CAPÍTULO 4: 8 Caballeros Dorados.
 
- Esos tunantes nunca tienen nada bueno qué hacer más que estar 
sentados ahí 
descansando sobre
su trasero -dijo en tono de queja el anciano dueño del Bote a Shun, 
mientras 
desamarraba su bote
del muelle.
 
- ¿Los conoce usted entonces?
 
- ¡Que si los conozco! Son unos auténticos pillos, ladrones y 
haraganes. 
Puro veneno.
 
- ¿Y sus padres?
 
- No tienen. Uno de ellos llegó caminando desde España hasta acá. Es un 
chiquillo con la
constitución de un toro. El otro nació en los arrabales de La Chapelle. 
Ambos aprendieron a vivir
en los muelles a orillas del Sena, robando un mucho y trabajando un 
poco. 
Pero no son malos por
naturaleza, sino por necesidad.
 
- Hum... Ya veo. ¿Y cree usted que se molesten si voy y les ofrezco 
trabajo?
 
- No. Pero si ellos aceptan, mi consejo es: ándese con cuidado. Son 
muchachos muy traicioneros y
fácilmente pueden robarle sin que usted se dé cuenta. Son especialistas 
en 
el arte de la
bellaquería.
 
- Muy bien, tomaré en cuenta su consejo.
 
"Esto no será fácil", pensó Shun mientras se acercaba a los dos 
muchachos 
que estaban
haraganeando a orillas del rio. Apenas el día anterior había llegado de 
Atenas, y ya había
empezado a buscar a sus futuros alumnos. Por alguna extraña razón, 
había 
algo en esos dos que les
daba aire de miembros de la caballería. Los examinó a conciencia 
mientras se 
les acercaba.
 
Uno tenía el pelo largo, lacio y del mismo tono de negro que el de los 
cuervos, ojos azules que
contrastaban fuertemente con el color de su pelo y piel blanca 
ligeramente 
bronceada, con el tono
de los marineros. Era un ser humano digno de admirarse.
 
El otro era muy alto, con un hercúleo pecho que asomaba a través de su 
camisa desabotonada. En
cierto modo, a Shun le pareció muy semejante a Aioria de Leo en su 
cara, con 
la diferencia de su
expresión, que denotaba un aperreo de años. Su piel era del admirable 
matiz 
dorado que los
parisinos suelen atribuir a los andaluces o a los vascos, y tenía una 
ligera 
expresión de audacia
que chocaba con el aspecto serio y meditabundo de su compañero.
 
Eran sin duda alguna un par asaz extraño, y tal vez no tenían amigos de 
ninguna clase. Shun se
acercó a ellos lentamente, hasta que ellos voltearon a verlo, uno con 
cara 
de fastidio y otro con
expresión de indiferencia.
 
- Bonjour, mes amis -dijo Shun con elegancia-. ¿les gustaría tener 
trabajo?
 
- Eso depende del trabajo que nos ofrezca usted, amigo, nes't ce pas? 
-contestó el mayor.
 
- Es en realidad un trabajo complicado, pero creo que tal vez dos 
jóvenes 
fuertes como ustedes
lo pueden encontrar interesante.
 
- ¿De qué se trata? -preguntó ahora el muchacho de pelo negro.
 
- Hem... es algo difícil de explicar... Y no espero que lo entiendan... 
Tal 
vez les suene a
locura...
 
- Maldición... ¿Nos va a decir de qué se trata o no? Sólo le diremos 
que si 
es algo acerca de
crímenes, no queremos tener nada que ver con eso.
 
- Por lo que me han dicho acerca de ustedes, yo creo que son todos unos 
expertos en cometer
trapacerías.
 
- No escuche a ese viejo. No está contento a menos que le esté echando 
a 
otra persona la culpa
de sus problemas. Oiga, ¿De qué diablos se trata esto? ¿Es usted acaso 
de la 
policía?
 
- No. ¿Gustan tomar un café? Creo que sentados alrededor de una mesa 
podríamos platicar con más
tranquilidad.
 
