Un Doloroso Pasado.
Por Kaoru Kamiya

 

Capítulo 4: Sombras nocturnas.

La noche ya caía con un manto de singular morriña, el viento soplaba frío, pero aún algo reconfortante ante tal plática, que para el gusto de Kenshin, había sido particularmente desagradable, y es que todos sabemos que a nuestro protagonista no le agrada en lo más mínimo en tener que hurgar en sus recuerdos para tener que explicar algo en lo que, posiblemente, él no había tenido nada que ver.

Llegaron al Dojo, Yahiko, Genzai, Megumi, Misao y Aoshi se encontraban en el porche, sentados, tan preocupados como cansados al haber pasado todo un día cuidando de Kaoru, que había tratado , forzosamente, de escapar del Dojo.

"¿Y Kaoru?" preguntaron Sano y Kenshin al mismo tiempo.

"Está en su habitación" respondió Aoshi.

"Sip, el Doc y Megumi tuvieron que administrarle una fuerte dosis de somníferos para que se dejara de chillar como puerco antes de matarlo" trató de bromear Misao, aunque su broma no fue del agrado de los presentes que la recibían con miradas de disgusto.

"Oii... si sólo fue para alivianar el ambientes" se disculpó Misao algo avergonzada.

"Kaoru está pasando por una especie de Shock, pareciera como si recordara algo de su pasado... o por lo menos... si no es eso, debe estar teniendo pesadillas abominables... no me gustaría ser ella" dijo Megumi apesadumbrada.

Yahiko miraba detenidamente el suelo, no levantaba la mirada, parecía como si tratase de traspasar el suelo con su mirada de inocencia.

"¿Qué pasa, Yahiko?" preguntó gentilmente Kenshin.

"La bruja me preocupa... la odio y todo... pero no me agrada ver a mi maestra con tan poca fuerza... es... avergonzante..." murmuraba Yahiko, con la voz quebrada por la preocupación y las lágrimas.

Todos, sin excepción de ninguno, sonrieron tiernamente, sabían a la perfección que el pequeño Samurai de Japón no estaba enfadado con Kaoru, sino que extremadamente preocupado, pero sabían que por su orgullo no lo iba a admitir jamás, ésta era la forma más cariñosa que tenía en pobre niño de demostrar lo que sentía en estos momentos, preocupación absoluta por su querida maestra.

"Yahiko, ya es tarde ¿por qué no vas a descansar, nosotros cuidaremos de Kaoru esta noche, no te preocupes más" dijo Megumi tiernamente, acariciando la cabellera marrón rebelde del pequeño, en una faceta desconocida por todos.

"OIII... ¿la zorra es cariñosa y todo?" ésta vez fue Sano.

Megumi dejó caer ‘sutilmente’ su mano en la mejilla izquierda de Sano, dejándole su mano, deliberadamente, estampada en su rostro.

"Oye bruja... ¡no quiero que se me conozca en Japón como el ‘Guerrero-con-la-mano-de-Bruja-estampada en la cara’!" gruñó Sanosuke comenzando una de sus innumerables peleas con la doctora.

Dejándolos a todos peleando, Kenshin acompañó a Yahiko hasta su habitación, dejándolo en la entrada de ésta. Cuando ya se aprestaba a dejar al pequeño solo, una voz lo hizo voltear en su dirección.

"Ella... ella estará bién... ¿verdad, Kenshin?" preguntó tristemente el crío.

"Eso espero, Yahiko... eso espero..." lo miró tiernamente "ahora ve a dormir, mañana será un día bastante pesado" sentenció Kenshin, cerrando la puerta de Yahiko, dejándolo solo.

Kenshin pudo sentir desde las afueras de la habitación del pequeño un fuerte puñetazo en la muralla y tristes sollozos acompañado de maldiciones que salían de la habitación del ya nombrado muchacho.

La faz de Kenshin se entristeció, y comenzó a caminar en dirección al porche, dónde todos lo esperaban, para sin duda, someterlo a un largo y tedioso interrogatorio.

