¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?


Por: LEONOR URIBE DE VILLEGAS
Con la Biblia nos preguntamos lo mismo cada día. Millones han sido los asesinados desde 1948 hasta hoy, por una violencia
que, si supo cambiar de nombre, no cambió los métodos crueles de matar y secuestrar en estos 50 años.

Pasamos de León María Lozano El Cóndor, de Álvarez Gardeazábal, en Tuluá nuestro pueblo, a Tirofijo, el cura Pérez, y los
centenares de jefecillos, más feroces y malvados que los jefes. Aún recuerdo esa noche en que tocó a la puerta de mi casa un
grupo militar. Era casi de madrugada cuando al abrir mi padre, el jefe de la patrulla le dijo: ¿Es usted don Luis Uribe? Al
afirmarlo le entregaron a Hernán, mi hermano, y le dijeron: Se lo quitamos a la policía que iba a tirarlo aguas arriba del río
Tuluá. Al preguntar mi padre el motivo de llevarlo así como un Nazareno, golpeado por todas partes a punta de culatazos, le
contestaron: “Le gritaba vivas al Partido Liberal”.

Hoy son otros tiempos, más corrompidos, si se quiere. No hay ideales, sólo la fuerza se impone en pueblos y veredas, se
masacran mujeres y niños, y trabajadores del campo. También caen en las ciudades. Recientemente mataron a la salida de
Frontino a Antonio Vélez, hijo de Gabriela White de Vélez, también horriblemente masacrada. Ella era White Uribe, prima de
mi padre.

Lo mataron por guapo y desafiante, así como es el gobernador Uribe Vélez. La gente con valor civil es la más amenazada.
Primero les mandan recados, después actúan, con el uso de esas sofisticadas armas que vomitan fuego. No es difícil recibir
razones como “que se esté quieta y callada” si se ha tocado el “fuero” de algún narco, por ejemplo.

Mientras todo esto pasa el país se desbarata, falto de un gobierno fuerte que no haga transacciones. Ni con guerrillas, menos
con los mismos políticos, llámense congresistas o lo que sea. Los colombianos nos sentimos indefensos y sin esperanzas
porque las elecciones próximas no nos hacen esperar un cambio drástico. Salvo un gobierno con mano militar, júzguese esto
como se quiera. Mientras tanto repetiremos ¿dónde está oh muerte, tu victoria?, ¿dónde está, oh muerte, tu aguijón?

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