CAPÍTULO 4: 8 Caballeros Dorados. - Esos tunantes nunca tienen nada bueno qué hacer más que estar sentados ahí descansando sobresu trasero -dijo en tono de queja el anciano dueño del Bote a Shun, mientras desamarraba su botedel muelle. - ¿Los conoce usted entonces? - ¡Que si los conozco! Son unos auténticos pillos, ladrones y haraganes. Puro veneno. - ¿Y sus padres? - No tienen. Uno de ellos llegó caminando desde España hasta acá. Es un chiquillo con laconstitución de un toro. El otro nació en los arrabales de La Chapelle. Ambos aprendieron a viviren los muelles a orillas del Sena, robando un mucho y trabajando un poco. Pero no son malos pornaturaleza, sino por necesidad. - Hum... Ya veo. ¿Y cree usted que se molesten si voy y les ofrezco trabajo? - No. Pero si ellos aceptan, mi consejo es: ándese con cuidado. Son muchachos muy traicioneros yfácilmente pueden robarle sin que usted se dé cuenta. Son especialistas en el arte de labellaquería. - Muy bien, tomaré en cuenta su consejo. "Esto no será fácil", pensó Shun mientras se acercaba a los dos muchachos que estabanharaganeando a orillas del rio. Apenas el día anterior había llegado de Atenas, y ya habíaempezado a buscar a sus futuros alumnos. Por alguna extraña razón, había algo en esos dos que lesdaba aire de miembros de la caballería. Los examinó a conciencia mientras se les acercaba. Uno tenía el pelo largo, lacio y del mismo tono de negro que el de los cuervos, ojos azules quecontrastaban fuertemente con el color de su pelo y piel blanca ligeramente bronceada, con el tonode los marineros. Era un ser humano digno de admirarse. El otro era muy alto, con un hercúleo pecho que asomaba a través de su camisa desabotonada. Encierto modo, a Shun le pareció muy semejante a Aioria de Leo en su cara, con la diferencia de suexpresión, que denotaba un aperreo de años. Su piel era del admirable matiz dorado que losparisinos suelen atribuir a los andaluces o a los vascos, y tenía una ligera expresión de audaciaque chocaba con el aspecto serio y meditabundo de su compañero. Eran sin duda alguna un par asaz extraño, y tal vez no tenían amigos de ninguna clase. Shun seacercó a ellos lentamente, hasta que ellos voltearon a verlo, uno con cara de fastidio y otro conexpresión de indiferencia. - Bonjour, mes amis -dijo Shun con elegancia-. ¿les gustaría tener trabajo? - Eso depende del trabajo que nos ofrezca usted, amigo, nes't ce pas? -contestó el mayor. - Es en realidad un trabajo complicado, pero creo que tal vez dos jóvenes fuertes como ustedeslo pueden encontrar interesante. - ¿De qué se trata? -preguntó ahora el muchacho de pelo negro. - Hem... es algo difícil de explicar... Y no espero que lo entiendan... Tal vez les suene alocura... - Maldición... ¿Nos va a decir de qué se trata o no? Sólo le diremos que si es algo acerca decrímenes, no queremos tener nada que ver con eso. - Por lo que me han dicho acerca de ustedes, yo creo que son todos unos expertos en cometertrapacerías. - No escuche a ese viejo. No está contento a menos que le esté echando a otra persona la culpade sus problemas. Oiga, ¿De qué diablos se trata esto? ¿Es usted acaso de la policía? - No. ¿Gustan tomar un café? Creo que sentados alrededor de una mesa podríamos platicar con mástranquilidad. A ambos muchachos les pareció muy diferente de la gente con la que habitualmente trataban, asíque aceptaron. Shun, por su parte, no sabía si esta era la forma correcta de reclutar miembros dela orden. De cualquier forma, más o menos así fue como él y los demás habían entrado a la Orden.Unos auténticos niños callejeros. - Muy bien -dijo Shun cuando ya estaban los tres sentados a la mesa-, es mi deber decirles quea ustedes les voy a decir acerca de esto porque su aspecto me parece el más indicado; perotambién