuó acompañando a las pocas familias israelitas que todavía hoy recuerdan con claridad las
palabras y enseñanzas del rabí de los pobres.
A pesar de la claridad con que se descubre la idea reencarnacionista en el mensaje de Yehoshuah de Nazerat,
la religiones llamadas cristianas impusieron la creencia de la resurrección de su físico de tal manera, que ha
llegado a olvidarse esa parte profética implícita en la herencia del mensaje del carpintero. De una manera u
otra, el recuerdo del nazareno ha perdurado y sus palabras vuelven a recobrar en estos momentos los tintes
proféticos de denuncia social que tuvieron en su momento.
Si el catolicismo y el protestantismo defienden la creencia de que Yehoshuah, una vez muerto, al tercer día
resucitó, tienen todo el derecho de interpretar como quieran estos pasajes evangélicos. Nosotros, las familias
obreras que formamos la Iglesia Pobre en la isla de Mallorca (España), vemos con claridad que, después de
dos mil años de haber ocultado intencionadamente o por ignorancia el mensaje de Yehoshuah de Nazerat, (no
olvidemos que, como dice la Torah simbólicamente:...un día para Dios, son mil años y mil años para Dios es
un día...), con la entrada en este tercer milenio (...y al tercer día resucitó...), dicho mensaje vuelve a la luz con
toda la simpleza, naturalidad y justicia de como lo vivió y predicó el rabí, aclarando de una vez por todas el
oscurantismo religioso vivido hasta el momento.
Nada pues de la resurrección física de Yehoshuah, sino de un renacer del espíritu de justicia y paz que el
mismo vivió (...os es necesario volver a nacer...), y por el cual el pobre carpintero de Galilea fue torturado y
muerto ante los ojos incrédulos de sus familiares, de su madre María, su mujer María de Magdalá, de sus dos
hijos entre ellos Juan, de sus hermanos y de los pocos amigos obreros que, habiéndole entendido, no le
abandonaron en ese injusto acontecimiento, sino que además, una vez muerto le rememoraron durante el resto
de sus días, practicando lo que el carpintero les enseñó en vida, o sea, trabajar para comer y predicar con el
ejemplo algo muy sencillo, la bondad, sin misterios ni concesiones hacia ninguna forma religiosa o política,
vivencia por la cual muchos acabaron pagando un alto precio con la vida.
El mensaje de Yehoshuah de Nazerat nunca ha sido un dogma a seguir, sino una forma sencilla de vivir en
justicia y en paz, ideas imitadas inequívocamente por movimientos sociales habidos en nuestro planeta
(socialismo, comunismo, etc.) y que están siendo hoy absorbidos por la violencia del capitalismo salvaje y su
voraz hambre de egoísmo y ambición.
Finalizamos esta presentación agradeciéndonos a nosotros mismos el habernos otorgado la libertad suficiente
para lanzar nuestro propio grito profético de justicia y libertad ante el mundo, y esperamos con este libro poder
reflejar con el máximo respeto hacia todos, lo poco o mucho que todavía nos queda por aprender de las
lecciones sencillas pero profundas de un obrero como nosotros como lo fue Yehoshuah de Nazerat, aclaradas
en la actualidad después de casi 2.000 años por otro obrero como él, llamado Cayetano Martí Valls,
descendiente directo de aquellos israelitas cristianos que vieron, escucharon y vivieron aquellas maravillosas y
profundas enseñanzas a las que hemos sintetizado en este libro, bajo el título de El Evangelio Pobre de
Yehoshuah de Nazerat.
El traductor de Bourc
Dicen las profecías de Juan de Letrán (Juan XXIII) sobre el futuro de la esperada iglesia del apóstol Juan:
...de una pequeña isla del Mediterráneo, brotará el grito del nuevo caballero; suena la voz del que ama al
mundo y habla por los débiles; gritará en su corazón y hablará con dulzura y los jóvenes le creerán; dieciséis te
contarán; por él se impondrá en el mundo un nuevo orden de cosas; será un momento de renacimiento;
caminará entre gentes divididas, decididas a despojar al Redentor de su túnica...
Y el renombrado médico y astrólogo francés Michael de Notrê-Dame, más conocido como Nostradamus, en
sus famosas cuartetas del siglo XVI, anuncia la aparición del Profeta de la Era de Acuario de esta manera:
12
Los primeros profetas casi nunca son escuchados. En la casa del traductor de Bourc, serán las cartas
encontradas sobre la mesa; tuerto, pelirrojo, blanco, canoso, aguantará el curso que cambiará el nuevo
Condestable. Del gran profeta las cartas serán hurtadas....
Y Juan XIII continúa diciendo:
Se abrirán las urnas en las criptas de debajo del tesoro y se descubrirán los pasos del primer hombre. Esperad
el signo de Juan
De la isla del Mediterráneo...
Al leer estos textos, automáticamente nos viene a la memoria la imagen del personaje bíblico por excelencia, el
llamado profeta, aquel que, por su apariencia y simpleza apenas es escuchado, pero que todo el mundo
conoce y respeta, por si las moscas. Pero la vida de un profeta, –ajena en su esencia a los atributos de la
historia–, siempre ha sido y es en la actualidad, el punto de referencia para todos aquellos hombres y mujeres
cuya búsqueda interior se alimenta de una cierta ruptura con las normas establecidas por las instituciones,
sobre todo de los estamentos religiosos.
Pero el hecho repetitivo y constante en la historia, de que los profetas hayan sido siempre y en la actualidad,
hombres y mujeres espiritualmente revolucionarios, hasta el punto de transformarse en auténticos traductores
de la vida humana, (y en esencia espiritual), de que hayan sido trasgresores de las leyes y costumbres de su
tiempo, y además portavoces de acontecimientos futuros, no ha congeniado mucho con los intereses políticos
de las organizaciones religiosas, los cuales siempre han tratado de empequeñecer, tanto la trascendencia y
sencillez del hecho profético, como a la persona y lugar en donde ha acontecido dicha revolución espiritual.
¿No es este el carpintero...?, ¿Y qué puede salir de bueno de Nazerat...?, son algunas de las
descalificaciones religiosas dirigidas hace 2000 años al personaje de Yehoshuah, un humilde jornalero israelita,
el profeta y traductor de la vida espiritual de una aldea sencilla llamada Nazerat, en la dividida Palestina
invadida por Roma.
Pero estas descalificaciones, sufridas en el transcurso de su vida, y que se produjeron por atreverse a traducir
el mensaje de los antiguos profetas, con el único fin de hacerlos comprensibles a la gente del vulgo, a los
pobres de los cuales el formaba parte, fué un ejemplo que se repitió a lo largo de estos siglos de cristianismo
organizado, en otras aldeas humildes, en pequeñas poblaciones ajenas a las grandes metrópolis, y en otros
seres humanos que, sin más renombre que el de sus oficios y con el recuerdo de este hombre libre, se
convirtieron también ellos en traductores del Espíritu, orientando una y otra vez la conciencia, hacia la libertad
espiritual.
Para los pobres, el hecho profetico que se descubre ante nosotros, es algo natural y basicamente elemental y
necesario, cosa que escritores y místicos esotéricos como el mismo Nostradamus, trataron de constatar
literariamente, sin entender del todo este acontecimiento. Bajo el seudónimo esotérico de el Traductor de
Bourc, (o pequeña aldea), el atormentado y religioso escritor francés, buscó desesperadamente a un
personaje, (que el esoterismo actual denomina El Profeta de la Era de Acuario), que tuviera las connotaciones
de los antiguos profetas, y cuya meta fuera la de traducir definitivamente los dosmil años de historia que le
separan de su antecesor, Yehoshuah de Nazerath. Ese caballero de la orden menor, cuyas cartas o mensajes
se encontrarían encima de la mesa (o a los ojos de todo el mundo), y que el poder religioso tratará de
arrebatarle una vez más ante su justa presencia, es el que, a través de su sencillez y su pobreza, cerrará el
ciclo de todas las profecías.
Pero este ilustre médico y escritor, escuchando la voz del pueblo, ha descubierto que el esperado traductor no
puede salir más que de Bourc, o sea, de una aldea pequeña, de un lugar insignificante y aislado del mundo;
quizás, como dice Juan XXIII, ...de una isla del Mediterráneo, brotará el grito del nuevo caballero..., y tal vez,
esa isla del Mediterráneo de la que tanto se habla, y de la que Pablo de Tarso nombra en su paso por la
Hispania, se llame Mallorca.
Y es en Mallorca, donde descubrimos la historia de uno de los descendientes de israelitas, cuya presencia en
la historia se remonta a las primerías del éxodo judío, cuando la isla mediterránea era todavía una colonia
romana, y en donde los esclavos hebreos formaron parte de su exportado material humano. Este descendiente
israelita, Cayetano Martí Valls, es el que, por aquellas casualidades y similitudes históricas y humanas,
hemos vinculado con el personaje profético descrito por Nostradamus como el Traductor de Bourc.
Y es que de tuerto, canoso y blanco, se pueden describir tanto a uno (en las cuartetas del siglo XVIII) como al
otro (en la isla española del Mediterráneo llamada Mallorca), y esto nos motiva a realizar este símil entre los
dos personajes.
Nada de esto tendría para nosotros más importancia que la mera casualidad, sino fuera porque, en la
insistencia y obstinación de nuestro traductor mallorquín de orígen hebreo, por mantener vivo el recuerdo de
Yehoshuah de Nazerat, hemos descubierto que la idea transmitida por este isleño chueta (apodo despectivo de
la inquisión hacia los decendientes de judíos conversos), se fundamenta en algo más que en la simpleza de
unos mensajes, de unas conjeturas o de las típicas creencias de un hombre de religión, fundamentos estos que
nos pueden ayudar a descubrir esta traducción esperada sobre el rabí de Nazerat.
13
Sea este hombre pobre llamado Cayetano Martí, el personaje profético de los iluminados Juan XXIII y
Nostradamus, o sea simplemente un descendiente israelita más que ha sobrevivido al tiempo y a sus avatares,
sus palabras acerca del rabí de los pobres pueden resultar ser clave –a la mente y los ojos despiertos del
auténtico buscador de la verdad–, para aclarar de una vez por todas, la confusión y oscurantismo religioso que
sobre el mensaje de Yehoshuah de Nazerat se ha producido en estos dos mil años.
En un 4º piso de un modesto edificio, situado en una estrecha calle de Palma, (la capital de la mayor de las
islas españolas del Mediterráneo llamada Mallorca), nos encon-tramos a nuestro amigo el yesero xueta.
Sentados junto al anciano ya sin vista, y con la natural pero imperiosa curiosidad de conocer los grandes
misterios que han envuelto la historia del galileo, le formulamos todo tipo de preguntas sobre el tema, y él nos
empieza a traducir el evangelio pobre de Yehoshuah de Nazerat con el cariño que desprende hablar con un ser
querido, pero con el ímpetu enérgico de un profeta de cuya boca brota la sencilla pero contundente verdad de
su mensaje.
Leamos y sobre todo pensemos en profundidad la traducción de este anciano descendiente de judíos
conversos que, como a todo profeta que se le aprecie, también se le ha de hacer justicia, escuchando con
respeto el mensaje que nos transmite y el cual ha traducido para todos en este llamado tercer día o milenio
como queramos definirlo de ahora en adelante.
Un esbozo de Yehoshuah de Nazerat
Habiendo entrado de lleno en el llamado tercer milenio, hoy 1 de mayo del 2000 iniciamos esta profunda y
ansiada traducción del mensaje de Yehoshuah de Nazerat, a través de nuestro amigo yesero Cayetano Martí, y
lo hacemos sin más preámbulos, preguntándole con la misma simpleza como lo haría cualquier nieto a su
experimentado abuelo.
–Cayetano, ¿qué nos puedes decir del obrero carpintero Yehoshuah de Nazerat?.
–Sí, pero antes dejadme decir que nací en la ciudad de Inca, en la isla de Mallorca, pero pasé mi infancia, me casé y me jubilé en la ciudad de Palma, capital de la isla; toda mi vida he trabajado de yesero. En la actualidad estoy jubilado y a mis 82 años de edad junto a mi esposa Magdalena hemos podido celebrar las llamadas bodas de oro.
De mi familia sólo quedamos dos miembros, mi hermano José Valls y yo; y con mi esposa Magdalena hemos
tenido una sola hija, Lucía, también casada, y una nieta llamada Esther de 12 años, por lo que puedo decir en
la actualidad que soy abuelo.
Tradición oral
Dicho esto he de deciros que empecé a trabajar de aprendiz de herrero a la edad de nueve años, por lo que no
pude ir a la escuela más que unas pocas semanas, teniendo que aprender a leer y escribir un poco yo sólo, ya
que allí donde iba, nos enseñaban más a rezar que a estudiar; no tengo pues, estudios de ninguna clase.
Con respecto al Bon Jesús (como decimos por Mallorca al rabí de Nazerat), todo cuanto me preguntéis sobre
él, lo sé por las experiencias espirituales que tengo y por la llamada tradición oral de padres a hijos. Pero para
entender con más claridad estas cosas he de decir que soy chueta, o sea, uno de los pocos descendientes de
los primeros cristianos israelitas llegados a Mallorca poco tiempo después de su muerte.
Durante toda mi vida he tratado de mantener el recuerdo vivo del carpintero, trabajando y predicando su
evangelio pobre y abriendo mi casa a otras familias, para que en sus casas hicieran lo mismo que he hecho yo;
sin embargo, nada os puedo decir de las cosas que dicen y escriben las religiones sobre el rabí de los pobres,
que no sea denunciar la imagen tan alejada que han predicado de él y sobre todo, de su sencillo mensaje
espiritual basado exclusivamente en la práctica de la bondad en el ser humano.
Hace algunos años, sobre 1993, me atreví a escribir algo de esto; aún tenía vista física, y lo titulé La verdad
sobre Jesús de Nazareth. Creo que esta referencia puede muy bien contestar a la pregunta que ahora se me
hace de nuevo.
La verdad sobre Yehoshuah de Nazerat
Yehoshuah de Nazerat, o el Bon Jesús, –como lo hemos llamado siempre de forma cariñosa en nuestra
familia–, nació en Nazerat (Nazareth), un pequeño pueblo de Galilea allá en Israel, hace unos dos mil años;
toda su vida trabajó ayudando a poner remiendos de carpintero con su padre José; pero, como en la pequeña carpintería no había trabajo para todos sus hijos, tanto el hijo mayor que era Yehoshuah, como los que le
seguían, solían guardar las ovejas de algún vecino, o ayudando en la pesca a algún amigo o vecino en el Gineseret.
Yehoshuah era el rabí de la casa, y además admirado y respetado por todos, incluso por el mismo rabino que
dirigía la pequeña sinagoga del pueblo el cual, en muchas ocasiones, llegaba hasta su casa para pedirle consejo o alguna aclaración sobre hechos de la Torá, o sea, la Ley de Dios para los judíos; y el carpintero
trataba de aclararle las cosas, más con sabiduría que por la letra, a la que a duras penas sabía descifrar.
A Yehoshuah de Nazerat le consideraban un rabí, o sea, un maestro entre las gentes de su pueblo, sobre todo
la gente pobre que con el paso del tiempo empezaron a verlo ya como a un profeta. Poco a poco gentes de
otros pueblos acudían a él para pedirle consejos, y algunos amigos suyos, también pobres, pescadores,
14
pastores, etc., solían seguirle cuando éste, visitando los pueblos, les aclaraba cosas acerca del Espíritu, generalmente en shabat o día de descanso para los judíos, cosa que irritaba mucho a los sacerdotes.
Pero empezó a llamar la atención de los poderosos y sacerdotes que dominaban y dirigían las mentes y el espíritu de todo el pueblo de Israel. Al principio vieron en él a un fiel seguidor de la Ley de Moisés; el obrero carpintero era considerado pues un buen judío; pero los sacerdotes empezaron a ver que Yehoshuah de Nazerat defendía siempre a los de su clase, a los pobres, cosa que no les convenía, como tampoco a los romanos que habían invadido Israel y que veían en él a un posible revolucionario y agitador del pueblo judío.
Yehoshuah predicaba la paz, la justicia y el amor al prójimo practicado, y no solamente predicado; repetía
siempre que los dos principales mandamientos de Dios son éstos: Ama a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo como a tí mismo. Y claro está, el que ama al prójimo como a sí mismo no puede hacerse rico a costa
de su trabajo.
Yehoshuah trabajaba y predicaba, pero ya en secreto amaba a una mujer, María de Magdalá, conocida hoy
como María Magdalena, poco recomendable por su vida bastante libre; se rumoreaba si tenía algún hijo en
secreto, pero Yehoshuah un día se decidió y le propuso el casarse con ella. Pero María de Magdalá no quería
hacer daño a Yehoshuah y durante un tiempo se negaba, pero al final se casaron en Canná en contra de las
opiniones de algunos familiares y amigos, teniendo juntos un hijo al que le pusieron por nombre de Yokanaán
(Juan).
Mucha gente en Israel conocía a Yehoshuah, el rabí carpintero; sus dichos y hechos eran discutidos por unos y
alabados por otros, y en algunas ocasiones curaba a los enfermos, sobre todo con palabras luminosas y llenas
de esperanza para los pobres; y es por eso que muchos ya se preguntaban si Yehoshuah de Nazerat era el
profeta tan esperado por el pueblo de Israel.
Pero muy pocos comprendían que lo que llevaba dentro de sí el hombre llamado Yehoshuah, era el Meschiah
(Mesías) o Espíritu de Dios, (al que tiempo después se le dió el nombre griego de Chrestos o Cristo). Pero
conviene aclarar que el Meschiah o Cristo, no era ni es un hombre, sino un estado de liberación del espíritu,
que siempre ha estado presente en la historia de la evolución humana, a través de aquellos individuos que lo
han buscado y vivido de verdad en ellos mismos; pero este Mesías malentendido religiosamente como un ser
libertador, es el que unos en vano lo esperan fuera de sí mismos, mientras otros claman tenerlo basándose en
las creencias religiosas, pero que en todos falla al no tener experiencias espirituales.
Yehoshuah de Nazerat era un profeta más a través de la historia humana, pero fue el único que predicó que
todo ser humano puede dirigirse a Dios de forma directa, sin intermediarios de ninguna clase, algo que siempre
ha ido en contra de los intereses de los sacerdotes de todas las religiones del mundo a través de la historia
humana.
Así pues, el rabí nació, vivió y murió como todos los seres humanos; nada de la virginidad de su madre María,
y nada de la resurrección de su cuerpo físico, ya que el Espíritu de Dios o Cristo, –que es la justicia, la bondad,
la paz, la sabiduría universal, etc. pero puesta en práctica–, expresándose por su boca, siempre se refirió a las
cosas del espíritu en sus predicaciones.
Y esto se comprende fácilmente si se tiene presente que todos los seres humanos estamos hechos a imagen y
semejanza de Dios, o sea, somos parte del Creador y Recreador del Infinito Universo que es Espíritu,
aclarando de esta manera y para que se entienda definitivamente, que nuestra imagen y semejanza con Dios
es espiritual, y que todas las cosas materiales, cuerpos físicos, etc., todo se trasforma, quedando la realidad
del espíritu, que como Dios mismo es eterno.
Pensando bien todo esto, es fácil entender lo siguiente: Yehoshuah de Nazerat era más bien feo, nariz muy
abultada, bajito, algo encorvado y cojeaba un poco, pero su mirada era penetrante y cariñosa, la gente le
escuchaba con agrado y le seguía; y esto era así porque la bondad inherente en el ser humano es el Amor de
Dios personificado; ayer, hoy y siempre la bondad atrae, convence.
Este es el verdadero y único evangelio, y esta la realidad que no han entendido las religiones organizadas, ya
que en vez de convencer con el ejemplo individual de sus sacerdotes a sueldo, han usado la excusa de la
organización religiosa para convertir, sobre todo a la gente pobre, –con la cruz o la espada, según les ha
convenido– a fin de hacer adeptos, que traducido en un idioma comprensible a todos, no es más que poder y
dinero.
Pero la gente de Israel con dinero y poder religioso y político, no estaba de acuerdo con Yehoshuah, y se buscó la forma de poder condenarlo y lo crucificaron. Murió Yehoshuah el hombre, (que seguramente
reencarnó en otras vidas para ayudar a otros seres humanos), pero el Cristo, o sea, el Espíritu de Dios que es
eterno, vive y está siempre presente en la conciencia y vida humana.
Y los descendientes de aquellos primeros israelitas nazarenos o cristianos que llegaron a Mallorca lo sabemos
por propia experiencia, porque ese Espíritu Universal vive en nosotros y en todo ser humano que lo busca de
verdad dentro de sí mismo, en su propia vida.
Y ese Espíritu Universal o Cristo dice:
–Cumple los mandamientos de Dios; ama a Dios sobre todas las cosas; ama a tu prójimo como a tí mismo; lo
que no quieras para tí, no lo quieras para los demás; procura siempre hacer el bien; nunca te olvides de Dios;
el reino de Dios es de los pobres; lo que se siembra se recoge; procura tener siempre tu corazón limpio, sé
pacífico, bondadoso y no temas nada, yo siempre estoy contigo.
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Y nuestros padres y abuelos siempre nos decían:
–Procurad siempre estar con Dios y mandad a paseo a los sacerdotes de todas las religiones, pero no odiéis a nadie; buscad siempre la paz, la concordia, pues vale más comer pan con aceite en armonía en la casa, que
buenas comidas en discordia y odio; estemos siempre todos en armonía con nuestro Buen Jesús y no
olvidemos nunca que el egoísmo es la mala bestia, y el negocio es negativo, es malo, porque consiste en
comprar barato y vender más caro, y no solamente los productos sino lo que es peor, el salario de los obreros,
porque nadie se hace rico trabajando honradamente, pero sí a costa del trabajo de los demás, burlándose de
Dios y del prójimo, ya que Dios dice: Ama a tu prójimo como a tí mismo; si un empresario, comerciante, etc.,
reparte entre todos sus obreros los beneficios que produce el trabajo, o crea nuevos puestos de trabajo, ya
está bastante cerca de la verdad de Dios, es ya un cristiano de verdad.
Conclusión
Los cristianos no entendemos al cristianismo organizado católico y protestante, tan transformado y complicado,
compuesto de ricos y pobres, explotados y explotadores, unos creyentes que se hacen ricos a costa del
trabajo, y a veces con la vida de otros creyentes, y todo esto con el silencio y la complicidad de los sacerdotes
de ambos lados, siendo este el motivo del por qué las actuales organizaciones religiosas, arrastrando a sus
adeptos, se encuentran hoy tan alejadas de las sencillas enseñanzas del obrero carpintero Yehoshuah de
Nazerat.
Así pues, no nos vayamos más por las ramas con el pobre carpintero que fue Yehoshuah de Nazerat, y
procuremos aclarar lo más interesante, su mensaje, aunque tengamos que remover los cimientos de todos los
vaticanos religiosos del mundo, llámense o no cristianos. No olvidemos que el cristianismo nació de la toma
de conciencia de un pobre y a los pobres fue dirigido; por tanto si los ricos quieren acercarse a él, ya saben lo
que tienen que hacer: No se puede servir a Dios y al dinero continúa diciendo el rabí de los pobres a las
iglesias y sinagogas de los ricos.
El Evangelio Pobre Cayetano Martí Palma de Mallorca, año 2000
No perdiendo de vista que tanto Yehoshuah de Nazerat como sus amigos y seguidores fueron jornaleros,
pescadores, siervos, esclavos y pastores (definidos hoy como obreros) o como dicen los evangelios canónicos
hombres sin letras y sin estudios (Hechos 4-13), esto nos ayudará a comprender que, la forma de
comunicación de aquél grupo de hombres y mujeres –apelados en Israel de nazarenos– era muy sencilla, a
base de un lenguaje rudo y elemental, como solía definirse a la gente pobre de aquel lugar, Galilea.
Ya hemos dicho que el catolicismo de Roma, apropiándose de aquellas cartas y mensajes que se enviaron
algunos de sus seguidores con el lenguaje elemental que pudieron alcanzar, compusieron siglos después y en
tiempos de Constantino, el denominado Nuevo Testamento, arreglando el contenido para así desviar el origen
humilde del cual provenía; entre aquellos arreglos se encontraron las llamadas Bienaventuranzas o Sermón del
Monte.
No discutiremos la forma empleada con los arreglos porque no es cuestión de perder el tiempo en discusiones
absurdas, pero sí que conviene aclarar su contenido ya que el catolicismo y el protestantismo han complicado
tanto los textos intelectualmente, que han acabado estropeando el gran mensaje espiritual implícito tanto en el
sermón del monte, como en todo su evangelio o buena noticia que dió el rabí a los pobres a través de su vida.
Empecemos pues por lo más significativo que recordamos de la tradición oral que nuestros antepasados, los
primeros israelitas cristianos, nos dejaron como herencia.
El sermón del monte
de Yehoshuah de Nazerat
No sé si vosotros habéis estado en Israel, pero yo recuerdo que cercano a Nazerat, –donde vivía y trabajaba el
rabí–, había varios montes pequeños, no más grandes que el bosque del Castillo de Bellver de Palma de
Mallorca; el rabí solía andar mucho entre aquellos montes, sobre todo cuando quería estar sólo para meditar y
orar después de acabar el trabajo.
Bienaventurados los pobres
Yehoshuah subió a uno de los montes bajos de Galilea con los amigos obreros que le solían acompañar; ese
día, estando en el monte, bastante gente pobre y obreros en su día de descanso o shabat vino a él para
escuchar sus sabios consejos. También algún que otro sacerdote de la sinagoga y gente adinerada se
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acercaron para oír lo que decía, aunque de lejos. Sentados por el suelo, escuchaban al carpintero que muy
activo solía levantarse a menudo y andar entre ellos diciéndoles:
–Bienaventurados los pobres que tratáis de vivir en el Espíritu, porque vuestro es el reino de los cielos;
bienaventurados los que tengan el corazón y las manos limpias; los pacíficos y todos aquellos que no
intervienen en guerras contra otros hombres. Bienaventurados todos los pobres, porque nosotros heredamos la
tierra, una tierra que Dios nos dio a todos y que los ricos han robado... (y no heredarán la tierra eliminando la
justicia humana en este mundo)..., bienaventurados los misericordiosos, los que lloran, los que están
perseguidos injustamente...
Escuchadme amigos, los pobres somos la levadura que hace crecer el pan, somos la sal de la Tierra; y no
debéis extrañaros de lo que os digo, porque gracias a nosotros se esta creando la riqueza y se construyen
todas las cosas que los ricos destruyen con sus guerras, ¿por qué pues no podemos decir que somos la sal de
la Tierra?. Yo soy un obrero más como vosotros, pero os digo que somos incluso la luz del mundo; pero una luz
no se pone debajo de la mesa, sino encima de ella para alumbrar a todos los que están en la casa. Así pues
nuestros actos, nuestra vida, etc. deben ser luz para los demás seres humanos.
Buscad pues el reino de Dios dentro de vosotros mismos, y lo demás vendrá sólo, porque sin el Espíritu de
nuestro Padre Dios es imposible que podamos dar la auténtica luz. Abrid la puerta interior y el Espíritu de Dios
os guiará directamente, sin intermediarios religiosos, como me guía a mi y como ha guiado siempre a los
profetas de nuestro pueblo.
En muchas ocasiones os he dicho que no se puede servir a Dios y al dinero, porque allí donde guardemos el
tesoro humano, la riqueza, etc., irá detrás nuestro pensamiento. Procuremos pues hacer riquezas espirituales,
porque estas son siempre eternas, unas riquezas que se pueden guardar en nuestro interior y nadie nos las
puede robar.
Somos pues la sal de la tierra, somos la levadura del mundo, pero cuidado, no hagamos como los sacerdotes
de Israel, que todo lo hacen de fachada y acaban siendo sepulcros blanqueados y con mucho adorno, pero por
dentro ¿qué hay?, ¡huesos de muerto!, –decía gritando, ya que Yehoshuah solía hablar muy alto y fuerte a
pesar de ser pequeño de estatura–. Así pues, cuando oremos, no es necesario que hagamos lo que hacen
ellos en las sinagogas, en las plazas y en las calles, que rezan delante de la gente para que los vean; nosotros
debemos orar en secreto a nuestro Padre, y El, que nos ve en secreto, ya nos recompensará en público, si
conviene.
La oración del silencio
Los pobres que le seguían pedían a Yehoshuah que les enseñara a orar, y él nos decía:
–Cuando oréis, hacedlo libremente, sin intermediarios y directo a nuestro Creador, os pondré un ejemplo:
Padre nuestro, tú que estás en los cielos, santificado sea tu santo nombre, y venga a nosotros tu santo reino y
se haga tu voluntad en la Tierra, como así se hace en el cielo. Nuestro pan de cada día, dánoslo Señor hoy, y
perdónanos pero también danos fuerza para perdonar a los demás seres humanos, amén.
Yehoshuah miraba a la gente, y en un momento dado se agachó para quitarse una espina que tenía clavada en
el pié; recuerdo muy bien el silencio profundo que se hizo en aquél monte lleno de gente...; se entendió más
aquél silencio que muchas palabras. Sí..., se entendió más.
–Amigos, –continuaba hablando Yehoshuah– no queráis ser como los ricos, que se enriquecen a costa del
sudor y del trabajo de nosotros, los pobres, además de reírse de nuestra miseria y de la justicia de nuestro
Padre Dios; ¡ay de aquellos, cuyo único consuelo es la riqueza y viven saciados sin saber que les espera el día
de mañana!; ¡ay de aquellos que sólo buscan la adoración y el respeto de los demás, sin embargo viven de
rodillas adorando el becerro de oro, esperando bendiciones!, no hagáis lo mismo que ellos, pastores que ni
entran ni dejan entrar en el reino del espíritu, falsos profetas que tratan siempre de confundirnos a todos.
Nadie puede servir a dos señores, ya que acabará amando a uno y aborreciendo al otro, por tanto no se puede
amar a Dios y al dinero.
Es verdad que tenemos que comer, vestir y vivir pero también es verdad que debemos hacerlo con dignidad,
como seres humanos y no como animales desorientados. Cuidado pues con obsesionarnos con la riqueza,
porque eso mismo hacen los sacerdotes a los que tanto preocupa su fachada, pero ni aún Salomón, que era
más sabio que ellos, pudo con toda su riqueza vestirse como una simple y sencilla hierba que veis por los
campos; y si la hierba luego es segada y quemada, ¿no hará nuestro Padre Dios mejores cosas con nosotros?.
No acumulemos cosas como los ricos por miedo al día de mañana, porque las riquezas materiales, de la
misma manera que vienen, se van, y nadie se lleva nada al morir; pero en las cosas espirituales pedid y se os
dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque todo el que pide, recibe, todo el que busca, halla, y a
todo el que llama, se le abre.
¿Qué padre hay entre nosotros que si nuestro hijo nos pide pan le damos una piedra, o si nos pide pescado le
damos una serpiente?. Y si nosotros como padres, con nuestros defectos, no haríamos esto con nuestros hijos,
pensar pues que nuestro Padre Dios hace ricos y pobres entre los seres humanos, sus hijos, unos que naden
en la abundancia mientras que los otros intentamos sobrevivir como podemos, es una blasfemia contra la razón
y contra Dios.
Esto no es de Dios, sino de los sacerdotes religiosos que callan las injusticias humanas; lo que no queramos
para nosotros no lo deseemos a nadie, porque nadie quiere que le roben, lo exploten, lo torturen o lo maten; la
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justicia entre los hombres es la verdadera Ley de Dios, la que predicaron los auténticos profetas a través del
amor al prójimo.
Pero no he venido a este mundo para ir en contra de la Ley humana, sino a ponerla en práctica; porque ¿qué
és la Ley, que no sea vivir la justicia de Dios?, !la justicia de Dios, y no la injusticia de los hombres! –gritaba el
rabí a las gentes–. La Ley de Dios no mata, no engaña a nadie, no hace guerras, ni explota y asesina a
mujeres, niños y ancianos; la ley de Dios es paz, bondad y justicia de Dios para todos.
Por que la verdadera justicia no es la limosna como la que practican los sacerdotes en las sinagogas. Cuando
ofrezcamos nuestra ayuda al alguien, procuremos que nuestra mano derecha no sepa lo que hace la mano
izquierda, para que nuestra ayuda sea en secreto y Dios que ve en secreto, ya nos recompensará en público, si
lo ve oportuno.
¿De qué sirve ir al templo a darse golpes de pecho y rasgarse las vestiduras, si estás mal con tu hermano?;
arreglemos primero las diferencias entre nosotros como hermanos que somos todos del mismo Padre, y así no
tendremos necesidad de pedir perdón a nadie, y mucho menos ir al templo.
Por que el verdadero templo de Dios no está en Jerusalem, ni en cualquier otro edificio construido con piedras,
el verdadero templo de nuestro Padre Dios es todo, son las estrellas, las montañas, los animales, los árboles,
las flores, las hormigas, etc.; Dios no habita en templos construidos por las manos de los hombres, Dios es
infinito y nosotros mismos, como hijos suyos somos tan eternos como Él.
Por este motivo hombres y mujeres que me escucháis, debemos respetarnos en todo momento, como templo
que somos de Dios, evitando el odio y el fanatismo que predica la religión. ¿Qué clase de ley predican los
sacerdotes que justifica la muerte entre los seres humanos, o apedrear en las esquinas y como animales
salvajes a mujeres indefensas?; leyes de hombres hechas por hombres, pero no la Ley de Dios que es justicia.
Ser pacíficos y no responder con odio a quien nos provoca con odio, como hacen algunos justificando sus
actos con el ojo por ojo, es actuar con sabiduría; es necesario practicar estas cosas aunque en ocasiones
tengamos que ofrecer la otra mejilla. Quien devuelve bien por mal, está colocando un ascua encendida encima
de la cabeza del violento; y nadie quiere ser menos que el otro.
En necesario amar incluso a los que nos consideran sus enemigos, porque, si sólo amamos a los que nos
aman, ¿qué mérito tiene esto?, ¿acaso no hacen lo mismo los ricos y los sacerdotes entre ellos?; lo que
esperamos que hagan los demás por nosotros, debemos hacerlo también por ellos, porque eso es el amor de
Dios y no lo que predican los sacerdotes; cuidado pues con los falsos profetas que se visten de ovejas, más
dentro son lobos dispuestos a devorar a sus presas.
No echemos nuestras perlas a los cerdos, para que las pisoteen y las ensucien, pero tampoco defendamos ni
justifiquemos las injusticias, ni juremos ante nadie, porque lo importante es ser uno mismo a cada momento;
procuremos que nuestro sí, sea sí, y nuestro no, sea no. Seamos perfectos como nuestro Padre Dios es
perfecto; no juzguemos a nadie, pero nunca dejemos de llamar a las cosas por su nombre; en este mundo, es
importante ser prudentes como las serpientes, pero sencillos como palomas.
No hagamos de hipócritas mirando la paja que tiene nuestro hermano en el ojo, porque tal vez tengamos una
viga en el nuestro. Saquemos primero la viga de nuestro propio ojo y entonces veremos lo suficiente para
ayudar a los demás, porque eso mismo es lo que hacen los sacerdotes con las gentes, guías ciegos que no
entran ni dejan entrar a los demás en las cosas del Espíritu, y todos sabemos que si un ciego guía a otro ciego,
ambos tropezarán y caerán.
Nosotros los pobres debemos construir el edificio de la justicia de Dios y para ello tenemos dos puertas por
donde entrar, una ancha y otra estrecha; la ancha es la del engaño, la estafa, el robo, la explotación y la
brutalidad humana, sin embargo la estrecha es la que conduce al Espíritu que es bondad, pacifismo, sencillez,
etc., y por tanto la que da verdadera vida al espíritu.
Si construimos nuestra casa espiritual con los cimientos del Espíritu, haremos como aquel hombre prudente
que edificó su casa encima de la roca y ni la lluvia, ni el río, ni el viento pudieron tirarla; de lo contrario, si no
ponemos buenos cimientos en nosotros mismos, seremos como aquél hombre que edificó su casa en la arena
y al venir las lluvias, el agua y el viento, se lo llevó todo.
La perfección del espíritu
Pero el Maestro Yehoshuah, –cuyo espíritu nunca se cansaba de hablar–, se expresaba alto, con fuerza y sin
miedo, y aquella sencilla charla en el monte con sus amigos, jornaleros y pescadores, como en otras ocasiones
a lo largo de su vida, acabó siendo dispersada por los romanos, pues no permitían que se juntara mucha gente
por miedo a los grupos armados de Israel, que no estaban conformes con la dictadura del imperio de Roma.
