Un Doloroso Pasado.
Por Kaoru Kamiya

 

Cuando un sueño clama, las oscuridades de la mente se revuelcan en un charco de odio, miedo y desesperanza...

Cuando un sueño huye... un suspiro ahogado emerge de tu alma para traerte un alivio casi infernal... un alivio de terror.

Capítulo 2: La llamada del asesino.

Nuevamente Kaoru entró al extraño mundo al que sus recuerdos la transportaban.

Una habitación muy grande, un hombre de no más de 38 años y una muy bella mujer que rondaba los 35 años. Rodeaban a Kaoru, la abrazaban y le dedicaban dulces sonrisas, la mujer se acercó a Kaoru mientras la besaba en la mejilla.

"Mi pequeña señorita" le dijo tiernamente la mujer mientras acariciaba el pelo de la niña.

"Estoy orgullosa de tener una hija como tú, Kaoru-chan" le dijo el hombre mientras se adelantaba y se sentaba en su escritorio "tú serás la heredera de toda nuestra fortuna"

"Has sido nuestra felicidad Kaoru, y más ahora que tu boda con Eichi Gouka está muy cerca, por fin las dos familias más prestigiosas de Japón se unirán, los Gouka y los Kurayami" dijo la mujer que caminaba orgullosamente junto a su hija.

La mujer dejó a su hija frente a un inmenso espejo y se dirigió hacia su esposo, que aguardaba en el escritorio con una pequeña cajita entre sus manos.

"Kaoru-chan" la llamaron ambos.

"¿Hai?" dijo la chica volteando hacia sus padres.

"Como heredera del Kurayami-Gumi, y ya pronto a consolidar tu unión con los Gouka...Meian-Gumi" dijo el hombre al ser interrumpido por su mujer.

"Tú, mi pequeña y querida hija" dijo arrebatándole la caja de las manos del hombre acercando hacia la niña

"Esto" dijo abriendo la caja ante los ojos de Kaoru "esto es el símbolo de la Familia Kurayami, te corresponde por ser nuestra heredera"

"Nuestro negocio desde ahora te pertenece, al recibir este medallón se te capacita para que dirijas nuestra empresa, eres muy inteligente mi pequeña niña, te será muy fácil dirigirlo"
Kaoru asintió con felicidad, mientras se abalanzaba hacia sus padres de los cuales recibía un fuerte y caluroso abraso.

Su mente la transportó hacia otro y crudo recuerdo.

La chica lloraba muda tras los espesos cortinajes de esa gran habitación, lloraba desconsolada, y sin embargo sin emitir ningún ruido. Salió de su escondite y comenzó a caminar lentamente hasta dónde yacía el cuerpo de Eichi, al lado del chico, dos argollas de oro brillaban, cómo único consuelo a la obscuridad del momento en el que estaba sumida la chica, aquella cruda y fría obscuridad que le provocaba ver el cuerpo desangrado del chico a quién amaba. Con torpes manos se inclinó, entre sollozos tomó las argollas, luego, camino hasta la puerta de la alcoba, la abrió , cientos de escalofríos recorrieron el cuerpo de Kaoru, tantos cuerpos sin vida, tanta sangre derramada en esa habitación, era un verdadero mar de terror.

La mente de Kaoru trataba de asimilar aquellas horribles imágenes que se sucedían sin compasión. Seguía caminando, hasta llegar a la habitación de sus padres, la chica tenía guardada la secreta esperanza de que al abrir la puerta sus padres salieran a abrazarla, tal y como lo hacían cada día, sin descanso.

Cuando llegó al lugar, empujó aquella pesada puerta, toda tallada en madera de roble, hermosa madera con hermosas figuras que sobresalían.

Al abrir tan pesada puerta la chica resbalo.

Trató de incorporarse sin abrir los ojos, pues al caer sintió que algo mojado y aun tibio que corría por entre sus manos, no quería abrir los ojos, pues temía encontrarse con la peor pesadilla que la podía asaltar en su corta vida, no quería ser presa de aquella inmensa tristeza que significaría ver lo que presentía.

Se armo de valor para abrir los ojos. El cuerpo de ambos padres tendido en la alfombra del piso, cercenados y mutilados sin compasión, su sangre derramándose por cada una de las horribles heridas que tenían por todo el cuerpo.

La chica cayó de rodillas, sus ojos estallaban en llanto, no podía contenerlo, ya no era un llanto callado, sino que un llanto con dolor, con ira, con todas las emociones que podía ser capaz de contener alguien de tan pequeña edad.

Se paró y corrió hasta ambos cuerpos, los abrazó a ambos, quedando la chica llena de sangre, su blanco vestido ya teñía de rojo, la chica en el suelo, abrazada a ambos cuerpos, se negaba rotundamente a aquellas muertes, no podía soportar haber perdido a Eichi, aún menos, perder a sus adorados padres.

Kaoru escuchó unos ruidos tras ella, pesados pasos que se acercaban hasta el lugar, el que emitía esos pasos también emitía gemidos de dolor, la chica aterrorizada se escondió tras el inmenso escritorio de su padre, recordando aquellos pasados juegos en aquella habitación, tomo la pesada katana de su padre y se metió tras aquel escritorio.

Al sentir que los pasos se detenían el corazón de Kaoru pareció estallar.

