Un caso extraño

                                                                Gustavo Gastaldo

 

“Lo importante de los trenes no es hacia donde van, sino decidirse a subirse a ellos”

                                                                                                                         The Polar Express

 

Un tren en la madrugada

En este relato, como dicen en algunas películas “los nombres han sido cambiados… etc. etc.”, si efectivamente, cambié algunos nombres ya que en su momento el hecho generó las más diversas reacciones con todo lo que ello conlleva. Muchos lo han olvidado, muchos no quieren recordarlo, otros, en el transcurso de los años, han fallecido. Pero si bien ya nadie habla del tema, los hechos que aquí voy a narrar, generan todavía, cierto rechazo o incomodidad, aún, en los que no lo vivieron.  Las implacables y cómplices arenas del tiempo y del olvido hace años han comenzado su trabajo sobre lo ocurrido, desgastando y corroyendo los hechos y circunstancias que lo acompañaron, pero que no han podido hacer mella en la inexplicabilidad, la cual se ha mantenido inconmovible a través de todos estos años.

Todo comenzó en Acevedo, un pequeño pueblo agrícola-ganadero con una población actual de aproximadamente 1000 habitantes, de la provincia de Buenos Aires, en el partido de Pergamino, la fría y desapacible madrugada del miércoles 3 de Julio de 1985. Eran las dos de la mañana  cuando don Juan Di Giaccomo, un hombre dedicado a las tareas rurales a punto de retirarse de la actividad la cual a través de los años le proporcionó cierta holgura económica, se despertó sobresaltado al escuchar claramente lo que parecía el paso de un  tren por la estación, de la cual su casa se hallaba a unos 400 metros. Podía oír claramente como una locomotora de vapor, jadeante, cinchaba y patinaba sobre los rieles húmedos como consecuencia de la pertinaz garúa que en esos momentos se abatía en la zona. Después de despertar a su mujer, corrió hacia la ventana con el fin de ver algo. Solo oscuridad, quebrada de tanto en tanto por los faroles de la calle que dejaban caer su haz de luz reforzado por la fina llovizna dándole un matiz casi sólido. A la misma hora, el doctor López, cuya casa se ubicaba a la vera de la ruta 188 y a 300 metros de la estación, vio interrumpido  su sueño como consecuencia de un fuerte y constante sonido como de un tren que, según su testimonio, pasaba a baja velocidad, y que hacía entrechocar los paragolpes de los vagones en una melodía irregular y disonante. Era el mismo sonido  que despertó al Sr. Di Giaccomo y a tantos otros, esa madrugada, según pude enterarme a la mañana siguiente.

Todo hubiera sido perfectamente aceptable sino fuera que esa vía había sido clausurada hacía 25 años y que en el ferrocarril Mitre, propietario del ramal en esos tiempos, hacía casi 8 años que se había dado de baja la última locomotora de vapor.

En aquellos días yo me encontraba en el pueblo visitando a mis familiares, como lo hacía regularmente y aprovechando unos días de vacaciones que me habían quedado del período vacacional del año anterior.

En la mañana siguiente a los hechos, sin saber de lo ocurrido durante la madrugada, ya que había dormido profundamente durante toda la noche y nada había alterado mi sueño, me encuentro en la calle con uno de mis tíos, camionero, que recién acababa de llegar de un viaje desde Rosario. Cuando me disponía a saludarlo, mirándome con cara de preocupación, me pregunta:

- No escuchaste nada del lado de la vía, como un tren o algo así?

- No. Me sonreí, esperando algún tipo de broma o algo similar.

- Acá andan comentando que parece que anoche o a la madrugada pasó un tren. Lo único que faltaba! Que quieran  abrir la vía otra vez! Sabés lo que va a ser eso para nosotros? Que nos vamos a quedar sin viajes y ahí si que se nos viene la noche.

Yo no entendía nada. Quedé en silencio, mirándolo, sin saber que contestar.

