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Los hechos y
situaciones que he vivido en todos mis años de trabajo, fueron
muchos y varios de ellos verdaderamente increíbles, como el que les
voy a contar.
El día 13 de Junio
de 1983 tomé servicio en López Lecube a las 02,50 Hs. Con tren Nº
2773 a Ingeniero White, con locomotora 6578 y Conductor Rodolfo
Pallero, (Chiche).
La noche estaba
hermosa pero tremendamente fría, la temperatura había pasado la
línea del congelamiento ya que los dos grados bajo cero así lo
demostraban. El tren era un operativo de cereal completo, con
treinta vagones y 2300 Toneladas de peso y la preocupación de mi
socio era el congelamiento del riel, sobre todo en los lugares donde
el perfil de vía sube en forma muy brusca y se producen los
patinajes de las ruedas.
Había dos lugares
con esas características: Uno a la salida de Lecube en donde está el
puente sobre el arroyo entre los km. 95 y 96 y el otro entre
Pelicurá y Chasicó entre los km. 70 y 79,6 donde también hay que
pasar un puente que encima estaba con una precaución de paso de
solamente 15 km./h.
Luego de relevar al
personal que venía con el tren, nos pusimos a revisar y a destapar
los depósitos de arena de la locomotora para que funcionaran
correctamente. Estos depósitos siempre se humedecían por estar en
contacto con los pastos y al mojarse la arena se tapaban los caños
que apuntaban a las ruedas y la arena no salía.
Luego de revisarlos
y de ponerlos en condiciones, comenzamos la marcha partiendo de
Lecube a las 03,30 Hs.
El frío era
insoportable. Como al igual que en la mayoría de las locomotoras,
las filtraciones de aire a través de las puertas sin burletes eran
muchísimas, y aunque el calefactor estaba a pleno, hacía mucho frío.
Preparé el mate de inmediato y coloqué mi calentador eléctrico en el
piso entre mis pies, para calentarlos un poco. Chiche hizo lo mismo
con el suyo.
La primer prueba fue
superada con éxito. La subida a Pelicurá luego de pasar el puente la
transitamos sin problemas, los areneros funcionaban bien; ahora nos
quedaba la más difícil: La subida desde el segundo puente del km. 79
palo 6 hasta la curva del km. 70 en donde el perfil de vía se
normalizaba hasta la estación Chasicó para luego si, después de
trasponerla, comenzar la bajada hasta Bahía Blanca. En este sector
de vía ya no necesitaríamos fuerza de motor pero si que el freno
fuera óptimo, ya que su aplicación debía ser constante.
En las dos subidas
mencionadas, el perfil de vía tiene la siguiente relación: es del 1
por mil; quiere decir que por cada 1000 Mtrs. De recorrido, La
altura del terreno sube 1 metro, como podemos apreciar es una
pendiente muy pronunciada.
Pasamos el puente
del km. 79,6 y comenzamos a subir. La velocidad del tren era de 15
km./h debido a la precaución del puente. Chiche comenzó a aumentar
los puntos de aceleración hasta el Nº 7 que es el anteúltimo;
justamente le dejó el último punto sin colocar, para que el motor no
se “Ahogara” aunque obviamente ya vienen calibrados para trabajar en
todos sus puntos de aceleración. Luego del paso por el puente, la
vía entra en una especie de cañadón que es como un túnel sin techo y
el bramido de la GR12 era espeluznante! Nos daba la sensación de
estar carreteando con un avión a punto de despegar…
La General Motor
subía y subía; bramaba y subía. Ya en la curva y contra curva de los
km. 72 y 71, comenzó a patinar (el poder de tracción superaba al de
adherencia) pero seguíamos subiendo lentamente…
Cuando entramos en
la curva del km. 70 y comenzamos a ver el “chapero” de aproximación
a la estación, nuestra expectante angustia comenzó a declinar y al
pasar por el km. 69 chiche comenzó a bajar lentamente los puntos de
aceleración cerrando el controler al tiempo que exclamaba: “Estamos
arriba!....Carajo!...lo logramos!
La pasada por
estación Chasicó fue a las 05,00 Hs. Una hora y media desde Lecube,
casi a horario!
…”Ahora si,
“Socianga” tomémonos unos buenos verdes” me gritó chiche detrás del
pupitre de Conducción, mientras me alcanzaba su pava para que le
ponga agua del bidón;… “Ahora cebo yo” dijo, mientras ponía la
pavita en su calentador y preparaba el mate…
Como dije
anteriormente, el perfil de vía cambia totalmente desde Chasicó a
Bahía Blanca. Ya no se necesita más la aceleración del Motor diesel
para traccionar; solo se necesita que el freno funcione a la
perfección. En nuestro caso y de acuerdo al tonelaje que traíamos,
los 56 ejes de freno efectivo que tenía el tren alcanzaba
perfectamente para llegar a destino.
