Lechuza confianzuda

                                                     Carlos Dinamarca

 

Los hechos y situaciones que he vivido en todos mis años de trabajo, fueron muchos y varios de ellos verdaderamente increíbles, como el que les voy a contar.

El día 13 de Junio de 1983 tomé servicio en López Lecube a las 02,50 Hs. Con tren Nº 2773 a Ingeniero White, con locomotora 6578 y Conductor Rodolfo Pallero, (Chiche).

La noche estaba hermosa pero tremendamente fría, la temperatura había pasado la línea del congelamiento ya que los dos grados bajo cero así lo demostraban.  El tren era un operativo de cereal completo, con treinta vagones y 2300 Toneladas de peso y la preocupación de mi socio era el congelamiento del riel, sobre todo en los lugares donde el perfil de vía sube en forma muy brusca y se producen los patinajes de las ruedas.

Había dos lugares con esas características: Uno a la salida de Lecube en donde está el puente sobre el arroyo entre  los km. 95 y 96 y el otro entre Pelicurá y Chasicó entre los km. 70 y 79,6 donde también hay que pasar un puente que encima estaba con una precaución de paso de solamente 15 km./h.

Luego de relevar al personal que venía con el tren, nos pusimos a revisar y a destapar los depósitos de arena de la locomotora para que funcionaran correctamente. Estos depósitos siempre se humedecían por estar en contacto con los pastos y al mojarse la arena se tapaban los caños que apuntaban a las ruedas y la arena no salía.

Luego de revisarlos y de ponerlos en condiciones, comenzamos la marcha partiendo de Lecube a las 03,30 Hs.

El frío era insoportable. Como al igual que en la mayoría de las locomotoras, las filtraciones de aire a través de las puertas sin burletes eran muchísimas, y aunque el calefactor estaba a pleno, hacía mucho frío. Preparé el mate de inmediato y coloqué mi calentador eléctrico en el piso entre mis pies, para calentarlos un poco. Chiche hizo lo mismo con el suyo.

La primer prueba fue superada con éxito. La subida a Pelicurá luego de pasar el puente la transitamos sin problemas, los areneros funcionaban bien; ahora nos quedaba la más difícil: La subida desde el segundo puente del km. 79 palo 6 hasta la curva del km. 70 en donde el perfil de vía se normalizaba hasta la estación Chasicó para luego si, después de trasponerla, comenzar la bajada hasta Bahía Blanca. En este sector de vía ya no necesitaríamos fuerza de motor pero si que el freno fuera óptimo, ya que su aplicación debía ser constante.

En las dos subidas mencionadas, el perfil de vía tiene la siguiente relación: es del 1 por mil; quiere decir que por cada 1000 Mtrs. De recorrido, La altura del terreno sube 1 metro, como podemos apreciar es una pendiente muy pronunciada.

Pasamos el puente del km. 79,6 y comenzamos a subir. La velocidad del tren era de 15 km./h debido a la precaución del puente. Chiche comenzó a aumentar los puntos de aceleración hasta el Nº 7 que es el anteúltimo; justamente le dejó el último punto sin colocar, para que el motor no se “Ahogara” aunque obviamente ya vienen calibrados para trabajar en todos sus puntos de aceleración. Luego del paso por el puente, la vía entra en una especie de cañadón que es como un túnel sin techo y el bramido de la GR12 era espeluznante! Nos daba la sensación de estar carreteando con un avión a punto de despegar…

La General Motor subía y subía; bramaba y subía. Ya en la curva y contra curva de los km. 72 y 71, comenzó a patinar (el poder de tracción superaba al de adherencia) pero seguíamos subiendo lentamente…

Cuando entramos en la curva del km. 70 y comenzamos a ver el “chapero” de aproximación a la estación, nuestra expectante angustia comenzó a declinar y al pasar por el km. 69 chiche comenzó a bajar lentamente los puntos de aceleración cerrando el controler al tiempo que exclamaba: “Estamos arriba!....Carajo!...lo logramos!

La pasada por estación Chasicó fue a las 05,00 Hs. Una hora y media desde Lecube, casi a horario!

…”Ahora si, “Socianga” tomémonos unos buenos verdes” me gritó chiche detrás del pupitre de Conducción, mientras me alcanzaba su pava para que le ponga agua del bidón;… “Ahora cebo yo” dijo, mientras ponía la pavita en su calentador y preparaba el mate…

Como dije anteriormente, el perfil de vía cambia totalmente desde Chasicó a Bahía Blanca. Ya no se necesita más la aceleración del Motor diesel para traccionar; solo se necesita que el freno funcione a la perfección. En nuestro caso y de acuerdo al tonelaje que traíamos, los 56 ejes de freno efectivo que tenía el tren alcanzaba perfectamente para llegar a destino.