En general, las palabras escritas en los evangelios canónicos sobre el sermón del monte se acercan bastante,
salvo la idea de la limosna. El ser humano es humillado cuando se le ofrece limosna, y el que la dá
empequeñece su espíritu delante del necesitado, ya que no practica la justicia de Dios.
Así pues, la justicia de Dios no es limosna como han predicado las religiones durante siglos, sino igualdad
humana. –Hay que trabajar para comer y punto–, decía el carpintero Yehoshuah; pero millones de seres
humanos se preocupan cada día de acumular aquellas cosas que suelen faltar a los demás hombres,
dividiendo de esta manera a la humanidad en ricos y pobres, explotados y explotadores y llamando a esto
cultura y civilización.
De vivir las religiones y la sociedad la justicia de Dios, no habría explotación laboral, se podría trabajar menos
horas y evitar así la muerte de miles de obreros al año por accidentes laborales a causa del cansancio
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producido, y se podría repartir la riqueza entre todos los que la producimos. De igual manera que existen
monos que roban los plátanos a otros monos y luego les tiran la piel a la cara, así actúan los ricos que, robando
miserablemente el beneficio del trabajo a los pobres luego nos tiran las migajas al suelo para que nos
arrastremos por un mísero jornal, porque la limosna es la injusticia predicada por las religiones y que han
practicado los ricos para evitar la justicia social, la justicia de Dios.
Este principal motivo hacía que el rabí hablara contundentemente de la puerta estrecha, la puerta de la justicia,
de la inspiración espiritual que hace dignificar al hombre, a través de la práctica de la sencillez y el trabajo. Sin
embargo la sentencia hacia los ricos se hizo patente en Yehoshuah, por la amplia visión que el rabí tenía de
futuro y que hoy nos empezamos a dar cuenta al ver el resultado de destrucción masiva del planeta, el
sometimiento humano al poder, la ambición y el fanatismo de unos pocos que, inevitablemente debemos
denunciar si queremos sobrevivir como raza humana. Y esta es la visión amplia de Yehoshuah de Nazerat
sobre la conducta humana que denunció, pero que nada tiene que ver con la que han inculcado las religiones a
sus adeptos a base de castigos, infiernos y condenación.
Otra de las cosas que repitió en muchas ocasiones el rabí fue: Seamos perfectos, como Dios, nuestro Padre
es perfecto. Bajo la frase de nadie es perfecto, mucha gente, gobiernos, religiones y ejércitos de todo el
mundo justifican las grandes atrocidades cometidas a través de la historia, sobre todo en nombre de Dios, por
lo que cabe preguntar, ¿dónde queda la espiritualidad de la religión organizada y sus adeptos, sobre todo en el
cristianismo organizado católico y protestante del que ahora hablamos?.
Ser perfectos no quiere decir actuar como dioses o como Dios, aunque algunos definan la idea de la perfección
como fascismo (sobre todo algunos interesados que tratan de evitar cualquier esfuerzo que propicie un cambio
de mentalidad social y de avance espiritual); ir a la perfección es tratar de actuar simplemente como lo que
somos, seres humanos, aceptando, claro está, nuestras propias limitaciones físicas y mentales, pero jamás
actuando como bestias, dominando y rompiéndolo todo por placer.
¡Salid de la Babilonia religiosa!
Cuando Yehoshuah de Nazerat hablaba, debemos comprender que en muchas ocasiones a través de su vida y sobre todo en el sermón del monte, no era el hombre quien hablaba sino el Espíritu Universal al que hoy llamamos Cristo, aplicándose de esa manera a sí mismo su propia enseñanza de libertad espiritual.
A pesar de que no todo el mundo le entendía, él trataba de explicar al espíritu humano su vivencia espiritual:
–Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí, y ruego al Padre que todos estemos en Él como una sola cosa.
Yo soy la Luz del mundo, y si venís conmigo no andaréis en tinieblas, pues también vosotros sois Luz; yo no
os tengo como extraños sino como amigos, no como los sacerdotes que os llaman siervos y como sabéis, los
siervos nunca saben lo que hace su señor dice el Espíritu. Todos tenemos un sólo Padre recreador de todos
los cielos, Él es el único que nos ama, nos comprende y nos guía directamente, sin intermediarios.
Yo mismo Yehoshuah, como hijo de hombre, nada podría hacer si el Espíritu de nuestro padre Dios no
estuviera en mi; así pues, cuando os digo que yo soy el verdadero pan de vida, agua que calma la sed, Luz del
mundo, etc., me refiero al Espíritu de nuestro Padre Dios. Está bien que trabajemos para ganarnos el pan que
comemos físicamente, pero debemos trabajar también para alimentar nuestro espíritu, y esto no lo
encontraremos en las sinagogas ni en los templos, lo encontraremos en nosotros mismos; es más, en estos
lugares siempre nos dirán que estamos equivocados y hasta puede ser que nos maltraten y nos echen fuera
como ya lo han hecho, ya que los sacerdotes quieren ser los únicos intermediarios entre Dios y los hombres,
pero no les hagáis caso porque sólo hay un mediador entre nosotros y Dios, el Espíritu. ¡No os entretengáis
más dentro de la religión, y salid de los templos, salid de la Babilonia religiosa!.
Vida espiritual y no religiosa
Todo esto decía Yehoshuah hace dos mil años a los pobres que le escuchaban; de la misma manera este
obrero yesero de Mallorca que os habla os dice lo mismo. ¡Salgamos de la Babilonia amigos obreros!,
salgamos de la Babilonia que son todas las organizaciones religiosas, démonos de baja de estas religiones de
ricos, sean cuales sean, ya que dentro de ellas sólo se bendice la explotación, la guerra, la injusticia social,
ricos y pobres, etc.; y vosotras mujeres, abortad si es necesario, o por lo menos usad los medios
anticonceptivos para no traer más hijos a este mundo, ¿por qué?, muy sencillo, porque abortar es mucho mejor
que dejar que los lobos asesinos que dominan el mundo, agarren a nuestros hijos, ni tan siquiera crecidos, y
los maten en sus guerras para hacerse más ricos.
Pero tened presente que darse de baja de las religiones no basta, no es suficiente; sin tener el Espíritu del que
hablaba el rabí Yehoshuah en uno mismo no hay cristiano, pero como el Espíritu es universal, tampoco hay
budista, mahometano, etc., en una palabra, sin la justicia de Dios despierta dentro del hombre, no hay tan
siquiera persona humana, solo un animal que vegeta por el mundo esperando devorar a los demás animales,
un robot programado para el egoísmo y el fanatismo religioso y la bestialidad.
Así pues, lo importante es matar la bestia que todos llevamos dentro para que el ángel, que también todos
llevamos dentro, renazca. –Por sus frutos los conoceréis, –decía el Maestro Yehoshuah–, no por sus estudios
del templo, ni por sus libros, ni tan siquiera por la Torah, ¡porque sin el Espíritu de Dios en nosotros mismos no
hay nada que hacer!.
Negar pues al Espíritu, es negar la bondad en el ser humano, es negar lo único que verdaderamente le da vida
al espíritu del hombre y esto solamente lo puede negar el ignorante.
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Pensemos por un momento; si nadie admite que una cosa pequeña, un reloj, un silla, unos zapatos, un cuadro,
etc. se hacen sólos, es porque vemos con claridad que para ello se necesita un obrero o un artista que los
trabaje, alguien que los construya, el carpintero, la silla, el relojero, el reloj, el zapatero, los zapatos, así como
un cuadro necesita a un pintor; ¿quién pues se atreve hoy a asegurar que el Universo, poblado de un número
indeterminado de mundos, de soles y galaxias, etc., y considerado infinito, se ha hecho sólo?, nadie, tan sólo el
ignorante. Cuidado pues, no juzguemos por las creencias, porque en muchas ocasiones, la aptitud y la vida de
los agnósticos llamados ateos, es más cristiana y espiritual que la aptitud de quienes alardean de creer en Dios
e ir a misa diaria.
Y es que creer o no creer en Dios es lo mismo, y no sirve de nada, porque lo importante es sentirlo como lo
sintieron los profetas, como lo vivió el carpintero de Nazerat. El rabí, en muchas ocasiones alentaba a sus
amigos los obreros; Aprended de mi les decía, incitándoles a vivir su propia vida espiritual y superando el atraso de la religión judía; en ese momento, cuando cobraba mayor sentido sus palabras, fue cuando dió el
punto clave a través de la oración del padre nuestro: Padre nuestro, que estas en los cielos...; ¡qué
maravillosa lección del rabí Yehoshuah de Nazerat al espíritu del ser humano!.
El espíritu humano, un Universo por descubrir
Pero, ¿dónde están y que son los cielos de los que hablaba Yehoshuah?.
En muchas ocasiones he comentado que el viaje astral, (el cual realizo conscientemente desde niño) no es
más que soñar a conciencia, cosa que todo el mundo realiza aunque no se acuerde. ¡Cuántas veces me he
visto atravesando el Infinito Universo, y bajo esa experiencia del espíritu darme cuenta de qué cielos estaba
hablando el Espíritu, el Maestro o Rabí al que llamamos Cristo en esta cultura!.
Y entonces es cuando pienso lo maravilloso y profundo que sería para el espíritu del ser humano, vivir esta
experiencia espiritual, la experiencia de encontrarse en el Universo Infinito y poder dirigir la mirada hacia
nuestro planeta, –el cual no es más que un simple granito de arena–, y comprobar que los cielos, de los que
habla el Maestro al espíritu humano, también están aquí, en este mundo, a través de las montañas, de una
simple puesta de sol, en los pájaros que vuelan, en las hormigas, etc., en una palabra, entre los seres humanos
cuando viven esta sencilla realidad espiritual, o sea, la bondad.
Los teólogos católicos y protestantes, cuando hacen decir al Rabí aquello de: Bienaventurados los de limpio
corazón, porque ellos verán a Dios; me pregunto, ¿por qué dicen verán a Dios, si en verdad ya lo están
viendo y experimentando en si mismos a través de las cosas sencillas pero profundas de la vida?, ¿es que no
os dais cuenta teólogos, sacerdotes, dirigentes religiosos de que el espíritu no es físico y que Dios no está, sino
que es todo?.
Ver a Dios no es cuestión de hacerlo con los ojos físicos; Dios es Espíritu y nosotros que estamos hechos a
imagen y semejanza de Dios, somos espíritu, y cuando nos damos cuenta de esta realidad nos convertimos en
apóstoles y sacerdotes de este Dios Universal que no tiene fin, dejando atrás el dios absurdo, ignorante, pobre
y limitado que han predicado todas las organizaciones religiosas a fin de tener engañados a los pobres y para
evitar sentirnos proféticamente herederos, tanto de la Tierra física en la que vivimos, como de todos los
mundos que pueblan el Infinito Universo y que conforman los cielos por descubrir.
Si todos los seres humanos comprendieran estas cosas sería maravilloso; porque es triste ver como a través
de toda mi vida, día tras día y año tras año, ha habido hombres y mujeres de todas las edades y clases
sociales que me han escuchado hablar del rabí Yehoshuah de Nazerat y, dominados por el simple egoísmo,
por esta especie de trinidad diabólica compuesta por capitalismo, militarismo y religión organizada, se han
dejado aplastar, engañar y pisotear su dignidad, una dignidad que el carpintero de Galilea defendió en sí
mismo hasta la muerte.
María de Magdalá
El mensaje de Yehoshuah de Nazerat no consistió en discursos callejeros o en polémicas absurdas con los
distintos grupos religiosos de Israel; su mensaje fue directo y personal, basado en su forma de vivir y entender
la vida de manera digna, de tal manera que en muchos momentos esa forma de vivir y de pensar producía una
continua y auténtica provocación en la mente de la gente, sobre todo de los grupos religiosos. Entretenernos en
detallar situaciones humanas de Yehoshuah sería entrar en la rueda interminable de la literatura, pero es
necesario recordar que la vida de Yehoshuah, como la vida de cualquier ser humano, estuvo marcada por su
propia familia, sobre todo por su mujer y sus hijos.
Este hecho que el catolicismo y el protestantismo ha ocultado para hacer de su imagen un símbolo de
adoración y misticismo religioso, es un ejemplo de la manipulación de la que han sido objeto otros personajes
usados en los evangelios, como el pescador Simón, (convertido en Pedro y en cabeza de la multinacional del
Vaticano), un simple pescador galileo analfabeto, casado y cuya suegra pesa como una losa sobre el celibato
impuesto por el organizado estamento religioso del catolicismo.
Pero sin duda, la mujer que anduvo unida a Yehoshuah hasta su muerte, María de Magdalá, es uno de los
personajes más manipulados y disfrazados por los evangelios canónicos, posiblemente con el propósito de
desviar la condición humana que acompañó al carpintero en su discurso espiritual.
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A pesar de que lo más importante en Yehoshuah fue su mensaje, no hay duda de que el carpintero de Nazerat
vivió ante todo como un ser humano y tanto su vida como su conducta social, partieron de vivirla como
cualquier hombre, hecho que dignificó aún más la visión de su mensaje espiritual, aunque les pese a cuantos
han usado a través de la historia y hasta el día de hoy su imagen para justificar oblaciones mentales como el
celibato y otras absurdas excusas.
Entre el ayuno y el amor
Pero la gente pobre estaba con el rabí y con el estímulo de sus palabras, y cuando Yehoshuah hablaba de
acabar con la enfermedad, pero no con el enfermo, era para dar a entender que todos somos en mayor o
menor medida enfermos en lo espiritual, dando a entender así que más importante es la misericordia humana,
que los sacrificios impuestos por la religión, sea cual sea.
Estando en Caná, un día se formó una discusión con los sacerdotes por causa del ayuno; estaban con el rabí
algunos que habían sido seguidores de Yokanaán que, confusos por los sacerdotes preguntaron a Yehoshuah
el por qué él y sus seguidores no lo practicaban. El rabí les ponía ejemplos sencillos para que comprendieran y
les decía: –¿Qué padre se alegraría de ver que su hijo deja de comer para ganarse así su simpatía?, ninguno;
un buen padre solo aconsejaría dejar de comer a su hijo en caso de enfermedad, pero nada más. Y si un padre
no quiere que su hijo haga sacrificios por él, ¿por qué creéis que nuestro Padre Dios nos exige el ayuno y el
sufrimiento para agradarle?.
Los pobres no debemos avergonzarnos de lo que comemos, porque digno es el obrero de su salario y de su
sustento; los que deben avergonzarse son aquellos que, siendo jóvenes buscan la religión para comer sin
trabajar y luego hacen largos ayunos delante de la gente para lavar su conciencia, creyendo que así agradan a
Dios. A Dios no se le honra más ayunando o sacrificando el cuerpo, sino practicando la justicia y la paz; y
podéis estar seguros que quien vive dentro de si estas cosas, no teme a nada, ya el Espíritu de nuestro Padre
Dios está en todo hombre y mujer para guiarle a cada momento.
Y cuando vive el Espíritu en nosotros, tenemos alegría y no tristeza, es como ir a una boda; a nadie se le
ocurre ir de luto a una boda, porque todos sabemos que una boda es alegría y no tristeza como es la muerte de
un ser querido.
Seguir normas y costumbres religiosas y estar con Dios es imposible, por eso os digo que os es necesario
nacer de nuevo en el Espíritu y dejar de una vez por todas los ritos y las ceremonias religiosas; a nadie se le
ocurre poner un remiendo de tela nueva en un vestido antiguo, porque el vestido acabará desgarrándose; y a
nadie se le ocurre meter vino nuevo en odres viejos, porque el nuevo llegará a corroer el cuero viejo y todo el
vino acabará perdiéndose. Cada cosa tiene su lugar; quien bebe del vino añejo y lo saborea, no va a buscar el
nuevo porque sabe que el añejo es mejor.
En las cosas de Dios, quien tiene el Espíritu, quien tiene el aliento de Dios en él mismo, no va a buscarlo en los
templos, ni se sacrifica con ayunos religiosos; quien tiene el Espíritu, practica el amor con los demás seres
humanos. Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor.
Al acabar de hablar el rabí, unos y otros empezaron a discutir acaloradamente sobre el ayuno, y en medio de
aquél grupo de gente había una mujer que quería acercarse a Yehoshuah para contarle su problema, pero la
gente se lo impedía. Entonces la mujer se agarró fuertemente al vestido de Yehoshuah, y este, sintiéndose
atrapado, gritó alto: –¡¿Quién me ha tocado?!. Simón se giró al rabí y le dijo sorprendido: –Rabí, estamos todos
apretándonos y discutiendo sobre el ayuno y tú dices que quién te ha tocado?. Y Yehoshuah continuó diciendo:
–¡Sí, ya lo sé, pero alguien me ha agarrado de verdad y necesito saber quién és!.
Entonces una mujer llamada María, del pueblo de Magdalá, salió de entre el barullo y con miedo le dijo que ella
le había tocado porque quería hablar con él. Al verla temerosa Yehoshuah la calmó y apartándose del barullo,
la mujer empezó a contarle su historia y a pedirle consejo.
Tirar la piedra y esconder la mano
Una tarde después del trabajo, se encontraba Yehoshuah con sus amigos, entre ellos algunos pescadores,
sentados en la plaza del pueblo de Caná y el carpintero les explicaba el significado de la estrella de David
hablándoles sobre el símbolo de la unión del ser humano con Dios; aquellos pescadores que no le entendían,
le preguntaban mientras el rabí dibujaba con un palo en el suelo la silueta de unos peces y les repetía lo
mismo. Entonces, cuando sus amigos pescadores empezaron a entenderle, se acercaron haciendo escándalo
unos hombres que, agarrando de los brazos a una mujer cananea llamada María de Magdalá se dirigieron
directamente a Yehoshuah diciéndoles: –Hemos encontrado a esta mujer pecando y la ley dice que debemos
apedrearla, ¿tú que dices rabí?.
Y Yehoshuah, sabiendo quién era la mujer, contestó a los fariseos: –Hacedlo vosotros, y que empiece el que
no tenga pecado en sí mismo–; pero aquello hombres se miraron unos a otros y como no sabían que contestar,
la soltaron, y poco a poco se alejaron dejando a la mujer tirada en el suelo; entonces, Yehoshuah, cogiendo la
mano de la mujer que se encontraba arrodillada a sus pies, le dijo:
–Mujer, nadie te ha condenado; levántate, vete y no peques más. La pobre mujer llorando, besando
repetidamente las manos de Yehoshuah se iba alejando poco a poco mientras Yehoshuah decía a sus
discípulos: –Qué fácil es juzgar a los demás, pero no lo es tanto cuando se trata de juzgarse a uno mismo; no
olvidemos nunca que no se avanza en el camino espiritual viendo las faltas de los demás, si no viendo las
propias de uno y tratando de corregirlas.
21
Los discípulos, hombres y mujeres que estaban escuchando al rabí estaban maravillados y llenos de
admiración, pues jamás habían oído palabras tan sencillas y sabias, sobre todo dichas por un simple jornalero;
muchos pensaban pues que Yehoshuah de Nazerat no era solamente un profeta, sino el profeta más grande. Y
tenían razón, pues el Espíritu, el Cristo que siempre ha guiado a los espíritus en el camino de Dios, en
Yehoshuah de Nazerat lo hacía de tal forma, que hasta los niños podían entenderlo.
Pero esto, a los rabinos y sacerdotes de Israel no les favorecía en nada ya que el carpintero de Nazerath
estaba enseñando un camino espiritual inédito para ellos, una religión sin sacerdotes a sueldo, sin templos, sin
ritos, etc., pero sí con un verdadero desarrollo del interior que guiado por el Espíritu de Dios, daba vida
espiritual a cada uno de sus seguidores.
El sueño de los profetas
Pasando el tiempo Yehoshuah visitaba a María, teniendo la mujer una niña; en ocasiones iba de noche para no
dar más que hablar. Una tarde, después del trabajo, subía cansado Yehoshuah a Caná junto con dos de sus
amigos y le salió al encuentro la mujer pidiéndole ayuda; su hija tenía fiebre y se encontraba desesperada y
estando lejos gritaba al rabí diciéndole: –Yehoshuah ayúdame, mi hija está enferma y no sé que hacer. El rabí,
que no oía muy bien, no la escuchó y la mujer insistió hasta que quienes estaban con el rabí le avisaron de los
gritos de la mujer.
Entonces al ver que era María subió sólo a estar con ellas y descubrió que lo que necesitaba la niña era
alimento; entonces se indignó con María por haberle ocultado sus necesidades y le dijo: –Mira María, yo quiero
ayudarte; vosotras estáis solas y no es justo que tu hija pase hambre mientras los perros están mejor
alimentados.
Y María le contestó: –Ya lo sé Yehoshuah, ya se que no es justo ni humano que los pobres tengamos que
alimentarnos de las sobras que tiran los ricos, como si fuéramos perrillos detrás de las migajas de sus amos;
pero, ¿qué puedo hacer sino es volver a prostituirme de nuevo para alimentar a mi hija?, tú ya sabes como
están las cosas en el pueblo y lo que no quisiera es que por mi causa las autoridades cojan represalias contra
tí, te quiero demasiado como para hacerte daño, pero no me queda más remedio que pedirte ayuda.
Pero Yehoshuah también la amaba y le propuso el matrimonio; el carpintero que era un hombre muy testarudo,
acabó convenciendo a María de Magdalá. Mientras tanto, continuaba ayudándolas en cuanto podía estando a
su lado, a pesar de que algunos de sus amigos y familiares no estaban de acuerdo con la relación, que en
aquél momento resultaba ser escandalosa para las costumbres de los habitantes del lugar; todo el mundo daba
por sentado que la niña era de Yehoshuah, cosa que él jamás negó para protegerlas.
Sin embargo algunas mujeres del grupo de amigos de Yehoshuah como Juana y Susana comprendían aquella
situación y ayudaban a María en todo cuanto podían, al igual que otras mujeres prostitutas amigas de María,
que al saber la noticia se alegraron por ella hasta el punto de envidiarla.
Simón el fariseo y Yehoshuah
El carpintero era querido por mucha gente pobre, pero en ocasiones también se le podía ver discutiendo
amigablemente con algún rico, sacerdote, rabino o religioso levita, fariseo, etc.; Yehoshuah de Nazerat era
pues respetado por todos.
Un día, trabajando en Cafarnaum, un fariseo llamado Simón le invitó a comer a su casa y así poder hablar con
él. Así hizo Yehoshuah; después de salir del trabajo, fue a buscar a María de Magdalá y se presentó con ella
en la casa ante la sorpresa del fariseo y de algunos amigos suyos que también le acompañaban.
Antes de comer, como el rabí venía un tanto sucio del trabajo, María le empezó a quitar el polvo de la ropa y a
perfumarlo. Era costumbre entre matrimonios que la mujer saneara al marido antes de entrar en la casa y
Simón se escandalizó como fariseo, al ver que Yehoshuah se dejaba tocar por una mujer que todavía no
estaba unida a él en matrimonio, pero se calló.
Estando en la mesa Yehoshuah percibió el desagrado de Simón y de los demás fariseos que veían mal que un
judío tuviera contacto con una mujer en esas condiciones, y le dijo: –Simón me gustaría comentaros algo
antes de irnos.
–Dime Rabí, contestó Simón.
Entonces Yehoshuah dijo: –Si dos hombres deben dinero a un acreedor, uno de ellos quinientos denarios y
otro cincuenta, y este, apiadándose de ellos les perdona a los dos su deuda porque no pueden pagar, ¿cual de
los dos se sentirá más agradecido?.
Entonces el fariseo Simón contestó: –Yo creo que el que le debía más dinero, más agradecido estará de
haberle perdonado la deuda.
–Cierto, –respondió el carpintero– siempre agradece más aquél que más necesidad de amor tiene; así pues, no
os sorprendáis de que haya venido con María y que me haya limpiado y perfumado antes de comer
preocupada de daros buena impresión, puesto que es mi compañera y futura mujer; sin embargo, tú Simón, he
visto que has estado más preocupado de pensar con quién venía y quién me tocaba, que de ofrecerme como
invitado agua para lavarme los pies y las manos, o de darme un beso de bienvenida, o de ungirme la cabeza
con aceite como es vuestra costumbre.
María, desde que la conozco, siempre ha dado amor a todos; por tanto, la persona que es capaz de dar tanto
amor, no puede ser nunca mal vista por nuestro padre Dios; pero aquel que no da amor, es porque nada tiene,
nada puede ofrecer y nada hay que perdonarle. Además, el que ama, no tiene por qué pedir perdón, ni
22
avergonzarse de nada, y mucho menos ser perdonado por otro ser humano con los mismos defectos y
debilidades que él, un derecho que solamente tiene quien nos ha creado, nuestro padre Dios.
Al escuchar las palabras de Yehoshuah, Simón el fariseo se avergonzó de sí mismo, pidió disculpas a
Yehoshuah y a María ante sus invitados y los despidió.
La boda de la alegría
María de Magdalá y Yehoshuah de Nazerat se casaron celebrando la boda en Caná de Galilea, junto con
amigos y familiares de ambos, y ante los ojos críticos de los sacerdotes del lugar que no bendijeron aquella
unión.
Pero a Yehoshuah poco le importaba las opiniones religiosas y llevó adelante su boda con la alegría que
suelen celebrarse en Israel, bailando y saltando descalzo por toda la casa. Cuando se acabó el vino, su madre,
preocupada de que las cosas salieran bien, lo llamó aparte y le dijo: –Dí a alguno de tus amigos que vaya a
buscar vino, pues ya no queda, y no te preocupes que nosotros ya lo pagaremos.
Yehoshuah, viendo la pena que pasaba María por estas cosas se puso las sandalias y salió a buscar vino a la
posada donde solía comer, y al poco rato apareció en la casa con el posadero y con varias garrafas de vino
que cada uno traía en las manos. Al ver la alegría de la gente sólo bebiendo agua, el posadero dijo al rabí: –
Pocas veces he visto una fiesta tan alegre como la que celebráis hoy en esta casa, es justo pues que sea
celebrada con buen vino–. Y quedándose en la fiesta, el posadero repartía el vino, hasta que bien entrada la
noche todos se fueron retirando a sus hogares.
Con el paso del tiempo María y Yehoshuah tuvieron un niño al que llamaron Yokanaán, y el pequeño sintió tal
devoción por su padre, que siempre le acompañaba allí donde éste iba.
Un matrimonio como los demás
Para la espiritualidad de Yehoshuah de Nazerat, como para la de cualquier ser humano, era esencial la
experiencia humana de la vida, aunque las religiones se hayan empeñado en dividir lo físico y lo religioso. Y así
la vivió el carpintero de Nazerat como todo ser humano, una vida sencilla y cotidiana, propia del momento y
lugar que la teología religiosa tan interesadamente ha menospreciado.
Es por eso que se contradicen tan claramente muchos de los escritos religiosos, con las costumbres y
tradiciones del pueblo israelita en el cual vivió el rabí; primero, que un obrero tan anárquico a lo establecido
como era Yehoshuah de Nazerat se dejara lavar los pies de aquella manera narrada tan esclava, no podía ser
de otra manera que no fuera siendo su esposa; por otra parte un hecho cotidiano en una época en la que la
mujer había asumido algunas costumbres antiguas de sumisión al hombre, propias de la imposición religiosa
judía.
Segundo por la imposibilidad, a causa de las tradiciones, de que una mujer, conocida como prostituta, entrara
sin más en casa de un fariseo, por muy generoso que este fuera con Yehoshuah; y tercero porque en el
mensaje abierto del rabí no cabía la expresión de condenación, infierno, etc., y por lo tanto jamás podía decir
aquello de ...tus pecados te son perdonados. Es como si yo mismo o cualquier ser humano dijera a otro ...tus
pecados te son perdonados; ¿quién soy yo, un ser humano como cualquier otro, para perdonar los pecados de
nadie?.
Es pues ridículo pensar que un simple jornalero pudiera condenar o absolver de pecados a alguien, es más, si
prestamos atención a sus palabras sencillas vemos su sentir cuando dice en el padrenuestro: …y perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores….
Yehoshuah no se andaba por las ramas intelectuales de los sacerdotes, discutiendo o polemizando sobre
cuestiones como el ayuno, es más, siempre planteaba la cosa muy simple. Pensando por nosotros mismos
veremos que, ningún padre desea que su hijo se flagele por él; entonces, utilizar el ayuno como lo ha hecho y
lo está haciendo la religión organizada, para hacer ver a sus seguidores que este tipo de cosas le agrada a
Dios, es un insulto y una blasfemia contra Él, ¿qué clase de dios sería aquél que gustara del sufrimiento
humano?.
Está claro que esto continúa siendo un arreglo religioso; el planteamiento de Yehoshuah de Nazerat era el de
un cambio total de conciencia, y más que unas lecciones románticas a través de parábolas, el rabí hablaba de
manera clara y contundente:
–La creencias no sirven, como no sirve la religión judía que conocemos. Por eso os hablo de una buena noticia,
la buena nueva espiritual, es que empecemos de nuevo, pero esta vez sin jerarquías ni intermediarios
religiosos, sin templos ni oraciones compuestas, sino directamente a Dios.
Por eso os digo que el vino nuevo no puede meterse en cueros viejos, sino en nuevos para que no se pierda.
Y sobre el matrimonio y la famosa boda de Caná, la cosa está muy clara; el rabí siempre decía sobre el amor y
el matrimonio: –Lo que Dios une, el hombre jamás lo podrá separar–; y ponía su experiencia humana como
ejemplo; lo ocurrido pues en Caná dió testimonio claro de su filosofía humana sobre este tema, al ser aquella
boda, la suya.
Muchas veces hablando con sacerdotes católicos y protestantes les he dicho que, si desde el principio de los
tiempos Dios unía y bendecía a los seres humanos, ¿qué ceremonia humana seguían?. Y es que, cuando
realmente se vive el Espíritu, el Cristo, sobran las ceremonias religiosas, porque es Dios mismo el que une a
todos los seres humanos a través de la única realidad posible, el amor.
23
No hay misterio, sólo amor
En abril de 1999 cumplimos años, mi mujer Magdalena y yo, celebrando el 50 aniversario de casados. En su
día, la ceremonia fue civil, pero a causa de la dictadura de Franco, tuvi mos que avalarla por el rito protestante.
Pero nació nuestra hija Lucía y para poder llevarla al colegio nos exigieron que tenía que hacer la primera
comunión, de lo contrario no podría ir al colegio. Hoy todo ha pasado, y a los ya 50 años de matrimonio somos
abuelos y podemos decir con propiedad que sin amor no hay unión.
En estas cosas hay quienes se empeñan en hablar de milagros y misterios, pero no es así, en la relación de los
seres humanos, no existe más misterio que la puesta en práctica del amor; así pues, no tiene sentido que la
religión trate de ocultar el amor que Yehoshuah vivió con María de Magdalá y cuyo fruto fue su hijo Yokanaán o
que la boda de Caná haya sido su propia boda, ya que hoy, después de dos mil años de confundir a millones
de seres humanos con estas cosas y otras más como el celibato del rabí, la virginidad de María su madre, etc.,
todo este montaje haya acabado por caer a la luz de la razón.
Y es que Yehoshuah nunca encontró impedimentos en encontrar seguidores solteros o casados, fueran
hombres o mujeres, pero el clero organizado sí, sobre todo el catolicismo, por causa de sus conveniencias de
poder político, económico y religioso.
Reuniónes, pintura y predicando a unos y otros el evangelio pobre de Yehoshuah de Nazerat, toda mi vida he
trabajado de yesero, pero siempre he tenido el apoyo de mi familia, al principio de mi madre, luego de mi
hermano Pepe, y después de mi mujer Magdalena e hija Lucía, siendo mi nieta Esther la última de mi familia
que sigue escuchando mis palabras. Aunque he de decir que esta familia se extiende mucho más allá de los
lazos familiares, al tener abierta mi casa a otras familias humildes que de igual manera, siguen las huellas del
rabí y de su evangelio pobre de esta forma casera.
Está claro que quien busca al Espíritu lo encuentra dentro de si mismo y a su alrededor. Y es que hay que
tener presente que a Dios no le importa que seamos célibes o casados, como sí interesa a las religiones; lo
importante es vivir la vida con bondad, una bondad que Dios da a todo ser humano, sea del color y del lugar
que sea, además del derecho e incluso el deber de expresarlo a los demás seres humanos.
Podemos comprender pues, que estas cosas, al no haber sido predicadas por la religión organizada, tanto del
Vaticano de Roma como por los pequeños vaticanos protestantes, han acabado transformando de una
manera total la imagen sencillamente humana de Yehoshuah por otra imagen desproporcionada y absurda que
beneficia a todo el supermercado religioso montado sobre este pobre hombre.
Esconder la libertad de conciencia que predicaba el galileo y el mensaje de liberación espiritual que estaba
dando en aquel momento, sigue siendo hoy el objetivo buscado de estas sectas religiosas mayoritarias y
motivo por el cual nos hemos atrevido a romper este estado de cosas y destapar hoy el evangelio pobre de
Yehoshuah de Nazerat.
La voz que clama
en el desierto
Según la teología católica y protestante, Yehoshuah fue tentado en el desierto por Satanás, y después se dejó
bautizar en el Jordán por el profeta Yokanaán. Sin embargo, hay que aclarar que esas llamadas tentaciones no
fueron más que las tentativas de los sacerdotes de la religión de su tiempo de comprar el silencio de
Yehoshuah de Nazerat con el fin de adormecer la conciencia de los pobres, tentativas que se repitieron a lo
largo de la vida del nazareno y que fueron más allá del absurdo, una fría noche.
Tentaciones religiosas
El rabí de Nazerat compartía con sus amigos obreros todas las experiencias humanas que solía vivir,
incluyendo las visitas inesperadas que al principio los sacerdotes realizaban para ofrecerle dinero por el
silencio de sus palabras. Pero todo este tipo de hechos llegó al absurdo una noche, cuando durmiendo
profundamente después de un largo y agotador día de trabajo, representantes del rabinato de Israel tocaron a
su puerta de tal manera que su familia se asustó, pues querían llevar al carpintero ante el Sumo Pontífice. Y
estando Yehoshuah delante del jerarca, este dijo al carpintero:
–Yehoshuah, he oído hablar de tí y de tu defensa de los pobres; eso está bien, pero si vienes con nosotros
podrás dejar de cuidar las ovejas de otros, de oler a pescado o de hacer chapuzas con la madera y entrarás a
formar parte del sanedrín, incluso con tu don de gentes, podrías llegar a ser si te lo propones mi sucesor;
vivirás bien y nadie te molestará, y lo más importante es que no pasarás hambre, ni tú, ni tu familia. Podrás
seguir predicando a los pobres como haces ahora, pero estando con nosotros; ¿qué nos dices Yehoshuah?
Pero el rabí rechazó la propuesta del sumo pontífice judío diciendole: –Es cierto que en mi familia pasamos
necesidad, y es tentador lo que me ofreces; pero dime una cosa, tú que eres el jefe espiritual del judaismo, ¿de
qué me sirve el dinero, la posición social, tener un lugar en el sanedrín judío ó mandar a otros hombres que
trabajen para mí, si pierdo mi espíritu?. ¡No! te agradezco el ofrecimiento, pero yo no me vendo por un plato de
lentejas!, volvió a gritar el carpintero fuertemente, esta vez delante del sumo sacerdote.
Si de verdad quieres ayudarme, haz lo mismo que hago yo; dí a tus sacerdotes que trabajen y luego prediquen
como hacían los profetas, con el ejemplo; es muy sencillo, sólo hay que dejar que el Espíritu os guíe; aprended
24
también vosotros de mí; pero vender al Maestro jamás. Esto es lo único que puedo deciros sobre vuestra
oferta.
Yehoshuah habló de este hecho a sus amigos y compartía con ellos aquella delicada situación en la que
estaba; por una parte falto de trabajo, y por la otra, teniendo que alimentar a su familia, aquellas palabras de
los sacerdotes resultaron en su principio tentadoras para su mente, pero aquél hecho asentó más las
convicciones tanto del rabí de Nazerat, como las de sus cercanos seguidores que anduvieron con él durante
años escuchando sus sencillas enseñanzas.
