EL EVANGELIO DEL ARMENIO
DE SANTIAGO, HERMANO DE JESÚS Vida de María e Infancia de
Jesús Traducido del Armenio */por
Edmundo G
Lo que advino, con motivo de la
Virgen María, en la casa de su padre;
Relato de Santiago, hermano del Señor
Capítulo
I
1.- En aquel tiempo, un
hombre llamado Joaquín salió su casa, llevando consigo sus rebaños y sus
pastores, y fue al desierto, donde fijó su tienda; y, después de haber
permanecido allí en oración, durante cuarenta días y cuarenta noches,
gimiendo, llorando y no viviendo más que de pan y de agua, se arrodilló, y,
en la aflicción de su alma, rogó a Dios en estos términos: Acuérdate de mí,
Señor, según tu misericordia y tu justicia, y opera en mí una señal de tu
benevolencia, como lo hiciste con nuestro antepasado Abraham, a quien, en
los días de su vejez, concediste un vástago de bendición, hijo de la
promesa, Isaac, su descendiente único y prenda de consuelo para su raza; y
de esta suerte, con lágrimas y alma afligida, pedía piedad a Dios; y decía:
No me iré de aquí, ni comeré, ni beberé, hasta que el Señor me haya
visitado, y haya tenido compasión de su siervo; 2.- Y, cuando se acabaron los
cuarenta días de ayuno, advino el ángel del Señor, y, colocándose ante
Joaquín, le dijo: Joaquín, el Señor ha oído tus plegarias, y ha atendido tus
súplicas; He aquí que tu mujer concebirá, y te dará a luz un vástago de
bendición; y su nombre será grande, y todas las razas lo proclamarán
bienaventurado; Levántate, toma las ofrendas que has prometido, llévalas al
templo santo, y cumple tu voto; Porque yo iré esta noche a prevenir al Gran
Sacerdote, para que acepte esas ofrendas; y, después de hablar así, el
arcángel lo abandonó; y Joaquín se levantó en seguida con júbilo, y partió
con sus numerosos ganados y con sus ofrendas; 3.- Y el ángel del Señor,
apareciendo a Eleazar, el Gran Sacerdote, en una visión semejante, le dijo:
He aquí que Joaquín viene hacia ti con ofrendas; Recibe sus dones
religiosamente y conforme a la ley, como conviene; Porque el Señor ha
escuchado sus ruegos, y ha realizado su demanda; y el Gran Sacerdote se
despertó de su sueño, se levantó, y dio gracias al Altísimo, diciendo:
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque no desdeña a sus servidores que
le imploran; Después, el ángel apareció por segunda vez a Ana, y le dijo: He
aquí que tu marido llega; Levántate, ve a buscarlo, y recíbelo con alegría;
y Ana se levantó, revistió su atavío nupcial, y fue a buscar a su marido; y,
cuando lo divisó, se prosternó con júbilo ante él, y le echó al cuello los
brazos; 4.- Y Joaquín dijo: Salud y feliz noticia, Ana, porque el Señor ha
tenido piedad de mí, me ha atendido, y ha prometido damos un vástago de
bendición; y Ana dijo a Joaquín: Buena nueva a mi vez te doy, porque también
a mí el Señor ha prometido darnos lo que dices; y, transportada de gozo,
añadió: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que no ha desdeñado nuestras
súplicas, y que no ha apartado de nosotros su misericordia; y, al mismo
tiempo, Joaquín ordenó que se llamase a sus amigos y vecinos, y les hizo una
recepción grandiosa; Comieron, bebieron, se regocijaron, y, después de haber
rendido gracias al Señor, volvieron cada uno a su casa; y glorificaron a
Dios en alta voz; Del nacimiento de la Virgen María, y lo que ocurrió en
casa de su padre;
Capítulo
II
1.- Y Joaquín se levantó muy temprano, llamó a sus
pastores, y les dijo: Traedme diez corderos blancos, y esto será la ofrenda
para el templo augusto de mi Dios; y doce terneros, y esto será para los
sacerdotes, los escribas y los ministros, que son los servidores de la
Sinagoga y cien moruecos, y esto será para todo el pueblo de Israel; y,
cuando Joaquín hubo tomado estas ofrendas, las llevó al templo del Señor, y,
habiéndose prosternado ante los sacerdotes y ante toda la asamblea, les
presentó los dones aportados; y ellos se regocijaron, y lo felicitaron de
que hubiese placido al Señor aceptar de sus manos tan santas ofrendas; y la
multitud de gentes que se encontraban allí, estaban admirados, y decían:
Alabado sea el Señor Dios de Israel, que ha realizado los votos de tu
corazón; Ve en paz a tu casa, y el Señor será contigo perpetuamente, y te
dará un hijo bendito y un vástago santificado, fruto de las entrañas de tu
esposa; 2.- Y Joaquín, después de haberse prosternado ante los sacerdotes, se
levantó, entró en el templo, y, puesto en oración, daba gracias al Señor, y
decía: Señor Dios de Israel, puesto que has escuchado a tu servidor, y lo
has tratado con amplia medida de misericordia, yo te prometo que el hijo que
me concedes, sea del sexo masculino o del femenino, te lo daré, para que
esté a tu servicio en este templo, todos los días de su vida; y, luego que
hubo hablado así, Joaquín se incorporó, y marchó gozosamente a su casa;
3.-
Transcurridos tres meses, el hijo se estremecía en el vientre de su madre; y
Ana, llena de gran júbilo, dijo en un transporte de alegría: Por la vida del
Señor, si me es concedido un hijo de bendición del sexo masculino o
femenino, lo doy al templo santo, por todos los días de su vida; y Ana
cumplió ciento sesenta días de su embarazo, lo que equivale a seis meses;
4.-
Y Joaquín partió con presentes, llegó al templo santo, y, ante los
sacerdotes, ofreció los sacrificios que había prometido cumplir íntegramente
al comienzo del año; y, al levantar las víctimas sobre el altar de los
sacrificios, e inmolarlas, los sacerdotes vieron, mientras la sangre corría,
que aquellas víctimas no contenían ninguna mácula, y, llenos de gozo, dieron
gracias al Altísimo; 5.- Mas Joaquín, después de haber hecho sus ofrendas
ordinarias, tomó un cordero, y, haciendo primero su oblación, lo sacrificó
después sobre el altar; y todos vieron por un prodigio inesperado salir de
la arteria una especie de leche blanca en lugar de sangre; Ante tan singular
espectáculo, los sacerdotes y todo el pueblo quedaron atónitos, sorprendidos
y maravillados; Porque jamás se había visto un prodigio semejante al que se
verificara en tal sacrificio; y Eleazar, el Gran Sacerdote, requirió a
Joaquín para que dijese en nombre de qué había presentado en ofrenda y en
sacrificio aquel cordero sobre el altar; 6.- Y Joaquín respondió: Las
primeras ofrendas las prometí al Señor, como un voto que debía cumplir; Pero
este último cordero lo ofrecí en nombre de mi vástago futuro, y a él lo
reservé; y el Gran Sacerdote dijo: ¿Sabes lo que implica ese signo que el
Señor te ha mostrado en nombre de tu vástago futuro?; La leche que acaba de
salir de esa arteria tiene una significación precisa; Porque lo que nacerá
del vientre de su madre, será una hembra, una virgen impecable y santa; y
esta virgen concebirá sin intervención de hombre, y nacerá de ella un hijo
varón, que llegará a ser un gran monarca y rey de Israel; y, al oír estas
cosas, todos los que estaban presentes, fueron presa de la mayor admiración;
Joaquín se dirigió en silencio a su casa, y contó a su esposa los prodigios
que habían ocurrido; y, dando gracias a su Dios, se regocijaron, y dijeron
al Altísimo: Hágase tu voluntad; 7.- Y, cuando el embarazo de Ana alcanzó los
doscientos diez días, lo que hace siete meses, súbitamente, a la hora
séptima, Ana trajo al mundo a su santa hija, durante el día 21 del mes (de
;;;), que es el 8 de septiembre; El primer día preguntó a la partera: ¿Qué
he traído al mundo?; y la partera contestó: Has traído al mundo una hija
extremadamente bella, graciosa y radiante a la vista, sin tacha ni mancilla
alguna; y Ana exclamó: Bendito sea el Señor Dios de Israel, que ha escuchado
las súplicas de sus siervos, que nos ha mostrado su amplia misericordia, y
que ha hecho por nosotros grandes cosas, que han inundado de gozo nuestra
alma; Ahora mi corazón está sólidamente establecido en el Señor, y mi
esperanza ha sido exaltada en Dios mi Salvador;
8.- Y, cuando la niña tuvo
tres días, Ana ordenó a la partera que la lavase, y la llevase a su
dormitorio con respeto; y, habiéndole la partera presentado a la niña, le
dio el pecho, y la nutría con su leche; y, en una efusión de ternura, le
puso por nombre María; De día en día la niña crecía y adelantaba, y la
madre, en los transportes de su júbilo, la mecía entre sus brazos; y así sus
padres la alimentaban y la cuidaban; y, cuando llegó el tiempo de la
purificación, por haber cumplido María cuarenta días, sus padres la tomaron
con respeto, y, aportando numerosas ofrendas, la condujeron al templo santo,
conforme a la regla de su tradición;
9.- Y la pequeña María crecía y
adelantaba de día en día; Cuando cumplió seis meses, su madre permitió que
intentase andar por sí sola; y la niña avanzó tres pasos por sí sola, y
volviendo atrás, se echó en brazos de su madre; y su madre, levantándola en
sus brazos, y haciéndole caricias, exclamó: ¡Oh tú, María, santa madre de
las vírgenes, raíz de hermoso crecimiento, rama de un noble trono, de ti se
levantará la aurora, el astro precursor de la luz, semejante a la luna más
que ninguna estrella, luz del día más brillante que el esplendor del sol,
alba del sol del Oriente! Así hablaba Ana, y añadía otras muchas cosas aún;
y, acariciando a su santa hija, decía: Por la vida del Señor, tus pies no
pisarán el suelo hasta el día en que te llevemos al templo; y Ana pidió a
Joaquín: Construye a tu hija María un aposento en que habite, hasta el
momento en que sea mayor, y la llevemos al templo santo;
10.- Y, pasado algún
tiempo, los esposos se dijeron entre sí: Conduzcámosla a la casa del Señor,
para que viva en su presencia, conforme a nuestro voto; Pero Ana advirtió a
Joaquín: Esperemos a que adquiera conciencia de sí misma; y, en aquellos
mismos días, Ana quedó encinta, y trajo al mundo una niña que llamó Parogithä, diciendo: María será del Señor, y Parogithü constituirá nuestras
delicias (phurgäiä) en lugar de María; De la educación de la Virgen María,
que tuvo lugar en el templo, durante doce años
Capítulo
III
1.- Y Joaquín dijo a Ana:
Se han cumplido los días de la hija que ha nacido en nuestra casa; Manda que
se convoque a todas las hijas de los hebreos, vírgenes consagradas a Dios
para que cada una tome una lámpara en su mano, y conduzcan a la niña, con
santo respeto, al templo del Señor; y, habiéndola conducido, la colocaron en
la tercera grada del tabernáculo; y el Señor Dios le concedió gracia y
sabiduría; Un ángel que descendió del cielo, le servía la mesa, y se veía
alimentada por los ángeles de la Espíritu Santa; y, en el tabernáculo, oía
incesantemente el lenguaje y el canto de los ángeles;
2.- María tenía tres
años, cuando sus padres la llevaron al templo, y en él permaneció doce; Al
cabo de un año, sus padres murieron; María experimentó viva aflicción por la
pérdida de los que le habían dado el ser, y les guardó el duelo oficial de
treinta días; Establecida en el templo, fue allí educada, y se perfeccionó a
la manera de las mujeres, como las demás hijas de los hebreos que con ella
se encontraban, hasta que alcanzó la edad de quince años;
3.- En aquel año,
murió Eleazar, el Gran Sacerdote; y los hijos de Israel, siguiendo las
reglas del duelo, lloraron por él treinta días; y, después de todos estos
acontecimientos, tuvo lugar una asamblea de los sacerdotes, de los ancianos
del pueblo y de otros notables, que resolvieron designar un Gran Sacerdote
del templo, consultando la suerte; y la suerte recayó sobre Zacarías, hijo
de Baraquías; Todos los sacerdotes lo impusieron, y lo nombraron soberano
ministro y Sumo Pontífice del santo altar; E Isabel, esposa de Zacarías, y
Ana, eran parientes, y ambas a dos infecundas; y, desde el embarazo de Ana y
el nacimiento de María hasta el momento en que Zacarías comenzó a ejercer
sus funciones de Gran Sacerdote, habían transcurrido catorce años;
4.- Y,
siendo ya Zacarías el Gran Sacerdote, su esposa continuaba estéril, y sin
tener hijos, como Ana; y, fuera de tiempo, los sacerdotes y todo el pueblo
hicieron una reflexión demasiado tardía, y se dijeron los unos a los otros:
Es extremadamente enojoso que no hayamos comprendido más pronto lo que
hicimos; Porque hemos establecido este Gran Sacerdote, sin advertir el
defecto que se oponía a ello, dado que su esposa es infecunda, y no ha
concebido fruto de bendición; y uno de los sacerdotes, llamado Levi, dijo:
este me parece justo, y, con vuestro permiso, se lo comunicará; Los otros
sacerdotes observaron: Declárale la cosa a él solo y en secreto, y no hables
de eso a nadie más; y el sacerdote, asintiendo, dijo: Conforme; Se lo
manifestará a él, y a nadie más que a él;
5.- Un día, pues, como hubiese
terminado el tiempo de la plegaria, el sacerdote fue secretamente a
entrevistar se con Zacarías, y le notificó la conversación que había tenido
con sus compañeros; Al oír tal, Zacarías se turbó hasta lo sumo, y dijo
entre sí: ¿Qué hará? ¿Qué respuesta he de dar?; Porque, en lo tocante a mí,
no me remuerde la conciencia el haber hecho mal alguno, y, si me odian sin
causa, a pesar de mi inocencia, al Señor únicamente corresponde; examinarlo;
Si repudio a mi esposa, sin alegar ningún desaguisado por su parte, cometerá
una falta torpe; y sería muy penoso para mí atribuirme un delito que no he
cometido, para que se me destituya, o, sin decir nada, abdicar el
pontificado y el servicio del santo altar; ¿Qué, pues, va a ocurrir en esta
grave perplejidad que a mi alma atormenta?;
6.- Y, mientras revolvía en su
pensamiento todas estas reflexiones, llegó la hora de la oración ritual, en
que debía depositar el incienso ante el Señor; y, manteniéndose en el templo
cerca del santo altar, y llorando frente al tabernáculo, rogaba de esta
suerte: Señor, Dios de nuestros padres, Dios de Israel, mírame con
misericordia, a mí, tu siervo, que se presenta lleno de confusión delante de
tu majestad, y que implora la dulce gracia de tu benevolencia; No desdeñes a
tu siervo humilde; Si me juzgas digno de servir tu santo altar, usa a mi
respecto de tu tierna bondad hacia los hombres, pues que tú solo eres
piadoso y omnipotente; Sea para ti la gloria en todos los siglos; Amén;
7.-
Así habló Zacarías, mientras se encontraba a la derecha del santo altar, y,
prosternado, adoraba al Señor; y he aquí que un ángel de Dios le apareció,
en el tabernáculo, y le dijo: No temas, Zacarías, porque tus plegarias han
sido atendidas, y tus súplicas han llegado hasta Dios; He aquí que tu esposa
Isabel concebirá y parirá un hijo, y llamaréis su nombre Juan; Mas Zacarías
repuso: ¿Cómo puede suceder eso, puesto que yo soy viejo, y mi mujer
avanzada en edad?; y el ángel dijo: Por cuanto no me has escuchado, ni creído
mis palabras, he aquí que quedarás mudo e incapaz de hablar, hasta que esas
cosas advengan; y, en el mismo instante, Zacarías fue atacado de mutismo en
el templo, y, habiéndose arrodillado en silencio frente al santo altar, se
golpeó el pecho, y lloró con amargura;
8.- Y los sacerdotes y la multitud del
pueblo que se encontraba allí, notaron con sorpresa y con asombro que
Zacarías se retardaba en el templo; y, habiéndose introducido cerca de él,
los sacerdotes lo encontraron atacado de mutismo; No podía hablar, y no se
explicaba más que por gestos; Después, cuando hubo pasado la fiesta de los
santos tabernáculos, el 15 del mes de tesrín, que es el 2 de octubre,
finaron las primeras solemnidades; El 22 de tesrín, que es el 9 de octubre,
Isabel quedó encinta; y el 16 del mes de tammuz, que es el 5 de junio, tuvo
lugar el nacimiento de Juan el Bautista; De cómo los sacerdotes, siguiendo
su uso tradicional, dieron a María en matrimonio a José, para que velase
cuidadosamente por la Virgen, y cómo él la tomó bajo su guarda,
confiando en el Señor
Capítulo
IV
1.- Cuando, transcurridos quince años, terminó la
residencia santificada de María en el templo, los sacerdotes deliberaron
entre sí, y se preguntaron: ¿Qué haremos de María?; Sus padres, que han
muerto, nos la confiaron en el templo, como un depósito sagrado; Ahora ha
alcanzado, en toda su plenitud, el desarrollo propio de las mujeres; No es
posible guardarla más tiempo entre nosotros, porque es preciso evitar que el
templo de Dios sea profanado sin noticia nuestra; y los sacerdotes se
repitieron los unos a los otros: ¿Qué nos toca hacer?; y uno de ellos, un
sacerdote llamado Behezi, dijo: Hay todavía con ella en el templo muchas
otras hijas de los hebreos; Vayamos, por tanto, a interrogar a Zacarías, el
Gran Sacerdote, y lo que él juzgue conveniente, lo haremos; Todos
contestaron, unánimes: Está bien; y el sacerdote Behezi se presentó ante
Zacarías, y le dijo: Tú eres el Gran Sacerdote, avezado a la guarda del
santo altar; y hay aquí hijas de los hebreos, que se han consagrado a Dios;
Entra en el Santo de los Santos, y ruega por la intención suya; Todo lo que
el Señor revele, lo haremos según su voluntad;
2.- E inmediatamente Zacarías
se levantó, y, tomando el racional, entró en el Santo de los Santos, y rogó
por aquellas jóvenes; y, mientras esparcía el incienso ante el Señor, he
aquí que un ángel de Dios fue a colocarse cerca del altar del tabernáculo, y
le dijo: Sal a la puerta del templo, y ordena que se llame a las once hijas
de los hebreos, y, con ellas, trae aquí a María, que es de la raza de Judá y
de la familia de David; Ordena también que se llame a todos los celibatarios
de la ciudad, y que cada uno aporte una tablilla; Colocarás todas las
tablillas en el tabernáculo de la alianza, escribirás el nombre de cada uno
sobre su tablilla, harás la plegaria, y cada virgen se casará con el hombre
que Dios designe entre ellos; y el Gran Sacerdote salió del templo, y ordenó
que cuantos fuesen celibatarios se nos uniesen en aquel lugar; y, al conocer
esta orden, todos, hasta el último, se reunieron en el lugar indicado,
llevando cada uno en la mano su tablilla; y el viejo José, que también
conoció aquella orden, abandonó su azuela de carpintero, y, tomando una
tablilla, se apresuró a ir al lugar marcado; y el Gran Sacerdote le tomó de
las manos la tablilla, la aceptó, y, entrando en el templo, hizo la plegaria
por aquellos hombres;
3.- Era, en efecto, uso constante entre las familias de
Israel salidas de la tribu de Judá y de la línea de David, colocar a sus
hijas en el templo, donde se las guardaba en la santidad y en la justicia
por el espacio de doce años, para allí servir, y esperar el momento de los
decretos divinos, o sea, aquel en que el Verbo tomaría carne de una pura e
impecable virgen, y, convertido exteriormente en uno de tantos hombres,
pisaría la tierra con paso humano; La raza de Israel guardaba esa regla,
consignada por escrito y conservada en el templo por la tradición de los
antepasados; y, a menos que no apareciese ningún signo o advertencia de la
Espíritu Santa, daban a aquellas jóvenes en matrimonio; Así se procedió con
aquellas doce vírgenes, que eran de la raza de Judá y de la familia de
David, y entre las cuales se encontraba la Virgen María, que tenía
preeminencia sobre todas; Se las reunió de común acuerdo, y se las hizo
comparecer en el lugar señalado; y los sacerdotes consultaron la suerte a
cuenta de ellas y a intención de los celibatarios, para saber quién de éstos
recibiría una como esposa;
4.- Y, cuando el Gran Sacerdote devolvió a los
celibatarios sus tablillas respectivas, que había sacado del templo, vio que
el nombre de cada una de las vírgenes estaba grabado sobre la tablilla de
aquel a quien había tocado por mujer; y, al tomar Zacarías las tablillas,
éstas no llevaban ningún signo, excepto los nombres que se hallaban escritos
en ellas; Pero, al entregar a José la última, en la cual se encontraba
escrito el nombre de María, he aquí que una paloma, que salió de la
tablilla, se posó sobre la cabeza del agraciado; y Zacarías dijo a José: A
ti te corresponde la Virgen María; Recíbela, y guárdala como esposa tuya,
puesto que te ha caído en suerte por una decisión santa, para que se enlace
contigo en matrimonio, como cada una de las otras vírgenes a uno de los
celibatarios;
5.- Mas José, al oír esto, resistió y repuso: Yo os ruego,
sacerdotes y todo el pueblo, reunidos en este templo santo, que no me
violentéis en presencia de todos; ¿Cómo haré nada de lo que me decís?; Tengo
una numerosa familia de hijos y de hijas, y quedaría avergonzado y confuso
ante ellos; ¡No me violentéis! Mas los sacerdotes y todo el pueblo le
contestaron: Obedece a la voluntad de Dios, y no seas recalcitrante e
insumiso, porque no obras según la ley, al oponerte a esa voluntad; y José
dijo: Siendo, como soy, viejo, y estando próximo a la muerte, ¿por qué me
obligáis a hacer en mi ancianidad cosas que no convienen a mi edad, ni a mi
condición?; y el Gran Sacerdote dijo: Escucha; No tendrás vergüenza ni
confusión de ningún lado, sino de todas partes bendición y gloria; y José
dijo: Hablas bien, pero la que me ha tocado es una niña, no una mujer, y, al
verlo y comprenderlo, todos los hijos de Israel me pondrán en ridículo; y el
Gran Sacerdote dijo: Sabemos que eres bueno, justo y temeroso de Dios; Esta
virgen es huérfana, y se ve privada de sus padres; La hemos tomado en tutela
protectora, y en el templo la hemos residenciado, bajo la fe del juramento;
Los sacerdotes y todo el pueblo acabamos de atestiguar legalmente que te ha
caído en suerte María; Recógela por nuestra voluntad y nuestra bendición, y
guárdala con santidad y con respeto, conforme a la ley a la tradición de
nuestros antepasados, hasta que te llegue el momento de recibir la corona de
gloria, al mismo tiempo que las otras vírgenes y los otros celibatarios;
6.-
Y José dijo: Tened piedad de los cabellos blancos de mi vejez; No me
impongáis la carga, a que no tengo inclinación alguna, de guardarla con
cuidado y con circunspección, como conviene; Es una virgen que acaba de
llegar a la edad núbil, conforme a la naturaleza de las mujeres; ¿Cómo ha de
ser para mí un deber aceptarla en matrimonio, ya que esto constituiría un
pecado?; y el Gran Sacerdote dijo: Si no estabas dispuesto a consentir en las
consecuencias de este acto, ¿quién te ha obligado a ello? ¿Por qué has
venido con los otros celibatarios?; y advierte que, después de haberte
presentado con ellos, y de haber tirado a la suerte, según el uso
consagrado, has recibido del templo del Señor un signo bendito e indicativo
de que Dios te ha concedido a María en matrimonio; y José dijo: Yo no sabía
esto de antemano, y, por mis propias reflexiones, no me era posible conocer
el acontecimiento que se preparaba, ni sus resultas; Pero, repito, me hallo
a punto de morir, y espero que respetéis los cabellos blancos de mi cabeza y
mi vida sin tacha; y el Gran Sacerdote dijo: Teme al Señor, y no resistas a
sus órdenes; Recuerda cómo Dios procedió con Coré, Dathan y Abiron, y cómo
la tierra se abrió y los tragó a causa del acto de desobediencia que
cometieron; No los imites, si quieres evitar alguna desgracia imprevista,
que te advenga de súbito;
7.- Cuando José hubo oído estas palabras, se
inclinó, se prosternó ante los sacerdotes y ante todo el pueblo, y sacando
del templo a María, partió con ella, y la condujo a su casa, en la villa de
Nazaret; Al llegar, le advirtió: Hija mía, presta oídos a lo que voy a
decirte, y guarda su recuerdo; yo proveeré a todas tus necesidades
materiales, y tú habitarás aquí honestamente; Guárdate a ti misma, y por ti
misma vela; No vayas inútilmente a parte alguna, y procura que nadie entre
en casa, hasta que llegue el momento en que, Dios mediante, vuelva al lado
tuyo; Sea eternamente contigo el Dios de Israel, Dios de nuestros padres; y,
habiendo hablado así, se levantó, y se puso en camino, para ir a ejercer su
oficio de carpintero;
8.- Y, al cabo de pocos días, sucedió que los
sacerdotes se reunieron en consejo, y dijeron: Mandemos hacer, para el
templo, un velo que será expuesto en el día de la gran fiesta, ante la
congregación de todo el pueblo, y que realzará el esplendor del culto en el
santo tabernáculo; Entonces el Gran Sacerdote ordenó que se convocase a las
mujeres y a las vírgenes que estaban consagradas a Dios en el templo, y que
pertenecían a la tribu de Judá y a la estirpe de David; y, cuando las once
vírgenes hubieron llegado, Zacarías se acordó de que María pertenecía a
aquella tribu y a aquella estirpe, y mandó que fuesen a buscarla; y, cuando
María llegó, el Gran Sacerdote dijo: Echad a suertes, para saber quiénes
habéis de tejer la muselina y la púrpura, lo encarnado y lo azul, y, echadas
las suertes, la púrpura y la escarlata tocaron a María; y, tomándolas en
silencio, regresó y comenzó por hilar la escarlata, ante todo; Sobre la voz
del ángel mensajero, que anunció la impregnación de la Virgen María;
Capítulo
V
1.- El año 303 de Alejandro, el 31 del mes de adar, el primer día de la
semana, a la hora tercera del día, María tomó su cántaro, y fue a la fuente
en busca de agua; y oyó una voz que decía: Regocíjate, Virgen María;
Súbitamente, María se turbó, y quedó helada de espanto; y miró a derecha y a
izquierda, y, no viendo a nadie, se preguntó: ¿De dónde ha partido la voz
que se ha dirigido a mí?; y, recogiendo su cántaro, marchó precipitadamente a
su casa, cuya puerta cerró y encerrojó cuidadosamente; Después, se recogió,
silenciosa, en el fondo de la casa; y, en el estupo de su espíritu, se decía
con asombro: ¿Qué saludo es que se me ha hecho? ¿Cuál es el que me conoce, y
sabe de antemano quién soy? ¿A quién he visto yo que pueda hablarme en esos
términos?; y, pensando en todas esta cosas, se estremecía y temblaba;
2.- Y,
levantándose, se puso en oración, y dijo: Señor Dios de Israel, Dios de
nuestros padres, mírame con misericordia, y condesciende a mi demanda, y a
la plegaria di mi corazón; Escucha a tu miserable sierva, que te implora con
esperanza y con confianza; No me entregues a las tentaciones del seductor y
a las emboscadas del enemigo, y líbrame de los peligros y de la astucia del
cazador, porque espero y confío en que guardarás mi virginidad intacta Señor
y Dios mío; y, luego que hubo hablado así, rindió gracias al Señor,
llorando; y, después de haber permanecido en este estado durante tres horas,
tomando la escarlata, se puso a hilar;
3.- Y he aquí que el ángel del Señor
llegó, y penetró cerca de ella, estando las puertas cerradas; El ser
incorpóreo se le presentó bajo la apariencia de un ser corpóreo, y le dijo:
Regocíjate, María, sierva inmaculada del Señor Como el ángel se le
apareciera de súbito, María sintió pánico, y, en su pavor, era incapaz de
responder; y el ángel dijo: No te espantes, María, bendita entre todas las
mujeres; yo soy el ángel Gabriel, enviado por Dios para comunicarte que
quedarás encinta, y que darás a luz al hijo de Altísimo, el cual será un
gran rey, y prevalecerá sobre la tierra toda; María le preguntó: ¿De qué
hablas? ¿Qué es lo que expresas?; Explícame este enigma; y el ángel repuso:
Lo que te he dicho, lo has oído de mi boca; Recibe la invitación contenida
en este mensaje que acabo de hacerte y regocíjate; María dijo: Lo que me
manifiestas es de una novedad desconcertante, que me llena de sorpresa y de
asombro, pues afirmas que concebirá y pariré al tenor de las demás mujeres;
¿Cómo ha de ocurrirme esto, si yo no conozco varón?; y el ángel dijo: ¡Oh
Virgen María, no abrigues sospechas tales, y comprende lo que te
revelo! No concebirás de una criatura, ni de un marido, ni de la voluntad de
un hombre, sino del poder y de la gracia de la Espíritu Santa, que habitará en
ti, y que hará de ti lo que le plazca; María dijo: Lo que me anuncias me
parece extraordinario y duro de creer; yo no puedo conformarme, ni
resignarme, con las cosas que me dices; Porque los prodigios de que me
hablas, me parecen chocantes en principio e inverosímiles de hecho; Al oír
tus palabras, mi alma se estremece de miedo, y tiembla; Mi espíritu continúa
en la perplejidad, y no sé qué respuesta dar a tus discursos; El ángel
preguntó: ¿Por qué te estremeces, y por qué tiembla tu alma?;
4.- Y María
repuso: ¿Cómo podré conceder crédito a tus palabras, si jamás oí a nadie
otras parecidas, y ni aun sé lo que pretendes comunicarme?; El ángel dijo:
Mis discursos son la exacta verdad; No te hablo a la ventura, ni conforme a
mis propias ideas, sino que te digo lo que he oído del Señor, y que Dios me
ha enviado a notificarte y a exponerte; y tú tomas mi lenguaje por una
falsedad; Teme al Señor, y escúchame; La Virgen repuso: No es que considere
tus discursos vanos, sino que estoy poseída de un profundo asombro; Aquel
que el firmamento y la tierra no pueden contener, ni envolver su divinidad,
y cuya gloria no pueden contemplar todas las falanges celestes de espíritus
luminosos y de seres ígneos, ¿podría yo sostenerlo, y soportar su ardor
infinito, y abrigarlo en mi carne? ¿Cómo sería yo capaz de llevarlo
corporalmente en mi seno, y de tocarlo con mis manos?; Tu discurso es
inverosímil; la idea, incomprensible, y su realización desconcertante; Se
necesita más que toda la clarividencia del espíritu humano para escrutarlo y
comprenderlo; ¿Quieres alucinar mi espíritu con un discurso engañador?; ¡No
será así! El ángel replicó: ¡Oh bienaventurada María, escúchame lo que
decirte quiero! ¿Cómo la tienda de Abraham recibió a Dios bajo formas
corpóreas, sin que el fuego se le aproximase? ¿Cómo habló Dios a Jacob,
después de luchar con él? ¿Cómo Moisés, en el Sinaí, vio a Dios cara a cara,
y la hoguera en que se le mostró ardió, sin consumirse?; A ti te sucederá
igual por otro concepto, y no tienes por qué temer a este propósito; Cree
solamente, y oye lo que ahora voy a significarte;
5.- María opuso aún: ¿Cómo
me sucederá lo que dices? ¿Y cómo conocerá yo en qué día y a qué hora
ocurrirá el suceso?; Indícamelo; y el ángel contestó: No hables así de lo que
ignoras, y no te niegues a creer lo que no comprendes; Humilla tu oído, y
cree todo lo que te revelo; María dijo: No hablo así por incredulidad, ni
por desconfianza, pero quiero asegurarme con exactitud, y saber con certeza
cómo la cosa me ocurrirá y en qué momento, a fin de que me halle dispuesta y
prevenida; El ángel repuso: Su advenimiento puede acaecer a cualquier hora;
Al penetrar en tu seno, y habitar en él, purificará y santificará toda la
esencia de tu carne, que se convertirá en templo suyo; María dijo: Pero
¿cómo advendrá esto, puesto que, repito, no conozco varón?; El ángel dijo:
la Espíritu Santa vendrá a ti, y la potencia del Altísimo te cubrirá con su
sombra; y el Verbo divino tomará de ti un cuerpo, y parirás al hijo del
Padre celestial, y tu virginidad permanecerá intacta e inviolada; María
dijo: ¿Y cómo una mujer, conservando su virginidad, puede tener un hijo, sin
la intervención de un hombre?;
6.- Y el ángel replicó: El caso no será como
piensas; Tu maternidad no será efecto de una concupiscente pasión corpórea,
ni tu embarazo consecuencia de una relación conyugal, porque tu virginidad
permanecerá pura y sin tacha; La entrada del Verbo divino no violará tu
vientre, y, cuando salga de él, con su carne, no destruirá tu pureza inmarchita, María exclamó: Tengo miedo de ti, porque me sonsacas con
palabras gratas de oír, y que me causan viva sorpresa; ¿Es que quieres
convencerme mediante frases engañosas, como sucedió a Eva, nuestra primera
madre, a quien el demonio, conversando con ella, persuadió por discursos
dulces y agradables, y que fue en seguida entregada a la muerte?; El ángel
dijo: ¡Oh Virgen María, cuántas veces me he dirigido a ti, y te he
dicho la exacta verdad! Y no crees en las órdenes y en el mensaje que te
expresa mi boca, ni aun hallándome en tu presencia; De nuevo me dirijo a ti
en nombre de Dios, para que tu alma no se espante ante mi vista, ni tu
espíritu dude del que me ha enviado; y no apartes de tu corazón las palabras
que de mí ya has oído; No he venido a hablarte por artificio engañoso de
ninguna especie, ni por trampa, ni por astucia, sino para preparar en ti el
templo y la habitación del Verbo; María dijo: Ante la insistencia de tus
discursos, siento sobrecogido mi ánimo, y me preocupa saber qué respuesta he
de dar a lo que dices; y, si no llego a convencerme a mí propia, ¿a quién
podré descubrir mi situación, y persuadirlo de que no miento?;
7.- Y el ángel
exclamó: ¡Oh Virgen sin mancilla, no te ocupes de aprensiones vanas!
María dijo: No dudo de tus palabras, ni tengo lo que dices por increíble,
antes bien, soy dichosa, y me regocijan vivamente tus discursos; Pero mi
alma se estremece y tiembla ante el pensamiento de que llevaré a Dios en mi
carne, para darlo a luz como a un hombre, y que mi virginidad continuará
inviolable; ¡Oh prodigio! ¡Y qué maravilloso es el hecho de que me hablas!
El ángel dijo: Una y otra vez he repetido mi largo discurso, dándote de él
mi verídico testimonio, y no me has creído; y María repuso: Te ruego, oh
servidor del Altísimo, que no te enoje mi insistencia en preguntarte; Porque
tú conoces la naturaleza humana y su incredulidad en toda materia; He aquí
por qué yo quiero informarme fidedignamente, para saber al justo lo que ha
de ocurrirme; No quedes, pues, descontento de las frases que he pronunciado;
El ángel dijo: Llevas razón, pero ten fe en mí, que he sido enviado por
Dios, para hablarte, y para anunciarte la buena nueva;
8.- Y María respondió:
Sí, creo en tus discursos, sé que es verdad lo que hablas, y acepto tus
órdenes; Pero escucha lo que voy a decirte; Hasta el presente, he sido
guardada en la santidad y en la justicia, ante los sacerdotes y ante todo el
pueblo, después de haber sido legítimamente prometida a José, para ser su
esposa; y él se ha encargado de recogerme en su casa, para velar
cuidadosamente por mí, hasta el momento que recibamos la corona de
bendición, con las otras vírgenes y los otros celibatarios; y, si vuelve, y
me encuentra encinta, ¿qué respuesta le daré?; y, si me pregunta cuál es la
causa de mi embarazo, ¿qué contestará a su interrogación?; El ángel dijo: ¡Oh
bienaventurada María, escucha bien mi palabra, y guarda en tu espíritu lo
que voy a decirte! Esto no es obra del hombre, y el fenómeno de que te hablo
no provendrá de nadie, y el mismo Señor lo realizará en ti, y él posee el
poder de sustraerte a todas las angustias de la prueba; María dijo: Si la
cosa es tal como la explicas, y el mismo Señor se digna descender hasta su
esclava y su sierva, hágase en mí según tu palabra; y el ángel la abandonó;
9.- No bien la Virgen hubo pronunciado aquella frase de humillación, el Verbo
divino penetró en ella por su oreja; y la naturaleza íntima de su cuerpo
animado fue santificada, con todos sus sentidos y con los doce miembros u
órganos de sus sentidos, y quedó purificada como el oro en el fuego; y se
convirtió en un templo santo e inmaculado, y en la mansión del Verbo divino;
y, en el mismo momento, comenzó el embarazo; Porque, cuando el ángel llevó
la buena nueva a María, era el 15 de nisan, lo que hace el 6 de abril, un
miércoles, a la hora tercera del día;
10.- Y, al mismo tiempo, un ángel se
apresuró a ir al país de los persas, para prevenir a los reyes magos, y para
ordenarles que fuesen a adorar al niño recién nacido; y ellos, después de
haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su
destino en el punto y hora en que la Virgen acababa de ser madre; Porque, en
aquella época, el reino de los persas dominaba, por su poder y por sus
victorias, sobre todos los reyes que existían en los países de Oriente; y
los reyes de los magos eran tres hermanos: el primero, Melkon, que imperaba
sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalecía sobre los indios; y
el tercero, Gaspar, que poseía el país de los árabes; Habiéndose reunido por
obediencia al mandato de Dios, se presentaron en Judea en el instante en que
María había dado a luz; y, habiendo apresurado su marcha, se encontraron
allí en el tiempo preciso del nacimiento de Jesús;
11.- Y, luego que la
Virgen recibió el mensaje de su impregnación por la Espíritu Santa, vio a
los coros angélicos, que cantaban en loor suyo; y, al verlos, se sintió
llena de pánico a una que de gozo; y, con la faz postrada contra la tierra,
se puso a alabar a Dios en hebreo, exclamando: ¡ Oh Señor de mi espíritu y
de mi cuerpo, tú tienes el poder de cumplir todas las voluntades de tu amor
creador, y tú decides libremente de toda cosa conforme a tu albedrío!