El Samurai se detuvo, miró en dirección a la habitación de Kaoru y comenzó a caminar en dirección a ésta. Se detuvo nuevamente cuando ya se encontraba al frente de la puerta, cuestionándose si sería prudente entrar en ella o no, después de todo, Kaoru necesitaba descansar, y no ser interrumpida en su sueño forzado por nadie, sin embargo, la preocupación de Kenshin pudo más que sus pensamientos lógicos, y así se adentró lenta y sigilosamente a la habitación en penumbras de Kaoru.

Una vez dentro, cerró cuidadosamente la puerta corrediza, se acercó hasta dónde presentía que Kaoru yacía, se sentó sobre sus talones, por instinto, y sabiendo dónde se encontraba la vela, se acercó hasta ésta, y la encendió, observó aquella llama que titilaba y daba luz y sombras escalofriantes a la habitación, giró su cabeza y pudo contemplar a Kaoru, tendida sobre su futón, moviendo rápidamente sus ojos bajo los párpados.

"Kaoru..." susurró Kenshin, preocupado.

Sólo Kaoru la había llamado, en otra ocasión, la chica hubiese muerto por escuchar ese ‘Kaoru’ solo, sin el acompañamiento de esos repugnantes calificativos honoríficos que Kenshin siempre ponía al final de su nombre, pero ahora, Kaoru ya no quería saber nada del chico que ahora la acompañaba. Sin duda, si Kaoru estuviese despierta y en sus 5 sentidos, hubiese saltado sobre Kenshin a brindarle una brutal paliza, llena de odio, resentimiento y asco, Kenshin lo sabía, sabía lo que le esperaba, aunque no hubiese sido su culpa nada de lo que a Kaoru le hubiese pasado, pero ¿cómo él se lo podía demostrar?... se supone que ella sabe muy bien que él no ha matado en 10 años, que jamás él rompería su voto, por nada ni nadie, ella sabía muy bien que bajo su apariencia de vagabundo-bueno-para-nada se escondía una persona tan gentil como el más, pero que cuando algo amenazaba la tranquilidad de la ciudad emergía el battosai conocido y temido por todos, ella lo sabía bien, aún cuando sus recuerdos la atormentaban, pero ¿cómo luchar contra el recuerdo de alguien que le arrebataba al ser más amado y preciado en su vida?, ¿cómo luchar con ese sentimiento de ira e impotencia que le recorría por completo?

Kaoru se movió en su futón, Kenshin salió de sus pensamientos, se encontraba absorto y hasta embelesado mirando a la chica dormir, no muy tranquilamente, pero estaba de acuerdo en pensar que aún en ese estado la belleza que emanaba su cuerpo era inconmensurable.

Kenshin paso su mano derecha sobre la frente de la chica, limpiando y secando las gotas de sudor que emanaban de ella cual cascada en pleno verano, al ponerle la mano en la frente, pudo percatarse que la fiebre, nuevamente, le había comenzado a subir y así, rápidamente, salió de su habitación, llegando al porche a alertar a Genzai y Megumi, que rápidamente acudieron a la habitación de la chica, seguidos de Sanosuke y Misao, muy preocupados todos, dejando a Kenshin y Aoshi, solos, en el porche que ahora lucía tan solo y triste como nunca.

"Esto no va nada bien..." sentenció Aoshi que miraba fijamente los ojos de Kenshin "¿qué piensas hacer ahora?" dijo enfadado.

"¿Qué se supone que debo hacer?" inquirió Kenshin mirando a Aoshi con cierto tono desafiánte, respondiendo al tono usado por Aoshi.

"Cálmate, sólo era una pregunta" se disculpó el chico, que ahora lucía algo más relajado, dentro de lo que lo permitía la incómoda situación del momento.

 

**En la habitación de Kaoru**

Genzai y Megumi, cambiaban sin cesar los paños que le ponían en todo el cuerpo a la chica que yacía desnuda sobre su futón, sin duda la temperatura le había subido demasiado esta vez, tanto que Genzai y Megumi esperaban lo peor.