Pero lo acontecido a Yehoshuah de Nazerat es algo que le ha ocurrido y ocurre continuamente a mucha gente;
a mí mismo me ha pasado en muchas ocasiones con diferentes religiones. En el transcurso de la historia ha
habido, y hay personas que se han mantenido fieles a los dictados de su conciencia y del espíritu de justicia
social, que en definitiva es lo que predicó el rabí. Casos como el de Dolores Ibarruri llamada la Pasionaria o la
otra pasionaria mallorquina llamada Aurora Picornell asesinada en la época franquista, nos pueden servir de
ejemplos para conocer en que tipo de fundamentos se basaba el mensaje o evangelio de Yehoshuah,
desconocido por la religión organizada.
Estos fundamentos podían haber sido base para Francisco de Asís, llamado el poverello, pero ya en vida el
fraile permitió asentar las bases del gran negocio de conventos y escuelas católicas llamadas franciscanas,
donde difícilmente hoy pueden acceder a sus recintos los hijos de obreros, de pobres. Y es que el catolicismo
siempre ha visto un peligro en que los pobres recordaran, como así trató de recordar Francisco de Asís, la
sinagoga pobre que dio a entender el rabí de Nazerat.
Indudablemente sólo con Yehoshuah se cumplieron las palabras del profeta Sofonías cuando dijo:
Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual esperará en el nombre del Señor Sofonías 3-12
El reino es de los pobres
Yehoshuah solía hablar a las gentes de la pobreza y de la justicia de Dios y en contadas ocasiones dentro de
las sinagogas, en las que sus palabras acababan siendo polémica y motivo de discusión y enfado de los
rabinos, incluyendo su pueblo Nazerat. Pero cuando podía aprovechaba, y ensalzaba a los pobres y
denunciaba las injusticias morales a las que eran sometidos con el consentimiento de la religión judía de Israel;
tanto era así que acabó siendo censurado y finalmente expulsado de aquellas llamadas casas de estudio.
Al rabí siempre le acompañaban algunos de sus amigos pescadores, como en aquella ocasión, que estando
dentro de la sinagoga de su pueblo natal Nazerat, se levantó para hablar después de los rezos de costumbre,
y empezó diciendo:
–Se nos dice que la Ley de Moisés habla de los profetas como hombres inspirados por Dios y que predicaban
la llegada del Mesías. También se nos dice que, cuando se cumpla la profecía de la venida del Mesías
desaparecerá la esclavitud, las guerras, el hambre, la explotación, la miseria y que además de esto, habrá
justicia para todos, hombres y mujeres.
Pero yo os digo que esta profecía se está cumpliendo ya, entre nosotros los pobres, si tenemos en cuenta las
palabras de los profetas que nos dejaron dicho que lo importante es amar a Dios por encima de todo y al
prójimo como a uno mismo.
Os digo que a Dios nadie lo ha visto jamás, pero si practicamos el amor los unos con los otros, Dios está con
nosotros, es más, tendremos al Mesías dentro de nosotros, y todos los hombres y mujeres nos convertiremos
en profetas y sacerdotes de Dios, porque si el amor, que es el Espíritu de Dios, el Mesías, no tiene límites, y el
amor está en todas partes, también está dentro de nosotros, los pobres, ahora, cumpliéndose en estos
momentos las palabras de los profetas.
Los sacerdotes se irritaron al escuchar las palabras de Yehoshuah, pero en ese momento no pudieron parar al
carpintero que continuaba diciendo: –¿Por qué os molestan mis palabras?, ¿acaso no tenemos el ejemplo de
los profetas que durante siglos han sido el espejo donde mirarnos todos?. Si ellos procuraron seguir la voz de
Dios y no necesitaron encerrarse en los templos para hablar y soñar con nuestro Padre Dios, ¿acaso no
podemos hacer todos los hombres lo mismo acudiendo al Padre directamente?.
¿Cuántos profetas como Yokanaán han venido a Israel clamando justicia y no han sido escuchados?. Sin
embargo Yokanaán no fue una caña sacudida por el viento, ni un hombre rico como los que se sientan en las
mesas de los reyes; vosotros mismos lo fuisteis a buscar por el desierto y por los campos donde trabajaba, ¿y
qué salisteis a ver que no fuera a un hombre pobre, a un trabajador honrado, a un verdadero profeta?.
Entonces los rabinos se enfurecieron tanto por las palabras de Yehoshuah que acabó formándose una gran
discusión dentro de la sinagoga mientras algunos decían: –¿Quién es este para hablar de estas cosas?–. Pero
el rabí continuaba hablando con voz fuerte y rotunda:
–Sólo hay un Maestro, el Espíritu, que nos habla a todos como habló a los profetas, y como habla hoy a todos
los hombres y mujeres con bondad en el corazón. Tener al Espíritu en uno mismo, es estar en y con Dios; pero
nadie puede tener al Espíritu si no practica la justicia y el amor con el prójimo. Vosotros, sacerdotes, no debéis
olvidar que el más pequeño e insignificante de los hombres puede albergar un gran espíritu, porque así Dios lo
quiere.
Irritados por sus palabras, los sacerdotes querían expulsar a Yehoshuah y a la gente pobre que le seguía de la
sinagoga mientras que el carpintero continuaba exclamando: –¡Ya veo que nadie es profeta en su tierra!, pero
doy gracias a nuestro Padre, el Señor de los cielos y de la Tierra, de que estas cosas las esconda de vosotros,
sabios y entendidos, y las revele a los más pobres. ¡Misericordia quiero y no sacrificios, dice Dios!.
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¡Salgamos de aquí amigos!, –decía a los pobres, a los obreros que habían venido con él– ¡salgamos de la
sinagoga de los ricos, y venid conmigo y os enseñaré a quitaros todo este yugo y carga religiosa!.
Yehoshuah de Nazerat, como en otras ocasiones, fue expulsado de la sinagoga bajo el enfado de los rabinos,
pero los había que estaban sorprendidos de las palabras del carpintero y decían entre sí: –Pero, ¿no és este el
carpintero de Nazerat, hijo de José y María, y no están entre nosotros sus hermanos José, Jacobo, Judas y
Simón?, ¿no viven sus hermanas entre nosotros?, ¿de dónde saca todas estas cosas?.
Que un pobre, un jornalero como era Yehoshuah, entrara y saliera de las sinagogas, gritando justicia a los
sacerdotes y a la gente rica de Israel, y en tiempos de una dictadura como era la del imperio romano que
dominaba aquella tierra, es incomprensible, ya que de haber sido así, no habría tenido tiempo de predicar
aquel sencillo evangelio de bondad y justicia que predicó, ya que lo habrían matado enseguida.
Es evidente que la dignidad de Yehoshuah estaba por encima de los convencionalismos religiosos, y que, la
conciencia de libertad y justicia que le caracterizó, lo alejaba de la religión organizada hasta el punto de
sentenciar contínuamente cualquier vinculo entre Dios y los sacerdotes con expresiones tales como: –No se
puede servir a Dios y al dinero; es más fácil pasar un camello..., etc.–
No es Yehoshuah de Nazerat quien se ha contradicho en estos dos mil años, sino las organizaciones religiosas
que, usando el engaño, el poder y la ignorancia de los pueblos, han hecho decir y hacer cosas a este sencillo
carpintero que vinieran bien a sus intereses; por ejemplo, que Yehoshuah empezara a predicar a las gentes
después de ser purificado por Yokanaán en el río Jordán, que aleccionara a un pequeño grupo de personas o
que incitara a los que le seguían a dejar el trabajo que ejercían, para predicar, etc.
Toda la jerarquía del llamado cristianismo organizado ha usado ideas de este tipo para asegurar su pan
gratuito y para justificar de esta manera cosas como las llamadas misiones, carrera sacerdotal, vida de
clausura, evangelizaciones indígenas e inclusive un celoso celibato impuesto a hombres y mujeres durante
siglos.
Un obrero despierto como era Yehoshuah, que desde muy joven llevaba en sí al espíritu de los profetas, –
conservado en su interior seguramente de otras vidas y de la tradición oral de su familia– y que además vivía
humanamente en su piel la injusticia social y religiosa que realizaban los poderosos y sacerdotes de Israel, no
era un extraño en su pueblo, incomprendido por sus palabras, es posible, –sobre todo por los sacerdotes–,
pero no un extraño, sobre todo para quienes le vieron crecer y lo conocían desde su infancia.
Yehoshuah conocía bien a sus amigos, pero ellos a él también, sobre todo su trayectoria humana y espiritual,
comprobando como, día a día, dedicó su vida a trabajar sencillamente para comer y a predicar la única verdad
posible en aquella y esta época, la bondad, un ejemplo por el cual se le llegó a considerar un profeta, el último
profeta de Israel.
Nada pues de colgar las redes del trabajo para ir a predicar, nada de abandonar a los padres para seguirle y
nada de ponerse a las órdenes de Yehoshuah como si fuera el dirigente de una organización religiosa, tal y
como ha tratado de presentarlo durante siglos la teología católica y protestante.
Si hoy en día se usara más el sentido común dentro de los templos, los adeptos de dichas organizaciones
preguntarían a sus sacerdotes, lo mismo que hubieran preguntado al rabí de haber actuado como actúan hoy
día, los dirigentes de las organizaciones religiosas: –Pero Yehoshuah, ¿no ves que nuestros hijos nos ayudan
en el trabajo?; si ellos se van para seguirte y predicar tu filosofía, ¿de qué comerán nuestras familias?; ¿qué
espiritualidad predicas a nuestros hijos que haces que abandonen sus familia?; pero lo cierto es que no fue así
y esto pesa en las conciencias de los que predican solo religión.
La Buena Nueva
Al ser expulsado de las sinagogas, Yehoshuah llamaba con más fuerza a reunirse con sus amigos, y después
de acabar el trabajo, les decía que tenía buenas noticias que contarles, y en muchas ocasiones sus amigos, los
pobres, al acabar sus trabajos iban a buscarlo allí donde sabían que trabajaba y como una cosa normal el
carpintero les decía:
–Bien amigos, vamos a conversar un rato más; ya es hora de comunicarlo; la buena noticia que os tengo que
decir es que debemos buscar a Dios en nosotros mismos, sin intermediarios. Ha llegado el momento de decir a
todo el mundo lo más importante de esta buena nueva; los pobres no necesitamos sacerdotes ni rabinos que
nos organicen nuestra vida espiritual, porque si ellos no han visto jamás a Dios, tenemos tanto derecho como
ellos a predicar lo que pensamos.
Es necesario que estas cosas que hablamos se digan a la gente, y no tengáis miedo a la hora de hablar,
porque es el Espíritu que habla y guía nuestras palabras; y así como os he dicho que la luz se pone encima de
la mesa para alumbrar, así han de dar luz vuestras palabras, para que se cumplan las profecías del Espíritu en
boca de los pobres. No tengáis pues temor amigos, vosotros sois también hijos del trueno como lo eran los
profetas; y ya es hora de que todo lo que oigamos al oído del Espíritu, lo prediquemos desde los terrados si es
necesario.
Las palabras de aliento del carpintero fueron muy importantes para aquél pequeño grupo de pobres,
pescadores, jornaleros, sirvientes y esclavos que le seguían, y apoyaban su enseñanza espiritual, y les
comprometió espiritualmente sabiendo la tensión social que existía en aquellos momentos en todo Israel;
aunque algunos se apartaron por temor, otros en cambio continuaron a su lado:
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–Maestro, estoy contigo y te seguiré, –dijo uno– pero primero he de enterrar a mi padre que ha muerto–. Pero
Yehoshuah siempre tenía las palabras de enseñanza a cada momento y les explicaba las cosas con cariño y
paciencia diciendo:
–Dejad que los muertos entierren a sus muertos y tratad de entender estas cosas; esta bien que enterremos a
nuestros seres queridos, pero no olvidemos que por causa de la religión, el espíritu de mucha gente ha
quedado tan dormido practicando sin sentido costumbres y ritos religiosos, que los han convertido en muertos
que andan, rezan, creen y siguen a ciegas a pastores tan ciegos como ellos, sin saber a donde van.
Yo os aconsejo que procuréis estar siempre despiertos en estas cosas y no tengáis tanto temor de la muerte,
sino estar despiertos delante de quienes tratan de matar vuestro espíritu. La religión de Dios es vida para el
espíritu y nada tiene que ver con los ritos de sufrimiento religioso; procurad entender estas cosas y tratad de
enriquecer vuestra vida espiritual.
Yehoshuah y el Espíritu Universal ó «Cristo»
En continuas ocasiones, cuando el rabí se reunía con sus amigos, sus sabias palabras y el Espíritu Universal
que llamamos Cristo, se expresaba por su boca de esta manera:
–Yo soy el Buen Pastor, la Verdad, la Vida, –dice el Espíritu; yo soy el que puedo daros la verdadera agua
para calmar la sed espiritual. Cuando os digo que nadie puede ir a Dios sin mi, sin el Espíritu, es para daros la
idea de que nadie puede vivir sin la vida y cuando os digo que los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan
o los muertos vuelven a la vida, me refiero a la vida del espíritu ya que las cosas que os hablo son verdad y
espíritu, la carne nada aprovecha.
Tened presente que el cuerpo de un ser humano ciego, cojo, etc., en muchas ocasiones es habitación de un
espíritu muy elevado, muy evolucionado; no basta pues, nacer de nuevo a la vida física para evolucionar, sino
renacer en el Espíritu en esta misma vida, de esta forma los seres humanos iréis conociendo la Verdad y la
Verdad os hará libres.
Antes que Abraham, Noé ó Adam existiesen, yo ya existía como aliento de Dios, como Espíritu Universal, pero
todos los espíritus existen desde la Eternidad, a los cuales yo voy despertando, enseñando, ayudándoles a
andar en el camino o montaña que llega al Padre, a Dios, ya convertidos en espíritus desarrollados, en dioses,
o sea, en hijos de Dios ya mayores de edad.
Cuidado pues con los falsos maestros que dicen cuidar al rebaño como pastores, pues sólo hay un verdadero
Pastor, el Espíritu; yo soy el Buen Pastor, pero el Buen Pastor dá su vida por las ovejas, más el asalariado,
cuando ve venir al lobo, huye; pero vosotros no temáis nada, manada pequeña, grupo pequeño, no temáis a
los que matan el cuerpo, pero cuidaos de los sacerdotes religiosos, ya que son ellos los que procuran por todos
los medios adormecer nuestro espíritu.
Ahora os hablo a través de uno más como vosotros, pero si me buscáis en vuestro propio corazón, en vosotros
mismos, me encontraréis y me tendréis siempre; esta es la Verdad Universal, la de Dios. Se dice: «ama a tu
prójimo como a tí mismo», pero yo os aclaro más esto y os digo: «amaos los unos a los otros, para que no
olvidéis nunca que nuestro Padre Dios es Amor, es bondad.
El Espíritu Universal o Cristo que inspiraba a Yehoshuah de Nazerat, se expresaba de manera muy sencilla y
daba siempre a entender que los seres humanos –como parte de un algo universal– nunca hemos nacido, y
por lo tanto, nunca moriremos, ya que el físico tan sólo es un vehículo para vivir en este mundo, el cual
aparcamos a la hora de entrar en el Gran Templo de Dios, que es el Infinito Universo.
Un Espíritu sin barreras
No hace mucho tiempo –sobre 1999– soñé (y a esto le llaman viaje astral) que me encontraba en el espacio
observando una gran masa de tierra; miles, millones de soles juntos desprendiendo unas llamaradas enormes
y unas alturas de agua grandiosas, además de otras cosas que no puedo definir con palabras pero que se
movían, grandes y pequeñas; todo junto me parecía como un enorme almacén de mundos.
Pocos meses después, los astrónomos anunciaron el descubrimiento de un enorme agujero negro,
curiosamente lleno de millones de soles y de mundos a punto de reventar, y que creará una nueva explosión, y
por tanto una nueva galaxia más en el Universo. Pero lo cierto es que en este Universo que conozco, se
suceden continuas explosiones, una detrás de otra, sin principio ni final.
Pero este hecho, que ocurre físicamente, y de manera continua a nuestro alrededor, no es nada cuando lo
comparamos con la vivencia infinita del espíritu, capaz de ver a través de todas las cosas, acontecidas o
explosionadas como las que todavía han de ocurrir o explosionar.
Esta realidad podríamos considerar que acontece físicamente cerca de nosotros, pero si expandimos nuestra
imaginación y pensamiento, veremos con claridad que en el Universo existen billones y billones (el número es
infinito) de galaxias que aún tienen que reventar, es decir renacer ó reencarnar, dando a entender al hombre
que todo lo que existe dentro o fuera de nuestro pequeño mundo se crea y se recrea a las órdenes del Único y
Gran Arquitecto, Dios. –En la casa de nuestro Padre Dios hay muchas habitaciones.., decía el Maestro
Yehoshuah para dar una idea amplia de esta infinidad que nos rodea y de la que formamos parte, pero también
decía vosotros sois dioses refiriéndose a lo más profundo del ser humano, nuestro espíritu, ese algo que no
necesita del físico para seguir aprendiendo más allá del espacio y del tiempo.
Recuerdo que en otro de estos sueños o viaje astral, el Maestro me dio un trozo de roca, una especie de piedra
de cristal: –Rómpela y lanza los trozos al espacio– me dijo; y así lo hice partiendo la piedra en dos trozos y
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soltándola en el Universo; en un momento empezaron a dar vueltas y en unos segundos lo que eran trozos de
piedra y polvo se convirtieron en dos mundos y al ver aquello pregunté al Maestro: –Rabí, ¿y esto?; y él
sonriendo me respondió: –¿Acaso no te acuerdas de que os dije que mayores cosas que estas haríais?, todos
somos dioses, porque cada uno de nosotros estamos en y con el Padre, con nuestro Creador.
Al vivir estas experiencias pienso seriamente en la vida humana y me pregunto, ¿dónde queda mi orgullo y mi
vanidad cuando me encuentro frente a esta realidad universal?. Cuando el hombre vive a Dios, tiene
experiencias en su interior que le hacen superar las vanidades y orgullos humanos, y esto es así porque, acudir
a Dios sin intermediarios, es beber de la fuente de agua pura y cristalina, y no de las aguas turbias y removidas
de la religión. Y es cuando se viven estas cosas, que se puede ver con claridad que el mensaje o evangelio
pobre predicado por Yehoshuah de Nazerat se resume en el eterno mensaje de bondad que el Espíritu o Cristo
recuerda siempre que viva el ser humano: –Bienaventurados los de manos limpias y corazón puro –decía el
Maestro–, porque el Espíritu está en ellos.
Algunos, cuando oían hablar de estas cosas al carpintero le decían entusiasmados: –Rabí, ¿podemos
seguirte?.
Y el rabí les aclaraba las cosas diciendo: –Claro que podéis seguirme y aprender de mí; pero mirad que las
zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero yo, como hijo de pobres, no tengo donde reclinar mi
cabeza; debemos trabajar todos para ganarnos el pan que comemos y no querer hacernos ricos a costa del
trabajo de los demás; carguemos cada uno con nuestra propia cruz y cojamos fuerza para hablar de estas
cosas a los demás pobres, teniendo presente que la verdadera sinagoga o templo de oración está en nuestra
casa y en vuestro interior. Así pues, buscad primero el Reino de nuestro Padre Dios en vosotros mismos, y las
demás cosas os vendrán por añadidura y procuremos ser perfectos como nuestro Padre Dios es perfecto, no
hay más.
Toma tu cruz y sígueme
El carpintero de Nazerat siempre decía a quien pedía sus consejos: –Toma tu cruz y sígueme. Pero ¿qué és la
cruz?.
A diferencia de las organizaciones religiosas, Yehoshuah de Nazerat hacía de la vida un cúmulo de
experiencias, y no un relicario de cargas, sufrimientos, tormentos y dolor. El rabí. que hablaba desde su propia
experiencia, siempre aclaraba que había que trabajar para comer y no ser carga para nadie, no como hacían
los ricos y sacerdotes, que al no trabajar para ganarse el pan que comen, hacen cargar a los pobres con la cruz
social, antihumana y anticristiana de la explotación que ellos bendicen dentro de sus templos.
Hoy, tanto ricos católicos como protestantes, se hacen llamar cristianos, pero ¿qué autoridad moral les avala
para expoliar la Tierra y explotar a millones de seres humanos en todo el mundo, si no es la autoridad moral de
las organizaciones religiosas que nunca, a través de la historia de los pueblos, han movido un solo dedo para
condenar este insulto a la razón humana y blasfemia a Dios que es la explotación?.
Viendo esto y sabiendo que el cristianismo de Yehoshuah de Nazerat se basó en la justicia de Dios, –Sencillos
como palomas, pero prudentes como serpientes–, los pobres debemos aprender la lección de una vez por
todas; ser buenos no quiere decir ser tontos y dejarnos engañar por quienes en las cosas de Dios son ciegos,
ni lo han visto jamás, ni saben donde se encuentran ellos mismos.
–Buscad el reino de Dios y su justicia las demás cosas vendrán por añadidura–, decía también el rabí, no la
justicia humana, las leyes humanas, sino la justicia del Creador de todo; ¿por qué?, porque a través de la
historia humana vemos como la religiones, divididas entre ricos y pobres, permiten con sus bendiciones, que
unos se hagan ricos a costa del trabajo de otros llamando a esto justicia, cultura, civilización, cristianismo, etc.
Y es precisamente hoy que se empieza a comprender que esto no es el cristianismo de Yehoshuah, la pacífica
revolución de justicia que predicó el carpintero de Nazerat.
En España, y en muchas partes del mundo se celebra el día del trabajador; en esas fechas se suceden
manifestaciones, huelgas, etc.; seres humanos, los pobres del mundo, pidiendo trabajo digno, reducción
laboral, menos horas de explotación, pidiendo más responsabilidad a los gobiernos y a las empresas para que
contengan los incesantes accidentes laborales, las condiciones precarias, la discriminación, etc. Pero
gobiernos, sindicatos, empresarios, partidos o religiones, etc., de todo el mundo se olvidan de que lo más
importante es la justicia, pero no la justicia elitista de jueces y abogados, sino la justicia de Dios, la que es para
todos los seres humanos.
Los obreros, los pobres del mundo trabajamos, –incluyendo los hoy parados y los que hemos trabajado y ahora
somos jubilados– y gracias a nuestro trabajo se produce riqueza que es acumulada por unos pocos que se
hacen llamar ricos; estos pocos seres humanos lo tienen todo (casas, tierra, coches, fábricas, oro, armas, etc.,)
y para calmar su conciencia y buscar justificaciones al ejercicio de su poder, acuden a las religiones para que
los sacerdotes bendigan sus actos de limosneo hacia los pobres, bárbara injusticia que no tiene justificación
posible.
Yehoshuah hablaba con claridad sobre estas cosas: –Buscad primero el reino de Dios... Tengamos pues en
cuenta que la búsqueda humana de la paz, la justicia y la bondad en uno mismo, es (sin intermediarios,
sacerdotes, religiones, etc.,) una experiencia espiritual profunda y comprometida capaz de producir una
auténtica transformación radical en el espíritu; solo así comprenderemos que todo lo artificial fabricado
alrededor de la vida humana, ejércitos, religiones, políticas, etc. para el espíritu que trata de evolucionar, sobra.
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Esta actitud aparentemente anarquista –como algunos puedan clasificar–, es el cristianismo de Yehoshuah de
Nazerat; sí, podemos llamarlo anarquismo, comunismo, socialismo, etc., pero no olvidemos nunca que el
mensaje de Yehoshuah de Nazerat siempre ha sido una revolución de la conciencia, pacífica, espiritual, y no
religiosa o política.
Con esta aclaración podríamos decir que Yehoshuah de Nazerat fue y es el mayor anarquista, comunista o
socialista espiritual de la historia de la humanidad, y sin duda enseñó y enseña a los pobres de todo el mundo
que hay que romper, no sólo las cadenas de hierro de la esclavitud social impuesta por el capitalismo mundial,
sino también las cadenas invisibles que la religión ha sellado en el espíritu humano durante siglos.
La bondad atea de un samaritano
Un sábado, rodeado Yehoshuah de sus amigos y de gente del pueblo que le escuchaba, les hablaba y les
decía:
–Bienaventurados los pobres que estáis hoy aquí y alegraos de oír lo que se está hablando hoy aquí; porque
muchos profetas y reyes desearon ver y oír lo mismo que vosotros, y sin embargo ellos ni vieron ni oyeron por
estar cerrados al Espíritu de nuestro Padre Dios, y demos gracias a nuestro Creador de que estas cosas las
guarde de los sabios y entendidos y nos las revele a los pobres, a todos aquellos que tratamos de estar en sus
sabias manos.
Un estudioso de la Ley que estaba entre la gente, le preguntó:
–Rabí, según tus palabras, los que estudiamos las escrituras estamos ciegos, entonces según tú, ¿que
debemos hacer para entrar en el reino de Dios?.
Y Yehoshuah le dijo: –¿Estudiáis la Ley de los profetas y las escrituras y no sabéis como debéis actuar?,
¿acaso no os han enseñado cual es el mayor de los mandamientos escritos?.
Y el docto en la Ley contestó: –Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con todo
tu entendimiento y al prójimo como a uno mismo. Y Yehoshuah le dijo: –Así es.
Pero el levita, estudioso de la Ley, herido en su orgullo le volvió a preguntar: –Pero, ¿quién es mi prójimo?.
Y el carpintero que veía las intenciones del religioso dijo: –Para que me entendáis todos, os contaré una
historia. Un hombre bajaba a Jericó desde Jerusalem, y en el camino le asaltaron unos ladrones que le robaron
todo lo que tenía, lo desnudaron y lo dejaron mal herido en el camino. Estando el pobre hombre agonizando,
bajaba por el lugar un sacerdote que al verlo se asustó y pasó de largo. Lo mismo hizo un levita que al estar
cerca de aquel hombre lo miró con desprecio y se fue dejándolo tendido en el suelo.
Pasaba por el camino un samaritano que solía hacer aquella ruta, y al ver al pobre hombre tirado en el suelo
tuvo compasión de él y lo recogió, vendó sus heridas después de limpiarlas con aceite y vino y lo montó en su
asno hasta llevarlo a un mesón donde cuidó de él. Al día siguiente el samaritano partió del mesón hacia su
trabajo, pero antes dio dos denarios al posadero y le dijo: –Cuida de este hombre y dale todo lo que necesite
para que se recupere, y yo al venir te pagaré los gastos.
Al acabar la parábola Yehoshuah se dirigió al doctor de la Ley y le dijo: –Y yo te pregunto a tí, como estudioso
de las escrituras y de la Ley, ¿cuál de estos tres hombres crees que fue el prójimo para aquella pobre víctima
de los ladrones?.
Sonriendo, el docto contestó: –El samaritano, ya que fue el único que tuvo misericordia; pero Yehoshuah le
dijo: –Con esto queda contestada tu pregunta, ahora falta que tú, como estudioso de la Ley, practiques lo
mismo que hizo el samaritano, y no te enredes tanto con la letra, ¿o no te das cuenta de que la letra mata y
sólo el Espíritu es el que da vida?.
La razón y la justicia no siempre es del agrado de todos, sobre todo de los sacerdotes y de la gente rica que se
oponía al carpintero por las cosas que hablaba; pero al ver que no podían vencer sus palabras, trataban de
comprarlo.
Las organizaciones religiosas han escondido este hecho para no evidenciar lo que ellas mismas han estado
haciendo a través de la historia infundiendo a las gentes sentimientos de culpa con la llamada tentación; pero la
realidad es que el clero judío intentó durante la vida del carpintero comprar su silencio y apropiarse de sus
ideas a cambio de dinero y poder, la llamada simonía.
En mi caso, recuerdo que trabajando de yesero, llegaron a desfilar por mi casa rabinos, sacerdotes católicos,
monjas, frailes, testigos de Jehová y pastores evangélicos, todos en momentos diferentes y en ocasiones
laboralmente difíciles, pero con el mismo objetivo que tuvieron los rabinos con Yehoshuah, comprar mi silencio.
Recuerdo que hasta el mismo obispo católico, en la época franquista, vino a mi casa en el Camp Redó estando
enferma mi madre y con la excusa de darle la extremaunción. Pero en Palma, en aquella época pequeña y
cerrada como un pueblo, se sabía que el xueta Cayetano Martí, desde la edad de 14 años hacía reuniónes en
su casa para hablar del rabí; sobre todo lo sabían los jesuitas, que intentaron convencer a mi madre para
internarme en un seminario, pero no lo consiguieron. Esa misma religión que años más tarde me ofrecía
buenos puestos para dejar de trabajar de yesero, trabajos fáciles de hacer pero en los que tenía que callarme
la boca y dejar de hablar del carpintero, del bon Mestre, como le decimos en mi familia a Yehoshuah de
Nazerat. ¡Pero no!, ¡Yo no me vendo por un plato de lentejas!, he dicho siempre a todos.
Pero la censura, encargada de esconder la manipulación que se realiza de la historia humana, también se ha
encargado de ocultar el resurgir de las enseñanzas libres del rabí, que algunos descendientes hemos
conservado a través de esa misma historia, en ocasiones terrible, sobre todo de Mallorca (persecuciones,
gueto, hogueras en la Plaza Gomila, inquisición y autos de fe en el convento de Santo Domingo, etc.), a pesar
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de que las autoridades, Vaticano de Roma, incluso los mismos reyes de España que residen en el llamado
Palacio de Marivent de la capital, estén informados de esta realidad social y cultural de Mallorca. La
complicidad y el silencio implica al poder en todo el mundo cuando la verdad se quita el manto de la opresión,
se libera y denuncia, a pesar de los intentos por ocultar dicha historia humana, ¿hasta cuando el poder
religioso podrá oprimir la conciencia?; el tiempo y la razón común lo dirá.
Purificación en el Jordán
La gente pobre trataba de seguir y escuchar a Yehoshuah, aunque sus palabras a veces eran o parecían
difíciles de entender. Así pasó un día en el Jordán cuando el rabí se acercó como uno más a dejarse purificar
por su pariente Yokanaán; el profeta de la purificación se alegró tanto de verlo que empezó a decir a la gente
cercana a él:
–¡Amigos, acercaos y escuchad al rabí Yehoshuah!; así como yo os purifico con agua según la tradición, él
sabe como purificaros a través de las palabras del Espíritu, porque en las cosas del verdadero Maestro yo no
soy digno ni de desatarle las sandalias; ¡escuchadlo!.
Y allí, después de la purificación, y sentados cerca del río Jordán, tanto seguidores de Yokanaán como los
amigos de Yehoshuah, escucharon al carpintero que hablando el Espíritu, por su boca les decía:
–Yo soy la Luz, –nos dice el espíritu–, y el que venga conmigo nunca estará en tinieblas; soy la Luz del mundo,
la Verdad, el Camino, pero debo purificaros en Espíritu porque Dios es Espíritu y los que le adoramos debemos
hacerlo con verdad y con el espíritu. Hombres y mujeres estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, que
es Espíritu, es nuestro Padre, Creador y origen de todas las cosas. Todos somos dioses en potencia, somos
parte de Dios, pero Dios no está dividido, es Todo; por esto debemos amarnos los unos a los otros, porque
Dios es amor, y el que vive en amor vive en Dios y Dios en él.
Los sacerdotes dicen que hay que seguir sus enseñanzas, los ritos, etc., pero yo os digo que todo esto no es
necesario, porque el Creador de todas las cosas no habita en templos hechos de mano de hombre, nosotros
mismos somos el sagrado Templo de Dios; tratad de entender estas cosas. Debemos purificar nuestro cuerpo
físico, cuidarlo, alimentarlo, y si procuramos limpiar nuestros pensamientos de odio, egoísmo, ambición,
venganza, vicios, etc. nuestro espíritu podrá vivir y evolucionar en esta casa limpia que es nuestro cuerpo.
Pero en la gran casa de nuestro Padre Dios (que es el Infinito Universo) hay muchas habitaciones, y nosotros,
como buenos hijos, no debemos perder el tiempo estropeando y acaparando cosas, oro, casas, tierras, etc., o
sea, egoísmo. El cielo de nuestro mundo y todos los cielos que existen y no se ven con los ojos del cuerpo, son
la casa de nuestro Padre Dios, y no están para adorno, no están porque sí; todo lo que nos ocurre en la vida
tiene su sentido, su misión.
Escuchadme pues, espíritus pequeños y atrasados, y yo os purificaré y podréis crecer y adelantar para
comprender estas cosas; Yokanaán os purifica con agua, yo os purificaré además el espíritu.
De esta forma sencilla y natural, el rabí se dejó limpiar en el Jordán como uno más, no con un bautismo, sino
con una purificación, con la que el profeta Yokanaán, conocido como el purificador, alentaba a que se realizara
el pueblo hebreo en las orillas del río.
La purificación era una costumbre extendida en Judea y se realizaba en los cauces del Jordán, bajo un sentido
idéntico al producido en la India, cuyos peregrinos cada 12 años acuden a la confluencia del Ganges y del
Jumna para expiar sus conciencias bajo un baño en sus aguas.
Pero en la cultura judía, la tradición de la purificación nada tenía que ver con el posterior y propagado bautismo
religioso cristiano surgido siglos después de la muerte del rabí; controlar los nacimientos de las familias
católicas y adquirir cada vez más poder político, y fue la premisa del Vaticano para reclamar a los gobiernos
grandes sumas de dinero y privilegios sociales con la excusa de tener mayoría de adeptos, práctica que
continuaron durantes siglos los diferentes grupos protestantes en Europa y América.
Por lo que cabe preguntar a la teología religiosa católica y protestante, ¿bajo qué referencia histórica imponen
el bautizar a los fieles, sobre todo siendo niños, si el carpintero de Nazerat sólo se dejó purificar a la edad de
30 ó 40 años y además, por un profeta apartado de la religión judía?.
No olvidemos además, que el rabí fue presentado al templo como un bebé judío más, entendiendo con esto
que Yehoshuah de Nazerat ya fue purificado (bautizado para el cristianismo organizado) en la tradición judía a
través del rito de la circuncisión; ¿por qué no se ha respetado este hecho cultural judío en la persona del
carpintero?.
Sea cual fuere la intención o tradición empleada para asegurarse al adepto, el hecho de que el carpintero se
prestara en su edad adulta, a ser bendecido por su pariente, deja patente una natural humildad que demuestra
lo importante que era para el rabí decidir libremente sobre su vida espiritual. Pero jamás podrá decidir el ser
humano por sí mismo, si desde la infancia se adoctrinan las mentes y los espíritus, coartando lo más preciado
que Dios nos ha dado para nuestro crecimiento, el uso de la razón.
Para evitar este aborto espiritual que ocasionan los distintos grupos religiosos a la propia conciencia infantil, es
necesario romper –desde la misma familia y centros de enseñanza– todos los tabúes y temores religiosos
impuestos durante siglos, para dar paso no a una enseñanza religiosa determinada, sino a una verdadera
historia de las religiones.
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A partir de este conocimiento nuestros hijos y en general todo ser humano sentirán la necesidad de ser
espiritualmente libres, y valorarán por ellos mismos lo que las religiones no han querido valorar nunca por
miedo a perder adeptos y poder, la libertad de conciencia, o como decía el rabí: –La verdad os hará libres.
¡Jerusalem!, ¡Jerusalem!
Los publicanos y las rameras os van delante
Una hermosa mañana de sábado en Jerusalem y estando en la plaza, frente al templo, un buen grupo de
personas rodeaban al rabí y escuchaban sus sabias palabras, entre ellos algunos escribas y fariseos; aquél
día, el Espíritu, hablando por la boca del carpintero Yehoshuah de Nazerat, empezó de esta manera:
–Muchas veces han repetido los sacerdotes y rabinos que los profetas hablaban de amar a Dios sobre todas
las cosas y al prójimo como a uno mismo; y yo os digo igual, es más, también os digo que todas las cosas que
deseésis que los demás hagan por vosotros, que digan de vosotros, etc., haced vosotros lo mismo por ellos,
esto es todo, sobran pues las ceremonias, ritos, rezos, etc. en el templo, ya que Dios no tiene en cuenta las
creencias, ni juzga estas cosas, sino los actos positivos de completo acuerdo con el espíritu de los seres
humanos en la vida diaria.
La religión verdadera es vida, es paz interior que se manifiesta al exterior; no es malo ir al templo, pero esto
demuestra claramente que si buscáis a Dios en el templo, es porque no lo tenéis en vuestro corazón; Dios no
es un ser al que hay que buscar en un lugar determinado, acudir a Él, etc., sino que es en uno mismo donde
hay que buscarlo, mejor dicho, descubrirlo; nosotros, como espíritus, estamos hechos a imagen y semejanza
de Dios, que es nuestro Creador.
