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Ana
Colmenarejo / Madrid. Irónica, divertida, ingeniosa y a veces un
poco ácida. Seguramente, los lectores asiduos del diario británico
Financial Times no pasan por alto la
columna semanal de Lucy Kellaway, una periodista sin pelos en la lengua
que durante los últimos diez años ha tratado de explicar, siempre con
buen humor, qué es el management, cómo son
y se comportan los directivos y su particular visión de la vida en la
oficina.
En un entrevista con Expansión & Empleo
tras la publicación en España de su primer libro,
¡Elemental! Management sin grandes palabras y con sentido común,
Kellaway cuenta en qué consistirá el segundo: "Un culebrón de ficción
llamado Martin Lukes, un mando medio de la filial británica de una gran
compañía norteamericana que estoy convirtiendo en novela".
Kellaway se graduó en la Univesidad de Oxford con los títulos de
Ciencias Políticas, Filosofía y Economía. Empezó trabajando en banca
pero el problema, afirma, es que "me encanta la vida como periodista y
no creo que ahora pudiera dedicarme a otra cosa. A veces pienso que me
hubiera gustado ser profesora de matemáticas, pero no tengo paciencia".
Asegura que es difícil escribir una columna interesante sobre
management todas las semanas y que prefiere
elogiar a criticar: "A veces me quedo sin ideas y me entra el pánico,
pero siempre surge algo interesante en el último minuto".
Una de las modas más recientes del management, asegura, es también una
de las más razonables que ha visto en mucho tiempo: "Está basada en un
libro del ejecutivo norteamericano Larry Bossidy. La idea es que lo que
importa no es la estrategia, sino la capacidad de ejecutarla. Aunque es
algo muy obvio, supone un cambio agradable respecto al resto de las
modas".
Aunque cree que el tema de las mujeres en el trabajo es agotador
-"demasiada palabrería sobre el techo de cristal, las barreras y las
guarderías"-, dice que "algunas mujeres se están dando cuenta de que
lograr el éxito profesional no es tan maravilloso como pensaban. Existen
muchos ejemplos de mujeres que se echan atrás antes de llegar a la
cumbre. Ahora hay más opciones. Se puede tener una carrera de éxito,
cuidar de los hijos o ambas cosas. Quedarse en casa hoy no está tan mal
visto como hace diez años". Afirma que "la oficina da estructura al día
y aporta un buen elemento social. ¡Pero es bueno tener la libertad de
trabajar en pijama sentada en la mesa de la cocina!".
A los consultores, un tema recurrente en su columna, Kellaway les dedica
un capítulo entero en su libro. Afirma que la consultoría está otra vez
de moda: "Todos los jóvenes brillantes quieren ser consultores cuando
salen de la universidad. Es una pena, ya que me parece una pérdida del
mejor talento".
En cuanto a los líderes del siglo XXI, considera que están atravesando
una fase interesante: "Tras los recientes escándalos corporativos, están
desapareciendo los jefes poderosos, autocráticos y carismáticos. Ahora,
el líder ideal es un jugador más del equipo, con grandes aptitudes para
ejercer de coach y un perfil menos elevado". No cree que los jefes sean
más creativos que los colaboradores, y tampoco al contrario: "La triste
verdad es que hay muy poca gente creativa y, los que lo son, rara vez
consiguen llevar a la práctica sus mejores ideas. Las empresas lo saben
y han intentado solucionarlo con buzones de sugerencias, pero con escaso
éxito".
La formación outdoor es para Kellaway una
completa pérdida de tiempo: "Es bueno salir de la oficina unos días
pero, en ese caso, es mejor irse de vacaciones que dar saltos por el
campo con los compañeros". Tampoco le gustan las escuelas de negocios:
"Hacen un buen trabajo cuando son prácticas y mantienen los pies en la
tierra. Son un buen lugar para aprender finanzas, por ejemplo. Pero,
cada vez más, se dedican a enseñar aptitudes blandas, como el liderazgo.
No creo que las escuelas de negocios preparen bien a los profesionales
para llegar a dirigir. Eso se aprende ejerciendo". |