Dígnate condescender con las plegarias de tu esclava y de tu sierva;
Atiéndeme y libra mí alma, por cuanto eres el Dios mi Salvador, y tu nombre,
Señor, ha sido invocado sobre mí cotidianamente; y, hasta este día, me he
guardado en la santidad, en la justicia y en la pureza, ordenada por ti, y
he conservado mi virginidad firme e intacta, sin ningún deseo de carnales
mancillas; y, ahora, hágase tu voluntad;
12.- Y, habiendo hablado así, María
se levantó, y dio gracias al Altísimo; Después de lo cual, pasó una hora; y,
como la Virgen reflexionase, comenzó a llorar, y dijo: ¿Qué prodigio nuevo,
y que no se había visto en el nacimiento de ningún hombre, es el que se
realiza en mí? ¿No me convertiré en la fábula y en el ludibrio de todos,
hombres y mujeres?; Heme aquí, pues, en la mayor perplejidad; No sé qué
hacer, ni qué respuesta dar a quienquiera se informe de mí; ¿A quién me
dirigiré, y cómo justificaré todo esto? ¿Por qué mi madre me ha parido? ¿Por
qué mis progenitores me han consagrado a Dios, en la tristeza de su alma,
para convertirme en objeto de reproche para mí misma y para ellos? ¿Por qué
me han obligado a guardar virginidad en el templo santo? ¿Por qué no he
recibido más pronto la sentencia de muerte, que me sacará de este mundo?; y,
puesto que permanezco con vida, ¿por qué mis padres no me han dado en
matrimonio, sin decir nada, como a las demás hijas de los hebreos? ¿Quién ha
visto ni oído nunca cosa semejante? ¿Quién creerá que dé a luz una mujer que
no ha conocido varón? ¿A quién, ni en público, ni en secreto, contaré sin
reticencia lo que ocurre? ¿Podré persuadir, a fuerza de palabras, ni a
casadas, ni a solteras?; Si les revelo exactamente lo insólito de mi caso,
creerán que me mofo, y, si hablo bajo la fe del juramento, juzgarán que soy
perjura; Decir falsedades, me es imposible, y condenarme a mí misma, siendo
inocente, es bien duro; Si se me exige un testigo, nadie podrá justificarme;
y, si repito por segunda vez mi declaración, diciendo la verdad, se me
condenará a muerte con desprecio; Todos los que oigan mi declaración,
prójimos o extraños, dirán: Quiere engañar, con vanos subterfugios, a los
insensatos y a los irreflexivos; No sé qué hacer, ni quién me sugerirá una
respuesta que dar a todos, con respecto a este asunto; ni cómo diré esto a
mi marido, cuyo nombre he recibido por el matrimonio; ni cómo me atrever a
tomar la palabra ante los sacerdotes y el pueblo; ni cómo soportará ser
entregada, delante de todo el mundo, al aparato de la justicia humana; Si
declaro a las casadas que soy virgen, y que he concebido sin la operación de
un hombre, tomarán mis palabras por una burla, y no me creerán; ¿Cómo
podré yo darme cuenta a mi misma de lo que me ha sucedido?; Todo aquello de
lo que tengo conciencia, es que mi virginidad está a salvo, y que mi
embarazo es cierto; Porque el ángel del Señor me ha dicho la verdad, sin
mentira alguna; No me ha engaño con vanas habilidades, sino que ha
transmitido, exacta y sinceramente, las palabras pronunciadas por la
Espíritu Santa; ¿Qué hacer, pues, ahora que me he convertido en objeto de
censura y de reprobación entre los hijos de Israel?; ¡Oh palabra asombrosa! ¡
Oh obra sorprendente! Oh prodigio terrible y desconcertante! Nadie creerá
que yo no haya conocido varón, y que mi embarazo es un ejemplo; y, si digo
seriamente a alguien: Cree que estoy encinta, y que, sin embargo, permanezco
virgen, me contestará: Sea; yo creo que hablas exacta y sinceramente; Pero
explícame cómo una virgen puede llegar a ser madre, sin que un hombre haya
destruido su virginidad; y, con estas pocas palabras, me pondrán en
ridículo; Bien sé que muchos hablarán perversamente de mí, y que me
condenarán a la ligera, a pesar de mi inocencia; Sin embargo, el Señor me
salvará de las murmuraciones y de los ultrajes de los hombres;
13.- Habiendo
dicho estas cosas, María dejó de hablar entre sí; y, levantándose, abrió la
puerta de la casa, para ver si había por allí alguien que prestase oídos a
las palabras que pronunciara anteriormente; Como no percibiese ningún ser
humano, volvió al interior de la casa, y, tomando la escarlata y la púrpura
que había recibido de manos de los sacerdotes, para hacer un velo del
templo, se puso a hilarlas; Cuando terminó su obra, fue a llevarla al Gran
Sacerdote; y éste, tomándola de las manos de la Virgen Santa, le dijo:
María, hija mía, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es tu seno
virginal; El Señor magnificará tu santo nombre por toda la tierra; Tendrás
preeminencia sobre todas las mujeres, y llegarás a ser la madre de las
vírgenes; De ti vendrá al mundo su salvación; Así habló Zacarías; María se
prosternó ante los sacerdotes y ante todo el pueblo, y, sumamente gozosa,
regresó a su casa;
14.- Y, cuando tuvo lugar la anunciación del ángel a
María, el embarazo de Isabel duraba ya desde su comienzo el 20 de tesrín, lo
que hace el 9 de octubre, y de esta fecha al 15 de nisan, es decir, al 6 de
abril, habían transcurrido ciento ochenta días, lo que hace seis meses;
Entonces comenzó la encarnación del Cristo, por la cual tomó carne en la
Virgen Santa; y un día, ésta, reflexionando, se dijo: Iré a ver a mi prima
Isabel, le contaré todo lo ocurrido, y cuanto ella me diga, otro tanto haré;
y envió a José, a Bethlehem, un mensaje concebido en estos términos: Te
ruego que me dejes ir a ver a Isabel, mi prima; y José le permitió ir, y
ella salió a escondidas a punto de amanecer y, dirigiéndose hacia las
montañas de Judea, llegó a la villa de Judá; y entró en la morada de
Zacarías, y saludó a su parienta;
15.- Y, cuando Isabel oyó la vez de María,
su hijo saltó en su vientre; E Isabel, llena de la Espíritu Santa, elevó la
voz, y exclamó: Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto
de tus entrañas; ¿De dónde que la madre de mi Señor venga a mí?; Porque, al
llegar a mi oído tus palabras de saludo, mi hijo saltó en mi vientre; María,
que tal oyó, levantó hacia el cielo sus ojos preñados de lágrimas, y dijo:
Señor, ¿qué tengo yo, que todas las naciones me proclaman bienaventurada?
¿Por qué he sido puesta en evidencia entre todas las mujeres e hijas de los
hebreos, y por qué mi nombre se hace célebre y famoso en todas las tribus de
Israel?; y es que María había olvidado lo que el ángel le comunicara
precedentemente;
16.- Y María permaneció mucho tiempo en casa de Isabel, y,
confidencialmente, le relató por orden todo lo que había visto y oído del
ángel; Vivamente sorprendida, Isabel repuso: Hija mía, lo que me refieres,
es una obra maravillosa de Dios; Pero atiende a lo que voy a decirte; No te
espantes de lo que te ocurra, y no seas incrédula; Pensamientos, actos,
palabras, todo, en esto, sobrepuja absolutamente al espíritu humano; Veme a
mí, que estoy avanzada en edad y ya próxima a la muerte, y que, sin embargo,
me hallo encinta, a pesar de mi vejez y de mis cabellos blancos, porque nada
hay imposible para Dios; Cuanto a ti, ve silenciosamente a encerrarte en tu
casa; No participes a nadie lo que has visto y oído; No lo cuentes a ninguno
de los hijos de Israel, no sea que, llamados a engaño, te pongan en
irrisión, ni tampoco a tu marido, no sea que lo hieras en el corazón, y te
repudie; Espera que la voluntad del Señor se cumpla, y Él te manifestará lo
que tiene intención de hacer;
17.- Y María dijo: Obraré de acuerdo con tus
recomendaciones; E Isabel añadió: Escucha y guarda el consejo que te doy;
Vuelve en paz a tu casa, y permanece discretamente en ella, sin ir y venir
de aquí para allí; Ocúltate al mundo, a fin de que nadie sepa nada; Haz todo
lo que tu marido te ordene; y, en tus apuros, el Señor sabrá prepararte una
salida; No temas, y regocíjate; Así habló Isabel; María se prosterné ante
ella, y volvió a su casa con júbilo; y allí continuó muchos días; y el niño
se desarrollaba, de día en día, en su seno; y, temiendo al mundo, permanecía
perpetuamente escondida, a fin de que persona alguna se enterase de su
estado; Aflicción de José; Las sospechas que tuvo, y el juicio que formó de
la muy Virgen
Capítulo
VI
1.- Cuando María alcanzó el quinto mes de su embarazo,
José marchó de Bethlehem, su pueblo natal, después de haber construido una
casa, y regresó a la suya de Nazaret, para continuar sus trabajos de
carpintería; María fue a su encuentro, y se prosterné ante él; y José le
preguntó: ¿Cómo te va? ¿Estás contenta? ¿Te ha ocurrido algo?; y María
repuso: Me va bien; y, después de haber preparado la mesa, comieron ambos en
buena paz y compañía; y José habiéndose tendido sobre un camastro, quiso
reposar un poco; Mas, al dirigir su mirada a María, vio que su semblante
alterado pasaba por todos los colores; y ella intentó ocultar su confusión,
sin conseguirlo;
2.- José la miró con tristeza, e incorporándose de donde
estaba recostado, le dijo: Me parece, hija mía, que no tienes tu
acostumbrada gracia infantil, porque te hallo un tanto cambiada; y María
contestó: ¿Qué quieres decirme, con esa observación y con ese examen?; y José
advirtió: Me admiran tus palabras y tus pretextos; ¿Por qué estás desmañada,
deprimida, triste y con los rasgos de tu fisonomía alterados? ¿Te ha hablado
alguien?; Ello me descontentaría; ¿Te ha sobrevenido alguna enfermedad o
dolencia? ¿O bien has pasado por alguna prueba, o sufrido las intrigas de
los hombres?; María respondió: No hay nada de eso; y José dijo: Entonces,
¿por qué no me respondes francamente?; María dijo: ¿Qué quieres que te
responda?; y José dijo: No creeré en tus palabras antes de haber visto; Ponte
francamente en evidencia ante mí, para que yo me cerciore de que hablas
verdad; y María, interiormente turbada, no sabía qué hacer; Mas José,
envolviendo a María a una ojeada atenta, vio que estaba encinta; y, dando un
gran grito, exclamó: ¡Ah, qué criminal acción has cometido, desgraciada!
3.-
Y José, cayendo de su asiento y puesta su faz contra la tierra, se golpeó la
frente con la mano, se mesó la barba y los cabellos blancos de su cabeza, y
arrastró su cara por el polvo, clamando: ¡Malhaya yo! ¡Maldición sobre mi
triste vejez! ¿Qué ha ocurrido aquí? ¿Qué desastre ha recaído sobre mi casa?
¿Con qué rostro mirará, en adelante, el rostro de los hombres? ¿Qué
responderá a los sacerdotes y a todo el pueblo de Israel? ¿Cómo logrará
detener una persecución judicial? ¿Y con qué artificio conseguiré apaciguar
la opinión pública? ¿Qué haré en esta coyuntura, y cómo paliará el hecho de
haber recibido del templo a esta virgen, santa y sin tacha, y no haber
sabido mantenerla en la observancia de la ley, según la tradición de mis
padres?; Si se me hace la intimación de por qué he dejado desflorar la pureza
inmaculada de mi pupila, ¿qué respuesta daré a los sacerdotes y a todo el
pueblo? ¿Cuál es el enemigo que me ha tendido este lazo? ¿Qué bandido me ha
arrebatado la virginidad de esta niña? ¿Quién ha perpetrado tamaño delito en
mi casa, y hecho de mí un objeto de burla y de oprobio entre los hijos de
Israel? ¿Va a recaer sobre mí la falta del que, por la perfidia de la
serpiente, perdió su estado dichoso?;
4.- Y, hablando así, José se golpeaba el
pecho, con gemidos entreverados de lágrimas; Después, hizo comparecer de
nuevo a María, y le dijo: ¡Oh alma digna de llanto perpetuo, que te has
hundido en el extravío más monstruoso, dime qué acción prohibida has
realizado! Porque has olvidado al Señor tu Dios, que te ha formad en el seno
de tu madre, tú, a quién tus padres te obtuvieron del Altísimo, a fuerza de
sufrir y de llorar, y que te ofrecieron a Él religiosamente y según la ley;
que fuiste sustentada y educada en el tempo; que oíste continuamente las
alabanzas al Eterno y el canto de los ángeles que prestaste oído atento a la
lectura de los sagrados libros, y escuchaste sus palabras con unción y con
respeto Y, a la muerte de sus padres, permaneciste en tutela en el templo,
hasta el momento en que quedaste corregida de toda inclinación pecaminosa;
Instruida y versada en las leyes divinas, recibiste, con gran honra, la
bendición de los sacerdotes; y, luego que se te me confió, por mandato del
Señor y con beneplácito de los sacerdotes y de todo el pueblo, te acepté
piadosamente, y te establecí en mi casa, proveyendo a todas tus necesidades
materiales, y recomendándote que fueses prudente, y que velases por ti misma
hasta mi regreso; ¿Qué es, pues, lo que has hecho, di? ¿Por qué no respondes
palabra, y te niegas a defenderte? ¿Por qué, desventurada e infortunada, te
has hundido en tal desorden, y convertido en objeto de vergüenza universal,
entre los hombres, las mujeres y todo el género humano?;
5.- Y María, bajando
la cabeza, lloraba y sollozaba; Al cabo, dijo: No me juzgues a la ligera, y
no sospeches injuriosamente de mi virginidad, porque pura estoy de todo
pecado, y no conozco en absoluto varón; José dijo: En tal caso, explícame de
qué tu embarazo proviene; María dijo: Por la vida del Señor, que no sé lo
que exiges de mí; José dijo: No te hablo con violencia y con cólera, sino
que quiero interrogarte amistosamente; Indícame qué hombre se ha introducido
o lo han introducido cerca de ti, o a qué casa has ido imprudentemente;
María dijo: No he ido jamás a parte alguna, ni he salido de esta casa; José
dijo: ¡He aquí algo prodigioso! Tú no sabes nada, y yo veo con certidumbre
que estás encinta; ¿Quién ha oído nunca que una mujer pueda concebir y parir
sin la intervención de un hombre?; No creo en semejantes discursos; María
dijo: ¿Cómo, entonces, podré satisfacerte?; Puesto que me interrogas con toda
sinceridad sobre el asunto, yo atestiguo, por mi parte, que pura estoy de
todo pecado, y que no conozco en absoluto varón; y, si me juzgas
temerariamente, habrás de responder ante Dios de mí;
6.- Al oír estas
palabras, José quedó sorprendido, y concibió un vivo temor; y, poniéndose a
reflexionar, dijo: ¡Cosa espantable y maravillosa! No comprendo nada del
curso de estos acontecimientos, tan extraños de suyo, y tan fuera de toda
concepción, de todo lo que hemos escuchado con nuestros propios oídos, de
todo lo que hemos aprendido de nuestros antepasados; El estupor constriñe mi
espíritu; ¿A quién me dirigiré? ¿A quién consultaré sobre este negocio?;
Porque vacilo ante el pensamiento de que el hecho, secreto todavía, sea
divulgado y contado por doquiera, y que los que lo sepan, se mofen de
nosotros; María dijo: ¿Hasta cuándo te sentirás arrebatado contra mí, y me
condenarás en desconsiderados términos? ¿No acabarás de abrumarme con tus
ultrajes?; José dijo: Es que no puedo resistir la aflicción y la tristeza que
se han abatido sobre mi corazón; ¿Qué haré de ti, y qué respuesta daré a
quien acerca de ti me pregunte?; y temo que, si el hecho se muestra
ostentoso, y es llevado y traído con escándalo por la vía pública, mis canas
queden deshonradas entre los hijos de Israel;
7.- Y José prorrumpió en amargo
lloro, exclamando: Triste e infeliz viejo, ¿por qué aceptaste tu papel de
guardián? ¿Por qué obedeciste a los sacerdotes y a todo el pueblo, para, en
su ancianidad y a punto de morir, ver deshonradas tus canas?; y, como no
sabía qué partido tomar, se puso a reflexionar, y se dijo: ¿Qué haré de esta
niña?; Porque no sabré lo que con ella ocurre, mientras el Señor no
manifieste los acaecimientos que se preparan, y yo, en todo ello, no he
obrado por voluntad propia; Pero sé con certeza que, si la prueba a que se
me someta procede de Dios, será para bien mío, y que si, por lo contrario,
mi pena es obra del enemigo malo, el Señor me librará de él; Con todo,
ignoro cómo he de proceder; Si condeno a María, esto será, de mi parte, una
gran falta, y si hablo mal de ella, será justamente castigada por Dios; La
tomaré, pues, secretamente esta noche; la sacará de casa, y la dejaré ir en
paz adonde quiera;
8.- Entonces, llamó a María, y le dijo: Todo lo que me has
expuesto, verdadero o falso, lo he escuchado , lo he creído; No te haré
ningún mal, pero esta noche te sacará de casa y te despediré, para que vayas
adonde quieras; María, que tal oyó, se deshizo en lágrimas; José salió
tristemente de su casa, se fue de allí sin rumbo fijo, y, habiéndose
sentado, lloraba y se golpeaba el pecho;
9.- Y María, prosternando la faz
contra el suelo, habló en esta guisa: ¡Dios de mis padres, Dios de Israel
mira, en tu misericordia, los tormentos de tu siervo y la desolación de mi
alma! No me entregues, Señor, a la vergüenza y a las calumnias del vulgo;
Puesto que sabes que el corazón de los hombres es incrédulo, manifiesta tu
nombre ante todos, a fin de que confiesen que tú solo eres el Señor Dios, y
que tu nombre ha sido pronunciad sobre nosotros por ti mismo; y, esto dicho,
María derramó copiosas lágrimas ante el Señor; y, en el mismo instante, un
ángel le dirigió la palabra, diciendo: No temas porque he aquí que yo estoy
contigo para salvarte di todas tus tribulaciones; Sé valerosa, y regocíjate;
y, habiendo hablado así, el ángel la abandonó; y María, levantándose, dio
gracias al Señor;
10.- A la caída de la tarde, José volvió en silencio su
casa; y sentándose, y poniendo los ojos en María, la vio muy alegre y con
los rasgos de su rostro dilatados Y José le dijo: Hija mía, por hallarte a
punto de separarte de mí, e ir adonde quieras, me parece hallarte
excesivamente regocijada y con el semblante demasiado se reno y jubiloso; y
María repuso: No es eso, sino aquí doy gracias a Dios en todo tiempo, porque
posee el poder de realizar cuanto se le pide, y porque el Señor mismo, que
escruta las conciencias y las almas, tiene la voluntad y el designio de
manifestar, ante todos y ante cada uno en particular, las acciones de los
hombres;
11.- Y, dichas estas palabras, María calló;
y José continuó presa de
la tristeza desde el anochecido hasta la madrugada, y no comió, ni bebió; y,
como se hubiese dormido, el ángel del Señor se mostró a él en una visión
nocturna, y le dijo: José, hijo de David, no temas conservar bajo tutela a
María tu esposa, porque lo que ella ha concebido de la Espíritu Santa es; y
traerá al mundo un hijo, y llamarás su nombre Jesús; y José despertó, y,
levantándose, se puso en oración, y habló de esta suerte: Dios de mis
padres, Dios de Israel, te doy gracias, Señor, y glorifico tu nombre santo, oh tú, que has atendido a la voz de mis súplicas, y que no me has abandonado
en el tiempo de mi vejez, antes al contrario, me has hecho esperar consuelo
y salud, has disipado de mi corazón el duelo y la pena, y has guardado a la
Virgen pura de toda mancilla terrestre, para que, desde esta noche,
parezca a mis ojos radiante como la luz; y, después de así expresarse, José
se sintió lleno de regocijo, y alabó al Creador del universo; De cómo María
demostró su virginidad y la castidad de José; Se los somete a ambos a la
prueba del agua;
Capítulo
VII
1.- Cuando el primer resplandor del alba iluminó las
tinieblas, José volvió a despertarse, llamó a María, se inclinó ante ella, y
le pidió perdón, diciendo: Has sido sincera, querida esposa, y con razón se
te llama Sublime; yo he pecado contra el Señor mi Dios, porque
frecuentemente he sospechado de tu virginidad sagrada, y no he comprendido
antes lo que encerraban las palabras que me decías; y, en tanto que José,
abandonándose a sus reflexiones, hablaba de ese modo, y se absorbía en sus
pensamientos, he aquí que sobrevino un escriba llamado Anás, varón piadoso y
fiel, adherido al servicio del templo del Señor; Cuando entró en la casa,
José se adelantó a recibirlo, se abrazaron ambos, y tomaron asiento; y el
escriba Anás preguntó: ¿Has vuelto felizmente de tu viaje, padre venerado? ¿Cómo te ha ido en tu marcha y en tu regreso?;
y José repuso: Muy dichoso soy
al verte aquí, escriba y servidor de Dios; y el escriba dijo: ¿Cuándo has
llegado, hombre venerable, viejo agradable al Señor?; José dijo: Llegué ayer,
pero estaba fatigado en extremo, y no pude asistir a la ceremonia de la
plegaria; El escriba dijo: Los sacerdotes y todo el pueblo esperaron algún
tiempo tu llegada, porque bien sabes cuán considerado eres entre los hijos
de Israel; José dijo: Bendígalos Dios ahora y siempre;
2.- Y, cruzadas estas
palabras, se sentaron a la mesa, comieron, bebieron, se regocijaron, y
alabaron a Dios; Pero, en aquel momento, el escriba Anás detuvo sus ojos en
la Virgen María, y vio que estaba encinta; Se calló, sin embargo, y fue en
busca de los sacerdotes, a quienes dijo: Este José, que suponéis es el tipo
del perfecto justo, ha cometido una grave iniquidad; Los sacerdotes dijeron:
¿Qué obra inicua has observado en él?; El escriba dijo: La Virgen María, que
sacó del templo y a quien le habíais ordenado que santamente guardase, está
violada hoy día, sin haber recibido regularmente la corona de bendición; Los
sacerdotes dijeron: José no ha hecho eso, por que es un varón muy cabal e
incapaz de faltar a su promesa, y de conculcar las reglas de la justicia; El
escriba opuso: Yo lo he visto con mis propios ojos; ¿Por qué no creéis lo
que os digo?; y el Gran Sacerdote repuso: No levantes falso testimonio,
porque se te imputará cómo un pecado; y el escriba replicó: Si mi testimonio
es falso, declararé ante Dios y ante todo el pueblo que soy digno de muerte;
y, si no das crédito a mi palabra, ordena a alguien que vaya a mirar
atentamente a la Virgen María, y quedarás informado a placer y satisfacción;
3.- Entonces Zacarías, el Gran Sacerdote, mandó unos conserjes del templo del
Señor, que citasen a José delante de todo el pueblo; y, cuando los conserjes
llega ron a la casa encontraron que la Virgen María estaba encinta, y
volvieron al templo, testificando que el escriba Anás llevaba razón; y los
príncipes de los sacerdotes enviaron a buscar a José y a María, para que
compareciesen ante su tribunal; y, cuando llegaron, en medio de una gran
afluencia del pueblo, el Gran Sacerdote preguntó a María: ¿Qué acción
ilegítima has llevado a cabo, hija mía, tú, que has sido educada en el Santo
de los Santos, y que, por tres veces has oído los cantos de los ángeles? ¿Cómo es posible que hayas perdido tu virginidad, y olvidado al Señor tu
Dios?; y María bajó silenciosamente la cabeza, se prosternó humildemente ante
los sacerdotes y ante todo el pueblo, y respondió llorando: Juro por Dios
vivo y por la santidad de su nombre, que permanezco pura, y que no he
conocido varón; y Zacarías la interrogó proféticamente: ¿Serás la madre del
Mesías?; Pero ¿cómo creer en tus palabras?; Auguras no haber conocido varón,
y, sin embargo, estás encinta; ¿De dónde, pues, procede tu embarazo?; María
dijo: Lo ignoro;
4.- Entonces Zacarías ordenó que se le llevase a José, y,
cuando lo tuvo delante, le preguntó: ¿Qué has hecho, José? ¿Cómo has podido
cometer, entre los hijos de Israel, esa falta que te deshonrará entre
numerosas tribus?; y José repuso: No sé lo que quieres decir; Mas no me
condenes a la ligera y sin testimonio, porque te harás culpable de ello; El
Gran Sacerdote dijo: No te condeno sin motivo y con inhibición de tu
inocencia, sino con razón; Devuélveme virgen a la santa y pura María, que
has recibido del templo; Donde no, reo eres de muerte; José concedió: No te
lo niego, pero juro por la vida del Señor Dios de Israel, que no sé nada de
lo que me dices; El Gran Sacerdote opuso: No mientas, y respóndeme con
lealtad; ¿Te has arrogado el derecho del matrimonio? ¿Has despreciado la ley
del Señor, sin declararlo a los hijos de Israel, ni doblar tu cabeza ante la
poderosa mano de Dios, a fin de que tu descendencia sea bendita, en la
tierra entera?; José respondió: Te lo dije ya, y te lo repito ahora, en la
esperanza de que me creas; Tú mismo sabes perfectamente que jamás me he
apartado de los mandamientos de Dios, y que jamás he sido enemigo de nadie;
y el Señor mismo podría atestiguar que nunca he conocido otra mujer que mi
primera y legítima esposa; Sois vosotros, sacerdotes y pueblo, quienes,
ligándoos contra mí, me habéis persuadido a mi pesar, a fuerza de instancias
y de lisonjas, y yo, por respeto a vosotros y a Dios, me sometí a vuestras
órdenes, en lo tocante a la tutela de María; E hice todo lo que convenía,
conforme a lo que habíais imaginado imponerme, llevando a esta doncella a mi
casa, proveyendo a todas sus necesidades materiales, recomendándole ser
prudente, y conservarse en la santidad hasta mi regreso; yo me puse en
camino, y me consagré en Bethlehem a los trabajos de mi profesión, hasta
concluir lo que tenía que hacer; Cuando ayer volví, todo el mundo pudo
enterarse de las circunstancias de mi llegada; y, de la virgen, nada he
visto, ni nada sé, sino que está encinta;
5.- Cuando la multitud del pueblo
oyó esto, exclamó: Este viejo es justo y leal; y el Gran Sacerdote expuso:
Admito de buen grado lo que dices; Pero esta joven no era más que una niña,
huérfana de padre y madre; Tú, en cambio, eras viejo, y he aquí por qué te
hemos confiado la custodia de su virginidad, para que permaneciese intacta e
inmaculada, hasta el momento en que recibieseis ambos la corona de
bendición; y José dijo: Sin duda, pero yo no tenía idea alguna de lo que iba
a suceder; Por lo demás, el Señor manifestará, de la manera que quiera, la
injusticia de que he sido víctima; y, esto hablado, José se encerró en el
silencio;
6.- El Gran Sacerdote dijo: Beberéis el agua de prueba, y el Señor
revelará vuestro delito, si sois culpables; Entonces Zacarías, tomando el
agua de prueba, llamó a José a su presencia y le dijo: ¡Oh hombre, piensa en
tu ancianidad canosa! Contempla este veneno de vida y de muerte, y no te
lances con voluntaria e insensata temeridad a la perdición; y José dijo: Por
la vida del Señor y por la santidad de su nombre, juro no tener conciencia
de falta alguna; Pero, si el Señor quiere condenarme, a pesar de mi
inocencia, cúmplase su voluntad; y el Gran Sacerdote dio a beber el agua a
José, y luego le ordenó que fuese y volviese rápidamente; y José fue y
volvió corriendo, y bajó indemne, sin deshonra, y sin que su persona hubiese
sufrido ningún daño; y, cuando vieron que no había sido atacado por la
muerte, todos se llenaron de un vivo temor;
7.- En seguida, el Gran Sacerdote
mandó que se llamase a María a su presencia; Cuando hubo llegado, Zacarías,
tomando el agua de la prueba, dijo: Hija mía, considera tu corta edad, y
acuérdate del tiempo pasado, en que has sido sustentada y educada en el
templo; Ten piedad de ti misma, y, si eres inocente, sálvate de la muerte, y
no te advendrá ningún mal; Pero, si quieres tentar con engaño al Dios vivo,
Él te confundirá públicamente, y tu fin será desastroso; María repuso
llorando: Mi conciencia no me acusa de ninguna culpa, y mi virginidad
permanece santa, inviolada y sin la menor mancilla; Si el Señor me condena,
a pesar de mi inocencia, cúmplase su voluntad;
8.- Y el Gran Sacerdote dio a
beber el agua a María y luego le ordenó que fuese y volviese rápidamente;
Ella partió, se alejó, descendió (de la montaña) y regresó intacta y sin
mácula alguna; Viendo lo cual la multitud, poseída de admiración, quedó
estupefacta, y dijo: Bendito sea el señor Dios de Israel, que hace justicia
a los que son puros e inocentes; Porque han salido indemnes de la prueba, y
en ellos no ha aparecido ninguna obra culpable; Entonces el Gran Sacerdote
hizo que compareciesen ante él José y María, y les dijo: Bien se os alcanza
que era preciso responder de vosotros ante Dios; Lo que la ley nos ordena
hacer, lo hemos hecho; El Señor no ha manifestado vuestro pecado, y yo
tampoco os condeno; Id en paz;
9.- Y, después de haberse prosternado ante los
sacerdotes y ante todo el pueblo, José y María volvieron a su casa y allí
discretamente se ocultaron, sin mostrarse a nadie; y en su casa
permanecieron hasta el término del embarazo de María; y, cuando ésta sintió
que se aproximaban los dolores del parto, José tuvo miedo, y se dijo: ¿Qué
haré con ella, de modo que persona alguna sepa, para confusión nuestra, lo
que va a ocurrir?; y advirtió a su esposa: No conviene que quedemos en esta localidad; Vamos a un país lejano, donde nadie nos conozca; Porque, si
permanecemos aquí, los que se enteren de que has sido madre, lanzarán sobre
nosotros el ridículo y el escarnio; y María dijo: Haz lo que gustes; Del
nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en la caverna;
Capítulo VIII
1.- En aquellos
días, llegó un decreto de Augusto, que ordenaba hacer un empadronamiento por
toda la tierra, y entregar al emperador los impuestos debidos al tesoro,
teniendo cada cual que pagar anualmente un diezmo calculado sobre el estado
nominativo de las personas pertenecientes a su casa; En vista de ello, José
resolvió presentarse con María al censo, para ser inscritos en él ambos, así
como las demás personas de su familia; E inmediatamente enjaezó su montura,
y preparó todo lo preciso para su subsistencia corporal; y, tomando consigo
a su hijo menor José colocó a María sobre el asno, y juntos partieron,
siguiendo la ruta que se dirige hacia el Sur;
2.- Y, cuando estuvieron a
quince estadios de Nazaret, lo que hace nueve millas, José miró a María, y
vio que su semblante estaba alterado, sombrío y melancólico; Pensó entre sí:
Hallase en gestación, y, a causa de su embarazo, no puede sostenerse bien
sobre su cabalgadura; y preguntó a María: ¿Por qué está triste y turbada tu
alma?; y María repuso: ¿Cómo podría estar alegre, encontrándome, como me
encuentro, encinta, y no sabiendo adónde voy?; José dijo: Tienes razón,
María; Pero bendito sea el Señor Dios de Israel, que nos ha librado de la
calumnia y de la denigración de los hombres; y María replicó: ¿No te dije
tiempo ha, en la esperanza de que me creyeses, que yo no era consciente de
falta alguna, y que me juzgabas con ligereza temeraria, a pesar de mi
inocencia?; Pero el Señor de todas las cosas es quien me ha librado de
mortales peligros;
3.- Y, después de haber caminado una hora, José volvió a
mirar a María, y vio con júbilo que ésta se estremecía de regocijo; y María
lo interrogó: ¿Por qué me miras, y por qué tu insistencia en preguntarme?;
José dijo: Es que me admiran los cambios de tu rostro, tan pronto triste
como alegre; María dijo: Me exalto gozosamente, porque Dios me ha preservado
de las emboscadas del enemigo; Mas quiero, para instrucción tuya, revelarte
una cosa nueva; José dijo: Veamos; María dijo: Me alegro y me entristezco,
porque contemplo dos ejércitos compuestos de numerosos batallones: uno a la
derecha y otro a la izquierda; Los soldados del que se encuentra a la
derecha, se muestran alegres, y los del que se encuentra a la izquierda,
tristes;
4.- Al oír esto, José quedó asombrado, y, sumiéndose en reflexión,
se dijo: ¿Qué significa tan extraña visión?; y, en el mismo momento, un ángel
se dirigió a María, y le dijo: Regocíjate, virgen y sierva del Señor; ¿Ves
la señal que te ha aparecido?; María dijo: Sí; El ángel dijo: Hoy día, los
dolores de tu liberación están próximos; Las tropas que divisas a la derecha
las componen todas las multitudes del ejército de los ángeles incorporales,
que observan y esperan tu parto santo, para ir a adorar al niño recién
nacido, hijo del rey divino y soberano de Israel; Las tropas que divisas a
la izquierda son los batallones reunidos de la legión de los demonios de
negros vestidos, los cuales aguardan el acontecimiento con gran turbación,
porque van a ser derrotados; y, habiendo oído estas palabras del ángel, José
y María quedaron confortados, y rindieron vivas acciones de gracia a Dios;
5.- Y así caminaban, en un frío día de invierno, el 21 del mes de tébéth, que
es el 6 de enero; y, como llegaron a un pasaje desolado, que había sido
otrora la ciudad real llamada Bethlehem, a la hora sexta del día, que era un
jueves, María dijo a José: Bájame del asno, porque el niño me hace sufrir; y
José exclamó: ¡Ay, qué negra suerte la mía! He aquí que mi esposa va a dar a
luz, no en un sitio habitado, sino en un lugar desierto e inculto, en que no
hay ninguna posada; ¿Dónde iré, pues? ¿Dónde la conduciré, para que repose?;
No hay aquí, ni casa, ni abrigo con techado, a cubierto del cual pueda
ocultar su desnudez;
6.- Al cabo de mirar mucho, José encontró una caverna
muy amplia, en que pastores y boyeros, que habitaban y trabajaban en los
contornos, se reunían, y encerraban por la noche sus rebaños y sus ganados;
Allí habían hecho un pesebre para el establo en que daban de comer a sus
animales; Mas, en aquel tiempo, por ser de invierno crudo, los pastores y
los boyeros no se encontraban en la caverna;
7.- José condujo a ella a María;
La introdujo en el interior, y colocó cerca de la Virgen a su hijo José, en
el umbral de la entrada; y él salió, para ir en busca de una partera;
8.- Y,
mientras caminaba, vio que la tierra se había elevado, y que el cielo había
descendido, y alzó las manos, como para tocar el punto en que se habían
reunido tierra y cielo; y observó, en torno suyo, que los elementos
aparecían entorpecidos y como en estado bruto; Los vientos, inmóviles,
habían suspendido su curso, y los pájaros habían detenido su vuelo; y,
mirando al suelo, divisó un jarro nuevo, cerca del cual, un alfarero amasaba
arcilla, haciendo ademán de juntar sus dos manos, que no se juntaban; Todos
los demás seres tenían los ojos puestos en lo alto; Contempló también
rebaños, que un pastor conducía, pero que no marchaban; El pastor blandía su
cayado, mas no podía pegar a los carneros, sino que su mano permanecía tensa
y elevada hacia arriba; Por un barranco irrumpía un torrente, y unos
camellos que pasaban por allí, tenían puestos sus labios en el borde del
barranco, pero no comían; Así, en la hora del parto de la Virgen Santa,
todas las cosas permanecían como fijadas en su actitud;
9.- Mirando más
lejos, José vio a una mujer, que venía de la montaña, y cuyos hombros cubría
una larga túnica; y fue a su encuentro, y se saludaron; y José preguntó: ¿De
dónde vienes, y a dónde vas, mujer?; y ella repuso: ¿Y qué buscas tú, que me
interrogas así?; José dijo: Busco una partera hebraica; La mujer dijo: ¿Quién
es la que ha parido en la caverna?; José dijo: Es María, que ha sido educada
en el templo, y que los sacerdotes y todo el pueblo me concedieron en
matrimonio; Mas no es mi mujer según la carne, porque ha concebido de la
Espíritu Santa; La mujer dijo: Está bien, pero indícame dónde se halla; José
dijo: Ven y ve;
10.- Y, mientras caminaban, José preguntó a la mujer: Te
agradeceré me des tu nombre; y la mujer repuso: ¿Por qué quieres saber mi
nombre?; yo soy Eva, la primera madre de todos los nacidos, y he venido a ver
con mis propios ojos mi redención, que acaba de realizarse; y, al oír esto,
José se asombró de los prodigios de que venía siendo testigo, y que no se
daban vagar unos a otros;
11.- Habiendo llegado a la caverna, se detuvieron a
cierta distancia de la entrada; y, de súbito, vieron que la bóveda de los
cielos se abría, y que un vivo resplandor se esparcía de alto a abajo; Una
columna de vapor ardiente se erguía sobre la caverna, y una nube luminosa la
cubría; y se dejaba oír el coro de los seres incorporales, ángeles sublimes
y espíritus celestes que, entonando sus cánticos, hacían resonar
incesantemente sus voces, y glorificaban al Altísimo; De cómo Eva, nuestra
primera madre, y José llegaron a la caverna con premura, y vieron el parto
de la muy Virgen María;
Capítulo IX
1.- Y, cuando José y nuestra primera madre
vieron aquello, se prosternaron con la faz en el polvo, y, alabando a Dios
en voz alta, lo glorificaban, y decían: Bendito seas, Dios de nuestros
padres, Dios de Israel, que, por tu advenimiento, has realizado la redención
del hombre; que me has restablecido de nuevo, y levantado de mi caída; y que
me has reintegrado en mi antigua dignidad; Ahora mi alma se siente
engrandecida y poseída de esperanza en Dios mi Salvador;
2.- Y, después de
haber hablado así, Eva, nuestra primera madre, vio una nube que subía al
cielo, desprendiéndose de la caverna; y, por otro lado, aparecía una luz
centelleante, que estaba puesta sobre el pesebre del establo; y el niño tomó
el pecho de su madre, y abrevó en él leche, después de lo cual volvió a su
sitio, y se sentó; Ante este espectáculo, José y nuestra primera madre Eva
alabaron y glorificaron a Dios, y admiraron, estupefactos, los prodigios que
acababan de ocurrir; y dijeron: ¿Quién ha oído de boca de nadie una cosa
semejante, ni visto con sus ojos nada de lo que nosotros estamos viendo?;
3.-
Y nuestra primera madre entró en la caverna, tomó al niño en sus brazos, y
lo acarició con ternura; y bendecía a Dios, porque el niño tenía un
semblante resplandeciente, hermoso y de rasgos muy abiertos; y,
envolviéndolo en pañales, lo depositó en el pesebre de los bueyes, y luego
salió de la gruta; y, de pronto, vio a una mujer llamada Salomé, que
procedía de la ciudad de Jerusalén; y, yendo hacia ella, le dijo: Te anuncio
una feliz y buena nueva; En esta gruta, ha traído al mundo un hijo una
virgen que no ha conocido en absoluto varón;
4.- Y Salomé repuso: Me consta
que toda la ciudad de Jerusalén la ha condenado como culpable y digna de
muerte; y, a causa de su vergüenza y de su deshonra, ha huido de la ciudad,
para venir aquí; y yo, Salomé, he sabido, en Jerusalén, que esa virgen ha
dado a luz un hijo varón, y he venido, gozosa, para verlo; Nuestra primera
madre Eva dijo: Es cierto, y, sin embargo, su virginidad es santa, y
permanece inmaculada; Salomé preguntó: ¿Y cómo has podido enterarte de que
continúa en estado virginal, después del parto?; Eva contestó: Cuando entré
en esta gruta, vi una nube luminosa que se cernía por encima de ella, y se
oía, en las alturas, un rumor de palabras, con las que el numeroso ejército
de los coros espirituales de los ángeles bendecían al Altísimo, y exaltaban
su gloria; y, hacia el cielo, se elevaba como una niebla brillante; Salomé
le dijo: Por la vida del Señor, que no creeré en tus palabras, antes de ver
que una virgen que no ha conocido varón ha traído un hijo al mundo, sin
concurso masculino; y, penetrando en la caverna, nuestra primera madre dijo
a María: Disponte, porque es preciso, a que Salomé te ponga a prueba y
corrobore tu virginidad;
5.- Y, cuando Salomé entró en la caverna y,
extendiendo la mano, quiso acercarla al vientre de la Virgen, súbitamente
una llama, que brotó de allí con intenso ardor, le quemó la mano; y,
lanzando un grito agudo, exclamó: ¡Malhaya yo, miserable e infortunada, a
quien mis faltas han extraviado gravemente! ¿Quién ha producido en mí este
horror?; Porque he pecado contra el Señor, he blasfemado de él, y he tentado
al Dios vivo; ¡He aquí que mi mano se ha convertido en un fuego ardiente!