Misao y Sano, se encontraban en un rincón de la habitación, que a petición de Genzai los había puesto en ese lugar, para no entorpecer su labor.

Misao miraba cada 5 segundos la cara de Sanosuke, que se encontraba algo sonrojado al ver a Kaoru en sus ‘vestimentas de recién nacida’, pero no por eso menos preocupado por su amiga. Misao hacía esfuerzos nulos para taparle la visión, pero ante una llave aplicada por el luchador y ante las gentiles palabras "deja de joder, pendeja de mierda" de Sano para con Misao a la pobre chica no le quedó más que quedarse quieta ante la mirada de ‘lobo feroz’ que le tenía puesta Sano a Kaoru.

Una gran gota corrió por la frente de Misao y un suspiro de resignación salió de su alma al ver a la pobre chica, querida amiga, tan maltrecha.

Cuando ya la fiebre mermó, Megumi y Genzai soltaron un gran suspiro de alivio, como ya lo había mencionado antes, ambos se preparaban para lo peor, ambos sabían que esta vez, la fiebre de Kaoru había sido demasiado alta, y de continuar así, no sería extraño que terminara colapsando muy prontamente.

Así pasaron varios días, Kaoru sufriendo de ataques que podrían ser llamados de histeria por el día, manteniéndola encerrada en su habitación bajo los continuos asedios de todos, para que la chica no se escapara de su especie de ‘jaula’. Por las noches le regresaba la fiebre que tan mal la tenía, cambiándole de paños húmedos, que entibiaban con el solo contacto en su frente o cuerpo.

Pero fueron desapareciendo de a poco, para dejar lugar a la Kaoru ‘normal’, pero siempre mucho más callada que de costumbre. Kaoru a Kenshin no le hablaba, y bastaba con que le mencionaran su nombre en su presencia para que ella comenzara a lanzar maldiciones por todos lados, el ambiente en el dojo era, prácticamente, irrespirable.

Ya todo era demasiado confuso para todos, especialmente para Kaoru, se notaba a leguas que ella evitaba todo contacto con Kenshin, pasaba casi todo su día encerrada en su cuarto, sin hacer nada, sólo se ponía a pensar, bueno, al menos eso era lo que todos creían, ya que no dejaba entrar a nadie, ni siquiera a las nietas del doctor, que clamaban, las pobrecitas, por un minuto de juegos con su Kaoru. Genzai era al único que le permitía pasar a su cuarto, y hablaban por largas horas, sobre cosas, tal vez de su pasado, tal vez de su salud, lo cierto era que nadie lo sabía.

Al cabo de unas cuantas semanas, Aoshi y Misao tuvieron que marcharse, el clan Oniwabanshu los necesitaba para una misión que se les había encomendado en unas partes demasiado lejanas del lugar. Misao, claramente, no quería abandonar el lugar, ella quería quedarse con Kaoru, para ayudar a cuidarla, pero no le fue permitido, ciertamente era una misión primordial y no podían darse el lujo de dejarla pasar, después de todo, el grupo Oniwabanshu tenía que recuperar y cuidar una reputación, que ya se encontraba lo suficientemente manchada como para dejar que empeorara.

Ante reclamos de Misao abandonaron el lugar, por tiempo indefinido.

La salud de Kaoru ya era, según todos, bastante buena, así que ya se le permitía salir a dónde ella quisiera, siempre y cuando dijera a dónde y con quién y no se le permitía llegar demasiado tarde (*vaya... actúan como si fuesen sus padres... o_O*).

Un día de primavera...

"Voy a salir! No me esperen a cenar!..." gritó la chica desde la entrada del dojo.

"Kaoru!, espera aún no te encue-" finalizó la frase Genzai, al ver como se cerraba la puerta de manera brusca "Espero que te encuentres bien Kaoru..." susurró el anciano mirando las flores de Sakura caer del árbol y los obscuros nubarrones que se veían por el horizonte.

 

 

 

Notas de la autora:

ESCRIBANME QUE ME TIENEN ABANDONADA!!! ¡_¡

[email protected]

 

Hosted by www.Geocities.ws

1