A ambos muchachos les pareció muy diferente de la gente con la que 
habitualmente trataban, así
que aceptaron. Shun, por su parte, no sabía si esta era la forma 
correcta de 
reclutar miembros de
la orden. De cualquier forma, más o menos así fue como él y los demás 
habían 
entrado a la Orden.
Unos auténticos niños callejeros.
 
- Muy bien -dijo Shun cuando ya estaban los tres sentados a la mesa-, 
es mi 
deber decirles que
a ustedes les voy a decir acerca de esto porque su aspecto me parece el 
más 
indicado; pero
también deben jurarme que, en caso de que no acepten, no le dirán a 
nadie 
acerca de lo que les
platique hoy, ¿Estamos?
 
- Si -contestó el muchacho de pelo negro después de pensarlo unos 
segundos.
 
- No hay problema -terció su compañero inmediatamente.
 
- Muy bien. Antes que nada, ¿Cuáles son sus nombres?
 
- Yo soy Clopin Camus* -dijo el muchacho de cabello negro con 
indiferencia.
 
"Vaya una coincidencia", pensó Shun, recordando al fallecido Caballero 
De 
Acuario.
 
- Y yo soy Alan Ferrer.
 
- Muy bien, Alan y Clopin, ¿han oído hablar de la Orden del Zodiaco?
 
Al oír esto, fue como si los aguijonearan. Clopin abrió los ojos como 
platos 
y miró a Shun sin
rastro alguno de su anterior indiferencia, mientras que Alan casi se 
cae de 
la silla, tras casi
atragantarse con un pedazo enorme de un bollo que se metió a la boca.
 
- Ya veo que sí -dijo Shun-. Muy bien, entonces deben saber que yo soy 
un 
miembro de la Orden.
 
- ¿Usted? ¿Es de esos pelmazos que pelearon en el coliseo de Tokyo hace 
cuatro años y luego
desaparecieron?
 
- Así es. Pero no desaparecimos. Simplemente estábamos salvando al 
mundo de 
una serie de
catastrófes. ¿Recuerdan los diluvios e inundaciones de hace tres años? 
Fueron causados por unas
entidades mitológicas que reencarnaron antes de tiempo.
 
Los muchachos veían a Shun con ojos de incredulidad, se volteaban a ver 
entre ellos, y otra vez
a Shun. Finalmente se apoderó de ellos una descompuesta risa, mientras 
Shun 
trataba de no perder
los estribos.
 
- Vaya que sí está usted loco -dijo Alan al terminar de reir-. Pensé 
que iba 
a ser algo extraño,
pero jamás imagine qué tan extraño iba a ser.
 
- La verdad es que no te lo imaginas... ¿Quieren ver una prueba de que 
lo 
que les digo es
verdad? Observen esto.
 
Shun puso una mano abierta en la mesa, teniendo buen cuidado de que 
nadie 
volteara, y los
muchachos acercaron su rostro a la palma abierta de Shun. Éste se 
sentía 
algo nervioso pues hacía
ya un buen tiempo que no usaba sus poderes, pero estaba decidido a 
hacer 
renacer a la Orden.
 
Súbitamente, de la palma de shun comenzó a surgir un resplandor 
magenta, que 
comenzó a tomar la
forma de un remolino, que agarró dentro de su espiral algunas migajas 
que 
estaban dispersas en la
mesa, algunos gránulos de sal espolvoreados y unas gotitas de agua que 
había 
sido derramada. Todo
esto girando a gran velocidad dentro del pequeño torbellino magenta. 
Una 
tormenta nebular en
miniatura.
 
Ahora las expresiones de ambos eran de el más franco desconcierto. los 
ojos 
azules de Clopin
parecían más pálidos, y el rostro bronceado de Alan había perdido algo 
de su 
brillo.
 
- Bueno, ¿Qué piensan ahora? -dijo Shun mientras apagaba la pequeña 
tormenta 
nebular.
 
- Yo... debo pensarlo... -respondió Clopin.
 
- Yo también.
 
- Está bien. Es una decisión difícil, pero creánme que ustedes dos 
parecen 
tener mucho futuro. Y
recuerden lo que les dije. Ni una palabra a nadie. No quiero a montones 
de 
mozalbetes alrededor
de mi, implorándome entrar a la orden. Piensen especialmente en eso: no 
cualquiera tiene el
privilegio de ser un Caballero del Zodiaco.
 