Cuando os digo que soy la Verdad, la Vida, la Luz, etc., os digo claramente lo que sois vosotros mismos, lo que
pasa es que muchos de vosotros no me entendéis, estáis como muertos, debéis renacer, resucitar de nuevo, y
esto lo podéis hacer ahora; apartad de vuestra mente todo lo negativo, pensad solamente en el Espíritu, tratad
de amar a Dios con todas vuestras fuerzas, tratad de repartir este amor con el prójimo y notaréis en vosotros
mismos que vais creciendo espiritualmente, esto os será por señal que el Mesías empieza a estar en vosotros
mismos, después, todas las cosas que necesitéis os serán dadas.
Somos todos dioses en potencia ya que somos Dios mismo; muchos de vosotros tratáis de seguirme, os gusta
escuchar mis enseñanzas, pero si no ponéis en práctica estas cosas que os hablo no adelantaréis nada, el
verdadero judaísmo es practicar las enseñanzas de los profetas y no solamente creerlas, porque saber un
oficio y no practicarlo de nada sirve; los mandamientos de Dios no son para creer, recitarlos en voz alta, hablar
de ellos, etc., son para vivirlos; así pues, no se trata de creer o no creer en nuestro Padre Dios, hay que sentirlo
en uno mismo, nuestro espíritu debe estar en completa armonía y unión con el Espíritu Universal de Dios.
Aprended de mi, soy Yehoshuah de Nazerat vuestro amigo; tener al Espíritu es tener la Luz, la Paz, la Justicia,
el Amor de Dios en uno mismo; vivid estas cosas y después podréis predicarlas, enseñarlas a los demás
siendo verdaderamente mis discípulos.
Sobran pues los maestros religiosos ya que la religión de Dios tiene un sólo Sacerdote, un sólo Rabí, el Espíritu
Universal, que al estar en y con los espíritus humanos, hombres y mujeres, nos transforma a todos en
verdaderos sacerdotes y profetas de Dios.
Pero como a los sacerdotes les molestaba que un simple chapucero de la madera predicara cerca del templo y
sobre todo como lo hacía Yehoshuah gritando en voz alta, salieron junto a los ancianos, del templo, molestos
de esa falta de respeto a las costumbres religiosas, y acercándose al rabí le dijeron: –¿Quién te ha dado
autoridad para predicar como rabí?. Entonces Yehoshuah con toda naturalidad, después de unos segundos de
silencio les dijo: –Vosotros queréis saber con qué autoridad hablo de nuestro Padre Dios, pero antes explicad a
la gente si la purificación de Yokanaán en el Jordán le venía dada del cielo o no.
Entonces los sacerdotes mirándose unos a otros dijeron que no sabían nada de ello y antes que pudieran de
nuevo hablar el rabí les volvió a decir: –Pues de igual manera tampoco os puedo explicar la autoridad porqué
hablo estas cosas, que no sea a través del Espíritu de los profetas que está en mí y en todo hombre y mujer;
pero os pondré un ejemplo para que vosotros sacerdotes lo entendáis mejor:
Un hombre tenía un campo que labrar y dos hijos que le ayudaban. Un día dijo al primero: –Hijo, ayúdame a
labrar esta mañana el campo que ya le hace falta; el hijo le contestó que no podía, pero después le supo mal y
fue a ayudar a su padre. Al día siguiente dijo lo mismo al segundo y este le contestó que sí, que le ayudaría,
pero al final no lo hizo y dejó a su padre sólo con todo el trabajo.
Habiendo escuchado esto, os pregunto como estudiosos de la Ley, ¿cual de los dos hijos obró bien con su
padre?. Los sacerdotes y ancianos sonriendo contestaron: –El primero.
Entonces el carpintero les dijo: –Muy bien, pero ahora como sacerdotes de la religión judía os pregunto, ¿cómo
es que sabéis decirnos donde se encuentra la buena acción de los dos hijos e ignoráis si la purificación de
Yokanaán era de Dios o no?; ¿no os dais cuenta de que hasta los publicanos y las rameras os van delante en
las cosas del Espíritu?.
Todo el mundo sabe que Yokanaán era un hombre bueno y de justicia, un profeta, sin embargo vosotros
sacerdotes no lo reconocisteis como tal, si no al contrario, lo abandonasteis delante de los romanos y
permitisteis que lo mataran sin oponeros a esta injusticia; sin embargo nosotros, los pobres, los publicanos y
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las rameras a los que tanto condenáis en vuestros sermones, sí que lo reconocimos y hasta nos dejamos
purificar por él en el Jordán.
Piedras angulares
Los sacerdotes se indignaron de lo que decía el rabí, pero no sabían que contestarle. Yehoshuah continuó
hablando a todos con otra parábola: –Imaginaos a un hombre que plantó un viñedo y como tenía que irse lejos,
lo dejó al cuidado de unos labradores. Pasó el tiempo y cuando era época de recogida el hombre envió un
ayudante para recoger el fruto de la cosecha; pero al verlo llegar los labradores, celosos del fruto, lo apalizaron
y expulsaron. Entonces el hombre volvió a enviar otro ayudante y pasó lo mismo. Por último el hombre envió a
su hijo creyendo que lo respetarían y los labradores al verlo pensaron que si mataban al heredero ellos se
podrían quedar con el viñedo; y así hicieron matando al hijo. Así pues, ¿cómo actuará el hombre con aquellos
labradores que no sea con justicia e indignación?.
Y es que los profetas solían decir que las piedras que eran rechazadas por los constructores, acababan siendo
colocadas en las esquinas de las calles. Entended que Dios no hace acepción entre los seres humanos,
hombres o mujeres, es más, tampoco os ha de sorprender que los profetas salgan de entre los pobres, porque
Dios es justo.
Los ancianos y sacerdotes volvieron a indignarse de las palabras de Yehoshuah, pero como no podían rebatirle
porque la gente estaba con él, se marcharon ante la mirada de todos y Yehoshuah continuó hablando en
parábolas diciendo: –La justicia de nuestro Padre Dios es semejante a la de aquél hombre que, feliz de la boda
de su hijo, hizo una gran fiesta e invitó a todo el pueblo a participar; sin embargo los más ricos del pueblo le
empezaron a poner excusas para no ir a la fiesta y llegada la hora sólo aparecieron los familiares y amigos. El
hombre indignado empezó a recorrer calles, plazas y caminos y escogió de entre todos a la gente más pobre y
humilde del pueblo para llevarlos a la fiesta donde comieron y se hartaron hasta el amanecer.
En las cosas del Espíritu, muchos son los llamados pero pocos los escogidos, y no por tener dinero, poder o
conocimientos religiosos, se esta más cerca de Dios.
Dos únicos mandamientos
Un fariseo que le escuchaba le dijo: –Rabí, tú que hablas de justicia y dices que la verdad está por encima de
todas las cosas, dinos, ¿debemos pagar el tributo al César o tenemos que negarnos?. Pero Yehoshuah vió las
intenciones del fariseo y le contestó: –¿De quién es la moneda?; –del César, replicó el fariseo; –Entonces da al
César lo que es del César, pero no te olvides de dar a Dios lo que es de Dios; –y el rabí añadió– y si el Espíritu
viene de Dios y también la vida que nos da para respirar, ¿con qué tributo se queda el César que no sea con
unas miserables monedas?.
El fariseo sorprendido no sabía que contestar, entonces un saduceo le preguntó: –Rabí, la Ley de Moisés dice
que cuando muera un hombre casado y tenga hermanos, su mujer ha de ser tomada como esposa por el
siguiente hermano y si este muere también, a continuación el otro hermano ha de tomarla y así hasta el último.
Pero al final, cuando la mujer muera y se encuentre frente a todos los hermanos, ¿de cual de ellos será aquella
mujer?.
Y el rabí Yehoshuah le contestó: –Vosotros vivís según la religión, os casáis según los ritos y al morir seguís
ignorando donde vais a ir; pero el ser humano que verdaderamente está con Dios sabe que todo es Espíritu y
que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios que es el Espíritu. Y el Espíritu, que no tiene sexo, ni es
hombre ni mujer sino que es infinito por ser Dios mismo y por tanto no puede ya más morir, reencarnarse en
otro físico para seguir evolucionando sí, pero no morir, porque todo es vida.
Os es necesario comprender que el Dios del que os estoy hablando no es el dios muerto que os predican en
los templos, sino el Dios de la verdadera vida; porque no hay nada en los cielos y en la Tierra que no tenga
vida, ya que todo lo que existe está en Él.
El saduceo dijo al carpintero: –Hablas con sabiduría y en verdad debe ser así.
Entonces salió un escriba que estaba escuchando entre la multitud y le dijo: –Rabí, quisiera hacerte una pregunta, ¿cuál es el mandamiento más grande que has leído de la Ley?. Y en aquél momento volvió a repetirse el silencio producido en la montaña tiempo atrás, y después de unos segundos, el rabí exclamó en voz alta: –Shemá Israel Iedonah Ealohenu Iedonah Ajad; ¡Oye, Isra-e-l: el Señor, nuestro Dios, el Señor es Uno!; amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza, y a tu prójimo como a tí mismo; estos son los dos únicos y más grandes mandamientos en los que se han basado, tanto los
profetas, como la Ley.
El escriba emocionado dijo al rabí: –Rabí, en verdad tú enseñas el camino para ir a Dios, porque está escrito que el Señor es Uno y no hay otro mandamiento mayor a estos, y amar a nuestro Padre Dios con todo el corazón, con toda nuestra alma y con todo nuestro entendimiento así como amar al prójimo como a nosotros mismos, es mayor que todos los holocaustos y sacrificios religiosos que podamos hacer.
Yehoshuah lo miró con cariño y le contestó: –Ya veo que reconoces donde se encuentra la verdad y no estás lejos de comprender lo que es el reino de los cielos. Entonces se dirigió a los demás escribas y fariseos que se encontraban escuchando y les dijo: –Contestadme a una pregunta vosotros que sois escribas, fariseos, hombres de religión, decidme, ¿por qué los sacerdotes predicáis que el Espíritu es hijo del rey David si David le llamaba mi Señor en sus oraciones?.
32
Aquellos hombres se miraban pero no sabían que contestar, y Yehoshuah continuó diciéndoles: –La cosa es muy sencilla, porque en vez de respetar el sencillo mandamiento del amor al prójimo, los hombres han organizado religiones y establecido por encima de Dios jerarquías humanas, grupos compuestos de ricos y pobres, unos que nadan en la abundancia mientras que los pobres, si no tenemos trabajo acabamos mendigando robando o apartados como hacéis con los leprosos. Mientras tanto vosotros que os metéis en comunidades o en los templos para ser sacerdotes y que os llamen rabí, acabáis interpretando la Ley de Moisés como os han enseñado, según la conveniencia de vuestra jerarquía.
Entonces se escuchó un fuerte murmullo entre la gente que estaba escuchando con atención sus palabras.
Pero el rabí continuó diciendo a todos:
–Amigos, oíd bien lo que os estoy diciendo; tened cuidado con la religión; escudriñadlo todo, pero retened sólo
lo bueno; podéis escuchar lo que dicen los sacerdotes, pero cuidado con seguirles. Todos sabemos que lo que
predican no lo cumplen, y en cambio imponen cargas pesadas a los pobres que nadie puede llevar; que en vez
de trabajar y ganarse el pan que comen, sólo se preocupan de sus vestidos y de su limpieza exterior, pero por
dentro son aves de rapiña cargados de egoísmo e hipocresía, vanidosos a los que les gusta rezar y ayunar en
las plazas para ser vistos por todos; buscando los primeros sitios dentro de las sinagogas y paseándose por las
calles para que les llaméis ¡rabí, rabí!
No olvidéis que un buen judío no llama a nadie rabí, porque comprende que sólo hay un Rabí, el Espíritu que
nos inspira a todos; tampoco llama a nadie padre espiritual pues sabe que sólo tenemos un Padre Espiritual
que es Dios. Comprended que no hay diferencia alguna entre los seres humanos, todos somos iguales ante
Dios. El más grande en la Tierra, es el más pequeño delante de Dios y el más pequeño de entre los hombres,
es grande delante de nuestro Padre, porque Él es justo y así quiere que seamos nosotros.
Pero algunos escribas se sintieron ofendidos de la crítica y uno de ellos le dijo: –Rabí nos estas ofendiendo a
todos cuando criticas a los sacerdotes.
Entonces Yehoshuah se volvió hacia los escribas y en voz alta les dijo: –Vosotros sacerdotes, si de verdad
practicarais el amor al prójimo, no pondríais tantas pegas a los pobres y a la justicia de Dios que denunciaban
los profetas; pero como muchos de vosotros no queréis trabajar para ganaros el pan que coméis, os escondéis
tras la letra muerta. sois vosotros los que ofendéis a los pobres ocultando las injusticias, y ni entráis en las
cosas de Dios ni dejáis entrar a los que os siguen; ciegos que guían a otros ciegos y al final todos caen por
vuestra culpa.
¿De qué os sirve escucharme por caminos y pueblos o por las orillas de Gineret, si lo hacéis tan sólo para
criticarme y acusarme de blasfemo o comilón?; falsos, hipócritas!, ¿acaso no sois vosotros los que vais
rezando en las casas de las pobres viudas cuando están indefensas, para luego devorarles los pocos bienes
que les quedan?. ¿No son vuestras leyes religiosas las que condenan a todo aquél que jura por el templo?, sin
embargo nada se dice del oro que es acumulado en el, ¿acaso Dios necesita oro y riquezas humanas para ser
adorado?; generación de víboras!, ¿por qué condenáis a quien tiene por templo el cielo estrellado y ora desde
su casa al Dios que lo creó?. Los pobres no os necesitamos para hablar con nuestro Creador?.
Y vosotros, ¡fariseos ciegos!, ¿de qué os sirve limpiar tanto el vaso y el plato, si delante de la suciedad de las
injusticias os calláis?; no sois más que sepulcros blanqueados, bien vestidos para ser mirados, pero por dentro
podridos y llenos de huesos. ¿Por qué edificáis sepulcros en recuerdo a los profetas si en vida los estáis
continuamente persiguiendo?. ¡No sois más que guías ciegos, que vais colando el mosquito y os tragáis el
camello!.
Ya decían los profetas: –¡Jerusalem, Jerusalem!, que matas a los profetas y echas a pedradas a los que Dios
envía; cuantas veces he querido juntar a tus hijos a través del Espíritu y tú no has querido por causa de tu
egoísmo y fanatismo religioso–.
Y todo esto que digo no soy yo, sino el Espíritu que continuamente dice a los poderosos de Israel a través de
los siglos: Te envío profetas, gente pobre que clama justicia, y en cambio vosotros los perseguís de ciudad en
ciudad deseando su muerte, crucificándolos y azotándolos en los templos y sinagogas. En verdad te digo Israel
que llegará el día en el que tus calles y plazas quedarán desiertas de profetas y tus gentes clamarán al cielo
para que de nuevo vuelvan, pero ya no quedará ni tan siquiera del templo piedra sobre piedra.
En aquél momento se había concentrado mucha gente alrededor del rabí y los sacerdotes habían avisado a los
romanos; al llegar los guardias empezaron a dispersar a la gente diciendo: –¿Quién es el responsable de
esto?.
Entonces el rabí les dijo: –Dejad a la gente que se vaya pues no tienen culpa, si tenéis que arrestar a alguien
arrestadme a mi. Al ver que se iban a llevar al carpintero, algunos de sus amigos dijeron a los romanos: –Si os
lleváis al rabí llevadnos también a nosotros, porque si es delito hablar, delito también debe ser escuchar.
Pero la sencillez y lealtad de los amigos de Yehoshuah hizo que los soldados acabaran con aquél incidente tan
sólo dispersando a la gente de aquél lugar. Al salir de la ciudad, los amigos y seguidores del rabí estaban
asustados y esperaban la peor de las represalias, tanto de los romanos, como del poder de los sacerdotes,
pero el rabí los tranquilizaba con ánimos y palabras de aliento.
El poder milagroso atribuido religiosamente al judío carpintero Yehoshuah de Nazerat, no ha hecho más que
alejarlo de la comprensión sencilla de la gente, confundiendo su realidad humana con la fantasía religiosa que
se ha fabricado a su costa.
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Si en la actualidad pudiéramos entrar en cualquier iglesia, pagoda, mezquita, asram, sinagoga, etc. existentes
en el mundo y rebatir a los sacerdotes o dirigentes religiosos sus argumentos con palabras acusadoras, seguro
que acabaríamos siendo expulsados incluso por la propia policía. Sin embargo ese poder divino atribuido al
rabí ha acabado convenciendo al mundo creyente de que el entorno político, religioso y social en el cual vivía el
obrero carpintero estaba continuamente pendiente de él y de sus palabras, pendiente de un sencillo y pobre
trabajador; ¿por qué toda esta parafernalia?, ¿para demostrar la divinidad de un sencillo campesino judío?.
Poco se han manipulado aquellas palabras del rabí cuando dice: Dad al César lo que es del César y a Dios lo
que es de Dios; o aquellas otras que dicen: Dios es Espíritu y Vida y nosotros somos exactamente lo mismo,
Espíritu y Vida. El mensaje espiritual o evangelio pobre del rabí siempre consistió en aclarar a los pobres y de
paso recordar a los dirigentes de las religiones, que todo es divino y que nadie tiene derecho a manipular la
vida, y mucho menos la vida espiritual del hombre, sea éste religioso o no lo sea.
Otra cosa era y es cumplir con las normas simples y humanas de convivencia, pagar contribuciones, aplicar
leyes de reparto del trabajo y vida social, etc., si con ello se consigue un auténtico desarrollo social y humano
que permita mejorar la convivencia. Pero como antaño, en la actualidad se siguen pagando ciegos tributos de
una manera feudal a un César actual llamado capitalismo, impidiendo así que la conciencia se mantenga libre y
siempre vigilante, con el fin de que el poder humano, político y religioso no atente ni sobrepasase la esencia de
lo que realmente somos, espíritus libres.
Las religiones, en vez de aclarar estas palabras las han tergiversado para continuar cobrándose un tributo que
dura siglos, tributo que les han convertido en amenazantes poderes políticos enriquecidos a costa del
empobrecimiento de gran parte de la humanidad. Lo triste de todo esto es que la bendición religiosa que
reciben hasta el día de hoy los ejércitos de todo el mundo, sólo sirve para poder masacrar pueblos enteros en
nombre de Dios. ¿Qué derecho tienen los gobiernos, militares y sectas consideradas religiones, para disponer
de la vida de millones de pobres, armarnos y obligarnos a matar en sus guerras de poder?.
Si los dirigentes religiosos entendieran un ápice las palabras y el mensaje pobre de Yehoshuah de Nazerat,
hace siglos que hubieran dicho al mundo y a sus seguidores: –¡Cuidado amigos!, si queréis ser cristianos no
se puede entrar en un cuartel y manejar armas para matar a otro ser humano que es vida, ya que la misma
vida es Dios; dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios nos ha dicho el rabí de Nazerat.
¿Por qué no dicen estas cosas las religiones de todo el mundo, sobre todo el catolicismo y el protestantismo,
retirando a sus sacerdotes, pastores, rabinos, etc., de los cuarteles, barcos y aviones de guerra de todo el
mundo y excomulgando a todo aquél que compre, venda o use armas para matar a otros seres humanos?.
En Mallorca y en muchas partes de España, el respeto hacia una persona anciana u hombre sabio y
bondadoso es traducido bajo la palabra maestro, –es decir, maestro Juan, maestro Pedro, etc.,– siendo esta
sencilla veneración el mejor respeto para la condición de ser humano. La adoración y veneración personal que
exigen las jerarquías religiosas a sus creyentes, constituye una auténtica y obligada ofrenda al César y es
contraria al mensaje espiritual del rabí, siendo esta una clara manipulación de la realidad humana tanto de
Yehoshuah de Nazerat como de todo hombre y mujer que aporte un poco de luz a esta cegada humanidad.
A los sacerdotes y dirigentes de las religiones organizadas, sobre todos de las llamadas cristianas, se les
tendría que caer la cara de vergüenza por ocupar puestos de relevancia social, o de presentarse ante el mundo
bajo la tutela de estudios y títulos honoríficos basados en unos supuestos conocimientos sobre los hechos y
vivencias del sencillo jornalero Yehoshuah; más bien nos tendrían que pedir perdón a todos los pobres del
mundo por habernos hecho sufrir los atropellos del poder de sus instituciones eclesiásticas, sembrando de
terror y de miedo a nuestros antepasados durante siglos.
De comprender el sencillo cristianismo del carpintero Yehoshuah de Nazerat, la cúpula sacerdotal acabaría de
una vez por todas eliminando la ridícula hegemonía jerárquica, y en un acto de humildad pública, como así lo
hizo hace 2000 años un escriba a Yehoshuah, desnudarían su conciencia bajo aquellas mismas palabras
diciendo: –Rabí (maestro), en verdad estas enseñando el verdadero camino hacia Dios, y siempre has tenido
razón cuando repetías al mundo que, el amar al prójimo con todo el corazón y con todas las fuerzas, es mejor
que cualquier sacrificio religioso que pueda hacer el ser humano.
Este podría ser el primer paso que ayudaría a redimir espiritualmente las múltiples atrocidades que todas las
organizaciones religiosas ha cometido durante siglos con los pobres del mundo, seamos o no creyentes, y no
las escusas y el perdón pedido a los pueblos, como fue en su momento al pueblo israelita, que de nada sirven
si se sigue amparando la injusticia social dentro de los mismos templos, engrandeciendo de esta manera la
deuda moral con un mundo en el que va encaminado irremediablemente a la practica de la justicia,
responsabilidad esta a cargo del tribunal Internacional.
Un carpintero profeta
Yehoshuah de Nazerat era un carpintero, un galileo pobre, pero no un ser tonto e ignorante; eran intensos y
acalorados los debates que realizaba con sus amigos y seguidores al terminar el trabajo, y cuando no, sus
amigos lo buscaban allá donde fuera para pedirle consejo, con el único fin de que les hablara de Dios y del
futuro del hombre.
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En la redondez de la tierra
Así ocurrió en aquella ocasión en Jerusalem, cuando el rabí y sus amigos fueron reprendidos por los romanos
en una discusión con los sacerdotes; aquél día, por las montañas cercanas a Jerusalem, los seguidores y
amigos que habían ido con él a la ciudad, empezaron a hacerle preguntas sobre el futuro: –Rabí, cuéntanos
algo más sobre las cosas que han de venir, ¿es cierto que el templo desaparecerá?.
Y el rabí les decía: –No solamente el templo, sino también las jerarquías de todas las religiones; la verdadera
religión del futuro no es más que la bondad y la justicia puestas en práctica, por eso el verdadero profeta
cuando habla del futuro, no predice más que el presente que vive dentro de sí mismo. Los pobres debemos
guiarnos por la única verdad de Dios, el amor al prójimo y no como hacen los ricos, a través de mentiras, robos,
engaños y asesinatos como ocurre ahora.
A los religiosos les molesta que los pobres hablemos de justicia y de Dios fuera de sus templos y sinagogas;
ellos saben que la religión del futuro se encuentra dentro de los hombres, y no fuera de ellos, una religión sin
sacerdotes ni jerarquías, sin templos ni riquezas. Y como temen esto, usan el poder que tienen para crear
conflictos y enemistar a los pueblos creando guerras para que los pobres se odien, se maten unos a otros y no
tengan tiempo de pensar en lo importante que es vivir en justicia y en paz, la paz de Dios.
Por eso os digo, procurad estar despiertos y no ser engañados; yo no estaré siempre con vosotros, y es seguro
que en vuestra vida encontraréis muchos hombres, en general vividores, que os dirán lo que debéis hacer y
como tenéis que actuar; sed vosotros mismos y no os preocupéis por vuestras palabras y forma de hablar, que
el Espíritu de los profetas estará con vosotros y hablará por vuestra boca.
–Rabí –dijo uno que deseaba saber más del futuro de Israel–, nuestros padres fueros esclavos en Egipto,
ahora lo somos nosotros de Roma, ¿cuándo acabará esta esclavitud que sufrimos?
–¿Qué cuando acabará esto?, –dijo el rabí– cuando se deje de alimentar el odio entre los pueblos, ¿es que no
habéis visto lo que ha pasado hoy con los sacerdotes en Jerusalem?. La religión sólo sirve para dividir y sus
sacerdotes son preparados para ocultar toda aquella verdad que haga a los hombres más libres y más
humanos. Y usarán las guerras como excusa, o nos entregarán en los concilios y nos matarán si les conviene,
por el simple hecho de hablar de la verdad, por defender algo tan simple y sencillo como es la bondad humana.
Pero no os preocupéis porque todo esto ha de pasar; es cierto que es difícil entender tanto sufrimiento, tantas
injusticias, guerras entre pueblos, miseria, familias enfrentadas entre sí por el odio y el egoísmo, etc., además
de los desastres y enfermedades naturales que padecemos de la tierra; cuantas veces en mis oraciones he
pedido al Padre cuando acabará todo esto.
Por eso vosotras, mujeres, debéis tener cuidado en no traer tantos hijos a estos tiempos, porque los hijos son
como perlas que no deben tirarse a los cerdos que dominan, pues el sufrimiento será aún mayor del que ahora
tenemos; la guerra es como un diluvio, nadie sabe cuando empieza, ni tampoco cuando acabará, viene sin
avisar y destroza todo cuanto encuentra en su camino; pero el Dios que nos ha enviado a esta Tierra, que es el
Dios de la vida y no de la muerte, nos ha dado una cabeza para que pensemos por nosotros mismos y no nos
dejemos engañar por los sermones de los sacerdotes y poderosos de la Tierra: razonemos bien las cosas y
reduciremos el sufrimiento humano.
Al oír estas palabras uno de sus seguidores le preguntó: –Rabí, ¿y cuándo acontecerá todo esto?.
Yehoshuah les continuaba diciendo: –Pensemos por un momento en los árboles, sobre todo en una higuera,
durante un tiempo parece que está muerta porque la vemos seca, pero cuando le empiezan a salir las hojas
todos sabemos que se acerca el buen tiempo para que dé fruto. Lo mismo ocurrirá con el mensaje o buena
nueva que estamos hablando; las religiones poderosas intentarán ocultar estas verdades a los pobres y
esclavos de Israel y en general de otros pueblos, incluyendo los de Roma, pero no podrán, y la idea de que el
Espíritu de Dios se encuentra en el interior de todo hombre y mujer, será la pesadilla de los sacerdotes
religiosos del futuro que se levantarán como falsos profetas y guiarán al engaño a toda la humanidad mientras
puedan.
Porque es culpa de los sacerdotes que la gente sufra por causa de sus ansias de poder; son ellos los que
generación tras generación nos imponen cargas, temor y sufrimiento a los pobres, hombres, mujeres y niños,
sin respetar tan siquiera la vida; pero el cielo y la tierra pasarán, sin embargo mis palabras no pasarán en
vano, nos dice a todos el verdadero Maestro, el Espíritu.
En el futuro, llegará un momento en el que el hombre, guiado por el Espíritu, sentirá necesidad de mirar al
cielo, y entonces nuestros descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando hoy aquí, siendo de
nuevo entre los pobres que surgirán mis palabras sacando a la luz lo que tanto tiempo ocultaron las religiones,
la justicia de Dios.
En aquellos días, la Luna, el Sol y las estrellas estarán más cerca de la humanidad que nunca y la verdad
volará por la redondez de la Tierra y nadie podrá ocultarla; ese será el momento de renacimiento del Espíritu
entre los pobres y el fin de todas las religiones, acabando la higuera su época estéril y anunciando así la
llegada del verano. Como hace un buen pastor separando a la izquierda las ovejas y a la derecha los cabritos,
así hará simbólicamente el Espíritu con los hombres en aquel tiempo.
Y dirá a los de su izquierda: ¡Venid, pobres del mundo, venid y heredad la tierra que desde el principio os
perteneció!, porque cuando tuve hambre, me disteis de comer; cuando tuve sed, me disteis de beber; estando
desnudo me cubristeis, enfermo y me consolasteis; encerrado en la cárcel y me vinisteis a ver. Entonces, los
pobres y justos le dirán: –Pero Señor, ¿cuándo hicimos todas estas cosas, ya que no nos acordamos?. Y el
Espíritu les contestará: –En verdad os digo que todo cuanto hicísteis de bien en el mundo, a mi me lo hicísteis.
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Y cogerá a los de su derecha y les dirá: –Apartáos de mi, que no os conozco, porque tuve hambre y no me
disteis de comer, sed y no me disteis de beber, estuve desnudo y no me cubristeis, enfermo y no me
consolasteis, en la cárcel y me abandonasteis. Y también los de su derecha contestarán: –Pero Señor,
¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, enfermo o en la cárcel?. Y el Espíritu les recordará: –
También a vosotros os digo que todo cuanto habéis hecho a los más débiles e indefensos, a mi me lo habéis
hecho.
Los amigos obreros que estaban con él, entre los que se encontraba Simón el pescador, se emocionaron
oyendo hablar al rabí del futuro, al tiempo que quedaron pensativos. Yehoshuah, para romper el silencio les
preguntó: –Hablando de otra cosa, cuando la gente habla del hijo del hombre, ¿a quien se refiere?. Y sus
amigos contestaron: –Hay quienes creen que a Yokanaán el purificador o a alguno de los profetas de la
antigüedad como Jeremías o Elías.
Y volvió a preguntarles: –¿Y vosotros qué pensáis de esto?. Y Simón le dijo: –Rabí, hablan de tí creyendo que
eres un mesías, un libertador; pero yo pienso que el verdadero Mesías es el Espíritu de Dios que está contigo.
Y Yehoshuah le dijo: –Exacto Simón, sólo agarrándose fuertemente a la roca del Espíritu, que es Dios, se
puede edificar el verdadero templo que se encuentra dentro de todo ser humano, aunque lo importante para el
hombre sea el vivir la bondad, ser bueno no significa ser tonto; hay que ser sencillo como una paloma, pero
prudente como una serpiente, porque si sólo somos palomas, al final seremos pisoteados, pero si sólo somos
serpientes acabaremos siendo odiados y muertos.
A los sacerdotes, sobre todo de Jerusalem, no les gusta que la gente pobre alce la voz y les resten
importancia, y seguro que no dudarán en denunciarnos y entregarnos a los romanos si hablamos de los
derechos de los pobres y de la justicia humana; pero lo importante es sembrar la semilla del Espíritu, porque
llegará un día en el que esta semilla que tratan de ocultar siempre los poderosos crecerá por toda la Tierra,
como crece la hierba al tercer día de haber sido sembrada.
Al oir las palabras de Yehoshuah, sus amigos tuvieron miedo y Simón le volvió a decir: –Pero Yehoshuah,
sabiendo como están las cosas con los romanos, ¿acaso vale la pena comprometerse tanto con una idea?.
Y Yehoshuah le contestó: –Te entiendo Simón, yo también tengo miedo al sufrimiento; cuantas veces hablando
con el Maestro le he pedido que apartara las injusticias y el sufrimiento que nos producen los poderosos a los
pobres. Pero cuando estás con el Maestro, el Espíritu, los temores desaparecen, y te das cuenta con claridad
que lo importante en este mundo es crecer espiritualmente, y en la medida que se pueda, ayudar a otros a que
hagan lo mismo, y así, todos, ir avanzando en la perfección que és Dios.
Y aunque es cierto que hay que ir con prudencia, tampoco hay que quedarse cruzado de brazos, porque esto
también es muerte. Hacer comprender que la verdadera vida está en el espíritu y no en el cuerpo, es lo
importante, porque al final, nuestro cuerpo vuelve a la tierra de donde salió y nada se lleva con él; recordad que
las cosas que os hablo son verdad y espíritu, y que de la carne nada se aprovecha.
Después de oir las palabras del rabí, nadie volvió a preguntar nada en aquella tarde, volviendo de nuevo todos
a Galilea.
El sueño de los profetas
Una tarde de verano siendo shabat, estaba el rabí con su hijo Yokanaán y con algunos de sus amigos por los
montes cercanos de Galilea; aquel atardecer se presentaba agradable por lo que pasaron la noche en la
montaña. Sentados por el suelo después de comer continuaron hablando y contando sus experiencias
personales.
Uno de ellos empezó a contar un sueño que había tenido; mientras lo hacía tanto el rabí como los demás
amigos escuchaban atentamente sus palabras:
–La otra noche soñé que nos encontrábamos como ahora, encima de una montaña muy alta y Yeschu estaba
hablando con unos hombres luminosos que me parecían antiguos profetas. Recuerdo que era tan agradable
aquel momento que pedí al rabí y a los profetas quedarnos allí; recuerdo que me desperté tan emocionado que
hasta lloré. Al acabar de contar el sueño se dirigió a Yehoshuah y le preguntó: –Rabí ¿es posible a través de
los sueños hablar con los profetas?. Yehoshuah asentando con la cabeza decía: –Me alegra que también
vosotros me contéis vuestros sueños y experiencias, porque las casualidades en estas cosas no existen; no es
casualidad que hoy estemos en esta montaña juntos, como no es casualidad que tengáis estos sueños; todo lo
que podáis experimentar espiritualmente está ahí, en el aire, sólo hay que sentirlo, experimentarlo. ¡¿Hablar
con los profetas?, si cada día hablo con ellos!; ¿en cuántas ocasiones os he dicho que lo importante es la
oración, el diálogo con Dios?, !orad sin cesar!.
No hace falta estar dormido para hablar o conversar con Dios o con los profetas, basta que concentréis vuestro
pensamiento en este deseo y se producirá. –Enséñanos pues, cómo lo haces tú– decían sus amigos. Entonces
el rabí, para darles idea acerca de la meditación y de la oración, sentado en el suelo y mientras les explicaba
en voz baja la forma de relajarse y ponerse tranquilo, quedó profundamente dormido pero con los ojos abiertos
y fijos en un punto.
Así estuvo durante un largo tiempo hasta que algunos de ellos, incluyendo Simón, acabaron durmiéndose
también ante el silencio de la noche. Pero quienes quedaron despiertos durante un tiempo más, oyeron como
el rabí conversaba emocionadamente con los profetas y con el Maestro, con el Espíritu; así estuvo el rabí
durante un largo tiempo hasta que al despertar, emocionado y con lágrimas en los ojos, se encontró con que
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todos dormían por lo avanzada de la noche, salvo su hijo Yokanaán que agarrado a él no dejó de observarlo
hasta que al final se quedó dormido en su hombro.
De madrugada Simón puso en pié a todos para regresar al pueblo y cuando fue a despertar al rabí y a su hijo,
este no se atrevía porque fue el primero en dormirse. Una vez despiertos todos, empezaron a bajar al pueblo
hablando sobre la noche en la montaña y Simón entusiasmado, tropezó y estuvo a punto de caerse al suelo,
entonces el rabí que estaba a su lado lo agarró del brazo y le dijo: –Con lo grande que eres Simón y con lo que
pesas, y una simple piedra pequeña casi te hace caer. Pero Simón le contestó: –Es que todavía estoy dormido
rabí. –Sí ya lo veo, –volvió a decir Yehoshuah– ayer noche fuiste el primero en dormirte y hoy eres el último en
despertarte. En ese momento todos reventaron a reír, incluyendo a Simón.
Y cuando acabaron de reir, uno de ellos le decía: –Rabí, los escribas dicen que antes de que venga el Mesías,
ha de venir Elías, pero si tú dices que el Mesías está entre nosotros, ¿dónde está Elías?. Entonces Yehoshuah
les contestó: –¿No os dais cuenta de que Elías ha estado también entre nosotros y que por hablar de justicia
han hecho con él lo mismo que con los demás profetas?.
Entendiendo pues que el carpintero les hablaba de Yokanaán el purificador, volvieron a quedar en silencio
hasta que llegaron de nuevo al pueblo.
El impuesto de los pobres
En cierta ocasión, entrando Yehoshuah en el pueblo con sus amigos, tras una larga y agotadora jornada de
pesca, los recaudadores de impuestos los abordaron en la calle recordándoles la obligación del pago del
impuesto: –Pensad en pagar el tributo, y tú Yeschu no olvides que debes dinero por el censo de tus hijos.
