CAPÍTULO 6: Templario. Agosto de 1991. Falta menos de un año para que se cumpla la profecía, pero por lo mientras en elSantuario de Athena reina por ahora la tranquilidad. Y no es para menos. Al cabo de poco más deun año, el Santuario cuenta con una nueva Orden, dispuesta a defender y proteger a su Diosa. OchoCaballeros Dorados, ocho de plata, once de bronce y tres de acero son una fuerza digna de tomarseen cuenta. Y lo mejor es que todos, a excepción de Adon, que tuvo que ausentarse un tiempo yregresar a su natal México, y Shun, que se encontraba en París, se encontraban ahora en elSantuario. - Media noche, amigo Cibel... ¿No tienes miedo? - ¿Por qué he de tener miedo, Jamal? Siendo yo el Caballero de Bronce protegido de Apus, el Avedel Paraíso, no debo temer nada... -Bueno, supongo que tienes razón. ¿sabes que estas rondas de guardia son tan aburridas? Nunca hapasado nada, y... uh, espera un momento... Ambos amigos se quedaron clavados en sus lugares, sintiendo un cosmo apenas perceptible, que,sin embargo, tenía un ligero matiz de poder, pero también de justicia. No parecía un cosmoespecialmente maligno. Pero era poderoso. Terriblemente poderoso. Jamal y Cibel se quedaron parados sin saber qué hacer. - ¿Qué hacemos? ¿Enfrentarnos al intruso, o dar la alarma? - Sólo los más sensibles al cosmo habrán sentido ya la presencia de este extranjero en elSantuario. Debemos interceptarlo. Vamos, creo que viene de esta dirección. Ambos caballeros empezaron a correr en la dirección de la que sentían que provenía el cosmo.Al parecer, el intruso había escogido infiltrarse al Santuario por el lado de más difícil acceso,desde los acantilados de la parte oeste. Ambos sentían una emoción extraña. Era esta la ocasiónpara la que habían estado entrenando durante más de un año, y no pensaron que el combate sepresentaría tan pronto, pero, pasara lo que pasara, darían lo mejor de ellos. Al llegar a la cima de un pequeño risco se detuvieron y asomaron cuidadosamente sus cabezas porencima de la orilla. - ¿Quién demonios es ese, Cibel? - No lo sé... Pero no parece estar aquí por casualidad. Ambos contemplaban una figura que, caminando rápidamente, se dirigía al parecer hacia el propioTemplo de Athena. Iba envuelto en lo que parecía un pesado hábito de monje con capucha, y nodejaba adivinar si portaba armadura o algo. Ni siquiera dejaba ver su rostro o su cabello. - Bueno, creo que es hora de abordar a este individuo -dijo Cibel. Los dos Caballeros brincaron desde su posición y cayeron justo enfrente del intruso que sedetuvo en seco ante tan formidable entrada. - En nombre de la Diosa Athena y de sus Caballeros, ¿Quién eres y qué buscas aquí? - Mi nombre no importa -contestó la figura-. Sólo les suplico que me dejen pasar, pues llevo unmensaje muy importante para la Diosa Athena. - Si es que llevabas tanta prisa, ¿Por qué no corrías en vez de caminar como si trataras deocultarte? - Me venían siguiendo e intentaba despistarlos. ¿En serio estoy ya dentro del Santuario DeAthena? ¿Son ustedes dos de sus Caballeros? A Cibel y Jamal todo aquello les parecía una charada. - Si, bueno... somos Caballeros de Bronce, él es Jamal de Serpens, la Serpiente, y yo soy Cibelde Apus, el Ave del Paraíso. - Bien, entonces, ¿serían tan amables de conducirme con Athena? - ¿Qué? ¡Ni siquiera nos ha dicho su nombre! ¿Quién es y qué busca? El extraño pareció dudar. - Entonces tendré que pasar por encima de ustedes -dijo al fin. Todos tomaron guardia y comenzaron a elevar sus cosmos. Pero, aunque ellos elevaban sus cosmosal máximo con mucho esfuerzo, el extraño parecía elevarlo fácilmente. Y parecía que no era sumáximo poder. - Muy bien, Cibel, ¿Listo? - No deberíamos lanzar nuestros ataques... - ¡Bah! Este tipo no nos ganará... - Muy bien... ¡Ahora! ¡Alas del Sol! - ¡Ola de Serpiente! Aunque el poder combinado de dos ataques de Caballeros de Bronce(Y éstos en especial, con losmaestros que habían tenido, nadamás y nada menos que Ankiseth de Escorpión e Ikki de