- Muy bien. Este...debemos irnos...
 
- Sí... búsquenos mañana a las cuatro en el lugar donde nos encontró.
 
- A las cuatro, muy bien.
 
Se fueron los muchachos, y Shun se quedó disfrutando su café. Después 
caminó 
un rato, y al final
regresó a su casa. En la contestadora había dos mensajes.
 
"Shun, habla Hyoga. Ya me encuentro en Moscú, y espero salir para 
Siberia 
pronto. Si ves a Saori
nuevamente, salúdala de mi parte. Pasando a otra cosa, debes ir a pagar 
las 
cuentas pendientes.
Espero estar de regreso en una semana. Te hablo luego, adiós."
 
El segundo mensaje era de Shiryu:
 
"Hola Shun. Espero que te la estés pasando bien, y que no tengas nigún 
problema si no estamos
allá. Shunrei te manda saludos. El viernes saldré rumbo al Tíbet a 
buscar a 
Kiki. Después de su
investidura, espero que no esté en el Santuario. Las armaduras están 
donde 
las dejamos, cuida de
que nadie entre al departamento y las vea. Hablaré en unos cuantos 
días, 
cuídate y no hagas
tonterías. Prohibido meter mujeres a la casa."
 
- Vaya unos amigos encantadores. Hum... Tiene tiempo que no veo las 
armaduras de los demás, voy
a abrir sus cajas, no creo que se molesten.
 
Se acercó Shun a la caja de la armadura del Cisne, y la abrió con mucho 
cuidado. La caja se
abrió y Shun se quedó como de piedra. La armadura Divina del Cisne 
había 
dejado de ser divina,
para regresar nuevamente a ser armadura de bronce.
 
- ¿Qu... que... qué diablos?
 
Presintiendo algo, abrió las cajas del Dragón y el Fénix, y se encontró 
con 
lo mismo. Simples
armaduras de bronce.
 
- Dios mío, ¿qué es esto?
 
Volteó a ver su caja. A su regreso de Atenas la había dejado 
negligentemente 
sobre la cama de
Shiryu, y ahora le daba miedo abrirla. Si a las demás les había pasado 
lo 
mismo, ¿Porqué no a la
suya también?
 
Se acercó a la caja y la abrió con miedo. La caja saltó con mil 
demonios, 
descubriendo una
armadura de bronce en su interior.
 
Shun se quedó de rodillas contemplando estúpidamente la armadura que 
apenas 
hacía tres días
había usado en el Santuario todavía en su forma divina. ¿Cómo era esto 
posible? Tan absorto
estaba que no reaccionó de inmediato al teléfono que sonaba 
insistentemente. 
Se levantó con cara
de sorpresa y contestó hablando lentamente y pronunciando muy bajo.
 
- Diga...
 
- ¿Shun? ¡Qué bueno que contestas! Habla Saori. ¡Debes venir al 
santuario, 
rápido! Siete de las
once armaduras doradas restantes comenzaron a vibrar. ¡Ven rápido!
 
- Saori... Yo no puedo... Hasta dentro de tres días...
 
- Lo que sea, pero tienes que venir, ¿OK?
 
- Sí, está bien...
 
- Oye, ¿Te encuentras bien? Estás muy raro...
 
- No Saori, estoy bien, te veré pasado mañana.
 
- Muy bien, adiós.
 
- Adiós Saori.
 
Después de colgar, Shun regresó a donde estaban las armaduras. Parecían 
simples esculturas de
metal. Ni siquiera podía Shun percibir energía emanando de ellas. 
Entonces 
se le ocurrió llamar
con su cosmo a su armadura. Shun se concentró, pero su armadura no 
respondió. Volvió a intentarlo
una y otra vez y ninguna vez su armadura hizo el más ligero movimiento. 
El 
cosmo de Shun estaba
encendido casi a su máximo, pero la armadura seguía inmóvil. Algo malo 
estaba pasando aquí.
 
Súbitamente, las cajas se cerraron, y la caja del cisne salió por una 
ventana abierta, y se
quedó flotando unos momentos, y de repente salió a grandísima velocidad 
en 
dirección norte. Le
siguió la caja del Fénix, en dirección al oriente, la del Dragón en la 
misma 
dirección, y al
final, Shun contempló como su armadura salía por la ventana, y salía 
disparada en dirección sur.
 
