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No me refiero a cadenas que atan físicamente sino a aquellas que
producen temor o complejo de culpa a quienes no obedecemos su extensión,
propuesta por corresponsales a través de e-mails.
"Si rompe esta cadena sucederá tal o cual mal". Como a mi edad
ya no me asustan amenazas y es el escepticismo un resultante de la vejez,
pienso que muchos de esos casos expuestos a través de estas cadenas
pueden ser verídicos, pero más de la mitad de ellos no lo
son.
Un amigo argentino me envió un artículo escrito en "El
Crisol" de Buenos Aires, en donde se habla de los medios: mitos en la red,
un fenómeno que crece - "Las nuevas leyendas urbanas se multiplican
por internet".
Estas cadenas o relatos en su mayoría son falsos, pero resultan
creíbles, dice la articulista. Y sigue: algunos reciclan viejas
narraciones populares difundidas boca a boca. Y otros crean personajes
propios de la red. Fernanda Hongo, la periodista, cuenta como en una reunión
de amigos en un restaurante chino uno se ahogó con un hueso; lo
llevaron de urgencias y éste resultó ser de rata, no de pollo
como creían. Total, este cuento pasó de boca en boca hasta
que el mundo entero conoció el caso por la red mundial de internet.
¡Qué daño se hizo con ese chisme a los dueños
de los restaurantes chinos!
Esas "leyendas urbanas" que nos llegan siempre terminan en: "Por favor
haga llegar este mensaje a quienes más pueda, si usted corta la
cadena puede ocurrirle... lo que sea". He cortado varias, porque no creo
en ellas. Una u otra han sido positivas, pero como recogen tantos temas,
naturales y sobrenaturales (religión, comida, negocios, salud, hágase
rico fácilmente, etc) uno va volviéndose aprensivo. Ya lo
saben, mis lectores, no me introduzcan en esas "leyendas urbanas" porque
conmigo se cortan las cadenas.
¿Orgullo, egoísmo, incredulidad? Lo que sea. Le creo
más al bobo del pueblo cuando recibía comida abundante. Decía:
"De eso tan bueno no dan tanto".
Leonor Uribe de Villegas
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