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El
coaching y la actitud filosófica
Muchas
veces algunos coaches me hablaron sobre la dificultad,
cuando no temor, de acceder a cuestiones filosóficas,
ya sea porque no terminan de entender ni el qué ni
el para qué de la Filosofía ni la relación con su
profesión, ya sea porque quedan desconcertados ante
tanta jerga, dato y cita, sin saber qué hacer con
todo eso.
En estas líneas los invito a una reflexión sobre el
coaching desde una óptica diferente: la mirada de
un filósofo. Mi propuesta es, entonces, mostrar de
manera sencilla la imagen de un hombre llamado Thales
de Mileto y a través de él encontrar puntos en común
entre su actitud y la del coach.. Más que abundar
en información filosófica, en vez de explicar alguna
teoría en particular, distingamos un modo de ser.
Caminemos juntos entonces.
Nace
algo nuevo
Filosofía.
¡Cuántos significados para esta sola palabra! Como
una primera aproximación consideremos su etimología:
filo-sofía, amor a la sabiduría, amor que es
tendencia hacia un bien no poseído, anhelo no satisfecho
y que lleva al hombre siempre más allá de la respuesta
obtenida. El que filosofa,"peregrina en el
desierto".
Si preguntamos qué es propiamente la filosofía, no
encontramos una definición que incluya todas las interpretaciones
que los filósofos ofrecen como respuesta.
Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, nos
dice: "...cada sistema filosófico puede valer
como una respuesta a la pregunta acerca de lo que
es la filosofía".
En la antigua Grecia, nace la Filosofía. Hace ya de
esto tanto tiempo que nos cuesta imaginarnos (aunque
nos ayuden los historiadores) cómo serían entonces
las cosas, cuál sería el mundo de esos hombres, sus
vidas, sus deseos, sus inquietudes. Lejos está todo
eso, y sin embargo sigue vivo entre nosotros. No vemos
a esos hombres, pero están hasta para decirles que
ya no queremos saber más nada con ellos.
¿Dónde los veo viviendo? En nuestros modos de pensar,
de actuar, en nuestras maneras de preguntar y de responder.
Ellos son algunos de los que colaboraron para construir
ese gran relato que llamamos cultura occidental.
La filosofía es como una gran tela en la que los hombres
van dando pinceladas una tras otra, todas originales,
distintas. Hasta quien no quiere mirar el cuadro deja
allí sus huellas, lo suyo deviene en un espacio vacío
que otros van a respetar. Filosofía, inmensa tela
que creo, nunca va a quedar completa.
Y empezó gracias al silencio fecundo, a la incomodidad
de la pregunta. Para los primeros filósofos, filosofar
era interrogarse sobre el Cosmos, la Naturaleza en
su totalidad y buscar en ella el primer principio
originario: ¡Qué curioso es el mundo! ¿Por qué las
cosas pasan como pasan?.
Rescatemos, entonces, hoy para nosotros lo que a mi
parecer caracteriza la actitud filosófica: aceptación
de la pregunta. Esta tarea humana en común llamada
Filosofía seguirá viva gracias a aquellos que acepten
convivir con la incertidumbre de no saberlo todo.
La pregunta moviliza y la creación de la reflexión
filosófica traspasa los límites del tiempo y del espacio
individual.
Los historiadores otorgan a Thales de Mileto (siglo
VI A. C.) el honor de haber sido el primero, es decir,
lo reconocen como el iniciador de esta manera
especial de vivir. El filósofo aparece como aquél
que, cansado de tanta respuesta conocida, se arriesga
a intentar otra.
Hasta ese entonces el mito era la llave que abría
todas las puertas al sentido del mundo. Pero los primeros
filósofos no soportaron más tanta certeza, y se volvieron
hacia el misterio, la maravilla que los inquietaba.
Decidieron acabar con la paz que daba la verdad de
los mitos.
Entonces el mundo cambió para ellos, y ellos nos cambiaron
el mundo. La filosofía no nace como el monólogo de
un hombre que avanza seguro a pasos calculados, sino
que surge como un diálogo de éste con el mundo,
diálogo en el que está dispuesto a lo imprevisible.
Si quisiéramos explicar porqué la filosofía nació
allí y en ese momento, no tendríamos una única respuesta
pues nada hay que nos autorice a la aplicación de
una ley de la necesidad.
Surge una actitud crítica frente a lo dado, es decir,
a las respuestas comunitarias que organizaban el hacer
y pensar: el mito. Aparece, entonces, un observador
que cuestiona la manera común de observar. Al responder
se vale de muchos elementos e interpretaciones existentes
ya en la mitología, pero el intento es individual.
Este es un aspecto que considero de interés para un
coach. Thales no rechazó nada, sino que incluyó para
crear. El mito seguía presente.
¡Cuánto pasado sostenía el mundo de Thales!, ¡cuántas
tradiciones, costumbres, historias traídas de otras
culturas! Y sin embargo, a pesar de ese enorme mundo
cultural, en él y para él, el filósofo creó algo
nuevo.
¿Acaso nosotros hoy, como coaches, no estamos también
frente a seres humanos que se alzan en medio de sus
propias historias personales, familiares, sociales?
¿No estamos nosotros mismos parados en nuestro mundo
cultural?
La Filosofía nos muestra un acto de creación sin condena
ni lamentos por lo que había antes allí. ¿Cuán competentes
somos hoy para acompañar a otro en la creación desde
la aceptación?
Thales se asombró en medio de las cosas más familiares,
las miró de otra manera y entonces vio que ya no las
conocía, y preguntó. Fue la novedad de su mirada
lo que permitió a otros tener nuevos ojos.