6.-
Pero un ángel, que estaba cerca de Salomé, le dijo: Extiende tu mano hacia
el niño, aproxímala a él, y quedarás curada; y, cayendo a los pies del niño,
Salomé lo besó, y, tomándole en sus brazos, lo acariciaba, y decía: ¡Oh
recién nacido, hijo del Padre grande y poderoso, niño Jesús, Mesías, rey de
Israel, redentor, ungido del Señor, tú te has manifestado en la ciudad de
David! ¡Oh luz que te has levantado sobre la tierra, tú nos has descubierto
la redención del mundo!
7.- Salomé añadió a estas palabras otras parecidas,
y, en el mismo momento, su mano quedó curada; y, levantándose, adoró al
niño; Entonces, el ángel le dirigió la palabra, y le advirtió: Cuando
vuelvas a Jerusalén, no digas a nadie la visión que te ha aparecido, no sea
que llegue a conocimiento del rey Herodes, antes que el niño Jesús vaya al
templo para la purificación, después de cuarenta días; Salomé repuso:
Obedeceré, Señor, conforme a tu voluntad; y, de regreso en su casa, no
comunicó a nadie las palabras que el ángel le había dicho; De los pastores
que vieron la natividad del Señor;
Capítulo X
1.- Y, cerca de aquel sitio, habitaban
los pastores de que ya hemos hablado; Pero sus rebaños de cabras y de ovejas
no se recogían más que al caer la noche, en lugares apartados y lejanos,
donde pastaban en las montañas y en la llanura; y, al oscurecer, cada pastor
reunía su rebaño, y velaba y guardaba sobre él las vigilias de la noche; y
he aquí que el ángel del Señor vino sobre los pastores, y la claridad de
Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor y, lanzando gritos, se
congregaron en un mismo lugar, y dijeron los unos a los otros: ¿Qué palabra
es ésta que hasta nosotros ha llegado, y que no conocemos?;
2.- Mas el ángel
les dijo de nuevo: No temáis, hombres discretos e inteligentes que os habéis
congregado Porque he aquí que os doy nuevas de gran gozo, y es que os ha
nacido hoy mismo un salvador, que es el Cristo del Señor, en la ciudad de
David; y esto os será por señal; Cuando entráis en la gruta, hallaréis a un
niño envuelto en pañales y echado en un pesebre de bueyes Y, después de
haber oído al ángel, los pastores, en número de quince, fueron aprisa al
paraje que les indican aquél; y, viendo a Jesús, se prosternaron ante él y
lo adoraron; y alababan en voz alta a Dios, diciendo: Gloria a Dios en las
alturas, y en la tierra paz y buena voluntad para con los hombres; y cada
uno de los pastores volvió a su rebaño, alabando y glorificando al Cristo; De
cómo los magos llegaron con presentes, para adorar al niño Jesús recién
nacido;
Capítulo XI
1.- Y José y María continuaron con el niño en la caverna, a
escondidas y sin mostrarse en público, para que nadie supiese nada; Pero al
cabo de tres días, es decir; el 23 de tébeth, que es el 9 de enero, he aquí
que los magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y
que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de
Jerusalén; El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey
de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes; y los jefes de su
ejército, investidos del mando general, eran en número de doce; Las tropas
de caballería que los acompañaban, sumaban doce mil hombres, cuatro mil de
cada reino; y todos habían llegado, por orden de Dios, de la tierra de los
magos, su patria, situada en las regiones de Oriente; Porque, como ya hemos
referido, tan pronto el ángel hubo anunciado a la Virgen María su futura
maternidad, marchó, llevado por la Espíritu Santa, a advertir a los reyes
que fuesen a adorar al niño recién nacido; y ellos, habiendo tomado su
decisión, se reunieron en un mismo sitio, y la estrella que los precedía,
los condujo, con sus tropas, a la ciudad de Jerusalén, después de nueve
meses de viaje;
2.- Y acamparon en los alrededores de la ciudad, donde
permanecieron tres días, con los príncipes de sus reinos respectivos; Aunque
fuesen hermanos e hijos de un mismo padre, ejércitos de lenguas y
nacionalidades diversas caminaban en su séquito; El primer rey, Melkon,
aportaba, como presentes, mirra, áloe, muselina, púrpura, cintas de lino, y
también los libros escritos y sellados por el dedo de Dios; El segundo rey,
Gaspar, aportaba, en honor del niño, nardo, cinamomo, canela e incienso; y
el tercer rey, Baltasar, traía consigo oro, plata, piedras preciosas, perlas
finas y zafiros de gran precio;
3.- Y, cuando llegaron a la ciudad de
Jerusalén, el astro que los precedía, ocultó momentáneamente su luz, por lo
que se detuvieron e hicieron alto; y los reyes de los magos y las numerosas
tropas de sus caballeros se dijeron los unos a los otros: ¿Qué hacer ahora,
y en qué dirección marchar?; Lo ignoramos, porque la estrella nos ha guiado
hasta hoy, y he aquí que acaba de desaparecer;, abandonándonos y dejándonos
en angustioso apuro; Vamos, pues, a informarnos respecto al niño, y
busquemos el lugar exacto en que esté, y después proseguiremos nuestra ruta;
y todos convinieron unánimemente en que esto era lo más puesto en razón;
4.-
Y el rey Herodes, al ver la numerosa caballería que acampaba, amenazadora,
alrededor de la ciudad, concibió vivo temor; y, poniéndose a reflexionar, se
dijo: ¿Quiénes son esos hombres que acampan ahí con un ejército numeroso, y
que disponen de una fuerza enorme, de tesoros, de vastas riquezas y de
objetos de lujo?; Ninguno de ellos ha venido a presentarse a mí, y sus jefes
son en tal medida grandes y victoriosos, que no han dado un solo paso para
cumplimentarme; Luego el rey mandó llamar a los príncipes de su corte y a
sus más altos dignatarios y, reunidos en concejo, se dijeron los unos a los
otros: ¿Cómo obraremos con esas gentes, que traen un ejército numeroso a sus
órdenes, y que son jefes aguerridos?;
5.- Y los príncipes dijeron a Herodes: ¡Oh
rey, ordena que se guarde bien esta ciudad por los guerreros de tu guardia,
no sea que esos extranjeros la sorprendan clandestinamente, se apoderen de
ella a viva fuerza, y conduzcan a los habitantes en cautividad! El rey
repuso: Habláis bien, pero valgámonos antes de medios amistosos, y después
veremos; y los príncipes dijeron: ¡Oh rey, dispón que todas tus tropas se
reúnan, que desplieguen vigilante energía, y que se mantengan atentas y
sobre las armas! Y, en el ínterir, enviad a esas gentes como diputados a
varones hábiles, que vayan a parlamentar con ellos, y que les pregunten, al
justo y en detalle, de dónde vienen y adónde van;
6.- Entonces Herodes eligió
a tres príncipes, hombres doctos y letrados, para que fuesen a entrevistarse
con los extranjeros de parte suya; y, llegando a éstos, unos y otros se
saludaron con mutua consideración, y se sentaron; y los príncipes dijeron:
Hombres venerables y reyes poderosos, explicadnos el motivo de vuestro
advenimiento a nuestro país; Los magos dijeron: ¿Por qué nos hacéis esa
pregunta, si somos nosotros los que venimos a interrogaros?; Procedemos de
Persia, comarca lejana, y tenemos prisa en proseguir nuestra ruta; Los
príncipes dijeron: Escuchadnos, por amor de Dios; Nuestro rey está en la
ciudad, y, al notar que os establecíais aquí en observación, esperaba que os
presentaseis a él, pues querría veros, oíros, hablaros, y conversar con
vosotros; Mas, como no os apresuraseis a ir a visitarlo, nos ha enviado en
vuestra busca, para invitaros a que os personéis en su palacio, a fin de
informarse, con todo respeto, de vuestras intenciones, y saber lo que
deseáis;
7.- Los magos dijeron: ¿Y para qué nos requiere vuestro rey?; Si él
tiene alguna cuestión que plantearnos, nosotros, por nuestra parte, nada
tenemos que ver, nada que oír, nada que manifestar a nadie; Los príncipes
dijeron: ¿Venís, pues, como amigos o con designios violentos?; Los magos
dijeron: Libre y gozosamente hemos venido de nuestra nación aquí; Nadie nos
ha sometido a semejante interrogatorio, ¡y vosotros pretendéis ahora
sondearnos! Los príncipes dijeron: El rey es quien nos ha mandado venir a
veros, a oíros y a hablaros; Desde que habéis acampado en las afueras, un
olor de esencias aromáticas ha salido de vuestras tiendas, y llenado toda
nuestra ciudad; ¿Sois mercaderes, que os dedicáis al gran comercio, o
poderosos señores familiares de reyes, que traéis en abundancia perfumes
refinados de todas las flores preciosas, los cuales tratan de cambiar en
algún país rico?; Los magos dijeron: Nada de eso somos, ni nada tenemos que
vender, y sólo preguntamos por nuestro camino;
8.- Los príncipes preguntaron:
¿Qué camino?; y los magos contestaron: Aquel por el que el Señor nos
conducirá, en la justicia, hasta el país del bien; Por orden de Dios y de
común acuerdo, hemos venido aquí; Hace nueve meses que nos pusimos en
marcha, y no pudimos aún llegar a tiempo a nuestro destino; La estrella que
nos guiaba, nos precedía de continuo, y, al terminar cada etapa de nuestro
viaje, se estacionaba sobre nuestras cabezas; Cuando, puestos de nuevo en
camino, apresurábamos la marcha, la estrella, dejada atrás, tomaba otra vez
la delantera, y así hasta este lugar; Ahora, su luz, ha desaparecido de
nuestra vista, y, sumidos en la incertidumbre, no sabemos qué hacer;
9.- Y
los príncipes fueron a contar al rey todo lo que les participaron los magos;
Entonces Herodes se decidió a ir en persona a entrevistarse con ellos, y,
así que estuvo en su campamento, les preguntó: ¿Con qué propósito habéis
hecho tan largo viaje a esta tierra, con ejército tan numeroso y con
presentes tan ricos?; y los magos contestaron: Venimos de Persia, del
Oriente; Por razón de nuestra nacionalidad, se nos llama magos; Hemos
llegado aquí conducidos por una estrella, y la causa de nuestro viaje es
haber visto en nuestro país que un rey ha nacido en el país de Judea;
Nuestro objeto es visitarlo y adorarlo;
10.- Herodes, que tal oyó, quedó
profundamente turbado y empavorecido; Él interrogó a los extranjeros: ¿De
quién habéis sabido lo que decís, o quién os lo ha contado?; y los magos
respondieron: De ello hemos recibido de nuestros antepasados el testimonio
escrito, que se guardó bajo pliego sellado; y, durante largos años, de
generación en generación, nuestros padres y los hijos de sus hijos han
permanecido en expectación, hasta el momento en que aquella palabra se ha
realizado ante nosotros, puesto que en una visión se nos ha manifestado, por
mandato de Dios y por ministerio de un ángel; y hemos llegado a este lugar,
que nos ha indicado el Señor; Herodes dijo: ¿De dónde proviene ese
testimonio, sólo de vosotros conocido?;
11.- Los magos dijeron: Nuestro
testimonio no proviene de hombre alguno; Es una orden divina concerniente a
un designio que el Señor ha prometido cumplir en favor de los hijos de los
hombres, y que se ha conservado entre nosotros hasta el día; Herodes dijo:
¿Dónde está ese libro, que vuestro pueblo posee con exclusión de todo otro?;
Los magos dijeron: Ningún Otro pueblo lo conoce, ni de oídas, ni por su
propia inteligencia, y sólo nuestro pueble posee de él un testimonio
escrito; Porque, cuando Adán hubo abandonado al Paraíso, y cuando Caín hubo
matado a Abel, el Señor concedió a nuestro primer padre el nacimiento de Seth,
el hijo de consolación, y, con él, aquella carta escrita, firmada y sellada
por el dedo del mismo Dios; Seth la recibió de su padre, y la dio a
sus hijos; Sus hijos la dieron a sus hijos, de generación en generación; y,
hasta Noé, recibieron la orden de guardar cuidadosamente dicha carta; Noé se
la dio a su hijo Sem, y los hijos de éste la transmitieron a los suyos; y
éstos, a su vez, la dieron a Abraham; y Abraham la dio a Melquisedec, rey de
Salem y sacerdote del Dios Alto, por cuya vía nuestro pueblo la recibió, en
tiempo de Ciro, monarca de Persia, y nuestros padres la depositaron con
grande honra en un salón especial; Finalmente, la carta llegó hasta
nosotros; y nosotros, poseedores de ese testimonio escrito, conocimos de
antemano al nuevo monarca, hijo del rey de Israel;
12.- Al escuchar esto, llenosé de rabia el corazón de Herodes, que dijo: Mostradme esos signos
escritos, que poseéis; Los magos dijeron: Lo que hemos prometido remitir a
su dirección, y cumplir en su nombre, no podemos abrirlo, ni mostrarlo a
nadie; Entonces Herodes ordenó que se detuviese a los magos a viva fuerza;
Empero, de súbito, el palacio, en que residían multitud de gentes, fue
sacudido por espantosa conmoción; Las columnas se abatieron por cuatro
lados, y todo el cimiento del palacio se desfondó con gran ruina; Una
muchedumbre numerosa que se encontraba fuera, huyó de allí, aterrada, y los
que estaban en el interior del edificio, grandes y pequeños, quedaron
muertos en número de setenta y dos; A cuya vista, todos los que habían
venido a aquel lugar, cayeron a los pies de Herodes, y le suplicaron,
diciendo: Déjalos proseguir tranquilamente su camino; y su hijo Arquelao se
puso también de hinojos ante su padre, y le dirigió el mismo ruego;
13.- El
impío Herodes consintió en el deseo de su hijo, y despidió a los magos,
preguntándoles en tono de amistad: ¿Qué deseáis que haga por vosotros?; y los
magos contestaron: No tenemos otra demanda que hacerte sino ésta: ¿Qué hay
escrito en vuestra ley? ¿Qué leéis en ella?; y Herodes repuso: ¿Qué queréis
decir?; y los magos interrogaron: ¿Dónde va a nacer el Cristo, rey de los
judíos?; y, oyendo esto, Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él; y,
convocados todos los príncipes de los sacerdotes y los escribas del pueblo,
les preguntó: ¿Dónde ha de nacer el Cristo?; y ellos le dijeron: En Bethlehem
de Judea, ciudad de David; y Herodes dijo a los magos: Andad allá, y
preguntad con diligencia por el niño, y, después que hallarais, hacédmelo
saber, para que yo también vaya, y lo adore; Mas el tirano impío hablaba de
esta suerte, para hacer pasar el niño a cuchillo, por medio de aquella
información sorprendida pérfidamente;
14.- Y los magos, levantándose en
seguida, se prosternaron ante Herodes y ante toda la ciudad de Jerusalén, y
continuaron su ruta; y he aquí la estrella, que habían visto antes, iba
delante de ellos, hasta que, llegando, se puso sobre donde estaba el niño
Jesús; y, regocijándose con muy grande gozo, bajaron cada cual de su
montura, e inmediatamente, hicieron resonar sus bocinas, sus pífanos, sus
tamboriles, sus arpas y todos sus demás instrumentos de música, en honor del
recién nacido, hijo del rey de Israel; Reyes, príncipes y toda la multitud
de la comitiva, entonando un canto, empezaron a bailar y, a plena voz, con
alegría, con reconocimiento, con corazón jubiloso, bendecían y alababan a
Dios, por haberlos considerado dignos de llegar a tiempo a Bethlehem, para
contemplar la gloria del gran día, ilustrado por el misterio que ante ellos
se mostraba;
15.- Al ver todo aquel aparato, y al oír todo aquel estruendo,
José y María, confusos y medrosos, huyeron de allí, y el niño Jesús quedó
solo en la caverna, acostado en el pesebre de los animales; Mas los
príncipes y los grandes señores de los reyes magos, detuvieron a José, y le
dijeron: Viejo, ¿qué temor es el tuyo, y por qué haces esto?; Nosotros, en
verdad, también somos hombres semejantes a vosotros; José repuso: ¿De dónde
llegáis a esta hora, y qué pretendéis, al venir aquí con tan numeroso
ejército?; Los magos replicaron: Llegamos de una tierra lejana, nuestra
patria Persia, y venimos con gran copia de presentes y de ofrendas; Queremos
conocer al niño recién nacido, que es el rey de los judíos, y adorarlo; Si
por acaso lo sabes a ciencia cierta, indícanos puntualmente el lugar en que
se halla, a fin de que vayamos a verlo; Al oír esto, María entró con júbilo
en la caverna, y, alzando al niño en sus brazos, sintió el corazón lleno de
alegría; y luego, bendiciendo y alabando y glorificando a Dios, permaneció
sentada en silencio;
16.- Por segunda vez los magos interrogaron a José en
esta guisa: Venerable anciano, infórmanos con exactitud, manifestándonos
dónde se encuentra el niño recién nacido; José, con el dedo, les mostró de
lejos la caverna; y María dio de mamar a su hijo, y volvió a ponerlo en el
pesebre del establo; y los magos llegaron gozosos a la entrada de la
caverna; y, divisando al niño en el pesebre de los animales, se prosternaron
ante él, con la faz contra la tierra, reyes, príncipes, grandes señores, y
todo el resto de la multitud que componía su numeroso ejército; y cada uno
aportaba sus presentes, y los ofrecía;
17.- En primer término se adelantó
Gaspar, rey de la India, llevando nardo, cinamomo, canela, incienso y otras
esencias olorosas y aromáticas, que esparcieron un perfume de inmortalidad
en la gruta; Después Baltasar, rey de la Arabia, abriendo el cofre de sus
opulentos tesoros, sacó de él, para ofrendárselos al niño, oro, plata,
piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio; A su vez, Melkon,
rey de la Persia, presentó mirra, áloa, muselina, púrpura y cintas de lino;
18.- Y, no bien hubieron ofrecido cada uno sus presentes, en honor del hijo
real de Israel, los magos salieron de la gruta, y, reuniéndose los tres
fuera de ella, iniciaron mutua consulta entre sí; y exclamaron: ¡Asombroso
es lo que acabamos de ver en tan pobre reducto, desprovisto de todo! Ni
casa, ni lecho, ni habitación, sino una caverna lóbrega, desierta e
inhabitada, en que estas gentes no tienen ni aun lo necesario para
procurarse abrigo; ¿De qué nos ha servido venir de tan lejos para conocerlo?;
Franqueémonos los unos con los otros en recíproca sinceridad; ¿Qué signo
maravilloso hemos contemplado aquí, y qué prodigio nos ha aparecido a cada
uno?; Los hermanos se dijeron a una: Sí, lleváis razón; Contémonos nuestra
visión respectiva; y preguntaron a Gaspar, rey de la India: Cuando le
ofreciste el incienso, ¿qué apariencia reconociste en él?;
19.- Y el rey
Gaspar contestó: Reconocí en él al hijo de Dios encarnado, sentado en un
trono de gloria, y a las legiones de los ángeles incorporales, que formaban
su cortejo; Ellos dijeron: Está bien; y preguntaron a Baltasar, rey de la
Arabia: Cuando le aportaste tus tesoros, ¿bajo qué aspecto se te presentó el
niño?; y Baltasar contestó: Se me presentó a modo de un hijo de rey, rodeado
de un ejército numeroso, que lo adoraba de rodillas; Ellos dijeron: La
visión es muy propia; y Melkon, sometido a la misma interrogación que sus
hermanos, expuso: Yo lo vi como hijo del hombre, como un ser de carne y
hueso, y también le vi muerto corporalmente entre suplicios, y más tarde
levantándose vivo del sepulcro; Al escuchar tales confidencias, los reyes,
llenos de estupor, se dijeron con pasmo: Nuevo prodigio es el que estas tres
visiones sugieren; Porque nuestros testimonios no concuerdan entre sí, y,
sin embargo, nos es imposible negar un hecho patentizado por nuestros
propios ojos;
20.- Y por la mañana, muy temprano, los reyes se levantaron, y
se dijeron los unos a los otros: Vamos juntos a la caverna, y veamos si
algún otro signo se nos manifiesta claro; y Gaspar entró en la gruta, y vio
al niño en el pesebre del establo; E, inclinándose, se prosternó, y tuvo la
segunda visión, la de Baltasar, a quien se le mostró el niño a manera de un
monarca terrestre; y, cuando salió, relató el caso a los otros en estos
términos: No he tenido mi primera visión, sino la tuya, Baltasar, la que tú
nos has referido; y Baltasar entró a su vez, y halló al niño en el regazo de
su madre; E, inclinándose, se prosternó ante él, y tampoco tuvo su visión
del día anterior, en que el niño se le apareciera como hijo de rey, sino
como hijo del hombre, con su carne muerta entre tormentos, y después
resucitado y vuelto a la vida; y fue a comunicar esto a los otros hermanos,
diciéndoles: No he renovado mi primera visión, sino contemplado la de Melkon,
tal como él nos la ha contado; Entonces entró Melkon, y encontró al Cristo
sentado sobre un trono sublime; E, inclinándose, se prosternó ante él, y no
lo vio ya como lo había visto la primera vez, muerto y vuelto a la vida,
sino conforme lo viera Gaspar, como Dios hecho carne y nacido de la Virgen;
Lleno de gozo, Melkon fue, presuroso, a prevenir a los otros hermanos,
diciéndoles: No he tenido mi primera visión, sino la de Gaspar, pues vi a
Dios, sentado sobre un trono de gloria;
21.- Luego de haber visto todas estas
cosas, los reyes se congregaron nuevamente en consulta; y cambiaron
impresiones sobre la visión que cada uno había percibido y comprendido; y se
dijeron: Retirémonos ahora a nuestro albergue; Mañana, muy temprano,
volveremos por tercera vez a la gruta, y nos aseguraremos de modo positivo y
definitivo si está realmente allí el que el Señor nos ha mostrado; y,
habiendo regresado a su tienda, permanecieron alegres en ella, hasta que
despuntó el día; y, levantándose, llegaron a la abertura de la caverna, en
la cual penetraron uno a uno; y miraron y reconocieron al niño, y tuvieron
de él la misma visión que habían tenido la primera vez; y, transportados de
júbilo, se contaron los unos a los otros lo que habían comprobado, y fueron
a anunciarlo a todo su ejército en estos términos: En verdad, ese niño es
efectivamente Dios e hijo de Dios, que se ha mostrado a cada uno de nosotros
bajo una apariencia exterior en relación con los dones que respectivamente
le hemos ofrecido; y ha recibido con dulzura y con bondad nuestro saludo y
el homenaje de nuestros presentes; y todos, reyes, príncipes, grandes
señores y toda la multitud del numeroso ejército que se encontraba allí,
tuvieron fe en el niño Jesús;
22.- Y de nuevo el rey Melkon tomó el libro del
Testamento, que guardaba en su casa como herencia de los primeros
antepasados, según ya advertimos, y se lo presentó al niño, diciéndole: He
aquí tu carta, que a nuestros ascendientes entregaste en custodia, firmada y
sellada por ti; Toma este documento auténtico que has escrito, ábrelo y
léelo, porque el quirógrafo está a tu nombre; y el documento era aquel cuyo
texto permanecía oculto bajo pliego, y que los magos no se habían atrevido a
abrir, y menos aún a dar a los judíos y a sus sacerdotes, por cuanto éstos
no eran dignos de llegar a ser hijos del reino de Dios, destinados como
estaban a renegar del Salvador, y a crucificarlo;
23.- Dicho documento había
sido regalado por Dios a Adán, del cual, después de su expulsión del
Paraíso, se había apoderado un gran dolor, a raíz del homicidio perpetrado
por Caín en la persona de su hermano Abel; Mas, cuando hubo visto al primero
castigado por Dios, y a él mismo arrojado del edén glorioso por su
desobediencia, se encontró también atormentado en sus hijos, por la
aflicción del espectáculo de Abel muerto y Caín condenado a siete penas;
Adán más entristecido todavía y sumido en un duelo más profundo, no mantuvo
ya relaciones conyugales con Eva; y, al cabo de doscientos cuarenta años de
haber salido del Paraíso, Dios, en su misericordia, le envió un ángel, y le
ordenó que entrase a Eva; E hizo nacer a Seth, nombre que significa hijo de
la consolación; y, por haber querido Adán hacerse Dios, éste resolvió
hacerse hombre, en el exceso de su piedad y de su amor a nuestra desdichada
especie; y prometió a nuestro primer padre que, conforme a su plegaria,
escribiría y sellaría con su propio dedo un pergamino en letras de oro, que
llevaría la siguiente portada: En el año seis mil, el día sexto de la
semana, el mismo en que te creé, y a la hora sexta, enviaré a mi hijo único,
el Verbo divino, que tomará carne en tu raza, y que se convertirá en hijo
del hombre, y que te restablecerá de nuevo en tu dignidad original, por los
supremos tormentos de su cruz; y entonces tú, Adán, unido a mí con un alma
pura y un cuerpo inmortal, quedarás deificado, y podrás, como yo, discernir
el bien y el mal;
24.- Y este documento, que Adán dio a Seth, Seth a Enoch,
Enoch a sus hijos, y que de tal suerte pasó de unos descendientes a otros,
hasta Noé; que Noé dio a Sem, Sem a sus hijos, y sus hijos a sus hijos hasta
Abraham; que Abraham dio Melquisedec el pontífice; que Melquisedec dio a
otro, y éstos a otros todavía, hasta que llegó a manos de Ciro, quien lo
guardó cuidadosamente en un salón especial, donde se conservó hasta el
tiempo de la natividad del Cristo: ese documento era el mismo que los magos
ofrecieron al niño Jesús; y, como los reyes y todo su acompañamiento
hubiesen cumplido sus votos y sus plegarias, después de tres días de
permanencia en la gruta, deliberaron entre sí, y se dijeron: No hay que
olvidar lo prometido; Vamos por última vez a la caverna, para adorar al
niño, y después reanudaremos nuestro viaje en paz; y, de común acuerdo,
entraron en el establo, y de nuevo tuvieron exactamente sus visiones
respectivas; y, conmovidos por gran temor, se prosternaron ante el recién
nacido, y rindieron testimonio de fe en él, diciéndole: Eres Dios e hijo de
Dios; y, salidos de la gruta, continuaron en sus alrededores el día entero
hasta el siguiente; y, con júbilo y alegría, bendecían y alababan a Dios;
25.- Y, por la mañana, al despuntar la aurora, el día primero de la semana,
el 25 de tébéth y de enero el 12, se dispusieron a partir para su país; y,
cuando deliberaban sobre si volverían a entrevistarse con Herodes, he aquí
que una voz les habló, diciendo: No tornéis a Herodes, el tirano impío,
porque quiere matar a ese tierno infante; y, habiendo oído esto, los magos
renunciaron a pasar por la ciudad de Jerusalén, y regresaron a su tierra por
otro camino; y, glorificando al Cristo, Dios del universo, marcharon a su
patria, poseídos de gozo y siguiendo la ruta por donde el Señor los
conducía; De cómo José y María circuncidaron a Jesús, y lo llevaron al
templo de Jerusalén con presentes;
Capítulo XII
1.- Después de todos los
acontecimientos ocurridos, José y su esposa permanecieron secretamente en la
caverna, teniéndolo oculto, para que persona alguna supiese nada; y, tomando
todos los tesoros aportados por los magos, José los escondió cuidadosamente
en la gruta; y, siempre a hurto de la gente, salía y circulaba a diario por
la villa, por la aldea y por la campiña; Las necesidades materiales de todos
estaban provistas y nadie los inquietaba, ni los amenazaba, por voluntad de
Dios, pues, aunque de Bethlehem a la ciudad de Jerusalén, apenas hay doce
millas, todo el territorio de las inmediaciones está desierto e inhabitado;
y, cada vez que José iba a algún menester a cualquier lugar, dejaba de
guardián, al servicio de María, a su hijo menor, que lo había seguido a Bethlehem;
2.- Y, cuando el niño tuvo ocho días de edad, José dijo a María:
¿Cómo obraremos con esta criatura, puesto que la ley ordena hacer la
circuncisión a los ocho días del nacimiento?; y María le dijo: Procede como
te plazca en este asunto; y José marchó con sigilo a Jerusalén, y trajo de
allí un hombre sabio, misericordioso y temeroso del Señor, que se llamaba
Joel, y que conocía a fondo las leyes divinas; y llegó a la gruta, donde
encontró al niño; y, al aplicarle el cuchillo no resultó de ello ningún
corte en el cuerpo de aquél; Ante este prodigio, quedó estupefacto, y
exclamó: He aquí que la sangre de este niño ha corrido sin incisión alguna;
y recibió el nombre de Jesús, que le había sido impuesto de antemano por el
ángel;
3.- Y la sagrada familia continuó en la gruta;
y el niño Jesús crecía
y progresaba en gracia y en sabiduría; y, hasta los cuarenta días, los
esposos siguieron ocultándolo, para que nadie lo viese;
4.- Y, cuando Herodes
vio que los magos habían regresado a su país sin visitarlo, se hizo la
reflexión siguiente: Si los magos que aquí llegaron no han vuelto es que son
traficantes familiares de los reyes; Por eso, no quisieron descubrirme sus
secretos; Mas, temiendo que les exigiese rescate, se me escaparon falazmente
y con falsos pretextos, para que yo no los perjudicase; y, habiendo hablado
así, Herodes abandonó la ciudad de Jerusalén, y fue a residir temporalmente
a Achaía; Por el momento, no pensó más en su proyecto de buscar al niño
Jesús, para hacerle una mala partida; y, como los sacerdotes y el pueblo
tampoco prosiguiesen el asunto, éste cayó en el olvido;
5.- Y José, tomando
en secreto a María y a Jesús, con numerosos dones y ofrendas provenientes de
la liberalidad de los magos, subió a la ciudad de Jerusalén; y, después de
haber presentado el niño Jesús a los sacerdotes, ofrecieron al templo, según
el uso consagrado, un par de tórtolas, o dos palominos; y el viejo Simeón,
habiendo tomado y recibido al Mesías en sus brazos, pidió al Señor que lo
despidiese en paz, antes que su alma quedase en libertad de volver a Él; y,
poseído de espíritu profético, Simeón dijo de Jesús: He aquí que es puesto
para caída y para levantamiento de muchos en Israel;
6.- Y, después de haber
rendido el tributo de sus presentes y de sus sacrificios, José volvió, con
María y con Jesús, a Bethlehem; Recogidos en la gruta, permanecieron allí
largos días, hasta el año nuevo, sin aparecer en público, por miedo al impío
rey Herodes; y, a los nueve meses, Jesús dejó espontáneamente de amamantarse
en los pechos de su madre; y, al notario ésta y José, se admiraron en gran
manera, y se preguntaron el uno al otro: ¿Cómo es que no come, ni bebe, ni
duerme, sino que está siempre alerta y despierto?; y no podían comprender el
imperio de voluntad que ejercía sobre sí mismo; De la cólera de Herodes, y
de cómo degolló a los niños de Bethlehem;
Capítulo
XIII
1.- Y continuaron los tres
viviendo hasta el comienzo de otro año en Bethlehem, cuando un hombre impío
de esta localidad, llamado Begor o Fegor, fue a prevenir al perverso rey
Herodes, y le hizo el siguiente relato: Los magos que enviaste a Bethlehem,
y a quienes ordenaste que pasasen a verte antes de abandonar Judea, no han
vuelto, sino que, habiendo ido allá abajo, y habiendo encontrado a un niño
recién nacido, del que se decía que era hijo de rey, le han ofrecido
profusión de presentes que consigo llevaban, y han regresado a su tierra por
otro camino;
2.- Al saber que había sido engañado por los magos, Herodes
convocó a los príncipes y a los grandes señores de su reino, y les dijo:
¿Qué hacer?; Esos hombres, después de habernos burlado y escarnecido
pérfidamente, han huido, y se nos han escapado; ¿Qué ha sido de ese niño, y
en qué retiro tan oculto se esconde de mí, que nadie lo ha visto hasta
ahora?; Ea, pues, mandemos soldados a Bethlehem, para que lo busquen, lo
capturen, y maten a su padre y a su madre;
3.- Mas los príncipes dijeron: ¡Oh
rey, escúchanos! Bethlehem es una ciudad en ruinas, y los hechos que
conciernen a ese niño, largos días ha que pasaron, por lo cual es casi
seguro que no esté ya en ese sitio, y que haya huido a un país lejano; y los
príncipes, que no se cuidaron más del asunto, y que no lo revelaron a nadie,
hablaron así por disposición divina de la Espíritu Santa, dado que Jesús y
los suyos habitaban allí todavía;
4.- Y el malvado impío, en la rabia de su
corazón no sabía qué determinación tomar; y los príncipes dijeron: ¡Oh rey,
no te aflijas de ese modo, ni dejes que tu alma se turbe por el arrebato!
Manda todo lo que quieras y te obedeceremos; El rey repuso: Sí, yo sé cómo
he de obrar; Cuanto a vosotros, básteos estar prestos a cumplir mis órdenes;
y convocó a los comandantes del ejército y a los jefes de los distritos, y
los envió por toda la extensión de su reino, para buscar a Jesús; Pero el
resultado fue infructuoso y, a su retorno, manifestaron al rey: Hemos
recorrido todos los cantones de Judea, y no lo hemos encontrado; En vista de
ello, Herodes mandó a diez y ocho ciliarcas de sus tropas que recorriesen
todo el territorio sometido a su dominio, y les dio la consigna siguiente:
No tengáis piedad alguna de los niños pequeños, ni de las lamentaciones de
sus padres y de sus madres, y no os dejéis persuadir por gratificaciones
fuertes, ni por juramentos engañosos; Mas doquiera halléis niños menores de
dos años, pasadlos a cuchillo;
5.- Entonces todos los comandantes del
ejército se congregaron en torno suyo, con sus espadas y con sus armas; y,
poniéndose en camino, circularon por todos los lugares, y mataron a todos
los niños que encontraron en ochenta y tres aldeas, en número de trece mil
sesenta; y el tirano impío, al proceder de tal manera a causa de Jesús,
esperaba que éste hubiese quedado incluido entre las víctimas; Pero José y
María, que supieron todas esas cosas, y a quienes intimidó el temor al rey y
a su ejército, tomaron al niño Jesús, lo envolvieron en sus mantillas, y lo
ocultaron en el pesebre de los animales; Después, ganaron las ruinas de la
ciudad, y se agazaparon allí en observación; y nadie los vio, porque los que
los divisaban no les prestaban atención alguna, ni los miraban siquiera; De
cómo Herodes mató, en el templo, a Zacarías, el Gran Sacerdote, a causa de
su hijo Juan;
Capítulo XIV
1.- Mas el tirano impío, no encontrando medio de poner
término total a su sangrienta obra, hizo en seguida investigaciones cerca de
Zacarías con respecto a Juan, para saber si era su hijo único; y si estaba
destinado a reinar sobre Israel; Envió, pues, soldados para que les
entregase a su pequeño Juan, y dijo Zacarías: Varias personas me han
informado que tu hijo está destinado a reinar sobre la tierra de Judea;
Muéstramelo, para que yo lo conozca; Al oír tal, Zacarías tuvo miedo del escelerato
impío, y repuso: Por la vida del Señor, no sé lo que hablas;
2.-
Y, cuando Isabel supo esto, tomó al pequeño Juan y se fue con él, fugitiva,
a un lugar desierto de la montaña, donde buscó sitio en que poner en
seguridad al niño; Después, casi sin aliento, lloraba con amargura, y
derramaba sus lágrimas ante el Señor, exclamando: Dios de mis padres, Dios
de Israel, escucha la plegaria de tu sierva; Trátame conforme a tu piedad y
a tu benevolencia para con los hombres, y arráncanos de las manos de Herodes
y de la jauría rabiosa y criminal de sus ejércitos; Abrase la tierra, y
tráguenos a ambos, antes que mis ojos vean la muerte de mi hijo; y, apenas
pronunciadas estas palabras, en el mismo instante, la montaña se abrió y le
dio acceso, y ocultó a Isabel y al pequeño Juan; Una nube luminosa los
cubrió, y los guardó sanos y salvos; y un ángel del Señor, descendiendo a
ellos, les sirvió de defensa tutelar;
3.- Pero Herodes envió por segunda vez
a sus servidores a Zacarías, y le comunicó: Dime dónde se oculta tu hijo y
tráemelo, para que lo vea; Zacarías contestó: Yo me hallo consagrado al
servicio del templo; Mas, como mi casa no está aquí, sino en la región
montañosa de Galilea, ignoro qué se ha hecho de la madre y del niño; y los
servidores volvieron con el recado de Zacarías; De nuevo Herodes remitió un
mensaje a sus generales, y les expuso: Id a manifestar esto a Zacarías: He
aquí lo que dice el rey de Israel: Has escondido tu hijo a mis miradas, y no
has querido presentármelo francamente, porque sé que ese niño ha de reinar
en la casa de Israel; ¿Es que pretendes evitarme, y escapar de mis
requerimientos, con palabras evasivas y con pretextos vanos?; No será así en
mis días; Si no me lo traes de buen grado, lo tomaré a la fuerza, y
perecerás con él;
4.- Y Zacarías respondió: Por la vida del Señor, repito que
no sé lo que le ha ocurrido a mi esposa y a mi hijo; y los servidores fueron
a referir al rey las palabras del Gran Sacerdote; Pero el tirano impío y
lleno de toda especie de iniquidad mandó nuevamente a sus comisionados, y
conminó a Zacarías, diciéndole: Por tercera vez te transmito mis órdenes; No
has querido atenderlas y no te han amedrentado mis amenazas; ¿Olvidas que tu
sangre está en mi mano y que nadie te salvará, ni aun aquel en quien
esperas?;
5.- Y, como los comisionados llevasen la nueva amonestación a
Zacarías, éste replicó: Comprendo que queréis mi sangre, y que estáis
decididos a verterla sin razón; Pero, aunque hagáis perecer mi cuerpo con
muerte cruel, el Señor, que me ha hecho y que me ha creado, acogerá mi alma;
y ellos marcharon a repetir a Herodes lo que Zacarías había dicho; Pero el
impío, en la perversidad creciente de su corazón, no dio respuesta alguna; y, aquella misma noche, envió soldados, que se introdujeron furtivamente en
el templo y mataron a Zacarías cerca del altar, en el tabernáculo de la
alianza; y nadie, ni de los sacerdotes, ni del pueblo, supo nada de lo
ocurrido;
6.- Pero, a la hora de la plegaria ritual, esperaron a que Zacarías
hiciese acto de presencia, como todos los días, y tratando de verlo, no lo
encontraron; y, cuando apareció la aurora, en el momento de entregarse a
aquella plegaria, los sacerdotes y el pueblo se reunieron para saludarse
mutuamente, y se dijeron: ¿Qué ha sucedido al Gran Sacerdote? ¿Dónde
estará?; y, extrañados de su tardanza, pensaron: Sin duda reza su oración
privada, o bien ha tenido alguna visión en el templo;
7.- Mas uno de los
sacerdotes, llamado Felipe, entró audazmente en el Santo de los Santos, y
vio la sangre coagulada cerca del altar de Dios; y he aquí que una voz
articulada salió del tabernáculo, diciendo: La sangre inocente ha sido
vertida en vano, y no se borrará de encima de los hijos de la casa de
Israel, hasta que llegue el día de la completa venganza; Cuando los
sacerdotes y toda la multitud popular oyeron esto, rasgaron sus vestiduras
y, esparciendo ceniza sobre sus cabezas, exclamaron: ¡Desdichados de
nosotros y de nuestros padres, condenados todos a este desastre y a esta
ignominia!