 
Mientras tanto, Athena, Shaina y Marin estaban en el Santuario 
contemplando 
impotentes como las
armaduras de Géminis, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Capricornio y 
Acuario 
vibraban con suma
intensidad. Las de Tauro, Cáncer, Sagitario y Piscis estaban como 
siempre.
 
- Señora Athena, ¿Qué cree que esté pasando aquí? -preguntó Marin.
 
- No lo sé. ¡Dios Mío, no lo sé!
 
Athena estaba sin duda muy confundida. Ella podía "hablar" con las 
armaduras, sentía todo lo que
sentían ellas y les tenía tanto cariño como si fueran humanos. No era 
normal 
que no supiera qué
les estaba pasando ahora. Pero si era segura una cosa. Esto no era en 
ningún 
modo normal.
 
- Rayos... Si Mu estuviera aquí, tal vez nos pudiera explicar qué 
sucede 
aquí -dijo Shaina con
enojo-. Shaka, Dhoko... demonios, y Kiki está en el Tíbet.
 
- Kiki... ¡Kiki! Tienes razón Shaina, voy a llamar a Kiki por medio del 
cosmo. El estará aquí en
unos momentos.
 
Athena encendió su cosmo, una luz intensa cubriendo hasta el último 
rincón 
del cuarto. Athena se
concentraba fuertemente, buscando el cosmo de Kiki, en algún lugar de 
las 
montañas de Jamir. No
fué difícil encontrarlo, puesto que como todos los caballeros dorados, 
siempre estaba su cosmo
encendido, listo para activar el séptimo sentido en el momento que él 
lo 
deseara. Pero, a Athena
le sorprendió encontrar siete cosmos con las mismas características en 
diferentes lugares del
mundo. Cuatro le parecieron harto conocidos. Estaban uno en Francia, 
otro en 
Siberia, otro más en
China, y el último en Marruecos. "¿Qué demonios hace Ikki en 
Marruecos?", 
pensó Athena,
sin reparar en que el cosmo de sus amigos se había vuelto como el de un 
Caballero Dorado.
 
Los otros 3 cosmos le resultaban completamente desconocidos. Uno se 
localizaba en Irlanda, otro
en Egipto y el último estaba hasta México. ¿De dónde estaban saliendo 
tantos 
seres poderosos?
Pero en sus cosmos no había ningún rastro de maldad, así que Athena no 
les 
dió importancia, y
se concentró más en llamar a Kiki por medio del cosmo. Kiki, en Jamir, 
sintió una punzada y de
inmediato supo que se trataba de Athena, que su presencia era requerida 
y de 
inmediato. No era
justo, pensó Kiki, pero qué rayos. De alguna forma sabía que iba a 
necesitar 
su armadura, así que
fue al cuarto donde estaba su armadura.
 
Grande fue su sorpresa al ver que su armadura vibraba de forma extraña, 
como 
emocionada. De
inmediato se deshizo en todas sus partes y, sin que él lo requiriera, 
lo 
cubrieron. "Vaya,
armaduras automáticas", pensó Kiki, mientras se preparaba a 
teletransportarse a Atenas.
 
De inmediato apareció dentro del cuarto de las armaduras, y el 
espectáculo 
que había allí dentro
lo sorprendió por su increible intensidad. Ver siete Armaduras Doradas 
brillando con la misma luz
del Sol, no era algo que se viera todos los días y frente a lo cual se 
quede 
uno cruzado de
brazos. Pero, nadamás verlas, se alegró inmensamente, puesto que el 
sabía lo 
que les estaba
pasando. Estaban celebrando. Celebrando por el nacimiento de una nueva 
Orden.
 
- ¿Desde cuándo están así, milady? -preguntó Kiki a Athena.
 
- Desde hoy en la mañana... yo siempre pensé que sabía todo lo que le 
pasaba 
a las armaduras,
pero esto reabasa mi entendimiento. Su vibración no es de amenaza, ni 
de 
lamento, tristeza, o
algo por el estilo. Es en cambio una vibración diferente, como el de 
las 
cuerdas de una guitarra
con una canción feliz, como una orqueta de violines tocando un vals, 
una 
danza increíble...
 