Atiné a decirle que me parecía realmente imposible que un tren haya pasado por el pueblo, por un ramal, clausurado desde hacía años y que en ese período, nada, ni siquiera una zorra de inspección había circulado por esos rieles. Menos un tren, y de noche y con llovizna. Le expresé que era seguramente una confusión y que quien fuera que hubiera escuchado algo, podía haber oído  cualquier cosa, menos un tren. Añadí que incluso podía ser una broma dirigida a alguien en especial y que como suele pasar en los pueblos chicos, alguno escucha,  lo toma como real y la noticia toma relieve. Le sugerí que esperara, que durante el día seguramente todo se iba a aclarar. Pareció quedarse más tranquilo,.

Que “Todo se iba a aclarar”? Nada más lejos de la realidad. De los dos testigos u oyentes iniciales pasamos a catorce. Era la noticia del día, o del mes o por que no del año. Si, del año, la gente ya hablaba de la reactivación del ramal como un hecho reivindicatorio: 25 años sin trenes y ahora volvían, “Es un verdadero acto de justicia” decían. No así los camioneros, obviamente .

Minutos después, en la ferretería, me encuentro con don  Ernesto Pisano, un viejo amigo de la familia, quien al verme, sabiendo mi gusto por los ferrocarriles, casi gritando. me pregunta:

- Escuchaste el tren?

- No, Don Ernesto, la verdad que no escuche nada. - Por que, que pasó?

- A la madrugada, un tren, yo lo escuche desde casa. Iba con vagones, se escuchaba como golpeaban los paragolpes. Mirá que vivo a 7 cuadras de la vía y se escuchaba perfectamente. Julia se había ido a la cama y yo me había quedado tomando unos mates mientras arreglaba un portalámparas y lo escuche clarito. Que, van a rehabilitar el ramal?

- No.- Le respondí – Bah, no se, no creo.- concluí. Realmente no sabía que decir. Era algo tan descabellado como desopilante. Mientras algunos ya daban como un hecho la vuelta del tren, otros, los camioneros, como mi tío, eran presa de la angustia.

Algo quedó en claro en cuanto a los puntos en común de los varios relatos, que escuche durante esa mañana . Todos coincidían en la hora: las dos de la mañana, minutos más o minutos menos. Coincidían en el sonido de lo que posiblemente era la máquina: no escucharon motor de ningún tipo, pero si el ruido que habitualmente hacen las locomotoras de vapor. Todos escucharon el golpeteo de los paragolpes de los vagones y el que hacen las ruedas sobre las juntas de los rieles, tan característico en los trenes. Y fundamentalmente, todos aseguran que el tren o lo que fuese, parecía ir hacia San  Nicolás ya que el ruido parecía perderse en esa dirección.

Hacia el mediodía, me corrí a la ex estación, que por esos tiempos ya funcionaba como vivienda familiar de quien había sido el último jefe de estación, fallecido unos cuantos años atrás. La estación estaba conservada tal como cuando estaba en servicio, salvo por unos macetones y un juego de jardín bajo el alero. La señora Haydee, conocida mía desde mi infancia y viuda del fallecido jefe, me narró lo mismo que el resto de las personas con quién había hablado del tema: al escuchar el ruido, se levantó precipitadamente, fue hasta lo que antiguamente era el andén y solamente se encontró con el silencio y la oscuridad, que por efecto de la llovizna tenía una fantasmal fosforescencia.

Recorrí el lugar y por lo que pude observar en la vía, nada hacía presuponer que algo pudiera haber circulado por ahí. Caminé por la misma unos 2000 metros hacia el sur, como quien va hacia Pergamino, hasta uno de los pasos a nivel del ramal con la ruta 188. Ahí estaba la prueba irrefutable: el asfalto de la ruta que cubría totalmente los rieles, estaba intacto. Si algún vehículo ferroviario hubiera pasado, hubiera dejado su huella, indefectiblemente.

Un vecino y amigo de la familia desde muchos años, el Negro, por esos años trabajaba junto con mi tío Armellini, en la planta de Somisa, y tomaban casi todas las mañanas el colectivo de la empresa Tirsa, de Rosario, que por un convenio con la siderúrgica, era la encargada de trasladar los obreros que vivían en los pueblos que se encontraban sobre la ruta 188 desde Pergamino, esto significaba que los pasajeros eran siempre los mismos y convivían esa hora y media tanto de ida como de vuelta todos los días. Mi tío y  el Negro, me comentaban que los días subsiguientes al hecho, éste fue el tema de conversación obligado en el micro. Si bien ellos no habían escuchado nada esa madrugada, muchos de los que viajaban, manifestaban haber  escuchado algo como el paso de un tren.  