Leo) esterrible, el extraño no hizo más que extender su palma y soltar un ataque ligero para repeler asus contrincantes. Cibel y Jamal salieron volando. - ¡Maldición! ¿Quién demonios es éste tipo? - Ya les dije que me conduzcan con Athena, ¡Es importantísimo! - ¿Y qué puede ser tan importante que sus defensores no pueden enterarse? -preguntó una vozdesde lo alto de un acantilado. - ¡Erín de Géminis! -exclamó Jamal. Erin pegó un brinco hasta situarse frente al extraño. - Mi nombre es Erin, Caballero Dorado de la Tercera Casa de Géminis. ¿Quién eres tú? El extraño se arrodilló, mostrando un profundo respeto: - Lo siento, Caballero Dorado de la Tercera Casa de Géminis, pero sólo debo decir mi nombre ydescubrirme ante Athena. Pero no combatiré contra ustedes. Ya no más. Tres contra uno esdemasiado. - Eres sabio, hombre. Pero no fue muy inteligente encender tu cosmo para combatir a estos dos.Despertaste a todo el Santuario. Oye, ¿qué es lo que tienes en el costado? Ninguno de los presentes había advertido una herida en el costado derecho del intruso, quegoteaba sangre y había ido dejando un pequeño rastro. El extraño se desmayó. Tres horas después, despertó en una habitación extraña, de altos muros y sostenida por columnasgriegas. Descubrió que ya no llevaba puesto su hábito, y se alegró de haber dejado escondida suarmadura en los suburbios de Atenas. Llevaba ahora en cambio un vendaje alrededor de su torso,que le habían puesto sin duda alguna para detener la herida de su costado. Se levantó con ligeradificultad de la cama, todavía adolorido por la larga caminata desde los Montes Pirineos en lafrontera francoespañola. Encontró en una silla una túnica blanca, y usando un cordón verde queataba las cortinas a manera de cinturón, quedó vestido más o menos como un monje. Salió de lahabitación en la que se encontraba y afuera le aguardaban dos Caballeros Dorados y una joven que,por su porte y el cosmo que emanaba de ella, era sin asomo de duda la Diosa Athena, guardiana queDios Padre pone en la tierra cada 200 años. El extraño se inclinó ante ella. - ¿Quién eres? -preguntó Athena- ¿Vienes en son de Paz, no es así? Si vinieras en son de Guerra,ya me hubieras atacado. - Mi nombre es Charles de Sheringham, pertenezco a la Orden de los Caballeros Templarios, y soyel Protegido de San Jorge. Vengo a implorar su ayuda... Un tenso silencio llenó de pronto la habitación. Esto no se oía nada bien. La primera notadiscordante en mucho tiempo. - ¿En qué podemos ayudarte, Caballero Templario? -habló al fin Athena. - Mi orden se encuentra en un grave peligro... Y por ende, el balance de poder entre todas lasÓrdenes. - ¿Cómo es eso? -preguntó Ikki de Leo, pues él y Hyoga eran los dos que acompañaban a Athena-.Nosotros no sabíamos acerca de las otras Órdenes, además de la de Asgard... - Eso es cierto -terció Hyoga-. ¿Tendrías la bondad de explicarlo? - En la era del mito, Dios Padre separó a todos sus principales jefes, y a cada uno le dió unlugar correspondiente del mundo para ser gobernado. De este modo nacieron las primeras Órdenes.Los Dioses Guerreros, protectores de la Estrella del Norte, Los Dioses Dragones, guardianes delOriente, Los Guerreros de Aztlán, sentinelas de la mística tierra del Águila y la Serpiente...Pero a la vez, Dioses malignos, Ángeles caídos, seres de grandes poderes y ambición aún másgrande, formaban sus propias órdenes, incluso Dioses que servían incondicionalmente a Dios Padrefueron cegados por la ambición, y formaron órdenes encaminadas a su protección y a la de susdominios. Pronto se hizo evidente que las Órdenes que servían a Dios Padre no eran del todosuficientes, y se crearon nuevas órdenes que sirvieran incondicionalmente al bien. "A principios de nuestra era, surgió la Orden de Los Caballeros Templarios. Nuestra Orden debíaser absolutamente secreta, pero como esto era punto menos que imposible, optamos por parecer unaorden de Caballeros medievales encaminados a luchar en las Cruzadas. Pero esto resultó ser