Pero tanto el rabí como sus amigos pescadores no tenían dinero y no podían pagar, así que Yehoshuah dijo a
Simón: –Simón, sólo queda una solución, vender los peces que hemos pescado y sacar dinero para pagar el
tributo–. Así hicieron, vendiendo como pudieron la pesca y con el dinero que les quedó, pagaron el impuesto a
los recaudadores, y se quedaron aquel día sin poder llevar nada que comer a sus casas.
Pero de vuelta a sus hogares, sin nada que ofrecer a sus familias aquel día, pasaron delante del templo y
vieron como una pobre anciana antes de entrar en el edificio se sacaba dinero para darlo a los sacerdotes;
Yehoshuah no pudo aguantar aquella escena, entonces se acercó a la pobre anciana y le dijo: –Mujer, guarda
tu dinero, no lo des a los sacerdotes, porque, si no es justo que los pobres tengamos que pasar hambre para
pagar impuestos a los romanos, más injusto es que pasemos hambre para enriquecer a quienes no trabajan y
predican las cosas de la religión.
Y contándole lo que les había pasado con el pescado y el impuesto, la mujer agradeció las palabras del rabí y
desde aquel día la anciana ya no dio más dinero al templo. El rabí, dirigiéndose a sus seguidores les decía: –
¿Os habéis dado cuenta de la lección que hemos tenido hoy?.
Y Simón le dijo: –¿Qué quieres decirnos con esto rabí?. Entonces Yehoshuah le contestó preguntándole: –
Dime Simón, los romanos, ¿a quienes cobran el tributo, a los ricos o a los pobres?. Y Simón le respondió: –A
los pobres. –Entonces, –dijo el rabí– ¿no te das cuenta de que los únicos extraños en nuestra propia tierra
somos los pobres, y que los rabinos y sacerdotes, en vez de denunciar esto se callan y continúan ellos también
con la injusticia exprimiendo al pueblo?. Ya veis, tan sólo les preocupa el dinero, aunque los más pobres
tengan que pasar hambre; abrid pues los ojos y procurad estar atentos a estas cosas.
Mesías del corazón y de la razón
No era de extrañar pues que, cuando el carpintero hablaba a la gente, sobre todo cuando estaban presentes
sacerdotes, fariseos o religiosos, hablara con más contundencia de este futuro religioso, asegurando que
llegaría un momento en el que el Mesías sería vivido ya por todo ser humano, fuera hombre o mujer; por eso
sus palabras e ideas siempre sonaban en la gente como profecías, pero como sentencias en los oídos de los
religiosos.
En otra ocasión, los mismos fariseos le preguntaron que cuando acontecerían todas estas cosas, y él les decía:
–El día y la hora nadie lo sabe, pero el Mesías ya está aquí, lo que pasa es que vosotros no lo veis porque
estáis ciegos, ya que de nada sirve buscar fuera del hombre aquello que está ocurriendo dentro de su corazón
y de su pensamiento. El Mesías no es un hombre que vendrá para arreglar las cosas en el futuro, sino el eterno
milagro de la bondad hecho realidad en el corazón de todos los hombres.
Y continuaba poniendo ejemplos en forma de parábolas:
–Os pondré un ejemplo para que lo entendáis mejor. Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y
el otro publicano; cuando entraron en el templo, el fariseo se colocó delante y estando de pie, dialogaba
consigo mismo diciendo: –Señor, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrón, adúltero,
injusto, etc., ni tan siquiera como el publicano que está en la puerta; yo ayuno varios días a la semana y
entrego mi diezmo religiosamente al templo.
Mientras tanto estaba el publicano en un rincón de la entrada, y agachando su cabeza pedía perdón a Dios en
silencio y murmuraba para sí en voz baja diciendo: –Ayúdame Señor, y perdona mis errores humanos, tanto los
que me acuerdo como aquellos que no me acuerdo; y continuó guardando silencio.
Con esto os digo que no por darse golpes de pecho y decir con la boca ¡Señor, Señor!, se está más cerca de
Dios; porque todo aquel que se ensalza delante de los hombres será humillado y quien se humilla, será
ensalzado; es más, el que vive la bondad en sí mismo y con los demás, no necesita ir a ningún templo
religioso, ya que vive al verdadero Mesías que es el Espíritu dentro de sí mismo, y Este le guía en su vida. Esta
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es la auténtica religión de Dios, el verdadero Mesías que se vive y se vivirá en el futuro; de Éste es del que os
hablo.
Pero los fariseos como siempre le discutían: –Si es así como tú dices, ¿por qué no hablan las escrituras de
esto?; si nos das una sola señal que venga del cielo te creeremos.
Como en otras ocasiones el rabí acabó diciendo: –Si me pedís señal del cielo, es porque ignoráis la fuerza del
Espíritu, sólo tenéis estudios y os falta lo más importante, el Espíritu. Si pensáis por un momento en los
profetas, veréis que ellos, cuando hablaban de Dios lo hacían a través de sus experiencias; y así como Jonás
quedó atrapado simbólicamente en la oscuridad de una ballena durante un tiempo, hasta llegado el momento
de salir a la luz y hablar, lo mismo está pasando con la justicia del Mesías, ocultada desde hace siglos por los
sacerdotes. Decir cuando llegará el Mesías a la Tierra, es decir cuando acabarán las guerras entre los seres
humanos, cuando se dejará de perseguir y torturar a los inocentes, ancianos y niños, o cuando dejarán de
engañar y torturar a los pueblos, los que tienen el poder de las armas y de la religión.
La falta de bondad entre los hombres y los pueblos, es lo que produce la guerra; ¿cómo puede venir el Mesías
a Israel si aquellos que enseñan al pueblo siguen bendiciendo la guerra y la injusticia de ricos y pobres aún
dentro de las propias sinagogas?. La señal de que el Mesías está con nosotros, sólo la sabe Dios, y todo ojo la
verá cuando haya justicia entre todos los hombres, no antes.
Así pues, Yehoshuah de Nazerat profetizaba un futuro espiritual de una manera muy sencilla, la revolución
pacífica e interior, sin esperar grandes milagros o señales del cielo, pero tampoco sin promover revoluciones
violentas en la Tierra; usando la mejor herramienta disponible en el ser humano, el cerebro, hizo pensar y
razonar las cosas con el único propósito de que la gente que lo conociera tomara conciencia de la realidad que
vivía.
Comunismo a pesar de todo
Se habla mucho de que Yehoshuah eligió a unos cuantos hombres (nada se dice de mujeres) para predicar por
pueblos y ciudades, y que además dio potestad a otros pobres como él para salvar o condenar a quienes les
pareciera bien hacerlo, asegurando estas supuestas órdenes con expresiones de condenación y sufrimiento
eterno si dejaban de cumplir el mensaje religioso que se le atribuye.
Con las ideas de infierno, condenación y salvación, el Vaticano de Roma y el protestantismo de Lutero
reinventaron extraños personajes en los evangelios canónicos, como el llamado Satanás, un personaje
infiltrado de manera subliminal entre parábola y parábola de Yehoshuah, para condicionar las mentes de los
futuros adeptos religiosos: Si Satanás echa fuera a Satanás..., hacen decir a Yehoshuah, para defender la
existencia buena o mala de dicho personaje, que nada tiene que ver con el concepto de bien o mal de la cultura
semita a la que pertenecía el nazareno.
En el recuerdo de la historia de Job, –simbólico profeta del llamado Antiguo Testamento– Dios hace subir y
bajar en multitud de ocasiones a un personaje que representa al mal –entendido este por la teología católica y
protestante como Satanás–, y que va tentando al profeta según las órdenes del Creador, dando a entender que
tanto la bondad como la maldad forman parte de una misma cosa, como una cosa son las dos caras de una
misma moneda.
Y es que muchas cosas bíblicas, entre ellas algunos de los profetas, no son más que personajes simbólicos
que sirvieron en la antigüedad para relatar enseñanzas de la llamada Biblia o Torah judía. Que el cristianismo
organizado usara estos personajes para dar cuerpo a sus temores y miedos, hasta el punto de transformarlos
en seres demoníacos, es la carga de ignorancia que pesa sobre todas estas organizaciones y sobre sus
seguidores.
Recordemos que para la cultura semita, la maldad se reducía al Seol, o sea, a todo aquello que se encuentra
bajo la oscuridad de la tierra, que por tanto el hombre desconoce y que por consecuencia teme; de ahí la
insistencia de los profetas de la antigüedad en hablar de la luz y la oscuridad, o lo que es lo mismo, de la
sabiduría o la ignorancia dentro del propio ser humano. Y es que son tan absurdas las interpretaciones
religiosas que se han creado en torno a estos temas, que están causando una enorme confusión en la mente
de muchos seres humanos.
Otro ejemplo lo tenemos con Adan y Eva, considerados por la teología católica y protestante como el primer
hombre y la primera mujer de nuestro planeta. Sin embargo Adam, en hebreo, es una abreviatura de A-da-má
(tierra) y E-va (vida) y no la incomprensible concepción religiosa de un hombre y una mujer por los cuales
surgiera la raza humana, interpretación que conduce a la única salida posible de reproducción, el incesto
familiar, considerado además por estas organizaciones religiosas como un hecho aberrante en nuestra
cristiana sociedad.
Y es que la idea del bien (o sea, la luz o sabiduría de Dios en el ser humano) siempre es capaz de renacer por
encima de la idea del mal (oscuridad o ignorancia humana), a pesar del paso de lo que llamamos tiempo, un
tiempo también simbólico que explicaban los propios profetas de la Torah cuando decían aquello de un día
para Dios son mil años y mil años para Dios es un día.
La visión profética que Yehoshuah de Nazerat tenía sobre la vida nunca ha podido ser bien entendida, a causa
del agnosticismo de quienes se hicieron amos y señores de su vida durante siglos; sin embargo, esta visión
universal del rabí trasmitida exclusivamente a sus amigos los pobres, es lo que ha permitido que hoy, los
mismos pobres saquen a la luz su mensaje sencillo, sin parafernalias religiosas.
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El rabí formó una pequeña sinagoga pobre y compuesta por pobres. Pero no olvidemos que la palabra
sinagoga o Beth hakenéseth o Midraix en hebreo significa casa de asamblea, de reunión o estudio; por lo tanto
para aquella pobre gente sin medios y sin estudios, sólo era posible crear una sinagoga en el propio hogar, una
idea que cogió tanta fuerza durante los años siguientes a la muerte del rabí, que se pudo conservar intacta
durante siglos a pesar de las persecuciones.
Esta experiencia jamás borrada de la mente de los descendientes de aquellos primeros israelitas cristianos
esparcidos por el mundo, ha sido, junto con las sencillas enseñanzas del rabí, el aliciente del cual se han
alimentado todos las revoluciones sociales que hoy conocemos y clasificamos como ismos, tales como
anarquismo, comunismo, socialismo, etc.
El rabí conoció las palabras de los profetas, como todo judío, al llegar la Bar Mitsvá (hijo del deber), una vez
cumplidos los 13 años, y por tanto, no ignoraba el mensaje de justicia que envolvía muchas de aquellas
profecías de la Torá. Para un hombre de justicia como era el carpintero, el mensaje de los profetas como Isaías
no podía pasar por alto, palabras de justicia e igualdad que hablaban de una nueva forma humana y espiritual
de concebir la vida:
Así dice el Eterno: porque he aquí que yo creo nuevos cielos y una nueva tierra, y las cosas pasadas ya no
serán más recordadas ni traídas a la mente, sino que os alegraréis y regocijaréis por siempre en lo que yo
creo... Y me deleitaré en Jerusalem, y me alborozaré en mi pueblo, y no se oirá más en ella la voz del llanto, ni
la voz de los lamentos. No habrá más allí un infante ni un anciano que no colmen sus días, porque el más joven
morirá a los cien años, y el pecador, de cien años será maldito.
Y construirán casas, y las habitarán, y plantarán viñedos, y comerán sus frutos. Ya no edificarán para que otro
habite, ni plantarán para que otro coma, porque como los días de un árbol serán los días de mi pueblo, y mis
elegidos disfrutarán por largo tiempo la obra de sus manos... No trabajarán en vano, ni parirán por terror,
porque son la simiente bendecida del Eterno, y su descendencia con ellos... No lastimarán ni destruirán en toda
mi santa montaña, dice el Eterno. Isaías 65-21
Pocas cosas en secreto habló el rabí que no las pudieran escuchar todos, incluso los sacerdotes, pero sin
duda, quienes más atentamente le escuchaban y entendían eran los pobres a los que el rabí siempre se dirigía
de esta manera:
–Agradar a Dios es muy sencillo, basta con vivir la vida sencilla, trabajar para poder comer y ser justo; y si hay
ocasión de hablar con la gente, no la perdáis, confiad en que el Espíritu guíe vuestros pasos y vuestras
palabras; sólo así podréis abrir los ojos a los que están ciegos, sólo así podréis resucitar el espíritu a los que
están muertos y sólo así curaréis a los que están enfermos; y procurad no vender vuestra primogenitura por un
plato de lentejas para llenar de oro y plata en vuestras alforjas; recordad que las cosas de Dios no se compran
ni se venden, y si gratis las recibimos de Él, gratis las debemos dar.
Yo mismo me doy cuenta de que no he venido para predicar la paz de los cementerios, sino para remover el
espíritu humano; haced lo mismo vosotros en vuestra vida, empezando primero en vuestra casa, porque en
muchas ocasiones la discordia se encuentra dentro de la familia. Así pues, llevad primero vuestra carga, y
luego podréis ayudar a otros a llevar la suya.
Los creyentes del catolicismo y del protestantismo han acabado aceptando la idea que, un ser humano,
Yehoshuah de Nazerat, resucitó físicamente después de morir; pero los obreros, aquellos que para el rabí
formamos de por sí la iglesia o sinagoga pobre que predicó en Galilea, y estemos en la actualidad en Mallorca
o en cualquier parte de este mundo, tenemos el derecho y el deber de aclarar definitivamente todo lo
concerniente al mensaje de nuestro rabí.
Y la cosa esta muy clara; desde Yehoshuah hasta nuestros días, han pasado dos milenios (dos días para
Dios), habiendo entrado en estos momentos en el tercer milenio (tercer día). Si razonáis estas cosas veréis que
después de tanto siglos, jamás en la historia del llamado cristianismo católico y protestante, se había hablado
con tanta claridad de la sinagoga pobre de Yehoshuah y del retorno del Espíritu o Cristo a través de la justicia,
de la conciencia y de las palabras de los pobres en el mundo.
Que la injusticia humana se asienta dentro de las religiones al estar compuestas por ricos y pobres, explotados
y explotadores es más que evidente; que la religión organizada siempre ha producido y bendecido las más
horribles guerras, nadie lo puede ya negar; pero nunca en la historia del cristianismo, los pobres del mundo se
han involucrado tanto en romper con toda esta falsedad religiosa, como en estos momentos en donde se ve
claramente que la auténtica iglesia, sinagoga, asram, pagoda, mezquita, etc., ha de sencillamente pobre,
teniendo como centro cada hogar y cada persona, como ocurre en estos momentos en la isla de Mallorca con
unas cuantas familias obreras que forman la llamada iglesia Pobre.
Algo está cambiando radicalmente, algo que el carpintero siempre supo y dio a entender con sus palabras y
mensajes, pero que las conveniencias religiosas y políticas de todas las época jamás han permitido que saliera
a la luz, hasta llegado este momento.
Este hecho profético ha dado cuerpo a que los pocos descendientes de cristianos israelitas esparcidos por el
Mediterráneo, llegaran también como esclavos de los romanos a la isla de Mallorca poco tiempo después de la
muerte de Yehoshuah de Nazerat, sobreviviendo durante siglos a la historia a veces brutal de la isla y que bajo
profecías como las de Nostradamus o Juan XXIII se ha visto reflejado de esta manera:
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El caballero, de la isla del Mediterráneo, que vendrá de Israel, y será bajito, tuerto, canoso, etc....,
reunirá a 16 jóvenes y tendrá los mensajes sobre la mesa, hasta el punto de que el mismo papa católico
se los intentará arrebatar, etc....
Pero una cosa es cierta, si no cambias tú no cambia nada y sin este proceso de comprensión en la vida del ser
humano, de poco sirve acudir a las diferentes interpretaciones bíblicas, empapar la mente de profecías, buscar
en las religiones respuestas o incluso acudir a los echadores de cartas, consultar las bolas de cristal, ir a
mediums, depender de los cambios políticos, económicos o religiosos, etc.; de nada sirve al espíritu humano
comprar el cielo que venden las religiones, o pretender apoderarse de las experiencias espirituales de los
pobres como hizo Simón el mago en su tiempo; de nada sirve todo esto, por la sencilla razón de que nadie
puede respirar ni vivir por otro ser humano, por lo tanto, a lo único que estamos condenados es a experimentar
en nosotros mismos el proceso del cambio espiritual.
¿Tán difícil es entender algo tan sencillo como esto?.
La bondad y el humor de
Yehoshuah de Nazerat
El pueblo israelita siempre ha sido un pueblo de muchas fiestas y como buen judío, el carpintero Yehoshuah
de Nazerat también las vivió intensamente, tanto en familia como con sus amigos.
Fiestas como la de los panes o tortas sin levadura, la Pascua o salida de la esclavitud de Egipto, fiesta de la
circuncisión, fiesta de las Cabañas, el Bar-Mitsvá o mayoría de edad de los niños, la Xavuot o fiesta de
recogida de la siembra, la Mixná, la Khanuká o fiesta de la Luces, el Roix ha-Xana o año nuevo, Havdalá,
Sucot o fiesta de los Tabernáculos, y un largo etc. de celebraciones, descubrían aspectos de un Yehoshuah
desconocido y del que apenas se tiene conocimiento en los escritos evangélicos.
De fiesta y con los pies desnudos
Yehoshuah de Nazerat no era extraño a las innumerables fiestas alegres del pueblo judío y como un
descosido las celebraba bailando y cantando como los demás israelitas expresando así su natural humor; pero
en ocasiones lo hacía de tal manera que sorprendía a quienes no lo conocían bien.
En cierta ocasión se celebraba una de estas fiestas en la plaza de su pueblo y la gente cantaba y bailaba con
tanta alegría que el carpintero se quitó las viejas sandalias que llevaba (con el fin de que no se estropearan aún
más) y descalzo, empezó a dar saltos, a bailar y a tocar música con una pandereta. Como le molestaba la ropa
pidió a sus amigos una cuerda para atarse la vestidura; entonces todos sus apóstoles le empezaron a dar
trozos de cuerdas y con el sarcasmo que le solía caracterizar, les decía: –¡Eh, que me basta una!; con tanta
cuerda podríamos hacer una red para pescar. Era en aquellos momentos cuando sus lecciones y enseñanzas
expresadas con alegría y con humor llegaban al corazón de todos, sin excepción.
Las lentejas de la posada
En otra ocasión Yehoshuah y sus amigos tenían hambre y entraron en el mesón del pueblo; aquel día había
lentejas de menú y como quien hace una broma el rabí al ver el plato del día dijo a sus amigos: –¡Cuidado, que
hoy no tenéis que vender vuestra primogenitura por un plato de lentejas como dicen las escrituras!–, y sus
amigos continuando la broma le decían: –No rabí, nosotros no–, y él les respondió: –Pues yo sí–, –Rabí, ¿tú
sí?– le preguntaron sus amigos medio en broma esperando la lección. –Pues yo sí –continuaba diciendo el
rabí–, pero no por un plato de lentejas, sino por un cordero bien gordo; ya que no tengo nada, puestos a pedir,
pido un cordero bien gordo en vez de un plato de lentejas–; en aquella ocasión acabó riéndose todo el mesón
con las palabras que había dicho el carpintero de Nazerat.
El joven apóstol
Una mañana, en Jerusalem, se encontraba un niño con un pan bajo el brazo observando el alboroto que hacía
uno de tantos grupos que se formaban en las calles estrechas de la ciudad en donde se vendía mercadería;
distraído por el ruido de la gente se le acercó el travieso Yokanaán y le agarró el pan, huyendo a toda prisa. El
niño empezó a perseguir al joven ladrón hasta que, tropezando con las piedras de la calle, el ladronzuelo se vió
en el suelo entre la gente y curiosamente a los pies de su padre Yehoshuah, cayéndosele el pan del brazo y
rodando calle abajo; el pequeño recogió el pan y empezó a dar voces gritando ¡ladrón, me has robado!, ¡no
eres más que un ladrón!.
El rabí Yehoshuah al ver esto agarró rápido por un brazo a su hijo mientras que el chico asustado y sin mirar
repetía: –¡No me pegues, no me hagas daño!–. Pero el rabí le decía: –No te preocupes, no te haré nada, ¿es
que no sabes quién soy yo?, y el niño al mirar contestó: –Sí; tú eres mi padre, el carpintero Yehoshuah, el que
predica a la gente y que dice tantas cosas bonitas, pero no me hagas daño. Entonces Yehoshuah le preguntó:
–¿Por qué has robado el pan de aquel muchacho?. –Es que tenía hambre– contestó el niño a su padre
Yeschu.
Pero el carpintero, para calmar a la gente, riño a su hijo en público, más luego, cogiendo al chico, entró en la
posada del pueblo y se sentaron los dos en una mesa; algunos seguidores suyos que venían de trabajar
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habían visto el hecho y observaban como el rabí continuaba riñendo cariñosamente a su hijo. Yehoshuah pidió
un plato de sopa y pan para el niño y éste empezó a comer, primero poco a poco, pero luego iba más aprisa,
casi atragantándose. –No tengas prisa por comer, come poco a poco y tranquilo –le decía Yehoshuah.
Yokanaán acabó la sopa mojando el pan y repelando el plato; pero quedó un trozo de pan y el pequeño
enseñándolo a su padre le dijo, –¿Se lo puedo llevar a mamá?. Yehoshuah, diciéndole que sí le acompañó al
portal y le dijo: –Llévaselo pero que no te vea robar más.
El niño, se marchaba satisfecho y contento pero pensativo y cuando estaba unos metros alejado se volvió
hacia su padre y le dijo: –Rabí, ¿podría ser yo un apóstol tuyo e ir donde tú vas?. Y su padre Yehoshuah, que
pensaba que el niño se lo decía por la comida le preguntó: –¿Por qué dices esto, por la comida o porque te
gustaría venir conmigo?; –No papá –dijo el niño- por la comida no, sino para estar contigo y escucharte. Pero
Yehoshuah le volvió a repetir: –¿De verdad?; –Te lo juro, no es por la comida, es por seguirte –le aseguró el
niño. –No me lo jures, te creo. –le dijo Yehoshuah– Esta bien, serás un apóstol mio, pero los apóstoles se han
de ganar el pan que comen trabajando y no robándolo a los demás; tú tendrás que hacer lo mismo, busca
hacer algún trabajito y si no encuentras la forma de ganarte el pan, acude a mi o a los amigos, que alguno
tendrá algo que darte, ¿de acuerdo?.
Después de escuchar a su padre, el niño se marchaba agachando la cabeza y todavía con lágrimas en los
ojos, cuando de repente dio media vuelta y se agarró fuertemente al viejo y roto vestido de su padre, llorando y
besándole la mano, mientras su padre lo calmaba poniéndole las manos en su cabeza.
El joven y revoltoso apóstol Yokanaán, hijo del carpintero Yehoshuah de Nazerat, a partir de aquel momento no
se separó nunca de su padre, acompañándolo siempre allá donde éste iba.
El descuidado pelo del nazareno
Un día María, la madre de Yehoshuah, al verlo tan descuidado de si mismo le dijo: –Yeschu, me parece que
llevas el pelo y la barba muy dejada, a ver si te lo arreglas un poco. –Sí madre, ya me lo arreglaré– le contestó
Yehoshuah. Pero estando el rabí con sus amigos, éste les comentaba las palabras de su madre acerca del
pelo y sus apóstoles también le decían: –Es cierto Rabí, tu madre tiene razón con ese pelo y esa barbota tan
mal dejada que llevas–.
Pero él les continuaba diciendo: –¿Pero sabéis por qué?, yo me lo dejo a propósito. –¿Por qué?, le decían sus
amigos; y les decía: –Porque de esta manera las mujeres se me acercan queriendo arreglarme el pelo y la
barba, y esto me alegra–. Los apóstoles se echaron de nuevo a reir con las ocurrencias y el sarcasmo del
carpintero, disfrutando todos del buen humor que el rabí tenía.
El perro muerto y las habas de Simón
Un sábado por la mañana iba Yehoshuah por un camino con algunos de sus discípulos; éstos, discutiendo
sobre el Espíritu o Cristo y sus enseñanzas, de repente se encontraron con un perro muerto delante de ellos,
tirado en un lado del camino y en adelantado estado de descomposición. Pero como el animal desprendía un
fuerte olor a podrido, empezaron los discípulos a hacer comentarios sobre el perro diciendo: –¡Que asco¡ decía
uno; ¡que olor más fuerte y apestoso! decía otro; ¡se está pelando, tiene ronchas de piel sin pelo! comentaba
otro. Al acabar de escuchar los comentarios de sus seguidores, Yehoshuah se acercó al animal muerto, y
mirando la cabeza del perro les dijo: –¿Os habéis fijado que dientes más bonitos tiene este perro?.
Sus amigos y seguidores se miraron y al instante dejaron de expresar ascos sobre aquel pobre animal, y
continuaron caminando de regreso a Cafarnaum; entonces Simón dijo al rabí: –Yehoshuah, nos has dado una
buena lección con el perro; lo que no entiendo es como siempre tienes las palabras necesarias en cada
momento, ¿es esto el Espíritu?. Y el carpintero le contestó: –Así és Simón, pero, ¿de qué te sorprendes?, ¿no
os he dicho en muchas ocasiones que mayores cosas veréis?. Lo que pasa es que en muchas ocasiones no se
piensa por uno mismo y en vez de ser el Espíritu nuestro guía son otras las cosas que ocupan nuestro
pensamiento, la vanidad, el orgullo, el egoísmo.
Observad a vuestro alrededor y os daréis cuenta de que existe algo más poderoso que el Espíritu. Entonces
Simón, sorprendido le respondió: –Pero rabí, ¿qué puede haber más poderoso e importante en el mundo que el
Espíritu que tú tienes?–. El rabí, con una sonrisa en los labios le respondió: –Sí, Simón, hay algo más fuerte y
poderoso que el Espíritu. Simón de nuevo le dijo: –¿Y qué és eso más fuerte que el Espíritu rabí?–; –El
egoísmo, la vanidad, etc.; –respondió el Maestro– y si quieres que te lo enseñe Simón, coge un saquito de
habas, sígueme y verás porqué lo digo. En el portal que yo te indique, ves y coloca una haba, eso querrá decir
que en esa casa hay egoísmo, y sobre todo vanidad.
Y llegando al pueblo, Simón cogió el saquito de habas y siguió al rabí haciendo lo que le decía.
–¡Simón, pon una haba en este portal! dijo el rabí al pescador. Continuó andando y volvió a decir: –¡Simón, pon
otra haba en este otro portal!. Y así, en todo portal al que se acercaban, Yehoshuah hacía poner a Simón una
haba, hasta que llegaron a un portal y el rabí dijo al pescador: –¡Simón, pon una haba en este portal! –Pero
Rabí, si esta es mi casa -dijo Simón orgulloso. –¡Entonces pon dos!– Respondió Yehoshuah dándole a
entender lo que había querido decir al principio con lo del egoísmo y el orgullo, en este caso de Pedro.
La moneda del joven seguidor
Un día se acercó al rabí un joven y le dijo: –Rabí, me gustaría seguirte y ser uno de tus apóstoles–; el
carpintero lo miró con cariño y al cabo de unos segundos le dijo: –De acuerdo, pero antes dáme una moneda–.
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Así hizo el joven que extrañado se sacó una moneda, y sin más, se la dio al rabí; cuando tuvo la moneda en su
mano, Yehoshuah la tiró al suelo y empezó a caminar. El muchacho, al ver el gesto del rabí, al tiempo que
recogía la moneda del suelo le dijo: –¡Eh, rabí! ¿por qué has tirado la moneda?. Entonces el carpintero se paró,
y mirando de nuevo al joven le dijo: –¿Sabes qué?, ahora vete, y no vuelvas hasta dentro de unos días, y
cuando vengas me haces la misma pregunta que me has hecho ahora.
El joven se marchó extrañado y desilusionado; pero pasados unos días, el joven seguidor fue a buscar de
nuevo al rabí, y cuando lo encontró, decidido le volvió a preguntar lo mismo: –Rabí, ¿puedo seguirte?, pero
antes que me contestes, déjame decirte que si me pides una moneda para poder seguirte no querré saber
nada de ti–. Entonces, el rabí sonriendo le contestó: –Así me gusta, veo que has aprendido bien la primera
lección, ahora puedes seguirme.
De esta manera sencilla y profunda, el carpintero enseñaba que pagar dinero por las cosas espirituales era no
entender nada acerca de la vida espiritual, y que más importante que la lección de unas palabras era la propia
meditación y el razonamiento dentro de uno mismo.
Yehoshuah, un niño como los demás
Una tarde en casa de Yehoshuah en Nazerat, mientras él hablaba vió que sus amigos no dejaban que los niños
se acercasen a escucharle a causa de sus juegos, entonces se enojó con ellos y les dijo: –¿Por qué separáis a
los niños de la conversación?, dejad que entren para que se acerquen a mi y les bendiga, porque es de ellos el
reino de los cielos; ¿no os dais cuenta de que si no os volvéis también como niños, tampoco entraréis vosotros
en el reino de los cielos?. Y empezó a jugar con ellos mientras los bendecía tocando sus cabezas y les contaba
anécdotas de su infancia.
Y como un niño más, el carpintero de Nazerat, teniendo a su lado a sus dos hijos, hablaba con los atentos
pequeños de esta manera: –Cuando era tan pequeño como Yokanaán, también era muy travieso, tanto que
recuerdo un viernes por la tarde jugaba con otros niños por las calles del pueblo o subidos a unos montículos
de tierra y aunque ahora soy bajito, antes era el más alto de los niños de mi pandilla y el jefe de todos.
Pero recuerdo que jugando, uno de los niños que estaba subido encima de la montaña de tierra, tiró una piedra
al pié de otro niño más pequeño que jugaba abajo del montículo y le hizo tanto daño que se puso a llorar; el
otro niño no se dió cuenta de lo que había hecho y continuaba tirando piedras. Aquello me disgustó, y me
enfadé tanto que me puse delante de aquel niño y le empecé a gritar diciéndole: ¡No le tires más piedras, no
ves que le has hecho daño!.
El otro niño se asustó tanto de mi grito que agachó la cabeza y se paró de tirar piedras enseguida. Pero,
¿sabéis lo que hicimos luego?, –No rabí, ¿qué hiciste?. Pues, para olvidar aquel enfado les propuse ir a los
frutales diciéndoles: –Vamos a ver si encontramos algo de comer, un poco de fruta o lo que sea. Entonces
todos nos fuimos al campo y jugando, nos subíamos a los árboles y robábamos fruta para comer. Pero en
muchas ocasiones el dueño nos pillaba enganchados a las ramas y nos amenazaba con decírselo a nuestros
padres.
Éramos tan traviesos, que nuestras madres tenían que salir a buscarnos por la calle o por el campo, ya que
nuestros padres estaban obligados a ir al templo para realizar sus oraciones, como de costumbre. Y era
cuando volvíamos a casa, que nuestras madres se enfadaban mucho con nosotros, pues veníamos todo sucios
y con las ropas rotas de los árboles.
Aprendíz de carpintero y de profeta
Y el rabí continuaba contando historias infantiles a los pequeños: –Yo era tan travieso, que en muchas
ocasiones me escapaba para ir a jugar con mis amigos; incluso cuando íbamos a algún pueblo con mis padres,
siempre acababan buscándome por algún pequeño monte cercano, o incluso dentro de la propia sinagoga,
donde me ponía detrás de la clase, a observar y a escuchar las palabras de los rabinos.
Hablando de escuchar a los rabinos, ¿os he contado aquella ocasión en la que los rabinos nos sacaron fuera
del templo de Jerusalem a toda la pandilla?. –No rabí, –decían los niños a Yehoshuah– cuéntanos que pasó.
–Zacarías, el padre de mi primo Yokanaán, era sacerdote, y con otros chicos de mi edad fuimos un día al
templo a escuchar lo que los rabinos decían sobre las lecciones de la Torá, o sea, la escritura sobre las cosas
de Dios. Aquel día, cuando acabaron de recitar la lección, yo alcé el brazo y pregunté a los rabinos lo siguiente:
¿Quienes conocen más a Dios, los rabinos o los profetas?. Entonces un rabino se enfadó tanto con la pregunta
que se levantó de su asiento y con rabia alzó su brazo para pegarme, pero mi tío rabino se lo impidió, y de
forma más suave intentó contestarme diciendo: –Los profetas están siempre escuchando la voz de Dios, ven y
hablan con sus ángeles, pero nosotros somos los rabinos del templo para enseñar las cosas de Dios–; y me
acuerdo como si fuera ahora que de forma muy natural e infantil, mientras me metía el dedo en la nariz les
pregunté de nuevo: –Entonces, ¿por qué no hacéis vosotros lo mismo que los profetas, o sea, buscar a Dios
sin libros ni Torá?.
Recuerdo que con mi pregunta se levantaron todos los rabinos enfadados y acabaron echándonos fuera a
todos los niños, mientras que a mí me decían: se lo diremos a tus padres; y así lo hicieron.
Estando fuera del templo, los niños me decían: –Yeschu, cuéntanos cosas. Y sentados todos en el suelo, los
niños me miraban, y recuerdo que les dije como si fuera ahora mismo: –Nuestro Padre Dios es bueno y sabio,
tanto, que para enseñarnos no necesita intermediarios; todos tenemos que ser profetas si queremos saber las
cosas de Dios–. Un chico de los presentes, que tendría unos ocho años de edad, me dijo, –¿Si yo pido al
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Padre Dios si mi palomo vivirá mucho, me lo dirá?–; –Claro que sí, –le contesté– Él lo sabe todo; y otro chico
dijo: –Y tú Yeschu, ¿ya sabes que serás de mayor?. –Sí, –le dije– yo seguiré siendo un chico como ahora, pero
mayor.
Cuando llegaron mis padres se enfadaron, no por lo sucedido con los rabinos, sino porque mi padre José tenía
trabajo atrasado y yo le hacía mucha falta en casa, ya que éramos muchas bocas que alimentar; pero mi
madre, que se limitó a componerme un poco el pelo, mientras me quitaba las manos sucias de la cara, me
decía: –Yeschu, ¿por qué te escapas siempre para ir a molestar a los rabinos?–. Pero recuerdo que en aquel
momento les dije: –¿Es que aún no sabéis el por qué?, ¿acaso no puedo preguntar cosas a los rabinos como
hacéis los mayores?.
Los niños se encontraban a gusto escuchando las historias de Yehoshuah, que por cierto, hablaba por los
codos, y continuaba contándoles sin parar aquellas pequeñas anécdotas de su infancia:
–Un día mi padre José me envió sólo a colocar una puerta en una casa, cobrar el trabajo y volver de nuevo
para continuar ayudándole. Así que me puse en marcha y llevé la puerta a la casa en la que tenía que realizar
el trabajo; llegué a la dirección que me había dado mi padre y llamé, y me abrió el dueño de la casa que
enseguida me empezó a explicar cómo debía colocarla.
A la hora de colocar la puerta, empecé a tratar de encajarla, y por más que lo intentaba, menos sabía como
hacerlo; entonces, el dueño de la casa se dió cuenta de que yo no podía colocar sólo la puerta, y me empezó a
reñir; pero como no conseguía nada con ello, y la puerta seguía sin encajar en su sitio, hizo llamar a mi padre
José para solucionar el problema.
Cuando mi padre llegó a la casa, recuerdo que el dueño le dijo: –¿Por qué me mandas a tu hijo si no sabe
hacer nada de esto, ni siquiera colocar una puerta en su sitio?.
Avergonzado e indignado, mi padre cogió la puerta y mientras me reñía, terminamos de colocarla en su lugar al
tiempo que se disculpaba ante el dueño. Recuerdo que de vuelta a casa mi padre me continuaba riñendo, al
tiempo que me repetía cómo debía colocar una puerta en su sitio.