Me explicaban que por lo que decían sus habituales compañeros de viaje,  también en Guerrico, Conesa, Erézcano y General Rojo, habían escuchado el paso del supuesto tren, pero a distintos horarios: los de Guerrico casi a las 2 y media, aproximadamente a las 3 de la mañana en Conesa, antes de las 3 y media en Erézcano y pasadas las 3 y media o cuatro menos cuarto en General Rojo. No subía nadie en Campos Salles por lo que nunca  pude saber si ahí también alguien había escuchado algo. Esto implicaba que lo que fuera se dirigía en dirección al Este, hacia San Nicolás a una velocidad constante y coherente. Me decía el Negro, que muchos aseguraban que el sonido se perdía en dirección a San Nicolás, a su vez otros no podían determinar claramente la dirección, pero ninguno, ninguno, aseveró, manifestó que el sonido viajaba en dirección a Pergamino.

Esa noche me acosté con mi cabeza dando vueltas por todo lo acontecido durante el día. Pensamientos, preguntas, suposiciones, se agolpaban dando lugar a un estado de ansiosa curiosidad, lo que me llevó a la una y media de la mañana a vestirme, abrigarme bien y dirigirme hasta la ruta con solo deseo de que se repitiera lo de la madrugada anterior.

Me ubiqué en la esquina de la calle 13 y la ruta, mirando hacia la vía, la cual se hallaba a unos 100 metros hacia adentro y hacia el refugio de la parada de colectivos. Hacía mucho frío. Miro el reloj y aún faltaban quince minutos para las 2, la hora en que según las versiones había pasado el supuesto tren. A medida que los minutos pasaban  mis pulsaciones aumentaban. A la 1,50 aproximadamente, justo cuando acababa de encender mi primer Particulares sin filtro, veo frente al refugio de la parada de colectivos siguiente mitrando hacia Pergamino, a unos 200 metros de mi posición, una figura. Inmóvil, que al estar justo debajo de una de las luces le daba un aspecto casi tétrico. Como no creo en fantasmas me dirigí hacia ella. Tenía gorra, la cual justo bajo la luz le ocultaba el rostro bajo una espesa sombra que no me permitía divisar el menor rasgo de su cara. Ahora estaba de frente. Al acercarme más, me extiende una mano en un gesto de saludo, que por un instante dudo en responder. Era don Pisano. Respiré aliviado y mientras nos dábamos el apretón de manos,  podía ver el rostro sonriente del viejo.

- Me imagino que a esta hora no estarás esperando el colectivo – Me dice con marcada picardía

- Y yo me imagino que Ud. tampoco don Ernesto -  le contesté sonriendo.

-  Mirá, te lo digo por experiencia, las cosas se dan una sola vez, si la dejaste pasar, chau -

- Si,  pero estamos acá, esperando que se repita lo de ayer, lo que haya sido.        

- En el campo vuelta a vuelta  se escuchan cosas raras, pero a veces es uno mismo el que no es capaz de interpretarlas, pero lo de ayer fue distinto: lo que yo escuché era un tren, sin la menor duda. Yo a esta vía la conozco bien, de chico, siempre me iba hasta la estación a ver pasar los trenes, había uno de pasajeros y uno o dos de carga por día en cada dirección. O sea que si bien ha pasado mucho tiempo desde entonces, el sonido de un  tren me es muy familiar. Lo  puedo reconocer donde sea. Y eso fue lo que escuché, un tren.

Ni bien terminó la frase, se aparece súbitamente desde nuestras espaldas el señor Di Giaccomo, lo que nos provocó cierto sobresalto.

- Muchachos, al tren se lo espera en la estación – nos dijo entre risas. - No pasa nada? Porque ya es la hora – agregó ya en tono serio.

- No pasa nada – contestamos casi al unísono.

Y nos quedamos los tres en silencio, esperando.