- No está tan lejos de la verdad, señora. Las armaduras están elevando 
un 
canto de alabanza.
 
- ¿Un canto de alabanza?
 
- Así es. Mi fallecido maestro Mu me contó en alguna ocasión que en muy 
pocas ocasiones se da el
investimiento de varios Caballeros Dorados al mismo tiempo. Cuando esto 
pasa, es porque varios de
los miembros de el anterior grupo murieron, y las armaduras festejan el 
nacimiento de un nuevo
grupo.
 
Usualmente a Athena le molestaba la "sabihondez" de Kiki, pero esta vez 
estaba tan absorta
contemplando el espectáculo, que no le importó.
 
- ¿Y porqué las otras cuatro armaduras no festejan junto con las demás? 
-preguntó Shaina.
 
- Por la simple y sencilla razón de que todavía no tienen dueño.
 
- Bueno, ¿y ahora qué hacemos?
 
- Eso sí que no lo sé. Mi maestro no me contó más.
 
- Bueno, yo creo que... ¡Rayos!
 
Shaina se interrumpió cuando la armadura de géminis salió volando del 
cuarto. Haciendo un
escándalo terrible. A su partida, las demás armaduras parecieron 
aumentar la 
intensidad de su
canto.
 
- Va en busca de su dueño -adivinó Marin.
 
- Milady Athena, cuando me localizó por medio del cosmo, ¿No sintió 
otros 
cosmos semejantes al
mío?
 
- Si... ¡Sí, por supuesto! Cuatro son los de... los de Shiryu, Hyoga, 
Ikki y 
Shun. Y había otros
tres que no reconocí.
 
- Son los de los otros tres Santos Dorados. Pero, ¿Cómo es que no 
sabíamos 
que había gente
entrenando para ganar las armaduras doradas?
 
- Sólo Dios lo sabe -dijo Athena juiciosamente.
 
- ¿Y cómo es que nuestros amigos alcanzaron el séptimo sentido así de 
fácil?
 
- Ya lo habían alcanzado desde hace mucho tiempo, Kiki, pero hasta 
ahora se 
han hecho acreedores
al honor de portar armadura dorada. Me pregunto por qué...
 
Kiki tomó conciencia entonces de eso. Las armaduras habían elegido 
nuevos 
dueños para que
protegieran a la tierra de el mal que se acercaba. La Tierra necesitaba 
maestros, protectores, y
había elegido a ocho nuevos Santos Dorados.
 
- Bueno, -dijo retornando a su buen humor habitual- creo que lo mejor 
es que 
localice a nuestros
amigos y los traiga acá, y así las armaduras no tengan que hacer un 
largo 
viaje. Mientras tanto,
tal vez quieran esperar a los otros tres Caballeros Dorados que vendrán 
a 
rendirle honores a
Athena.
 
- ¿Y porqué no los traes a ellos también?
 
- ¡Porque no los conozco! Creo que sería más correcto que ellos 
llegaran y 
se presentaran.
 
- Kiki tiene razón, señora -Terció Marin-. Todavía no los conocemos y 
no es 
prudente traerlos
sin la presencia de alguien capaz de protegernos.
 
- Muy bien. Kiki, ¿a quién vas a traer primero, pues?
 
- Hum... Yo creo que a Ikki. Se le va a alegrar un rato el rostro, y 
aparte 
sólo hay que cruzar
el Mar Mediterráneo.
 
No bien hubo terminado Kiki de decir esto, desapareció, para reaparecer 
quince segundos después
con Ikki vistiendo lentes oscuros, camisa blanca y una cámara colgada 
al 
cuello.
 
- ¿Qué... Saori? ¿Qué rayos hago aquí en el santuario? ¿Con qué derecho 
interrumpen mis
vacaciones?
 
La armadura de Leo registró rápidamente la presencia de su dueño cerca, 
y 
antes de que Ikki se
diera cuenta, la armadura ya había cubierto su cuerpo, lanzando brillos 
y 
destellos dorados por
todos lados.
 
Athena fue la primera en hablar.
 
