3. Rasgos prosódicos y apreciaciones del habla propia

 

Es difícil definir aquello que caracteriza la melodía del dominicano dentro de las Antillas. Parece un rasgo común a las tres islas (Cuba, la Española,  Puerto Rico) un ritmo caracterizado por el alargamiento de las vocales tónicas, como ocurre también en el español meridional:

 

 ¡Muchaaacho! ¿Qué tu haaaase(s) comieeengdo a e(s)ta(s) hooora(s)?

 

 Este alargamiento vocálico contribuye a la impresión que el antillano habla "cansino".

 

 Otro rasgo fácilmente perceptible es cierta nasalización de las vocales, especialmente aquellas vecinas de las nasales /m/, /n/ y /N/.

 

 Con referencia a las diferencias entre las tres Antillas, los dominicanos distinguen rápidamente el habla cubana y la puertorriqueña (boricua). Con respecto al cubano, el dominicano encuentra una entonación mucho más "cantarina" que la normal dominicana, con muchos más altos y bajos. Por lo que se refiere al español boricua, el dominicano piensa que el puertorriqueño habla "cerrado" y caracterizado por el uso de la /r/ velar en rico o arroz que para un español suenan algo así como "jico" y "ajó".

 

El dominicano común suele tener  una opinión negativa del habla tradicional del país. Esta impresión negativa de su propio dialecto se basa en la caída de la -s implosiva y del trueque o neutralización de la -r y -l, fenómenos que el dominicano medio considera "poco finos". Aún más estigmatizada está la vocalización cibadeña (veydá, mujey), rasgo que el dominicano medio considera "chopo" y es motivo de burla en las regiones del sur de la isla. Generalmente el modelo de "buen español" se asocia al mejicano y al colombiano y especialmente al español de España.

 

 

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