Y es que Yeschu, a pesar de ser un niño travieso y despistado como todos los pequeños de su edad, poseía un
espíritu tan despierto, que le ayudaba a comprender claramente que su misión era ayudar otros seres
humanos como él, empujado, claro está, por el Espíritu Universal el cual se manifestaba en él como se ha
manifestado en los profetas de todos los tiempos.
Pero sus padres, que en las cosas del espíritu eran más atrasados que su propio hijo, no entendían del todo su
comportamiento y su vivarachez, pero aun mucho menos lo entendían y entienden los rabinos y sacerdotes de
todos los tiempos, los cuales basan sus conocimientos en la letra muerta de sus teologías, menospreciando al
trabajo interior del individuo para estar en contacto directo con el Espíritu, con el verdadero Maestro, tal y como
hizo el joven carpintero Yeschu de Nazerat a través de su vida.
Lecciones para el futuro
Siendo muy pequeño su hijo Yokanaán, la gente acudía a Yehoshuah en Cafarnaum, donde vivía con su mujer
e hija. En ocasiones, acudía tanta gente, que muchos se quedaban en el portal del pequeño habitáculo,
escuchando desde fuera sus sermones, ya que Yehoshuah siempre tenía palabras de consuelo para todos.
Un día, le trajeron a un hombre paralítico que quería escuchar sus palabras, y al no poder pasar quedaron en la
puerta escuchando; pero el rabí, enseguida salió para atender a aquel hombre enfermo, que postrado en una
improvisada camilla y llorando, le pedía que le sanara sus males y perdonara sus pecados. Pero el carpintero
imponiéndole las manos y tranquilizándolo con palabras de cariño, le hablaba y decía que sólo Dios tenía poder
de perdonar pecados y no los hombres, ni tan siquiera él; y con aquella bondad humana que desprendía, el
carpintero hacía caminar el interior de aquella gente pobre, aún estando paralíticos.
En general, los pobres escuchaban con agrado y respeto sus palabras, sin embargo los fariseos y religiosos
que acudían de vez en cuando a él, se sentían siempre incómodos delante de la sabiduría y bondad de aquel
sencillo carpintero y en muchas ocasiones acababan por irse al no poder discutir sus acciones.
El rabí y los niños
En una de aquellas Reuniónes, uno de sus seguidores le dijo: –Rabí, hemos encontrado a uno que hablaba en
tu nombre y se lo hemos prohibido. –¿Y por qué se lo habéis prohibido? –dijo el rabí–, ¿no os dais cuenta de
que quien no está contra nosotros está con nosotros?.
Entonces rabí –dijo otro–, ¿quién es el mayor en las cosas del Espíritu?. Yehoshuah, interrumpido por los
juegos de su hijo Yokanaán y de los demás niños que había en la casa, les contestó: –En las cosas del
Espíritu, si alguno quiere ser el primero, ha de ser el último y servidor de los demás; aprended de la sencillez
de los niños y sentiréis la grandeza de quienes son los más grandes en el reino. Y cogiendo a su hijo Yokanaán
en brazos, les continuaba diciendo: –No olvidéis nunca que el que acoge a uno de estos pequeños, a mí me
acoge, y el que escandaliza a uno de estos inocentes a mí me escandaliza, y aunque es difícil evitar la barbarie
humana en esta Tierra, ¡ay de aquellos que la cometen!, porque más les valdría atarse una rueda de molino al
cuello y ahogarse en lo profundo del mar, antes de hacer daño a uno de estos pequeños.
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Y continuaba diciendo: –Es necesario recuperar las cosas importantes que se pierden por el camino de la vida,
como la sencillez y la inocencia, porque, ¿quién de vosotros, si tuviera cien ovejas adultas y se le perdiera un
corderito, no dejaría las adultas para ir a buscar al joven cordero perdido?; ¿acaso no protegeríais más la vida
del joven cordero indefenso, que el de las restantes ovejas adultas?. Comprended que es más importante la
inocencia y sencillez, que toda la sabiduría humana, es por eso que para Dios, el más pequeño entre nosotros,
es el más grande en su reino espiritual.
–Pero rabí –decían algunos– nosotros no somos niños, ¿cómo encontrar esa sencillez infantil?. –La cosa es
muy sencilla, teniendo paz los unos con los otros; –decía el rabí– os aseguro que si dos personas se ponen de
acuerdo en vivir en armonía y sencillez, el Padre les escucha; allí donde estén dos o tres reunidos en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos, nos dice el Maestro, el Espíritu, y nos lo dice a todos sin excepción, a
hombres y mujeres.
Entonces, Simón el pescador le preguntó: –La Ley dice que hay que perdonar al hermano hasta siete veces,
¿tú qué piensas rabí?. –¡¿7 veces?! –exclamó el carpintero a Simón–, no te digo siete, sino hasta setenta
veces siete; además no se trata de perdonar, sino de amar incluso a los que se consideren nuestros enemigos;
porque si perdonamos y amamos solamente a aquellos que nos perdonan y nos aman, ¿qué mérito tiene
esto?; amar es comprender que todos somos parte de Dios, somos Dios mismo. Procurad pensar y vivir estas
cosas y os daréis cuenta de que al final, la maldad no es más que atraso e ignorancia espiritual. ¡¿Perdonar al
hermano?!, ¡¿quienes somos nosotros para perdonar o condenar a nadie?!.
Después de un silencio producido por sus palabras, el rabí sonriendo volvió a decir a sus amigos: –Escuchad
atentamente esto que os voy a contar: –Un hombre tenía dos hijos, y un día, el más joven le dijo: Padre, he de
marchar lejos y necesito la parte de la herencia que me corresponde. Con pena, y después de intentar
convencer a su hijo, el padre le dió la parte de su herencia, y el hijo se marchó lejos del lugar, a otras tierras.
Con el paso del tiempo, el joven acabó gastando la herencia de su padre, hasta el punto de quedarse sin nada.
Entonces empezó a pasar necesidades y a mendigar de tal manera que terminó cuidando las ovejas de los
vecinos del lugar y a comerse las algarrobas de los asnos. Al verse en ese estado se avergonzó de sí mismo y
pensando en su casa y en su familia, se decía a sí mismo: Los jornaleros que trabajan para mi padre tienen
pan en abundancia y yo tengo que comerme las algarrobas de los asnos para no morir de hambre. Iré pues a
pedirle perdón y a que me deje trabajar para él.
Y llegando el joven a la casa, su padre, que lo vio de lejos, tuvo misericordia de él y fue corriendo a abrazar a
su hijo y a besarle de emoción. Entonces el hijo pródigo dijo a su padre: Padre, he pecado contra el cielo y
contra tí y no merezco ser hijo tuyo, pero te ruego que por lo menos me trates como a uno de tus jornaleros.
Pero el padre, emocionado, llamó a sus jornaleros y les dijo: Sacad a mi hijo el mejor vestido y el mejor
calzado y sacrificad el becerro más grande que tengamos y hagamos fiesta, porque mi hijo estaba muerto y ha
vuelto a la vida, lo había perdido y por fin lo he hallado.
Celebrando todos la fiesta, llegó el hijo mayor, y antes de entrar a la casa, preguntó lo que ocurría a los
jornaleros y estos le dijeron el motivo; al saber que su hermano había vuelto se enfadó tanto que no quiso
entrar en la casa. Entonces el padre salió a su encuentro y le rogaba que entrase. Pero el hijo mayor le decía:
Todos estos años he trabajado sin descanso y sin desobedecerte jamás y ni un cabrito pequeño me has
dejado sacrificar para festejarlo con mis amigos, y por éste que ha tirado la mitad de tu hacienda, has matado
el becerro más grande que teníamos.
El padre, calmando al hermano le dijo: Hijo, tú siempre has estado conmigo y sabes que todo lo que tengo es
tuyo; pero has de entender la alegría que siento como padre por haber recuperado a uno de mis hijos, tu
hermano, la otra parte de mí que se había muerto y que hoy ha renacido, que se había perdido y por fin hoy la
he encontrado; alégrate, pues la llegada de tu hermano ha sido la vuelta a la vida de tu padre.
El hombre rico
Había un hombre rico que, escuchando un día lo que decía el rabí sobre los niños, se le acercó con curiosidad
y le preguntó: –Maestro bueno ¿qué he de hacer para entrar yo también en el reino de los cielos?. –¿Por qué
me llamas bueno? –dijo el rabí–, solo hay uno que es bueno, Dios; es más, ¿cumples los mandamientos?. –
Claro que sí, desde mi juventud –dijo el hombre rico. Entonces, el carpintero, mirando fijamente al rico le dijo: –
¿Te burlas de mí?, ¿cómo puede ser que cumplas los mandamientos y ames al prójimo, si te enriqueces a
costa de él?, ¿acaso no sabes que la Torah dice no robarás?. Anda pues, y devuelve todo lo que has robado
a tus obreros y luego si quieres seguirme carga con tu cruz como hacemos los pobres y trabaja para ganarte el
pan.
El hombre rico se avergonzó tanto, que se marchó de la casa herido en su orgullo; entonces el rabí dijo a la
gente que le escuchaba: –En las cosas del Espíritu, es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja,
que un rico entre en el reino de los cielos. Por eso os repito en muchas ocasiones que los primeros serán los
últimos y los últimos los primeros; no se trata pues de hacer limosna, si no de practicar la justicia.
La parábola sobre el rico y el pobre
Una tarde de primavera, la pequeña casa de Yehoshuah se llenó de seguidores y amigos que habían venido
para escuchar sus palabras. Aquella tarde, hablando el rabí sobre la riqueza y la pobreza en el hombre les
puso un ejemplo diciendo: –Una vez un hombre muy rico se paseaba cerca del mar de Galilea; estaba tan
distraído pensando en las cosas que formaban su riqueza, tierras, oro, ganado, etc., que de pronto resbaló y
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cayó al mar, pero al no saber nadar, como podía, pedía socorro; entonces apareció un hombre que sin
pensarlo se lanzó al mar y así como pudo salvó de una muerte segura al rico.
Aquel hombre que lo había salvado era completamente pobre, y el rico, muy agradecido le dijo: –Yo soy rico,
así que pídeme lo que sea y te lo daré, ya que tú me has salvado la vida y debo recompensarte. Pero el
hombre pobre, al escuchar las palabras del rico le respondió: ¿Recompensarme?, ¿acaso tú no habrías hecho
lo mismo conmigo?, y el rico le contestó: Claro que sí; Entonces estamos en paz, no me debes nada; le dijo
el hombre pobre.
Hasta aquí la parábola –dijo Yehoshuah de Nazerat–, a vosotros os toca aprender la lección; el rico quería
recompensar al pobre con dinero, con cosas materiales, pero el pobre había expuesto su vida por salvar la del
rico; y amigos, vale más la vida de un ser humano, que todo el oro del mundo. Cuando se dan cosas
materiales, como por ejemplo, dar comida al hambriento, se hace un bien, pero esto es simplemente una
ayuda, una limosna; sin embargo, exponer un ser humano la propia vida para salvar la de otro ser humano,
esto es fiel cumplimiento del mandamiento de Dios de amar al prójimo como a uno mismo.
Una de las mujeres que estaba escuchando a Yehoshuah le dijo: –Yo no soy muy rica pero tampoco soy muy
pobre y deseo seguirte, ser discípula tuya, ¿qué debo hacer?–.
Yehoshuah, le contestó de esta manera: –Procura aumentar tu riqueza espiritual, no te preocupes tanto de lo
material, y si tus riquezas materiales van menguando, no te entristezcas y confía en Dios; ya os he dicho en
otras ocasiones que no se puede servir a Dios y al dinero; porque cuando nacemos venimos sin nada a esta
tierra, y cuando morimos sólo nos llevamos nuestros actos buenos o malos; no olvidéis nunca esto. Si de
verdad queréis ser mis discípulos, mis apóstoles, no podéis seguir a los rabinos y a los sacerdotes de Israel,
pues ellos están pegados a las riquezas materiales, y, entorpecen tanto el verdadero camino hacia Dios que,
siempre que el camino se cierra y confunde, nuestro padre Dios envía su Espíritu, el Libertador, que nos dice:
¡Seguidme, amigos! pues yo soy la Verdad, el Camino y la Vida; ¡seguidme! porque el que camina junto a mí,
nunca andará en tinieblas.
Algunos de los presentes aquella noche escuchando como el Espíritu hablaba por boca de Yehoshuah el
carpintero, se echaron a sus pies llorando y exclamando: –Rabí, tú eres el enviado de Dios, tú eres el Mesías–.
Pero Yehoshuah de Nazerat, tomando el brazo de los que estaban más cerca de él en el suelo, les decía: –
Levantáos amigos, y adorad sólo a Dios.
Había oscurecido, y la gente poco a poco fue dejando la casa y guardando aquellas palabras en sus
corazones.
El fariseo Nicodemo
Quienes seguían los consejos de Yehoshuah eran seres humanos muy sencillos y en ocasiones se
emocionaban mucho de sus propias experiencias; pero el rabí siempre les alentaba diciendo: –¿De qué os
sorprendéis?, mayores cosas veréis si procuráis seguir la voz del verdadero Rabí, el Espíritu, tal y como hago
yo.
En una ocasión, un fariseo llamado Nicodemo, considerado sabio entre los judíos, se acercó a escondidas,
caída ya la tarde a casa del carpintero, y preguntando al rabí Yehoshuah le decía: –Hablando en la comunidad
de tí, hemos tenido discusión sobre tus palabras y sobre la sinagoga pobre que propones. Algunos vemos que
eres verdaderamente un rabí en estas cosas, pero estamos desconcertados de tu sabiduría, porque no
sabemos de donde te viene; sabemos que tú no has estudiado en ningún sitio como nosotros, siempre te
hemos visto trabajar de cualquier cosa, sobre todo de carpintero con tu padre, pero dime, ¿de dónde sacas
todo esto?.
–La cosa es muy sencilla, –le dijo Yehoshuah–, del Espíritu. Siempre he procurado pensar por mi mismo y
buscar al Espíritu de los profetas en mí mismo, y no a través de vuestros ritos religiosos; he tratado de confiar
más en Dios, que en la religión muerta que predican los sacerdotes; pero para eso es necesario volver a nacer,
con el fin de comprender claramente estas cosas.
Nicodemo extrañado le preguntó: –Pero Yehoshuah, ¿cómo puede un hombre viejo como yo volver a nacer si
no es de nuevo a través del vientre de una mujer?.
Entonces Yehoshuah le respondió: –No te estoy hablando de la reencarnación del físico, sino del despertar del
espíritu; ¿no te das cuenta de que una cosa es el físico y otra el espíritu?. Cuando digo volver a nacer, me
refiero en el Espíritu; no hay que olvidar que el Espíritu de nuestro Padre Dios es como el viento, va libre donde
quiere y sólo podemos oir su sonido, pero nadie sabe de donde viene, ni a donde irá, salvo Dios que lo creó.
Nicodemo no entendía lo que decía el profeta carpintero y le volvió a preguntar: –Pero, ¿cómo puede el
Espíritu entrar de nuevo en el cuerpo, si éste ya tiene vida?.
Entonces el carpintero le contestó: –¿Y tú me preguntas estas cosas a mí, a un simple carpintero? ¿qué es lo
que estas enseñando a los que te siguen?. Nicodemo contestó al rabí diciendo: –Rabí Yehoshuah, yo solo
tengo estudios de la Ley, y de ello doy fe, pero tus conocimientos van más lejos, son del Espíritu y estos no se
estudian en ningún libro, ni en ningún templo, si no que se llevan dentro, por eso te pregunto cómo puede
entrar ese Espíritu en el hombre que ya tiene vida.
–Sí, te entiendo, pero la cosa es muy sencilla; hay que comprender que el cuerpo se transforma y cambia,
como cambia y se transforma todo lo físico; pero nuestro espíritu es siempre el mismo, y renace contínuamente
cuando Dios nos inspira y nos da su fuerza, su aliento espiritual, el verdadero Maestro. Es en ese momento
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cuando Dios nos va conduciendo por la vida, tanto física como espiritual y nos dice lo que debemos hacer y
decir.
Pero también es cierto, que cuando el Maestro, que es el Espíritu, guía los pasos del hombre, no sirven los
estudios de las escrituras, los dogmas, las creencias, los ritos, la jerarquía religiosa, etc. Y esto es lo que
debéis entender vosotros los sacerdotes, que sólo hay un Maestro, el Espíritu, el único al que hay que seguir y
buscar de verdad dentro de uno mismo. Comprender esto es volver a nacer.
Las cosas de Dios no se estudian, si no que se viven para poder enseñarlas a los demás, como hacían los
profetas, por eso vosotros, hombres de religión, no debéis apartaros de las cosas sencillas de la vida ni
preocuparos tanto por las costumbres y las normas de vuestra religión, normas que os hacen dejar de lado lo
más importante, que es el amor al prójimo, la justicia, la bondad humana, etc.; por eso os resulta difícil de
entender cómo obra Dios a través del espíritu humano.
Sinceramente, el único consejo que te puedo dar es que busques en tí mismo al verdadero Maestro, Espíritu
dentro de ti mismo, como hago yo, trabajando y predicando las cosas de Dios, eso es todo; o estás con Dios, o
estas con las jerarquías humanas; no se puede servir a dos señores.
Sueños y parábolas de un carpintero
Un día se encontraba el carpintero ayudando a remendar las redes de Simón, cuando se acercaron algunos
pescadores, y sentándose con ellos se pusieron también a remendar junto al rabí; entre remiendo y remiendo
le iban preguntando cosas acerca del Espíritu, y mientras laboraban, Yehoshuah les hablaba del Espíritu con
ejemplos sencillos. Y les decía:
–Imaginaros un hombre que salió al campo a sembrar, y mientras echaba la semilla, parte cayó al lado del
camino y los pájaros se la comieron; siguió sembrando, y parte de la semilla cayó entre las piedras, pero al
brotar y no tener tierra, no pudo hacer raíz, y al salir el sol se secó; también parte de la semilla cayó entre
espinos, y éstos ahogaron la semilla cuando iba a crecer. Pero la gran mayoría la sembró en buena tierra, y dió
mucho fruto, tanto, que era imposible contarlo. Pues así hace Dios, el gran Sembrador ¿entendéis lo que os
estoy diciendo? –les dijo.
Entonces, uno de ellos le contestó: –Claro que sí rabí, tus ideas son sencillas y claras para nosotros; lo que no
comprendemos es como hay gente que no te entiende.
–Es normal que esto sea así, –les continuaba diciendo el rabí– porque la gran mayoría de hombres y mujeres
sólo se preocupan de creer lo que los sacerdotes les dicen, pero ni tan siquiera saben lo que es el judaismo. Ya
veis, hasta los profetas decían en su tiempo a la gente: Con los oídos oiréis y no entenderéis, y con los ojos
miraréis pero no veréis. Sin embargo, vosotros sois bienaventurados porque tratáis de ver con vuestros
propios ojos, y oír con vuestros propios oídos; y podéis estar seguros de que muchos de aquellos profetas
desearían estar hoy entre nosotros para ver y oir lo que en estos momentos estamos hablando.
Y les continuaba diciendo: –Pensad que el Espíritu es como un Sembrador que siembra su bondad y justicia a
todos por igual, y en todos los tiempos; lo que pasa es que los hay quienes le escuchan solo de oídas, pero en
nada practican sus enseñanzas, y dejan que los cuervos del camino de la vida se coman la semilla depositada
en ellos, y claro está, luego andan perdidos. Otros endurecen su corazón, tanto que se convierten en piedras y
no dejan germinar la bondad y las cosas positivas. También los hay que escuchan el mensaje espiritual, pero
están tan ocupados en navegar entre las espinas del poder y del dinero, que la semilla del Sembrador queda
tapada por la mala hierba de la ambición, el poder, la explotación humana, el engaño, etc.
Sin embargo, los hay que piensan por ellos mismos, y escuchan el mensaje del Espíritu a través de las cosas
sencillas de la vida cotidiana, tanto en el día como en la noche, y ven cosas, y sueñan cosas como las que os
acabo de contar; éstos son los que practican sus enseñanzas y se convierten también ellos en sembradores y
en profetas de Dios; entonces es cuando aquello que oyen al oído lo pregonan por los terrados, y empiezan a
decir también al oído de los demás que hagan lo mismo, y de esta manera aparece el fruto, y se va
multiplicando cada vez más de boca en boca hasta que queda sembrada toda la tierra de verdad, bondad y
justicia. Y les volvió a decir –¿Entendéis lo que os he dicho?.
–Rabí, nosotros somos pescadores y no entendemos de siembra, pero dinos como hacerlo y te seguiremos. –
decían algunos.
–Veo que no me habéis entendido bien, –les decía– no es a mí a quien debéis seguir, sino al Espíritu que se
encuentra dentro de vosotros mismos, Él os dirá lo que debéis hacer y decir a cada momento, como me lo dice
a mí y como se lo ha dicho siempre a los profetas; os pondré otro ejemplo.
Imaginaros de nuevo a un hombre que quiso cultivar un pequeño terreno que tenía lleno de piedras y arbustos
secos. Un día sus hijos le dijeron: –¿Padre, quieres que te ayudemos?, y el padre contento les dijo que sí. Así
que los hijos sin preguntar nada al padre se pusieron a sembrar aquel campo lleno de piedras y ramas secas.
Al cabo de un tiempo vieron que la semilla había crecido junto con cizaña, y no supieron diferenciar una de la
otra; entonces fueron al padre a contárselo: Padre, hemos sembrado la semilla y nos ha salido cizaña y no
sabemos que debemos hacer. El padre, extrañado, fue con ellos al campo y vio que antes de sembrar, no
habían limpiado de piedras y matojos el terreno, y les dijo: ¿Cómo va a crecer la semilla limpia, si el campo no
ha sido preparado?; dejad ahora que todo crezca junto y en la próxima siembra limpiad de piedras y arbustos
secos el terreno y luego echad la semilla. Así lo hicieron, y cuando limpiaron la tierra, volvieron a sembrar, y
entonces la semilla creció sana y fuerte.
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Yehoshuah volvió a preguntar a sus amigos los pescadores: –¿Entendéis ahora lo que os he querido decir con
esta historia?. Lo importante es procurar tener limpio nuestro corazón y nuestra mente, porque es ahí donde el
Espíritu siembra su amor y su justicia. Quien limpia su interior es semejante a un hombre que siembra, riega y
cuida un grano de mostaza, que es una de las semillas más pequeñas que existen, pero cuando llega su
momento y crece, aquel granito insignificante se convierte en un árbol tan grande, que incluso las aves del cielo
anidan en sus ramas.
En muchas ocasiones he dicho, que espiritualmente el hombre es como un pequeño e insignificante grano de
mostaza, el cual si se riega es capaz de crecer y convertirse en un gran espíritu, en un profeta. Así pues, todos,
sobre todo los pobres, somos por justicia la sal de la tierra, la levadura que hace subir la masa, pero no
olvidemos que para que el pan crezca y se convierta en un verdadero alimento, es necesario que la levadura
fermente y crezca; lo importante pues, es crecer espiritualmente, lo demás vendrá por añadidura.
El pacifismo de Yehoshuah
En ocasiones la gente buscaba al carpintero para que les curara sus males y enfermedades físicas, pero el rabí
siempre les decía que él no era curandero ni médico; sin embargo, imponía cariñosamente sus manos
procurando aliviar el espíritu de aquella pobre gente.
En otra ocasión se le acercó un centurión pidiéndole ayuda para su siervo; pero el rabí siempre hablaba claro
sobre estas cosas, y en aquella ocasión le dijo al centurión: –Tienes a tu siervo enfermo y quieres que lo cure,
pero yo no soy curandero, en todo caso haré lo que pueda. Pero dime una cosa; tú eres un centurión, un
militar, y como tal estás al servicio del ejército; tú llevas la espada en la mano, y cuando te lo ordenan la usas,
¿cómo es posible que ames a tu siervo, que es tu prójimo, y no tengas reparo en usar armas que sólo sirven
para matar?.
El centurión, al escuchar al rabí se avergonzó y le dijo: –Es cierto rabí que no soy digno de ayuda y en muchas
ocasiones he pensado en el trabajo que ejerzo; tengo a mis órdenes a mucha gente que obedecen mis
palabras y tengo poder para hacer cumplir la Ley, pero me he dado cuenta de que nada sirven mis órdenes
frente a la enfermedad o frente a la propia muerte, y te confieso que me encuentro totalmente perdido en estas
cosas, por eso acudo a tí, no por mí, sino por mi siervo al que respeto como si fuera de mi propia familia.
El rabí se emocionó tanto de las palabras del centurión que le dijo: –Si quieres que se cure tu siervo, continúa
practicando el amor al prójimo sin órdenes ni armas en la mano, porque lo que yo pueda hacer por ese hombre
lo puedes hacer tú, y todos los hombres y mujeres sin excepción. Ve pues a tu casa, que es seguro que si
actúas bien, tu siervo se sanará, porque el amor contiene más fuerza espiritual que las palabras.
Yehoshuah y la mujer de Samaria
Volvía Yehoshuah de Jerusalem con su hijo y algunos de sus amigos, y pasando por Samaria, el carpintero
cojeaba de nuevo de su pie derecho, y cansado, se quedó con su hijo junto al pozo de Jacob. Subía una mujer
desde la ciudad a buscar agua, y por el camino se tropezó con los amigos de Yehoshuah, pero por temor a los
extraños ella agachó la cabeza, y ellos ni tan siquiera se saludaron.
Al llegar al pozo de Jacob, la mujer empezó a sacar agua, y Yehoshuah con su hijo se acercaron a ella y le
dijeron: –Mujer, ¿nos das un poco de agua?. La mujer sacó agua del pozo y dio de beber al rabí y a su hijo, al
tiempo que les contaba la historia del pozo sagrado de Jacob, y de las propiedades milagrosas de su agua; el
carpintero, que la escuchaba desde su interior, vio la bondad de aquella mujer y agradeciéndole su
generosidad le dijo: –Sin duda, este agua que nos das es buena, calma la sed y el cansancio del cuerpo, pero
sé de un agua pura y cristalina que calma aún más la sed.
La mujer se quedó extrañada de lo que decía el rabí y le preguntó: –No he oído que haya agua más pura por
estos lugares que la de este lugar; siempre hemos bebido y orado en el pozo de Jacob durante generaciones;
además, ¿cómo puedes sacar agua de un pozo si no tienes cubo ni cuerda para hacerlo?.
Entonces Yehoshuah le explicó: –No es agua física de la que te hablo mujer, sino del agua de la que saciaron
su sed los profeta. Porque el que bebe del agua pura y cristalina del Espíritu, del verdadero manantial que
brota dentro de todo ser humano y que nunca se agota, no necesita orar en ningún templo, ni en ningún pozo
sagrado, porque el verdadero templo lo tiene siempre dentro de sí mismo, ¿lo entiendes mujer?
Sorprendida de las palabras de aquel hombre, la mujer le dijo: –Tus palabras son de rabí, sin embargo me
hacen pensar en cosas que antes no había pensado; ahora entiendo por qué nuestros padres se han
empeñado siempre en que vayamos a orar en el monte sagrado de Jacob y los sacerdotes en el templo de
Jerusalem. Lo que tú me dices es que tanto unos como otros se equivocan buscando a Dios, al Espíritu de los
profetas, fuera de ellos mismos.
Y el carpintero le respondió: –Así es mujer, pero la culpa no es de nuestros antepasados, sino de los
sacerdotes que han impuesto desde hace mucho tiempo la forma y el lugar para orar; sin embargo el Creador
no necesita templos, ni lugares sagrados para hablar con Él, porque a Dios se le adora en verdad y en espíritu,
y es del agrado de nuestro Padre que le oremos así en cualquier momento y en cualquier lugar.
La mujer le volvió a decir: –Rabí, en verdad que hablas como un profeta; pero dime una cosa, también he oído
que cuando venga el Mesías, él nos guiará y libertará de los poderosos y opresores de Israel; pero, ¿tú que
piensas acerca de el Mesías?, ¿es verdad que vendrá pronto?. Yehoshuah entonces le contestó: –El Mesías
no es un hombre, sino la luz que guía a todos los hombres y las mujeres; y así como amanece, y el sol ilumina
las cosas que vemos, el Mesías ha de iluminar el interior, para que los hombres y las mujeres encontremos la
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libertad. Es entonces cuando la verdad se hace presente en cualquier momento y lugar, ya que es la verdad la
que nos hace realmente libres, y no las luchas entre los hombres.
En ese instante volvieron los amigos de Yehoshuah con comida, pero al ver a Yehoshuah hablando con la
mujer samaritana se sorprendieron, pero callaron. Entusiasmada la mujer de hablar con Yehoshuah, les dejó el
cántaro de agua y se bajó de nuevo a Samaria para hablar del carpintero a su familia y amigos.
Entonces, los amigos de Yehoshuah sacaron comida y dieron al rabí y a su hijo para que comieran; pero antes
de comer, el carpintero dijo a sus amigos: –Tengo una comida que digerir que vosotros desconocéis. Ellos
pensaron que la mujer les había dado ya comida y le dijeron:–¿O habéis comido ya rabí?. –En cierta manera si
–dijo Yehoshuah– pero no comida para el cuerpo, sino para el espíritu. Sus apóstoles no supieron que
contestar y callaron.
El rabí, después de un delator silencio, les dijo: –Hace unos días que habláis de lo poco que falta para que
celebremos la xavuot una vez recogida la siega, o sea, después de haber recogido lo que otros han
sembrado. Pero en las cosas de Dios, en las cosas del Espíritu, no basta recoger lo que otros siembran, se ha
de aprender también a sembrar y a cosechar el fruto de lo sembrado, porque esto es la justicia de Dios.
–¿Y por qué nos dices esto rabí?– dijeron sus amigos.
–Para que no cometáis el mismo error que comete la gente; la samaritana que se acaba de ir subía triste para
orar a este pozo, y ni tan siquiera la saludasteis cuando os cruzasteis con ella; sin embargo al volver os extraña
ver como la mujer habla conmigo y con mi hijo, ¿por qué?, ¿porque son samaritanos?, ¿no os dais cuenta que
la religión es la culpable de que haya odio y rivalidad allá donde tendría que haber paz?. Procurad estar
despiertos a estas cosas y no olvidéis que si sembramos bondad, nuestros hijos recogerán bondad, pero si
sembramos odio, ellos pagarán las consecuencias de nuestro odio.
Acordaros de las palabras de Yokanaán, el purificador; él sembró un mensaje de justicia, un mensaje que
nosotros estamos recogiendo; pues de igual modo, yo también siembro, para que vosotros recojáis en su
momento la cosecha; ¿os dais cuenta de la comida de la que os estoy hablando?.
Mientras les decía esto, vino la mujer de Samaria acompañada de algunos amigos y familiares que querían
escuchar al rabí, y cuando oyeron sus palabras se sorprendieron tanto de su sabiduría, que les rogaron que se
quedaran a descansar dentro de sus casas. Entonces, sus amigos al ver la amabilidad de aquella gente,
comprendieron la lección que les había dado unos momentos antes el rabí carpintero, Yehoshuah de Nazerat.
Ciegos de espíritu
La gente pobre entendía muy bien las enseñanzas del rabí, porque las palabras del carpintero estaban tan
llenas de luz y claridad, que hasta los ciegos podían ver su mensaje, como en aquella ocasión en la que un
hombre ciego andaba pidiendo, y se acercó a Yehoshuah esperando que le diese algo; pero el rabí, que no
tenía más que un trozo de pan en su alforja, le dijo: –No tengo ni oro ni plata, sólo un trozo de pan y queso que
si quieres podemos compartir–. Sentándose junto al ciego, comieron juntos y hablaron largo tiempo; y en un
momento dado, el ciego le empezó a preguntar cosas tan profundas acerca de su espíritu, que el rabí acabó
emocionándose mucho de las palabras de aquel hombre sin vista física.
Algunos amigos del Yehoshuah que estaban con él, también se emocionaron; pero cuando se hubo marchado
el hombre ciego, empezaron a preguntarle: –Maestro bueno, ¿cómo un hombre bondadoso puede nacer ciego?
¿cómo se puede saber si le viene de otras vidas o es por causa de sus padres el que naciese ciego?.
Pero Yehoshuah les decía: –¿Por qué me seguís llamando bueno?, ¿no os he dicho que sólo hay uno que es
bueno, Dios?; ¿no os dais cuenta de que nosotros nada somos sin nuestro Creador?. Saber lo que hay detrás
de la vida de un ser humano, sobre todo de su espíritu, es imposible, solamente lo sabe Dios; los seres
humanos lo único que debemos procurar es hacer las cosas bien, aprender los unos de los otros y en la
medida que podamos, dar un poco de luz a todos aquellos que andan ciegos en las cosas del Espíritu.
Porque un hombre puede nacer ciego de los ojos, y ver las cosas de la vida con más claridad que los demás
hombres, o nacer paralítico, y sin embargo su cuerpo albergar un espíritu más elevado que muchos de los que
hoy andan por las calles de Cafarnaum o Jerusalem, y están muertos; pero también se puede nacer sin habla
en la boca, pero si nuestra vida y nuestros actos son positivos, nuestro silencio puede expresar más que todos
los sermones religiosos que los sacerdotes y rabinos pregonan en las sinagogas.
No nos creamos ser sabios en cosas que sólo nuestro Padre Dios sabe, porque, como humanos que somos,
¿quién nos puede asegurar que estemos libres de cosas como la ignorancia, la vanidad o el egoísmo?.
La revolución pacífica
del carpintero de Nazerat
Los fariseos y la limpieza
En una ocasión los fariseos vieron comer a Yehoshuah y a sus amigos sin haberse lavado las manos después
del trabajo, y les reprendieron diciendo: –Yehoshuah, ¿no dice la Ley que antes de comer, hay que lavarse
bien, sobre todo las manos?, ¿por qué no respetáis tú y los tuyos la tradición de nuestros ancianos?.
Y el rabí les dijo: –Tenéis razón, pero la Ley también dice que no hay mandamiento mayor para Dios que el
amor al prójimo, entonces, ¿por qué no cumplís vosotros este mandamiento?.
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Los fariseos se exaltaron y le contestaron: –Nosotros cumplimos los mandamientos y por eso servimos al
Señor en el templo respetando la Ley.
Pero el rabí, viendo la hipocresía con la que hablaban les contestó: –¿Como podéis cumplir los mandamientos
y respetar la Ley que dice honra a padre y madre?, generación de víboras; ¿acaso no sois vosotros los que
criticáis en público a quien no respeta a sus padres?, ¿por qué entonces pisoteáis la Ley de Dios que es el
amor al prójimo abandonando a vuestros ancianos con la excusa de que les estáis sirviendo desde la
sinagoga?, ¿o es que acaso habéis olvidado de que gracias a vuestras madres estáis en este mundo?,
¡hipócritas!; es de vosotros de quien profetizó Isaías diciendo: Este pueblo de labios me honra, más su
corazón está lejos de mi, ya que en vano me honran enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.
Yehoshuah, continuaba hablando en voz alta diciendo: –Procurad entender lo que os estoy diciendo; lo que
contamina al hombre no es lo que entra por su boca, sino la falsedad que sale de ella como el odio, el rencor,
la avaricia, el adulterio, etc.; ¿de qué nos sirve lavarnos las manos y cambiarnos de túnica cada día si
abandonamos a nuestros seres queridos para encerrarnos en el templo?; es más, ¿qué pasaría si todos nos
metiéramos en el templo solamente para orar y estudiar las escrituras?, ¿quién sembraría, quien recogería el
trigo y quien haría el pan que comemos?. Amigos, la ley de Dios se basa en el amor al prójimo, pero primero
hay que empezar respetándose a uno mismo, porque quien no sabe respetar su vida, mucho menos podrá
aconsejar cómo respetar la de los demás.
Al escucharle, un levita le preguntó: –Entonces, rabí, ¿és o no és válido repudiar el marido a su mujer si
adultera?. Y el carpintero respondió: –¿No dicen las escrituras que en el principio eran macho y hembra, y que
el Creador los juntó y acabaron siendo una sola cosa, una sola carne?. Cuando Dios junta a un hombre y a una
mujer lo hace con el amor, y eso ya no lo separa nadie, y sólo por este motivo, el hombre y la mujer deja a su
padre y a su madre, por su mujer y sus hijos y nada hay que temer por ello, porque es el amor lo que se
engrandece.
