Una Nueva Era. CAPÍTULO 3: Nace una nueva Orden. Sí se le permitiera a los turistas que visitan Grecia, y en especial, Atenas, entrar a las áreasrestringidas del Santuario, es decir, a los Campos de entrenamiento de Caballeros, Las Doce Casasy el Templo de Atena, se encontrarían con un área mucho mejor conservada que las denominadaszonas "Turísticas"; el Partenón, la Acrópolis, etc. Pero esta mañana, el Santuario se veía simplemente esplendoroso. Las desnudas rocas yacantilados que lo rodeaban, formidables defensas naturales, parecían gigantes que reflejaban elsol al despertar. Los campos reverdecían y el rosal que rodeaba el Templo de Piscis estallaba entodo su esplendor rojo. Y todo esto a pesar de que el Santuario estaba casi vacío. Después del final de la batalla contra Hades, el Santuario había quedado con muy pocoshabitantes. Durante un tiempo los restantes Caballeros de Bronce habían estado ahí, pero hacíamuy poco que habían partido rumbo a sus antiguos campos de entrenamiento, deseosos de aprendermás acerca del cosmo que habían aprendido a desarrollar hasta el nivel de un Caballero de Plata.De hecho, Jabu deseaba ahora ganar el derecho a portar la sagrada armadura Plateada de Perseo,que había sido restaurada por Kiki recientemente, después de que Shiryu la deshiciera en milpedacitos. Quedaban aproximadamente 95 guardianes, cifra realmente pequeña si se toma en cuenta que entiempos de guerra el Santuario alberga cerca de 400 guardianes. Por encima de ellos se situabanlos aprendices de Caballero, pero en estos momentos el Santuario no tenía ninguno. Tampoco habíaningún Caballero de Bronce. Caballeros Plateados había dos, Shaina de Ofiuco y Marin de Águila, yademás uno desaparecido, Espartano de Grus, la Grulla, único sobreviviente de la Guerra contra elSantuario, y del que no se sabía nada desde la muerte de Argol. Caballeros especiales no habíaninguno. Tampoco había Caballeros Dorados. La sala de las Armaduras, situada atrás del Salón delPatriarca, tenía a la mayoría de las Armaduras que siempre están en Grecia. Atena vivía en sutemplo, con su consejero, criado, mayordomo, ayudante, y fiel sirviente, Tatsumi. Otras 4personas no guerreras vivían en el Santuario, dedicadas al mantenimiento de los templos, cuidadode los rosales del Templo de Piscis, cocinar los alimentos, etc., siempre ayudados por losguardianes. Satos, Lucca, Sofía y Al-Fateh eran los encargados de estas tareas, seleccionadospersonalmente por Atena. Estos eran, pues todos los habitantes del santuario. Y ahora mismo seencontraban Sofía y Al(así le decían todos)arreglando la fachada del templo de Aries. Al parecer,Atena esperaba a gente muy importante hacia el mediodía. - ¡Demonios, que esto me da curiosidad! - Y que lo digas, Sofía. Supongo que no debe de ser nada malo, puesto que la Señora está muycontenta...Pero de cualquier forma debe de ser alguien especial, ya que tenía ya mucho tiempo quenadie daba mantenimiento a alguno de los Doce Templos. - Bueno, la señora se pondrá aún más contenta al saber que ya está todo listo. Ea, hay quellamar a unos de esos guardianes para que se lleven toda la basura que había aquí. Cuando los guardianes regresaron al Templo de Aries, se encontraban afuera de él Atena, así comoel resto de los guardianes, todos formados y como esperando algo. Algunos de los guardianes másviejos recordaban que esto lo hacía también el patriarca cada vez que se investía a un Caballero,pero nunca habían visto que se hiciera frente al Templo de Aries. Sin duda que el Santuario habíatenido cambios desde la muerte del anterior patriarca. Dejaron algunas cosas dentro del templo, y salieron a formarse. A los presentes se habíanañadido Shaina y Marin, que estaban formadas enfrente de