deben jurarme que, en caso de que no acepten, no le dirán a nadie acerca de lo que lesplatique hoy, ¿Estamos? - Si -contestó el muchacho de pelo negro después de pensarlo unos segundos. - No hay problema -terció su compañero inmediatamente. - Muy bien. Antes que nada, ¿Cuáles son sus nombres? - Yo soy Clopin Camus* -dijo el muchacho de cabello negro con indiferencia. "Vaya una coincidencia", pensó Shun, recordando al fallecido Caballero De Acuario. - Y yo soy Alan Ferrer. - Muy bien, Alan y Clopin, ¿han oído hablar de la Orden del Zodiaco? Al oír esto, fue como si los aguijonearan. Clopin abrió los ojos como platos y miró a Shun sinrastro alguno de su anterior indiferencia, mientras que Alan casi se cae de la silla, tras casiatragantarse con un pedazo enorme de un bollo que se metió a la boca. - Ya veo que sí -dijo Shun-. Muy bien, entonces deben saber que yo soy un miembro de la Orden. - ¿Usted? ¿Es de esos pelmazos que pelearon en el coliseo de Tokyo hace cuatro años y luegodesaparecieron? - Así es. Pero no desaparecimos. Simplemente estábamos salvando al mundo de una serie decatastrófes. ¿Recuerdan los diluvios e inundaciones de hace tres años? Fueron causados por unasentidades mitológicas que reencarnaron antes de tiempo. Los muchachos veían a Shun con ojos de incredulidad, se volteaban a ver entre ellos, y otra veza Shun. Finalmente se apoderó de ellos una descompuesta risa, mientras Shun trataba de no perderlos estribos. - Vaya que sí está usted loco -dijo Alan al terminar de reir-. Pensé que iba a ser algo extraño,pero jamás imagine qué tan extraño iba a ser. - La verdad es que no te lo imaginas... ¿Quieren ver una prueba de que lo que les digo esverdad? Observen esto. Shun puso una mano abierta en la mesa, teniendo buen cuidado de que nadie volteara, y losmuchachos acercaron su rostro a la palma abierta de Shun. Éste se sentía algo nervioso pues hacíaya un buen tiempo que no usaba sus poderes, pero estaba decidido a hacer renacer a la Orden. Súbitamente, de la palma de shun comenzó a surgir un resplandor magenta, que comenzó a tomar laforma de un remolino, que agarró dentro de su espiral algunas migajas que estaban dispersas en lamesa, algunos gránulos de sal espolvoreados y unas gotitas de agua que había sido derramada. Todoesto girando a gran velocidad dentro del pequeño torbellino magenta. Una tormenta nebular enminiatura. Ahora las expresiones de ambos eran de el más franco desconcierto. los ojos azules de Clopinparecían más pálidos, y el rostro bronceado de Alan había perdido algo de su brillo. - Bueno, ¿Qué piensan ahora? -dijo Shun mientras apagaba la pequeña tormenta nebular. - Yo... debo pensarlo... -respondió Clopin. - Yo también. - Está bien. Es una decisión difícil, pero creánme que ustedes dos parecen tener mucho futuro. Yrecuerden lo que les dije. Ni una palabra a nadie. No quiero a montones de mozalbetes alrededorde mi, implorándome entrar a la orden. Piensen especialmente en eso: no cualquiera tiene elprivilegio de ser un Caballero del Zodiaco. - Muy bien. Este...debemos irnos... - Sí... búsquenos mañana a las cuatro en el lugar donde nos encontró. - A las cuatro, muy bien. Se fueron los muchachos, y Shun se quedó disfrutando su café. Después caminó un rato, y al finalregresó a su casa. En la contestadora había dos mensajes. "Shun, habla Hyoga. Ya me encuentro en Moscú, y espero salir para Siberia pronto. Si ves a Saorinuevamente, salúdala de mi parte. Pasando a otra cosa, debes ir a pagar las cuentas pendientes.Espero estar de regreso en una semana. Te hablo luego, adiós." El segundo mensaje era de Shiryu: "Hola Shun. Espero que te la estés pasando bien, y que no tengas nigún problema si no estamosallá. Shunrei te manda saludos. El viernes saldré rumbo al Tíbet a buscar a Kiki. Después