Con el diesel a bajas revoluciones, la “Acústica” de la cabina se normalizó y nuestra conversación también, ya no hacía falta seguir hablando a los gritos…

El viaje continuaba con total normalidad, estábamos pasando por el Km. 59 cuando chiche divisa sobre uno de los postes del cableado telegráfico un ave nocturna parada sobre el y mirando nuestro paso; en realidad lo que miran las aves en la oscuridad de la noche es la luminosidad del farol de la Locomotora.

Las liebres y las vizcachas por ejemplo, se quedan mirando la potente luz que las encandila quedando hipnotizadas incluso dentro de la trocha, donde la mayoría son arrolladas por el tren sin intentar salir, aunque se les haga sonar la bocina.

Yo no veía nada porque la línea telegráfica estaba a la derecha del tren del lado del Conductor y cuando estábamos pasando frente al pájaro, chiche lo “Saluda” con un bocinazo.

El ave levanta vuelo, realiza una parábola en el aire y da de lleno contra el lateral de la locomotora quedando tirado sobre la plataforma.

Yo solamente sentí un fuerte golpe sin entender nada y escuchando a mi socio que decía: …”OH!...MIRÁ, MIRÁ! Mientras abría la puerta del lado suyo y salía hacia afuera.

Acto seguido entra nuevamente en la cabina con el “Bicharraco” aparentemente muerto en sus manos y lo deja en el piso del lado mío…

…”Para que lo entraste?, sacá eso!…tiralo afuera! Le grito desde mi asiento.

…”No!...dejá!...mirá que lindo es! Voy a ver si lo hago embalsamar…conozco una persona en Bahía que hace esos trabajos”

El nuevo “Pasajero” era un Lechuzón y de solo verlo ahí, a un metro de distancia, daba miedo por más muerto que estuviera.

Nunca había visto uno tan de cerca y la verdad es que su tamaño asusta!

Seguíamos la marcha normal hacia Bahía y yo totalmente intranquilo mirando cada tanto de reojo al “bicho” ese. Cuatro km. Más adelante, pasando por el km. 55, ocurre algo que me hiela la sangre: El “Bicho se mueve!!...”chiche, chiche, esta cosa se movió!, está vivo!!

...”no, te habrá parecido!...con semejante mamporro que se pegó, que se va a mover!”

Pero el “bicho” se movió…y no solo se movió…SE PARÓ!!, AY!...MI MADRE!!

Se paró y se quedó quietito, mirándome con sus enormes ojos…parecía un pingüino, bien paradito…pero quieto…

Yo me levanté lentamente de mi asiento y me aferré al picaporte de la puerta para salir rajando ante cualquier contingencia, pero él seguía ahí, paradito y sin moverse.

Con una altura de unos 35 cm. Aproximadamente y esos ojos enormes que miraban todo muy serios, realmente daba pavor!

Todos sabemos que esos animales son como el Halcón, cazan con su pico agudo y sus garras.

En eso siento la voz de chiche que me dice: “Abrí despacito las ventanas para ver si se va…yo también abro las de mi lado”

Claro!, el calorcito que había en la cabina contrastaba mucho con la helada de afuera, por eso se reanimó y seguro que por el mismo motivo no se quería ir…

El tipo seguía paradito ahí, quieto, mirando todo cuando de pronto dio unos pasitos, caminando como un pingüinito y se paró de nuevo, saben donde?...Arriba de mi Calentador!!, el cual esta prendido y en el suelo! (Mi calentador es eléctrico y funciona con una resistencia de 74 Volts.) y ahí si que abrí la puerta y rajé para afuera porque el lechuzón al quemarse las patas abrió las alas y levantó vuelo dentro de la cabina!

Imagínense, con una envergadura de ala de 80 cm. Y volando en un espacio de un metro y medio cúbico, lo que puede suceder!. Pegó contra el techo y cayó, luego golpeó en la parte superior de la ventana y volvió a caer; hasta que en un tercer intento pegó en un costado de la ventana pero con el impulso cayó hacia fuera y desapareció!

No se imaginan lo que era la cabina: Un olor a pata de pollo quemada impresionante, humo, plumas, yerba y azúcar desparramadas por el suelo, una mugre total!...y además el frío…mucho frío!

Con las puertas y ventanas abiertas tratando de limpiar y ordenar la cabina, llegamos a Nueva Roma casi congelados!

Luego de normalizar todo, de haber cerrado puertas y ventanas y de recorrer los 50 km. Que faltaban para el fin del recorrido, no pudimos lograr volver a entrar en calor…y todo por los congelados sueños taxidérmicos de mi socio!