todos los guardianes. Tatsumi, Satos,Lucca, Sofía y Al-Fateh se encontraban como espectadores desde unas rocas, las mismas rocas enlas cuales se habían parado los Caballeros de Bronce a contemplar el Reloj de Fuego mientras elfallecido maestro Mu, antiguo Caballero Dorado de Aries, reparaba sus armaduras. Todos estabancomo esperando. La espera terminó de repente cuando apareció en las escaleras, caminando hacia ellos, una figuraalta, que llevaba un traje raro, del tipo que usan las gentes que viven en las montañas delTibet. A varios de los guardianes con más de cuatro años en el Santuario les pareció vagamenteconocida esa figura. Mientras se acercaba, observaron su magnífico cabello rojo, que salíaalborotado de su cabeza, y una larga cola salía de su nuca. En su frente se veían dos pequeñospuntos, y en sus ojos azules parecía reflejarse la eternidad misma. Era alto, más de 1.80, y deaspecto inteligente además. Se acercó lentamente a Athena, y se arrodilló ante ella en actitudrespetuosa. - Atena, he respondido a tu llamado. - Me da gusto que hayas respondido, Kiki. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nosvimos. - Es verdad... ¿Para qué me has llamado, Atena? - La armadura de Aries ha escogido a su nuevo dueño. - ¿Es en serio? -El rostro de Kiki recobró su antiguo brillo alegre e infantil. - Así es. Las armaduras son entes vivos, como bien lo sabes, y cada vez que eligen un nuevodueño, yo lo sé. - Yo... Sabía que mi entrenamiento no había sido en vano... Gracias, mi Señora, juro que no tedefraudaré... - Nunca lo has hecho, Kiki. Desde que eras alumno de Mu, sabía que tenías pasta de Caballero.Habitantes del Santuario, honremos al nuevo Caballero Dorado de la Primera Casa de Aries. Todos los Guardianes aplaudieron con respeto. Desde hacia muchos años no se había llevado a cabouna ceremonia de investidura de un Caballero Dorado, y ahora esperaban ver el momento en que laarmadura dorada saliera en toda su magnificencia a posarse sobre el cuerpo de su nuevo poseedor. No tuvieron que esperar mucho. Un relámpago dorado salió desde el templo y apareció ante todosellos la armadura dorada. Kiki se acercó con solemnidad, mientras el aire se llenaba con unsonido vibrante. Al momento de tocar Kiki la armadura, ésta se deshizo en todas sus partes yempezaron a revolotear como avispas de luz alrededor de Kiki. Una avispa se pegó repentinamentea las piernas de Kiki, y de ahí le siguieron las demás, bañando de luz al Caballero. Cuando éstase disipó, todos los presentes admiraron al nuevo Caballero Dorado, que sostenía debajo de subrazo el casco de su armadura. Tras de esto, empezó la fiesta. Desde los tiempos de la antigua Grecia, era costumbre que cadavez que un nuevo Caballero Dorado era investido, se organizara una fiesta en su honor. Así fue enesta ocasión, y todos disfrutaron de una excelente comida en el templo de Aries. Atena presidíala mesa de honor, con Kiki a su derecha, y Shaina y Marin a su izquierda. - Atena... ¿Acaso no van a venir Shiryu, Ikki, Shun e Hyoga? - Intenté comunicarme con ellos, pero no había nadie en su departamento de París. He intentadolocalizar sus cosmos, pero ellos han aprendido demasiado bien a apagarlo. Había en la voz de Atena una nota ligeramente irritada, así que Kiki decidió no preguntar más. Súbitamente apareció Shun en la puerta del templo, vistiendo su armadura divina de Andrómeda, lacual relucía como una antorcha de color magenta. - ¡Vaya, pero si es Shun! -Dijo Kiki con alegría. Athena parecía estar muy sorprendida. Shainaparecía positivamente encantada con la aparición de Shun(Ya no usaba la máscara). La expresión deMarin no se podía adivinar, pero sus labios, que llevaba descubiertos, dejaron escapar una levesonrisa de