- Hola, Ikki, Caballero Dorado de la Quinta Casa de Leo.
 
- ¿Quinta Casa de...? ¿Caballero Dorado? ¿Qué rayos quieres decir?
 
- Pues eso mismo. Que ya eres el Caballero Dorado de Leo.
 
Ikki se examinó vistiendo la Armadura Dorada, y volteó a ver a Athena. 
De 
inmediato recobró su
aire serio y se dirigió hacia la Diosa.
 
- Mi señora, acepto esta distinción y juro que haré valer el honor al 
que me 
he hecho acreedor.
-Dicho esto se arrodilló y prosiguió- Y la mejor manera de hacer esto 
es 
honrándola y
protegiéndola a usted.
 
- Bueno, bueno -dijo Kiki con alegría-, ¿quién lo diría? Pero creo que 
perdemos el tiempo
quedándonos todos aquí, viendo cómo Ikki presta juramento. Voy ahora 
mismo a 
traer a los demás, y
creo que será mejor que traiga a los tres de una vez.
 
En cuanto Kiki se hubo ido, Athena, Shaina y Marin pusieron en 
antecedentes 
a Ikki de todo lo
que estaba pasando. Aproximadamente un minuto después aparecieron Kiki, 
Shiryu(Con cara de
interrogación), Hyoga(visiblemente molesto) y Shun, que continuaba con 
su 
cara de abatimiento.
 
- ¿El Santuario? ¿Para qué nos has traído aquí, Kiki? -preguntó Shiryu.
 
- ¿Y qué hace Ikki vistiendo la Armadura Dorada de Leo? -preguntó Hyoga 
sin 
poder ocultar su
asombro.
 
- Bueno -contestó Athena-, parece que las Armaduras Doradas ya tienen 
nuevos 
dueños.
 
Los tres Caballeros restantes no habían reparado hasta entonces en las 
Armaduras que brillaban
atrás de ellos, pero en cuanto voltearon a verlas, las armaduras de 
Virgo, 
Libra y Acuario se
deshicieron en todas sus partes y fueron a posarse sobre los cuerpos de 
sus 
nuevos dueños.
 
- Vaya, casi había olvidado cómo se sentía vestir la Armadura Dorada de 
Libra.
 
- Yo también, la Armadura de Acuario tenía tiempo que no la usaba.
 
- Ustedes las usaron varias veces, en cambio yo sólo la usé una vez y 
por un 
corto tiempo, antes
de que...
 
- De que Thanatos las deshiciera -interrumpió Shiryu-. Y creo que aquí 
falta 
uno más para
completar esta reunión de Caballeros Dorados.
 
Todos bajaron la cabeza al recordar a Seiya, quien debía estar en el 
paraíso 
observando a sus
amigos convertidos en todos unos Caballeros Dorados.
 
- Yo creo que él está orgulloso de ustedes -dijo Marin con la voz un 
poco 
entrecortada, sin duda
recordando a su alumno, el único ausente en ese cuarto-. Pero, ¿No 
deberíamos honrar su memoria
alegrándonos, en lugar de estar tristes? Vamos, vamos, ustedes tres 
tienen 
que prestar juramento
a su Diosa.
 
Y así lo hicieron, los tres, uno por uno, prestaron juramento a Athena. 
Shiryu, respetuoso y
solemne como siempre. Hyoga, con la seriedad fría de siempre, pero la 
cual 
se veía alterada por
momentos al cruzar por el azul helado de sus ojos un relámpago de 
alegría. 
Shun, el más sensible
de todos, se explayó prestando juramento a Athena, visiblemente 
conmovido. 
Al terminar, todos se
felicitaron, y, se dieron cuenta hasta entonces de que las Armaduras de 
Escorpión y Capricornio
también estaban en el cuarto.
 
- ¿Y eso? -preguntó Hyoga.
 
- Las armaduras de Géminis, Escorpión y Capricornio ya también tienen 
dueño 
-contestó Kiki.
 
- ¿En serio? ¿Y quiénes son?
 
- No lo sabemos. Pensamos que los mejor es esperar aquí a que hagan 
acto de 
presencia los otros
tres Caballeros Dorados.
 