8.- Y los sacerdotes, penetrando en el tabernáculo, vieron la
sangre de Zacarías coagulada, como una piedra, cerca del altar de Dios, mas
no vieron su cuerpo; y, llenos de estupor, se dijeron los unos a los otros
que su pérdida estaba consumada; y se preguntaban, atónitos: ¿Qué se ha
hecho de su cuerpo, que no aparece por ninguna parte?; y erraron por doquiera
en su busca, y no hallaron rastro de él; y cada cual sospechaba entre sí que
alguien había recogido furtivamente su cuerpo, y lo había llevado a esconder
en algún sitio oculto; y, celebrando gran duelo en honor del Gran Sacerdote
muerto, los hijos de Israel lo lloraron durante treinta días e hicieron pesquisiciones en muchos puntos, sin que lograsen encontrar el cuerpo;
y así tuvo lugar el asesinato de Zacarías;
9.- Después de lo acaecido, los
sacerdotes y todo el pueblo deliberaron para constituir un nuevo Pontífice
en el templo santo; y, dirigiendo sus plegarias al Señor Dios, le pidieron
que diese otro servidor al altar; y echaron suertes, y la designación recayó
sobre el viejo Simeón, el cual fue Pontífice muy poco tiempo y murió
confesando fielmente al Cristo; Porque, desde la llegada del Salvador al
templo hasta el momento en que Simeón entregó el espíritu, éste vivió
cuarenta días en total; y a continuación de todos aquellos acontecimientos,
se estableció otro jefe en la casa de Israel; De cómo el ángel significó a
José que huyese a Egipto;
Capítulo XV
1.- Y un ángel del Señor apareció a José, y le
dijo: Levántate, y toma a Jesús y a su madre, y huye a Egipto, porque
Herodes busca al niño, para matarlo; y, en efecto, no faltó quien fuese a
informar al rey acerca de Jesús, declarándole que aún vivía;
2.- Y José,
levantándose precipitadamente, tomó al niño y a María, y partió como
fugitivo para Ascogon, que se llamaba Ascalón, ciudad situada a orillas del
mar, y de allí para Hebron, donde residieron ocultos, durante medio año; Uno
y tres meses tenía Jesús, y ya andaba por sus pies; E iba con sus juguetes a
echarse en el seno de su madre, y ésta, en un transporte de ternura, lo
levantaba en sus brazos, le prodigaba sus caricias, y alababa a Dios,
dándole gracias;
3.- Pero, entonces, algunas personas de la ciudad fueron a
prevenir a Herodes en estos términos: El niño Jesús vive, y se encuentra
actualmente en Hebron; y Herodes despachó un correo a los jefes de la
ciudad, para ordenarles expresamente que se apoderasen de Jesús con astucia,
y lo matasen; Cuando José y María supieron esto, se dispusieron a partir de Hebron e ir a Egipto Y, abandonando secretamente la ciudad como fugitivos,
prosiguieron su ruta; y recorrieron etapas numerosas y, en los sitios en que
hacían alto, Jesús tomaba agua de las fuentes y les daba a beber;
Finalmente, entraron en tierra egipcia, por la llanura de Tanís, y se
dirigieron a una ciudad, llamada Polpai, donde habitaron seis meses; y Jesús
pasaba ya de los dos años;
4.- Y, partidos de allí, llegaron, cerca de las
fronteras de Egipto, a una ciudad que se llama Cairo, y moraron en un gran
castillo de la residencia real, edificio cubierto, en un vasto espacio, por
palacios y por fortalezas; Era un castillo magnífico, muy elevado, adornado
espléndidamente y decorado con gran variedad, que Alejandro de Macedonia
había levantado otrora, en los días de su mayor poder; y allí permanecieron
cuatro meses, hasta el momento en que el niño Jesús alcanzó la edad de dos
años y cuatro meses;
5.- Y Jesús salía al exterior, para pasearse con los
niños y los párvulos, jugar con ellos y mezclarse en sus conversaciones; y
los llevaba a los sitios altos del castillo, a las lumbreras y a las
ventanas, por donde pasaban los rayos del sol, y les preguntaba: ¿Quién de
vosotros podría rodear con sus brazos un rayo de luz, y dejarse deslizar de
aquí abajo, sin hacerse el menor daño?; y Jesús dijo: Mirad todos y ved; y,
abrazando los rayos del sol, formados por minúsculos polvillos, que, desde
el amanecer, pasaban por las ventanas, descendió hasta el suelo, sin sufrir
mal alguno; Viendo lo cual, los niños y las demás personas que estaban allí
fueron a la ciudad a contar el prodigio realizado por Jesús; y los que
oyeron el relato de tamaño espectáculo, se admiraron con estupefacción; Mas
José y María, al saberlo, tuvieron miedo y se alejaron de la ciudad, a causa
del niño, para que nadie lo conociese; y salieron furtivamente por la noche,
llevando consigo a Jesús, y huyendo de aquellos lugares;
6.- Y llegaron a la
ciudad de Mesrin, donde se había congregado multitud de gentes, y que era
una población muy grande y rodeada de altos muros; En el barrio por donde
penetraron en ella, se habían levantado estatuas mágicas; Cuando se pasaba
por la primera puerta, se veía a cada lado una estatua mágica, que los reyes
y los filósofos habían colocado en cada una de las puertas de la ciudad,
para que suspendiese en admiración a todos los que entraban y salían; y
cuantas veces el enemigo amenazaba al país con un peligro o con un daño,
todas aquellas estatuas lanzaban un mismo grito, que resonaba en la ciudad
entera; y los que oían la voz de las numerosas estatuas reconocían ese grito
y comprendían que algo funesto iba a acontecer en el país; En la primera
puerta del muro, se encontraban emplazadas dos águilas de hierro, con garras
de cobre, un macho a la derecha, y otra hembra a la izquierda; En la segunda
puerta, se veían animales de presa tallados en arcilla y en tierra cocida, a
un lado un oso, al otro un león, y otras bestias feroces, representadas en
piedra y en madera; En la tercera puerta, había un caballo de cobre y, sobre
él, la estatua en cobre de un rey, que tenía en la mano un águila también de
cobre;
7.- Y, cuando Jesús franqueó la puerta, súbitamente todas las estatuas
se pusieron a vociferar con estrépito y a coro; y todas las demás estatuas
inanimadas de los falsos dioses gritaban a porfía y los ídolos de los
templos lanzaban alaridos, como si la ciudad entera se quebrantase en sus
cimientos y como si, en medio de terrores y de espantos, la vida se hiciese
imposible para los hombres; y, en el mismo momento, en tanto que las águilas
daban grandes chillidos, el león rugía, el caballo relinchaba, y el rey de
cobre clamaba a gran voz: Escuchad, todos los que aquí estáis, y preveníos,
porque un monarca, hijo del gran rey, se acerca a nuestra ciudad con un
ejército numeroso;
8.- Al oír esto, todo el pueblo, formado en batallones,
corrió precipitadamente en armas hacia la muralla; y miraron a todos lados y
no vieron cosa alguna; y, puestos a reflexionar, se dijeron con asombro:
¿Qué voz tan sonora es ésa que nos ha interpelado? ¿Quién ha visto que un
hijo de rey haya entrado en nuestra ciudad?; Entonces se diseminaron por
todas partes, y no descubrieron nada, excepto que, en una casa, encontraron
a José, María y Jesús; y detuvieron a José poniéndolo en la mitad de la
plaza pública, le preguntaron: ¿De qué nación eres, viejo, y de dónde has
venido?; José respondió: Soy de la tierra de Judea, y vengo de la ciudad de
Jerusalén; y ellos insistieron: Dinos la verdad; ¿Cuándo has llegado aquí?;
9.- José contestó: Hace tres días que he llegado;
y ellos interrogaron: Y,
por la ruta que has seguido, ¿no has visto un príncipe, hijo de rey que
avanzaba contra este país con sus tropas?; José repuso: No lo he visto; Ellos
le dijeron: Pero ¿cómo has recorrido un camino tan largo y desprovisto de
agua?; José dijo: Unas veces iba yo solo, y otras seguía al niño y a su
madre; y la multitud le dijo: Comprendemos que eres un pobre anciano
extranjero y un hombre seguro y fidedigno; Solamente quisiéramos
informarnos, y saber lo cierto; No nos censures, porque hemos presenciado
hoy un prodigio, que nos ha dejado en el mayor estupor; y, habiendo hablado
así, despidieron a José y se fueron;
10.- Y sucedió que José, al llegar a
otra ciudad de Egipto, se albergó cerca de un templo idolátrico, consagrado
a Apolo, y permaneció allí varios días; y uno de ellos, Jesús consideraba
atentamente el palacio de los ídolos, que, por su altura y por su longitud,
era como una ciudad pequeña; y Jesús dijo a su madre: Respóndeme sobre lo que
voy a preguntarte; María le dijo: Habla, hijo mío: ¿Qué quieres?; Jesús dijo:
¿Qué es esta construcción tan elevada y cuya extensión es tan considerable?;
María dijo: Es el templo de los ídolos, dedicado al culto de los altares
ilegítimos y a la imagen del falso dios Apolo; Jesús dijo: Voy a ver qué
aspecto presenta y a qué se parece; María dijo: Si quieres ir a él, sé
prudente, para que no te suceda ningún mal;
11.- Y Jesús se dirigió por aquel
lado y entró en el templo de los ídolos; y lo miraba todo en derredor y
consideraba el esplendor del edificio, lleno de dibujos y de relieves de una
decoración variada; y lo admiró mucho, y salió prontamente; De nuevo las
estatuas mágicas de la ciudad se pusieron a aullar, como la primera vez, y
exclamaron: ¡Escuchad todos los presentes! He aquí que el hijo del gran rey
ha entrado en el templo de Apolo; Al oír esto, toda la población se lanzó,
corriendo, hacia el sitio indicado; y las gentes se interrogaban las unas a
las otras, diciendo: ¿Qué voz ha lanzado ese grito que se nos ha dirigido?;
y
recorrieron la ciudad, y a nadie hallaron, sino sólo a Jesús; y le
preguntaron: Niño, ¿de quién eres hijo?; Jesús respondió: Soy hijo de un
viejo de cabellos blancos, pobre y extranjero en este país; ¿Qué me
queréis?; y ellos lo dejaron ir, y pasaron;
12.- Los ciudadanos se interrogaban unos a
otros, diciéndose: ¿Qué significa este nuevo prodigio de que somos testigos?;
Oímos distintamente una voz que grita, y no comprendemos lo que anuncia; Es
de temer que nos advenga súbitamente un desastre por donde menos
sospechemos; y, cuando aquellas gentes hubieron hablado así, toda la ciudad
quedó perpleja y llena de inquietud; Cuanto a Jesús, marchó silenciosamente
a su albergue, y cantó todo lo que había oído decir en la calle; y María y
José se sorprendieron y asombraron vivamente;
13.- Y Jesús tenía entonces
tres años y cuatro meses; y, como el año nuevo se aproximase, celebrose un
día de fiesta de Apolo; Toda la multitud se apretaba a las puertas del
templo de los ídolos con numerosos dones y presentes para ofrecer en
sacrificio a los grandes dioses animales y toda especie de cuadrúpedos; y
aderezaron una larga mesa cubierta de enseres, para comer y beber; y toda la
multitud del pueblo que había llegado, se mantenía a las puertas; y los
falsos sacerdotes celebraban la fiesta, para honrar al ídolo de Apolo; y
Jesús, habiendo sobrevenido, entró secretamente, y se sentó; Todos los
sacerdotes estaban congregados y, con ellos, los servidores del templo;
14.-
Y las águilas y las bestias feroces, es decir, las estatuas de estos
animales, cuando vieron a Jesús entrar en el templo de los ídolos, se
pusieron de nuevo a gritar y clamaron: ¡Mirad todos! He aquí que el hijo del
gran rey ha entrado en el templo de Apolo; Al oír estas palabras, toda la
multitud que se encontraba allí, fue presa de turbación y de cólera; y,
precipitándose los unos sobre los otros, querían acuchillarse mutuamente; y
se preguntaban: ¿Qué haremos con ese viejo?; Porque todos estos prodigios se
han producido desde que llegó a nuestra ciudad; y el niño ¿será por acaso un
hijo de rey, que haya robado, y con el que haya huido a nuestro país?; Ea,
apoderémonos de él y matémoslo;
15.- Y, en tanto que ellos se entregaban a
estos pensamientos homicidas, Jesús continuaba sentado en el templo de
Apolo; y consideraba atentamente aquella imagen incrustada en oro y en
plata, por encima de la cual estaba escrito: Éste es Apolo, el dios creador
del cielo y de la tierra, y el que ha dado vida a todo el género humano; Al
ver esto, Jesús se indignó en su alma y, levantando los ojos al cielo, dijo:
Padre, glorifica a tu hijo, para que tu hijo te glorifique; y he aquí que
una voz salió de los cielos, que decía: Lo he glorificado, y lo glorificaré
de nuevo;
16.- Y, en el mismo instante en que habló Jesús, el suelo tembló, y
toda la armazón del templo se desplomó de arriba abajo; y el ídolo de Apolo,
los sacerdotes del santuario y los pontífices de los falsos dioses, quedaron
sepultados en el interior del edificio, y perecieron; El resto de la
población que se encontraba allí huyó de aquel lugar; Todos los ídolos y
todos los altares de los demonios que había en la ciudad se abatieron en
ruinas; y todos los edificios religiosos y todas las estatuas mágicas que
rodeaban la ciudad, imágenes inanimadas de hombres, de fieras y de animales,
cayeron a tierra con gran destrozo; Entonces los demonios lanzaron un grito,
y dijeron: Mirad todos, y compadeceos de nosotros, porque un niño muy
pequeño nos ha destruido, con ser lo que somos, arruinando nuestra morada,
exterminando a nuestros servidores, y haciéndolos perecer con mala muerte;
Apoderaos, pues, de él y matadlo sin piedad;
17.- Al oír esta queja y esta
lamentación de los demonios, y al sonido de su grito, toda la multitud de
las gentes de la ciudad se precipitó a una hacia el emplazamiento del templo
arruinado y, con grandes manifestaciones de duelo, lloraba cada cual a sus
difuntos; y Jesús marchó en silencio a su casa y se sentó en un rincón; y
aquellas gentes, habiendo apresado a José, lo hicieron comparecer ante el
tribunal, y le preguntaron: ¿Qué significa este desastre, que se ha anidado
en nosotros, desde antes que nos refirieses lo que habías visto y oído en tu
camino?; Sin embargo, has callado esto, y nos lo has ocultado; Vamos, por
tanto, a baceras perecer con mala muerte, a ti, a tu hijo, y a la mujer que
te acompaña, puesto que, por tu traición, has provocado la pérdida de esta
ciudad; Dinos dónde está tu hijo, y muéstranoslo, para que veamos al que ha
destruido a nuestros dioses, anonadado a los ministros de nuestro culto,
enterrado a nuestros sacerdotes bajo los escombros del templo, y causado
tantas muertes prematuras; y no escaparás de nuestras manos sino después de
que nos hayas devuelto a nuestros parientes y a nuestros prójimos;
18.- Y
proferían muchas otras invectivas de este género contra él; Empero María
cayó a los pies de Jesús y, llorando, lo invocaba, y decía: Jesús, hijo mío,
escucha a tu sierva; No te irrites así contra nosotros, y no amotines a esta
ciudad, no sea que, por odio, nos detengan y nos hagan perecer con mala
muerte; Jesús repuso: ¡Oh madre mía!, no sabes lo que dices; Todas las
tropas del ejército celestial de los espíritu angélicos tiemblan y se
estremecen de temor ante el glorioso poder de mi divinidad, que ha concedido
el don de la vida a todos los seres animados; y él, Sadaiel mi enemigo y el
de mis criaturas, hechas a mi imagen y semejanza, osa, a mi ejemplo, tomar
el nombre de Dios y recibir el culto y las adoraciones del género humano;
19.- Y María suplicó a Jesús: Hijo mío, aunque sea verdad lo que dices, te
ruego que me escuches y que, por la intercesión de tu madre y sierva,
resucites a esos muertos, cuya pérdida has producido; y todos los que vean
el milagro que hagas creerán en tu nombre; Porque bien sabes los numerosos
tormentos con que afligen a ese viejo, que han detenido por causa tuya; y
Jesús respondió: Madre mía, no me aflijas de tal modo, porque aún no ha
venido para mí la hora de hacer eso; Pero María insistió: De nuevo te ruego
que me escuches, hijo mío; Considera nuestra angustia y nuestra situación,
puesto que, por causa tuya, emigrados y desterrados, erramos, como
desconocidos por país extranjero; y Jesús dijo: Por consideración a tu
plegaria, haré lo que me pides, a fin de que esas gentes reconozcan que soy
hijo de Dios;
20.- Y, luego que hubo hablado así; Jesús se levantó, y
atravesó por entre la multitud del pueblo; y, cuando los concurrentes vieron
a aquel niño de tan tierna edad, pues sólo tenía tres años y cuatro meses,
se dijeron los unos a los otros: ¿Es éste el que ha derribado el templo de
los ídolos, y hecho pedazos la estatua de Apolo?; Algunos contestaron: este
es; y, al oír tal, todos admiraron, con estupor, la obra prodigiosa que
había cumplido; y lo miraron fijamente, preguntándose: ¿Qué va a hacer?; y
Jesús, nuevamente indignado en su alma, avanzó por encima de los cadáveres
y, tomando polvo del suelo, lo vertió sobre ellos, y clamó a gran voz: Yo os
conmino a todos, sacerdotes, que yacéis aquí, heridos de muerte por el
desastre que os ha anonadado, que os incorporéis en seguida, y que salgáis
fuera;
21.- Y en el mismo momento en que pronunciaba estas palabras, tembló
de pronto el lugar en que se encontraban los difuntos; y se levantó el
polvo, haciendo remolinear las piedras, y cerca de ciento ochenta y dos
personas se levantaron de entre los muertos y se irguieron sobre sus pies;
Pero otros ministros y arciprestes de Apolo, en número de ciento nueve no se
levantaron; y el temor y el terror se apoderaron de todo el mundo y,
poseídos de pánico, dijeron: este, y no Apolo, es el Dios del cielo y de la
tierra, que da la vida a todo el género humano; y todos los sacerdotes
resucitados de entre los muertos fueron a prosternarse ante él, y confesaban
sus faltas, y decían: Verdaderamente, éste es el hijo de Dios y el salvador
del mundo, que ha venido a darnos la vida; y el ruido de sus milagros se
esparció por toda la región, y los que de él oían hablar, venían de lejos,
en gran número, para verlo; y, por razón de su cortísima edad, se asombraban
más aún;
22.- Después, toda la muchedumbre reunida cayó a los pies de Jesús,
y le rogaron que resucitase también de los muertos a los que habían sido
servidores del templo; Mas Jesús no quiso hacerlo; y, llevando a José ante
la multitud agrupada, imploraban, y decían: Perdónanos las faltas que hemos
cometido contigo, y ruega a tu hijo que resucite a los muertos que estaban
en el templo; y José dijo: Hacedme gracia de esto, porque no puedo
violentarlo; Mas, si él quiere obrar espontáneamente, cúmplase la voluntad
del Señor, que tiene poder sobre toda cosa;
23.- Y sobrevino un hombre de
gran familia, que fue a prosternarse ante Jesús y José, diciendo: Os suplico
que vengáis a la casa de vuestro siervo y, una vez entráis bajo mi techo,
quedad allí el tiempo que os plazca; y los llevó a su morada, y todo el
pueblo de la ciudad iba a visitar a Jesús, y los servía de sus haciendas con
mucha simpatía; y los que estaban atormentados por espíritus inmundos, por
los demonios o por sus enfermedades, se arrodillaban ante Jesús, y él los
curaba; y hubo gran alegría en aquella ciudad, y las gentes del país de los
alrededores, al saber todo esto, glorificaban a Dios en voz alta;
24.- Y José permaneció en
aquella ciudad largo tiempo, en la mansión de un príncipe, que era de raza
hebraica; Eléazar había por nombre y tenía un hijo, llamado
Lázaro, y dos hijas, llamadas Marta y María; y acogió a José y a los suyos
con gran consideración y deferencia; y José prolongó allí su estancia y
cantó a Eléazar todos los tratos de que le habían hecho objeto los hijos de
Israel: opresiones, persecuciones, vejaciones, y por remate, el destierro en
que se veían; y, al oír estas cosas, Eléazar se llenó de tristeza; José le
dijo: Bendito seas, por habernos recibido de buena voluntad, habernos
sustentado, y habernos hecho todo el bien posible, desde que aquí estamos; Eléazar
dijo a José: Venerable anciano, establece tu residencia en esta localidad, y
no dudes que más tarde encontrarás el reposo y el cesamiento de tu angustia;
25.- Y, luego de haber hablado así, ambos se sintieron poseídos
de una alegría serena y cordial; y el príncipe reveló a su huésped: Yo
también soy de la tierra de Judea y de la ciudad de Jerusalén; y he sufrido
muchas penas y muchas aflicciones, por obra de mis enemigos; Me he visto
expoliado y privado de todos mis bienes, y, por miedo al impío Herodes, me
he expatriado, y he venido a este lugar con mi familia y con mis compañeros;
Hace quince años que me he fijado en esta ciudad, y no he sufrido violencia
alguna de parte de sus moradores, antes al contrario, he encontrado
simpatía, benevolencia y respeto; No temas a nadie, y establece tu estada en
el sitio que te parezca mejor, hasta el momento en que el Señor te visite, y
tome en cuenta tu mucha edad; Después, volverás a la tierra de Judea, y tu
alma vivirá por la esperanza en el Señor;
26.- Dichas estas palabras,
guardaron silencio; y la sagrada familia permaneció tres meses completos en
aquella población; José y Eléazar se trataban como dos hermanos, unidos por
una afección y una bondad recíprocas; Marta y María recibieron a la Virgen y
al niño en su casa, con una caridad perfecta, como si no hubiesen tenido más
que un corazón y un alma; Marta cuidaba especialmente de su hermano Lázaro,
y María, que era de la misma edad que Jesús, acariciaba a éste, como si
fuese su propio hermano;
27.- Y Jesús, viendo todo lo que había sucedido, se
indignó en su espíritu, y dijo a su madre: Mi espíritu está turbado por lo
que he hecho en esta ciudad; Porque yo no quería manifestarme, para que
nadie me conociese, y he aquí que escuché tus súplicas, y cumplí tu
voluntad; y la Virgen repuso: ¿Por qué me diriges ese reproche, hijo mío?; En
verdad, has ocasionado la ruina de los ídolos, y nos has librado a todos de
la perdición y de la muerte, y esto es lo que yo te había rogado; En
adelante, sea tu voluntad la que se cumpla, en cuanto dispongas o resuelvas
hacer;
28.- Y, a la noche siguiente, el ángel del Señor dijo a José, en una
visión: Levántate, y toma a Jesús y a su madre, y vete a tierra de Israel,
porque muertos son los que procuraban la muerte del niño; y José,
despertándose de su sueño, contó a María aquella visión, y ambos se
regocijaron en gran manera; Pero, pocos días más tarde, oyendo que Arquelao
reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá; y,
levantándose de noche, tomó a Jesús y a su madre, partió en dirección al
sur, hacia el pie del monte Sinaí, por el desierto de Horeb, cerca del
territorio donde, en otro tiempo el pueblo de Israel se había establecido y
había morado; De cómo la Sagrada Familia volvió a la tierra de Israel, y
habitó en el país de Galilea, en el pueblo de Nazaret;
Capítulo
XVI
1.- Y,
levantándose muy de mañana, fueron a ganar el país de Moab, frente a Mambré,
y recorrieron numerosas etapas en su ruta; y llegaron a una ciudad de los
árabes llamada Malla gpir mtín, que quiere decir «gran ciudad de Dios»;
Cuando Jesús pasó por el territorio de la ciudad, se encontraban allí
altares; Junto al camino, había una montaña de gran elevación, y en su cima
un templo, espléndidamente adornado con toda especie de imágenes y
consagrado al culto de los demonios; y éstos, congregados cerca del camino,
deliberaban entre sí, y decían: Nos encontramos bien aquí, en nuestra
morada, y estamos en reposo; Pero hemos oído decir que ha aparecido en el
mundo el hijo de un pobre viejo, que conoce y que discierne todas nuestras
prácticas, y que es un perseguidor y un enemigo de nuestra estirpe; Con él
en la tierra, ¿qué va a ser de nosotros en adelante?;
2.- Algunos demonios
dijeron: ¿Cómo os habéis arreglado para saber y conocer lo que es?; Un
demonio dijo: Vosotros no sabéis lo que es, mas yo lo sé, y lo conozco de
antemano; Los otros demonios dijeron: Si lo conoces, instrúyenos; El demonio
dijo: Es el mismo que nos precipitó de lo alto de los cielos, nuestra
mansión prístina, y nos redujo a la perdición; y ahora ha venido a la
tierra, para expulsarnos del género humano; Los demonios dijeron: ¿Y cómo
podrías saber lo que hará?; El demonio dijo: Yo estaba en Egipto, en el
templo de Apolo, cuando destruyó el sagrado edificio por completo, pulverizó
las estatuas de los dioses, y lo arruinó todo de arriba abajo; Los demonios
dijeron: ¡Desventurados de nosotros! Si viene aquí, ¿qué nos ocurrirá?;
3.- Y,
en tanto que deliberaban entre sí en tal forma, divisaron de repente al niño
Jesús, que avanzaba; y, lanzando un grito, exclamaron, medrosos: ¡He aquí
que el niño Jesús viene a la ciudad! Abandonemos este sitio, no sea que
dejemos nuestra vida entre sus manos; y otros demonios advirtieron: Lancemos
un grito de alarma a la ciudad; Quizá se apoderen del niño y lo maten, con
que quedaremos tranquilos en nuestro albergue; y, habiendo hablado así, se
esparcieron por diversos lados, y lanzaron este grito: ¡Mirad, todos, y
escuchad! El hijo de un gran rey llega, y se dirige hacia esta ciudad con un
ejército numeroso; y, al oír esto, todos los habitantes de la localidad se
armaron, y se reunieron en orden de combate, y fueron a patrullar por
doquiera, mas no encontraron nada;
4.- Y, como Jesús penetrase por la puerta
de la ciudad, todas las edificaciones de los templos se desplomaron de
súbito, desfondándose en ruinas, y no quedando una sola en pie; Cuanto a los
sacerdotes y a los ministros del culto, fueron invadidos por la demencia de
un furor demoníaco; y se golpeaban a sí mismos y clamaban a gran voz:
¡Desventurados e infortunados de nosotros, que hemos sido expulsados de
nuestros templos! ¿Quién es el autor de esta catástrofe?; y no podían
explicarse aquel hecho y la destrucción de la ciudad;
5.- José permaneció
allí varios días; y Jesús tenía entonces cuatro años; y, llegado a esta
edad, no quedaba ya confinado en su casa, sino que salía con otros niños y
tomaba parte en sus conversaciones y en sus juegos; y éstos acudían de buen
grado a su encuentro y se prestaban a sus deseos más mínimos; Por su
amenidad afectuosa, los ponía a todos de acuerdo con él, y merced al encanto
de su palabra, se convirtió en conductor y en jefe de todos los niños; y,
cualquier cosa que les mandaba hacer, la cumplían ellos con gusto; No dejaba
a ninguno abandonarse a la ociosidad y, si ocurría que algunos se pegasen y
se maltratasen entre sí, Jesús les pasaba la mano por encima, los curaba, y
los exhortaba a todos amistosamente; y reconciliaba a los descontentos y les
hacía recobrar su buen humor; Empero, si surgía entre ellos algún motivo de
disputa, iban a casa de sus padres y colgaban a Jesús la causa de las faltas
que habían cometido; Entonces los padres se dirigían en busca de Jesús, y no
lo encontraban; E interrogaban, diciendo: ¿Dónde está?; y los niños
respondían: No lo sabemos, porque es hijo de un anciano extranjero, que
reside aquí como transeúnte; y, ante este informe, los padres regresaban a
sus domicilios respectivos;
6.- Y ocurrió un día que Jesús fue a reunirse con
los niños, en el lugar en que acostumbraban a juntarse; y, habiéndose puesto
a jugar, se divertían, conversaban y discutían los unos con los otros; Jesús
admiraba su inocencia; y, en tanto que platicaban y se entretenían, sucedió
que empezaron a pegarse unos a otros; y de la refriega salió uno de ellos
con un ojo reventado; y el niño, lanzando un grito, se puso a llorar
amargamente; Mas Jesús le dijo: No llores, y levántate sin temor; y se
aproximó a él y, en el mismo instante, la luz volvió a sus ojos, y recobró
la vista; Cuanto a los demás niños que allí se encontraban, marcharon
presurosos a la ciudad, y contaron lo que Jesús había hecho; y los que los
oían fueron al lugar en que éste estaba, para verlo; Mas no lo encontraron,
porque Jesús había huido y estaba escondido a sus miradas;
7.- Más tarde,
Jesús fue un día al sitio en que los niños se habían reunido, y que estaba
situado en lo alto de una casa, cuya elevación no era inferior a un tiro de
piedra; Uno de los niños, que tenía tres años y cuatro meses, dormía sobre
la balaustrada del muro, al borde del alero, y cayó de cabeza al suelo de
aquella altura, rompiéndose el cráneo; y su sangre saltó con sus sesos sobre
la piedra y, en el mismo instante, su alma se separó de su cuerpo; Ante tal
espectáculo, los niños que allí se encontraban, huyeron, despavoridos; y los
habitantes de la ciudad, congregándose en diferentes lugares y lanzando
gritos, decían: ¿Quién ha producido la muerte de ese pequeñuelo, arrojándolo
de tamaña altura?; Los niños respondieron: Lo ignoramos; y los padres del
niño, advertidos de lo que ocurriera, llegaron al siniestro paraje, e
hicieron grandes demostraciones de duelo sobre el cadáver de su hijo;
Después, se pusieron a indagar, y a intentar saber cuál era el autor de tan
mal golpe; y los niños repitieron con juramento: Lo ignoramos;
8.- Mas los
padres respondieron: No creemos en lo que decís; Luego, reunieron a viva
fuerza a los niños, y los llevaron ante el tribunal donde comenzaron a
interrogarlos, diciendo: Informadnos sobre el matador de nuestro hijo y
sobre su caída de sitio tan elevado; Los niños, bajo la amenaza de muerte,
se dijeron entre sí: ¿Qué hacer?; Todo sabemos, por nuestro mutuo testimonio,
que somos inocentes, y que nadie es el causante de esa catástrofe; y se da
crédito a nuestra palabra sincera; ¿Consentiremos que si nos condene a
muerte a pesar de no ser culpables?; Uno de ellos dijo: No lo somos, en
efecto, mas no tenemos testigo de nuestra inculpabilidad, y nuestras
declaraciones se juzgan mentirosas; Echemos, pues, la culpa a Jesús, puesto
que con nosotros estaba; No es de los nuestros, sino un extranjero, hijo de
un anciano transeúnte; Se lo condenará a muerte y nosotros seremos
absueltos; y sus compañeros gritaron a coro: ¡Bravo! ¡Bien dicho!