satisfacción. - Creyeron que no vendría, ¿Eh? - Bueno, tú y tus amigos no han dado señales de vida -dijo Atena con cierto dejo enojón en lavoz. - Así es, y lo siento mucho, Saori(era uno de los pocos que le decían así). Los demás te pidendisculpas por no poder asistir, pero mandan sus felicitaciones a Kiki. - ¿Hasta tu hermano? - Hem... Sí, hasta mi hermano. Shun no quería decirle a Atena que su hermano había desaparecido, y que nadie sabía dóndeandaba. Transcurrió el resto de la comida en una animada charla entre Shun y Kiki. Después, cuando todoshubieron terminado su comida y limpiado el templo, Kiki acompañó a Atena hacia la salida traseradel templo. Shun se había retirado a las habitaciones que le estaban destinadas, cerca de lostemplos. Kiki despedía a Atena. - Mi señora... Yo... deseaba preguntarle si ahora he ganado mi derecho a tener alumnos. - Claro que sí, Kiki. Solamente los Caballeros de Bronce no poseen tal derecho. ¿Acaso planeastener tan pronto alumnos? - Así es... Creo que te se te va a hacer interesante saber que planeo tomar bajo mi tutela comopupilos a Daichi y a Sho. - Daichi y Sho... Ya... ¿Los Caballeros de Acero? ¿Porqué precisamente ellos? - Porque ellos guardan un gran poder... debe ser liberado... yo sé lo que hago, no se preocupe. - Bueno, supongo que sí... Nos veremos entonces Kiki. - Hasta luego, señora. Kiki esperó un momento hasta que Atena se encontrara suficientemente lejos de su templo, y asipoder platicar con Shun. - ¿Ya se fue, Kiki? - Sí, Shun, ya puedes salir. - Demonios, Saori, está más irritable que antes, pero no debe oír lo que debo platicarte. Lapreocuparía. - ¿De qué se trata, amigo? - Bueno, tú heredaste de Mu toda su sabiduria... Así que supongo que tal vez sepas algo acercade una leyenda relacionada con una biblioteca universal, o algo así de divertido. - Ummmmm... Creo que sí, pero no consigo recordar bien... Ummmmm... Creo que necesitaremos ir alTíbet, a la casa de mi maestro, y consultar personalmente sus libros. - Hem... Sí claro... Yo creo que mañana podremos partir temprano, ¿No? Podrías inventarle algunaexcusa banal a Saori y... - No, si yo decía ir ahora mismo. - Sí claro, ir ahor...¿¡Qué!? - Sí, ir ahora mismo... Así Saori sólo sentirá mi cosmo y no sospechará nada... Más práctico yefectivo, ¿No crees? - Hem, bueno, sí pero... - Shun, para ganar el derecho a portar la armadura dorada de Aries, tuve que llevar mishabilidades al máximo. Entre esas habilidades se cuenta la teletransportación, y la domino a laperfección. Puedo llevar y traer objetos, conmigo o sin mi, sin el menor esfuerzo. Ahora es caside día en el Tibet, así que creo conveniente irnos ahora mismo. - Bueno... está bien, vámonos. Sin previo aviso, Shun se encontró de pronto levitando ante la casa de Mu en el Tíbet. Antes dedarse cuenta dió con su trasero en el suelo, mientras kiki se desternillaba de risa. - ¡Eres el mismo mocoso de siempre, Kiki! - ¡Jajajajajajaja, lo siento, Shun, pero no recordaba que siempre aparece uno flotando despuésde la teletransportación, Jajajajajajaja! - Bueno, tienes suerte de que no traiga mi armadura... Entremos a casa de Mu y veamos esoslibros. Entraron ambos a casa del fallecido maestro Mu, y Kiki condujo a Shun al tercer piso, que eradonde Mu guardaba sus libros. - Muy bien, Shun, tú revisa ese estante y yo revisaré este. - OK, Kiki, supongo que puedo emp... ¿Qué? ¡Estos libros están en idioma tibetano! - Bueno, sí... ¿Y qué? - ¡Que no sé leer tibetano, zopenco! - Hum... Bueno, siéntate ahí, y revisa esos manuales y guías ilustradas... Están escritos engriego, así que supongo que no tendrás problemas. - Está bien. Mientras Kiki repasaba todos los escritos de su maestro acerca de leyendas y conocimientosuniversales, Shun