de suinvestidura, espero que no esté en el Santuario. Las armaduras están donde las dejamos, cuida deque nadie entre al departamento y las vea. Hablaré en unos cuantos días, cuídate y no hagastonterías. Prohibido meter mujeres a la casa." - Vaya unos amigos encantadores. Hum... Tiene tiempo que no veo las armaduras de los demás, voya abrir sus cajas, no creo que se molesten. Se acercó Shun a la caja de la armadura del Cisne, y la abrió con mucho cuidado. La caja seabrió y Shun se quedó como de piedra. La armadura Divina del Cisne había dejado de ser divina,para regresar nuevamente a ser armadura de bronce. - ¿Qu... que... qué diablos? Presintiendo algo, abrió las cajas del Dragón y el Fénix, y se encontró con lo mismo. Simplesarmaduras de bronce. - Dios mío, ¿qué es esto? Volteó a ver su caja. A su regreso de Atenas la había dejado negligentemente sobre la cama deShiryu, y ahora le daba miedo abrirla. Si a las demás les había pasado lo mismo, ¿Porqué no a lasuya también? Se acercó a la caja y la abrió con miedo. La caja saltó con mil demonios, descubriendo unaarmadura de bronce en su interior. Shun se quedó de rodillas contemplando estúpidamente la armadura que apenas hacía tres díashabía usado en el Santuario todavía en su forma divina. ¿Cómo era esto posible? Tan absortoestaba que no reaccionó de inmediato al teléfono que sonaba insistentemente. Se levantó con carade sorpresa y contestó hablando lentamente y pronunciando muy bajo. - Diga... - ¿Shun? ¡Qué bueno que contestas! Habla Saori. ¡Debes venir al santuario, rápido! Siete de lasonce armaduras doradas restantes comenzaron a vibrar. ¡Ven rápido! - Saori... Yo no puedo... Hasta dentro de tres días... - Lo que sea, pero tienes que venir, ¿OK? - Sí, está bien... - Oye, ¿Te encuentras bien? Estás muy raro... - No Saori, estoy bien, te veré pasado mañana. - Muy bien, adiós. - Adiós Saori. Después de colgar, Shun regresó a donde estaban las armaduras. Parecían simples esculturas demetal. Ni siquiera podía Shun percibir energía emanando de ellas. Entonces se le ocurrió llamarcon su cosmo a su armadura. Shun se concentró, pero su armadura no respondió. Volvió a intentarlouna y otra vez y ninguna vez su armadura hizo el más ligero movimiento. El cosmo de Shun estabaencendido casi a su máximo, pero la armadura seguía inmóvil. Algo malo estaba pasando aquí. Súbitamente, las cajas se cerraron, y la caja del cisne salió por una ventana abierta, y sequedó flotando unos momentos, y de repente salió a grandísima velocidad en dirección norte. Lesiguió la caja del Fénix, en dirección al oriente, la del Dragón en la misma dirección, y alfinal, Shun contempló como su armadura salía por la ventana, y salía disparada en dirección sur. Mientras tanto, Athena, Shaina y Marin estaban en el Santuario contemplando impotentes como lasarmaduras de Géminis, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Capricornio y Acuario vibraban con sumaintensidad. Las de Tauro, Cáncer, Sagitario y Piscis estaban como siempre. - Señora Athena, ¿Qué cree que esté pasando aquí? -preguntó Marin. - No lo sé. ¡Dios Mío, no lo sé! Athena estaba sin duda muy confundida. Ella podía "hablar" con las armaduras, sentía todo lo quesentían ellas y les tenía tanto cariño como si fueran humanos. No era normal que no supiera quéles estaba pasando ahora. Pero si era segura una cosa. Esto no era en ningún modo normal. - Rayos... Si Mu estuviera aquí, tal vez nos pudiera explicar qué sucede aquí -dijo Shaina conenojo-. Shaka, Dhoko... demonios, y Kiki está en el Tíbet. - Kiki... ¡Kiki! Tienes razón Shaina, voy a llamar a Kiki por medio del cosmo. El estará aquí enunos momentos. Athena encendió su cosmo, una luz intensa cubriendo hasta el último rincón del cuarto. Athena seconcentraba fuertemente, buscando