Un Doloroso Pasado.
Por Kaoru Kamiya

 

Capítulo 5: Heridas de un pasado tormentoso.

"Qué diablos me sucede... yo soy Kamiya Kaoru... no esa patética niña que vi en el sueño, no tenemos nada que ver la una con la otra"

Kaoru cerró sus ojos, y caminando, vio como una mirada marrón se infiltraba por su mente y un pelirrojo cabello que caía lacio sobre los hombros de un gi azul, ella los abrió abruptamente y se detuvo frente al puente, en el arrollo.

Kaoru se quedó mirando en el reflejo que bajo las aguas se fijaban en ella.

"No quiero llorar..." susurraba la chica que se forzaba a ella misma a mantener los ojos cerrados

"Ya es suficiente!, eres una cobarde sin remedio!... debes enfrentar la situación!"

Levantó la cabeza decidida, y se volteó, miró hacia el cielo y vio a los pájaros revolotear por su cabeza.

Kaoru continuo caminando, sin pensar en nada, totalmente absorta en algo que era realmente la nada misma, sin darse cuenta llegó a un espeso bosque y sin darse cuenta, aún, llegó a las profundidades de éste. Salió de su trance y se dio cuenta de que no sabía dónde se encontraba.

Miró a su rededor, se encontraba sola, sola y los árboles de aquél espeso bosque, miraba tratando de encontrar una salida, se giró hacia atrás, mirando por dónde sin duda había llegado, pero no se veía nada, ninguna posible salida, pensó en caminar por sobre sus huellas, pero lo descartó, pensando en que sería una buena idea estar sola, y esta vez, pensar realmente en todo, sin que nadie este buscando respuestas de ella, pero... ¿y las respuestas que ella misma necesitaba saber?... La chica se dejó caer en el suelo y apoyó su espalda en el tronco de un gran árbol. Sin darse cuenta, presa del cansancio, tanto emocional como físico, se quedó profundamente dormida.

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Kenshin y Sanosuke caminaban por la calle, ambos en silencio, tratando de establecer una conversación, pero desde la última que tuvieron en aquel restaurante no habían hablado nada.

"Y con relación a... em... Jo-chan... ¿qué vas a hacer?" preguntó Sagara, tratando de entablar algo.

"Si no sé lo que le ocurre no puedo hacer nada, cuando lleguemos al Dojo voy a ver si puede hablar conmigo... pero así como la veo lo espero realmente difícil..."

Sano asintió, y siguieron caminando en silencio hasta llegar al Dojo.

Yahiko sentado en el porche, esperaba a los 2 que había salido hace ya mucho rato.

"Espero que Kaoru se mejore" siseó para sí mismo Yahiko y silenció al darse cuenta de que venían Kenshin y Sanosuke.

"Kenshin!" dijo Yahiko algo exasperado "viste a Kaoru por algún lado?"

Los ojos del Rurouni ya no podían irradiar más preocupación, estaba muy triste por como Kaoru se encontraba actuando, tratando de evitarlos a toda costa.

"No" negó el rurouni

"Ella salió... dijo que no la esperáramos a cenar" esta vez fue Genzai que hizo su aparición tras la muralla que separaba el porche del pasillo de las habitaciones.

"Le dije que se detuviera, pero de todos modos se fue" dijo el anciano que venía caminando notablemente cansado.

"Ella se veía rara" dijo Yahiko con voz suave, que denotaba preocupación.

"Y la mujer-zorro?" preguntó Sano.

"Fue en busca de más medicinas" respondió Genzai.

"Debemos buscarla..." murmuró Kenshin, mirando fijamente al suelo "no tengo un buen presentimiento de todo esto..."
"Sí" asintió Sanosuke.

"Pero Aoshi y Misao ya se marcharon, será más difícil ahora" dijo Yahiko con su acostumbrada voz.

"Lo sé" dijo Kenshin mirándolo.

Una vez que acordaron un plan: Kenshin, Sanosuke, Genzai y Yahiko, entraron a la casa.

Los nubarrones cubrían ya todo el cielo, anunciando una fuerte lluvia que no iba a tardar muchos minutos en presentarse. Los vientos comenzaron a soplar y relámpagos y truenos comenzaron a azotar.