Pero esperando que? Que un supuesto tren fantasma repita su recorrida espectral llevándose las almas o vaya a saber uno con que otro siniestro propósito. Me lo repetía una y otra vez, tres personas, mayores de edad, de las cuales dos revestían el carácter de abuelos, pensantes, parados a las dos y medida de la mañana, esperando el paso de un tren por una vía muerta. Y con un agravante, mis dos acompañantes lo habían escuchado la noche anterior, yo ni eso!

Cuando en la charla se agigantaban los silencios y yo estaba dando fin a mi cuarto Particulares, vimos una claridad del lado de Pergamino. Nos miramos. La luz se hacía cada vez más fuerte. Con el viento del Este a nuestras espaldas, no percibíamos el menor sonido. De repente, la luz se asoma detrás de unos árboles y entra por la ruta en la curva de entrada al pueblo. Se acerca y pasan junto a nosotros. Un camión Mercedes Benz 1114 azul con acoplado pasa raudo e indiferente en su veloz y personal carrera hacia San Nicolás.

Seguimos la trayectoria con nuestra mirada y nos quedamos una vez más en silencio.

Eran casi las cuatro menos cuarto de la mañana cuando resolvimos dar por concluida la espera. Salvo por el camión, nada había alterado el silencio y la quietud de esa madrugada.

Caminamos juntos un trecho, con la cabeza baja y sin hablar, y nos fuimos separando a medida que pasábamos por nuestros destinos.

El misterio seguía vivo.    

Yo explico, tu explicas, nadie explica

Los hechos superaban ampliamente a cualquier ficción. Yo no salía de mi asombro y cuando alguno me contaba o me preguntaba sobre el tema, me limitaba a arquear las cejas en señal de ignorancia y me encogía de hombros sin saber que decir.

El día jueves 4 de Julio por la mañana en LT35 Radio Mon de Pergamino se comenta sobre una supuesta reactivación del ramal Pergamino – San Nicolás. Posteriormente se le hace un reportaje al Sr. Rodríguez, jefe de tráfico de la estación Pergamino, quien niega la especie y manifiesta que ninguna formación ha sido despachada de esta estación hacia San Nicolás, manifestando además, que dado los muchos años sin uso y sin mantenimiento de la vía, mandar un tren por la misma, era un verdadero suicidio. Culminando con la frase “ningún tren ha pasado ni pasará por esa vía en razón de que no hay estudios, ni relevamientos sobre la misma, y sobre todo, no se tiene nada en carpeta sobre su reactivación”. Respuesta clara y contundente del Sr. Rodríguez. Pero los comentarios de todo tipo ya se extendían como un verdadero incendio forestal, autoalimentándose y cobrando cada vez más fuerza.

En su edición del día viernes 5 de Julio, el diario pergaminense “La Opinión” hacía referencia sobre el tema, dejando entrever una posible reactivación del servicio ferroviario a San Nicolás.

Días después, también el diario La Opinión de Pergamino, en su edición del 19 de Julio informaba   que el Miércoles 17 de Julio los representantes de los Centros de Camioneros de las localidades de J.A. de la Peña, Acevedo y Guerrico  y el representante zonal del Sindicato de Camioneros fueron recibidos en el palacio municipal por el en ese entonces intendente  Dr. Jorge Young. El motivo de la reunión, señalaba el matutino, era el intercambio de información respecto de la supuesta corrida de un tren en el ramal Pergamino – San Nicolás el día 3 de Julio y lo que se presentaba como la posibilidad de la reactivación de dicho ramal ferroviario. Según La Opinión, el jefe comunal les había manifestado a los representantes de lo camioneros que según lo que le habían informado funcionarios locales de Ferrocarriles Argentinos, era que no había la menor intención de la empresa en activar dicho ramal y que en ningún momento fue despachada ninguna formación por el mismo, ya que ello resultaba técnicamente imposible. 

 Si bien esto apaciguaba los ánimos de los hombres del camión, no clarificaba en lo más mínimo la turbiedad de los acontecimientos y más precisamente del hecho que los generó.