Todos se pusieron entonces a esperar. Las armaduras salieron volando 
una 
detrás de la otra algún
tiempo después, y después de estar un rato esperando, Shiryu rompió a 
hablar:
 
- Es inútil. Esos sujetos no llegarán de inmediato. Yo creo que lo 
mejor 
será esperar unos días
aquí en el Santuario a que hagan acto de presencía esos tres.
 
- Yo creo que no deberían esperar demasiado -dijo una voz desde el 
dintel de 
la puerta del
salón.
 
Todos voltearon, y aparecieron en la puerta tres figuras vistiendo las 
Armaduras Doradas.
 
- ¿Qué? ¿Tan rápido? -dijo Kiki.
 
- Así es, Caballero Dorado de Aries -dijo el que portaba la Armadura de 
Escorpión.
 
- La verdad, es que nos trajo hasta aquí el único hombre en todo el 
santuario que tiene un poder
de Teletransportación similar al tuyo, Kiki -terció el Caballero de 
Capricornio.
 
- Creo que al que se refieren es a mí.
 
Atrás de los tres nuevos Caballeros apareció una figura que hizo que 
los 
presentes se pusieran
instintivamente en guardia, pues el que hablaba no era otro que 
Espartano de 
la Grulla.
 
- Tranquilícense caballeros, puesto que yo ya no soy más el que alguna 
vez 
fui.
 
Dicho esto se dirigió hacia Athena y se arrodilló ante ella.
 
- Milady Athena, espero me perdone por los errores del pasado. Estoy 
ahora 
incondicionalmente a
su servicio. Shiryu de Libra, si alguna vez combatí contra tí, espero 
que 
ahora podamos ser
amigos. Shaina de Ofiuco, espero también me perdones, y podamos volver 
a ser 
amigos.
 
Todos se voltearon a ver con caras de desconcierto, hasta que Athena 
rompió 
el silencio.
 
- Bueno, pero, ¿qué les pasa a todos? Démosle la bienvenida al hermano 
que 
regresa, al pecador
arrepentido de haber alzado su mano contra sus compañeros. Bienvenido 
seas 
de nuevo, Espartano de
Grulla.
 
Shiryu fue el primero en estrecharle su mano ya él le siguieron los 
demás. 
Espartano fue
recibido por todos, y al terminar habló nuevamente.
 
- Gracias a todos por haberme aceptado nuevamente, pero creo que los 
que 
realmente merecen su
atención en estos momento son esos tres muchachos que esperan junto a 
la 
puerta.
 
Los tres Caballeros Dorados se adelantaron, y el Caballero de géminis 
empezó 
a hablar.
 
- Hace más de tres años, un Caballero de Plata, arrepentido de sus 
pecados, 
buscó alrededor del
mundo una mente sabia que le aconsejara cómo reparar sus faltas.
 
- Fue entonces que se dirigió a Los Cinco Picos de China a Hablar con 
el ser 
sabio que ahí
moraba -dijo el Caballero de Escorpión.
 
- El Anciano Maestro sanó su alma, y lo mandó entonces a buscar a tres 
jóvenes que iban a ser
los cimientos de la orden en el futuro, puesto que él sabía que iban a 
morir 
varios héroes al
final de la era oscura. Le dijo que los instruyera en el cosmo, y que 
después los dejara que
terminaran su entreanamiento solos, puesto que los Caballeros Dorados 
son 
maestros de maestros, y
nadie los termina de entrenar.
 
- Así pues, este Caballero de Plata viajó a los lugares que el maestro 
le 
había indicado,
diciéndole que en esos lugares habitaban tres muchachos con grandes 
capacidades para alcanzar el
cosmo principal: En Irlanda me buscó a mí, Erin, y me enseñó a 
desarrollar 
el cosmo al nivel de
la Plata.
 
- Después fue a Egipto a buscar al Futuro Caballero Dorado de 
Escorpión, y 
ahí me encontró a mí,
Ankiseth.
 
- En México me encontraba yo, Adon, el último de los guerreros 
escogidos, 
del Signo de
Capricornio.
 