el cosmo de Kiki, en algún lugar de las montañas de Jamir. Nofué difícil encontrarlo, puesto que como todos los caballeros dorados, siempre estaba su cosmoencendido, listo para activar el séptimo sentido en el momento que él lo deseara. Pero, a Athenale sorprendió encontrar siete cosmos con las mismas características en diferentes lugares delmundo. Cuatro le parecieron harto conocidos. Estaban uno en Francia, otro en Siberia, otro más enChina, y el último en Marruecos. "¿Qué demonios hace Ikki en Marruecos?", pensó Athena,sin reparar en que el cosmo de sus amigos se había vuelto como el de un Caballero Dorado. Los otros 3 cosmos le resultaban completamente desconocidos. Uno se localizaba en Irlanda, otroen Egipto y el último estaba hasta México. ¿De dónde estaban saliendo tantos seres poderosos?Pero en sus cosmos no había ningún rastro de maldad, así que Athena no les dió importancia, yse concentró más en llamar a Kiki por medio del cosmo. Kiki, en Jamir, sintió una punzada y deinmediato supo que se trataba de Athena, que su presencia era requerida y de inmediato. No erajusto, pensó Kiki, pero qué rayos. De alguna forma sabía que iba a necesitar su armadura, así quefue al cuarto donde estaba su armadura. Grande fue su sorpresa al ver que su armadura vibraba de forma extraña, como emocionada. Deinmediato se deshizo en todas sus partes y, sin que él lo requiriera, lo cubrieron. "Vaya,armaduras automáticas", pensó Kiki, mientras se preparaba a teletransportarse a Atenas. De inmediato apareció dentro del cuarto de las armaduras, y el espectáculo que había allí dentrolo sorprendió por su increible intensidad. Ver siete Armaduras Doradas brillando con la misma luzdel Sol, no era algo que se viera todos los días y frente a lo cual se quede uno cruzado debrazos. Pero, nadamás verlas, se alegró inmensamente, puesto que el sabía lo que les estabapasando. Estaban celebrando. Celebrando por el nacimiento de una nueva Orden. - ¿Desde cuándo están así, milady? -preguntó Kiki a Athena. - Desde hoy en la mañana... yo siempre pensé que sabía todo lo que le pasaba a las armaduras,pero esto reabasa mi entendimiento. Su vibración no es de amenaza, ni de lamento, tristeza, oalgo por el estilo. Es en cambio una vibración diferente, como el de las cuerdas de una guitarracon una canción feliz, como una orqueta de violines tocando un vals, una danza increíble... - No está tan lejos de la verdad, señora. Las armaduras están elevando un canto de alabanza. - ¿Un canto de alabanza? - Así es. Mi fallecido maestro Mu me contó en alguna ocasión que en muy pocas ocasiones se da elinvestimiento de varios Caballeros Dorados al mismo tiempo. Cuando esto pasa, es porque varios delos miembros de el anterior grupo murieron, y las armaduras festejan el nacimiento de un nuevogrupo. Usualmente a Athena le molestaba la "sabihondez" de Kiki, pero esta vez estaba tan absortacontemplando el espectáculo, que no le importó. - ¿Y porqué las otras cuatro armaduras no festejan junto con las demás? -preguntó Shaina. - Por la simple y sencilla razón de que todavía no tienen dueño. - Bueno, ¿y ahora qué hacemos? - Eso sí que no lo sé. Mi maestro no me contó más. - Bueno, yo creo que... ¡Rayos! Shaina se interrumpió cuando la armadura de géminis salió volando del cuarto. Haciendo unescándalo terrible. A su partida, las demás armaduras parecieron aumentar la intensidad de sucanto. - Va en busca de su dueño -adivinó Marin. - Milady Athena, cuando me localizó por medio del cosmo, ¿No sintió otros cosmos semejantes almío? - Si... ¡Sí, por supuesto! Cuatro son los de... los de Shiryu, Hyoga, Ikki y Shun. Y había otrostres que no reconocí. - Son los de los otros tres Santos Dorados. Pero, ¿Cómo es que no sabíamos que había genteentrenando para ganar las armaduras