9.-
Entonces la asamblea del pueblo hizo detener a los niños, les planteó la
cuestión y les dijo: Declarad quién es el autor de tan mal golpe y el
causante de la muerte prematura de este niño inocente; y ellos contestaron,
unánimes: Es un muchacho extranjero, llamado Jesús e hijo de cierto viejo; y
los jueces ordenaron que se lo citase; Mas cuando fueron en su busca, no lo
encontraron, y, apoderándose de José, lo condujeron ante el tribunal, y le
dijeron: ¿Dónde está tu hijo?; José repuso: ¿Para qué lo queréis?; y ellos
respondieron a una: ¿Es que no sabes lo que tu hijo ha hecho?; Ha precipitado
desde lo alto de una casa a uno de nuestros niños y lo ha matado; José dijo:
Por h vida del Señor, que no sé nada de eso;
10.- Y llevaron a José ante el
juez, que le preguntó d dónde venía y de qué país era; A lo que José
respondió: Vengo de Judea y soy de la ciudad de Jerusalén; El juez añadió:
Dinos dónde está tu hijo, que ha rematado con muerte cruel a uno de nuestros
niños; José repuso: ¡0h juez!, no me incriminéis con semejante injusticia,
porque no soy responsable de la sangre de esa criatura; El juez dijo: Si no
eres responsable, ¿por qué temes la muerte?; José dijo: Ese niño que buscas
es mi hijo según el espín tu, no según la carne; Si él quiere, tiene el
poder de responderte;
11.- Y, aún no había acabado José de hablar así, cuan
do Jesús se presentó delante de las gentes que habían ido buscarlo y les
dijo: ¿A quién buscáis?; Le respondieron: Al hijo de José; Les dijo Jesús: Yo
soy; El juez entonces le dijo: Cuéntame cómo has dado tan mal golpe; y Jesús
repuso: ¡Oh juez, no pronuncies tu juicio con tal parcialidad, porque es un
pecado y una sinrazón que haces a tu alma! Mas el juez le contestó: Yo no te
condeno sin motivo, sino con buen derecho, ya que los compañeros de ese
niño, que estaban contigo, han prestado testimonio contra ti; Jesús replicó:
Y a ellos ¿quién les presta testimonio de que son sinceros?; El juez dijo:
Ellos han prestado entre sí testimonio mutuo de ser inocentes y tú digno de
muerte; Jesús dijo: Si algún otro hubiese prestado testimonio en el asunto,
habría merecido fe; Pero el testimonio mutuo que entre sí han prestado no
cuenta, porque han procedido así por temor a la muerte, y tú dictarás
sentencia de modo contrario a la justicia; El juez dijo: ¿Quién ha de
prestar testimonio en favor tuyo, siendo como eres, digno de muerte?; Jesús
dijo: ¡Oh juez, no hay nada de lo que piensas! Ellos, y tú también, a lo que
se me alcanza, consideráis tan sólo que yo no soy compatriota vuestro, sino
extranjero e hijo de un pobre; He aquí por qué ellos han lanzado sobre mí un
testimonio de mortales resultas; y tú para complacerIos, supones que tienen
razón, y me la quitas;
12.- El juez preguntó: ¿Qué debo hacer, pues?; Jesús
respondió: ¿Quieres obrar con justicia?; Oye, de una y de otra parte, a
testigos extraños al asunto y entonces se manifestará la verdad, y la
mentira aparecerá al descubierto; El juez opuso: No entiendo lo que hablas;
yo pido testimonio lo mismo a ti que a ellos; Jesús repuso: Si yo doy
testimonio de mí mismo, ¿me creerás?; El juez dijo: Si juras sincera o
engañosamente, no lo sé; y los niños clamaron a gran voz: Nosotros sí
sabemos quién es, pues ha ejercido todo género de vejaciones y de sevicias
sobre nosotros y sobre los demás niños de la ciudad; Pero nosotros nada
hemos hecho; El juez dijo: Notando estás cuántos testigos te desmienten, y
no nos respondes; Jesús dijo: Repetidas veces he satisfecho a tus preguntas,
y no has dado crédito a mis palabras; Pero ahora vas a presenciar algo que
te sumirá en la admiración y en el estupor; y el juez repuso: Veamos lo que
quieres decir;
13.- Entonces Jesús, acercándose al muerto, clamó a gran voz: Abias, hijo de Thamar, levántate, abre los ojos, y cuéntanos cuál fue la
causa de tu muerte; y, en el mismo instante, el muerto se incorporó, como
quien sale de un sueño y, sentándose, miró en derredor suyo, reconoció a
cada uno de los presentes, y lo llamó por su nombre; Ante lo cual, sus
padres lo tomaron en sus brazos, y lo apretaron contra su pecho,
preguntándole: ¿Cómo te encuentras? ¿Qué te ha ocurrido?; y el niño
respondió: Nada; Jesús repitió: Cuéntanos cuál fue la causa de tu muerte; y
el niño repuso: Señor, tú no eres responsable de mi sangre, ni tampoco los
niños que estaban contigo; Pero éstos tuvieron miedo a la muerte y te
cargaron la culpa; En realidad, me dormí, caí de lo alto de la casa y me
maté;
14.- El juez y la multitud del pueblo, que tal vieron, exclamaron:
Puesto que niño tan pequeño ha hecho tamaño prodigio, no es hijo de un
hombre, sino que es un dios encarnado, que se muestra a la tierra; y Jesús
preguntó al juez: ¿Crees ya que soy inocente?; Mas el juez, en su confusión,
no respondía; y todos se maravillaron de la tierna edad de Jesús y de las
obras que realizaba; y los que oían hablar de los milagros operados por él
se llenaban de temor;
15.- Y el niño permaneció con vida durante tres horas,
al cabo de las cuales, Jesús le dijo: Abias, duerme ahora, y descansa hasta
el día de la; resurrección general; y, apenas acabó de hablar así, el niño
inclinó su cabeza, y se adormeció; Ante cuyo espectáculo, los niños, presa
de un miedo vivísimo, empezaron a temblar; y el juez y toda la multitud,
cayeron a los pies de Jesús y le suplicaron, diciéndole: Vuelve a ese muerto
a la vida; Mas Jesús no consintió en ello y replicó al juez: Magistrado
indigno e intérprete infiel de las leyes, ¿cómo pretendes imponerme la
equidad y la justicia, cuando tú y toda esta ciudad, de común acuerdo, me
condenabais sin razón, os negabais a dar crédito a mis palabras, y
estimabais verdad las mentiras que sobre mí os decían?; Puesto que no me
habéis escuchado, yo tampoco atenderé a vuestro ruego; y, esto dicho, Jesús
se apartó de ellos precipitadamente, y se ocultó a sus miradas; y, por mucho
que lo buscaron, no consiguieron encontrarlo; y, yendo a postrarse de
hinojos ante José, le dijeron: ¿Dónde está Jesús, tu hijo, para que venga a
resucitar a nuestro muerto?; Mas José repuso: Lo ignoro, porque circula por
donde bien le parece y sin mi permiso; De cómo la Sagrada Familia abandonó
Egipto y fue al país de Siria; Otros milagros y resurrecciones de muertos;
Capítulo XVII
1.- Y, aquella misma noche, José se levantó, tomó al niño y a su madre,
y fue al país de Siria, llegando a una ciudad llamada Sahaprau; y Jesús
tenía entonces cinco años y tres meses; y, como penetrase por la puerta de
la ciudad, donde había estatuas de dioses, los demonios, al ver pasar a
Jesús, lanzaron un grito, y dijeron: Llega un niño, hijo de un rey, de un
gran monarca y que va a trastornar nuestra ciudad y a expulsarnos de nuestra
mansión; Poneos en guardia, para que no se acerque a nosotros, y nos haga
perecer; Huyamos de él hacia otro lugar lejano, y ocultémonos en algún
desierto, o en las cavernas y en los antros de las rocas; Al oír tal, los
jefes de los sacerdotes y los servidores de los ídolos se reunieron en el
templo de éstos y exclamaron: ¿Qué voz ha lanzado ese grito que nos aterra?;
y, en el mismo instante, las estatuas de los falsos dioses se quebraron y
cayeron al suelo hechas añicos;
2.- Luego de haber entrado en la ciudad,
Jesús encontró en ella un albergue; y Jesús deambulaba por todos los Sitios
de la población; y llegó a un sitio en que los niños estaban reunidos, y se
sentó orillas del agua, cerca de las fuentes; y, recogiendo polvo, lo arrojó
al agua; y, cuando los niños fueron allí a beber, vieron el agua convertida
en sangre corrompida; y, atormentados por la sed, lloraban con amargura; Mas
Jesús tomó un cántaro, lo metió en la fuente, lo llenó de agua, y les dio de
beber; Empero, habiendo sacado de nuevo agua de la fuente, la echó sobre
ellos y los vestidos de todos quedaron teñidos de sangre; y los niños se
pusieron a llorar Otra vez; Mas Jesús los llamó con amabilidad, y, poniendo
la mano sobre ellos, les dijo: No lloréis, porque ya no hay ninguna tintura
sanguínea en vuestros trajes; y los niños se llenaron de alegría, al ver el
prodigio operado por Jesús;
3.- Otro día, Jesús fue a encontrarse con los
niños, en el Sitio en que estaban reunidos, y les propuso: Vayamos a
cualquier lugar distante y allí cazaremos pájaros; Ellos dijeron: Sí; y
marcharon a un paraje célebre, situado en la llanura, donde permanecieron el
día entero, mas no consiguieron cazar pájaro alguno; Era un día de verano, y
el calor sofocante de la atmósfera les incomodaba en extremo; Visto lo cual,
Jesús tuvo piedad de ellos, y, tendiéndoles la mano, les dijo: No temáis, e
incorporaos; Iremos hacia aquella roca que está ante nosotros, y a su sombra
reposaremos; Mas, cuando llegaron a ella, seguían sin poder soportar la
violencia de la temperatura, y algunos caían como muertos; y, con el aliento
entrecortado y los ojos fijos, miraban a Jesús;
4.- Mas éste, levantándose,
se colocó en medio de ellos y, con su vara, hirió la roca, de la que brotó
una fuente de agua abundante y deliciosa, que existe hoy todavía, en la que
todos abrevaron; y, cuando hubieron bebido y se hubieron reanimado, adoraron
a Jesús, el cual extendió la mano sobre el agua, e hizo aparecer en ella
profusión de peces; y ordenó a los niños que los agarrasen, y ellos lo
agarraron en gran número; y que recogiesen leña, que ardió, sin que nadie le
pusiese fuego; y asaron los peces, los comieron, y quedaron hartos; Luego
agarraron más peces aún y marcharon alegres a sus casas, donde, mostrando lo
peces de su pesca milagrosa, contaron los prodigios que había hecho Jesús; y
muchos de los habitantes de aquella ciudad creyeron en él;
5.- Y, entre los
compañeros de Jesús, los había de cierta edad, que, contando con su fuerza y
con su vigor, llegaron a tiempo a su destino; Otros, empero, menores en edad,
no podían, y, siguiendo detrás a los primeros, sin vestido, ni calzado,
llegaron más tarde a sus hogares; y uno de ello muchachito de tres años, se
extravió en la llanura, se vio sin alientos, cayó al suelo, y se durmió; Muy
de noche ya se despertó y, abriendo los ojos, miró a todos lados, y no vio a
nadie; Entonces le faltaron los ánimos, y prorrumpió en amargo lloro; y erró
a la ventura durante la noche entera y, perdiendo su ruta, se alejó de la
comarca; y pasó tres días fuera de ella, sin que ninguno de los niños
supiese lo que le había ocurrido; Después, el hambre, la sed y el ardor de
los rayos solares le separaron el alma del cuerpo;
6.- Y los padres del
pequeño interrogaron a los niños, diciéndoles: ¿Dónde está nuestro hijito,
que os ha seguido? ¿Qué ha sido de él?; Los niños contestaron: No lo sabemos;
Los padres dijeron: ¿Cómo no lo sabéis, si os ha seguido?; Los niños dijeron:
Sabemos que nos ha seguido, pero luego no pudimos averiguar su paradero; Los
padres dijeron: ¿A qué hora habéis visto que estaba todavía con vosotros?;
Los niños dijeron: Hasta mediodía, todos lo vimos; Pero, cuando empezó a
incomodarnos el calor del sol, y nos pusimos en fuga, lo perdimos de vista;
y, cuando Jesús nos reunió, y nos dio a beber agua sacada de la roca, no lo
vimos ya en aquel sitio y supusimos que habría vuelto a casa;
7.- Entonces
los padres del niño fueron a ver al juez de la ciudad y le contaron toda la
historia; y el juez ordenó que compareciesen los niños ante él y les
preguntó: Decidme la verdad, hijos míos, ¿qué se hizo del pequeño?; y ellos
respondieron: ¡Oh juez, escúchanos! Ayer por la mañana, estando juntos, de
común acuerdo, para ir a jugar, Jesús, el hijo de José, llegó en compañía de
otros niños y les advertimos que nos disponíamos a marchar para un lugar
distante; y, como ese niño no quería volver de él, lo dejamos allí, y
partimos; El juez dijo: Cuando os congregasteis en el mismo sitio, ¿lo vio
alguno de vosotros?; y ellos dijeron: Sí, y con nosotros estuvo toda la
jornada, hasta mediodía; Pero, cuando empezó a incomodarnos el calor del
sol, nos dispersamos del sitio y lo perdimos de vista;
8.- Mas el juez
ordenó, severo: Id en su busca, y traédmelo muerto o vivo; y ellos
recorrieron todos los alrededores de la urbe, sin lograr encontrarlo; y así
se lo manifestaron al juez, a su regreso; y él dijo: ¿Qué idea se os ha
puesto en la cabeza? ¿Pensáis que conseguiréis escapar al castigo por la
astucia?; No, en mis días; Decidme, pues: ¿Cuál era el fin de vuestra
expedición? ¿Quién invitó a ella al párvulo, y lo llevó consigo?; Los niños
observaron: Nadie lo invitó, ni lo llevé, y él mismo fue por su cuenta; Mas
el juez repuso: No decís la verdad y os haré perecer a todos;
9.- En seguida
mandó que se los desnudase y se los azotase con varas de leña verde; y,
cuando se vieron despojados de sus vestidos, los niños consultaron entre sí,
preguntándose: ¿Qué hacer, puesto que todos tenemos conciencia de ser
inocentes, y no se cree en nuestras protestas de inculpabilidad?; Uno de
ellos dijo: ¿Por qué, a base de una suposición tan injusta, hemos de ser
condenados a muerte?; y le dijeron: ¿Y qué se te ocurre hacer?; Él dijo:
¿Conocéis a Jesús, el hijo del viejo José?; Él estaba con nosotros, él se
encontraba al frente nuestro, él nos llevó consigo, y él, por consiguiente,
es quien nos puso en este peligro mortal; Mas sus compañeros objetaron: ¿Y
qué mal nos hizo Cuando nos moríamos de sed, bajo un calor sofocante, él fue
quien nos la apagó, sacando agua de la roca, y él quien nos dio peces que
comiéramos, y luego pudimos volver a tiempo a nuestras casas; Pero el niño
de opuesta opinión dijo: Y nosotros ¿qué delito hemos cometido, para ser
condenados a muerte?; Los niños dijeron: Demasiado sabes que no hablaremos
mal de él; El niño opuso: Pero nosotros, repito, ¿de qué crimen castigable
con la muerte podemos acusarnos?; ¡No! Vayamos al juez, y echemos sobre él
toda la acusación, puesto que es desconocido y extranjero en nuestra ciudad;
y, además, ¿no comprendáis que, por su causa, estamos bajo la amenaza de
esta angustia y de estos tormentos?; Si a él se lo condena, a nosotros se nos
absolverá; Todos clamaron a una: Toma sobre ti la responsabilidad de su
sangre; y el juez, viendo que no le respondían, ordenó a los verdugos que
les infligiesen la pena de azotes; y, cuando los primeros golpes comenzaron
a caer sobre sus espaldas, el niño enemigo de Jesús dijo al juez: ¿Por qué
nos condenas, a pesar de nuestra inocencia?; y el juez repuso: Si sois
inocentes, designad al que es digno de muerte; Los niños dijeron: El hijo de
un viejo extranjero llevó a ese niño consigo, y no sabemos lo que le habrá
hecho; El juez les preguntó: ¿Por qué no me habéis hablado de él antes?; y
los niños respondieron: Creímos que hubiera sido una falta obrar así, porque
es muy pobre, y está reducido a la mendicidad;
10.- Y el juez mandó que le
trajesen a Jesús, mas no se lo encontró; Entonces detuvieron a José, a viva
fuerza, y lo hicieron comparecer ante el tribunal; y el juez lo interrogó:
¿De dónde eres, anciano, y adónde vas?; José respondió: Soy de una comarca
lejana, y recorro este país como extranjero desterrado; El juez añadió:
¿Dónde está tu hijo?; José replicó: ¿Para qué lo quieres?; El juez dijo: Tu
hijo ha ido a jugar, llevando consigo a todos los niños de la ciudad, y uno
de ellos no ha vuelto; Dime, pues, donde está tu hijo, y qué se ha hecho de
él; José dijo: Cuanto a eso, lo ignoro; El juez dijo: No te escaparás de mis
manos con semejantes excusas, como no me traigas al niño, muerto o vivo;
José dijo: Soy viejo, y ¿cómo podré ir y venir, sin fatigarme, la jornada
entera?; El juez dijo: Tal vez lo encuentres en seguida en cualquier lugar;
José dijo: ¡Oh juez, ordena a estos niños que me sigan en esta pesquisición,
pues quizá saben dónde está el pequeño! El juez dijo: Sí, lo haré, pero los
padres del niño también te seguirán; A estas palabras del juez, José lo
saludó profundamente y marchó muy triste a su casa a contar a María lo que
había ocurrido; y ambos a dos se afligieron en extremo;
11.- Y, al día
siguiente, muy temprano, José, haciéndose preceder del niño Jesús, caminó
unas doce millas fuera de la ciudad, y ambos encontraron en la llanura al
niño, que había sucumbido al ardor de los rayos solares, como si hubiese
sido quemado por el fuego; Su cuerpo estaba ennegrecido, sus ropas
grasientas, y desunidas sus articulaciones; Habiendo visto esto, volvieron a
la ciudad, e informaron del hecho a los padres del niño; y éstos, al marchar
al lugar que se les indicó, y ver el estado en que su hijo se encontraba,
lanzaron un grito y golpearon el pecho con piedras; y, llorando, envolvieron
en un lienzo al difunto, lo incorporaron, y lo condujeron hasta la puerta de
la ciudad; y todos los habitantes de la ciudad lo acogieron con gran duelo y
se apiadaban de la catástrofe que le había ocurrido; y, al cabo de una hora,
los padres dijeron al juez: No lo llevaremos a la tumba, antes que hayas
hecho perecer en el suplicio al hijo de ese viejo y condenado a su padre y a
su madre a tormentos crueles y a la muerte; y el juez dijo: Tenéis razón;
12.- Entonces ordenó que Jesús compareciese ante el tribunal y le preguntó:
¿Por qué has provocado lance tan funesto, y atraído esta desgracia sobre
nuestra ciudad?; y Jesús respondió: ¡Oh juez!, no cometas este acto de
iniquidad, que a nadie es lícito enunciar o conocer; El juez dijo: ¿Qué
debo, pues, hacer entre dos derechos contrarios?; Jesús dijo: Sí obras
lealmente, tus juicios serán justos; Donde no, incurrirás en pecado
gravísimo; El juez dijo: No me respondas de esa suerte, para darme una
lección ante todo el mundo; yo no obro de mala fe, sino en justicia; Jesús
dijo: Si procedieses con sinceridad, habrías de antemano hecho tu
información cuidadosamente con arreglo a los testimonios, y después habrías
juzgado conforme a las leyes; El juez dijo: ¿Cómo puedo hacer una
información cuidadosa sobre tu declaración particular de que eres inocente?
¿Quién entonces ha ocasionado caso tan triste?; Jesús dijo: Recibiste el
testimonio de los que me imputan una cosa calumniosa, y no crees en la
verdad de mis palabras; Pero muy pronto quedarás confundido; El juez dijo:
Haz lo que quieras;
13.- Y Jesús, colocándose frente al muerto, clamé a gran
voz: Moni, hijo de Sahuri, levántate sobre tus pies, abre tus ojos, y di
cuál ha sido la causa de tu muerte; y el niño se incorporó en seguida; y sus
padres y sus conocidos lanzaron un grito y lo apretaron contra su corazón,
diciéndole: Hijo mío, ¿quién te ha devuelto la vida?; y ¿1 dijo: El pequeño
Jesús, el hijo del viejo; y el juez, los sacerdotes de los ídolos y toda la
multitud del pueblo se prosternaron ante Jesús, e interrogaron al niño,
diciéndole: Hijo mío, ¿quién ha causado tu pérdida?;
14.- Y el niño repuso:
Nadie, pues son inocentes todos; No lo condenéis, que no es responsable de
mi muerte; yo me había extraviado y, por efecto del hambre y de la sed, mi
alma desfalleció; Cuanto a lo que me sucedió después, todo lo que sé es que
me veis y que os veo; y Jesús exclamó: Juez inicuo, ¿por qué querías
condenarme al último suplicio injustamente?; y el juez, confundido, no sabía
qué contestar; y el niño permaneció con vida cerca de tres días, hasta el
momento en que, admirados hasta la estupefacción, pudieron verlo todos los
habitantes de la ciudad; y de nuevo Jesús ordenó al niño: Duerme ahora, y
reposa; y, en el mismo instante, el niño se entregó otra vez al sueño; y,
luego de haber hablado y obrado como lo hizo, Jesús desapareció de la vista
de cuantos sus dichos y sus hechos habían presenciado; De cómo la Sagrada
Familia marchó a la tierra de Canaán; Travesuras infantiles de Jesús;
Capítulo XVIII
1.- Al despuntar el día, José, con María y con Jesús, marchó a la tierra de Canaán, deteniéndose en una ciudad que había por nombre Mathiam o Madiam;
y
Jesús tenía entonces seis años y tres meses; y sucedió que, circulando por
la ciudad, vio, en cierto lugar, un grupo de niños, y se dirigió hacia
ellos; y algunos, al ver que se acercaba, dijeron: He aquí que llega un niño
extranjero; Pongámoslo en fuga; Mas otros dijeron: ¿Y qué mal puede
hacernos, puesto que es un niño como nosotros?;
2.- Y Jesús fue a sentarse
junto a ellos, y les preguntó: ¿Por qué permanecéis en silencio, y qué os
proponéis hacer?; Respondieron los niños: Nada; Mas Jesús insistió: ¿Quién de
vosotros conoce algún juego?; Los niños replicaron: No conocemos ninguno;
Jesús exclamó: Mirad, pues, todos, y ved; y, tomando barro de la tierra,
amasó con él una figura de gorrión, soplé sobre su cabeza y el pájaro, como
animado por un hálito de vida, echó a volar; y Jesús dijo: Ea, id y atrapad
a ese gorrión; y ellos lo contemplaban embaídos y se maravillaban del
milagro realizado por Jesús;
3.- Y, amasando otra vez polvo del suelo, lo
esparció por el aire hacia el cielo; y el polvo se trocó en gran cantidad de
moscas y de mosquitos, de los que toda la ciudad quedó llena y que
molestaban en extremo a hombres y a animales; y de nuevo tomó barro, con el
que formé abejas y avispas, que echó sobre los niños, conmoviéndolos y
alarmándolos en grado sumo; Porque aquellos insectos, cayendo sobre la
cabeza y sobre el cuello de los niños, se deslizaban por dentro de su ropa
hasta su pecho y los picaban; y ellos lloraban y se movían de un lado para
otro, dando chillidos; Mas Jesús, para apaciguarlos, los llamaba con dulce
acento y, pasando su mano por las picaduras, les decía: No lloréis, pues
vuestros miembros no sufren ya ningún daño; y los niños se callaban; y los
habitantes de la ciudad y de la región, viendo tales prodigios, se decían
los unos a los otros: ¿De dónde nos viene esta invasión de moscas y de
mosquitos, que ha infestado nuestra población?; Los niños dijeron: Viene de
un muchacho, hijo de un viejo extranjero de cabellos blancos, que há obrado
este prodigio; y todos clamaron a una: ¿Dónde está?; Los niños dijeron; No lo
sabemos; (Porque Jesús había huido de allí y se había ocultado a sus
miradas;) Y los que oían hablar de todas las obras de Jesús, deseaban verlo
y exclamaban: Esto es cosa de Dios y no de un hombre;
4.- Y, a los tres días,
ocurrió que Jesús fue a circular secretamente por la ciudad; y prestaba oído
a los discursos de las gentes, que murmuraban entre sí: ¿Quién ha visto, en
esta ciudad, al hijo de un anciano canoso, de quien todo el mundo atestigua
que hace milagros que nuestros dioses no saben hacer?; Otros comentaban:
Decís verdad, pues ese niño sabe hacer todo lo que quiere; y Jesús, habiendo
oído esto, volvió silenciosamente a su casa y se escondió en ella, para que
nadie supiese nada; Empero, varios días después, Jesús marchó a reunirse con
los nenes de su edad, en el sitio en que estaban; y, habiéndolo divisado,
todos fueron alegremente al encuentro suyo; y se prosternaron ante él,
diciéndole: Bien venido seas, Jesús, hijo de un anciano venerable; ¿Por qué
has desaparecido, privándonos de tu presencia, durante los muchos días que
no has venido a este lugar?; Todos nosotros;;; (Aquí hay, en el manuscrito,
una laguna, después de la cual el texto vuelve a tomar el hilo de la
narración por el tenor siguiente:);;;
Y llegaron allí llorando y le hicieron
gran duelo; y el niño tenía siete años; y, pasada una hora, los padres del
pequeño preguntaron: ¿Dónde está ese muchacho, que ha matado de una pedrada
a nuestro hijo?; Todos respondieron: Lo ignoramos; y los padres, levantando
el cadáver, lo llevaron a su casa; y fueron a ver al juez de la ciudad, a
quien contaron toda la historia; y el juez ordenó que se detuviese a los
muchachos y que se los trajese a su presencia; Cuando hubieron llegado, los
interrogó, y les dijo: ¡Mozos y niños, grandes y pequeños, que estáis
congregados aquí, en la sala de audiencia, considerad vuestra juventud! No
imagináis que vuestros lloros y vuestras lágrimas me decidirán a absolveros
por escrúpulo de conciencia, o que voy a poneros en libertad, mediante una
intercesión o un regalo, como creéis, sin duda; No habrá nada de ello, sino
que os haré desgarrar muchas veces en tormentos crueles, y perecer de mala
muerte; No os hagáis ilusiones al respecto, diciéndoos unos que sois hijos
de familia, y otros hijos de pobre, y pensando que el juez se apiadará de
quien guste; ¡No! Yo os juro por el poder de mis dioses y por la gloria de
mi soberano el Emperador, que todos tantos como seáis, seréis condenados en
este mismo día; Decidme, pues, quién, de entre vosotros, ha matado a ese
niño, ya que todos los que estabais allí, lo conocéis; Ellos contestaron a
una: ¡Oh juez, escúchanos, y advierte que, unos respecto de otros,
atestiguamos, bajo juramento, que somos inocentes! El juez repuso: Os dije
ya, y os repito ahora, que os hablo así, no en tono de amenaza, sino de
benevolencia; No encubráis vuestro delito, si no queréis perecer como ese
niño, sin que nada, ni nadie, os sirva de ayuda; Los muchachos replicaron: ¡Oh
juez, te decimos exactamente la verdad, tal como la conocemos! Y, no
pudiendo saber quién es el culpable, ¿por qué, mediante una mentira,
entregaríamos un inocente a la muerte?; El juez refrendé: Os hará castigar
severamente, y luego os haré parecer con muerte cruel, si no me descubrís la
verdad; Los muchachos insistieron, repitiendo: Juntos estamos ante ti; Todo
lo que nos mandes decir, y que sepamos, lo diremos; En Vista de esta
persistencia en la negativa, el juez, lleno de cólera, mandó que se los
desnudase y se los azotase con correhuelas crudas; y el que era el matador
del niño, intimidado por el juez, lanzó un grito, y exclamó: ¡Oh juez!,
líbrame de estas ligaduras y te indicará quién es el matador del niño; El
juez ordenó que se lo desligase, y, llamándolo a su vera, con caricias y con
buenas palabras, le dijo: Explícame puntualmente y por orden todo lo que
sepas; y el muchacho expuso: ¡Escúchame, oh juez! Yo me encontraba allí,
separado y alejado de todos, y vi al pequeño Jesús, el hijo del viejo José
el extranjero, que, jugando, hirió mortalmente a ese niño de una pedrada y
huyó, acto seguido; El juez indagó: ¿Y había contigo otros, cuando murió el
niño, y son testigos de que Jesús es el autor del hecho?; Todos contestaron a
una: Sí, él es; El juez dijo: ¿Y por qué no me lo denunciasteis, tan pronto
vinisteis aquí?; Los muchachos dijeron: Creíamos que hubiéramos procedido mal
traicionándolo por ser hijo de un pobre extranjero; El juez dijo: ¿Y os
parecería preferible condenar a un inocente en forma legal, a dejar libre al
que era digno de muerte?; Seguidamente, hizo arrestar a José, lo interrogó y
ordenó emprender pesquisiciones inútiles para hallar a Jesús; Empero, cuando
sometía a José a nuevo interrogatorio, Jesús entró súbitamente en el
tribunal; Muchas palabras de discusión y muchos altercados pasaron entre
Jesús y el magistrado, quien, finalmente, lleno de furia, mandó llamar a los
muchachos y les dijo: Reveladme la verdad de una vez, a fin de que quede yo
bien informado; ¿Sois vosotros los que habéis causado esta muerte, o es el
pequeño Jesús?; Ellos dijeron que éste era el causante; Entonces Jesús
resucitó al muerto y lo obligó a designar al verdadero matador, como así lo
hizo; y descubierto por la misma víctima la realidad del caso, Jesús colmó
de reproches al juez; y el niño conservé su vida hasta la hora de nona del
día, de suerte que todos tuvieron tiempo de ir a verlo resucitado de entre
los muertos; Después, Jesús, tomando la palabra, dijo al niño: Saul, hijo de
Saivur, duerme ahora y descansa, hasta que llegue el juez universal, que
pronunciará un juicio equitativo; y, pronunciadas estas palabras, el niño,
inclinando la cabeza, quedó dormido; Al ver lo cual, todos los que habían
sido testigos de tamaños prodigios se llenaron de pánico y se dejaron caer
como muertos; y no se atrevían a mirar a Jesús; En la violencia de su
espanto, temblaban ante él y su sorpresa redoblaba en razón de la tierna
edad del taumaturgo; Jesús quiso retirarse, pero aquellas gentes le
imploraban y decían: Vuelve de nuevo la vida al muerto que has resucitado;
Mas Jesús se negó a hacerlo y dijo: Si, desde un principio, hubieseis creído
en mi palabra, y aceptado mi testimonio, poder no me faltaba para acceder al
ruego que ahora me dirigís; Pero, puesto que habéis conspirado para
condenarme injustamente, y os habéis encarnizado y ensañado indignamente
contra mí, por medio de testimonios calumniosos, he resucitado a ese niño,
para oponerlo como testigo a vuestras imputaciones, y así he escapado a la
muerte; y, esto hablado, Jesús desapareció de su vista; y sacaron a José de
su prisión y lo pusieron en libertad; y varias personas que, habiendo ido a
buscar a Jesús, no habían conseguido encontrarlo, suplicaban a José, y le
decían: ¿Dónde está tu hijo, para que vaya a resucitar otra vez al
pequeñuelo?; Mas José repuso: Lo ignoro; y, al día siguiente, al amanecer, se
levantó, tomó al niño y a su madre, y, saliendo de la ciudad, se puso en
camino; y Jesús tenía entonces seis años y once meses; y llegaron a una
aldea llamada Laiel, donde habitaron una buena temporada;
5.- Y, un día, José
y María tuvieron consejo con respecto a Jesús, y dijeron: ¿Qué haremos con
él, puesto que por su causa tenemos que soportar tantas molestias e
inquietudes de las gentes, en todas las poblaciones por que pasamos?; Es de
temer que cualquier día se lo aprese a viva fuerza o a escondidas, y que
nosotros perezcamos con él; José dijo: Puesto que me interrogas, ¿has
pensado tomar alguna resolución en el asunto?; María dijo: Bien ves que va
siendo ya un niño mayor y que, sin embargo, anda siempre por donde le
parece, y no para un momento en casa; Si te parece, podríamos dedicarlo a la
profesión de escriba, para que quede bajo la dependencia de un maestro, para
que se ejercite en toda clase de estudios y en el conocimiento de las leyes
divinas, y para que nosotros vivamos en paz; 6.- José dijo: Razón llevas;
Cúmplase tu voluntad; María dijo: Si no se fija en parte alguna para
estudiar, siendo ya muy hábil y capaz de comprenderlo todo, no se someterá a
un maestro; José dijo: No temas por él, porque su aspecto está lleno de
misterio, y maravillosas, prodigiosas, sorprendentes son sus obras; y he
aquí por qué vamos por toda la tierra, como nómadas sin patria, esperando
que el señor nos signifique su voluntad, y satisfaga, en beneficio nuestro
el deseo de nuestros corazones; María observó: Muy ansiosa estoy por lo que
a eso respecta, y no sé lo que sucederá más tarde; José repuso: Más tarde,
en la hora de la prueba, el Señor nos sacará de angustias; No te
entristezcas; y, después de estas palabras confidenciales, callaronsé ambos
esposos; De cómo la Sagrada Familia volvió a la tierra de Israel y aplicó a
Jesús al estudio de las letras
Capítulo XIX
1.- Y José, levantándose, tomó a Jesús y a
María y los llevó a tierra de Israel; y llegó a una ciudad llamada Bothosoron o Bodosoron, donde había un rey, de raza hebraica, que tenía por
nombre Baresu, y que era hombre piadoso, misericordioso y caritativo; y,
como José hubiese oído hablar de él con grandes loores, pensó en ir a verlo
y preguntó a los habitantes de la ciudad: ¿Qué carácter es el de vuestro
rey?; y ellos contestaron: Muy bueno; Entonces José fue al palacio real, y
declaró su deseo al portero, a quien dijo: Hombre respetable, quiero pedirte
una cosa; El portero repuso: Habla;
2.- Y José expuso: He oído decir que
vuestro rey es justo para los súbditos, benéfico para los pobres y solícito
para los extranjeros; y extranjero soy, por lo cual me sería muy grato
verlo, y escuchar de su boca alguna palabra; El portero indicó: Déjame unos
momentos para anunciarme, entrar y luego introducirte; Porque bien sabes
cuál es el uso y la voluntad de los reyes y de los magistrados; La consigna
es prevenirlos primero y, después, ejecutar sus órdenes; y el portero,
habiéndose anunciado, fue admitido cerca del rey, y éste mandó que se
introdujese a José; El cual fue a presentarse al monarca e, inclinándose, se
prosterné ante él;
3.- Y el rey lo recibió, diciéndole: Bien venido seas a
esta corte, venerable anciano; Ten la bondad de tomar asiento; y José,
después de sentarse, se encerró en el silencio, y nada dijo; y el rey lo
trató con cuidado, ordenando que se les trajese una mesa ricamente provista,
ambos comieron, bebieron y se regocijaron; y el rey preguntó a José: ¿De qué
país vienes, venerable anciano, y adónde te diriges?; José contestó: Vengo de
una tierra lejana; El rey dijo: Te repito mi bienvenida, y te aseguro que
haré en tu obsequio cuanto me pidas; José dijo: Viejo y extranjero, he
llegado y me placería habitar en esta ciudad, en un lugar cualquiera; Poseo
alguna habilidad en los trabajos de carpintería, y lo que fuese necesario en
el palacio real lo cumpliría en todo tiempo; Entonces el rey prohibió que
nadie lo molestase por su calidad de extranjero;
4.- Y José, levantándose, se
prosterné ante el soberano, y le dijo: ¡Oh rey, si en ello no ves
inconveniente, dedica a mi hijo al estudio! He sabido que hay en esta ciudad
un doctor, que educa a los niños, y que está dotado de mucho talento y de
mucha sabiduría; Confíale el cuidado de enseñar a mi hijo las letras, para
que se instruya a fondo en la ciencia de las Escrituras, de la Ley augusta y
de los mandamientos de Dios; El rey dijo: Sí, haré lo que me pides y
cumpliré tu deseo; Pero, antes, es necesario que traigas a tu hijo a mi
presencia, para que yo juzgue si se halla capacitado para abordar el estudio
y el aprendizaje de las letras y de la ciencia, después de lo cual lo
entregaré y lo recomendaré a su profesor; y José dio las gracias, y fue a
llevar la buena nueva a María, a quien hizo un vivo elogio del rey; Pero, en
vez de regocijarse, María se afligió y se espantó; Porque desconfiando de
las buenas intenciones del rey, temía que no hubiese pedido por traición ver
al niño, para reducirlo a esclavitud; y, llorando, dijo a José: ¿Por qué
declaraste al rey la existencia, el nombre y las buenas cualidades de un
hijo tuyo?; Mas José replicó: ¡Por la vida del Señor, no tengas miedo! El rey
no me mandó llevarle al niño por felonía, sino por querer que, bajo sus
auspicios, un maestro le dé enseñanza e instrucción; María dijo: A ti te
toca acabar de cerciorarte de ello; Ahora, te entrego a mi hijo y más tarde
te lo reclamaré! José dijo: Llevas razón; María dijo: Si quieres presentar
el niño al rey, llévalo a palacio, conforme a tu gusto; Pero infórmate de
antemano de cuanto toca a la seguridad del niño y sólo entonces debes
conducirlo a la presencia del rey; José dijo: Obraré según tu voluntad; y,
tomando a Jesús, lo llevó ante el rey, que lo saludó con estas palabras:
Bien venido seas, niño, hijo del Padre y descendiente de un gran rey; y
mandó llamar al doctor supremo, encargado de adoctrinar a los niños, y que
había por nombre Gamaliel; y, cuando hubo llegado, el rey lo recibió con
mucho afecto, y le dijo: Maestro, quiero que te encargues de enseñar las
letras a este niño, y todo lo necesario para su sustento y demás gastos
materiales lo recibirás del real tesoro; y Gamaliel preguntó: ¿De quién es
este hermoso niño?; Respondiolé el rey: Es hijo de un hombre de elevada
familia y descendiente de real estirpe, y el viejo que aquí ves es su tutor; Gamaliel dijo: Hágase tu voluntad; Entonces José, levantándose, se
prosterné, tomó al niño, y volvió con él a su casa, lleno de júbilo; y contó
todo lo ocurrido a María, y, regocijándose, bendecía al Señor; De cómo Jesús
fue confiado a Gamaliel para aprender las letras; Nuevos prodigios
realizados por Jesús;
Capítulo XX
1.- Y, al día siguiente, José fue con Jesús a casa de Gamaliel;
y, cuando el niño vio al maestro, se inclinó y se prosternó ante
él; y Gamaliel dijo: Bien venido seas, planta nueva, fruto suave, racimo
florido; Después, preguntó a José: Dime, venerable anciano: ¿Este hijo es
tuyo o de otro?; y José respondió: Dios me lo ha dado por hijo, no según la
carne, sino según el espíritu; Gamaliel interrogó: ¿Cuántos años tiene?; José
contestó: Siete; Añadió Gamaliel: ¿Lo has llevado, antes que a mí, a otro
maestro, para instruirlo, o para hacerle aprender alguna otra profesión?; y
repuso José: No lo he llevado a nadie; Gamaliel dijo: Y ahora, ¿qué quieres
hacer de él?; José dijo: Por orden del rey y con tu aquiescencia, he venido
aquí, atraído por la fama de sabio que te circunda; y Gamaliel replicó: Bien
venido seas, venerable anciano; Guardo hacia ti las mayores consideraciones,
y siento mi ánimo sobrecogido y confuso, al conversar contigo, y al hablar
en tu presencia; Sin embargo, escúchame y te expondré la verdad; Cuando miro
a tu hijo, veo claramente en la hermosa expresión de sus rasgos y en la
bella semejanza de su imagen, que no necesita estudiar, quiero decir, que no
necesita oír o comprender las lecciones de nadie; Porque está lleno de toda
gracia y de toda ciencia, y la Espíritu Santa habita en él, y no puede de él
separarse; José objetó: Pero ¿qué haré de él, sin la ayuda de un maestro que
le enseñe una sola palabra de escritura?; Gamaliel le aconsejó: Dedícalo a un
oficio manual, que coincida con tu interés a una que con su inclinación; Al
oír estas palabras, José se amohinó profundamente, y, con lágrimas en los
ojos, cayó a los pies de Gamaliel, y exclamó, suplicante: ¡Buen maestro, sé
paciente con mi hijo, y longnime conmigo! No me trates como a un extranjero
sin patria, y no me desdeñes; Encárgate con benevolencia de este niño; Todo
lo que Dios se digne concederle del don de ciencia, se lo concederá; Cuanto
a mí, te pagaré en cantidad doble el precio de tus desvelos; y Gamaliel
dijo: ¡Basta! Haré lo que deseas;
2.- Entonces el maestro tomó las tablillas
que había traído consigo Jesús, y dijo: Escribiré doce letras, y, si el niño
es capaz de ajustarse y ordenarse las demás en la cabeza, escribiré estas
últimas hasta completarlas todas; José dijo: Haz como gustes; y el maestro
se puso a escribir doce letras; y Jesús, colocándose ante su maestro,
comenzó a observar primero las particularidades de la escritura, y después
las letras; Cuando el maestro las hubo escrito, entregó las tablillas a
Jesús; y éste, inclinándose, se prosternó ante él, y recibió de su mano las
tablillas;
3.- Gamaliel expuso: Escúchame, hijo mío, y lee tal como yo te
indique; y comenzó a nombrar las letras; Mas Jesús lo hizo observar:
Maestro, hablas de tal suerte, que no entiendo lo que dices; Esa palabra que
acabas de pronunciar, me parece un término de otro idioma, y no lo
comprendo; Gamaliel repuso: Es el nombre de la letra; Jesús objetó: Conozco
la letra, pero dame su explicación; Gamaliel replicó: ¿Y qué interpretación
soportaría esta letra por sí misma?; Jesús preguntó: ¿Por qué la primera
letra tiene otro aspecto, otra forma y hasta otra figura que las demás?;
Respondió Gamaliel: Es para que, merced a esa circunstancia, hable a
nuestros ojos, de modo que la veamos bien, la reconozcamos bien, la
discernamos bien, y luego podamos determinar adecuadamente su sentido; y
Jesús dijo: Hablas con cordura y con acierto, pero explicarné lo que te
pido; yo sé que toda letra tiene un rango definido, en que se manifiesta su
sentido misterioso, que es único y determinado para cada letra; y Gamaliel
advirtió: Los antiguos doctores y sabios no han parado su atención en otra
cosa que en la forma de la letra y en su nombre; Jesús dijo: Lo sé
perfectamente, y lo que quisiera que me procurases es la explicación de la
letra; El maestro interrogó: ¿Qué quieres significar con esa petición, que
no comprendo?; El niño contestó a esta interrogación con otras tres: ¿Qué es
la letra? ¿Y qué es la palabra? ¿Y qué es la frase?; y Gamaliel se humilló,
diciendo: Dejo a tu cargo la respuesta, porque yo la ignoro; Al oír esto,
José se indignó en su alma, y dijo a Jesús: Hijo mío, no repliques así a tu
maestro; Comienza por aprender, después de lo cual, sabrás; y, hecha esta
recomendación, se fue silenciosamente a su casa, y conté a María lo que
había oído decir, y visto hacer a Jesús; y ella se entristeció mucho, y le
dijo: Ya te advertí de antemano que no se dejaría instruir por nadie; Mas
José la tranquilizó, diciendo: No te aflijas, que todo ocurrirá como Dios
disponga; y, al salir de casa del maestro, José había dejado al niño en el
mismo lugar que ocupaba; y Jesús, tomando la tableta, sin decir nada, se
puso a leer, primero las letras, luego las palabras, y finalmente las
frases; y deposité la tablilla ante Gamaliel, y dijo: Maestro, conozco las
letras qué has escrito; Ahora escribe por su orden las demás letras hasta
completarlas todas; y, prosternándose ante Gamaliel, tomó otra vez la
tablilla, y leyó de la misma manera primero las letras, luego las palabras,
y finalmente las frases; y nuevamente deposité la tablilla ante Gamaliel, y
dijo: Maestro, ¿has acabado la serie de las letras que habías comenzado a
formar?; Gamaliel repuso; Sí, hijo mío; He aquí sus nombres reunidos ordenada
e íntegramente; y Jesús dijo: Maestro, todo lo que me has escrito, lo he
aprendido y lo sé perfectamente; Ahora, para mi instrucción, escríbeme otra
cosa, a fin de que la aprenda y la sepa; y Gamaliel replicó: Pero dame antes
la interpretación de las letras, para que la conozca; Respondió Jesús, y
dijo: ¿Tú eres maestro en Israel, y no sabes esto?; Respondió Gamaliel, y
dijo: Todo lo que sé es lo que he aprendido de mis padres; y Jesús expuso:
La letra simple significa por sí misma el nombre de Dios; La palabra que
nace de la letra, y que toma cuerpo en ella, es el Verbo encarnado; y la
frase que se expresa por la letra y por la palabra, es la Espíritu Santa; De
suerte que, en esta Trinidad, la letra simple o Dios engendra la palabra o
Verbo, que se incorpora al Espíritu, el cual, al manifestarse, se afirma en
la palabra enunciada;
4.- Al oír estas cosas, Gamaliel lo miré, estupefacto
ante el saber de que estaba dotado, y le pregunté: ¿Dónde has adquirido la
ciencia que posees?; yo pienso que todos los dones de la Espíritu Santa se han
reunido en ti; Mas Jesús repuso: Maestro, vuelvo a rogarte que me enseñes
alguna otra cosa de aquellas que has prometido enseñarme; y Gamaliel dijo:
Hijo mío, a mí es a quien toca convertirme en discípulo tuyo, pues has
aparecido en medio de nosotros como un prodigio, hasta el punto de que, poco
ha, tus compañeros de enseñanza me han pedido que te restituya a tu hogar,
por ser demasiado sabio para continuar entre ellos; Soy yo, repito, quien
vuelve a rogarte que me des una explicación de la escritura; y Jesús dijo:
Te la daré, mas tú no podrás comprender este misterio, que está oculto a las
intuiciones de la razón humana, hasta que el Señor, que escruta los
pensamientos en todo lugar y en todo tiempo, lo revele a todos los nacidos,
y reparta con profusión los dones de la Espíritu Santa; Porque ahora, por lo
poco que has visto de mí, y escuchado de mis palabras, puedes conocerme, y
saber quién soy; Empero más tarde, oyendo hablar de mí, me verás y me
conocerás; y Gamaliel murmuré entre sí: Verdaderamente, hijo de Dios es
éste; yo creo que es el Mesías, cuyo advenimiento los profetas han anunciado;
5.- Y Gamaliel llamé a José, y le dijo: Venerable anciano, razón
tenías al manifestarme que este niño no era hijo tuyo según la carne, sino
según el espíritu; y José preguntó a Jesús: ¿Qué haré de ti, puesto que no
te sometes al maestro?; Respondió Jesús: ¿Por qué te irritas contra mí?; Lo
que me ha enseñado lo sabía ya, y a las cuestiones que me ha planteado no
les ha dado solución; José repuso: Te he puesto a instruir, para recibir
lecciones, y para adquirir sabiduría, y resulta que eres tú quien enseña al
maestro; Jesús dijo: Lo que no sabía lo he aprendido, y lo que sé no
necesito aprenderlo; y Gamaliel exclamé: ¡No hables más, porque me afrentas!
