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S
Hace
un tiempo, pongamos unos 10 años, en mi clase había
un tipo llamado Toni.
S En el instituto
era el rey de ases, vestía a lo moderno con su chupa claveteada
de cuero y un tupé que era la envidia de quien escribe estas
líneas. Sus poses recordaban a American Grafitti, en los
estudios no pegaba ni golpe pero tenía el don de caer bien
a los profesores.
S Era tan especial
que hasta fumaba.
S En los cortos
y esperados momentos de recreo nos contaba sus fechorias de fin
de semana. Se me ponía la piel de gallina al escucharle decir
cuando se peleó con aquel patán en un local nocturno
por la disputa de una hembra, le propinó una paliza que ni
en su casa lo reconocieron o cuando presumía de lo bien que
se le daba el acercarse a las chicas y adorarlas hasta que éstas
caían a sus pies para luego dejarlas con el deseo inacabado.
S Pero el día
que me dejo maravillado fue ese lunes, un día como otro cualquiera
pero especial por su aparición.
S En aquellos
tiempos me sentaba en la penúltima fila de clase, apareció
cinco minutos mas tarde en clase con la ceja rota y en ella disimulaba
su herida con un esparadrapo blanco y sangriento. Flipaba con este
tío. Nos contó que se había enzarzado en una
pelea entre punkies y rockers y que él fue atacado por la
espalda por una mano y una botella de cerveza. ¡Joder, que
pasada!.
S El tiempo fue
pasando pero aquel fue el último año que vi a Toni
hasta que me lo encontré la semana pasada en un supermercado.
S Ya no vestía
como antaño ni le envolvía ese aire con un toque especial.
Sus dientes estaban impregnados por un color marrón que dejaba
presagiar su extenso vicio con el tabaco negro
S Nos abrazamos
como si no hubiera pasado ni un solo segundo desde aquellos tiempos
de instituto.
S A su lado iban
una chica rubia, de clase media, simpática y un pequeño
príncipe de tres años - mira Javi, te presento a mi
mujer y a mi hijo- .La verdad que lo encontré un poco más
gordo pero seguía teniendo esa cicatriz en la ceja que para
mí era una señal de combate de luchar por unas ideologías,
una actitud.
S Más
tarde me contaba que trabajaba de encargado en la construcción,
fabricando casas y que no se arrepentía de nada. Además
era feliz.
S Ahora mismo
me doy cuenta de muchas cosas. Me doy cuenta que uno no tiene que
avergonzarse de sus fechorías juveniles hayan sido fugaces
o anormales porque, si nadie me dice lo contrario, lo único
que tenemos es nuestro pasado.
S Ni el presente
ni el futuro. Sólo el pasado.
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