doradas? - Sólo Dios lo sabe -dijo Athena juiciosamente. - ¿Y cómo es que nuestros amigos alcanzaron el séptimo sentido así de fácil? - Ya lo habían alcanzado desde hace mucho tiempo, Kiki, pero hasta ahora se han hecho acreedoresal honor de portar armadura dorada. Me pregunto por qué... Kiki tomó conciencia entonces de eso. Las armaduras habían elegido nuevos dueños para queprotegieran a la tierra de el mal que se acercaba. La Tierra necesitaba maestros, protectores, yhabía elegido a ocho nuevos Santos Dorados. - Bueno, -dijo retornando a su buen humor habitual- creo que lo mejor es que localice a nuestrosamigos y los traiga acá, y así las armaduras no tengan que hacer un largo viaje. Mientras tanto,tal vez quieran esperar a los otros tres Caballeros Dorados que vendrán a rendirle honores aAthena. - ¿Y porqué no los traes a ellos también? - ¡Porque no los conozco! Creo que sería más correcto que ellos llegaran y se presentaran. - Kiki tiene razón, señora -Terció Marin-. Todavía no los conocemos y no es prudente traerlossin la presencia de alguien capaz de protegernos. - Muy bien. Kiki, ¿a quién vas a traer primero, pues? - Hum... Yo creo que a Ikki. Se le va a alegrar un rato el rostro, y aparte sólo hay que cruzarel Mar Mediterráneo. No bien hubo terminado Kiki de decir esto, desapareció, para reaparecer quince segundos despuéscon Ikki vistiendo lentes oscuros, camisa blanca y una cámara colgada al cuello. - ¿Qué... Saori? ¿Qué rayos hago aquí en el santuario? ¿Con qué derecho interrumpen misvacaciones? La armadura de Leo registró rápidamente la presencia de su dueño cerca, y antes de que Ikki sediera cuenta, la armadura ya había cubierto su cuerpo, lanzando brillos y destellos dorados portodos lados. Athena fue la primera en hablar. - Hola, Ikki, Caballero Dorado de la Quinta Casa de Leo. - ¿Quinta Casa de...? ¿Caballero Dorado? ¿Qué rayos quieres decir? - Pues eso mismo. Que ya eres el Caballero Dorado de Leo. Ikki se examinó vistiendo la Armadura Dorada, y volteó a ver a Athena. De inmediato recobró suaire serio y se dirigió hacia la Diosa. - Mi señora, acepto esta distinción y juro que haré valer el honor al que me he hecho acreedor.-Dicho esto se arrodilló y prosiguió- Y la mejor manera de hacer esto es honrándola yprotegiéndola a usted. - Bueno, bueno -dijo Kiki con alegría-, ¿quién lo diría? Pero creo que perdemos el tiempoquedándonos todos aquí, viendo cómo Ikki presta juramento. Voy ahora mismo a traer a los demás, ycreo que será mejor que traiga a los tres de una vez. En cuanto Kiki se hubo ido, Athena, Shaina y Marin pusieron en antecedentes a Ikki de todo loque estaba pasando. Aproximadamente un minuto después aparecieron Kiki, Shiryu(Con cara deinterrogación), Hyoga(visiblemente molesto) y Shun, que continuaba con su cara de abatimiento. - ¿El Santuario? ¿Para qué nos has traído aquí, Kiki? -preguntó Shiryu. - ¿Y qué hace Ikki vistiendo la Armadura Dorada de Leo? -preguntó Hyoga sin poder ocultar suasombro. - Bueno -contestó Athena-, parece que las Armaduras Doradas ya tienen nuevos dueños. Los tres Caballeros restantes no habían reparado hasta entonces en las Armaduras que brillabanatrás de ellos, pero en cuanto voltearon a verlas, las armaduras de Virgo, Libra y Acuario sedeshicieron en todas sus partes y fueron a posarse sobre los cuerpos de sus nuevos dueños. - Vaya, casi había olvidado cómo se sentía vestir la Armadura Dorada de Libra. - Yo también, la Armadura de Acuario tenía tiempo que no la usaba. - Ustedes las usaron varias veces, en cambio yo sólo la usé una vez y por un corto tiempo, antesde que... - De que Thanatos las deshiciera -interrumpió Shiryu-. Y creo que aquí falta uno más paracompletar esta reunión de Caballeros Dorados. Todos bajaron la cabeza al recordar a Seiya, quien