En Mileto vemos el interés por dar un modelo diferente
de significación, por llevar adelante una revisión
de los presupuestos tradicionales. En este sentido,
los filósofos han actuado como figuras líderes ya
que han saltado por sobre lo conocido, involucrando
a otros en la propuesta y mostrando un camino diferente.
Como actividad humana, la filosofía no es patrimonio
de un sistema en particular, en detrimento de otro
u otros. Veintiséis siglos de antigüedad atestiguan
los desacuerdos entre filósofos. La variedad de respuestas
filosóficas, las oposiciones entre los sistemas, son
un modelo de crecimiento a partir de las diferencias.
Es más, si la misma figura del filósofo y su actividad
nos resulta hoy algo fuera de nuestra cotidianeidad,
¿ lo juzgamos por eso mismo como algo sin sentido?
No propongo en estas líneas que una persona de acción
se transforme en ermitaño o se retire para meditar.
Propongo que el compromiso con la reflexión se despliegue
y se viva "en" el mundo de todos los días,
en el de la actividad, en el de la productividad.
Una manera de interrogar lo que llamamos realidad,
lo que está ahí, es la filosofía, no la única.
Científicos, políticos, artistas, religiosos, organizan
otras preguntas y otras respuestas. Creo que no existiría
esta variada posibilidad de interrogar al mundo, si
éste no nos abriera un abanico de oportunidades reales,
y todas válidas.
Hay una alegoría que relata Platón (S. IV A. C.) que
propongo como metáfora para ilustrar la actitud del
filósofo y la del coach. Es la alegoría de la caverna,
que se encuentra en el diálogo platónico llamado La
República. En ella se nos cuenta que unos hombres
vivían encerrados en una caverna, de espaldas a la
luz, atados con grilletes en el cuello y los pies,
sin poder moverse y condenados a mirar siempre la
pared del fondo. A la entrada de la caverna un gran
fuego iluminaba toda clase de objetos que por allí
desfilaban y proyectaban sus sombras en el interior.
Para los prisioneros nada existía sino esas sombras
que siempre contemplaban. Pero si uno de esos prisioneros,
dice Platón, fuese liberado, si pudiera contemplar
todo lo que existe fuera y luego, movido por el recuerdo
de los otros, decidiera volver a contar lo que vio,
seguramente sus compañeros se reirían de él y hasta
querrían matarlo Estas líneas de Platón pueden mostrarnos
algo de nuestra condición; creo que el texto es fuente
de reflexiones de vida.
Todos juntos ahí dentro de la caverna, ¿no estaremos
tratando con las sombras que fabricamos, y con las
sombras de las sombras? Siempre estuvieron ahí,
entonces ¿"así" son las cosas? ¿Estaremos
hoy como sociedad ampliando la caverna? ¿Será todo
más de lo mismo? ¿Son las sombras la única posibilidad?
Según la alegoría, no. ¿Según nuestra acción cotidiana?
Triste final en Platón para el liberado (que allí
posiblemente representa la figura del filósofo, en
especial la de Sócrates, su maestro). Sin embargo,
nosotros podemos inventar otro final. Lo vital para
mí es: ¿quién se anima a salir, quién soporta el estado
de pregunta, quién se vuelve responsable por mostrar
otra posibilidad?
Entonces ¿permanecemos atados de pies y manos o estamos
dispuestos a crear? El tema no es light. Hay mucho
en juego, si alguien considera que el ser humano es
todavía "mucho" y que hoy éstos son los
resultados: "Cosas muy alegres, contempladas
por hombres muy tristes que no saben qué hacer con
ellas" ( Max Scheler).
El coach está en la caverna y sabe que está allí:
esto le da poder para salir, cambiar, mostrar algo
nuevo y ser instrumento para la creación de un mundo
diferente. Si su compromiso es ser servicio entonces
asume la responsabilidad de acompañar a otro a ver
lo que las ataduras no le permitían. Aunque la decisión
de cada "prisionero" sea personal, el coach,
al igual que el filósofo, está ahí para provocar,
para preguntar, para mostrar lo que no se está viendo.
Para el que está conforme con su vida, este planteo
probablemente no tenga sentido y no le interese salir
de la caverna. El que está sinceramente convencido
de que así son las cosas, de que la pregunta reflexiva
no es útil, el que ya no se ve con grilletes en el
cuello y las piernas como los prisioneros de Platón;
ése quizás no se aventure en el camino de la incertidumbre.
Un día gracias a la pregunta, al asombro del que no
sabe, nació la Filosofía.
Los invito a ver en el estado de pregunta, en la actitud
filosófica, una manera de relacionarnos con el mundo
rica en posibilidades de novedad y crecimiento. Respuestas
tenemos ya muchas, más de las que podamos recordar,
quizás sean las nuevas preguntas las que nos ayuden
a cambiar lo que deseamos cambiar. Gracias.
En preguntar lo que sabes
El tiempo no has de perder...
Y a preguntas sin respuesta,
¿Quién te podrá responder?
Antonio Machado
Alicia
M. Bilucaglia
Coach Profesional
Es Profesora en Filosofía egresada de la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina
(U.C.A.)
Coach certificada, especializada en Liderazgo y Diseño
Ontológico en el Instituto de Capacitación Profesional
(I.C.P.)
Se ha desempeñado durante quince años como docente en
diferentes Universidades.
Ha ocupado el cargo de Secretaria del Departamento de
Filosofía de la U.C.A.
Actualmente coordina grupos de formación de coaches
en el I.C.P. Se desempeña como Docente en la carrera
de Coaching, en dicho Instituto.
Es responsable del diseño y realización de Talleres
sobre la temática del Coaching.
Es responsable del diseño y realización del Ciclo de
Encuentros de Coaching para Mujeres en la consultora
CADEC S.A.
Es socio activo de la Asociación Argentina de Profesionales
del Coaching.
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