repasaba perezosamente las hojas de un manual de armaduras. Las primeraspáginas le parecieron sumamente aburridas, ya que eran cosas que el conocía demasiado bien. Sóloera un pequeño tratado acerca de las 88 constelaciones, y cómo las últimas(microscopium,telescopium, octans...)son las que están hechas de un "material desconocido". A continuaciónseguían esbozos de las armaduras de las 88 constelaciones, que tenían apuntes en los márgenes,sin duda hechos por Mu. Shun no había visto nunca la mayoría de dichas armaduras, y se maravillóante los hermosos diseños de varias de ellas... Apus, Octans, Equuleus, todas nuevas para él, yvió con nostalgia los diseños originales de las armaduras de él y sus amigos. Venía también elorigen de la armadura, mencionando acerca de dicho origen que todas fueron creadas por orden deAthena por los alquimistas legendarios del continente perdido de Mu, el origen de suconstelación, y de su primer portador. El primer portador de la armadura de Andrómeda fue un talAlceros, de la Isla de Creta. Peleó en una guerra contra ciertos demonios que asolaban el ahorallamado Estrecho de los Dardanelos, y pereció en combate. Al parecer murió tratando de proteger asus compañeros de un ataque de sus enemigos. - Vaya, asi siempre han sido los portadores de la Túnica de Andrómeda... Puro sacrificio -DijoShun para sí mismo. Después venía un tratado acerca de aquellas armaduras que no pertenecían a las 88 constelacionespero que estaban al servicio de Atena. Las armaduras de Crystal, Flama, Reda, Espica, Cerberus, ymuchas otras, entraban en esta categoría. Acudió a su mente cierto rumor de la existencia de unCaballero de Bronce llamado Arythar de Albatros, que tal vez estubiese peleando por la justiciaen algún lugar cerca de allí. Sin duda alguna que toda esa colección era el fruto de muchos siglos de cuidadosa recopilación,y era un hecho que varios de esos escritos pertenecieron a los maestros antiguos de la raza deMu. Encontró también pequeñas anotaciones acerca de los guerreros de las demás Ordenes encargadasde proteger la Tierra, y el origen de sus armaduras. La Guardia del Pueblo de Dios, la másimportante de todas, sólo aparecía en ocasiones muy especiales. Sus armaduras son las máspoderosas, ya que están protegidas por la Bendición de Dios, forjadas con la mismísima Luz delCielo. Son la Alas de Estrella, y son casi irrompibles. Sólo alguien que cuente con la Bendiciónde Dios o que haya alcanzado el Noveno Sentido puede aspirar a tal proeza. Los guerreros más importantes de dicha orden son los 4 Arcángeles y Los 13 Tronos. Algo especialacerca de estos últimos es que son los únicos de toda la orden que los Ángeles toman el cuerpo deun hombre. Tiene sentido, pensó Shun, pues según esto, eran los primeros en pelear en caso de quela Guardia tuviera necesidad de entrar en acción. - Hum... Ellos en el paraíso y nosotros peleando siempre... Me pregunto qué tan difícil tieneque ser la situación para que entre en acción la Guardia del Pueblo de Dios. Mientras tanto, en el Santuario, Atena había sentido la divergencia de espacio que habíaocasionado Kiki con su teletransportación. Desde la muerte de Seiya, la parte humana de Atenahabía estado siendo gradualmente relegada por la personalidad de la Diosa. Esto era magnífico, yaque ahora se ocupaba más de su deber como guardiana del mundo, pero sin una amenaza cercana, aveces resultaba bastante aburrido. Por eso trabajaba mucho en el perfeccionamiento de sus donescomo diosa, y aunque todavía no podía localizar a los cuatro Caballeros más importantes a suservicio, podía sentir y saber ya muchas cosas. Y una era que en la resonancia que había dejadola teletransportación de Kiki, pudo sentir una presencia