debía estar en el paraíso observando a susamigos convertidos en todos unos Caballeros Dorados. - Yo creo que él está orgulloso de ustedes -dijo Marin con la voz un poco entrecortada, sin dudarecordando a su alumno, el único ausente en ese cuarto-. Pero, ¿No deberíamos honrar su memoriaalegrándonos, en lugar de estar tristes? Vamos, vamos, ustedes tres tienen que prestar juramentoa su Diosa. Y así lo hicieron, los tres, uno por uno, prestaron juramento a Athena. Shiryu, respetuoso ysolemne como siempre. Hyoga, con la seriedad fría de siempre, pero la cual se veía alterada pormomentos al cruzar por el azul helado de sus ojos un relámpago de alegría. Shun, el más sensiblede todos, se explayó prestando juramento a Athena, visiblemente conmovido. Al terminar, todos sefelicitaron, y, se dieron cuenta hasta entonces de que las Armaduras de Escorpión y Capricorniotambién estaban en el cuarto. - ¿Y eso? -preguntó Hyoga. - Las armaduras de Géminis, Escorpión y Capricornio ya también tienen dueño -contestó Kiki. - ¿En serio? ¿Y quiénes son? - No lo sabemos. Pensamos que los mejor es esperar aquí a que hagan acto de presencia los otrostres Caballeros Dorados. Todos se pusieron entonces a esperar. Las armaduras salieron volando una detrás de la otra algúntiempo después, y después de estar un rato esperando, Shiryu rompió a hablar: - Es inútil. Esos sujetos no llegarán de inmediato. Yo creo que lo mejor será esperar unos díasaquí en el Santuario a que hagan acto de presencía esos tres. - Yo creo que no deberían esperar demasiado -dijo una voz desde el dintel de la puerta delsalón. Todos voltearon, y aparecieron en la puerta tres figuras vistiendo las Armaduras Doradas. - ¿Qué? ¿Tan rápido? -dijo Kiki. - Así es, Caballero Dorado de Aries -dijo el que portaba la Armadura de Escorpión. - La verdad, es que nos trajo hasta aquí el único hombre en todo el santuario que tiene un poderde Teletransportación similar al tuyo, Kiki -terció el Caballero de Capricornio. - Creo que al que se refieren es a mí. Atrás de los tres nuevos Caballeros apareció una figura que hizo que los presentes se pusieraninstintivamente en guardia, pues el que hablaba no era otro que Espartano de la Grulla. - Tranquilícense caballeros, puesto que yo ya no soy más el que alguna vez fui. Dicho esto se dirigió hacia Athena y se arrodilló ante ella. - Milady Athena, espero me perdone por los errores del pasado. Estoy ahora incondicionalmente asu servicio. Shiryu de Libra, si alguna vez combatí contra tí, espero que ahora podamos seramigos. Shaina de Ofiuco, espero también me perdones, y podamos volver a ser amigos. Todos se voltearon a ver con caras de desconcierto, hasta que Athena rompió el silencio. - Bueno, pero, ¿qué les pasa a todos? Démosle la bienvenida al hermano que regresa, al pecadorarrepentido de haber alzado su mano contra sus compañeros. Bienvenido seas de nuevo, Espartano deGrulla. Shiryu fue el primero en estrecharle su mano ya él le siguieron los demás. Espartano fuerecibido por todos, y al terminar habló nuevamente. - Gracias a todos por haberme aceptado nuevamente, pero creo que los que realmente merecen suatención en estos momento son esos tres muchachos que esperan junto a la puerta. Los tres Caballeros Dorados se adelantaron, y el Caballero de géminis empezó a hablar. - Hace más de tres años, un Caballero de Plata, arrepentido de sus pecados, buscó alrededor delmundo una mente sabia que le aconsejara cómo reparar sus faltas. - Fue entonces que se dirigió a Los Cinco Picos de China a Hablar con el ser sabio que ahímoraba -dijo el Caballero de Escorpión. - El Anciano Maestro sanó su alma, y lo mandó entonces a buscar a tres jóvenes que iban a serlos cimientos de la orden en el futuro, puesto que él sabía que iban a morir varios héroes