SER COACH

Sí, para ser coach es preciso poseer una sólida formación integral, técnico-científica con un fuerte contenido humanista. Se puede complementar desde la psicología, la pedagogía, la sociología o la filosofía, pero el coaching requiere de nosotros una dimensión ética, personal y humana más allá que la propia dimensión profesional. Y esta formación ha de fraguarse en la experiencia, vivencias tratadas como modelo y oportunidad de aprendizaje, con rigor y método para poder transmitirlo. El coach debe ser realista, sin perder de vista el cielo, que no al revés.

Es imposible transmitir la calma, por ejemplo, si no la tenemos integrada en el ser. Un coach no es un guía espiritual, como no es un médico o consultor. El coach se encarga de llevarnos hacia el éxito de nuestros objetivos una vez acordados. Básicamente hace un análisis de la situación de partida, se basa en los puntos fuertes de su cliente y establece una relación de confianza. Después acuerda un plan, unos objetivos y unas metas. Al final, sigue el proceso de cerca, sin que parezca necesario, pero está ahí.

 

Claro está que cada uno es lo que hace. El grupo de profesionales que integra este website, proviene del mundo directivo o académico, con formación universitaria en las áreas antes citadas. En torno a este perfil profesional comenzamos a unir intereses y facilitar entre nuestros colaboradores/as un sitio donde darse a conocer como coach. Si quieres ver algún perfil pulsa aquí.


¿Cómo establecer una relación de confianza entre orientador y cliente?

Algunas de las claves nos la ha proporcionado Carl Rogers, referente de la psicología humanista o de la psicoterapia no directiva que lleva su nombre.

  1. ¿Cómo hacer que nuestro cliente nos perciba como una persona coherente, fiable y segura

    Sobre todo con sinceridad, siendo tal como somos en lo más profundo. Ésta es una realidad que nos inspira esa confianza en los demás.

  2. ¿Puedo ser expresivo como persona, de manera que pueda comunicar lo que soy sin ambiguedades?

    Nuestras percepciones hacen que adoptemos actitudes defensivas que se notan en nuestro discurso. Si puedo percibir mis propios sentimientos y aceptarlos, probablemente pueda ser más coherente y sincero conmigo mismo y con los demás.

  3. ¿Puedo permitirme experimentar actitudes positivas hacia nuestro cliente?

    La calidez, el agrado, el interés y el respeto sinceros quedan a veces de lado porque defendemos un status y adoptamos una posición "profesional" interpersonal.

  4. ¿Soy dueño de mis sentimientos y capaz de expresarlos como algo que me pertenece?

    Cuando logro sentir con libertad la capacidad de ser persona independiente, descubro que puedo comprender y aceptar al otro con mayor profundidad, porque no temo perderme a mí mismo.

  5. ¿Puedo permitir a mi cliente ser honesto o falso, infantil o adulto, deseperado o confiado?

    Es típico de los asesores menos experimentados tratar de erigirse como modelo de su cliente, mientras que los más experimentados no suelen interferir en la personalidad de su cliente.

  6. ¿Puedo penetrar en su mundo privado y sus sentimientos, y verlos como él los ve?

    La mayor utilidad es cuando podemos ver y plantear con claridad los significados de su experiencia que han permanecido oscuros o encubiertos para él.

  7. ¿Puedo aceptarlo tal como es? ¿Puedo comunicarle esta actitud?

    Una actitud incondicional permite el cambio y el desarrollo en el otro. A veces, nuestra actitud condicional es causa de nuestros temores de sentirnos amenazados por sus sentimientos.

  8. ¿Puedo liberar al cliente de la amenaza de la evaluación externa?

    Cuanto más libre de juicios y evaluacion es pueda mantener una relación, tanto más fácil resultará a la otra persona situar el foco de evaluación y el centro de responsabilidad en sí mismo

 

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