El ingeniero Di Paola del INTA de Pergamino, en una entrevista publicada por el periódico El Tiempo, de Pergamino en su edición del Lunes 5 de Agosto, se refiere al caso, manifestando que “existe la posibilidad de que el ruido escuchado por gran cantidad de habitantes de los pueblos ubicados junto a la ruta 188, de los partidos de Pergamino y San Nicolás el día 3 de Julio a la madrugada, haya sido una bandada de Theristicus Caerulescens, más conocido como Bandurria Mora o bien de Cairina Moschata Sylvestris, nuestro conocido pato criollo”. El ingeniero Di Paola fundamenta su suposición en la costumbre de dichas especies de volar en grandes cantidades en formación , sobretodo al atardecer y en ocasiones durante la madrugada. No obstante, el organismo en su gacetilla informativa del viernes 23 de Agosto señala que lo ocurrido el 3 de Julio se debió a una fuerte brisa de viento pampero que paso por la zona en cuestión a la hora de los hechos.

En definitiva, el INTA estaba tan desorientado como todos, y seguramente por las presiones intrínsecas de los acontecimientos, se vieron forzados, por así decirlo, a emitir explicaciones tan inverosímiles como desafortunadas. Serían las últimas.

Una reunión entre los intendentes Young y Díaz Bancalari de Pergamino y San Nicolás respectivamente que se posterga indefinida y definitivamente marcan a mi criterio el epílogo mediático, si se me permite el término, muy actual hoy en día, del raro suceso.

Fue pasando el tiempo, y el clima se fue apaciguando, lenta pero firmemente. Solamente quedó la anécdota y mil hipótesis. Incluso para mí.

Reflexionando, tiempo después, pude concluir que en ningún momento mi intención fue realizar una investigación in situ sobre el hecho, simplemente me limité a escuchar los comentarios de testigos auditivos (por llamarlos de alguna manera) y algunos que no lo fueron.  Muchos se acercaron sabiendo de mi predilección por los trenes buscando una respuesta que no tenía. Las noticias de lo ocurrido en los pueblos vecinos me llegaron por mi tío y un vecino, de escuchar los comentarios de sus habituales compañeros de viaje y sobretodo, lo proporcionado por los medios de comunicación, escrito y radial. Solamente la visita a la estación y al paso a nivel tienen algún dejo de investigación, pero solamente fue la curiosidad y la proximidad lo que me llevaron al lugar y la visita no me demandó más de una hora.

Algo sucedió esa madrugada. No se que, pero algo ocurrió, algo raro e inusual que llevó a gente tranquila, que de la calma hace su forma de vida, a entrar en un estado de excitación y nerviosismo que duró vario meses y aún en el día de hoy, provoca en los memoriosos las mas disímiles reacciones.

Este no es un caso único, hay varios hechos si se quiere “similares”. Recuerdo el caso de la locomotora diesel de los ferrocarriles británicos de la serie Deltic, Clase 55, número 55.020, denominada “Nimbus”, que nueve meses después de desmantelada, fue vista intacta por muchas personas en varias vías férreas de Inglaterra, y no merced a un vulgar cambio de numeración, como suele ocurrir en nuestros queridos ferrocarriles. El caso de Torre del Bierzo, España con su revisor fantasma que les anticipa a los viajeros un horrible accidente 48 horas antes o el escalofriante incidente de la estación Tamangueyú, provincia de Buenos Aires que me relatara mi amigo Marcelo Arcas, en el cual sí aparece un tren  salido misteriosamente desde vaya a saber donde, para mostrarse y volver a la oscuridad tan inexplicablemente como había aparecido.

Una cita inconclusa

El día Viernes 13 de Septiembre yo estaba en Acevedo. Amaneció plomizo, la amenaza de lluvia que se perfilaba desde las primeras horas de luz, se hizo efectiva minutos después de las ocho, cuando después de tomarme unos mates y emprender el viaje hasta el puesto de diarios, se hace sentir sobre mi humanidad. En momentos en que mi paso se hacía acelerado, alcanzo a divisar el Renault 12 azul de Don Ernesto Pisano, el cual se detiene ante mi seña. De la ventanilla del conductor  se asoma el rostro sonriente de Rita, la nieta del viejo:

- Te engañé Gustavo, esta vez manejo yo – me dice casi con júbilo e inflando sus mofletes con aire en una mueca tan cómica como encantadora, para luego soltarlo de golpe y dar paso a una risa clara y melodiosa como un arroyo pedregoso y cantarín.