alfinal de la era oscura. Le dijo que los instruyera en el cosmo, y que después los dejara queterminaran su entreanamiento solos, puesto que los Caballeros Dorados son maestros de maestros, ynadie los termina de entrenar. - Así pues, este Caballero de Plata viajó a los lugares que el maestro le había indicado,diciéndole que en esos lugares habitaban tres muchachos con grandes capacidades para alcanzar elcosmo principal: En Irlanda me buscó a mí, Erin, y me enseñó a desarrollar el cosmo al nivel dela Plata. - Después fue a Egipto a buscar al Futuro Caballero Dorado de Escorpión, y ahí me encontró a mí,Ankiseth. - En México me encontraba yo, Adon, el último de los guerreros escogidos, del Signo deCapricornio. - Yo les enseñé lo básico, y después ellos entrenaron hasta alcanzar el nivel de un CaballeroDorado. Ahora, muchachos, acerquénse a mostrarle sus respetos a la Diosa a la que han de servirde ahora en adelante. Los tres se acercaron a Athena y se arrodillaron ante ella, a le vez que prestaban juramento.Una vez que hubieron terminado, y que la Diosa les hubiera dado su venia, comenzaron a estrecharlas manos de todos los circunstantes. - Así que Erin de Géminis -dijo Shun al estrechar la mano del aludido-. Espero que tú no tengasalgún gemelo malvado por ahí. - Vaya, eres muy diferente a Milo, Ankiseth de Escorpión -dijo Hyoga. - Espero de verdad ser diferente al Fallecido Caballero, señor. - Adon, sé que honrarás la memoria del fallecido Shura. - Lo haré, Shiryu de Libra. Cuando hubieron terminado todos, Athena les dijo a todos que era hora de retirarse, y todos losCaballeros se desbandaron en todas direcciones. Unos se dirigían a las Doce Casas, y en la Casade Acuario dejaron a Hyoga, en la siguiente a Adon de Capricornio. Ankiseth fue el siguiente endejar al grupo, y de ahí todos fueron uno tras otro. Libra, Virgo y Leo. Pasaron entonces Kiki yErin por la casa de Cáncer, sintiendo un ligero escalofrío, pero nadamás abandonarla reanudaronsu animada charla. Después de dejar a Erin en la casa de Géminis, Kiki se encaminó a la Casa deTauro, mientras reflexionaba acerca de que había sido un dia grandioso, pero también en que, entres años, tendrían que volver a pelear, y que les tenían que decir a los nuevos miembros de laorden acerca de la futura batalla. La batalla contra Cronos. FIN DEL CAPITULO 4. * Camus es un apellido francés(se pronuncia Camiú), así que chance y Camus de Acuario no sellamaba Camus, sino Pierre, Leonard, algo. Erin de Géminis Origen: IrlandaEdad: 17Peso: 72 Kgs.Altura: 1.82 Mts.Fecha de nacimento: 02 de JunioLugar de entrenamiento: IrlandaAtaques: Destructor Estelar: Es muy similar a la Explosión de Galaxias de Saga y Kanon, pero es más rápido. Doble Dimensión: También muy similar a La Dimensión De Saga y Kanon, la diferencia radica en que ésta mata de inmediato al oponente, ya que no puede existir en dos planos dimensionales a la vez. Ankiseth de Escorpión Origen: EgiptoEdad: 17Peso: 78 Kgs.Altura: 1.85 Mts.Fecha de nacimiento: 13 de NoviembreLugar de Entrenamiento: EgiptoAtaques: Veneno Psíquico: Es el equivalente a la Restricción de Milo, pero éste nubla todos los sentidos del oponente en lugar de inmovilizarlo. Aguja Escarlata: Ankiseth Es fan de Milo y aprendió su técnica. Aguja Escarlata Antares: Lo mismo. Adon de Capricornio Origen: MéxicoEdad: 18Peso: 77 Kgs.Altura: 1.87 Mts.Fecha de Nacimiento: 06 de EneroLugar de Entrenamiento: MéxicoAtaques: Fuego Del Cielo: Una gran tormenta de fuego, más poderoso que el fuego con el que atacaba Hagen de Merak de Beta. Puerta Del Cielo: Con Shaka en el Paraíso, hacía falta alguien que ejecutara ataques basados en ilusiones. Es muy difícil dar una descripición exacta de esta ataque, pero se supone que es más poderoso que el Tesoro del Cielo.