Pero vosotros, como os casáis cargados de temor y normas religiosas, acabáis repudiando a las mujeres
según os dictan vuestros rabinos siendo al final injustos con ellas; porque ¿acaso no adulteráis también
vosotros el matrimonio cuando os encerráis en el templo o en la sinagoga?, ¿no es también esto ir contra la
obra natural de Dios, que es el amor al prójimo?. La auténtica suciedad en el hombre está en su mente, y en su
corazón, no sólo en sus manos.
Los fariseos seguían amenazando a Yehoshuah por no respetar la Ley, pero como siempre, nada ocurría salvo
una fuerte discusión que acababa alejando a la gente por temor a los romanos.
Al llegar a la casa, el rabí y sus amigos entraron y sacaron un poco de comida para comer juntos; entonces
Yehoshuah empezó a lavarse las manos y Simón que lo vio se le acercó y le dijo: –Yehoshuah, no te entiendo;
hace un momento estabas discutiendo con los fariseos, diciendo que lo que contamina al hombre no es la
suciedad de las manos, sino lo que sale de su boca, y ahora entras en casa, y como los sacerdotes, lo primero
que haces es lavarte las manos.
Yehoshuah, sonriendo a Simón le contestó: –¿Pero no te das cuenta Simón, de que todo lo que comemos al
final acaba siendo expulsado fuera del cuerpo?. Yo no estoy en contra de lavar los alimentos o de lavar nuestro
cuerpo para no enfermar, sino contra la suciedad que más contamina al hombre, la hipocresía y falsedad que
sale de la boca y del corazón como es el odio, la maldad, la mentira, el adulterio, los insultos, etc.; lavarse o no
lavarse las manos es una tontería comparada con la suciedad que acumulan los sacerdotes y poderosos en su
interior y todos aquellos que les siguen a ciegas y caen en sus mentiras.
Yehoshuah y el shabat o día de descanso
Un sábado, los fariseos denunciaron a Yehoshuah y a sus amigos por recoger trigo de los sembrados; había
poco trabajo, algunos tenían hambre y necesidad en sus casas, y entre todos se ayudaban. Llamados a la
sinagoga, acudieron con el rabí mucha gente pobre y una vez dentro, contestando a las acusaciones de los
fariseos les decía: –¿Qué ley de Dios es la que prohíbe alimentarse para no morir de hambre aún en shabat?.
Y los fariseos le decían: –La Ley de Moisés dice no robarás, y eso es lo que vosotros estabais haciendo. –Es
cierto, –decía el rabí– pero si buscáis en la Ley también veréis que, en shabat, el rey David cuando tuvo
hambre, cogió y comió de los panes del templo que estaban reservados sólo para los sacerdotes, entonces,
¿por qué no acusáis de ladrón al rey David?.
Los fariseos con la Ley en la mano no sabían que contestarle, hasta que el sacerdote de la sinagoga se dirigió
al carpintero y le dijo: –Tú sabes Yehoshuah, que el shabat es sagrado y no se puede trabajar, ¿por qué pues
no lo respetas?. –Explicadme antes –contestó Yehoshuah– qué ley exculpa a los sacerdotes de trabajar en
shabat en el templo, ¿acaso no es trabajo tanto una cosa como otra?.
Y el sacerdote le volvió a decir: –Dios está por encima de todo y a Él obedecemos. –Cierto es que Dios está
por encima de todo, incluso del templo, –respondió el carpintero– pero también es cierto que Dios quiere
justicia y no sacrificio religioso, porque el shabat se hizo para el hombre, y no el hombre para el shabat; de
entender realmente esto no condenaríais a los pobres e inocentes por un trozo de pan, ni dejaríais de auxiliar a
los enfermos, –señalando a un pobre hombre que se encontraba en el templo con una mano vendada– porque
la Ley de Dios, que es el amor al prójimo, está por encima de todo.
–Entonces, según tú, habría que trabajar en día de reposo –le dijo un escriba.
Pero el rabí, viendo la mala intención de los fariseos, les decía: –De haber justicia y comida para todos, no
haría falta, sin embargo ¿quién de vosotros es el que no saca a una de vuestras ovejas si, al pastar en lugar
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peligroso, cae dentro de un pozo, aún en día de descanso?; y si ninguno de vosotros la dejaría morir por el
interés de no perderla, ¿por qué condenáis a los pobres por tratar de alimentarnos, y no a los ricos que lo
acaparan todo?, ¿cuál es la ley que debemos obedecer, la de Dios que es justicia, o la de los hombres?.
Entonces volvió a señalar al hombre de la mano enferma y les dijo: –Mirad este hombre, está enfermo y
necesita ser curado; si se le cura en tiempo de reposo es condenado por la Ley, sin embargo si se le deja
enfermar y morir por causa de la propia Ley se está pecando contra la Ley más importante, la de Dios que es el
amor al prójimo. Y si vosotros mismos, predicáis que la ley de Dios está por encima de todo, decidme si es
lícito en este día hacer bien o mal, curar o abandonar a un enfermo, o coger comida del campo para no
morirnos de hambre.
Ninguno de los escribas ni fariseos contestó, tan sólo una mujer que desde lejos gritó: –Bienaventurado seas,
profeta Yehoshuah, y tu familia que te tiene cerca.
Pero los fariseos discrepaban diciendo: –Estas cosas no las hace ni las dice el Espíritu, sino el falso profeta. Y
Yehoshuah les continuaba diciendo: –El buen árbol da buen fruto y el mal árbol da mal fruto, y es por el fruto
que lo conocemos. Pero vosotros, sacerdotes y estudiosos de la Ley, sois como una generación de víboras,
¿qué puede salir de bueno de vuestra boca sino veneno?. La bondad de corazón se refleja en las palabras de
consuelo a la gente, pero cuando no hay bondad, las propias palabras delatan, como lo hacen las mentiras de
los poderosos; pero vosotros, cuando veis que un hombre enfermo coge confianza en sí mismo para curarse
de sus desgracias, y viene a orar en el templo en agradecimiento a Dios, ya procuráis encaminarlo de nuevo a
sus temores para que dependa siempre de vosotros, en vez de en sí mismo y del auténtico Maestro, que es el
Espíritu.
Pero no dejaron continuar a Yehoshuah, y en aquella ocasión volvieron a expulsarlo de la sinagoga al ver que
la gente pobre estaba con él y escuchaba sus palabras. Su familia, que había acudido al templo, estaban
preocupados y uno de los que seguían al rabí le dijo: –Rabí, tu madre y hermanos están aquí y te buscan. Pero
el rabí antes de irse con su familia, dijo emocionado a la gente pobre que le seguía: –Los pobres debemos
estar unidos, porque todos somos hijos de una sola familia; y en una familia no debe existir la injusticia, porque
cuando un miembro padece, todos padecen, y cuando uno se alegra, todos se alegran. Yo, Yehoshuah de
Nazerath, soy también vuestro hermano, y vosotros mi familia, mi padre, mi madre y mis hermanos.
Los que están con el Espíritu comen
Como escaseaba el trabajo, el carpintero Yehoshuah se ganaba la vida pescando con Simón y Andrés en el
lago de Galilea. Un día tuvieron suerte y trajeron tantos peces que al llegar a la orilla, los otros pescadores y
sus familias se sorprendieron, ya que hacía días que apenas pescaban y no tenían nada que llevar a sus
familias.
Ante la necesidad, y movido por la justicia Yehoshuah convenció a Simón y a los otros pescadores, para
repartir la pesca entre todos y combatir la necesidad que en aquel momento sufrían. Y así lo hicieron, entre
todos los pescadores (cerca de cincuenta con sus familias que esperaban la pesca), se repartieron los peces y
la comida que tenían en sus alforjas y comieron todos aquel día, sobrando alimento en los capazos. El hecho
dio tanto que hablar entre la gente pobre, que la noticia corrió de boca en boca entre los pescadores de Galilea.
Al cabo de un tiempo volvió a ocurrir lo mismo, y de nuevo se repartió la pesca entre unas cuarenta familias,
comiendo todos y sobrando una vez más alimento. Pero el rabí trataba de explicarles que el verdadero maná
del que se alimentaron sus antecesores en el desierto, fue el haber compartido las cosas entre todos por igual.
Los sacerdotes de Israel veían como Yehoshuah enseñaba al pueblo el camino de la justicia, el camino hacia
un verdadero y auténtico comunismo integral, e intentaron romper aquella iniciativa. Un día, cuando Yehoshuah
explicaba a la gente estas cosas, se acercaron a él unos fariseos y le dijeron: –El maná que comieron nuestros
padres fue una señal del cielo, pero lo que tú predicas no es ninguna señal del cielo si no rebeldía contra la
Ley. Pero el rabí les contestaba: –¿Y quién nos dice que debamos buscar en las nubes las cosas que ocurren
en la tierra?. Sois vosotros los que os atrevéis a profetizar cuando lloverá o hará calor, no yo. Aprended pues a
reconocer la justicia de Dios entre los hombres, y veréis que es de ese maná del que os hablo, y no de
milagros religiosos.
Entonces viendo la mala intención de los fariseos, el rabí les dijo. –Vosotros, como religiosos venís a escuchar
lo que digo, no porque esperéis señales del cielo, sino porque veis cómo los pobres nos alimentamos de algo
más que de pan y palabras, nos alimentamos de justicia. Pero la lección es muy sencilla y es para todos,
debemos trabajar para comer y no ser carga para nadie, pero si no hay trabajo, es necesario que todos
compartamos lo poco que hay, sólo así podremos sobrevivir en la Tierra. No olvidemos que nuestros padres
inspirados por Dios y por la necesidad, practicaron la justicia en el desierto y todos comieron, ¿quién nos dice
que no podamos hacer lo mismo que nuestros padres en el desierto?.
Los fariseos no sabían que contestar y se fueron, entonces el rabí dijo a todos los que le escuchaban: –
Guardaros de la levadura de los fariseos. Pero Simón que no entendía bien lo que decía el carpintero le
preguntó: –Rabí, ¿por qué dices que nos guardemos de la levadura de los fariseos?.
Y Yehoshuah le contestó: –¿Es que no te acuerdas cuantas familias nos repartimos la pesca la primera vez?. –
Unas cincuenta familias más o menos –dijo Simón. –Y en esta ocasión ¿cuántas has contado?. –Una
cuarentena rabí, –volvió a responder el pescador. –Piensa Simón, ¿no te das cuenta de que en total suman
nueve?. Los sacerdotes saben que la religión de Dios es justicia y sospechan que si la practican, deberán
actuar como Yokanaán y los profetas, denunciando la injusticia de ricos y pobres dentro de las sinagogas,
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hombres que se enriquecen y controlan a otros hombres su vida, y que temen poner en práctica la auténtica
religión del amor al prójimo, que convierte a todos los hombres en iguales.
Porque en la religión de Dios, todos los hombres, mujeres, niños y ancianos han de comer, no como ocurre en
las religiones humanas, en cuyos templos y sinagogas, compuestos de ricos y pobres, mientras unos comen y
lo tienen todo, otros se mueren de hambre o han de mendigar y robar. Cuando os digo que tengáis cuidado con
la levadura de los sacerdotes es por la justicia, por eso tratan de hacernos callar.
La barca de Simón se hunde
Un día, bien entrada la mañana, se acercó Simón a casa de Yehoshuah para hablar con él; aquella noche el
pescador había soñado con el rabí y preocupado le comentaba su sueño: –Rabí, esta madrugada me ha
pasado una cosa muy extraña. Como tú sabes, nos levantamos temprano para ir a pescar; pero esta
madrugada, el mar estaba tan tranquilo, que me quedé dormido dentro de la barca. Entonces soñé que se
levantaba un viento tan fuerte, que temí por mi vida, y recuerdo que en el sueño te llamaba a voces para que
calmaras aquella tempestad con tus palabras. Lo sorprendente es que, mientras calmabas el viento, tú volabas
por encima del agua y me decías que hiciera yo lo mismo; al principio y sin dudar, bajé de la barca y te seguí,
pero luego cogí miedo y caí al agua. Al final recuerdo que, mientras me cogías con tus manos, me desperté de
un sobresalto. ¿Qué te parece pues Yeschu este sueño?
El rabí, que estaba escuchando atentamente a Simón, movió repetidamente su cabeza y le dijo: –¿Que qué me
parece?, pues que es natural tu temor, porque todo ser humano teme aquello que desconoce; ¿o acaso crees
que yo no tengo mis temores?. Lo que pasa es que hay que procurar agarrarme fuertemente a la roca principal,
la del Espíritu. Por eso os digo que aprendáis de mi como ser humano, porque si vosotros observáis como yo
me agarro fuertemente a la roca del Espíritu y me veis seguro de mí mismo, eso os tendría que dar a entender
que todos podéis hacer lo mismo; y estad seguros, que todo hombre o mujer que se agarra fuertemente a la
roca espiritual que es Dios, y no a las religiones de los hombres, nada teme.
Comprendo que en algunas ocasiones los problemas que vivimos en esta vida parezcan tormentas que nos
ahogan de día y de noche, aunque también es cierto que mucha gente hace enormes montañas de cosas sin
importancia; pero cuando uno se deja guiar por el Espíritu, tiene fuerza suficiente para decir a esas montañas
de la vida ¡apartáos! y se apartan, y a las tormentas ¡basta! y se calman. No olvidemos que el único guía en
estas cosas es el Espíritu, nosotros como seres humanos, somos simplemente alumnos; y como todos
sabemos, el alumno nunca es más sabio que su Maestro, ¿me has entendido Simón?. –Sí, pero... –decía el
pescador; entonces el rabí lo calmó diciéndole: –Pero, ¿qué es lo que temes, hombre de poca fe?, ¿no te das
cuenta que lo importante es agarrarse a la roca del Espíritu y no a mi como hombre?. No hagas pues un
problema de un simple sueño de la vida. ¿me entiendes ahora Simón?. Y el rudo pescador Simón asentó la
cabeza y le contestó: –Si Yeschu, ahora te entiendo.
Los mercaderes del templo
En cierta ocasión, estando el rabí en Jerusalem, se encontró en las puertas del templo el deplorable momento
de la mercadería, venta de bueyes, ovejas, palomas, etc., con el natural griterío del mercado; y estando en las
puertas del templo vió que había quienes, dinero en mano, seguían negociando dentro. El obrero carpintero no
pudo reprimirse y dando una rápida mirada a todo lo que estaba viendo, se encaró a los mercaderes y les
habló de esta manera: –Quitad todo eso de ahí, el templo es para orar, para meditar las cosas de Dios, no para
vender cosas o animales, y vosotros la estáis convirtiendo en una cueva de ladrones; en el nombre de Dios,
¡marcháos, salid del templo!.
Pero los mercaderes dijeron a Yehoshuah: –¿Quién eres tú para hablarnos de esta forma?. Y el rabí les decía:
–¡Yo soy uno más como vosotros, pero verdadero seguidor de la Ley de Dios; salid del templo y no negociéis
más dentro de el!. Pero los gritos de Yehoshuah eran tan fuertes que llamaron la atención de los sacerdotes
que se encontraban dentro, y al ver la justicia con la que hablaba el carpintero de Nazerat, de inmediato
hicieron salir a los mercaderes, intentando calmar de esta manera el incidente en el templo.
Había gente que no conociendo todavía a Yehoshuah, se preguntaba quien era aquel galileo que hablaba con
tal autoridad espiritual que hasta los sacerdotes le respetaban; pero algunos escribas y fariseos que lo
conocían y sabían que era galileo, hablando a la gente empezaron a decir: –Hemos oído que en Galilea existe
mucha rebeldía, y que Pilatos ejecuta a los galileos en sus sacrificios, ¿qué puede esperarse de bueno de
aquel lugar?
El carpintero, que escuchó aquellas palabras, se dirigió a los fariseos y sin vacilar les preguntó: –Yo, que soy
galileo, de Nazerat, me pregunto, ¿por qué, hombres de religión como sois vosotros, menospreciáis a otros
israelitas, a otros hebreos, aunque seamos de Galilea?, ¿o es que no tenemos todos la misma Ley?, ¿Por qué
creéis que es mejor aquel que tiene estudios y se somete a las leyes romanas, que aquel que sigue los
dictados de la Ley de Dios, que salen de su corazón, y al mismo tiempo clama justicia ante los hombres y sus
leyes violentas?.
Pues no olvidemos que para los ricos de Roma, tanto Galilea como Jerusalem son como una higuera en medio
de un viñedo, solo le sirve para recoger el fruto; y si no fuera por los impuestos que obligados pagamos todos
los pobres de Galilea, Samaria y Judea, hace tiempo que los romanos habrían arrancado de su tierra a Israel
como se arranca un árbol estéril.
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Pero en ocasiones, como la ocurrida en el templo, Yehoshuah de Nazerat también se sorprendía de sus
reacciones, sabiendo como sabía, la delicada situación social en la que vivía el pueblo de Israel bajo el dominio
de imperio romano; pero su confianza en el Espíritu, era mayor que el temor a ser denunciado por los
sacerdotes, como así ocurrió con el profeta Yokanaán el purificador.
El sentimiento universal de Yehoshuah
Cuando el carpintero de Nazerat hablaba a la gente de sus sueños, parecía que su cuerpo, de estatura
pequeña y encorvada, crecía. –Rabí, háblanos de tus sueños –le preguntaban– ¿es cierto que nuestra Tierra
es redonda y que el cielo es infinito?. Y Yehoshuah les decía: –No solamente lo veo así, sino que además, veo
que aquello que nosotros llamamos cielo y estrellas no son más que el auténtico templo de Dios, una gran casa
llena de muchas habitaciones parecidas a esta en que vivimos, o más adelantados que la nuestra, donde es
imposible ver con los ojos del cuerpo la inmensidad de sus cielos.
En ocasiones os he dicho que se cosas y veo cosas que son imposibles de expresar con palabras, pero de
poder contarlas tal y como las veo y oigo, no las podríais digerir, por la sencilla razón de que son mis
experiencias espirituales, no las vuestras; es necesario, pues, que tengáis vosotros experiencias propias con el
Espíritu, y cuando esto ocurra, será el Espíritu que os guiará hacia la verdad, y la verdad os hará libres. Porque
así dice el espíritu: Yo soy el Buen Pastor, y el buen pastor conoce a sus ovejas y las llama a cada una por su
nombre, y ellas le conocen; pero tengo otras ovejas que he de cuidar y no son de este redil, pero no temáis
nada, manada pequeña, porque siempre estoy con vosotros.
–Rabí, –le decían de nuevo algunos fariseos– si el cielo y las estrellas son el templo de Dios, muéstranos pues
al Padre. Y el carpintero les decía: –¿Pero no os dais cuenta de lo que os estoy diciendo?; a Dios no hay que
buscarlo entre las nubes para que digamos ¡que alto está!; ni tampoco dentro de la tierra para que acabemos
diciendo, ¡qué profundo se encuentra!, ¡Dios es todo!, y nosotros nada somos sin Él. Pensad por un momento y
decidme, ¿cómo es el aire que respiramos, o cómo es el calor y el frío que padecemos, o el amor que sentimos
por nuestros seres queridos?.
Es cierto que a Dios nadie lo ha visto jamás, pero podéis estar seguros de que si nos amamos los unos a los
otros, nuestro Creador se alegra de nosotros, como parte de su obra, porque Dios es Amor, y todo el que vive
en amor vive en Dios, y Dios en él. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas os
vendrán por añadidura, pero buscadlo en el templo de vuestro corazón y no en las sinagogas o en el Templo
de Salomón, y entenderéis lo que os estoy diciendo.
Ya es hora de que comprendáis que Dios, el Creador de todas las cosas, es eterno, y nosotros, hombres y
mujeres que formamos parte de Él, somos tan eternos como nuestro Padre, somos pues dioses en potencia; y
cuando os digo que mil años para Dios es como un día, y un día para Dios como mil años, es para daros a
entender que el tiempo, como la muerte, no existen, que todo es vida en los cielos, ¿entendéis lo que os estoy
diciendo?.
Pero los fariseos que le escuchaban le hacían preguntas para confundirlo y le decían: –Si la muerte no existe,
¿cómo es que nuestro Padre Abraham y los profetas están muertos?. El carpintero, que conocía a los cojos
estando sentados, les contestaba: –Pero, ¿quién os dice a vosotros que los profetas están muertos?, ¿acaso
no está el espíritu de Abraham presente en vuestros rezos en el templo y en las sinagogas?; las cosas que os
hablo son experiencias espirituales, no creencias religiosas. Vosotros mismos llamáis padre al profeta
Abraham, pero de estar presente entre nosotros ahora os diría lo mismo que os digo yo, que a nadie llaméis
Padre espiritual, porque sólo tenemos un Padre espiritual, Dios, y que a nadie llaméis Rabí, porque sólo hay un
Rabí, el Espíritu de nuestro Padre Dios.
–¿Cómo es posible que teniendo poco más de cincuenta años digas haber hablado con Abraham que hace
siglos que no está entre nosotros?, ¿o es que acaso tú, que dices tener al Espíritu, eres más viejo que él? –le
decían los fariseos. Pero el rabí les contestaba: –¿Es que no entendéis mis palabras?; cuando os digo que
somos tan eternos como Dios me refiero al Espíritu y no al cuerpo; Antes que Abraham y que los profetas
vinieran, yo existía dice el Espíritu, ¿no os dais cuenta de que sólo Dios es el principio y el fin de todas las
cosas y de que nada existe fuera de Él?.
El discurso de Yehoshuah de Nazerat era sencillo de entender, sin embargo los fariseos y sacerdotes iban
siempre buscando la manera de acusarlo de blasfemo y de ir contra la ley.
La sinagoga pobre del carpintero
Un sábado, estaba el rabí con sus amigos sentados en la plaza de Cafarnaum, y a medida que hablaba, la
gente que pasaba se paraba a escucharlo. Y hablando sobre la sinagoga les decía: –En muchas ocasiones os
he comentado que los cielos son el verdadero templo de Dios, pero también nuestra casa puede ser un templo
espiritual, si se vive en armonía; Donde están dos o tres unidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos,
nos dice el Espíritu.
Pero entre la gente que escuchaba al carpintero habían unos fariseos que al oír sus palabras le dijeron: –Pero
rabí, ¿no dice la ley que se necesitan diez hombres con el rabino para abrir una sinagoga?; entonces, ¿por
qué hablas de formar una sinagoga con media docena de hombres y mujeres ignorantes de estas cosas?.
Entonces Yehoshuah les contestó: –Yo no hablo de construir templos; lo que os digo es que la auténtica
sinagoga del Espíritu no se edifica con piedras, barro, ni libros, sino con la práctica de la bondad y la justicia
entre hombres y mujeres, lo demás sobra. Aquí mismo, en la plaza y en este momento, ya estamos formando
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sinagoga. Estáis equivocados en pensar que la religión de Dios, consiste en unos hombres que predican y
comen, mientras la gran mayoría escuchan, malviven y os pagan tributos.
Y mirando de nuevo a la gente pobre les volvía a decir: –¿No os dais cuenta de que continúa la misma
esclavitud, la misma servidumbre que había en Egipto?. Cuando el profeta Moisés subió la montaña y escuchó
en su corazón la voz de Dios, supo lo que tenía que hacer y decir a los hijos de Israel. Un buen judío sabe que
lo importante es subir la montaña del Espíritu si quiere reencontrarse con el único que nos puede liberar de la
esclavitud, Dios. Cuando el Espíritu habla al corazón humano dice: Yo no os llamo siervos, porque el siervo no
sabe lo que hace su señor, sólo obedece como un cordero y va andando a ciegas esperando la voz de su amo;
yo os llamo amigos, porque el verdadero amigo está siempre presente cuando es necesitado; por eso os digo
que la verdadera sinagoga se construye en el corazón del hombre, a través de la bondad humana, y no con
piedras y barro; quien tenga oídos, oiga.
La gran lección del Espíritu o Cristo
Un sábado por la mañana, ya bien salido el sol, se encontraba de nuevo el carpintero con sus amigos en
Jerusalem, la ciudad estaba llena de gente que se disponía a celebrar el shabat en el Templo, como de
costumbre. Yehoshuah de Nazerat se paseaba por la plaza frente al templo con su hijo, el joven apóstol
Yokanaán, algunos de sus discípulos y otras personas que se acercaban a él; de pronto el rabí se paró, y
mirando a la gente que le rodeaba, (había fariseos, escribas, levitas, nazarenos, esenios, etc.), sonriendo
cariñosamente empezó de esta manera:
–Nuestro Padre Dios, bendito sea, me ha enviado a vosotros israelitas y a todos los seres humanos de la
Tierra, para daros la Buena Nueva, el evangelio del Espíritu a los pobres, como ya en otras ocasiones os he
dicho, pero el evangelio es también para los ricos. –aquí se produjo un gran murmullo de aprobación de la
gente– Pero entended bien esto, –dijo Yehoshuah– la lección es para ricos y pobres; unos y otros debéis
apartar de vuestra mente el egoísmo, ambición, envidia, etc. y vuestro espíritu tiene que estar lleno de paz,
amor, bondad y sobre todo, estar en armonía con Dios.
Entonces uno de los presentes le dijo: –Rabí, yo tengo tierras, ovejas, dinero, etc., no veo porqué tengo que
renunciar a estas cosas materiales. Pero Yehoshuah mirándole con cariño le contestó: –Os he dicho en otras
ocasiones que no se puede servir a Dios y al dinero, debemos trabajar todos, nadie tiene derecho a
enriquecerse con el trabajo de los demás hombres, el que puede, tiene que trabajar, salvo los niños, los
enfermos, los ancianos, etc. Dios dice no robarás, y yo os digo que nadie puede hacerse rico si es honrado,
ama la justicia y tiene a Dios en su corazón.
Y para terminar la lección de hoy debo añadir que nuestro pueblo está dividido en ricos y pobres, en religiosos
del templo y en comunidades religiosas apartadas del pueblo, como los nazarenos, los esenios, etc.. Nuestro
Padre Dios no quiere esta forma de vivir y de adoración; aprended de mí, –dijo Yehoshuah– yo trabajo de
carpintero, estoy en unión con Dios y predico las verdades del evangelio públicamente como lo hago ahora;
amigos, no os engañéis a vosotros mismos; aferrarse fuertemente a una religión o refugiarse en una
comunidad apartada de la otra gente, todo esto es puro egoísmo, y mientras tengáis egoísmo materialista o
religioso, podréis tener muchas cosas materiales, conocimientos humanos, etc., pero no tendréis a Dios.
Ya os he dicho en otras ocasiones que si queréis ser luz, tenéis que alumbrar, porque una luz estropeada o
escondida no alumbra; levitas, sacerdotes, fariseos, saduceos, esenios, etc., aprended de mí, aprended la
lección; para vivir la vida, para respirar el aire que Dios nos da, no tenemos la necesidad de acudir a ningún
sitio determinado, pues de la misma manera nuestro Padre Dios da la vida al espíritu de forma directa, si
estamos en armonía con Él.
Yehoshuah dio por terminada la lección y empezó a alejarse de la multitud, mientras que la gente hacía
comentarios. –Pero ¿quién es este?, dijo uno, al parecer esenio por su modo sencillo de vestir; y el joven
apóstol Yokanaán, muy contento y dando saltos de alegría, se iba corriendo tras su padre mientras les gritaba
fuertemente: –¿Aún no lo conocéis?, ¡es el Espíritu, es el Espíritu!.
Subir a una higuera para ver al Maestro
Las palabras y la forma de actuar del carpintero de Nazerat eran motivo de conversación entre muchos de los
pobres de Israel, pero también algunos ricos trataban de entender al nazareno, aunque sus enseñanzas les
resultaban fuertes de digerir.
En una ocasión, un tal Zaqueo, que ya había escuchado a Yehoshuah en Jerusalem, quedó tan entusiasmado
por sus palabras, que le rogó que viniera a su casa, en Jericó; pero cuando el rabí llegó a la antigua ciudad,
había tanta gente en el mercado, que Zaqueo no tuvo más remedio que subirse a un sicomoro para verlo venir
al tiempo que gritaba su nombre. Pero aún así seguía sin verlo, hasta que el rabí, colocándose bajo el árbol, le
gritó: –Zaqueo, estoy aquí, ya puedes bajar del árbol. Y el hombre, bajando del árbol, abrazó al rabí y a su
familia y marcharon a su casa a descansar.
Pero no poca gente rica que escucharon gritar al publicano el nombre de Yehoshuah de Nazerat se
sorprendieron de que un hombre de posición como Zaqueo invitara a aquél simple nazareno de Galilea.
Pero Yehoshuah de Nazerat como hombre espiritualmente libre, poco caso hacía de las habladurías y de las
críticas que sobre el hacían, sobre todo los ricos y religiosos de Israel. Aquella tarde, y a pesar de dichas
críticas, la casa del publicano Zaqueo se llenó de gente pobre que esperaban ansiosos escuchar las palabras
del rabí; y el obrero carpintero les hablaba con ejemplos y parábolas como esta:
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–Un hombre rico tuvo que ausentarse de su casa durante un tiempo para arreglar unos negocios, pero a pesar
de que era estricto, también era justo, y antes de irse llamó a sus diez empleados y les dijo: Tomad este
dinero, encargaos vosotros de mis bienes, y procurad que den riqueza para que nada se pierda.
El hombre era odiado por otros ricos que no veían bien esa confianza, pero también mal temido por algunos de
sus empleados que se dejaban llevar por el temor y las habladurías. Cuando regresó del viaje lo primero que
hizo fue llamar uno a uno a sus empleados para pasar cuentas; el primero le devolvió diez veces el dinero
prestado y el rico le dió autoridad sobre diez de sus negocios; el segundo le devolvió cinco veces el valor del
dinero prestado y el hombre en agradecimiento le dio autoridad sobre cinco de sus negocios y así
sucesivamente todos entregaron su trabajo y fueron recompensados.
Pero uno sus empleados se presentó delante de él y le entregó el mismo dinero prestado dentro de un pañuelo
y le dijo: Señor, tuve miedo de perder el dinero y lo guardé. Entonces el hombre le preguntó el por qué, y el
empleado le contestó: Porque la gente dice que eres un hombre severo, que robas lo que no es tuyo y recoges
cosas que tú no has sembrado y he temido que hicieras lo mismo conmigo. Entonces el hombre le contestó:
¿Y por qué me lo dices ahora?. Tú ya sabías que yo era un hombre de negocios cuando te dí el dinero y te
callaste, un dinero que procuro administrar aunque no lo haya trabajado. Si tenías tal idea formada de mí, ¿por
qué no has sido sincero desde el principio y me has dicho lo que pensabas, así yo hubiera invertido el dinero
en otro lado y habría dado intereses durante todo este tiempo que he estado ausente?.
El hombre rico se enfadó tanto de la desconfianza de aquel empleado que le quitó todo el dinero e hizo que lo
entregaran a quien había producido diez veces más; y llamando a todos sus empleados les dijo: A partir de
este momento, aquel que más produzca, más obtendrá, y el que produzca menos, lo poco que tenga se le
quitará. Y despidió a cuantos habían dudado de su palabra.
Cuando acabó de contar la parábola, el rabí dijo a quienes le escuchaban: –Ahora, decidme vosotros, ¿qué
habéis entendido?. –Maestro –dijo uno–, yo he entendido que no es justo que un hombre se haga rico a costa
del trabajo de otro hombre–. Con las palabras de aquel seguidor empezó una fuerte discusión, pues los había
que defendían al rico y otros a los pobres, a los obreros. Uno de ellos se dirigió de nuevo al carpintero y le dijo:
–Rabí, hemos oído que en Galilea hablabas de repartir la comida y de tener todos los hombres las cosas en
común, ¿no es esto lo que quieres decirnos con la parábola?.
–Veo que no me habéis entendido del todo, pero os aclararé más la cosa –dijo Yehoshuah–. Es cierto que
debemos ayudarnos los unos a los otros y también es cierto que debemos ganarnos el pan con nuestro
esfuerzo y no con el esfuerzo de los demás hombres como he dicho estos días en Jerusalem; nadie tiene
derecho de hacerse rico a costa del trabajo y sudor de los pobres.
Pero pensemos por un momento. Si un hombre es rico, sea judío o no, ama la justicia y quiere respetar la ley
de Dios que es el amor al prójimo, no tiene más remedio que repartir entre sus obreros el beneficio del trabajo
que ellos producen; sólo así se estará acercando al reino del Mesías que es justicia para todos; lo otro no es
más que robar.
Pero si un hombre, sea judío o no, es pobre y quiere seguir siendo honrado, nada debe temer en decir aquello
que piensa y siente, si el único fin de sus palabras es el de no engañar ni ser engañado; no olvidemos que la
verdad es lo único que nos hace a todos libres, no las mentiras y el miedo, que acaban por convertirnos a todos
en esclavos.
Zaqueo se levantó emocionado por las palabras de Yehoshuah, y con el corazón abierto habló del rabí delante
de aquella gente pobre diciendo: –Hace unos días escuché en Jerusalem las palabras del rabí Yehoshuah que
decían: lo que no quieras para tí no lo desees a los demás y me dieron mucho que pensar. Nunca había oído
hablar con tanta justicia, dignidad y sensatez a un hombre pobre como él, ni en Jericó ni tampoco en
Jerusalem.
Todos me conocéis y sabéis que mi trabajo es recaudar impuestos, pero también habéis comprobado que
procuro ser lo más justo posible; por eso, de saber que he defraudado a los más pobres, podéis estar seguros
de que le devolveré cuadruplicado lo defraudado; no sé si esto es justicia o no, lo único que sé es que a causa
de tu estatura rabí, y porque eres como los demás hombres, hoy he tenido que subir a una higuera para
encontrarte entre la gente. Después de hablarnos a todos con sabiduría de la justicia y del Espíritu, creo
firmemente que tus palabras son lo más grande que ha pasado en Israel desde que cayeron las murallas de
Jericó, y doy gracias al Dios de nuestros padres por tenerte hoy en mi casa.
De nuevo volvió a producirse en la casa aquel silencio de la montaña, y después de unos segundos, el
carpintero dijo al publicano: –Podéis estar seguros amigos de que no estamos reunidos hoy en esta casa por
casualidad; las cosas del Espíritu son muy sencillas, pero también muy profundas. Como he dicho en muchas
ocasiones, la verdad nos hace a todos libres, y hoy en Jericó, como en muchos lugares de Israel, es la verdad
la que hace temblar los muros de la injusticia humana en boca de los pobres.
Pero no olvidemos que lo único que nos hace verdaderamente libres es la verdad, que es el Espíritu, no las
guerras contra los hombres. Si ponemos los cimientos de la verdad dentro de nosotros mismos, iremos
edificando el mundo de justicia e igualdad que deseamos; y esta es la verdadera fortaleza del Espíritu, y no los
templos y las murallas de piedra que al final el tiempo acaba por destruir.
¡Si las piedras hablasen!
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Los amigos obreros que seguían a Yehoshuah comprendían que el mensaje pacífico de justicia y bondad
humana que el carpintero predicaba era algo muy sencillo de vivir, tanto que con el paso del tiempo se convirtió
en el único tema de discusión entre ellos.
Hubo quienes perdiendo el miedo, y hablando abierta-mente del rabí, incluso dentro de las propias sinagogas,
fueron públicamente reprendidos por los mismos sacerdotes. –Yehoshuah, –le dijeron unos fariseos al
carpintero, estando en Betnania en el entierro de su amigo Lázaro– hemos encontrado que los que te siguen,
no dejan de hablar de tí y de tu ideas aún dentro de la sinagogas; repréndeles, porque esto que hacen lo
prohíbe la ley.
Pero en aquella ocasión el rabí, con lágrimas en los ojos por el recuerdo de su amigo, dijo a los fariseos: –
¿Cómo es posible que seáis tan ciegos e ignorantes, y no reconozcáis la verdad tan sencilla como es?. Es por
vuestra culpa que clamamos los pobres; porque, como a Lázaro, habéis enterrado en vida a miles de Lázaros
en Israel; vosotros sacerdotes, habéis convertido la tierra en un cementerio viviente, lleno de muertos que
entierran a sus muertos; pero cuando algunas de estas personas, por fin, salen de sus tumbas y vuelven a la
vida con unas palabras de aliento, aun queréis taparles la boca, ¿cómo pretendéis que los pobres nos callemos
estas cosas, si hasta las piedras que estáis pisando claman justicia?.
Pero las amenazas de los sacerdotes hacia el rabí continuaron creciendo, cada vez que surgía alguna
discusión pública con él.