La saludo con un beso, cuando una voz falsamente intimidatoria parte del lado del acompañante:

- Sigan, sigan, total, tengo toda la mañana – dijo Don Ernesto, terminando la frase con una estruendosa carcajada.

Me cruzo del otro lado del auto y don Pisano que saca sus dos manos por la ventanilla de su lado aprisionando una de las mías en señal de afectuoso saludo.

- Gustavo, me estoy yendo con Rita a Rosario para un estudio porque, te informo, al final me voy a operar de la cadera,    me dice orgulloso.

- Me alegro Ernesto, esta vez se le dio –

- Gustavo, hoy tipo 4 de la tarde ya pienso estar de vuelta, hacé una cosa, venite a las 6 por casa que tenemos que hablar del tren misterioso. Tengo algo para contarte – Me dice frunciendo el entrecejo.

- Yo preparo los mates! – interviene alegre Rita

- Huuuyy! Ya me pongo a hacer guardia en la puerta de su casa – le digo a Don Ernesto demostrando  falsa y cordial ansiedad

- Lo vale Gustavo, creeme que lo vale – su cara era ahora más seria pero serena a la vez.

- Chau, nos vemos Gustavo, se hace tarde. Te espero hoy sin falta. No faltes eh? Mirá que es muy importante. Chau, nos vemos- reiteró.

- Chau Ernesto, chau Rita -  me despedí acompañando mi saludo con ambas manos.

Me quedé mirando el auto que se alejaba perdiéndose entre la débil e impertinente cortina de agua.

Que me iba a imaginar que esa sería la última vez que vería al Don Pisano y a Rita.

Sobre las 3 de la tarde mi tío Juan me da la noticia que Pissano y su nieta habían sufrido un accidente viniendo de Rosario perdiendo ambos la vida.

Un camión y el asfalto mojado habían sido los infames verdugos.

Inmenso dolor, lacerante, ardiente. Hasta hoy mi garganta se cierra, mis ojos se humedecen  y mi pecho se comprime al recordar ese momento.

La noticia fue un durísimo golpe para mí. Tanto por don Ernesto como por Rita,  a quienes conocía de toda mi vida y por los cuales sentía un gran afecto.

El lunes siguiente, mientras volvía a Buenos Aires en Chevallier, no pude dejar de pensar en ellos. Y también empecé a preguntarme sobre lo que tenía para decirme don Pissano. Que sería? Que era lo que ameritaba una reunión ese mismo día y la insistencia para que nos viéramos? Obviamente sabía algo y estaba ansioso por contarme. Pero que era?

Esa pregunta simple y brutal, me atormenta hasta hoy.

Pero, el destino cerró el caso, firme y definitivamente. Y como dice el tango “contra el destino, nadie la talla”.

Cuando uno menos lo espera

En 2005, fui enviado por el Ferroclub Argentino, entidad de la que aún soy socio,  a hacer un relevamiento de vía sobre el tramo entre Pergamino y Fontezuela, donde 15 días más tarde correría un tren especial entre esas dos estaciones. Mientras volvía a Pergamino en una locomotora que había actuado de apoyo, charlando con uno de los maquinistas de apellido Alí, surgió el comentario que mi familia era de Acevedo. Dio una profunda pitada a su cigarrillo y entre el humo celeste que le acariciaba la cara inmisericorde me dice:

- Ah, donde corrió el tren fantasma, hace como veinte años-.