Yahiko se fue a su habitación, Genzai se disculpó y partió hasta su consulta, debía ir a atender a un enfermo que había llegado y que lo había dejado solo, Kenshin y Sanosuke se quedaron sentados en el porche, contemplado los relámpagos que surcaban la oscuridad del cielo.

"Espero que Kaoru-dono regrese pronto" dijo Kenshin, un poco nervioso.

"Ya sabes como es Jo-chan, debe estar que regresa" sentenció esperanzado.

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Aquél extraño caminaba por el bosque, buscando lugar y refugió, para la lluvia que ya había comenzado a arreciar, pero no había encontrado nada. A lo lejos divisó una figura apoyada en un árbol, sentada en el suelo. Se acercó, silenciosamente, para no despertarla.

Se sorprendió al darse cuenta de que se trataba de una joven chica, empapada entera, con su negra cabellera sobre su rostro, y con su kimono pegado al cuerpo. Se encluquilló frente a ella, para mirarla más de cerca y le apartó la mojada cabellera de la cara, y sonrió al darse cuenta de que era una chica muy hermosa.

El extraño cerró sus marrones ojos, sentía que conocía a esa chica, pero no recordaba de dónde. Su pelirrojo cabello comenzó a deslizarse hacia delante, empapado, cubriéndola gran parte de la cara y los ojos, llevaba su gi azul.

Ella despertó abruptamente, asustada al darse cuenta de que había alguien más que ella en el lugar, trató de retroceder, pero no pudo, ya que se encontraba el árbol.

El extraño bajó su cabeza y miró al suelo, al darse cuenta de lo aterrorizada mirada que le regalaba la chica.

"Kenshi, qué haces aquí...?" preguntó ella, pálida, mientras que las gotas de lluvia mojaban su ahora despejado rostro.

"¿Kenshin?" preguntó el extraño con voz seca y de furia "¿tú conoces a Himura Kenshin?"

Al escuchar el tono de voz, totalmente diferente al usualmente cálido y suave del rurouni, se levantó lo más rápido que pudo, se apartó del árbol y dió 3 pasos hacia atrás

"De qué hablas Kenshin?... tú eres Kenshin Himura..."

Kaoru estaba realmente asustada, estaba aterrorizada, casi histérica al notar cómo conocía esa voz...

El extraño levantó la vista, dejando ver así, sus sangrientos y violentos ojos marrones y su cicatriz en forma de cruz en su mejilla izquierda.

Kaoru era presa del pánico, de la impotencia, conocía a ese hombre, y soltó una maldición al corroborar que se trataba del hombre de sus sueños, aquél asesino.

Su corazón tronaba en su pecho, acallando todo los otros sonidos de los truenos, y de la lluvia que caía sobre el bosque y el sonido del viento, ella sólo era capaz de escuchar a su corazón latiendo a una velocidad dolorosa y ahogadoramente rápida en su pecho. Llevó su mano hasta su corazón apretándolo, el dolor de su pecho era intenso, pero ni tanto comparado con el dolor de cabeza que la asaltó en el instante, dejándola indefensa ante ese hombre.

Aquel hombre se puso de pié, en el mismo lugar en el que se encontraba, mirándolo fijamente, penetrante y como cuchillazos. Él caminó dos pasos hacia ella, sin quitarle los ojos de encima.

"Tú........ eres tú..." murmuraba Kaoru, apenas podía respirar, y sus fuerzas comenzaban a mermar, lo miró por última vez y calló al suelo.

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Ya era muy de noche y Kaoru no regresaba al Dojo, Kenshin estaba muy inquieto y Sanosuke se mordía el labio inferior, sabía que Kaoru, en su estado sería capaz de hacer cualquier estupidez, y su preocupación llegó a momentos críticos cuando por la cabeza de los dos chicos paso la idea de que ella se pudiese haber podido suicidar o algo parecido.

"Debemos ir por ella!" gruñó Kenshin, dirigiéndose a Sagara, que asintió.

"Yahiko, quédate aquí" dijo Sano dirigiéndose al niño que asintió sin oposición a las ordenes de Sanosuke.