La pascua del judío carpintero
En una ocasión, el carpintero quiso celebrar la Pascua y junto a su familia, hijos y amigos, realizando el rito
judío de la celebración e imponiendo sus manos a cuantos se encontraban en la casa. –Rabí, háblanos del
significado de la Pascua– le decían sus seguidores al acabar el rito.
Aquel día, Yehoshuah, como un padre enseñando a sus hijos la historia oral de su pueblo, empezó el haggadá,
narrando el Pésaj o Pascua judía, de esta manera:
–Cuando nuestros antepasados eran esclavos en Egipto, soñaban que un día alcanzarían la libertad, y esto les
mantuvo unidos hasta que fueron expulsados al desierto. Pero cuando llegaron a esta tierra, de nuevo
volvieron a separarse entre ricos y pobres, y como en Egipto, los más poderosos crearon jerarquías religiosas
para dominar a los más débiles, y desde entonces, en esta tierra se está pisoteando la única ley de Dios, el
amor al prójimo.
Pero el hombre ha de buscar ser libre, no sólo del físico, sino también espiritualmente, y esto no lo encontrará a
través de las armas y las guerras; el hombre alcanzará su verdadera libertad, cuando experimente que en su
interior es más fuerte el amor que el odio, cuando experimente la auténtica paz de Dios, o sea, cuando viva en
bondad.
Para ello, tratad de no ambicionar ni odiar a nadie, trabajad para comer y no ser carga para nadie, vivid
sencillamente, en paz, y seréis realmente libres; no olvidéis que es mejor comer pan con aceite en armonía,
que tener la mesa llena de comida y no tener la conciencia tranquila, no tener paz.
Yo os trato de enseñar mi paz, de daros mi paz, no como el mundo la impone a base de armas y diferencias
humanas, sino como nos la da Dios a todos los hombres, con amor, e incluso a los que se consideren vuestros
enemigos. Tened en cuenta que el amor es la mejor expresión de amistad, y no hay mayor amistad en esta
tierra, que la de aquel que da su vida por los amigos, y vosotros sois mis amigos; más un amigo de verdad,
jamás abandona a otro amigo.
Simón se emocionó por las palabras de Yehoshuah y le dijo: –Rabí, sabes que también nosotros somos tus
amigos y que nunca te abandonaremos, pase lo que pase, por lo menos yo. –Ya lo sé Simón, –le dijo
Yehoshuah al pescador–, sé que tu amistad es fuerte, pero tu sabes mejor que nadie, que de no agarrarse bien
al timón cuando hay temporal, uno puede caer de la barca en menos que canta un gallo. Y Simón calló.
Pero el rabí continuaba diciendo: –Hasta el momento habéis escuchado ejemplos y parábolas de un hombre,
de un carpintero, de un pobre como vosotros, pero llegará un día en el que ya no serán palabras las que
escuchéis de esta boca, sino que será el propio Espíritu el que nacerá en vosotros, y guiará vuestros hechos y
vuestra vida, como un hijo llena de alegría a la madre una vez pasado el dolor del parto.
Pero esto sirve para todos los seres humanos que tratan de vivir al Espíritu, todos somos hijos del mismo
Padre y todos somos en potencia apóstoles, sacerdotes y profetas de nuestro Creador Dios.
Ya os he dicho en muchas ocasiones que podéis aprender de mí si eso os sirve, pero lo importante es que
tratéis de vivir al Espíritu dentro de vosotros mismos como trato de vivirlo yo, y como lo han vivido los profetas
durante siglos; no olvidéis que Dios es infinitamente sabio y es el único que directamente puede enseñarnos
las cosas que debemos saber, Él es el único que puede consolar nuestro corazón, cuando llegan los malos
tiempos.
–Rabí, ¿por qué dices cuando llegan los malos tiempos?, –le decían sus amigos–, ¿acaso ves algo más que
nosotros no vemos?.
–Os he hablado de practicar la bondad y de vivir en amor los unos con los otros, pero también de ser
prudentes, porque como ovejas en medio de lobos hemos venido a este mundo, y aunque formamos parte del
mundo, ruego al Padre que os guarde de él.
Padre –decía el rabí emocionado, casi llorando delante de sus amigos–, así como tú y yo somos una cosa, que
estos que me has dado por amigos y están conmigo hasta el día de hoy, comprendan que ellos también son
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una sola cosa con nosotros, como una cosa han de ser todos los hombres del mundo. Padre, tú que eres justo,
haz que la tierra sepa de tu justicia y que esta sea tu voluntad.
Última lección de amor, la muerte
Acusado de engañar con sus ideas al pueblo, y de ponerlo en contra del imperio romano y de la ley judía, el
rabí continuó trabajando sin perder su humor y sarcasmo. Pasando incluso los 50 años aquel obrero carpintero
de Nazerat continuó predicando las enseñanzas libertarias, ensalzando la justicia y la sencillez humana hasta
el último momento de su vida, manteniéndose fiel a sí mismo, frente al poder, cosa difícil de entender por los
sacerdotes de su tiempo.
Después de aquella lección de amor hacia sus amigos y hacia aquellos que lo consideraron un peligro social,
continuó predicando dichas enseñanzas hasta que acabó siendo apresado, encarcelado y torturado por los
romanos, sin que consiguieran someterlo a los caprichos de las autoridades religiosas cuyos intentos de
comprar su silencio fueron fallidos.
Y en el camino hacia la muerte, unas pocas lecciones más salieron por su boca, como la dirigida a unas
mujeres que preñadas, trataban de seguir al rabí entre los condenados y que al verlas llorando desconsoladas
les exclamó: –¡No lloréis por mí, llorad por aquellos que tienen aun que nacer!! ¡aprended la lección y no echéis
más a vuestros hijos a las fieras!.
El obrero carpintero Yehoshuah de Nazerat fue sacrificado públicamente como un esclavo más de Israel ante el
dolor de su familia, su mujer, sus hijos y amigos que nada pudieron hacer para cambiar aquella situación..
Unas últimas palabras volvieron a quedar grabadas en la mente y en el espíritu de sus seguidores, pero sobre
todo, de su hijo Yokanaán, que recordando la oración que su padre le enseñó por las montañas, vió como su
padre, amigo y maestro, se despedía en la cruz con lágrimas en los ojos y exclamando: –¡Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen!, ¡en tus manos dejo mi espíritu!.
Ahora más que nunca!
Reflexión religiosa
La imagen del nazareno, asesinado por los poderosos de su tiempo, quedó presente en los pobres que
compartieron con él su mensaje; pero el profundo recuerdo de las enseñanzas de este hombre sencillo y
trabajador, de este pobre que supo liberarse de la influencia religiosa y encontrar la fuerza necesaria para
combatir la sinrazón de su tiempo, se conservó aún más allá de las teologías extrañas que los ricos formaron
sobre su vida y sobre su muerte, dando de esta manera aliento a las pocas familias que tras su asesinato,
hicieron un esfuerzo por conservar el mensaje a través de la tradición oral, y sobre todo, viviendo día a día, año
tras año y siglo tras siglo en el forzado anonimato, el evangelio pobre que Yehoshuah de Nazerat dió a
entender.
Y ahora más que nunca, el mensaje sencillo del rabí de los pobres cobra sentido, cuando millones de seres
humanos, guiados por las multinacionales de la religión organizada, se encuentran en la encrucijada de
continuar los dictados puramente económicos de sus dirigentes, o liberarse del yugo religioso, con el fin de
redescubrir dentro de ellos mismos aquella conciencia coherente de sencillez, pacifismo, justicia social y
libertad espiritual que ofreció a todos con la practica de su ejemplo, Yehoshuah de Nazerat, y cuyo botón de
muestra hace siglos que espera en el silencio casero de algunas, por desgracia pocas familias obreras en el
mundo.
Y así como la disyuntiva humana se refleja hoy en el mundo entre ricos y pobres, de igual modo en estos
momentos surge a la luz, frente a la existencia de las iglesias ricas llamadas cristianas, aquella sencilla, pero
casera iglesia o sinagoga pobre que el carpintero alentó, y que producirá a partir de estos momentos un
auténtico cambio en la concepción de la espiritualidad humana.
No se puede desviar por más tiempo el gran debate que tiene pendiente el mundo religioso entre la riqueza y la
pobreza evangélica dentro de sus templos, sinagogas, asrams, iglesias, pagodas, mezquitas, etc, un debate
que necesita airear urgentemente la religión organizada, sobre todo el llamado cristianismo católico y
protestante, si quiere sobrevivir a este despertar de la conciencia humana en la que el mensaje de Yehoshuah
de Nazerat irremediablemente jugará un papel decisivo.
Y si a fin de cuentas, nadie ha visto jamás a Dios, ¿porqué el ser humano ha de depender espiritualmente de
hombres que nunca lo han visto, y están cargados de un lastre religioso cuyo punto álgido es el miedo a
libertad espiritual?.
Delante de esta disyuntiva, sólo cabe alentar a que el ser humano ponga en funcionamiento las dos cosas más
preciadas que nuestro Creador no has dado, un cerebro para pensar y una razón para discernir las cosas del
corazón, y como decía el rabí Yehoshuah de Nazerat, las demás cosas vendrán por añadidura.
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CITAS PARA EL PRESENTE
...hace 2000 años
• ¡Ay de aquellos, cuyo único consuelo es la riqueza y viven saciados sin saber que
les espera el día de mañana!.
• Nadie puede servir a dos señores, ya que acabará amando a uno y aborreciendo
al otro; no se puede amar a Dios y al dinero
• Los pobres somos la sal de la Tierra, la levadura que hace crecer el pan
• Bienaventurados los pobres que tratáis de vivir en el Espíritu,
porque vuestro es el reino de los cielos...
Bienaventurados los que tengan el corazón y las manos limpias; los pacíficos
y todos aquellos que no intervienen en guerras contra otros hombres...
Bienaventurados todos los pobres, porque nosotros heredamos la tierra, una tierra
que Dios nos dio a todos y que los ricos han robado...
• Bienaventurados los misericordiosos, los que lloran, los que están
perseguidos injustamente...
• Allí donde guardemos el tesoro humano, la riqueza, etc., irá detrás nuestro pensamiento.
• ¡Ay de aquellos que sólo buscan la adoración y el respeto de los demás, sin embargo
viven de rodillas adorando el becerro de oro, esperando bendiciones!
• Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque todo el que pide, recibe, todo el que
busca, halla, y a todo el que llama, se le abre.
• Ni el sabio Salomón pudo, con toda su riqueza, vestirse como una simple y
sencilla hierba del campo.
• No acumulemos cosas como los ricos, por miedo al día de mañana, porque las riquezas materiales, de la
misma manera que vienen, se van, y nadie se lleva nada al morir.
• Pensar pues que nuestro Padre Dios hace ricos y pobres entre los seres humanos, sus hijos, unos que naden
en la abundancia mientras que los otros intentamos sobrevivir como podemos, es una blasfemia contra la razón
y contra Dios.
• La Ley de Dios no mata, no engaña a nadie, no hace guerras, ni explota y asesina a mujeres, niños y
ancianos, sino que es paz, bondad y justicia de Dios para todos.
• Cuando ofrezcáis vuestra ayuda a alguien, procurad que vuestra mano derecha
no sepa lo que hace la mano izquierda.
• Dios no habita en templos construidos por las manos de los hombres, Dios es infinito
y nosotros mismos, como hijos suyos, somos tan eternos como Él.
• Procuremos que nuestro sí, sea sí, y nuestro no, sea no...
Seamos perfectos, como nuestro Padre Dios es perfecto
• Quien devuelve bien por mal, está colocando una ascua encendida encima de la
cabeza del violento; y nadie quiere ser menos que el otro.
• Si un ciego guía a otro ciego, ambos tropezarán y caerán.
• No echemos nuestras perlas a los cerdos.
• No hagamos de hipócritas mirando la paja que tiene nuestro hermano en el ojo,
porque tal vez tengamos una viga en el nuestro.
• Yo no os tengo como extraños sino como amigos, no como los sacerdotes que os
llaman siervos y como sabéis, los siervos nunca saben lo que hace su señor.
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• Yo soy la Luz del mundo, y si venís conmigo no andaréis en tinieblas,
pues también vosotros sois Luz, nos dice el Espíritu.
• ¡No os entretengáis más dentro de la religión, y salid de los templos,
salid de la Babilonia religiosa!.
• Los pobres no debemos avergonzarnos de lo que comemos, porque digno es el obrero
de su salario y de su sustento... A Dios no se le honra más ayunando y sacrificando el cuerpo, sino
practicando la justicia y la paz.
• En las cosas de Dios, quien tiene el Espíritu, quien tiene el aliento de Dios en él mismo,
no va a buscarlo en los templos, ni va haciendo ayunos y sacrificios religiosos; quien
tiene el Espíritu, práctica el amor con los demás seres humanos.
• Qué fácil es juzgar a los demás, pero no lo es tanto cuando se trata de juzgarse a uno mismo; no olvidemos
nunca que no se avanza en el camino espiritual viendo las faltas
de los demás, si no viendo las propias y tratando de corregirlas.
• No es justo ni humano que los pobres tengamos que alimentarnos de las sobras
que tiran los ricos, como si fuéramos perrillos detrás de las migajas de sus amos.
(María de Magdalá).
• Aquel que no da amor, es porque nada tiene, nada puede ofrecer y nada
se le puede perdonar.
• El que ama, no tiene por qué pedir perdón, ni avergonzarse de nada,
y mucho menos ser perdonado por otro ser humano con los mismos defectos
y debilidades que él.
• La buena nueva espiritual, es que empecemos de nuevo, pero esta vez sin
jerarquías ni intermediarios religiosos, sin templos ni oraciones compuestas,
sino directamente a Dios.
• A Dios nadie lo ha visto jamás, pero si practicamos el amor los unos con los otros,
Dios está con nosotros.
• Sólo hay un Maestro, el Espíritu, que nos habla a todos como habló a los profetas,
y como habla hoy a todos los hombres y mujeres con bondad en el corazón.
• Tener el Espíritu en uno mismo es estar en y con Dios; pero nadie puede tener el
Espíritu si no practica la justicia y el amor con el prójimo.
• Vosotros, sacerdotes, no debéis olvidar que el más pequeño e insignificante
de los hombres, puede albergar un gran espíritu, porque así Dios lo quiere.
• Doy gracias a nuestro Padre, el Señor de los cielos y de la Tierra, de que estas
cosas las esconda a los sabios y entendidos, y las revele a los más pobres.
• Sólo hay un Maestro, el Espíritu, que nos habla a todos como habló a los profetas
y como habla hoy a todos los hombres y mujeres con bondad en el corazón.
Tener al Espíritu en uno mismo, es estar en y con Dios.
• No tengáis miedo a la hora de hablar, porque el Espíritu, que habla por nosotros,
es el que guía nuestras palabras.
• Dejad que los muertos entierren a sus muertos.
• Yo soy el Buen Pastor, la Verdad, la Vida, dice el Espíritu.
• Las cosas que os hablo son verdad y espíritu, la carne nada aprovecha.
• La Verdad os hará libres.
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• El Buen Pastor da su vida por las ovejas, más el asalariado,
cuando ve venir al lobo, huye.
• Amaos los unos a los otros, para que no olvidéis nunca que nuestro
Padre Dios es Amor, es bondad.
• Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero yo,
como hijo de pobres, no tengo donde reclinar mi cabeza.
• Buscad primero el Reino de nuestro Padre Dios en vosotros mismos,
y las demás cosas os vendrán por añadidura.
• La letra mata, sólo el Espíritu es el que da vida.
• Dios es amor, y el que vive en amor vive en Dios y Dios en él.
• La religión de Dios tiene un sólo Sacerdote, un sólo Rabí, el Espíritu Universal,
que al estar en y con los espíritus humanos, hombres y mujeres, nos transforma
a todos en verdaderos sacerdotes y profetas de Dios.
• Da al César lo que es del César, pero no te olvides de dar a Dios lo que es de Dios.
• Shemá Israel Iedonah Ealohenu Iedonah Ajad; ¡Oye, Isra-e-l: el Señor, nuestro Dios,
el Señor es Uno!; amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y
con toda tu fuerza, y a tu prójimo como a tí mismo; estos son los dos únicos y más
grandes mandamientos en los que se han basado, tanto los profetas, como la Ley.
• Escudriñadlo todo, pero retened sólo lo bueno.
• Vosotros sacerdotes, si de verdad practicarais el amor al prójimo, no pondríais
tantas pegas a los pobres y a la justicia de Dios que denunciaban los profetas...
sois vosotros los que ofendéis a los pobres ocultando las injusticias,
y ni entráis en las cosas de Dios ni dejáis entrar a los que os siguen.
• El verdadero profeta, cuando habla del futuro, no predice más que el presente
que vive dentro de sí mismo.
• La verdadera religión del futuro no es más que la bondad y la justicia puestas
en práctica, y esta se encuentra dentro de los hombres y no fuera de ellos.
• Vosotras, mujeres, debéis tener cuidado en no traer tantos hijos a estos tiempos,
porque los hijos son como perlas que no deben tirarse a los cerdos que dominan
• La guerra es como un diluvio, nadie sabe cuando empieza, ni tampoco cuando
acabará, viene sin avisar y destroza todo cuanto encuentra en su camino.
• El cielo y la tierra pasarán, sin embargo mis palabras no pasarán en vano,
nos dice a todos el verdadero Maestro, el Espíritu.
• El hombre, guiado por el Espíritu, sentirá necesidad de mirar al cielo, y entonces
nuestros descendientes empezarán a recordar todo lo que está pasando hoy aquí.
• La verdad volará por la redondez de la Tierra y nadie podrá ocultarla.
• ¡Venid, pobres del mundo, venid y heredad la tierra que desde el principio os perteneció!
• Sólo agarrándose fuertemente a la roca del Espíritu que es Dios, se puede edificar el verdadero templo que
se encuentra dentro de todo ser humano.
• Cuando estás con el Maestro, los temores desaparecen, y te das cuenta con claridad que lo importante en
este mundo es crecer espiritualmente, y en la medida que se pueda, ayudar a otros a que hagan lo mismo, y
así, todos, ir avanzando en la perfección que es Dios.
• No hace falta estar dormido para hablar o conversar con Dios o con los profetas,
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basta que concentréis vuestro pensamiento en este deseo y se producirá.
• Si no es justo que los pobres tengamos que pasar hambre para pagar impuestos,
más injusto es que pasemos hambre para enriquecer a quienes no trabajan y
predican las cosas de la religión.
• El Mesías no es un hombre que vendrá para arreglar las cosas en el futuro,
sino el eterno milagro de la bondad hecho realidad en el corazón de todos los hombres.
• De nada sirve buscar fuera del hombre, aquello que está ocurriendo dentro de su
corazón y de su pensamiento.
• El que vive la bondad en sí mismo y con los demás, no necesita ir a ningún templo religioso, ya que vive al
verdadero Mesías, que es el Espíritu dentro de sí mismo,
y Éste le guía en su vida. Y esta es la auténtica religión de Dios, el verdadero Mesías
que se vive y se vivirá en el futuro.
• Decir cuando llegará el Mesías a la Tierra, es decir cuando acabarán las guerras
entre los seres humanos, cuando se dejará de perseguir y torturar a los inocentes,
ancianos y niños, o cuando dejarán de engañar y torturar a los pueblos,
los que tienen el poder de las armas y de la religión.
• La falta de bondad entre los hombres y los pueblos, es lo que produce la guerra.
• Agradar a Dios es muy sencillo, basta con vivir la vida sencilla, trabajar para poder
comer y ser justo; y si hay ocasión de hablar con la gente, no perderla.
• Las cosas de Dios no se compran ni se venden, y si gratis las recibimos de Él,
gratis las debemos dar.
• Llevad primero vuestra carga, y luego podréis ayudar a otros a llevar la suya.
• Si no os volvierais como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
• En las cosas del Espíritu, si alguno quiere ser el primero, ha de ser el último y servidor de los demás;
aprended de la sencillez de los niños y sentiréis la grandeza de quienes son los más grandes en el reino.
• Es necesario recuperar las cosas importantes que se pierden por el camino de la vida, como la sencillez y la
inocencia..., porque es más importante la inocencia y la sencillez,
que toda la sabiduría humana; es por eso que para Dios, el más pequeño entre nosotros,
es el más grande en su reino espiritual.
• Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos,
ha dicho el Espíritu.
• No se trata de perdonar, sino de amar incluso a los que se consideren
nuestros enemigos; porque si perdonamos y amamos solamente a aquellos
que nos perdonan y nos aman, ¿qué mérito tiene esto?; amar es comprender
que todos somos parte de Dios, somos Dios mismo.
• Vale más la vida de un ser humano, que todo el oro del mundo.
• En las cosas del Espíritu, es más fácil que pase un camello por el ojo de
una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos.
• ¡Levantáos amigos, y adorad sólo a Dios!.
• El Espíritu de nuestro Padre Dios es como el viento, va libre donde quiere
y sólo podemos oír su sonido, pero nadie sabe de donde viene, ni a donde irá,
salvo Dios que lo creó.
• Sólo hay un Maestro, el Espíritu, el único al que hay que seguir y buscar de verdad
dentro de uno mismo. Comprender esto es volver a nacer.
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• El Espíritu es como un Sembrador que siembra su bondad y justicia a todos
por igual, y en todos los tiempos.
• Hay que pensar por uno mismo, y escuchar el mensaje del Espíritu a través
de las cosas sencillas de la vida cotidiana, tanto en el día como en la noche.
• Lo importante es procurar tener limpio nuestro corazón y nuestra mente,
porque es ahí donde el Espíritu siembra su amor y su justicia.
• El hombre es como un pequeño e insignificante grano de mostaza, el cual si se riega,
es capaz de crecer y convertirse en un gran espíritu, en un profeta...
Lo importante pues, es crecer espiritualmente, lo demás vendrá por añadidura.
• El amor contiene más fuerza espiritual que las palabras.
• El que bebe del agua pura y cristalina del Espíritu, del verdadero manantial que brota dentro de todo ser
humano y que nunca se agota, no necesita orar en ningún templo, ni en ningún pozo sagrado, porque el
verdadero templo lo tiene siempre dentro de sí mismo.
• A Dios se le adora en verdad y en espíritu, y es del agrado de nuestro Padre
que le oremos así en cualquier momento y en cualquier lugar.
• El Mesías no es un hombre, sino la luz que guía a todos los hombres y mujeres;
y así como amanece, y el sol ilumina las cosas que vemos, el Mesías ha de iluminar el interior humano, para
que los hombres y las mujeres encontremos la libertad.
Es entonces cuando la verdad se hace presente en cualquier momento y en cualquier lugar,
y es la verdad la que nos hace realmente libres, y no las luchas entre los hombres.
• En las cosas de Dios, en las cosas del Espíritu, no basta recoger lo que otros siembran,
se ha de aprender también a sembrar y a cosechar el fruto de lo sembrado,
porque esto es la justicia de Dios.
• Si sembramos bondad, nuestros hijos recogerán bondad, pero si sembramos odio,
ellos pagarán las consecuencias de nuestro odio.
• ¿Por qué me seguís llamando bueno?, ¿no os he dicho que sólo hay uno que
es bueno, Dios?.
• Si nuestra vida y nuestros actos son positivos, nuestro silencio puede expresar más que todos los sermones
religiosos que los sacerdotes y rabinos pregonan en las sinagogas.
• No nos creamos ser sabios en cosas que sólo nuestro Padre Dios sabe, porque, como humanos que somos,
¿quién nos puede asegurar que estemos libres de cosas como la ignorancia la vanidad o el egoísmo?.
• Lo que contamina al hombre no es lo que entra por su boca, sino la falsedad que
sale de ella, como el odio, el rencor, la avaricia, el adulterio, etc.... La auténtica
suciedad en el hombre está en su mente, y en su corazón, no sólo en sus manos.
• La ley de Dios se basa en el amor al prójimo, pero primero hay que empezar respetándose uno mismo,
porque quien no sabe respetar su vida, mucho menos podrá aconsejar cómo respetar la de los demás.
• El shabat se hizo para el hombre, y no el hombre para el shabat.
• La bondad de corazón se refleja en las palabras de consuelo a la gente, pero cuando no hay bondad, las
propias palabras delatan, como lo hacen las mentiras de los poderosos.
• Los pobres debemos estar unidos, porque todos somos hijos de una sola familia;
y en una familia no debe existir la injusticia, porque cuando un miembro padece,
todos padecen, y cuando uno se alegra, todos se alegran.
• Debemos trabajar para comer y no ser carga para nadie, pero si no hay
trabajo es necesario que todos compartamos lo poco que hay, solo así podremos
sobrevivir en la tierra.
• En la religión de Dios, todos los hombres, mujeres, niños y ancianos han de comer,
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no como ocurre en las religiones humanas, en cuyos templos y sinagogas,
compuestos de ricos y pobres, mientras unos comen y lo tienen todo,
otros se mueren de hambre o han de mendigar y robar.
• Todo hombre o mujer que se agarra fuertemente a la roca espiritual que es Dios,
y no a las religiones de los hombres, nada teme.
• Cuando uno se deja guiar por el Espíritu, tiene fuerza suficiente para decir a esas montañas de la vida
¡apartáos! y se apartan, y a las tormentas ¡basta! y se calman.
No olvidemos que el único guía en estas cosas es el Espíritu.
• ¿Por qué creéis que es mejor aquel que tiene estudios y se somete a las leyes romanas,
que aquel que sigue los dictados de la ley de Dios, que salen de su corazón, y al mismo tiempo clama justicia
ante los hombres y sus leyes violentas?.
• A Dios nadie lo ha visto jamás, pero podéis estar seguros que si nos amamos los unos
a los otros, nuestro Creador se alegra de nosotros, que somos parte de su obra.
• Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas os serán
por añadidura.
• Es necesario, que tengáis experiencias propias con el Espíritu, y cuando esto ocurra,
será el Espíritu que os guiará hacia la verdad, y la verdad os hará libres.
• Yo soy el Buen Pastor, y el buen pastor conoce a sus ovejas y las llama a cada una
por su nombre, y ellas le conocen; pero tengo otras ovejas que he de cuidar y no son
de este redil, pero no temáis nada, manada pequeña, porque siempre estoy con vosotros, dice el Espíritu.
• A Dios no hay que buscarlo entre las nubes para que digamos, ¡que alto está!;
ni tampoco dentro de la tierra para que acabemos diciendo, ¡qué profundo se
encuentra!, ¡Dios es todo, y nosotros nada somos sin Él!.
• Dios és Amor, y todo el que vive en amor vive en Dios, y Dios en él.
• Dios, el Creador de todas las cosas, es eterno, y nosotros, hombres y mujeres que formamos parte de Él,
somos tan eternos como nuestro Padre, somos dioses en potencia.
• A nadie llaméis Padre espiritual, porque sólo tenemos un Padre espiritual, Dios;
y a nadie llaméis Maestro porque sólo hay un Maestro, el Espíritu de nuestro Padre Dios.
• La auténtica sinagoga del Espíritu no se edifica con piedras, barro ni libros, si no con la práctica de la bondad
y la justicia entre hombres y mujeres, lo demás sobra
• Yo no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, sólo obedece como un cordero y va
andando a ciegas esperando la voz de su amo; yo os llamo amigos, porque el verdadero amigo está siempre
presente cuando es necesitado; por eso os digo
que la verdadera sinagoga se construye en el corazón del hombre, a través de la bondad humana, y no con
piedras y barro; quien tenga oídos, oiga, dice el Espíritu.
• Estáis equivocados en pensar que la religión de Dios consiste en unos hombres que predican y comen,
mientras la gran mayoría escuchan, malviven y os pagan tributos.
• Debemos trabajar todos, nadie tiene derecho a enriquecerse con el trabajo de los
demás hombres; el que puede, tiene que trabajar, salvo los niños, los enfermos,
los ancianos, etc. Dios dice no robarás, y yo os digo que nadie puede hacerse
rico si es honrado, ama la justicia y tiene a Dios en su corazón.
• Si queréis ser luz, tenéis que alumbrar, porque una luz estropeada
o escondida no alumbra.
• Si un hombre es rico, sea judío o no, ama la justicia, y quiere respetar la ley de Dios
que es el amor al prójimo, no tiene más remedio que repartir entre sus obreros el
beneficio del trabajo que ellos producen.
• Si un hombre, sea judío o no, es pobre y quiere seguir siendo honrado,
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nada debe temer en decir aquello que piensa y siente, si el único fin de sus
palabras es el de no engañar ni ser engañado.
• La verdad es lo único que nos hace a todos libres, no las mentiras y el miedo,
que acaban por convertirnos a todos en esclavos.
• Es la verdad la que hace temblar los muros de la injusticia
humana en boca de los pobres.
• Si ponemos los cimientos de la verdad dentro de nosotros mismos,
iremos edificando el mundo de justicia e igualdad que deseamos.
• Vosotros sacerdotes, habéis convertido la tierra en un cementerio viviente,
lleno de muertos que entierran a sus muertos...; ¿cómo pretendéis que los pobres nos callemos estas cosas, si
hasta las piedras que estáis pisando claman justicia?.
• El hombre ha de buscar ser libre no solo del físico, sino también espiritualmente,
y esto no lo encontrará a través de las armas y las guerras; el hombre alcanzará su verdadera libertad cuando
experimente que en su interior es más fuerte el amor que
el odio, cuando experimente la auténtica paz de Dios, o sea, cuando viva en bondad.
• Practicad la bondad y vivid en amor los unos con los otros, pero también sed prudentes. porque como ovejas
en medio de lobos hemos venido a este mundo.
• Es mejor comer pan con aceite en armonía, que tener la mesa llena de comida
y no tener la conciencia tranquila, no tener paz.
• Yo os trato de enseñar mi paz, de daros mi paz, no como el mundo la impone,
a base de armas y diferencias humanas, si no como nos la dá Dios a todos los hombres,
con amor, e incluso a los que se consideran nuestros enemigos.
• No hay mayor amistad en esta tierra que la de aquel que dá su vida por los amigos.
• Como ovejas en medio de lobos hemos venido a este mundo, y aunque no somos
del mundo, ruego al Padre que os guarde de él.
• Padre, así como tú y yo somos una cosa, que estos que me has dado por amigos
y están conmigo hasta el día de hoy, comprendan que ellos también son una sola
cosa con nosotros, como una cosa han de ser todos los hombres de la tierra.
• ¡No lloréis por mí, llorad por aquellos que aun tienen que nacer!
¡aprended la lección y no echéis más vuestros hijos a las fieras!.
• ¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!.
...y en la actualidad
• El ser humano es humillado cuando se le ofrece limosna, y el que la da, empequeñece
su espíritu delante del necesitado, ya que no practica la justicia de Dios.
• La puerta estrecha, es la puerta de la justicia, de la inspiración espiritual,
que hace dignificar al hombre a través de la práctica de la sencillez y del trabajo.
• La limosna es la injusticia predicada por las religiones y que han practicado
los ricos para evitar la justicia social, la justicia de Dios.
• Ser perfectos es tratar de actuar simplemente como lo que somos, seres humanos, aceptando nuestras
propias limitaciones físicas y mentales, pero jamás actuando
como bestias, dominando y rompiéndolo todo por placer.
• Abortar es mucho mejor que dejar que los lobos asesinos que dominan el mundo,
agarren a nuestros hijos, ni tan siquiera crecidos, y los maten en sus guerras para
hacerse más ricos.
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• Cuidado pues, no juzguemos por las creencias, porque en muchas ocasiones,
la aptitud y la vida de los agnósticos, llamados ateos, es más cristiana y espiritual,
que la aptitud de quienes alardean de creer en Dios y de ir a misa diaria.
• Creer o no creer en Dios es lo mismo, y no sirve de nada, porque lo importante
es sentirlo como lo sintieron los profetas.
• Los cielos de los que habla el Maestro al espíritu humano, también están aquí,
en este mundo, a través de las montañas, de una simple puesta de sol, en los pájaros
que vuelan, en las hormigas, etc., en una palabra, entre los seres humanos cuando
viven la realidad espiritual de la bondad.
• Cuando realmente se vive el Espíritu, el Cristo, sobran las ceremonias religiosas,
porque es Dios mismo el que une a todos los seres humanos a través de la única
realidad posible, el amor.
• En la relación de los seres humanos, no existe más misterio que la puesta
en práctica del amor.
• Lo importante es vivir la vida con bondad, una bondad que Dios da a todo
ser humano, sea del color y del lugar que sea.
• Es evidente que la dignidad de Yehoshuah estaba por encima de los
convencionalismos religiosos, y que la conciencia de libertad y justicia que
le caracterizó, lo alejaba de la religión organizada.
• Nunca hemos nacido, y por lo tanto, nunca moriremos, porque el físico tan sólo
es un vehículo para vivir en este mundo, el cual aparcamos a la hora de entrar en el
Gran Templo de Dios, que es el Infinito Universo.
• Lo más importante es la justicia, pero no la justicia elitista de jueces y abogados,
sino la justicia de Dios, la que es para todos los seres humanos.
• El mensaje de Yehoshuah de Nazerat siempre ha sido una revolución de la conciencia, pacífica, espiritual, y
no religiosa o política.
• Hay que romper, no sólo las cadenas de hierro de la esclavitud social impuesta
por el capitalismo mundial, sino también las cadenas invisibles que la religión ha
sellado en el espíritu humano durante siglos.
• La razón y la justicia no siempre es del agrado de todos.
• La complicidad y el silencio implica al poder en todo el mundo, cuando la verdad
se quita el manto de la opresión, se libera y denuncia.
• Jamás podrá decidir el ser humano por sí mismo si desde la infancia se adoctrinan las mentes y los espíritus,
coartando lo más preciado que Dios nos ha dado para nuestro crecimiento, el uso de la razón.
• La bendición religiosa que reciben hasta el día de hoy los ejércitos de todo el mundo,
sólo sirve para poder masacrar pueblos enteros en nombre de Dios.
• Si no cambias tú no cambia nada.
• A lo único que estamos condenados, es a experimentar en nosotros mismos
el proceso del cambio espiritual.
• Más importante que la lección de unas palabras, es la propia meditación y el
razonamiento dentro de uno mismo.
• Aquel obrero carpintero de Nazerat continuó predicando las enseñanzas libertarias, ensalzando la justicia y la
sencillez humana hasta el último momento de su vida, manteniéndose fiel a sí mismo frente al poder.
• Lo que Dèu guarda, cap sant u toca. (lo que Dios reserva, ningún santo lo toca).
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Lucía Valls Aguiló.
El Evangelio Pobre de Yehoshuah de Nazerath trata de ser un nuevo
concepto en cuanto a información acerca del cristianismo, y su contenido,
no está sujeto a los cánones de ninguna organización religiosa, como a
ningún circuito comercial o al ánimo de lucro.
La obtención gratuita de esta información es posible a través de Internet,
bajándose íntegro el libro a través de un fichero pdf, o un documento de
texto simple de word, pudiendo ser este fotocopiado.
La edición en papel se puede adquirir directamente en el taller de edición,
corriendo a cuenta del lector los costes que ocasione la impresión
personalizada y numerada del ejemplar, evitando de esta manera
cualquier tipo de recargo por derecho de autor u otro tipo de beneficio
comercial.
Obtenida esta necesaria información, animamos a cuantos tratan de
devolver al cristianismo su sencillez, que no vendan más este tipo de
lectura, dada las posibilidades inmensas que proporciona actualmente la
tecnología e internet para llevar gratuitamente las ideas a todo el rincón
del planeta.
Este trabajo no es más que el inicio de una nueva era de ideas, que esperamos poder
compartir con todos los obreros y pobres del mundo, siendo esta una propuesta
provocadora para incitaros a traducir vuestro propio evangelio pobre, tal y como hemos
hecho nosotros, evitando definitivamente la vergonzosa manipulación religiosa a que ha
sido sometida la vida y enseñanzas de un hombre pobre como lo fue Yehoshuah de Nazerat.
Y a vosotros ricos, tan solo recordaros las palabras claras y contundentes de este hombre pobre de Israel al que alabáis en vuestras iglesias, pero
apedreáis en la trastienda de sus muros, hiriendo con las piedras de la
injusticia, la piel de los indefensos,
No se puede servir a Dios y al dinero,
lo demás, sobra.
Palma de Mallorca, Abril 2002
2002 © El Evangelio Pobre de Yehoshuah de Nazerat
webs.ono.com/jjmgonzalez
Este libro se inició en
febrero de 1997, y
Finalizó su elaboración
en Abril de 2002
en Palma de Mallorca,
Baleares (España)
FIN
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