Me corrió un frío que me erizó la piel, a pesar de que la temperatura de ese día era más que agradable. Se refería sin duda a esa madrugada de 1985. Le comenté que si bien no lo había escuchado, yo había estado en el pueblo aquella noche y que después se había armado un lío bárbaro. Pita profundo nuevamente su cigarrillo, y me cuenta lo siguiente:

-Mirá, veníamos con un tren de carga desde Rosario con destino a la capital. Eran aproximadamente las 3 y media de la mañana, pasamos la estación San Nicolás a velocidad lenta, y casi a la altura donde estaba el desparecido empalme con la vía que venía de Pergamino, observo sobre mi derecha, es decir sobre el mismo ramal clausurado, una luz amarillenta, parecía de locomotora, seguro, era de locomotora, y por lo que parecía, de  vapor. No se, yo las había visto en la zona de Rosario antes de que las sacaran de servicio y las conocía bien, conocía su luz, un solo farol; en cambio todas  las diesel del Mitre e incluso los coche motor  tenían dos luces, ubicadas juntas en forma vertical. Pero, una locomotora de vapor en el Mitre, en 1985, era imposible, disparatado. La máquina o lo que fuere, no se veía, solo era su  luz. Estaba como a 200 o 300 metros, inmóvil, como esperando señal para avanzar. Lo extraño era que en ese lugar, no había caminos por los cuales se pudiera llegar en algún vehículo y el empalme había sido levantado hacía muchos años, por lo cual no había combinación física entra ambos ramales. Ahí no tendría por que haber ninguna luz. Le dije a mi compañero que mirara y nos quedamos realmente extrañados. Al llegar a la próxima estación, Sánchez, informo de lo sucedido al jefe de la estación, de apellido Campos, quien ante mi requerimiento anota el incidente en el libro de novedades. Después seguimos rumbo a la capital sin contratiempos pero obviamente el tema de ahí en más y hasta llegar a destino, fue “la luz misteriosa sobre el ramal clausurado”. El tiempo pasó y si bien los hechos quedaron atrás, el recuerdo de tanto en tanto, aparece- culminó el maquinista.

Cuando llegamos, me bajé de la locomotora, nos despedimos y me fui para Acevedo, de donde partiría dos días después a Buenos Aires. Me había quedado como en trance.  En el viaje hasta el pueblo sentí como una especie de intranquilidad o de ansiedad, no se explicarlo, pero de algo estaba seguro: esa noche no dormiría, tal vez tratando de escuchar algún tren. 

Triste, solitario y final

Tal vez el título del inolvidable Osvaldo Soriano sea una muestra cabal de los últimos años del ramal, signados por el silencio, el óxido y la indiferencia.

Sin embargo hay algo más. En 2002, el cuñado de un primo mío que trabajaba para NCA (al que llamaré Hernán), el operador  del servicio de cargas del ex Ferrocarril Bartolomé Mitre, es destinado a la estación Sánchez. En 2005, cuando me entero de su destino laboral, charlando en una fiesta, le pido se fije en los libros de novedades antiguos, si hay alguna anotación en el día 3 de Julio de 1985 y que me averiguara sobre la posibilidad de consultar esa documentación. Paralelamente tiendo las redes para tener una charla con una persona de NCA, en esa época asegurado del broker asegurador donde me desempeño laboralmente, con la cual tenía diálogo habitual sobre el tema específico a mi actividad, a fin de tener posibilidad de consultar documentación antigua que pudiera hallarse en la estación Sánchez.  

Quince días después Hernán me confirma que al asumir NCA la operación de los ramales del Ex Mitre, todos los libros y documentación con cierta antigüedad de la estación, habían sido tirados o destruidos.

Golpe mortal a mis deseos. Eso ya lo había visto en la estación de Pergamino al asumir la nueva concesión, cuando registros, libros y documentos de más de 100 años, habían sido quemados o arrojados a la basura.

Punto final a la historia.

Como datos adicionales, cabe acotar que el ramal se mantuvo desde el día de su cierre hasta mediados de los 2000, no operativo pero intacto. A partir de ahí, el auge de la soja hizo que muchos chacareros, sobre todo desde Conesa hacia San Nicolás, sembraran el terreno ferroviario a ambos lados de la vía, lo que derivó que en los últimos años  literalmente arrancaran durmientes y rieles para obtener una mayor superficie de siembra.

Hoy en día la situación se ha agravado, poniendo al ramal al borde de la desaparición física.

Seguramente a nadie se le escapará una lágrima cuando desaparezca del todo y el paso del último y definitivo tren surque sus rieles: el del olvido, salvo por aquella madrugada del 3 de julio de 1985 cuando quizás por única vez, tuvo la relevancia de una vía principal.