- Yo les enseñé lo básico, y después ellos entrenaron hasta alcanzar el 
nivel de un Caballero
Dorado. Ahora, muchachos, acerquénse a mostrarle sus respetos a la 
Diosa a 
la que han de servir
de ahora en adelante.
 
Los tres se acercaron a Athena y se arrodillaron ante ella, a le vez 
que 
prestaban juramento.
Una vez que hubieron terminado, y que la Diosa les hubiera dado su 
venia, 
comenzaron a estrechar
las manos de todos los circunstantes.
 
- Así que Erin de Géminis -dijo Shun al estrechar la mano del aludido-. 
Espero que tú no tengas
algún gemelo malvado por ahí.
 
- Vaya, eres muy diferente a Milo, Ankiseth de Escorpión -dijo Hyoga.
 
- Espero de verdad ser diferente al Fallecido Caballero, señor.
 
- Adon, sé que honrarás la memoria del fallecido Shura.
 
- Lo haré, Shiryu de Libra.
 
Cuando hubieron terminado todos, Athena les dijo a todos que era hora 
de 
retirarse, y todos los
Caballeros se desbandaron en todas direcciones. Unos se dirigían a las 
Doce 
Casas, y en la Casa
de Acuario dejaron a Hyoga, en la siguiente a Adon de Capricornio. 
Ankiseth 
fue el siguiente en
dejar al grupo, y de ahí todos fueron uno tras otro. Libra, Virgo y 
Leo. 
Pasaron entonces Kiki y
Erin por la casa de Cáncer, sintiendo un ligero escalofrío, pero 
nadamás 
abandonarla reanudaron
su animada charla. Después de dejar a Erin en la casa de Géminis, Kiki 
se 
encaminó a la Casa de
Tauro, mientras reflexionaba acerca de que había sido un dia grandioso, 
pero 
también en que, en
tres años, tendrían que volver a pelear, y que les tenían que decir a 
los 
nuevos miembros de la
orden acerca de la futura batalla.
 
La batalla contra Cronos.
 
FIN DEL CAPITULO 4.
 
 
* Camus es un apellido francés(se pronuncia Camiú), así que chance y 
Camus 
de Acuario no se
llamaba Camus, sino Pierre, Leonard, algo.
 
 
Erin de Géminis
 
Origen:                    Irlanda
Edad:                      17
Peso:                      72 Kgs.
Altura:                    1.82 Mts.
Fecha de nacimento:        02 de Junio
Lugar de entrenamiento:    Irlanda
Ataques:                   Destructor Estelar: Es muy similar a la 
Explosión 
de Galaxias de
                                                Saga y Kanon, pero es 
más 
rápido.
                            Doble Dimensión: También muy similar a La 
Dimensión De Saga y Kanon,
                                             la diferencia radica en 
que 
ésta mata de inmediato
                                             al oponente, ya que no 
puede 
existir en dos planos
                                             dimensionales a la vez.
 
Ankiseth de Escorpión
 
Origen:                    Egipto
Edad:                      17
Peso:                      78 Kgs.
Altura:                    1.85 Mts.
Fecha de nacimiento:       13 de Noviembre
Lugar de Entrenamiento:    Egipto
Ataques:                   Veneno Psíquico: Es el equivalente a la 
Restricción de Milo, pero
                                             éste nubla todos los 
sentidos 
del oponente en lugar
                                             de inmovilizarlo.
                            Aguja Escarlata: Ankiseth Es fan de Milo y 
aprendió su técnica.
                            Aguja Escarlata Antares: Lo mismo.
 
Adon de Capricornio
 
Origen:                    México
Edad:                      18
Peso:                      77 Kgs.
Altura:                    1.87 Mts.
Fecha de Nacimiento:       06 de Enero
Lugar de Entrenamiento:    México
Ataques:                   Fuego Del Cielo: Una gran tormenta de fuego, 
más 
poderoso que el
                                             fuego con el que atacaba 
Hagen 
de Merak de Beta.
                            Puerta Del Cielo: Con Shaka en el Paraíso, 
hacía 
falta alguien que
                                              ejecutara ataques basados 
en 
ilusiones. Es muy
                                              difícil dar una 
descripición 
exacta de esta ataque,
                                              pero se supone que es más 
poderoso que el Tesoro
                                              del Cielo.

 

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