Levántate, ve en paz, y que el Señor te sea próspero;
6.- Y Jesús se levantó
sin demora, tomó las tablillas, se prosterné ante Gamaliel, y le dijo:
Maestro bueno, otórguete Dios tu recompensa; y Gamaliel contesté: Ve en paz,
y realice el Señor tus deseos en bien tuyo; y Jesús marchó a reunirse a su
madre, la cual lo interrogó: Hijo mío, ¿cómo has podido aprenderlo todo, en
un solo día?; y Jesús afirmó: Todo lo he aprendido, en efecto, y el maestro
no ha sabido responder satisfactoriamente a nada de cuanto le propuse;
7.- Y
José, que estaba muy entristecido por causa de Jesús, consulté a Gamaliel,
preguntándole: Dime, maestro, ¿qué haré de mi hijo?; y Gamaliel repuso:
Enséñale todo lo que concierne a tu oficio de carpintero; y José fue a su
casa, y, viendo a Jesús sentado con las tablillas en la mano, lo interrogó:
¿Lo has aprendido todo?; Jesús replicó: Todo lo he aprendido, y quisiera ser
profesor de niños; Mas José dijo: Como sé que no quieres estudiar,
aprenderás conmigo el oficio de carpintero; y Jesús dijo: Lo aprenderé
también;
8.- Y José había empezado a fabricar para el rey un trono
magníficamente esculpido; y una de las gradas era muy corta, y no podía
unirse proporcionalmente a la otra grada; y Jesús preguntó: ¿Cómo piensas
arreglar esto?; y José dijo: ¿Qué te importa este asunto?; Toma el hacha,
corta esta grada perpendicularmente, de arriba abajo, y encuádrala
regularmente en sus cuatro ángulos; Jesús observó: Sí, haré lo que me
mandes; Pero explícame lo que quieres hacer de esta madera que pules con
tanto arte por medio de cuerda, de compás y de medida; José replicó: Tres
veces ya me has interrogado sobre este trabajo, que no puedes conocer y
comprender; Jesús insinuó: Precisamente por ello, te interrogo y me informo,
a fin de saber la verdad; y José explicó: Quiero construir un trono real
para el soberano, y la madera de una de las gradas resulta insuficiente;
Jesús dijo: Házmela ver; Dijo José: Es este trozo de madera que ves ante ti;
Pregunté Jesús: ¿Cuántos palmos tiene de largo?; José contesté: Uno de los
lados debe tener doce palmos, y el otro lo mismo; y Jesús torné a preguntar:
¿Y cuál es la longitud de esta pieza?; José contesté: Quince palmos; y Jesús
dijo: Está bien; Ve en silencio a ocuparte en tu obra, y no temas nada; y,
tomando el hacha, Jesús partió en tres la madera que medía quince palmos; y,
cortándola por la mitad, la dividió en dos troncos, puso el hierro sobre la
madera, y se sentó; y sobrevino ;María, y le dijo: Hijo mío, ¿has terminado
la obra que comenzaste?; y Jesús no sin indignación, repuso: Sí, la terminé;
Mas ¿por qué me forzáis a aprender todo género de labores?; Verdaderamente,
¿necesito yo aprender nada?; y a ti, ¿qué cuidado te aprieta a ocuparte de
mí a costa de tanta agitación e inquietud?; y, después de hablar así, Jesús
se calló;
9.- Y llegó José, y, viendo la madera dividida en dos partes, exclamó:
Hijo mío, ¿qué estropicio es éste, que tan grave perjuicio me causa?; Jesús
replicó: ¿Quieres decirme qué he hecho que te perjudique?; José repuso: Una
de las dos maderas es demasiado pequeña, y la otra demasiado grande; ¿Por
qué las has cortado de tal modo que no se adapten apropiadamente en sus dos
lados?; y Jesús dijo: Las he cortado de ese modo para que queden simétricas;
Dijo José: ¿Cómo puede ser eso?; Mas Jesús dijo: No te disgustes; Agarra las
piezas por sus dos lados, mide separadamente cada una de ellas, y entonces
comprenderás; y José, tomando una de las dos piezas de madera, la midió, y
era doce palmos de larga; Luego, midió la otra pieza, y comprobó que daba la
misma longitud; y la madera no era corta, en verdad, pero, en vez de quince
palmos, tenía veinticuatro, divididos en dos piezas de doce pies; Tal fue el
milagro que Jesús realizó delante de María y de José y en seguida, saliendo
presuroso de la casa, fue a juntarse con los niños de la población, en el
lugar en que se encontraban reunidos; A su vista, todos se acercaron
alegremente a su encuentro; y, puestos ante él de hinojos, lo interrogaron,
diciendo: ¿Qué haremos hoy, Jesusito?; y éste contestó: Si me escucháis, y si
os sometéis a mis órdenes, ejecutad exactamente cuanto os mande; y ellos
clamaron a una: Sí, todos te somos afectos, y estamos sometidos a tu
voluntad, en todo lo que te plazca; y Jesús les habló así: No violentáis a
nadie, no devolváis mal por mal, sed caritativos, y conducíos entre vosotros
como amigos y como hermanos; y entonces yo también viviré entre vosotros con
un corazón siempre puesto a serviros; y los niños le besaban y le abrazaban
con júbilo; y había allí un muchacho de doce años, que, a consecuencia de
violentísimos males de cabeza, había perdido la luz de sus ojos, y no podía
andar con soltura, a menos que alguien lo guiase, llevándolo por la mano; y
Jesús se apiadé de él, y, poniéndole la mano sobre la cabeza, le soplé en un
oído; y, en el mismo momento, se abrieron los ojos del niño, que recobró su
visión normal; y los muchachos que a tal milagro asistieron, lanzaron un
grito, y marcharon a la ciudad a contar el prodigio insigne de un ciego a
quien había devuelto la vista Jesús; y multitud de gentes acudieron de la
ciudad a verlo, mas no lo encontraron; Porque Jesús había desaparecido, y se
escondió, para no ser notado del público;
10.- Algunos días después, José
llevó al rey, ante quien se prosternó, el trono que había construido; y el
rey lo vio, y quedó regocijado y satisfecho; y ordenó que se diesen a José,
en abundancia, los recursos necesarios a su subsistencia; y, recibiéndolos,
José marchó jubiloso a su casa;
11.- Un día, el rey invitó a José a un
banquete, al cual asistieron también príncipes del más alto rango; y
comieron, bebieron y se regocijaron todos en la mayor medida; y el rey dijo
a José: Anciano, voy a hacerte una petición, para que la ejecutes; José
dijo: Ordena, señor; y el rey dijo: Quiero que me construyas un palacio
espléndido, con un salón muy elevado y de puertas a dos batientes; Le darás
las mismas dimensiones a lo largo que a lo ancho; pondrás, alrededor,
lámparas y asientos; lo adornarás con formas, contornos, figuras y dibujos
elegantemente esculpidos; representarás, sobre los capiteles, toda especie
de animales; con el escoplo pulirás las superficies, y con el cincel
formarás ornamentos entrelazados; lo harás accesible por una escalera
sólidamente enclavijada; derrocharás todos los recursos del arte decorativo;
emplearás profusión de maderas macizas de todas clases; y, por encima,
colocarás una cúpula cimbrada, que establecerás sobre el plano de un templo,
lo que sabes hacer a maravilla; y por tu trabajo, te daré el doble de lo que
necesitas para tu subsistencia; José dijo: Sí, rey, ejecutaré tus órdenes;
Pero manda que me traigan maderas incorruptibles, para que las examine; y el
rey dijo: Se hará como quieres;
12.- Y el rey, con los príncipes de alto
rango y con José, se dirigió a un sitio pintoresco, en que había hermosas
praderas, numerosas fuentes, un estanque en forma de anfiteatro y una
elevada colina al borde del agua; y el rey ordenó a José que midiese el
emplazamiento; y José lo midió a lo largo y a lo ancho, como el rey le había
mandado, y se puso a construir;
13.- Mas, cuando quiso rematar la labor de la
cúpula, hallé que una pieza de madera no se ajustaba a ella, por ser
demasiado corta; y José, contrariado, no sabía qué hacer; y, en aquel
instante, el rey sobrevino, y, advirtiendo la turbación de José, le
preguntó: ¿Por qué estás preocupado y sin trabajar?; Respondiele José: He
laborado en este maderamen con gran esfuerzo, y salió fallida mi obra; y el
rey dijo: Mandaré que te traigan madera más larga;
14.- Y, estando en esta
conversación, he aquí que se les acercó Jesús, el cual, inclinándose, se
prosterné ante el rey, que le dijo: Bien venido seas, hermoso niño, hijo
único de tu padre; y Jesús preguntó: ¿Por qué estáis aquí tristemente
sentados, desocupados y silenciosos?; y el monarca repuso: Todo está acabado,
como ves, y, sin embargo, falta algo; Jesús dijo: ¿De qué se trata?; El rey
dijo: Mira esta madera esculpida, y comprobarás que es demasiado corta, y
que no encaja en la otra bien; y Jesús dijo a José: Toma el extremo de esta
madera, y tenlo fuertemente asido; El rey, fijando su mirada en Jesús, lo
interrogó: ¿Qué vas a hacer?; y Jesús, tomando el otro extremo de la madera,
dijo a José: Tira en línea recta, para que no se note que esta madera es
demasiado corta; y los allí presentes creyeron que el niño bromeaba; Mas
José tuvo fe en la voluntad de Jesús, y, extendiendo la mano, se apoderé de
la madera, y ésta se alargó en tres palmos;
15.- Y, cuando el rey vio el
prodigio que había hecho Jesús, temió a éste, se prosterné ante él, y lo
abrazó; y lo cubrió con un vestido real, le ciñó la cabeza con una diadema,
y lo envié a su madre; y José terminó todo el trabajo de la construcción; y
el rey, a quien contento en extremo, gratificó a José con mucho oro y con
mucha plata, y lo remitió a su casa lleno de alegría;
16.- Cuanto a Jesús,
andaba siempre yendo y viniendo por los lugares que frecuentaban sus amigos
infantiles; y éstos lo saludaban con mucho afecto, y se apresuraban a
cumplir cuanto él les mandaba;
17.- Y, un día, Jesús, que había salido de su
casa, recorría la ciudad silenciosamente y a escondidas, para que nadie lo
viese; y he aquí que un muchachuelo, que lo divisé y lo reconoció, lo
sorprendió por la espalda, y agarrándolo, y zarandeándolo, se puso a gritar:
Mirad todos, y ved al niño Jesús, al hijo del viejo, al que hace tantos
milagros y tantos prodigios; Inmediatamente fue asaltado por el demonio, y
cayó sin sentido al suelo; y Jesús desapareció, y él se vio tan maltratado
por los malos espíritus, que yació en tierra como muerto, durante tres
horas; y sobrevinieron sus padres, llenos de susto y deshechos en lágrimas;
y lo levantaron, y discurrieron por toda la población en busca de Jesús, mas
no lo hallaron; Entonces fueron, llorando, al encuentro del viejo José, para
rogarle que Jesús librase a su hijo de los malos espíritus; y, cuando Jesús
conoció su pensamiento, y supo que el niño clamaba también por su propio
alivio, se presenté a éste aquel mismo día, de súbito; y el niño, cayendo a
los pies de Jesús, le pidió el perdón de sus faltas; y Jesús le puso la mano
sobre la cabeza y lo curó;
18.- Y, días más tarde, Jesús, saliendo, se fue,
como solía, al lugar en que los niños se reunían para jugar; y, al verlo,
todos lo acogieron con mucha alegría, y lo recibieron con gran honor; Jesús
les preguntó: ¿Qué habéis deliberado y decidido que hagamos hoy?;
Respondieron los niños: Pondremos como jefes nuestros a ti y a Zenón, el
hijo del rey; Nos dividiremos en dos campos, y uno de los bandos será tuyo,
y del hijo del rey el otro; E iremos a jugar a la pelota, y veremos cuál de
los dos equipos triunfa en la contienda; Jesús dijo: Bien pensado; y todos,
de una y de otra parte, se pusieron de común acuerdo;
19.- Y, en aquel
paraje, había una vieja torre muy grande y de muros muy elevados, delante de
la cual se citaban siempre los niños de la ciudad para verificar sus juegos;
y Jesús dijo a Zenón: ¿Qué te propones hacer ahora?; Lo dejo a tu albedrío;
Zenón repuso: Dividámonos, de nuevo, y de común acuerdo, menores y
mozalbetes, en dos campos, y luego iremos juntos a jugar a la pelota; Jesús
dijo: Haz como gustes; y Zenón, congregando a sus compañeros, los repartió
en dos grupos, que avanzaron para lanzar la pelota; y Zenón, que tenía el
primer turno; lanzó la pelota con tal brío, que, remontándola a enorme
altura, la hizo caer sobre la torre, a la que era muy difícil subir y bajar;
Mas, queriendo recuperar la pelota, emprendió el penoso ascenso, y Saul,
hijo del aristócrata Zacarías, se lanzó en pos suyo; y, tomando la cesta del
juego con sus dos manos, le asestó por detrás un golpe en la nuca; y Zenón
cayó a tierra, desde todo lo alto de la torre, y murió; y Zacarías escapó
con todos los muchachos que había allí, y Jesús se ocultó a sus miradas, y
desapareció también;
20.- Entonces, un gran clamor se elevé en la ciudad, y
por todas partes se propalaba que los niños habían matado al hijo del rey,
que con ellos jugaba; Al oír esto, todos los habitantes se reunieron, y se
dirigieron a la torre; y el rey, los príncipes, los grandes, los jefes, los
dignatarios, los oficiales del ejército, el ejército entero, los parientes,
los amigos, los esclavos, los siervos, hombres, mujeres, íntimos, familiares
y extranjeros, todos los que sabían la noticia, se apresuraron a ir a la
torre, llorando y dándose golpes de pecho; y, con gran duelo, se lamentaban
sobre el niño, que tenía nueve años y tres meses;
21.- Después de pasar tres
horas en llantos y en gemidos, el rey y su séquito abrieron una información,
y se interrogaban los unos a los otros, a fin de saber quién había cometido
el criminal atentado; y todos dijeron a una: Nadie sabe lo que ha ocurrido
más que los niños que en este sitio se hallaban jugando; Entonces el rey
ordené que se levantase el cadáver de su hijo, y que se lo llevase al
palacio; y mandó juntar a todos los niños de la ciudad, desde el mayor hasta
el menor, y los llevaron a su presencia; Cuando hubieron llegado, el rey
comenzó por dirigirles palabras bondadosas, y les dijo: Hijos míos, declarad
quién de entre vosotros ha causado esta desgracia; Sé que no habéis obrado
adrede, y que esto ha ocurrido muy a vuestro pesar, y quizá sin vuestra
noticia: Los niños respondieron unánimes: ¡Oh rey, la razón te asiste! Pero
¿quién de entre nosotros hubiera osado cometer esa acción homicida de matar
al hijo del rey, entregándose él mismo a la perdición y a una muerte
inevitable?; El rey repuso: Os dije que escucharíais de mí frases benévolas;
Pero ahora os repito que procuréis no exasperarme, y no encender en mi
corazón la furia; Por el momento nada tenéis que temer; Pero descubridme la
verdad; ¿Quién es el autor del golpe que ha hecho perecer a mi hijo con una
muerte cruel y prematura?; Si alguno me lo manifiesta, lo haré compañero de
mi trono, lo asociaré a mi grandeza, y a sus padres les daré poder y rango;
Los niños dijeron: ¡Oh rey, justo es tu mandato! Pero a la pregunta que nos
haces, contestamos, con toda veracidad, que ignoramos cuál de nosotros es el
autor del hecho; No tenéis más que dos salidas ante vosotros, y, si
espontáneamente preferís la vida a la muerte, evitaréis perder la primera en
vuestra tierna edad; Temed los tormentos y las sevicias que estoy decidido a
ejercer sobre vosotros y sobre vuestros padres; Descubridme la verdad sin
ambages, y así escaparéis a una muerte cierta; y ellos contestaron: Henos
aquí delante de ti; Lo que hayas de hacer, hazlo presto;
22.- Entonces el rey
hizo que se llevase a los niños a la puerta del palacio, y que se colocasen
entre ellos cantidades muy crecidas de oro y de plata; y ordené al jefe de
los verdugos que agarrase una espada de acero, y que la hiciese brillar
sobre la cabeza de los niños que se hacercasen a tomar su parte del tesoro;
y, luego que todos los niños, uno a uno, fueron recogiendo su parte
valientemente, y se retiraron sin miedo alguno, se aproximó el matador del
hijo del rey; y, cuando vio relucir la espada en la mano del verdugo, le
entró repentino temor y temblor; y, en el espanto que el arma le producía,
no pudiendo sostenerse ya sobre sus piernas, cayó al suelo de bruces; y le
preguntaron: ¿Por qué temes y tiemblas?; El niño repuso: Dejadme un instante,
para que me recobre, y recupere mis ánimos; Consintieron en ello, y lo
interrogaron de nuevo: ¿Te causa pavor la vista de esta espada?; y él
asintió, diciendo: Sí, me atemoriza mucho que me hagáis morir; y el monarca
indicó al verdugo: Mete tu espada en la vaina, para no provocar pánico en el
niño; y éste después de un intervalo de una hora, se levanté, y dijo: ¡Oh
rey!, yo sabía quién es el asesino de tu hijo, pero sentía escrúpulo de
darte su nombre; El rey replicó: Dámelo, hijo mío, que vale más que perezca
el que es digno de muerte que no un inocente; y el niño dijo: ¡Oh rey, tu
hijo ha sido muerto por el niño Jesús, el hijo del viejo! El rey, que tal
oyó, quedó estupefacto, y mandó que se requiriese a Jesús, y que se lo
intimase a comparecer ante él; Mas no se encontré a Jesús, sino sólo a José,
a quien se detuvo, y se lo llevé al tribunal; y, habiéndose inclinado, y
prosternado delante del rey, éste le dijo: ¡Bien me has tratado hoy,
anciano, en pago de los beneficios que te he hecho! ¡Por duplicado acabas de
pagarme mi benévola acogida! José repuso: ¡Oh rey, te ruego que no creas en
toda vana palabra que a tus oídos llegue! No te irrites contra mí, a pesar
de mi inocencia, ni a la ligera y temerariamente me juzgues, pues no soy
responsable de la sangre de tu hijo; El rey replicó: Ya conocía yo tu
espíritu de independencia y el natural indómito del niño Jesús; Viniste aquí
a tomar órdenes de acuerdo con tus preparativos, y yo ejecuté cuanto fue de
tu gusto; José suplicó de nuevo: Te repito, oh rey, que no des crédito a
mentirosas especies, ni me hagas reproches sin testigos en su apoyo, porque
no entiendo nada de lo que me hablas; El rey cortó el diálogo exclamando:
¿Dónde está tu hijo, para que yo lo vea?; José juró, diciendo: Por la vida
del Señor, ignoro dónde está mi hijo; y el rey exclamó: ¡Muy bien! ¡Primero
se comete el homicidio, y después se busca la impunidad en la fuga! Y ordené
que se guardase estrechamente a José, y dijo a los suyos: Id a recorrer toda
la ciudad, hasta que encontréis al niño Jesús; arrestadlo, y conducidlo aquí
bien custodiado; y discurrieron por todas las calles y por todas las afueras
de la población, en busca de Jesús, mas no lo hallaron, y volvieron a
comunicar al rey el resultado negativo de su pesquisición; y el rey dijo a
sus grandes: ¿Qué haremos de ese viejo?; Porque ha facilitado la huida de la
madre y del hijo, y no se da con el paradero de este último; Los príncipes
manifestaron: Manda que ante nosotros comparezca el viejo, y sometámoslo a
otro interrogatorio, puesto que él sabe dónde están el hijo y su madre; y el
rey dijo: Tenéis razón; No llevaré a mí la tumba, ni probaré bocado, ni
beberé, ni dormiré, antes de que la sangre de ese niño no haya compensado la
del mío;
23.- Y, cuando hablaba de esta suerte, y deliberaba con respecto a
José, preguntándose a sí mismo con qué género de muerte lo haría perecer, he
aquí que el mismo Jesús en persona vino a presentársele, e, inclinándose, se
prosternó ante él; y el rey clamó, furioso: A tiempo llegas, niño Jesús,
verdugo y matador de mi hijo; Mas Jesús repuso: ¿Por qué, oh rey, estás tan
enojado? ¿Por qué tu corazón parece henchido de turbación, de cólera y de
furia? ¿Por qué me muestras un semblante tan descompuesto?; No emplees
conmigo un lenguaje tan injusto: que no es digno de reyes, y de monarcas
poderosos, condenar a alguien sin testigos de cargo; El rey replicó: Si te
declaro digno de muerte, es sobre la fe de numerosos testigos; Jesús opuso:
No basta; Ante todo, infórmate, interroga, razona, y luego juzga en verdad y
en derecho; y, si soy digno de muerte, haz lo que los jueces con poder
legítimo hacen en estos casos; Pero el rey contestó: No nos aturdas con
vanos discursos, y dinos claramente lo que ha causado la pérdida de mi hijo;
Jesús redarguyó: Si crees en mi palabra, y, si aceptas el testimonio que
enuncio, sabe que soy inocente de ese hecho; Pero, si quieres condenarme
ligeramente y con temeridad, llama a tu testigo, y ponlo en mi presencia,
para que yo lo vea; El rey dijo: Tienes razón; y, acto seguido, hizo
comparecer al matador de su hijo, a quien pregunté: Niño, ¿depones contra
Jesús?; El culpable respondió: Sí, depongo formalmente contra él; Escúchame y
te lo revelaré todo; Pero permíteme hablar ante ti libremente; El rey dijo:
Habla: Y el culpable se enfrentó con Jesús, diciéndole: ¿No te vi ayer en el
juego de pelota?; Tú tenías la cesta en la mano; tú subiste con Zenón a lo
alto del muro, para recoger la pelota; tú le descargaste a dos manos un
golpe por detrás de la nuca; tú lo mataste, precipitándolo a tierra; y tú
huiste de allí en seguida; Jesús repuso: Está bien; y, al oír esto, el rey,
1os príncipes, los grandes, que estaban con él, y todo el resto de la
multitud popular, dijeron: ¿Qué tienes que responder a esta acusación?;
Contestando a la pregunta con otra, Jesús dijo: Y, en vuestra ley, ¿qué hay
escrito a este propósito?; y todos clamaron a una: En nuestra ley está
escrito: El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será
derramada; y Jesús asintió, diciendo: Tenes razón;
24.- Entonces el rey dijo:
Indica cómo debo tratarte y con qué género de muerte te haré perecer; y
Jesús dijo Siendo, como eres, juez de todos, ¿por qué me pides eso a mí?; El
rey contestó: Sí, lo sé muy bien, puesto que puedo hacer lo que me plazca;
Mas yo exijo que se me descubra la verdad, para juzgar con rectitud, a fin
de no ser yo mismo juzgado; Jesús insinuó: Si quieres interrogarme sobre el
hecho, dentro de las formas legales, emitirás un juicio inicuo, sin saberlo;
El rey exclamó: ¿Cómo así?; Jesús dijo: ¿Ignoras que todo hombre que ha
perpetrado un crimen jura en falso, por temor a la muerte?; y los que, bajo
juramento, atestiguan y deponen los unos por los otros, saben muy bien quién
es el culpable; El rey arguyó: Si el culpable no eres tú, ¿por qué respondes
siempre con un aluvión de palabras, declarándote inocente, y desmintiendo a
los demás?; y Jesús declaré: Yo también sé algo acerca de la causa de este
crimen; Pero todo el que ha cometido una maldad, se apresura a protestar de
que no es digno de muerte; y el rey replicó: No entiendo lo que dices; Si
quieres que crea en la verdad de tus palabras, preséntame un testigo que
responda de ti, y serás absuelto; y Jesús observó: ¡Si ellos hablasen con
sinceridad! Ninguno de ellos ignora y cualquiera puede, por ende,
atestiguar, que soy inocente; El rey repuso: A ellos, y no a ti, corresponde
rendir ese testimonio; Jesús replicó: Su testimonio es falso y perjuro,
porque son amigos los unos de los otros, y yo soy un extranjero transeúnte y
desconocido en la ciudad; ¿Dónde hallaré el amigo benévolo que examine mi
causa con equidad, y que piense en hacerme justicia?;
25.- Y el rey dijo: Me
atacas y contradices sin descanso, cabalmente en momentos de tribulación, en
que no puedo más que llorar, lamentarme y darme golpes de pecho; Respondió
Jesús: ¿Y qué quieres que haga?; Heme aquí traicionado por numerosos
testigos, y puesto en tus manos; Haz lo que hayas resuelto hacer de mí; El
rey dijo: ¿Por qué sigues enfrentado conmigo?; yo sólo te pido que me
expliques la exacta verdad, y sólo quiero oír de tu boca la razón de que me
hayas devuelto con tamaño mal la benevolencia que usé contigo; y Jesús dijo:
Si te decides a abrir una información seria, y enterarte a fondo de las
cosas, tu juicio será verdaderamente justo; Mas el rey interrumpió: ¿De
quién es el juicio justo? ¿Del que tiene un testimonio en su apoyo o del que
no lo tiene?; Respondió Jesús: Del que tiene un testimonio sincero, y sobre
él juzga; y el rey observó: Y cuando alguien depone en favor suyo, ¿puede
juzgárselo, sí o no?; Jesús dijo: No; y el rey añadió: Entonces, ¿por qué,
deponiendo en tu propia causa, pretendes ser inocente?; Jesús replicó: ¡Oh
rey, si reclamas de mí un testimonio, opónme otro de la parte adversa, único
modo de que se compruebe quién es el bueno, y quién el perverso! El rey
contradijo, diciendo: La ley ordena a los jueces no juzgar a nadie más que
sobre testimonio; Trae aquí tu testigo, como todos hacen, y te creeré; y Gamaliel, que estaba presente allí, tomé la palabra, y exclamé: ¡Oh rey, te
suplico que me escuches! En verdad, este niño es inocente; No lo condenes
por las apariencias, con menosprecio de la justicia;
26.- Y toda la multitud
clamé a gran voz: Ha sido discípulo tuyo; He aquí por qué hablas de él en
esos términos; y de nuevo el rey dijo a Jesús: ¿Qué sentencia debo
pronunciar contra ti con justicia? ¿A qué suplicios te entregaré? ¿Con qué
muerte te haré perecer?; Jesús contestó: ¿Por qué quieres intimidarme con
semejantes amenazas? ¿Qué te propones, repitiéndome siempre lo mismo? ¿Y qué
he de alegar en descargo de mi persona?; Si me juzgas conforme al uso legal,
quedarás exento de toda falta; Pero, si me entregas a la muerte de un modo
arbitrario y tiránico, sin curarte de los procedimientos de derecho, caerá
sobre ti el terrible juicio de Dios; y el rey dijo: Varias veces te he
perdonado con paciencia; Pero tú no sientes ningún temor de mí, ni te
espantan en modo alguno mis amenazas, ni te haces cargo de la inmensa
tristeza que me abruma; Respóndeme dándome un testimonio y escaparas a la
muerte; Jesús le respondió: Dime lo que debo hacer, y lo haré; El rey
repuso: Ahora me apiado de ti, considerando tu tierna edad, y me inspiras
respeto, porque eres hijo de una gran familia; Pero, de otra parte, no puedo
soportar el dolor de la desgracia recaída sobre mi hijo; Descúbreme, pues,
al verdadero culpable, seas tú o sea otro; y Jesús contestó: Me he esforzado
en vano en convencerte, puesto que no has dado crédito a mis palabras; y,
aunque sé quién es el que merece la muerte, me he limitado a dar testimonio
de mí mismo, con exclusión de testimonio ajeno; Mas, ya que tanto insistes
en que te presente un testigo, voy a presentártelo; Llévame a la habitación
en que yace tu hijo;
27.- Y, una vez ante el cadáver, Jesús clamé a gran voz:
Zenón, abre los ojos, y ve cuál es el niño que te ha matado; y súbitamente,
como si hubiese sido sacado de su sueño, Zenón se despertó e incorporé; y,
con una mirada circular, contemplaba a todo el mundo, y se admiraba de la
multitud de pueblo, que se hallaba allí; A cuya vista, todos, padres y
parientes, hombres y mujeres, grandes y chicos, lanzaron un grito, y, con
lágrimas y transportes de júbilo, lo abrazaban y lo besaban, preguntándole:
Hijo, ¿qué te ha sucedido, y cómo te encuentras?; El niño respondió: Me
encuentro bien; y Jesús, a su vez, lo interrogó en esta guisa: Dinos quién
ha causado tu muerte violenta; Zenón respondió: Señor, no eres tú el
responsable de mi sangre, sino Apión, el hijo del noble Zacarías; Él fue
quien, con su cesta, me asestó un golpe por detrás, y me hizo caer a tierra
desde aquella altura; Al oír esto, el rey y toda la multitud del pueblo,
fueron agitados por un vivo terror, y todos, llenos de miedo hacia Jesús,
estaban espantados, y decían: Bendito sea el Señor Dios de Israel, que obra
con los hombres según sus méritos y su derecho, y que procede como juez
justo; En verdad, este niño es Dios o su enviado; y Jesús dijo al monarca:
Detestable rey de Israel, ¿crees ahora sobre mi palabra que soy inocente?; ya
ves cómo me he procurado a mí mismo el testimonio de que no soy responsable
de la sangre de tu hijo, lo que te parecía una mentira de mi parte; ¡Ah,
mira a tu hijo, vuelto a la vida, sirviéndome de testigo, y cubriéndote de
confusión! Sin embargo, yo te había prevenido, y repetido una y otra vez la
advertencia de que abrieses los ojos, que no te dejases engañar por falsos
discursos, y que no creyeses en muchachos indignos de fe; No me escuchaste,
y ahora, tú y todos tus conciudadanos, lamentáis no haber sacado partido
alguno de mi auxilio testifical; y Gamaliel intervino, para decir lo mismo
que Jesús, y para echar en cara al rey que no hubiese creído en sus
palabras;
28.- Y el hijo del rey permaneció con vida el día entero;
y,
sentado en medio de aquellos personajes, conversaba con los grandes y con
los príncipes y les contaba alguna visión sorprendente u otras maravillas
prodigiosas; Todos, desde el más grande hasta el más chico, fueron a
prosternarse ante el hijo del rey, y a ofrecerle sus servicios, hasta la
hora en que, finada la tarde, cubrió la noche la tierra con sus sombras;
Entonces Jesús interpelando de nuevo al resucitado, le dijo: Zenón, hijo del
rey Baresu, vuelve a tu lecho, duerme y reposa, hasta el advenimiento del
juez justo; y, apenas Jesús hubo así hablado, Zenón se levantó de su
asiento, se acosté en su cama, y quedé otra vez dormido; y toda la multitud
de gentes que vieron el milagro operado por Jesús, presa de temor y de
espanto, cayó al suelo, y todos permanecieron, durante una hora, sin
respiración y como muertos; Después, levantándose, cayeron todos a los pies
de Jesús, y, entre lágrimas, le rogaban que devolviese de nuevo la vida al
resucitado; Mas Jesús exclamó: Rey, el mismo caso que tú hiciste de mis
palabras dulces y benévolas, haré yo de tus intercesiones suplicantes y
egoístas; Porque, en esta ciudad, nadie ha pronunciado una sola frase en mi
favor, antes al contrario, todos se han concitado y reunido contra mí, y me
han condenado a la última pena; Pero yo bien te previne, advirtiéndote que
mirases lo que hacías, y que más tarde te arrepentirías, y no ganarías nada;
y el rey dijo: ¿Cómo hubiera podido reconocer en ti a un Dios encarnado y
aparecido sobre la tierra, para mandar en la vida y en la muerte como dueño
soberano?; y Jesús dijo: No es por tu causa, ni por mi propia vanagloria, por
lo que he devuelto a tu hijo la existencia, sino como respuesta a todas las
vejaciones y a todos los ultrajes que de ti he recibido; Mas el rey imploró
otra vez: Escucha mi plegaria y la de toda la multitud de mi pueblo, y haz
que Zenón de nuevo resucite; Jesús repuso: No temo a nadie, ni jamás inferí
mal a hombre alguno; y no efectué el milagro en concepto de beneficio, sino
para procurarme un testimonio que te diese a conocer e identificase al
matador de tu hijo; El rey insistió, lloroso: No te encolerices contra mí, y
no devuelvas con un mal el que yo te causé; Jesús contestó: Tus ruegos son
inútiles; Si hubieses atendido a mis palabras, yo tenía el poder de hacer
este milagro en favor tuyo, y en consideración a la bondad que habías usado
conmigo; Empero tú olvidaste, y no tomaste en cuenta el prodigio que ante ti
realicé, cuando la construcción de tu palacio, aumentando una pieza de
madera en la medida que faltaba; Así, pues, no te soy deudor de gratitud
alguna, puesto que no has creído en mí, y has anulado, con una manifestación
de hostilidad, toda la benevolencia espontánea y todos los obsequios
amistosos con que me habías gratificado anteriormente; y el rey dijo
todavía: Óyeme, Jesús; En el exceso de mi turbación y de mi duelo, no era
verdaderamente capaz de prever nada; Completamente aturdido y enloquecido,
en fuerza de llorar y a causa del tumulto, perdí la cabeza y el recuerdo de
todo; Mas Jesús respondió, diciendo: Que yo hubiese producido la pérdida de
tu hijo, nadie de la ciudad lo había visto, y nadie podía atestiguar, por
tanto, que yo merecía la muerte; y, aunque efectivamente hubiera causado la
pérdida de tu hijo, tampoco lo habría visto nadie; Pero todos sabían quién
era el matador, y no lo han denunciado hasta el momento en que, resucitando
al muerto, a todos los he confundido; y, habiendo así hablado, Jesús salió
vivamente de entre la multitud, y se ocultó a las miradas de los asistentes;
29.- Y José fue sacado de la prisión, y puesto en libertad;
y varias personas
fueron en busca de Jesús, y no lo encontraron; y se interrogaban los unos a
los otros, y decían: ¿Quién ha visto al niño Jesús, el hijo de José?; Lo
buscamos, para que venga a resucitar al hijo del rey; y recorrieron todas
las afueras de la ciudad, sin encontrarlo; y muchos creyeron en su nombre, y
decían: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y el rey, todos los
príncipes y los habitantes de la ciudad redoblaron su duelo sobre el niño
fenecido, y se afligieron aún más, después de la partida de Jesús;
30.- Y el
viejo José y su esposa María desconfiaban del rey y de su ejército, que
podían detenerlos a viva fuerza, y encarcelarlos; y, aquella misma noche,
salieron de su casa, y huyeron de la ciudad, a escondidas y sin que nadie
supiese nada; Al despuntar el día, sin dejar de caminar, buscaban con la
mirada al niño; y aconteció que, yendo hablando entre sí, y preguntándose el
uno al otro, el mismo Jesús se llegó, e iba con ellos juntamente y en
silencio; y, reconociéndolo, su madre le dijo, entre lágrimas: Hijo mío,
bien ves las pruebas que pasamos, cómo nos has puesto en mortal peligro, y
cómo tu inocencia te ha salvado; ¡Cuántas veces no te encarecí que no te
reunieses con desconocidos, ni con gentes de otra nacionalidad, que no saben
quién eres! Jesús repuso: No te aflijas, madre, porque cuando os
persiguieren en una ciudad, huiréis a otra;
31.- Y, así dialogando,
prosiguieron en paz su camino; y llegaron a una ciudad llamada Bosra o
Bosora, y en ella residieron largo tiempo; y Jesús, que tenía ahora ocho
anos y dos meses, recorría la comarca, y los niños de esta edad se
congregaban a su alrededor; y él les hablaba, y les daba consejos, con
amable dulzura; y los llamaba a él familiarmente, y les decía: No disputéis,
ni riñáis entre vosotros; No os irritéis los unos contra los otros, ni,
encolerizados, os peguéis; y, al oír esto, los inocentes pequeñuelos querían
estar siempre al lado suyo, y seguir sus pasos;
32.- Y, un día, como se
hubiesen reunido, partió con ellos para un sitio lejano; y un muchacho de
seis años que los acompañaba, y que tenía bello semblante y agradable
presencia, estaba impotente, estropeadísimo y tullido de un costado; y
Jesús, al mirarlo, vio que no podía seguir los pasos de los demás niños; y
se apiadó de él, lo llamó a sí, y le preguntó: Niño, ¿quieres curarte?; y él,
contemplando a Jesús, rompió en llanto, y le respondió: ¿No he de quererlo?;
Pero ¿quién me curará?; Jesús dijo: No llores; y llamó a todos los niños de
la expedición, y les ordenó: Tomad este niño, extendedlo sobre el suelo,
agarradlo unos por las piernas y otros por las manos, y tirad con fuerza; y
se colocó delante del niño durante un tiempo muy corto, y alejándose un poco
de allí, dijo a sus compañeros: Dejadlo marchar; y el niño se levantó con
lentitud, y regresó a su casa muy alegre; y los otros niños lo siguieron, y
contaron a todos el prodigio operado por Jesús; y éste se ocultó a sus
miradas, para que nadie lo conociese; y se restituyó junto a su madre a
escondidas, y sin querer mostrarse en público; y muchos habitantes de la
ciudad fueron a preguntarle, y a examinarlo; Mas él desapareció de los ojos
de ellos; De cómo la Sagrada Familia fue a la villa de Tiberiades y aplicó a
Jesús al oficio de la tintorería; Milagros que allí pasaron;
Capítulo XXI
1.- Y José,
levantándose al despuntar el día, tomó a Jesús y a su madre, y se dirigió a
la villa de Tiberiades; Allí estableció provisionalmente su equipo a la
puerta de un hombre llamado Israel, tintorero de profesión, y que había
monopolizado en su taller todo lo que había que teñir en la villa; y, viendo
a su puerta a José, al niño Jesús y a su madre, se regocijó en grado sumo, y
preguntó al primero: ¿De dónde vienes, anciano, y adónde vas?; y José
respondió: Soy de una comarca lejana, y ando errante por doquiera,
extranjero y desterrado;
2.- Israel dijo: Si quieres vivir aquí, establécete
en esta villa, y yo te acogeré en mi casa, donde harás lo que bien te
parezca; José repuso: Cúmplase tu voluntad, y dispón a tu grado de mi
persona; Israel lo interrogó: ¿Cómo subsistes de tu oficio?; José contestó:
Fácilmente, porque soy muy experto en el arte de construir aradas y yugos de
bueyes, y todo lo hago conforme a la conveniencia de cada cliente; Israel
dijo: Quédate en mi casa, y no tendrás que sufrir de nadie importunidad
alguna; yo te respetaré como a un padre; y, si quieres confiarme a tu
pequeño, para que aprenda mi oficio, lo trataré con honra, como si fuese mi
hijo legítimo; José dijo: Bien has hablado; Toma al niño, procede con él a
tu albedrío, y oblígalo a acatar tus mandatos, porque hace tiempo que estoy
vivamente contrariado al respecto suyo;
3.- E Israel preguntole: ¿Acaso no
obedece con sumisión tus órdenes?; Respondió José: No va la cosa por ahí; Es
que ha comenzado el aprendizaje de varios oficios, y, por falta de
perseverancia, no ha terminado ninguno; Israel dijo: ¿Qué edad tiene?; José
dijo: Nueve años y dos meses; Israel repuso: Está bien; y, tomando al niño
Jesús, entró con él en casa; y, mostrándole por orden todo el detalle del
taller, le advirtió: Mira bien todo esto, hijo mío, compréndelo, y lo que yo
te indique, retenlo en la memoria; y Jesús se prestaba a sus voluntades, y
escuchaba con atención sus avisos;
4.- Un día, Israel fue a hacer por la
villa su recorrido profesional; y recogió numerosas piezas de tejido, y
aportándolo todo, con una lista, lo depositó en su taller; y, llamando a
Jesús, le manifestó: De todo lo que aquí ves, debemos, hijo mío, dar cuenta
a sus respectivos propietarios; Vela con cuidado por todos los efectos que
están en nuestra casa, no sea que nos sobrevenga algún accidente súbito,
porque seríamos deudores del daño al tesoro real, al cual tendríamos que
abonar cinco mil dineros, en concepto de multa; Jesús preguntó: ¿Dónde vas
ahora?; E Israel dijo: He aquí que yo he recogido todo lo que había para
teñir en la villa; Te lo confío, pues voy a darme una vuelta por los pueblos
y por las aldeas de los contornos, a fin de devolver cada cosa a su
respectivo destinatario, y toda obra que se me dé a hacer, la haré; Jesús
dijo: ¿Qué obra?; E Israel repuso: La de teñir y colorear, a veces con
dibujos de flores, en escarlata, verde, azul púrpura, amarillo, leonado,
negro y otros matices variados, que no puedo detallarte en este momento;
5.- Al
oír esto, Jesús admiró el poder del espíritu humano, e interrogó a Israel:
Maestro, ¿conoces por su nombre cada uno de esos colores?; Respondiole Israel: Si, puedo retenerlos, con la ayuda de una lista escrita;
y Jesús añadió: Te ruego, maestro, que me enseñes a hacer todo eso; Israel
dijo: Sí, te lo enseñaré, si obedeces con sumisión mis órdenes; y Jesús,
inclinándose, se prosternó ante él, y le dijo: Maestro, me prestaré a tus
voluntades, pero antes, muéstrame esa obra, para que la vea; Israel dijo:
Bien hablado, pero no hagas por ti mismo nada que no conozcas, y aguarda a
que yo esté de regreso; No abras la puerta de la casa, que dejé cerrada y
sellada con mi anillo; Permanece firme en tu puesto y no sufras inquietud;
Preguntó Jesús: ¿Para qué día esperaré tu retorno?; Israel repuso: ¿Qué
necesidad tienes de interrogarme sobre ello, puesto que mi trabajo seguirá
su curso cotidiano, conforme a la voluntad del Seños?; Jesús dijo: Ve en paz;
Entonces Israel se alejó de la villa;
6.- Y Jesús, levantándose, fue a abrir
la puerta de la casa; y tomó todo el tejido para teñir de la villa, y llenó
con él una tina de tintura azul; y calentó la tina, abrió otra vez la puerta
de la casa y, según su costumbre, marchó al lugar en que jugaban los niños;
7.- Y, poniéndose a luchar con ellos, les descoyuntaba el sitio del encaje
