Había soledad a mi alrededor desde el momento que tengo memoria. La familia no puede llamarse una compañía en sí, no cuando nunca están a tu lado.
El mundo es en su mayoría materialista, consumista; el mundo es tan solitario desde donde lo veo.
Este mundo no es lo que quisiéramos que fuera.
Este juego ya no se trata de supervivencia, este juego es sobre mantener los extraños estándares de la sociedad; falsa y realista, exigente y liberal.
Caí dentro de esta espiral oscura, caí rápidamente, tratando de adaptarme al mundo tal y como lo veía; me empapé de presunción falsa, con un poco de valor maltrecho, y hablé de lo que otros tenían, aquello que era mío por derecho, pero no por esfuerzo.
Y desde que recuerdo me pregunté por qué las mujeres deben cumplir ese rol, por qué los hombres deben hacer lo otro, por qué debía mantener la boca cerrada ante los adultos, por qué sus miradas estaban llenas de algo que apenas estoy conociendo con el nombre de desdén, avaricia o… lujuria.
Mi cabeza se debatía entre creer o temer. Hoy he crecido con temor. Temo por completo estar en este mundo, temo interactuar con las personas, porque no sé quien es auténtico y quien no. Me es difícil diferenciar las intenciones de las personas. Y así pues, me es difícil, finalmente, creer en ellas, y en mí por consiguiente.
Mi alma está llena de dudas.
Inocentemente pregunto a otros sobre cosas comunes y corrientes, sobre experiencias de la vida, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre la realidad y la fantasía, sobre el honor y la traición… Y al final, tratando de no tomar el camino equivocado, término siendo victima de una traición tan sencilla, como lo es un malentendido.
Esta sucesión de eventos me ha llevado al punto donde ya no crees en mí; no me molestaré en defenderme, pero has de saber que la desconfianza que tengo en mí, nunca me permitiría hacer algo como de lo que me acusas…