másque una simple fachada, y pronto la orden se encontró totalmente comprometida con su lucha en elMedio Oriente. Esto servía para entrenar a los aspirantes a entrar a los grados más altos de laOrden... Los Excelentes Caballeros de la Alta Cámara del Templo." "Éstos eran los que desarrollaban un cosmo ardiente, protegidos cada uno por un Santo del Paísdel que provinieran, y cuya armadura representaba algo importante de su lugar de origen... ElDragón de San Jorge de Inglaterra, el águila bicéfala de Alemania, el Gallo Francés... Por estarazón nuestras armaduras fueron llamadas Escudos Sagrados. Servimos bien, combatiendo en nuestraspropias Guerras, mientras las demás Órdenes no se enteraban todavía de nuestra existencia. Peroentonces, algunos de los Grandes Maestres de la Orden traicionaron los principios sagrados de laOrden, y vino un periodo oscuro que casi ocasiona la extinción de la Orden... Hasta que a finalesdel 1200 Jacques de Molay fue nombrado Grand Maestre de la Orden." - ¿Jacques De Molay? Creo que recuerdo eso de mis clases acerca de la historia de Europa. Fueel último Grand Maestre de la Orden, ¿no es así? -dijo Athena. - Así es señora. El poder político y económico de la Orden creció desmesuradamente, a pesar delos deseos del Maestre Molay. Entonces el rey de Francia nos acusó de varios crímenes de los quepotestaron su absoluta inocencia nuestros hermanos. nada de esto sirvió y todos los Caballerosfueron Juzgados y Ejecutados... Excepto dos que pertenecían a la Alta Cámara. El Maestre Johannesde Lübeck, de Austria, y el Gran Comendador Tino Braña, de España. Gracias a ellos, la llama dela orden jamás se extinguió. Se ocultaron en un monasterio abandonado en los PirineosFrancoespañoles, y ése ha sido el cuartel general de la Orden desde entonces. - ¿Cómo es que simples soldados a las órdenes del Rey de Francia pudieron aprehender y derrotara Caballeros entrenados en la elevación del cosmo? -preguntó Hyoga con suspicacia. - Los cargos bajo los que se nos acusaba eran acerca de adoración del demonio, pero el demoniomismo fue el que nos tendió la trampa, estrechando las mentes y corazones de aquellos que nosaprehendieron. Fueron ayudados por un poderoso hechicero, conocedor de el arte de disminuir elcosmo y la voluntad de los hombres. Muchos murieron antes del juicio combatiendo a este hombre. - ¿Y qué peligro acecha ahora a tu Orden, Charles de Sheringham? - El mismo demonio que nos derrotó en aquella ocasión, Baphomet, ha regresado por nosotros...pero no viene solo. Once demonios lo acompañan: Uzza, Bael, Frimost, Surgat, Exael, Moa, Eligor,Belial, Sabnac, Robin y Judas. Los responsables de que mi orden haya sido casi exterminada.Ahora somos casi diez Caballeros Templarios. Pero un ataque sorpresa de nuestros enemigos casinos mata a todos. Es por eso que imploro vuestra ayuda, Athena, Diosa de la Guerra y laSabiduria. Por el futuro de las Órdenes. - Claro que contarás con nuestra ayuda, Caballero. pero ahora descansa, debes reponerte de tusheridas. Nosotros deliberaremos ahora cuál será la mejor forma de ayudar a tu orden. - Gracias, señora. Ikki condujo al Templario de vuelta a su habitación. Una vez que lo depositó en su cama, sedisponía a marcharse cuando el Caballero le hablo. - Espera un momento, por favor. ¿No eres tú el Caballero de la Quinta Casa, Leo? - Así es. Mi nombre es Ikki. - Tú serás de gran ayuda contra aquellos diablos. Puedo apostarlo. El Caballero Templario pareció dormirse inmediatamente después de haber dicho esto, así queIkki, con una enorme cara de interrogación, salió de la habitación. En unos diez minutos sereunirían él, Athena, Erin, Hyoga y Kiki y decidirían la forma de ayudar a los CaballerosTemplarios. Lo que no sabía ninguno de ellos es que uno de sus enemigos había logrado seguir a Charles, apesar de lo accidentado del terreno alrededor del Santuario, y ahora mismo se preparaba a atacar. Una nueva e inesperada Guerra Santa estaba a punto de empezar. FIN DEL CAPÍTULO SEIS.