del muslo, y el nervio del tendón se contraía, y los niños caían de bruces a
tierra, y cojeaban de sus ancas; Después, les imponía las manos, y les
restituía su posición erecta y la soltura de sus piernas; Otras veces,
soplaba sobre el rostro de los niños, y los cegaba; Luego, les imponía las
manos, y devolvía la luz a sus ojos; O bien, tomaba un trozo de madera, y lo
echaba en medio de los niños; y el trozo se trocaba en serpiente, y los
ponía en fuga a todos; y, a los que habían sido mordidos por el reptil,
Jesús les imponía las manos, y los curaba; E introducía su dedo en las
orejas de los niños, y los tornaba sordos; A poco, soplaba sobre ellos, y
restablecía su oído; y tomaba una piedra, le echaba el aliento por encima, y
la tornaba ardiente como fuego; y la arrojaba ante los niños, y la piedra
abrasaba el polvo, dejándolo como un zarzal desecado; En seguida se
apoderaba otra vez de la piedra, y ésta, transformándose, volvía a su primer
estado;
8.- Y llevaba a los niños a orillas del mar, y allí, cogía una pelota
y una cayada, avanzaba, marchando erguido con sus juguetes, sobre las olas,
como sobre la superficie de un agua congelada; y, ante este espectáculo,
todos los niños lanzaban gritos, y exclamaban: ¡Ved lo que hace el pequeño
Jesús sobre las olas del mar! Y, al oír esto, el pueblo de la ciudad iba a
la playa, y miraba aquel prodigio con estupefacción;
9.- Empero José, que tal
supo, sobrevino y reprendió a Jesús, diciendo: Hijo mío, ¿qué es lo que
haces?; He aquí que tu maestro ha reunido en su casa toda clase de objetos,
cuya guarda te ha confiado, y tú no tienes cuidado de ellos, y vienes a este
lugar para divertirte; Te ruego que vuelvas a casa de tu maestro sin demora;
y Jesús repuso: Bien hablas, sin duda; Pero es el caso que yo he realizado y
concluido mi tarea; Lo que mi maestro me prescribió hacer, lo hice, y, por
el momento, sólo espero su retorno, contando con que vendrá a ver el
producto de mi arte, que le enseñaré; Pero a ti, ¿en qué te conciernen estas
cosas?; y, al oír estas palabras, José no comprendió lo que decía su hijo;
10.- Y cuando Jesús llegó cerca de su madre, María le preguntó: Hijo mío,
¿has terminado lo que te mandó hacer tu maestro?; y Jesús respondió: Lo
acabé, y nada falta; ¿Qué quieres de mí?; María contestó: Noto que hace tres
días que no has pasado por la casa, para cuidar del taller; ¿Por qué nos
expones a un riesgo mortal?; Jesús replicó: Deja de hablar así; He estudiado
todos los preceptos que me dio el maestro, y sé lo que me compete y lo que
me cumple en toda ocasión; y María dijo: Está bien; Tú eres dueño y juez de
tus actos;
11.- Y, mientras así hablaban, Jesús, habiendo mirado hacia fuera,
vio a su amo, que llegaba; y, levantándose, fue a su encuentro, y se inclinó
y se prosternó ante él, que le preguntó: ¿Cómo estás, hijo mío?; Respondió
Jesús: Estoy bien; Después, interrogó a su vez al maestro, diciéndole: ¿Cómo
te ha ido en tu viaje?; Israel contestó: Como el Señor lo ha querido; Jesús
añadió: Celebro que hayas vuelto en la prosperidad y en la paz; Dios
recompensa tus trabajos en la medida de lo que has hecho por mí; Porque yo
he aprendido a fondo tu arte, y he estudiado, y poseo todos los preceptos
que me has dado; Por ende, todo el trabajo que pensabas hacer lo he
comprendido, y lo he acabado; Israel murmuró: ¿Qué trabajo?; y Jesús repuso:
El que me has enseñado, y yo he cumplido;
12.- Pero Israel no comprendió el
sentido de las palabras de Jesús; y cuando fue hacia la puerta advirtió que
la cerradura y el sello estaban abiertos; y, muy agitado, penetró en el
interior, inspeccionó los rincones del taller, y no vio nada; y, lanzando un
grito, preguntó: ¿Dónde está el tejido para teñir que había reunido aquí yo?;
Respondió Jesús: ¿No te dije, cuando fui a tu encuentro, que había acabado
todo el trabajo que pensabas hacer?; Israel exclamó: ¡Bonito trabajo el que
acabaste, acumulando, en una cubeta llena de azul, todo el tejido para teñir
de la ciudad! Jesús repuso: ¿Y qué mal te he causado, para que así te pongas
furioso contra mí, que te he librado de una multitud de cuidados y de
labores?; E Israel dijo: ¿Y el reposo que me procuras es ocasionarme este
grave daño, esta pérdida y multas que pagar?; ¡Razón tenía el viejo al
advertirme que no conseguiría reducirte a la obediencia! ¿Qué haré de ti,
puesto que me has irrogado un perjuicio tal, que no es mío solo, sino de la
ciudad entera?; ¡Ay, qué desgracia tan grande ha caído sobre mí!;
13.- Y
lloraba, y se golpeaba el pecho; Después, preguntó a Jesús: ¿Por qué has
atraído sobre mi casa tamaño desastre?; y Jesús dijo: A mi vez te pregunto
por qué estás tan furioso; ¿Qué pérdida he producido en tu casa, supuesto
que he escuchado con inteligencia tus explicaciones, comprendido la lección
recibida, aprendido todo lo que me has enseñado, y yo soy capaz de hacer?; E
Israel objetó: ¿No te advertí que no hicieses por ti mismo nada de lo que no
supieses hacer?; Jesús dijo: ¡Maestro, mira y ve! ¿Qué desdicha notable he
traído sobre tu hacienda e industria?; Respondió Israel: ¡Bueno está eso! ¿Es
que podré justificar el color y la tintura que mis clientes me exigen?; Mas
Jesús insistió: Cuando volviste en paz de tu excursión, y entraste en tu
taller, ¿has encontrado que faltase algo?; Israel repuso: Y eso ¿qué tiene
que ver con lo que digo?; yo lo que te pregunto es qué haré, si cada
parroquiano me reclama la obra particular que me encomendó; Dijo Jesús: Trae
a mi presencia a los propietarios de estos objetos, y les daré el color
especial que cada cual desee; E Israel objetó: ¿Cómo podrás reconocer todos
los efectos de cada uno?; y Jesús replicó: Maestro, ¿qué colores variados
quieres que haga aparecer en esta cubeta única?;
14.- Israel, que tal oyó, se
amohinó en extremo ante las palabras de Jesús, y creyó que éste se mofaba de
él; Mas Jesús dijo: ¡Mira y ve! Y se puso a retirar de la cubeta el tejido
para teñir, brillante e iluminado de hermosos colores de matices diversos;
Mas Israel, al ver lo que hacía Jesús, no comprendió el prodigio que había
operado; y llamó a María y a José, a quienes dijo: ¿Ignoráis que vuestro
hijo ha producido en mi taller una avería irreparable? ¿Qué os hice yo, para
que el niño Jesús me pague así?; Trataros como un padre, con honra y con
grande afecto; y he aquí ahora que soy deudor al tesoro real de una multa de
cinco mil denarios; y lloraba, y se golpeaba el pecho; y María dijo a Jesús:
¿Qué has hecho, para ocasionar en esta villa semejante destrozo?; ¡Reducirte
a ti mismo a esclavitud, y ponernos a nosotros en peligro de muerte! Jesús
dijo: ¿Qué mal os he causado, para que os conectéis todos contra mí, y me
condenéis injustamente?; Venid y ved el trabajo que llevé a cabo; y María y
José fueron a ver las obras que había hecho, y, oyéndolo hablar, abrían los
ojos con asombro;
15.- Mas Israel no comprendió el prodigio;
y rechinaba los
dientes con rabia, y, gruñendo como una bestia feroz, quiso pegar a Jesús,
que le dijo: ¿Por qué estás lleno de tamaña furia? ¿Qué encuentras que sea
digno de tachar en mí?; Empero Israel, tomando un celemín, se precipitó
contra Jesús; Viendo lo cual, éste huyó, e Israel lanzó sobre él el celemín,
que no pudo alcanzarlo, y que se estrelló en el suelo; y, en el mismo
instante, el celemín echó raíces en tierra, se convirtió en un árbol (que
existe todavía hoy), floreció, y dio fruto; y Jesús, habiendo escapado,
franqueó la puerta de la villa, y, en su carrera, llegó al mar; y marchó
sobre sus aguas, como sobre terreno firme;
16.- E Israel, gritando por toda
la villa, clamaba a gran voz: Consideradme y compadecedme, porque el niño
Jesús ha huido, llevando consigo cuanto había en mi taller; Perseguidlo y
capturadlo; y él mismo siguió a la multitud; y, apostándose en los
desfiladeros de los caminos, buscaron al niño Jesús, mas no lo encontraron;
y algunas personas dieron a Israel la siguiente información: Cuando atravesó
la puerta de la villa, lo vimos avanzar hacia el mar; Pero no sabemos lo que
ha sido de él; Entonces aquel tropel de gente se dirigió a la ribera; y, no
hallando a nadie, volvieron sobre sus pasos; y, cuando regresaban, Jesús
había salido del mar, y estaba sentado sobre una peña, bajo la figura de un
niño pequeñito; y las gentes lo interrogaron, diciendo: Muchacho, ¿sabes por
dónde anda el hijo del viejo?; Jesús repuso: No lo sé; Tomó en seguida la
forma de un joven, y se le preguntó: ¿Has tropezado por ahí con el hijo del
anciano extranjero?; Jesús respondió: No; Después adquirió el aspecto de un
viejo, y le dijeron: ¿Has visto al hijo de José?; y Jesús contestó: No lo he
visto;
17.- No dando con Jesús, regresaron a la villa, y, apoderándose de
José, lo condujeron al tribunal, y le dijeron: ¿Dónde está tu hijo, que nos
ha engañado, y que se ha escondido de nosotros, llevando consigo nuestros
efectos, que retenía el hombre que lo había tomado de aprendiz?; Mas José
permaneció silencioso, y no murmuró palabra alguna;
18.- E Israel tomó
tristemente a su taller; y quiso recoger el celemín en el sitio a que lo
había lanzado; y, cuando vio que había tomado raíz, llenándose de fruto, se
maravilló en sumo grado, y se dijo entre sí: ¡Verdaderamente, éste es el
Hijo de Dios, o algo semejante! Y penetró en su casa, y encontró todos los
efectos preparados para teñir reunidos en la cubeta, que estaba llena de
color azul; y, al sacarlos, notó, estupefacto, que nada faltaba en cuenta,
y, sobre cada uno de aquellos efectos, halló el nombre marcado, en signos y
en letras, y todos tenían respectivamente el tinte y el brillo con que sus
propietarios le habían mandado que los tiñese; y, a la vista de prodigio
tamaño, alabó y glorificó a Dios; En seguida, levantándose aquella misma
noche, fue a sentarse a orillas del mar, frente a las rocas, y lloró con
amargura, durante la noche entera; y, entre golpes de pecho, suspiros y
lamentaciones, exclamaba: Niño Jesús, hijo del gran rey tu Padre, ten piedad
de mí, miserable que soy, y no me abandones; Porque, si pequé contra ti, ha
sido por efecto de mi ignorancia, y por no haber comprendido de antemano que
eras el Dios salvador de nuestras almas; Ahora, Señor, manifiéstate a mí,
porque mi alma desea oír las palabras de tu boca;
19.- Y, en el mismo
instante, Jesús le apareció, y le dijo: Maestro, ¿por qué no has dejado de
quejarte y de gemir, durante la noche entera?; E Israel repuso: Señor,
compadécete de tu ignorante siervo, escucha mis plegarias, perdóname todos
los pecados que he cometido contra ti por torpeza, y bendíceme; y Jesús
exclamó: Bendito seas, tú y todo lo que hay en tu casa; Tu fe te ha hecho
salvo, y tus pecados te son perdonados; Ve en paz, y que el Señor permanezca
contigo; Dicho esto, Jesús desapareció;
20.- E Israel se prosternó en el
suelo, y tomando de él polvo, lo esparció por su cabeza; y se golpeaba el
pecho con una piedra, y no sabía qué partido tomar; y volvió a su casa, y,
al día siguiente por la mañana, salió de ella, se dirigió a la plaza
pública, y dijo a las gentes allí reunidas: Oíd todos la sorpresa que se ha
apoderado de mí, y los milagros que Jesús ha hecho en mi casa; y todos
clamaron a una: Cuéntanos eso; E Israel expuso: Un día, estando en mi casa,
hallé a un viejo canoso sentado a mi puerta, y acompañado de un niño y de su
madre; y los interrogué, y él me descubrió su pensamiento, diciéndome que
quería fijar su residencia aquí; y lo recibí, y lo traté con honra, en mi
hogar, y tomé a su hijo por aprendiz en mi taller; y había acopiado en éste
el tejido para teñir de toda la villa; y, cerrando la puerta, la sellé, y
encomendé al niño la comisión de quedar como guardián de todo hasta mi
regreso, porque, según mi costumbre, iba a buscar por los alrededores tejido
para teñir; y, al volver, encontré la puerta de mi morada abierta, y el
tejido colocado en una tina de tintura azul; A cuya vista, monté
violentamente en cólera, y, tomando un celemín, lo arrojé, furioso, contra
Jesús, para castigar su fechoría; Pero el celemín no alcanzó al niño, sino
que cayó a tierra, e inmediatamente, tomó raíz y se llenó de fruto; y, ante
tal espectáculo, salí con premura, fui en busca del niño, y no lo encontré;
y retorne a mi casa, y vi, en la tina de tintura azul, tejidos de diferentes
colores; Venid a ser testigos de esta maravilla;
21.- Y el juez de la villa y
todos los notables, en gran número, fueron a presenciar prodigio tamaño; y
hallaron todo el tejido para teñir reunido en la tina; y, mientras Israel
los iba sacando, ellos leían la lista de los nombres y comprobaban el color
correspondiente a cada uno; y él entonces tomaba el color pedido, y lo
mostraba a todos en su específica brillantez; y se decían los unos a los
otros: ¿Quién ha visto jamás salir de una misma tina esta variedad de
resplandecientes tinturas?; y de esta suerte, tomando cada cual sus efectos,
volvieron a sus casas, y dijeron: En verdad, esto es un milagro de Jesús y
una obra divina, no una obra humana; y muchos creyeron en su nombre;
22.-
Luego Israel les mostró el celemín convertido en árbol arraigado y
fructificado; y, a su vista, algunos confesaron: No hay duda sino que ese
niño es el hijo de Dios; y el juez ordenó que sacasen a José de la prisión,
y que se lo trajesen; y, cuando llegó, le interrogó diciendo: Anciano,
¿dónde está ese niño, por quien se cumplen estos prodigios y estos
beneficios?; José repuso: ¡Por la vida del Señor! Dios me ha dado este hijo,
no según la carne, sino según el espíritu; y la multitud exclamo:
¡Bienaventurados sus padres, que han obtenido este fruto de bendición! Y
José regresó en silencio a su casa, y refirió a María los milagros de Jesús,
de que había oído hablar, y que había visto; y María dijo: ¿Qué va a ser de
nuestro Jesús, por cuya causa tenemos que soportar tantas cuitas?; Mas José
respondió: No te aflijas, que Dios proveerá, conforme a su voluntad suprema;
y, cuando pronunciaba estas palabras, sobrevino Israel, y, puesto de hinojos
ante José y María, les pidió el perdón de sus faltas; y José le dijo: Ve en
paz, y que el Señor te guíe hacia el bien; Empero José y María, desconfiando
del juez y de todos los demás, cerraron la puerta de su casa, y
permanecieron en observación hasta la mañana siguiente; De cómo la Sagrada
Familia fue a Arimatea, donde Jesús hizo milagros y resucitó muertos;
Capítulo XXII
1.-
Y José se levantó, tomó a María y saliendo de la villa, ambos marcharon
camino adelante; y buscaban con la mirada a Jesús; y éste se les apareció de
súbito, y los siguió hasta el país de Galilea, a una villa llamada Arimatea,
donde tomaron albergue en una casa; y Jesús tenía diez años entonces, y
circulaba por la villa, para ir al sitio en que los niños se congregaban; y,
cuando divisaron a Jesús, lo interrogaron, diciendo: ¿De dónde has venido?;
y
Jesús contestó: De un país desconocido; Los niños inquirieron: ¿Dónde está
situada la casa de tu padre?; y Jesús repuso: No podrías comprenderlo; Los
niños agregaron: Dinos algo, para que lo sepamos de ti; y Jesús replicó:
¿Para qué me lo preguntáis, si lo que yo os dijera, no lo entenderíais?; Los
niños insistieron: Háblanos, porque nosotros somos ignorantes, y tú pareces
instruido en todas las cosas; Jesús dijo: Todas las cosas conozco, en
efecto, pero soy extranjero, y no aceptaríais ninguna de mis palabras; y los
niños dijeron: Te acogemos con amistad, como a un hermano, y nos someteremos
a tus órdenes, conforme a tu albedrío;
2.- Y Jesús dijo: Levantaos, vamos;
y
los niños obedecieron, y llegaron todos juntos a cierto sitio, en el que
había una roca muy alta; y, colocándose enfrente, ordenó a la roca que
inclinase su cima y se sentó en ella, y la roca recobró su posición; y los
niños lanzaron gritos de sorpresa y, formando círculo alrededor de la roca,
miraban a Jesús; y, después de haber ordenado a la roca que inclinase otra
vez su cima, Jesús descendió de ella;
3.- Y los niños fueron a la villa, para
contar el prodigio hecho por Jesús, el cual huyó; y uno de los niños, que lo
divisó, le detuvo por sorpresa y se apoderó de él; y Jesús, volviéndose, le
sopló en el rostro y, en el mismo instante, el niño perdió la vista; y clamó
a gran voz: Jesús, ten piedad de mí; y Jesús le puso la mano sobre los ojos,
y éstos se abrieron de nuevo a la luz;
4.- Y, un día, los niños se habían
congregado cerca de un pozo, y Jesús fue a reunírseles; y ellos, al verlo,
se regocijaron; y Jesús les preguntó: ¿Qué hacéis al borde de este pozo?; y
los niños respondieron: Ven a juntarte con nosotros; y Jesús dijo: Heme
aquí; ¿Qué deseáis?; y, en el mismo momento en que hablaba así, dos niños
jugaban al borde del pozo; y sucedió que, disputando, uno de ellos pegó al
otro, y lo lanzó al pozo; y los demás huyeron de allí, y Jesús,
levantándose, marchó a su casa;
5.- Y, como algunas personas llegasen pasa
sacar agua, al meter sus cántaros, vieron en medio del pozo a un niño
muerto, y fueron a anunciarlo a la villa; y los padres llegaron, y vieron a
su hijo ahogado encima del agua; y lloraban amargamente, y se golpeaban el
pecho; y era un niño muy hermoso, y de cinco años de edad; y los padres,
deshechos en llanto, preguntaban: ¿Quién ha causado esta desgracia
terrible?; Mas, no encontrando al matador, se dirigieron al juez, para darle
cuenta del suceso nefasto;
6.- Y el juez ordenó que le trajesen a los niños, a quienes
preguntó: Hijos míos, ¿quién de vosotros mató a ese niño, arrojándolo al
agua?; Los niños respondieron: Lo ignoramos; y el juez dijo: Si lo sabéis, no
contéis engañarme con pretextos y con subterfugios; No hagáis tal, porque
moriréis, y pagaréis inocentes por culpables; Los príncipes y los grandes
les dijeron: No mintáis, y hablad sinceramente; y los niños clamaron a una:
Si creéis en nuestras palabras, tened entendido que no nos cabe parte alguna
en su muerte; Cayó al agua por accidente, y no pudimos sacarlo del pozo; y
el juez opuso: Cuando cayó al agua, ¿por qué no gritasteis inmediatamente,
elevando la voz, para que los habitantes de la villa fuesen a salvar al
niño, que respiraba aún?; Los niños dijeron: Porque ninguno de nosotros había
quedado allí; Todos lo habían abandonado, y habían huido; y el juez
acrecentó: Si cayó inadvertidamente y por descuido, habríais gritado y
avisado a todos; Pero, siendo los autores del hecho, habéis huido de allí
por temor, y pensáis escapar a la muerte por vanas excusas; Los niños
dijeron: Si quieres condenarnos injustamente, hágase tu voluntad; Porque
cada cual se halla convencido de su propia inocencia y el que merece la
muerte, es el que la realidad del hecho conoce; y el juez repuso: Si
conociese al culpable, no condenaría al inocente;
7.- Los niños dijeron: A
nosotros no nos toca culpa alguna; Nos hallábamos distraídos en el juego, y
de nada nos enteramos hasta que algunos niños huyeron, dando gritos; Nada
más sabemos; y el juez repuso: Si queréis, yo os diré la verdad; Miraos
bien, poned atención, y compadeceos de vosotros mismos; y los niños
replicaron: Lo hemos revelado todo, y no nos has oído; y el juez exclamó:
¡Desconfío del artificio de vuestras palabras! Los niños repitieron: Si nos
condenas injustamente, eso será a cargo tuyo; y el juez contestó, furioso:
Si no me decís la verdad, os conduciré al pozo, y os haré perecer ahogados
en el agua; y el niño que era el matador, repuso: Por mucho que nos
atormentes, no podremos confesar una falsedad;
8.- Entonces el juez marchó
con ellos al borde del pozo; y ordenó que desnudasen a los niños, y que los
encadenasen en presencia suya; y el matador dijo: ¡Oh juez, presenta un
testigo, y, entonces solamente, condénanos; ¿Por qué se nos condenaría a
muerte, sin estar convencido por un testigo?; y el juez dijo: ¿Qué testigo
voy a presentar, si todos los testigos estáis aquí?; No saldréis de mis
manos, ni a fuerza de lamentaciones, ni a fuerza de presentes; y los padres
de los niños viéndolos desnudos ante el juez, en medio de aquel lugar, se
quejaban con amargura; y el juez dijo: No me conmueven vuestras lágrimas; y
mandó que arrojasen a los niños al pozo; Mas el que era el matador, se
expresó en estos términos: No me arrojes al pozo, y te indicará quién es el
culpable; ¿Dónde está Jesús, el hijo del viejo?; Él es el autor del hecho; y
el juez exclamó: Siendo así, ¿por qué os dejabais matar, a pesar de vuestra
inocencia?; y los niños replicaron: A ti te toca saberlo, puesto que lo has
querido;
9.- Entonces el juez hizo citar a Jesús ante él; Pero, como los que
mandó en busca del niño no lo encontraran, apoderáronse de José, y llevaron
a presencia del magistrado, el cual lo interrogó, diciéndole: Viejo, ¿de
dónde has venido a esta villa?; y José contestó: Soy de un país lejano; El
juez inquirió: ¿Dónde está tu hijo, que ha cometido este delito de
homicidio?; José repuso: Lo ignoro; El juez dijo: ¿Y no sabes que ha cometido
ese crimen?; José dijo: ¡Por la vida del Señor, no lo sé! El juez aseveró:
Si, lo sabes; ¿Y crees que vas a escapar a la muerte?; José exclamó: ¡Oh
juez, no condenes injustamente a una inocente criatura! El juez rearguyó: Si
es inocente, ¿por qué ha huido?; José replicó: No puedo explicártelo; y el
juez dijo: No saldrán de la prisión, si no te apresuras a procurar que
comparezca aquí tu hijo;
10.- Y, cuando el juez acabó de pronunciar estas
palabras, Jesús se presentó al tribunal de improviso, y preguntó: ¿A quién
buscáis?; Respondieron: A Jesús, el hijo de José; Jesús dijo: Yo soy;
Interrogó el juez: ¿Cuándo llegaste a esta villa?; Jesús contestó: Hace
largos años que resido en ella; El juez ordenó: Manifiéstame, pues, cuál ha
sido la causa de la muerte violenta de ese niño; y Jesús afirmó: No lo sé;
Mas los padres del niño clamaron: ¿Pretendes no saberlo, habiendo ahogado a
nuestro hijo en el pozo?; y Jesús repuso: Si es a otro a quien hay que pedir
cuenta de su vida, ¿por qué me calumniáis tan pérfidamente?; El juez replicó:
No digas falsedad, porque reo eres de muerte; Mas Jesús aseguró: El
testimonio de ellos es falso y verdadero el mío; y el juez le dijo: Júralo
por la ley del Señor; Jesús repuso: ¿Por qué mientes ante Dios, y no lo
temes?; Mas el juez, respondiendo, dijo: ¿Y qué mal hay en prestar juramento,
cuando se es inocente, y no queda otro recurso para escapar a la muerte?;
Jesús le contestó: ¿De modo que crees legítimo pronunciar un juicio injusto?;
El juez le respondió: Dime lo que debo hacer; y Jesús repuso: Demasiado lo
sabes, puesto que en juez estás constituido; Mas el juez repitió: ¿Qué debo
hacer?; Respóndeme; y Jesús le advirtió: Si obrases de buena fe, observarías
la justicia; Pero no hay que esperar de ti eso; y el juez insistió: Obro
conforme a lo que se alcanza; Jesús dijo: En esto, hablas verdad, mas no
aceptas el testimonio que doy de mí mismo; El juez dijo: Yo no te condeno
injustamente; y Jesús remachó: Si escuchases la voz de tu conciencia, no
condenarías con ligereza a nadie;
11.- Empero los niños interrumpieron,
clamando a coro: ¡Oh juez, tú no sabes qué contestarle! Préstanos oído, y te
informaremos de lo que le concierne; ¿O es que no podemos nosotros
responderle una palabra?; Jesús les respondió: ¿Qué es lo que vosotros tenéis
que decir de mí?; Los niños replicaron: Desde que llegaste a esta ciudad, nos
has causado muchas contrariedades y muchas vejaciones, que hemos perdonado,
porque eres pobre y extranjero; Pero ahora que has ocasionado tal
catástrofe, y que nos has expuesto a la muerte, es justo que te hagamos
perecer; Entonces el juez preguntó: ¿Es éste el niño de quien afirmáis que
engaña a los ojos por prestigios?; Los niños respondieron a una: Sí; Mas
Jesús observó: Sé que os habéis ligado todos contra mí, y que queréis
condenarme a muerte injustamente; y el juez dijo: ¿Cómo puedes pretender que
no tienes testigos contrarios, y que te estimas inocente?; Jesús dijo: Si me
doy a mí mismo un testimonio verdadero, ¿me creerás?; El juez dijo: Sí, te
creeré; y Jesús añadió: Espera un instante, que voy a darte la prueba;
12.-
Y, esto dicho, Jesús, profundamente indignado, se aproximé al muerto, y
clamé a voz: Jonathan, hijo de Beria, yérguete sobre tus pies, abre los
ojos, y descubre a quien te precipitó al pozo; y, en el mismo instante, el
muerto se levantó, abrió los ojos, miró a todos los allí presentes, y los
reconoció, llamándolos por sus nombres; Sus padres lanzaron un grito y, muy
gozosos, lo estrecharon entre sus brazos, y lo cubrieron de besos; y lo
interrogaron, diciéndole: Hijo mío, ¿qué te devolvió a la vida?; y él mostró
con el dedo a Jesús, el cual le preguntó: ¿Quién fue el causante de tu
pérdida?; y Jonathan repuso: No fuiste tú, señor, sino mi primo Saraka; El
fue quien, después de golpearme, me hizo caer al pozo; Entonces Jesús dijo:
Oíd todos vosotros cómo el muerto acaba de dar testimonio de mí; Cuando tal
vieron, los asistentes al prodigio exclamaron, acometidos de espanto: En
verdad este niño es Dios e hijo del Padre, venido a la tierra; y Jesús dijo:
Juez inicuo, ¿crees ahora en mi testimonio y en mi inocencia? ¿Has visto
cómo mis actos engañan las miradas, y cuál ha sido mi conducta junto al
pozo?; Mas el juez, en su confusión, no le respondió palabra;
13.- Y el niño
continué con vida hasta el atardecer, tiempo bastante para que multitud de
personas fuesen a comprobar el milagro hecho por Jesús, a cuyos pies se
arrojaban todos, confesando sus pecados; Luego Jesús dijo al muchachito: Ea,
duerme ya, y descansa, en espera de que el juez de todos los hombres venga a
pautar las recompensas, y a imponer sus justos decretos; y, cuando Jesús
hubo pronunciado estas palabras, el niño recliné su cabeza sobre el lecho, y
quedó dormido; Ante cuyo espectáculo, todos fueron poseídos de pánico, y
temieron a Jesús; y, cuando éste quiso salir, se pusieron de hinojos ante
él, y le suplicaron: ¡Devuelve la vida al muerto! Mas Jesús no consintió en
ello, y les dijo: Injustamente, y a pesar de mi inocencia, quisisteis
condenarme, mas mi justicia me ha librado de la muerte; y, después de
responderles así, desapareció de sus ojos; y José, sacado de la prisión,
volvió en silencio a su casa, y contó a María los prodigios realiza; dos por
su hijo; y los padres del niño muerto fueron, deshechos en lágrimas, a
buscar a Jesús, y, no encontrándolo, rogaron a José: ¿Dónde está tu hijo,
para que venga a resucitar a nuestro difunto?; Mas José dijo: Lo ignoro; De
cómo la Sagrada Familia fue al país de Galilea y vio que hizo Jesús con los
niños de los hebreos; Un milagro
Capítulo XXIII
1.- Y José se levantó al despuntar el
día, tomó al niño y a su madre, y, saliendo de la villa, caminaron en
silencio; y María preguntó a Jesús: Hijo mío, ¿por qué te has escondido así
de esas gentes?; Respondió Jesús: Madre mía, guarda silencio, y prosigue tu
camino en paz; yo haré siempre lo que convenga; y permanecieron allí seis
meses; y Jesús circulaba por el territorio de la villa; E iba a sentarse
cerca de los niños, en el lugar en que se reunían los niños, con los cuales
mantenía largas conversaciones; Pero ellos no podían comprender lo que les
decía;
2.- Después, Jesús conducía a los niños al borde de un pozo, adonde
toda la villa iba a buscar agua; y, tomando de manos de los niños sus
cántaros, los entrechocaba, o los rompía contra la piedra, y los echaba al
pozo; y los niños no se atrevían a volver a su casa, por temor al castigo de
sus padres; y Jesús, al verlos llorar, los llamaba a sí, y les decía: No
lloréis, porque os devolverá vuestros cántaros; E, inclinándose sobre el
pozo, daba órdenes al agua, y ésta sacaba los cántaros intactos a su
superficie; y cada uno de los niños recogía el suyo, y retornaban a sus
hogares, y contaban a todos los milagros de Jesús;
3.- Un día, Jesús llevó
consigo a los niños, y los detuvo cerca de un gran árbol; y Jesús mandó al
árbol que bajase su ramaje, al cual subió, y sobre el cual se senté; y mandó
al árbol levantarse, y el árbol se elevó, dominando todo aquel paraje, y
Jesús permaneció en él una hora; y, como los niños le gritasen, diciéndole
que mandase al árbol bajarse, para subir ellos asimismo, Jesús ordenó al
árbol que inclinase sus ramas, y dijo a sus compañeros: Venid junto a mí; y
los niños subieron alegremente, y se colocaron en torno a Jesús; y éste,
después de haber esperado un poco, mandó al árbol bajarse otra vez; y los
niños descendieron con Jesús, y el árbol recobré su posición;
4.- Y sucedió
también que otro día que los niños se encontraban reunidos en cierto lugar,
y Jesús estaba con ellos; y había allá un muchacho de doce años, atacado, en
toda su persona, de dolencias penosísimas; Leproso, epiléptico, mutilado en
las extremidades de sus manos y de sus pies, había perdido la forma humana,
no podía andar, y yacía a un lado del camino; Cuando Jesús lo vio, se apiadó
de él, y le dijo: Niño, muéstrate a mí; y el muchacho, despojándose de sus
vestidos, quedó desnudo; y Jesús ordenó a los niños que lo extendiesen por
tierra, amasé polvo del suelo, lo esparció sobre el paciente, y dijo: Alarga
tu mano, porque curado eres de todas tus enfermedades; y, en el mismo
instante, toda su piel dañada se separó de su cuerpo, sus tendones y las
articulaciones de sus huesos se afirmaron, y su carne se volvió como la
carne de un recién nacido, y fue limpio; y se levantó, llorando, se
precipité a los pies de Jesús, y se prosterné ante él; y Jesús le dijo: Ve
en paz; y marchó alegremente en dirección a su morada, Y, todos los que se
hallaban con él, testigos del milagro que Jesús había hecho, quisieron
verlo, mas no lo encontraron; De cómo la Sagrada Familia fue a la villa de Emmaús y cómo Jesús curó a los enfermos; Milagros operados por él
Capítulo XXIV
1.- En
vista de lo ocurrido, María y José tomaron a Jesús durante la noche,
marcharon a una aldea llamada Emmaús, donde decidieron residir; y Jesús
tenía diez años, y circulaba por la comarca; y, un día, saliendo de su
albergue, fue a otra aldea llamada Epathaíea o Ephaía; y, en su ruta,
encontró a un muchacho de quince años, cuya persona entera era una pura
llaga; No podía servirse de sus pies, sino que marchaba arrastrándose, y,
cuando alguien discurría por allí, imploraba su misericordia; Jesús lo vio
de lejos, y pasó por frente a él; y el leproso le dijo: ¡Niño, te ruego que
me escuches! Por la salud de tus padres, dame una limosna, y Dios te
recompensará tu beneficio; Jesús repuso: Soy pobre e indigente, como tú, y,
además, hijo de un extranjero; ¿Cómo podría darte una limosna?; El leproso
replicó: No alegues falsos pretextos; Si te queda en reserva una monedita,
un óbolo o un pedazo de pan, préstame algún pequeño socorro, que demuestre
tu generosidad, pues bien veo a qué clase perteneces, aunque, por la edad,
no seas más que un niño; yo estimo, en efecto, que eres de elevado linaje, e
hijo de un general de los ejércitos reales, probablemente; Porque tus rasgos
te denuncian; No te ocultes de mí, que noto una presencia distinguida y una
belleza extremada;
2.- Preguntó Jesús: ¿A qué raza perteneces?; El leproso
respondió: A la raza de Israel y a la rama de Judá; Jesús añadió: ¿Tienes
padre y madre? ¿Cuidan de ti?; El leproso explicó: Mi padre ha muerto y mi
madre es la que me sirve conforme al capricho suyo; y Jesús dijo, extrañado:
¿Cómo así?; y el leproso repuso: Ya ves que estoy enfermo; Al oscurecer, mi
madre viene, y me vuelve a la casa; Al día siguiente, me trae otra vez aquí;
Los viandantes me hacen graciosamente limosnas, y, gracias a ellas,
subsisto; Preguntó Jesús: ¿Por qué no te has presentado a los médicos, para
que te curen?; El respondió: Estoy imposibilitado por mi enfermedad, no
podría hacerlo y mi madre apenas cuida de mí; Porque, desde que me dio a
luz, he crecido entre muchos gemidos y dolores; y, por la violencia y la
atrocidad de mis males, los miembros de mi cuerpo se han relajado y
desunido, los tendones de mis huesos se han consumido en la putrefacción,
toda mi persona se ha cubierto de úlceras, como bien ves;
3.- Y Jesús dijo:
Conozco médicos que saben componer un remedio, que da la muerte y la vida;
Si quieres aplicártelo, este remedio será tu curación; El leproso replicó:
Desde mi infancia hasta hoy día, jamás he consultado con ningún médico, y
jamás he oído decir que mi mal haya sido curado por un hombre; Mas Jesús
insistió: ¿No te advertí que hay médicos hábiles, que traen de la muerte a
la vida?; y el leproso dijo: ¿Y por cuál remedio puede un hombre curar
semejante estrago?; Jesús repuso: Por una simple palabra, y no por un
remedio; Al oír esto, el joven quedó vivamente sorprendido, y exclamó: ¡He
aquí cosas asombrosas! ¿Cómo un mal puede ser curado sin el auxilio de
remedio alguno?; Jesús dijo: Existen médicos que, de una ojeada tan sólo,
distinguen las enfermedades mortales de las curables; El leproso insinuó: Y
tú, que cuentas menos edad que yo, ¿de dónde has sacado tanta ciencia?; Jesús
repuso: De lecciones oídas y de mi saber propio; y el leproso objetó: ¿Por
ventura has visto con tus propios ojos que un hombre haya sido curado de
tamaño mal?;
4.- Y Jesús replicó: Entiendo algo en este asunto, por ser hijo
de médico; El leproso dijo: ¿Afirmas seriamente que entiendes en este
asunto?; Jesús dijo: Puedo curar todos los males por una simple palabra,
cuyos efectos he visto, y que he aprendido de mi padre; El leproso
interrogó: ¿De qué país es tu padre, y quién puede ponerme en comunicación
con él?; Contestó Jesús: Aquel a quien entregues los honorarios de tu
curación, te presentará a mi padre, y éste te devolverá la salud; El leproso
preguntó: ¿Cuáles son los honorarios que reclamas de mí?; Respondió Jesús:
Poca cosa: un sextario de monedas, en oro y en plata, piedras preciosas de
bella agua y perlas finas de alto valor; El leproso, que tal oyó, se echó a
reír con amargura, y dijo: ¡Por la vida del Señor, que ni he oído siquiera
el nombre de esas cosas! Pero escucha; Tu edad es la de un niño, y todo te
resulta cómodo, por ser hijo de padre noble y vástago de una casa principal;
yo, pobre como soy, no te parezco más que un objeto de irrisión y de burla;
¿De dónde me vendría esa opulencia de que me hablas?; y Jesús lo reprendió,
diciendo: ¿Por qué te enojas así?; Todo lo que te dije, fue por pura
benevolencia;
5.- Y el leproso declaró: Varias veces se me ha puesto a
prueba; y tú también ves perfectamente que no poseo nada excepto el vestido
que me cubre, y el alimento diario, que Dios nos dispensa a mi madre y a mí;
Jesús preguntó: Entonces, ¿cómo quieres curarte, teniendo las manos vacías?;
Respondió el leproso: Dios vendrá en mi ayuda; Jesús dijo: Bien sé que Dios
puede hacer todo lo que le piden los que lo invocan con fe; Mas, con todo
eso, ¿cómo curarte, puesto que eres pobre?; El leproso dijo: Mucho me admira
que gastes tantas palabras para abrumarme; Jesús indicó: Conozco un tanto
las cosas de la ley; y el leproso dijo: Si has leído a menudo los
mandamientos de Dios, sabrás cómo debe tratarse a los pobres y los
indigentes; Jesús completó: Hay que usar con ellos de amor y de
misericordia; y el leproso refrendé, con llanto en sus mejillas: Has hablado
con verdad y con bondad; Compadécete, pues, de mí, y el que es dispensador
de todos los bienes, te lo devolverá;
6.- Cuando Jesús lo vio bañado en
lágrimas, se enterneció, y le dijo: Sí, me compadezco de ti; y, en el mismo
instante, extendió su mano, y tomó la del leproso, diciendo: Levántate,
yérguete sobre tus pies, y ve en paz a tu casa; y, tan pronto pronunció
estas palabras Jesús, el leproso se levantó, e inclinándose, se prosterné
ante él, y le dijo: Dios te trate amorosa y misericordiosamente, como tú me
has tratado; y Jesús repuso: Ve en paz, y no digas a nadie nada de lo que te
hice; y el leproso lo consultó, diciendo: Si alguien me pregunta quién me
curé, ¿qué he de contestar?; Jesús repuso: Que un niño, hijo de un médico,
que pasaba por el camino, te vio, se compadeció de ti, y te devolvió la
salud; y el muchacho curado se prosternó de nuevo a los pies de Jesús, y
volvió, gozoso, al lado de su madre;
7.- Y, cuando su madre lo vio, lanzó un
grito de júbilo, y le dijo: ¿Quién te ha curado?; y él dijo: Me ha curado,
por una simple palabra, el hijo de un noble médico, que se encontró conmigo;
Al oír estas palabras, la madre y todos los que estaban allí, se congregaron
alrededor del muchacho, y le preguntaron: ¿ Dónde está ese médico?; y él
contestó: No lo sé, y, además, me ordenó que no descubriese a nadie la
caridad que usó con mi persona; y los que oían desde lejos el prodigio que
había pasado, se admiraban, y decían: ¿Quién es ese niño, que posee tal don
de ciencia, y que opera milagros tan insignes?; y muchos creyeron en su
nombre; y deseaban verlo, mas no podían, porque Jesús se había ocultado a
sus ojos; De cómo el ángel advirtió a José que fuese al pueblo de Nazaret;
Capítulo
XXV
1.- Y un miércoles, día cuarto de la semana, el ángel del Señor apareció
a José, en una visión nocturna, y le dijo: Levántate, toma al niño y a su
madre, y ve al pueblo de Nazaret, donde fijarás tu residencia, y de donde
no te alejarás; Construirás allí una casa, y habitarás en ella durante largo
tiempo, hasta que Dios, en su bondad, te dé otro aviso; y, habiendo dicho
esto, el ángel lo abandonó; y, al día siguiente, José se levantó temprano,
tomó al niño y a su madre, y fue al pueblo de Nazaret, a la casa en que
moraban antes, y en la que permanecieron dieciocho años; y Jesús tenía doce,
cuando llegó a Nazaret, lo que da la suma de treinta años;
2.- Y el día
segundo de la semana, Jesús salió de Nazaret, y fue a sentarse en un paraje
del camino; y divisó a dos muchachos que avanzaban, y que disputaban entre
sí violentamente; y vinieron a las manos, y se pegaron el uno al otro; Mas,
cuando vieron a Jesús, cesaron de pelear, y, aproximándose, se prosternaron
ante él; Jesús les ordenó que se sentasen, y lo hicieron así; y Jesús les
preguntó: Niños, ¿de qué proviene tamaña cólera? ¿Qué desacuerdo os divide,
para que cambiéis golpes con tal violencia?; Uno de los dos, que era el más
joven, repuso: Es que no hay aquí juez que nos juzgue en derecho; Jesús
dijo: ¿Cómo os llamáis?; El más joven respondió: Mi nombre es Malaquías, y
el de éste Miqueas; Somos dos hermanos, unidos por sentimientos de familia;
y Jesús objetó: ¿Por qué, pues, os tratáis tan animosa e injuriosamente?;
3.- Malaquías expuso a Jesús: Ruegote, niño, que escuches lo que decirte quiero;
Mi hermano es mayor que yo, que soy su segundón; y se esfuerza en tratarme
inicuamente, lo que no le permito en modo alguno; Pronuncia, por tanto,
entre nosotros, un juicio equitativo; Jesús replicó: Explícame en qué
consiste el motivo de vuestro disgusto; Miqueas observó: Parece que eres
hijo de juez y descendiente de grandes monarcas; Jesús refrendé: Tú lo has
dicho; y Miqueas exclamó: ¡Dios te recompense, a ti y a tus padres, si hoy
traes, a mi hermano y a mí, la justicia con la paz!