más, aunque no supo definirla. Tal vez no era importante, pensó. Tal vez Kiki había decidido regresar a su lugar de origen porun tiempo, pero era raro que no se lo hubiera dicho. De cualquier forma, ella no era la mamá desus Caballeros para andarlos cuidando siempre. Pero tal vez se avecinaba algo importante...después de todo, el mal siempre está presente en la tierra. O tal vez sólo estaba imaginandodemasiadas cosas. Decidió que era ya muy tarde, así que mejor se acostó a dormir. Hasta losinmortales deben descansar. En el Tíbet, Shun casi se había quedado dormido, mientras Kiki repasaba varios libros de alparecer bastante tiempo de antigüedad. No había estado leyendo tanto desde hacía ya algún tiempo,y resultaba interesante repasar tantos tesoros de sabiduria. Shun se incorporó de un salto al oír a Kiki exclamar "¡Aquí está, aquí está!". Se despabilórápidamente, mientras Kiki señalaba con visible emoción el texto. Comenzó a leer de forma clara ycon un buen volumen: "Existe un lugar donde se guarda toda la historia de la tierra, desde su creación hasta el Díadel Juicio. Tal lugar es la Biblioteca Universal, y sus libros están escritos en el lenguaje quehablan los Inmortales. De vez en cuando, un mortal es elegido y se le comunica algo importante,pero esto pasa muy raras veces, y sólo unos cuantos pueden recibir noticias concernientes alfuturo del mundo." "Este lugar existe en un plano intermedio entre el reino de los mortales y el de los Inmortales,por lo tanto, no se le puede ver a simple vista. Sin embargo existen ciertos lugares que debido asu fuerte significado místico, religioso y espiritual, tienen consonancia con el PlanoIntermedio. Cuando algún elegido se acerca a alguno de esos "portales", es guiado por medio de unespíritu hacia la entrada a dicha biblioteca, que sólo es visible para el elegido." "Esta claro que ciertos individuos con experiencia en abrir portales interdimensionales,teletransportación avanzada, clarividencia, Noveno Sentido, habilidades psíquicas de alto nivel ode tipo cuántico y manejo, desdoblamiento y suprapercepción de la realidad pueden accesar a laBiblioteca sin ser elegidos, pero, olvidando un momento el hecho de que esto equivaldría adesobodecer la voluntad de los Inmortales y Dios Padre, muy pocos son los Individuos que poseenlo necesario para accesar al Plano Intermedio." "Cuando algún no elegido entra al Plano Intermedio, dependiendo de sus acciones puede seratacado inmediatamente por los guardianes de la Biblioteca, o simplemente ser juzgado a su muertepor romper el sello interdimensional." - ¿Teletransportación avanzada? -Dijo Kiki al terminar de leer- ¿Significa que todavía me faltadominar más la teletransportación? ¿Qué diablos significa esto? Shun... ¿Estás enterado de...? - ¿De lo que viene? ¿Lo sabes tú también? - Yo... Creo... que sí, hum, sí creo que lo sé... - Por eso entrenaste más duro y ganaste el derecho a portar la Armadura Dorada de Aries. Porquelo sabías. ¿Mu te lo dijo? - No. - ¿Entonces? - Yo... Creo que simplemente lo sé... No sé cómo pero lo sé. - Sabes entonces que aún faltan otros dos años y medio para tal evento, ¿Verdad? - Sí. - ¿Crees que seamos suficientes tú, los demás y yo? - No. - Entonces es hora de hacer nacer a la nueva Orden del Zodiaco. - Por lo pronto yo ya tomaré a mis primeros alumnos. - Daichi y Sho. ¿Dónde los entrenarás? - En Jamir. ¿Dónde más? Um... ¿Esto lo saben los demás? ¿Se los contaste? - Sólo saben un poco. No saben de la amenaza que se cierne sobre el mundo. - Debemos regresar decirle a Athena y a los demás, y... - No le diremos nada a Athena. Kiki volteó a ver a Shun con cara de no entender. - ¿Que no le diremos a Athena? - No. Ella ya tiene suficiente por ahora. Cuando llegue el momento ella lo sabrá. A Hyoga yShiryu yo se los diré, tan pronto como los vea. - ¿Y a tu hermano? - No sé si lo vea en un buen rato. Pero en cuanto lo vea también se lo diré. - Bueno... creo que ya sabemos lo suficiente por ahora. Ya debemos de regresar a Grecia. Pero...