"¡¡Ahora!!" gritó mientras salía del escritorio con sus ojos cerrados y desenvainaba la katana abalanzándose hacia la persona que se adentró al cuarto.

Kaoru arremetió contra él, enterrando la Katana en la garganta de aquella persona.

Sin abrir los ojos aún, Kaoru se volteó mientras sintió el pesado cuerpo caer, una vez que pasaron unos segundos de que la otra persona no respondía abrió nuevamente los ojos y se volteó para contemplar su horrorosa victoria.

"Ka.... oru.... chan..." gimió mientras la chica caía incrédula sobre sus rodillas, aún con la Katana en sus manos.

"¿¡Eichi!?........." gritó histéricamente mientras se tiraba encima del cuerpo del chico.

"Ai... ai... shitte… ru" susurró el chico mientras era abrazado efusivamente por el cuerpo de la chica.

Kaoru soltó el cuerpo de Eichi y sacó las argollas y se las entregó, el chico las tomó y luego tomó la mano izquierda de la chica.

Kaoru miraba sin poder creer la inmensa fuerza del que habría sido su esposo, luego sin poder creerlo el chico le había puesto la argolla, mientras le pasaba la otra a la chica, que a su vez la tomaba y se la ponía a él. Kaoru se acercó al chico lo besó en los labios, mientras sentía como algo tibio le llenaba la boca, Eichi había muerto mientras ella lo besaba, y su sangre había comenzado a salir por la boca, Kaoru se apartó rápidamente y se paró, miró por última vez los cuerpos de las personas que más había amado en su vida, luego retomó marcha hacia la salida de la habitación, miró hacia el frente y una silueta la observaba desde el otro lado de la habitación, con ojos fijos, pero no fríos, eran cálidos, pero tristes, y su pelo, de un hermoso color rojizo, había tal compasión en los ojos de aquel desconocido que se sintió a salvo.

Kaoru cayó desmayada... .

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--Kaoru a comenzado a recordar, pobre niña – pensaba el Dr. Genzai lamentándose por Kaoru, él conocía la historia por la cuál la chica había pasado, y nunca fue capaz de decirle su onerosa procedencia.

Los padres de Kaoru eran una de las 3 familias más ricas de todo Japón, siendo éstas los Gouka, los Kurayami y los Hitogoroshi.

Los Hitogoroshi eran grandes comerciantes de Opio, su fortuna se había ido acumulando durante muchos años, ya que vendían la ya dicha droga en un precio abusivamente alto y mezclado con otros productos que hacían a éste mucho más potente.

Los Gouka, al igual que los Hitogoroshi, eran comerciantes de Opio, pero ellos estaban claramente opacados frente al ‘Éxito de ventas’ de los Hitogoroshi.

El Clan Gouka quería apoderarse de absolutamente todo el ‘Éxito comercial’ del clan Hitogoroshi, por lo que contrataron a un experto asesino que se encargara del plan, para que no dejase ningún indicio en el lugar, y así contrataron al mejor asesino a sueldo de todo el Japón, el temido Hitokiri Battousai.

 

Un hombre extraño caminaba por la calle, su largo pelo que llevaba suelto sobre sus hombros brillaba en tonos rojizos frente a la luz del sol, por algún extraño motivo caminaba con un mechón de su cabello cubriendo sus ojos y la parte izquierda de su rostro, llevaba un Gi ya muy raído, por lo que se detuvo frente a una tienda de ropa.

"Desea comprar algo?" le pregunto gentilmente el vendedor al extraño sujeto que miraba por debajo de los mostradores.

"Dame el mejor Gi que tengas" dijo mientras lo miraba fríamente.

"Claro señor, enseguida" le dijo mirándolo de reojo, de arriba hacia abajo, el vendedor pensaba claramente que semejante esperpento de hombre no podría pagar, pero igualmente se lo trajo. Al regresar el vendedor venía con un Gi azul en sus manos.

"Aquí tiene señor" y se lo entregó.

El extraño lo tomó y se le quedo viendo fijamente, levantó las manos bruscamente llevándoselas hacia el pelo, tomo sus pelirrojos mechones entre sus manos y se hizo una cola de caballo.

Ya habiéndose acomodado el pelo, tomó nuevamente el Gi que el vendedor le ofrecía y se lo puso, él ya se disponía a salir cuando...

"Hey!, no a pagado por el Gi, señor!"

El hombre no se giró, siguió caminando hacia la salida

"Oye!" dijo el vendedor que se acercaba furioso hacia el hombre y lo tomaba del hombre bruscamente para voltearlo, y fue así como cometió el error más grande de su vida...

El comerciante se quedó sin habla mientras veía claramente la cicatriz en forma de ‘x’ en la mejilla del hombre extraño, sus ojos marrones comenzaron a brillar ferozmente ante el contacto del vendedor.

"Nadie toca a Hitokiri Battousai!"

 

 

Notas de la Autora:

Jjajajajajajajajajja ¿Qué les pareció?... weno... disculpen si no les agradó... pero mi período de inspiración está un poco... weno... digamos que... ¿malo? ;_; sniiiiif...

Sean comprensibles.... ^_^

Ya sabes: comentarios, tomatazos, insultas... propuestas indecentes a

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