4.- Mas Jesús dijo:
¿Quién me puso por juez o partidor sobre vosotros?; Bien comprendo que no
queréis someteros a mis mandatos; Los dos hermanos replicaron: No digas eso,
ni nos hagas tamaña afrenta; Nos tomas por niños ignorantes; Tenemos, sin
embargo, letras, y conocemos la ley divina; Jesús indicó: Ante todo,
contraed el compromiso de no engañaros mutuamente, y de hacer lo que yo
exija; y los muchachos clamaron a una: Tomamos por testigo a la ley divina,
y juramos sobre sus mandamientos obedecer tus órdenes, como órdenes emanadas
de la Puerta Real; y Jesús repuso: Reveladme la verdad, para que la oiga de
vosotros;
5.- Y Malaquías dijo: Somos dos hermanos, que quedamos huérfanos de
padre y madre; Nuestros progenitores nos dejaron una herencia, y personas
extrañas a la familia retienen por usurpación nuestro patrimonio; y
disputamos entre nosotros, porque mi hermano trata de desposeerme
injustamente, y yo no me presto a ello; y Jesús preguntó: Cuando murieron
vuestros padres, ¿a quién os confiaron en calidad de tutor o encargado,
hasta que alcanzaseis la edad de la razón?; Los niños dijeron: Ninguno de los
dos se acuerda de nuestros padres; Jesús los interrogó: ¿Por qué, pues, os
querelláis el uno con el otro?; y Malaquías contestó: Mi hermano procura
perjudicarme, alegando que es el mayor; Mas Jesús repuso: No obréis así; Si
queréis escucharme, haced paces, y repartid amistosamente vuestros bienes; y
Miqueas dijo a Jesús: Niño, reconozco que procedes con cordura, al hablarnos
de conciliación; Empero cuanto al juicio que pronuncias, es muy distinto, y
óyeme lo que decirte quiero; Cuando murieron nuestros padres, yo tenía más
edad que mi hermano, que la tenía muy corta aún, y me empleé, con muchos
esfuerzos, en reconstituir nuestro patrimonio, que estaba devastado y en el
abandono más completo; yo solo realicé ese trabajo penoso, y mi hermano no
sabe nada de ello;
6.- Jesús lo hizo observar: Pero es tu hermano, y es un
niño; Hasta hoy, lo has sustentado y nutrido por caridad; No le hagas daño
ahora; Id, y repartid vuestros bienes con equidad; Guardaos mutuo afecto, y
la paz de Dios será con vosotros; y ellos, obedientes a los deseos de Jesús,
se prosternaron ante él; y, cayendo el uno en los brazos del otro, se
besaron, y dijeron a Jesús: Hijo de rey, por cuya mediación se ha
restablecido la armonía entre ambos, Dios glorifique tu persona y tu santo
nombre por toda la tierra; Te rogamos que nos bendigas; y Jesús repuso: Id
en paz; y que el amor de Dios permanezca en vosotros;
7.- Y, luego que Jesús
hubo hablado de esta suerte, se prosternaron de nuevo ante él, y se fueron a
su casa; y Jesús regresó a la suya de Nazaret, junto a María; y su madre,
al verlo, le preguntó: ¿Dónde has estado el día entero, sin comprender que
ignoro lo que pueda ocurrirte, y que me alarmo por ti, al pensar que andas
solo por sitios apartados?; y Jesús respondió: ¿Qué me quieres? ¿No sabes que
debo, de aquí en adelante, recorrer la región, y cumplir lo que de mí está
escrito?; Porque para esto es para lo que he sido enviado; María opuso: Hijo
mío, como no eres todavía más que un niño, y no un hombre hecho, temo de
continuo que te suceda alguna desgracia; Mas Jesús advirtió: Madre mía, tus
pensamientos no son razonables, porque yo sé todas las cosas que han de
venir sobre mí; y María replicó: No te aflijas por lo que te dije, pues
muchos fantasmas me obsesionan, e ignoro lo que he de hacer; y Jesús
preguntó: ¿Qué piensas hacer conmigo?; Respondió su madre: Eso es lo que me
causa pena, porque tu padre y yo hemos cuidado de que aprendieses todas las
profesiones en tu primera infancia, y tú no has hecho nada, ni te has
prestado a nada; y ahora, que eres ya mayorcito, ¿qué quieres hacer, y cómo
quieres vivir sobre la tierra?;
8.- Al oír esto, Jesús se conmovió en su
espíritu, y dijo a su madre: Me hablas con extrema inconsideración; ¿No
comprendes las señales y los prodigios que he hecho ante ti, y que has visto
con tus propios ojos?; y continúas todavía incrédula, a pesar del tiempo que
llevo viviendo contigo; Considera todos mis milagros y todas mis obras, y
toma paciencia por algún tiempo, hasta verlas cumplidas, puesto que aún no
ha venido mi hora, y permanece firmemente fiel; y, habiendo dicho esto,
Jesús salió de la casa con premura; Sobre las numerosas curaciones que Jesús
realizó en el pueblo, en la aldea y en diferentes lugares;
Capítulo XXVI
1.- Un día,
Jesús, que había salido de su casa, recorría, solo, el país de los galileos;
y, habiendo llegado a una aldea, que se llamaba Buboron o Buasboroín,
encontró allí a un hombre de treinta años, que estaba muy incomodado por la
vehemencia de su mal, y que yacía tendido sobre su lecho; Cuando Jesús lo
vio, se compadeció de él, y le preguntó: ¿De qué raza eres?; El hombre
repuso: De raza siria y del país de los sirios; Jesús añadió: ¿Tienes
todavía padre y madre?; El hombre dijo: Sí, y mis padres me han expulsado de
su hogar; Errante ando por doquiera, para buscar mi sustento diario, mas no
poseo domicilio en parte alguna; Jesús inquirió: ¿Y cómo has podido salir de
tu país?; Respondió el hombre: Se me trataba, unas veces contra salario, y
otras para pagarme; Jesús continuó: ¿Por qué has venido a este país?; El
hombre contestó: Para pedir limosna, y para subvenir a mis necesidades
materiales; y Jesús sentenció con gravedad: Si soportas con calma tus
tormentos, encontrarás más tarde el reposo; A lo que el hombre replicó:
Pueda o no pueda, los soporto y los acepto con júbilo;
2.- Y Jesús dijo: ¿A
qué dios sirves?; El hombre repuso: Al dios Pathea; y Jesús le preguntó:
¿Encuentras, pues justo que te halles en este estado?; El hombre manifestó:
He oído decir a mis padres que ese dios es el dios de los sirios, y que
puede hacer a los hombres todo lo que le place; Interrogó Jesús: ¿Cuál es tu
nombre?; El hombre dijo: Hiram; y Jesús lo conminó, diciendo: Si quieres
curarte, abandona ese error; Hiram dijo: ¿Y cómo he de dar crédito a tu
propuesta?; Porque tú eres todavía un niño, mientras que yo soy ya un varón
adulto; y Jesús le preguntó: El dios de tu culto ¿tiene el poder de
devolverte la salud y la vida por una simple palabra?; y Jesús añadió: Si
crees de todo corazón, y si confiesas que hay un Dios del cielo y de la
tierra, que ha creado el mundo y el hombre, tal Dios es capaz de curarte; Hiram apuntó: No he oído hablar de él; Jesús dijo: Sea;
Pero cree sencillamente, y tu alma vivirá; Hiram le preguntó: ¿Y cómo hacer
ese acto de fe?;
3.- Respondió Jesús: He aquí la fórmula; Creo que es un Dios muy alto,
el Padre creador de toda cosa, y creo en su Hijo único y en la Espíritu
Santa, trinidad y divinidad una y perfecta; Hiram repuso: Creo lo que me
dices; Entonces Jesús le habló, interrogándolo: ¿No te has presentado a
alguien, para que te cure?; E Hiram exclamó: ¿Qué médico podría librarme de
tan grave enfermedad?; Jesús dijo: Aquel a quien pagues, lo podrá
fácilmente; Hiram opuso: Pobre como soy, nada tengo que dar, y nadie hace la caridad
gratuitamente; y Jesús objetó: ¿No has dicho tú mismo antes que has venido
de un país lejano, que has recorrido numerosas comarcas, y que has recibido
limosnas? ¿Por qué dices ahora falsamente que no tienes con qué pagar?; Hiram
repuso: ¡Perdona, niño! Lo que te he dicho es que nada tengo que dar,
excepto el alimento que recibo al día, y el vestido que me cubre;
4.- Y
Jesús, viéndolo llorar, exclamó: ¡Oh hombre, dirígeme tu demanda! ¿Qué puedo
hacer por ti?; y respondió Hiram: Haz por mí todo lo que te plazca, y
gratificarme con algún socorro; y Jesús, extendiendo la mano, tomó la suya,
y le ordenó: Levántate, yérguete sobre tus pies, y ve en paz; y, en el mismo
momento, el hombre quedó curado de sus males; y cayó llorando de hinojos
ante Jesús, y le hizo la siguiente petición: Señor, si quieres, te seguiré
en calidad de discípulo; Mas Jesús le dijo: Vuelve en paz a tu casa, y
cuenta todo lo que he hecho por ti en este encuentro; y el hombre se
prosternó de nuevo ante Jesús, y marchó a su país; De cómo se cumplieron las
tradiciones escritas por los profetas y sobre las cosas sorprendentes que
hizo Jesús;
Capítulo XXVII
1.- Y de nuevo fue Jesús llevado del Espíritu a la villa de
Nazaret; y circulaba siempre por los Sitios retirados; y los que lo veían
se sorprendían y murmuraban entre sí: Verdaderamente, el niño Jesús, el hijo
del viejo, tiene el aire despierto e inteligente; Algunos refrendaban:
Cierto es lo que decís; Mas Jesús no se manifestaba a ellos, a causa de su
incredulidad;
2.- Y sucedió que, aproximándose la gran fiesta, Jesús quiso ir
a Jerusalén; y, en el curso del viaje, se encontró con un viejo canoso que
se sostenía sobre dos cayadas, las cuales desplazaba alternativamente,
dejándose caer de la una a la otra; y estaba enfermo de los ojos y de los
oídos; Al verlo, Jesús se sorprendió, y le dijo: Bien hallado seas, viejo
cargado de años; y el anciano contestó: Bien hallado seas, niño, hijo único
del gran rey, y primogénito del Padre; y Jesús indicó: Siéntate aquí, reposa
un poco, y luego proseguiremos nuestra ruta; El viejo asintió, diciendo:
Hijo mío, cumpliré tu orden; y, cuando se hubieron sentado, Jesús se puso a
interrogarlo en estos términos: ¿Cuál es tu nombre, anciano? ¿De qué raza
eres? ¿De qué país has venido a éste?;
3.- Y el viejo contestó: Mi nombre es
Baltasar, soy de raza hebraica, y vengo del país de la India; Jesús le
preguntó: ¿Qué buscas aquí?; y el viejo expuso: Mi padre era un príncipe
noble e iniciado en el arte de la medicina, cuya práctica me enseñó; Pero
ahora estoy impotente, y mi intención es ir a Jerusalén, para mendigar, y
ganar así mi vida; Jesús le hizo observar: Siendo hijo de médico, ¿cómo no
puedes curarte a ti mismo?; El viejo repuso: Mientras fui joven, fuerte y
robusto, practiqué la medicina; Pero cuando la falta de salud me puso a
prueba, perdí todo vigor, y hoy no soy ya capaz de nada; Jesús dijo: ¿Fue
durante tu infancia o en tu ancianidad cuando la dolencia se apoderé de ti?;
y el viejo repuso: Treinta años tenía, cuando este mal me atacó, y todo mi
cuerpo fue presa de un temblor general;
4.- Al oír esto, Jesús se sorprendió,
y le dijo: ¿Qué especie de tratamiento te aplicas?; El viejo contestó: A tal
enfermedad, tal remedio; Mas Jesús le preguntó: ¿Sabes resucitar a los
muertos, hacer andar a los cojos, purificar a los leprosos, expulsar a los
demonios, curar todas las enfermedades, no con remedios, sino por una simple
palabra?; Al oír esto, el viejo se sorprendió, y dijo, riendo: Me admiras
mucho, porque todo eso es una operación prodigiosa e imposible para el
hombre; Jesús replicó: ¿Y por qué te admiras?; y el viejo dijo: Porque,
siendo todavía un niño, ¿cómo puedes saber todo eso?; Jesús contestó: Nadie
me lo enseñó, sino que lo sé por mí mismo; y el viejo concedió: Si es como
lo afirmas, de Dios y no de los hombres has recibido ese don; Jesús
respondió: Tú lo has dicho; Entonces el viejo murmuré: Paréceme que
entiendes el arte de la medicina; y Jesús declaró, diciendo: Mi Padre posee
el poder de hacer todo eso;
5.- Y el viejo le dijo: No ha habido nunca
discípulo sin instrucción de su maestro, ni hijo sin enseñanza de su padre;
Te ruego que uses de caridad conmigo, y el Señor te concederá una vida que
largos años dure; Jesús dijo: Bien hablas, mas yo no puedo hacer esto
gratuitamente; Dame, pues, una retribución proporcionada a mi trabajo; El
viejo indicó: ¿Y qué retribución es la que pides?; Jesús dijo: Poca cosa:
oro, plata, todo lo que por escrito acordemos bajo contrato; A estas
palabras, el viejo rompió a reír; Luego, reflexionando, pensó: ¿Qué hacer?;
Porque este muchacho se burla pérfidamente de mí; y, en voz alta, se quejó,
diciendo: Niño, ¿por qué te mofas de un viejo como yo?; Se da limosna a los
pobres, sobre todo a los ancianos, y no se los pone en irrisión; y Jesús lo
hizo observar: Empezaste elogiándome grandemente, y ahora me censuras; El
viejo contestó: Es que me has irritado gravemente; y dijo Jesús: No te
encolerices porque, no siendo más que un muchacho, haya querido entablar
conversación contigo; Entonces el viejo respondió a Jesús, y dijo: ¿Por qué
no me pides una cosa razonable, a fin de sacar provecho de mí?; Pues ¿de
dónde vendría esa fortuna que me reclamas?;
6.- Y Jesús replicó: ¿No me has
asegurado antes que eras de gran familia, hijo de príncipe y descendiente de
una casa real?; El viejo otorgó: Y nada falso te aseguré, puesto que poseía
una enorme fortuna; Pero, cuando me hirió la enfermedad, todo lo perdí; y
Jesús le preguntó: ¿Qué preferirías: recuperar tus opulentos tesoros, o
hallarte en cabal salud?; El viejo respondió: Valdriame más ser hijo de un
mendigo, pero no estar enfermo; y Jesús dijo: Si tal es tu deseo, abóname el
precio de mi labor; Dijo el viejo: No me atormentes con tan largos
discursos; ¿Por qué te obstinas en hostigarme con esas trampas y con esos
engaños?; Jesús repuso: ¿En qué hablé demasiado? ¿Y qué consejo he recibido
de ti?; El viejo exclamó: Por amor de Dios, no me exasperes, porque estoy
gravemente enfermo; No me enojes; Ten un poco de paciencia; Nada más he de
contarte; Pero, por poseer facultades bastantes para socorrerte, me
compadezco de ti; El viejo exigió: Enuncia tus prescripciones; y,
respondiendo, Jesús le dijo: Dame una pequeña recompensa por mi trabajo, y
te curaré; y el viejo replicó: Dios te dará abundante recompensa por tu
trabajo; Cuanto a mí, tanto me importa morir como seguir con vida; y Jesús
le indicó: Tu curación no es tan difícil como crees; El viejo dijo: Nada
poseo más que un pedazo de pan y dos óbolos; Jesús comenté, festivo: ¡He
aquí el descendiente de gentes ricas en extremo! Entonces el viejo montó en
cólera, y exclamó, llorando: Verdaderamente, ¿he de sufrir todavía a este
niño, que ya me ha incomodado en grado sumo?; y Jesús dijo: ¡Viejo, no te
enojes! Ten un poco de paciencia, para que tu alma viva;
7.- El viejo
rezongó: Demasiada paciencia usé contigo, sin encontrar en ti asomos de
piedad; y, como el viejo hubiese dicho esto, siempre entre lágrimas, Jesús
le preguntó: ¿Adónde vas?; Respondió el viejo: A la ciudad de Jerusalén, para
mendigar mi pan; y, si vienes en pos mío, te daré la mitad de los recursos
con que Dios sea servido de gratificarme; Jesús interrogó: ¿A qué Dios
sirves?; y el viejo contestó: Al Dios de mis padres; Advirtió Jesús: Ahí está
justamente la causa de tu aflicción; Si quieres ser perfecto, abandona la
religión de tus padres, a fin de ser salvo en alma y en cuerpo; El viejo
dijo: ¿Y cómo podría dar fe a tus palabras?; Replicó Jesús: Varias veces me
has puesto a prueba, y nada has conseguido; y, al oír esto, el viejo
reflexionó, diciéndose: Mucho temo que este niño no esté jugando
insidiosamente conmigo; Mas Jesús le ordenó: Viejo, responde a la cuestión
que te he planteado;
8.- Y el viejo dijo: Estoy en duda, y no sé qué hacer,
ni qué responder a esa cuestión; Me parece que Dios te ha enviado a mí, y
que eres el Señor, el que sondea el pensamiento de los hombres; Dame, pues,
a conocer lo que me es necesario; Jesús exclamó, solemne: ¿Crees que existe
un Dios creador de todas las cosas y su Hijo único y la Espíritu Santa,
trinidad y única divinidad?; El viejo repuso: Sí, lo creo; y Jesús extendió
la mano sobre el viejo, y dijo: Libre quedas de tu azote, y curado de tu
mal; y, en el mismo instante, la curación fue un hecho; y el viejo, cayendo
a los pies de Jesús, le confesó sus pecados; y Jesús le dijo: Perdonados te
son; Ve en paz, y el Señor sea contigo; El viejo exclamó: Te ruego que me
digas cómo te llamas! Y Jesús repuso: ¿Para qué necesitas saber mi nombre?;
Ve en paz;
9.- Y el viejo, inclinándose, se prosternó de nuevo ante Jesús, y
se marchó apaciblemente en dirección a Jerusalén; y, cuando los habitantes
de esta ciudad vieron al viejo inmune, le preguntaron: ¿Quién te curó?; y el
viejo dijo: Me curó, por una simple palabra, un hijo de médico, que encontré
en mi camino; Ellos dijeron: ¿Quién es ese médico?; El viejo confesó: No lo
sé; y ellos fueron en su busca, y no lo encontraron, porque Jesús había
huido de aquel lugar, y vuelto a Nazaret; y el viejo publicó por doquiera
el milagro que en él se había cumplido; Sobre el juicio que Jesús pronunció
entre dos soldados
Capítulo
XXVIII
1.- Y sucedió, a los quince días, que Jesús pensó
en mostrarse un poco a los hombres; y, como fuese por un camino, encontró a
dos soldados que, durante su marcha, disputaban con gran violencia, y que
querían tomar uno de otro sanguinolenta venganza; y, cuando Jesús los divisé
desde lejos, se dirigió hacia ellos y les preguntó: ¿Por qué, soldados,
estáis tan llenos de furia, y en plan de mataros el uno al otro?; Pero ellos
tenían el corazón tan henchido de cólera y de rabia, que no le respondieron;
y, como llegasen a cierto paraje, ante un pozo, se sentaron cerca del agua,
y se amenazaban entre sí, con injurias; y Jesús, que se había sentado
también junto a ambos, prestaba oído a la verbal contienda; y uno de los
dos, el que era más joven, reflexioné, y se dijo: Él es mayor, yo menor, y
conviene que me someta; ¡Desventurado de mí! Pero ¿por qué ponerle furioso,
contrariándole?; Me rendiré mal de mi grado, al suyo;
2.- Y, como después el
soldado mirase a su alrededor, vio a Jesús sentado tranquilamente, y le
preguntó: ¿De dónde vienes, niño? ¿Adónde vas? ¿Cuál es tu nombre?; y Jesús
respondió: Si te lo digo, no me comprenderías; El soldado interrogó: ¿Viven
tu padre y tu madre?; y Jesús respondió: Mi Padre vive, y es inmortal; El
soldado replicó: ¿Cómo inmortal?; Jesús repuso: Es inmortal desde el
principio; Vive, y la muerte no tiene imperio sobre él; El soldado insistió:
¿Quién es el que vive siempre, y sobre quien la muerte no tiene imperio,
puesto que afirmas que a tu padre le está asegurada la inmortalidad?; Dijo
Jesús: No podrías conocerlo, ni aun alcanzar de él la menor idea; Entonces
el soldado le preguntó, diciendo: ¿Quién puede verlo?; y, respondiendo él,
dijo: Nadie; E interrogó el soldado: ¿Dónde está tu padre?; y él contestó: En
el cielo, por encima de tierra; El soldado inquirió: Y tú ¿cómo puedes ir a
su lado?; Jesús repuso: Yo he estado siempre con él, y hoy todavía con él
estoy; El soldado indicó, confuso: No comprendo lo que dices; y Jesús
aprobó: Ello es, en efecto, incomprensible e inexpresable; El soldado
añadió: ¿Quién, pues, puede comprenderlo?; Jesús dijo: Si me lo pides, te lo
explicaré; y el soldado encareció: Te ruego que así lo hagas;
3.- Y Jesús
expuso: Estoy sin padre en la tierra, y sin madre en el cielo; El soldado
objetó: ¿Cómo has nacido, y cómo te has alimentado?; Jesús dijo: Mi primera
generación procede del Padre antes de los siglos, y mi segunda generación
tuvo lugar sobre este suelo; Mas el soldado prosiguió objetando: ¿Cómo? ¿Se
vio nunca que quien nació de su padre, renazca de su madre?; Jesús advirtió:
No lo entiendes como es debido; y el soldado replicó: ¿Cuántos padres y
cuántas madres tienes?; Contrarreplicó Jesús: ¿No te lo dije ya?; yo tengo un
Padre único, y, con él, allá arriba, nací sin madre; yo tengo una madre
única, y, con ella, aquí abajo, nací sin padre; El soldado opuso: Primero
dices que has nacido de tu padre, sin haber tenido madre, y después dices
que has nacido de tu madre, sin haber tenido padre; Jesús concedió: Así es;
El soldado exclamó: ¡Prodigiosa manera de nacer y de existir! ¿De quién eres
hijo, pues?; Jesús afirmó: Soy hijo único del Padre, vástago carnal surgido
de mi madre, y heredero de todas las cosas; y el soldado argumentó todavía:
Tu padre, ¿no ha conocido a tu madre? ¿Cómo entonces tu madre te ha
concebido en su vientre, y te ha traído al mundo?; Dijo Jesús: Por efecto de
una simple palabra de mi Padre, sin sospecha de una aproximación a él por
parte suya, y sin la idea siquiera de esta aproximación; Rearguyó el
soldado: ¿Cómo puedes conciliar las voluntades de tu padre y de tu madre, y
complacer los deseos del uno y de la otra?; Respondió Jesús: Estoy con mi
Padre en el cielo, y permanezco con él por toda la eternidad, y habito con
mi madre en la tierra;
4.- El soldado exclamó: ¡Sorprendente es lo que dices!
Y Jesús repuso: ¿Y por qué me planteas la cuestión sobre la que me
interrogas, y que no puedes comprender?; Mas el soldado dijo: Si te he
interrogado, ha sido con objeto de inducirte a que te pongas a nuestro
servicio; Además, he reconocido que eres vástago de una ilustre familia
real; Dios te glorifique en todo lugar y en todo tiempo, y te haga obtener
la herencia de tu padre;
5.- Y Jesús le contestó, diciendo: Bendito seas de
Dios; Pero informadme sobre el motivo de vuestra querella; y el soldado
dijo: Yo te explicaré todo el asunto, y tú pronunciaréis entre nosotros una
justa sentencia; Jesús dijo: Sí; Contadme el caso; y el soldado expuso:
Somos del país de los magos y de una casa real; Hemos seguido a los reyes
que llegaron a Bethlehem con numerosas tropas y con ricos presentes en honor
del recién nacido rey de los israelitas; Cuando los reyes volvieron a
Persia, nosotros fuimos a la ciudad de Jerusalén, y, por amor de Dios, nos
convertimos en compañeros y como en hermanos el uno del otro; E hicimos un
pacto de alianza, comprometiéndonos por juramento a no separarnos hasta
morir, y repartirnos, en amistad perfecta y con equidad mutua, todos los
provechos que Dios nos enviase;
6.- Y, como nos alistásemos en la guardia del
palacio de un gran jefe del reino, mi poderoso príncipe me envió con un
mensaje a un país lejano, donde permanecí largo tiempo; Se me recibió allí
con benevolencia y con honra, como la etiqueta de las cortes reales
prescribe hacer, concediendo a los portadores de mensajes las deferencias
que les son debidas; Por la gracia de Dios, volví satisfecho y, de todo lo
que gané, nada oculté a mi amigo y estoy pronto a repartirlo con él; Mi
camarada partió también con una tropa de caballeros y regresó a su casa,
después de haber obtenido un rico botín; yo le pido que reparta conmigo el
haber que ha traído de su expedición y él se niega a ello y, en cambio, me
reclama ásperamente la deuda que de mí le corresponde; y, ahora, ¿qué me
ordenas que haga?;
7.- Y Jesús dijo: Si queréis escucharme, y obrar con
rectitud, no os engañáis mutuamente, y no olvidáis vuestros compromisos,
antes bien, haced lo que habéis prometido cumplir con toda solemnidad;
Repartid vuestras ganancias equitativamente, conforme al uso de la regla
humana y a lo que habéis jurado sobre la ley divina; No mintáis en presencia
de Dios y no os frustréis el uno al otro injustamente, si queréis vivir en
amistad recíproca;
8.- Empero el otro compañero, el que tenía más edad,
manifestó: Niño, el juzgar en verdadero derecho, no te concierne en modo
alguno; yo estuve en el campo de muerte, corrí mil peligros y a duras penas
pude tornar a mi hogar; Él, rodeado de un aparato principesco, visitó los
palacios de los reyes y volvió con presentes numerosos; Es, pues, justo que
me dé una parte de lo suyo y que yo no le dé nada de lo mío;
9.- Mas Jesús
replicó: No sabes lo que dices, soldado; Si, a la ida o a la vuelta, hubiera
él sufrido de los enemigos todo género de vejaciones, ¿qué parte le hubieras
dado tú?; y añadió: Si quieres repartir lo tuyo con él en plan de amistad,
descubre claramente tu pensamiento; y, pronunciadas estas palabras, Jesús se
calló;
10.- Entonces, el soldado de menos edad se incorporó, se puso de
hinojos ante su colega, y le dijo: Perdona, hermano, que te haya contrariado
gravemente, y haz ahora lo que gustes; yo repartiré, pero no viviré más
contigo en relación de comunidad; Tú has adquirido importancia, y te has
convertido en el asesor de los reyes; yo soy pobre, me veo sin recursos, y
tomará lo que buenamente quieras darme; Entonces Jesús, mirándolo, lo amó, y
se llenó de piedad, al ver su mansedumbre; Porque el mayor era violento, por
ser hijo de pobre, y el menor era humilde, por ser vástago de casa grande;
11.- Y Jesús dijo al último: Según lo que me referiste al principio, fuisteis
a Bethlehem, en la comitiva de los magos; ¿Visteis con vuestros propios ojos
a aquel rey recién nacido, que había venido al mundo?; El soldado más joven
repuso: Sí, lo vi, y lo adoré; Jesús preguntó: ¿Y qué pensaste de él? ¿Qué
fe tienes en él?; El soldado respondió: Es el Verbo encarnado, enviado por
Dios; y, conducidos por una estrella, fuimos a visitarlo, y lo encontramos
nacido de lá Virgen y acostado en la caverna; Jesús apuntó: He oído decir
que vive todavía; El soldado confesó: No lo sé; Pero he oído decir que lo
mataron por orden de Herodes, después de haber sido éste engañado por los
magos; Algunos afirman que, por causa suya, Herodes hizo perecer a los niños
de Bethlehem; Otros pretenden que su padre y su madre huyeron con él a
Egipto; Jesús comentó: Estás en lo cierto, pero repito que he oído decir que
vive todavía; Ahora que no falta quien asegure que no era lo que se creía,
sino un impostor y un seductor; El soldado rectificó: No propagues sobre él
difamaciones que no podrías probar, porque todos los que lo han visto,
aseguran que es el rey de Israel; Mas Jesús opuso: ¿Por qué entonces el
pueblo de Israel no ha creído en él?;
12.- Y los soldados dijeron: Lo
ignoramos; y Jesús interrogó: ¿Cómo os llamáis?; y un soldado contesté: Mi
nombre es Khortar; y el otro: Mi nombre es Gotar; Jesús añadió: ¿A qué dios
servís?; Los soldados repusieron: Cuando vinimos a este país, estábamos
seducidos por los falsos dioses del nuestro, y practicábamos el culto del
sol; y Jesús expuso: Volviendo a vuestro pleito, ¿cómo pensáis resolverlo?;
y
los soldados replicaron: Haz lo que te sugiera tu buen juicio, pues nos has
aparecido hoy como un juez entre ambos; En efecto: desde que nos has visto,
cesó nuestra indignación precedente, y la gracia de Dios descendió sobre
nosotros; y, mientras con nosotros has departido, nuestros corazones se han
llenado de un vivo júbilo;
13.- Y Jesús hizo entre los dos un reparto
equitativo, y los soldados se conformaron con su decisión; y él los bendijo,
y ellos prosiguieron su camino en paz;
Fuente: Los Evangelios Históricos,
por Edmundo González Blanco
|