¿Cuáles son tus planes Shun? - ¿Yo? Yo voy a conseguir alumnos. Debe haber montones de muchachos en todo el mundo con lashabilidades necesarias para pertenecer a la orden. - Muy bien... Yo estaré unos días más en el Santuario, y regresaré acá con esos dos paracomenzar su entrenamiento. No bien había terminado Kiki de decir esto, cuando ya estaban de regreso en el Templo de Aries.Shun esta vez se dió cuenta a tiempo, y evitó la situación de hacía unas cuantas horas. Charlóunos momentos con Kiki y se dirigió hacia su habitación, dispuesto a descansar por unas horasantes de regresar a Francia. Estaba agobiado por tantas revelaciones, pero extrañamente ya no sedesesperaba ante la posibilidad de pelear nuevamente. Después de todas las peleas que habíalibrado, ya no era una novedad enterarse que habría que pelear una nueva guerra. ¿No era acasoese el destino de los Caballeros de Athena? ¿No era su deber, su misión? Pero, ¡Cuánto anhelabanla Paz! Hubiera ofrecido diez años de su vida con tal de haber llevado una vida normal. Sinembargo, desechó este pensamiento, pensando que una persona que ha sido testigo de tantasmaravillas, era indigna de pensar tales cosas. Después simplemente se durmió. A las diez de la mañana ya se encontraba Shun levantado preparando su maleta, ya que su vuelosalía a las 2 de la tarde, hora de Atenas. Acompañó a Athena en su almuerzo en la terraza deltemplo, y ella misma, adoptando su personalidad se Saori Kido, lo llevó hasta el AeropuertoHelénico, al sur de la ciudad, después de que se despidiera de Kiki, Shaina, Marin y Tatsumi, ylo acompañó personalmente hasta la sala de espera. - Shun, quiero agradecerte que hayas venido. Kiki se hubiera sentido muy mal si no hubieravenido al menos uno de ustedes. Realmente estoy muy contenta con tu actitud. - Bueno, yo estoy desocupado en estos momentos, y Kiki es un viejo amigo nuestro. Creo que esjusto que lo haya yo visto en una ocasión tan importante para él como es ser investido con laarmadura dorada de Aries. - Yo creo que Kiki será un digno heredero de la sabiduría de Mu. Sólo espero que modifiquealgunas de sus actitudes infantiles. Shun y Athena se rieron francamente. Estos eran los momentos que disfrutaba más Shun. Cuando laDiosa dejaba de ser Diosa por unos momentos y volvía a ser la joven adinerada que era protegidapor un grupo de jóvenes guerreros. Cuando ella volvía a ser su amiga más cercana(Después de June,claro). - Bueno, Saori, creo que es hora de despedirnos. Tengo que abordar mi vuelo. - Si... Prometeme que tú y los demás me escribirán, llamarán o algo... - Algo, Saori -dijo Shun ya dándole la espalda. Athena observó el avión despegar mientras se decía interiormente que al fin parecían tiemposnuevos para la tierra, y para sus amigos en especial. Nada maligno parecía turbar el horizonte... En el avión, Shun se esforzaba por alejar de su mente el pensamiento de que dentro de pocosdías, el estaría comenzando a buscar a sus futuros alumnos, para llevarlos a la Isla deAndrómeda. No le parecía una idea muy agradable tener que llevarse a un par de muchachos a eselugar inhóspito y alejado de Dios. No le apetecía vislumbrar el tipo de vida que llevarían allí.Pero sobre todo, lo que más le preocupaba era el hecho de que el sería el nuevo maestro, y laverdad es que no tenía la menor idea acerca de cómo convertir a unos jovenzuelos desobedientes enCaballeros de Athena. Sí que era un oficio difícil ser Caballero. FIN DEL CAPITULO 3.