Pasó toda la noche, Sanosuke y Kenshin la buscaron por todos los lugares imaginables y nada, ningún rastro de ella, parecía como si se la hubiese tragado la tierra, y eso, no era en absoluto bueno.

Regresaron al dojo, con la esperanza de que Yahiko la tuviese en ese lugar, pero cuando llegaron se encontraron con un Yahiko medio sonámbulo deambulado como un zombi por el porche, visiblemente nervioso, con ojeras hasta el suelo, y el cabello mas alborotado de lo normal, los recién llegados comprendieron que estaba todo mal, y que ahí no había ocurrido nada, sin rastros de Kaoru por ningún lado.

El Rurouni mordía su labio inferior, y apretaba la empuñadura de la sakabattou, no podía imaginarse qué le había ocurrido a la chica. Sanosuke hacia crujir cada 5 segundos las collonturas de los huesos de sus manos, por los nervios y Yahiko había quedado rendido y dormido sobre la mesa del comedor.

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En otro lugar, el extraño terminaba de limpiar su katana mientras la envainaba.

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Después de 1 hora un ruido de pasos se dejó escuchar en las afueras del dojo, Kaoru entró, herguida, pero aún con el pelo empapado en su rostro cubriéndola entera, su kimono mojado, embarrada de pies a cabeza, caminaba cabizbaja hacia dentro.

Kenshin, fue el primero en darse cuenta de que Kaoru había llegado, así que se puso de pie y se dirigió hasta la chica. Ella ni se inmutó cuando él puso sus manos sobre sus hombros, ni siquiera levantó la vista, sino que dejó escapar un leve gemido, que sólo fue audible a los sensibles oídos de battousai, Kenshin retiró sus manos, lo más rápido que le fue posible.

Sanosuke preso de nerviosismo la agarró del brazo y la volteó bruscamente hacia él.

"Sabes lo preocupados que hemos estado por ti, niñita, acaso no te das cuenta que--" fue interrumpido por un rápido movimiento que lo dejó inmovilizado, Kaoru había agarrado su brazo, lo había retorcido, pasó su pierna por detrás de la de Sagara y lo botó al suelo, ella se posó sobre él, decidida a rematarlo, empuñó su mano, y la dirigía a su garganta. La mano de la chica fue interceptada por la de Kenshin, quien la detuvo de haberle provocado un gran dolor a Sagara.

Sanosuke que yacía en el piso, pasmado con la actitud de Kaoru, vio que los ojos de ella no tenían brillo, si no que eran como los ojos de un hipnotizado; Ella, que aún se encontraba sobre Sanosuke miró fúrica a quien le detenía la mano, a quien detenía su venganza, se levantó rápidamente, apartando su mano de la de su captor, Kenshin la miraba sorprendido, esos ojos no eran de los de la dulce chica que conoció una ves, sino que eran los ojos de alguien asesino, sangriento, lastimado.

La chica se desplomó al suelo, con sus manos en la cabeza, aquel maldito y persistente dolor permanecía en ella, permanecía haciéndola presa del dolor irrefutable.

"Kaoru dono.... por favor... despierte..." decía Kenshin mientras intentaba despertarla meciéndola suavemente por los hombros.

Cada toque del rurouni parecía una estocada para Kaoru, su cuerpo dolía, dolía de una manera terrible y Kenshin se percató de ello.

"¡RÁPIDO, YAHIKO, VE POR MEGUMI Y EL DOCTOR GENZAI!" gritó casi histérico el ronin.

Yahiko corrió lo más rápido que le daban sus pequeños pies a la salida del dojo.

"¡SANOSUKE, VE A PREPARAR LA HABITACIÓN DE KAORU!" y así Sano cumplió con la requerida por Kenshin.

Pasó una larga hora antes de la llegada de ambos doctores, Kenshin y Sano, en todo ese lapsus, no se separaron de Kaoru en ningún momento.

Kaoru gemía y lloraba tendida en su futón, empuñaba sus manos, tanto que las uñas de éstas se le enterraban en su palma maltrecha y las hacían sangrar aún más, de más está decir que el estado de Kaoru era deplorable, sangrando por todos lados, los moretones que tenía en su cuerpo eran y son incontables.

Próximamente más...

 

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