Los delitos societarios, impunes
19 de Marzo de 2007Los recientes archivos, por parte de un juez de la Audiencia Nacional, de dos casos que la Fiscalía Anticorrupción llevaba investigando varios años, el de Abengoa (por la venta del 3% de Xfera) y el de las cuentas secretas de BBV, han abierto una profunda crisis en la judicatura. El argumento para dar carpetazo a ambos asuntos es que no hay denuncia de ningún afectado y, por tanto, no consta que en la conducta de los directivos haya habido perjuicio para las empresas.
Pero con esa interpretación se elimina de un plumazo el artículo 295 del Código Penal, que dice textualmente que en los delitos societarios no será precisa la denuncia de la persona agraviada cuando la comisión del delito afecte a los intereses generales o a una pluralidad de personas.
¿Se puede considerar que en empresas como BBV y Abengoa, compuesta por miles de pequeños accionistas, existe “una pluralidad de personas”? La respuesta es sí. ¿Y quién defiende los intereses de todos ellos? ¿Cómo pueden enterarse y demostrar que los directivos no están administrando lealmente la compañía?
Si se ata a la Fiscalía Anticorrupción de pies y manos, negando legitimidad al fiscal para defender los intereses de los accionistas minoritarios de las grandes compañías y no se le permite investigar presuntos delitos societarios, ¿qué les queda? ¿quién defenderá sus intereses?
Muchos penalistas andan estos días escandalizados. Con los precedentes de Abengoa y BBV, se ha abierto un peligroso camino en el que cualquier caso puede ser archivado argumentando la misma razón: que los accionistas no han denunciado.
¿Pero alguien se cree que los pequeños inversores serían capaces de acceder a las actas de los Consejos de Administración, documentos confidenciales, contratos, informes, cartas, correos, cuentas secretas, y demás pruebas para demostrar el delito?
Sin decirlo en voz alta, algunos de los juristas que han defendido a los acusados, entre ellos Horacio Oliva, saben que el camino que se ha abierto es una locura. Esperemos que en la Audiencia Nacional haya algún juez con la razón suficiente como para volver a restablecer el Código Penal.
Cristina Caballero