Con el diesel a
bajas revoluciones, la “Acústica” de la cabina se normalizó y
nuestra conversación también, ya no hacía falta seguir hablando a
los gritos…
El viaje continuaba
con total normalidad, estábamos pasando por el Km. 59 cuando chiche
divisa sobre uno de los postes del cableado telegráfico un ave
nocturna parada sobre el y mirando nuestro paso; en realidad lo que
miran las aves en la oscuridad de la noche es la luminosidad del
farol de la Locomotora.
Las liebres y las
vizcachas por ejemplo, se quedan mirando la potente luz que las
encandila quedando hipnotizadas incluso dentro de la trocha, donde
la mayoría son arrolladas por el tren sin intentar salir, aunque se
les haga sonar la bocina.
Yo no veía nada
porque la línea telegráfica estaba a la derecha del tren del lado
del Conductor y cuando estábamos pasando frente al pájaro, chiche lo
“Saluda” con un bocinazo.
El ave levanta
vuelo, realiza una parábola en el aire y da de lleno contra el
lateral de la locomotora quedando tirado sobre la plataforma.
Yo solamente sentí
un fuerte golpe sin entender nada y escuchando a mi socio que decía:
…”OH!...MIRÁ, MIRÁ! Mientras abría la puerta del lado suyo y salía
hacia afuera.
Acto seguido entra
nuevamente en la cabina con el “Bicharraco” aparentemente muerto en
sus manos y lo deja en el piso del lado mío…
…”Para que lo
entraste?, sacá eso!…tiralo afuera! Le grito desde mi asiento.
…”No!...dejá!...mirá
que lindo es! Voy a ver si lo hago embalsamar…conozco una persona en
Bahía que hace esos trabajos”
El nuevo “Pasajero”
era un Lechuzón y de solo verlo ahí, a un metro de distancia, daba
miedo por más muerto que estuviera.
Nunca había visto
uno tan de cerca y la verdad es que su tamaño asusta!
Seguíamos la marcha
normal hacia Bahía y yo totalmente intranquilo mirando cada tanto de
reojo al “bicho” ese. Cuatro km. Más adelante, pasando por el km.
55, ocurre algo que me hiela la sangre: El “Bicho se
mueve!!...”chiche, chiche, esta cosa se movió!, está vivo!!
...”no, te habrá
parecido!...con semejante mamporro que se pegó, que se va a mover!”
Pero el “bicho” se
movió…y no solo se movió…SE PARÓ!!, AY!...MI MADRE!!
Se paró y se quedó
quietito, mirándome con sus enormes ojos…parecía un pingüino, bien
paradito…pero quieto…
Yo me levanté
lentamente de mi asiento y me aferré al picaporte de la puerta para
salir rajando ante cualquier contingencia, pero él seguía ahí,
paradito y sin moverse.
Con una altura de
unos 35 cm. Aproximadamente y esos ojos enormes que miraban todo muy
serios, realmente daba pavor!
Todos sabemos que
esos animales son como el Halcón, cazan con su pico agudo y sus
garras.
En eso siento la voz
de chiche que me dice: “Abrí despacito las ventanas para ver si se
va…yo también abro las de mi lado”
Claro!, el calorcito
que había en la cabina contrastaba mucho con la helada de afuera,
por eso se reanimó y seguro que por el mismo motivo no se quería ir…
El tipo seguía
paradito ahí, quieto, mirando todo cuando de pronto dio unos
pasitos, caminando como un pingüinito y se paró de nuevo, saben
donde?...Arriba de mi Calentador!!, el cual esta prendido y en el
suelo! (Mi calentador es eléctrico y funciona con una resistencia de
74 Volts.) y ahí si que abrí la puerta y rajé para afuera porque el
lechuzón al quemarse las patas abrió las alas y levantó vuelo dentro
de la cabina!
Imagínense, con una
envergadura de ala de 80 cm. Y volando en un espacio de un metro y
medio cúbico, lo que puede suceder!. Pegó contra el techo y cayó,
luego golpeó en la parte superior de la ventana y volvió a caer;
hasta que en un tercer intento pegó en un costado de la ventana pero
con el impulso cayó hacia fuera y desapareció!
No se imaginan lo
que era la cabina: Un olor a pata de pollo quemada impresionante,
humo, plumas, yerba y azúcar desparramadas por el suelo, una mugre
total!...y además el frío…mucho frío!
Con las puertas y
ventanas abiertas tratando de limpiar y ordenar la cabina, llegamos
a Nueva Roma casi congelados!
Luego de normalizar todo, de haber cerrado puertas y ventanas y de
recorrer los 50 km. Que faltaban para el fin del recorrido, no
pudimos lograr volver a entrar en calor…y todo por los congelados
sueños taxidérmicos de mi socio! |